sábado, 30 de abril de 2011

Castillo de Marvão


Distrito de Portalegre
Coordenadas: 39º 23' 48" N // 7º 22' 49" O
Acceso desde España: Desde Valencia de Alcántara, por la N-521 hasta la frontera, donde seguimos por la N246-1 y seguir las indicaciones hasta la población.

Bien, ahí tenemos el primero, Marvão. ¿Y por qué? Pues porque fue el primero que visité, así que se merece el honor de inaugurar el blog.
En realidad, lo que se ve en la imagen es el castillo medieval. A lo largo de su historia, Marvão fue sufriendo diversas adaptaciones a los medios bélicos de la época. Pero como el edificio primigenio es el castillo medieval, dedicaremos esta entrada solo a él.
Marvão es una pequeña población de unos 650 habitantes situada en la cima de una escarpada roca de forma alargada en dirección NO-SE a 850 metros sobre el nivel del mar. Su toponimia se debe, según parece, a un musulmán llamado Ibn Marwan al-Yil`liqui, un líder sufí que se rebeló contra el califa de Córdoba en el siglo IX y que creó una taifa con capital en Badajoz. En la década de 1160, don Alfonso Henriques se apoderó de la plaza, que por su situación estratégica, muy cercana a la frontera con Castilla, fue dada en tenencia a la orden del Hospital en 1271 por don Alfonso III.
Debido a los problemas que suponía el repoblar poblaciones cercanas a las fronteras, siempre expuestas a las rapiñas de los reinos vecinos (en este caso, Castilla), en 1378, el rey don Fernando estableció en ella un "coto de homicidas". Esto significaba que, con tal de fomentar el poblamiento, se indultaban a delincuentes comunes e incluso a asesinos con tal de que fueran allí durante un determinado período de tiempo. Esta costumbre no fue exclusiva de Portugal, sino también de los demás reinos hispánicos.
Debido, como digo, a su importante situación estratégica, fue a lo largo del tiempo sometida a constantes mejoras, siendo la principal de ellas la edificación de la torre del homenaje ordenada por don Dinis en 1300. Su importancia como fortificación tuvo su ocaso por dos causas: una, la anexión del reino de Portugal a los dominios de Felipe II en 1580 tras la muerte sin descendencia del rey don Sebastián, por lo que ya no había que temer ataques procedentes de Castilla. Y dos, la aparición de la pirobalítica, que convirtió en obsoletos los hasta entonces altivos y desafiantes castillos medievales.
Tras la Guerra de Restauración (1640-1668), cuando Portugal se independiza de la corona de los Austrias, Marvão recuperó su anterior importancia estratégica fronteriza, y sus defensas tuvieron que ser adaptadas a las nuevas armas de fuego. Pero eso ya forma parte de otra época, y debe tener su entrada exclusivamente dedicada a ello.
Pasemos a estudiarlo someramente. El castillo se alza en el extremo NO de la población, en el mismo borde del risco donde se encuentra situada. Aunque está rodeado de fortificaciones de épocas más recientes adaptadas al uso de la artillería, conserva su morfología medieval.
Del conjunto destaca la torre del homenaje edificada bajo el reinado de don Dinis, de planta cuadrangular y situada en el extremo sur del recinto. Como todas las fortificaciones medievales, disponía de un amplio aljibe que se puede ver en la foto inferior.

Como se ve, la cisterna está labrada con buena sillería formando una bóveda de medio punto. En las paredes se observan los restos de la almagra con que estaban pintadas a fin de impermeabilizarlas e impedir en lo posible fugas de agua que, en caso de sequía, podían ser determinantes. El agua llegaba a la cisterna mediante un sistema de canalizaciones que recogía el agua de lluvia recogida en todo el recinto de la fortaleza. Algunos de estos aljibes aún están en uso, y surten a las poblaciones en las que se encuentran debido a su gran capacidad. Generalmente, el agua se sacaba mediante una abertura practicada en el exterior a modo de brocal o una simple abertura en la bóveda.
Pero quizás lo más llamativo de esta fortificación es su entrada, concebida para dificultar al máximo el acceso a posible atacantes. Siendo inexpugnable por todas partes por estar rodeada de profundos abismos, solo por el lado sur era accesible, así que se tomaron la molestia de edificar una barbacana que contaba con patios interiores desde los que hostigar a los atacantes, rampas, e incluso salidas falsas que no daban a ninguna parte.
Como una imagen vale más que mil palabras, la foto de abajo nos permitirá hacernos una idea más clara de lo explicado.

A la izquierda se puede ver el acceso principal, que da a un patio interior rodeado por los adarves de la muralla. Eso permitiría a los defensores hostigar a los atacantes que, mientras tanto, tenían que intentar forzar la segunda puerta situada a la derecha. En el ángulo inferior izquierdo, delante del cubo semicircular, vemos otra puerta más. Esa no da a ningún sitio. Solo permite el paso a un patio que está rodeado de murallas por todas partes. Los que entrasen ahí estaban perdidos si no salían inmediatamente.


Pero aún en el caso de que los atacantes lograran pasar de ese punto, sus dificultades no terminaban ahí ni mucho menos. Ante ellos se abría una amplia explanada de unos 125 metros de largo y, al final de la misma, el verdadero castillo. Como se ve, cuenta con un antemuro o falsabraga que también había que franquear a través de una puerta en recodo, tras la cual estaba ya la verdadera puerta que daba acceso al recinto. La liza, o espacio comprendido entre el antemuro y la muralla del castillo, era una ratonera donde los agresores podían ser literalmente machacados desde las dos torres que la defienden: el cubo situado a la derecha, de forma circular, y la misma torre del homenaje. La imagen nos permite además ver la empinada ladera que protege uno de sus flancos. Por ella era imposible intentar adosar ingenios y máquinas como arietes o bastidas. Una fortificación como Marvão solo podía caer de dos formas: o rindiendola por hambre, o mediante un asalto que, la mayor parte de las veces, era inviable debido al elevado número de bajas que producía entre los atacantes, que debían avanzar a pecho descubierto contra unos defensores parapetados tras las murallas.
Sólo la aparición de las armas de fuego podían vencer el espesor de sus murallas impunemente, pero para ello ya se preocuparon años después en dotar a la plaza de las defensas adecuadas. Pero de eso tocará hablar más adelante.

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