lunes, 9 de mayo de 2011

Castillo de Bragança


Tras su reconquista a manos de la corona leonesa, Bragança era un dominio bajo Pelayo González, hermano del conde Hermenegildo González que, como recordaremos, era el señor de Guimarães. Sin embargo, en 1128 la comarca pasó a mano de  Fernão Mendes, cuñado del primer monarca portugués, Alfonso Henriques. Parece ser que es de esta época de cuando data la construcción del castillo, a fin de servir de refugio a los repobladores de la zona y también, debido a su situación estratégica, defender la frontera con el reino de León del que, como recordaremos, se segregó el condado Portucalense, con las guerras a la que dicho acto de secesión dió lugar.
A lo largo de su historia, Bragança tuvo que ser protagonista de las constantes luchas entre las tropas de los reyes portugueses y las de la corona castellano-leonesa. Ya en tiempos de Alfonso IV, éste se apoderó de la ciudad, que era señorío de su hermano bastardo Alfonso Sánches el cual, bastante cabreado por la usurpación, levantó en armas una mesnada y entró a saco en la comarca, arrasando y saqueando todo lo que se le puso a mano. Posteriormente, a raíz de los conflictos fronterizos con Castilla, así como a consecuencia de la crisis sucesoria de 1383-1385 en Portugal, Bragança pasó de unas manos a otras, permaneciendo en poder de Castilla hasta el año 1400, cuando pasó definitivamente a Portugal tras la firma del Tratado de Segovia.
Como se ve, fue bastante agitada la vida de la población y, por ende, de su castillo, testigo y protagonista de las malquerencias entre hermanastros, de la avidez castellana y de la más que cuestionable lealtad de sus alcaides, más dados a tomar partido por Castilla que por Portugal.
Una vez apaciguada la comarca fue cuando don João I creó el condado de Bragança, casando a su hijo bastardo Alfonso con una hija de Nuno Alvares Pereira, el condestable de Portugal al que casi se puede decir que le debía la corona. Y es de esa época de cuando data la imponente torre del homenaje que podemos admirar actualmente. 
Aún tuvo que conocer Bragança los estragos de la guerra en 1580, cuando Felipe II de España, haciendo valer sus derechos al trono portugués, se apoderó la plaza por la fuerza al ponerse esta a favor del aspirante lusitano, el prior de Crato, y finalmente en 1762, cuando un ejército español al mando del duque de Sarria entró a saco por la frontera de Galicia y asaltó la plaza para luego ser repelidos por las tropas portuguesas. En fin, una historia bastante movida la de este castillo. Pasemos a estudiarlo un poco:


El castillo se yergue al norte de lo que era la villa medieval, cuyo perímetro amurallado se conserva íntegramente, sobre un cabezo rodeado por el río Fervença. Su planta es un cuadrangulo en forma de trapecio, y dispone de una falsabraga dotada de siete cubos de planta semicircular, procedentes de las reformas llevadas a cabo en el siglo XV para adaptar la fortaleza al uso de la artillería. Su puerta de acceso, defendia por dos de estos cubos, da paso al patio de armas, donde se encuentra la imponente torre de 34 metros de altura, típico ejemplar de torre palaciega dotada, además de elementos defensivos, de ventanas geminadas y con un interior dividido en estancias, y no en cámaras diáfanas como solemos ver en este tipo de edificios. Como vemos en la foto de la izquierda, los merlones de los cubos disponen de troneras. A la derecha se yergue la llamada Torre de la Princesa, que era parte de una pequeña alcazaba usada como residencia por los alcaides de la plaza antes de la contrucción de la torre del homenaje. De dicha alcazaba, que ocupaba parte del patio de armas, solo resta esta torre.


En la foto de la derecha podemos ver parte del patio de armas, la escalera que nos lleva al adarve por el cual accederemos a la torre del homenaje y la Torre de la Princesa. Las puertas que se ven son las que daban a las diferentes plantas de la hoy inexistente alcazaba.
Esta torre queda en el lado este de la fortificación. Tanto esa como la que aparece a la izquierda de la imagen son anteriores a la construcción de la falsabraga, ya dotada para el uso de armas de fuego.
En la siguiente foto vemos el lado opuesto del patio de armas, dominado por la imponente torre del homenaje que cuenta para su mejor defensa con una camisa. La puerta que vemos en ella solo conduce a la pequeña liza interior, ya que el acceso a la misma, como se ha dicho, se realiza por el adarve, a través de un puente de piedra.


En la foto se puede ver además el matacán que defiende la puerta de la camisa, la escalera que lleva al adarve, así como otro matacán que defiende la puerta de entrada a la torre. Esta cuenta con tres plantas, una a modo de semisótano que, en realidad, está a nivel del suelo, y dos plantas superiores, dotadas como se dijo de dependencias distribuidas alrededor de una galería central donde va la escalera. En dichas dependencias se ha instalado un pequeño museo militar con armas de diferentes épocas, además de uniformes, banderas y demás objetos propios de ese tipo de museos.
La torre, además, disponía de una cisterna interior para abastecimiento de la misma. En la imagen inferior podemos ver un plano de la fortaleza tal como era en el siglo XVI. En él se puede ver claramente la disposición de la alcazaba desaparecida, por lo que el patio de armas era bastante más reducido de como lo vemos hoy. Así mismo, se puede apreciar claramente la distribución de las distintas dependencias de la torre del homenaje. La muralla norte, que es la situada a la derecha del plano, forma parte tanto del castillo como de la cerca urbana. Los circulitos con la cruz encima son troneras de cruz y orbe, señalando el plano la ubicación de cada una en el recinto.


Bueno, aunque de forma muy resumida, con esto ya podrá el personal hacerse una idea de lo que verán cuando visiten Bragança. El castillo tiene horarios de visita, y cuesta 1,50 € la entrada. Añadir un detalle: las lápidas que se ven en la foto que muestra la camisa de la torre del homenaje son en referencia a los caídos en la Primera Guerra Mundial. En más de un castillo veremos lápidas de esas, con los nombres de los vecinos de la población que murieron en dicho conflicto, ensalzando por todo lo alto su entrega, patriotismo, etc., cosa que no puedo dejar de admirar a la vista de lo que se ve en España actualmente.

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