lunes, 30 de mayo de 2011

Ermita fortificada de Boa Nova


Distrito de Évora
Coordenadas: 38º 37' 29" N // 7º 23' 50" O

Los edificios religiosos fortificados son bastante escasos en Portugal. Al contrario que en España, donde abundan de forma relativa, especialmente los vinculados a órdenes militares, en el país vecino son raros de ver. Sin embargo, esta ermita, a 1 Km. al este de Terena, es un preclaro ejemplo de la morfología de este tipo de edificios.
Según la leyenda, el origen del santuario obedece a lo siguiente: María, hija del rey Alfonso IV de Portugal y mujer de Alfonso XI de Castilla, fue hasta Terena a pedir en nombre de su marido ayuda al monarca portugués para hacer frente a los musulmanes en lo que luego fue la gloriosa jornada de El Salado. Se encontraba en la zona donde se levanta la ermita cuando recibió la buena nueva (boa nova) de que su padre aceptaba aportar tropas para la empresa, por lo que hizo levantar ese santuario consagrado a Nossa Senhora da Boa Nova como acción de gracias por la ayuda recibida. Esta doña María, para ubicarla mejor en la historia, fue la madre del vesánico rey don Pedro I, último vástago de la Casa de Borgoña reinante en Castilla y que fue asesinado por su hermano bastardo Enrique de Trastámara en Montiel.
En cuanto a la ermita, como se ve en la imagen de cabecera, se encuentra magníficamente conservada y, de hecho, se celebra anualmente una importante romería el primer fin de semana después de la Pascua de Resurrección.


Se trata de un edificio de planta cruciforme, único en su género en Portugal, provisto de almenado y matacanes en cada una de sus tres puertas. Es de suponer que fue su proximidad con la frontera castellana lo que indujo a sus constructores a dotarla de medios de defensa. En la foto de la izquierda podemos ver el matacán que defiende la puerta principal, así como parte del almenado, en el que se abren aspilleras en todo su perímetro, rematado con capuchones en prisma cruadrángular. En el parapeto del matacán, el blasón de Portugal. En las bóvedas se abrieron buheras para hostigar al enemigo desde la azotea en caso de invadir el interior del edificio. La espadaña es un añadido del siglo XVIII.
Para visitar el interior basta llamar a la casa que hay frente a la ermita. La dueña tiene la llave, te abre, y no te deja hacer fotos del interior. Igual si uno compra alguna estampita o algún recuerdo se ablanda y cede. A mi, como me irritan un poco estas chorradas de restricción fotográfica, pues ni compro estampitas ni leches.
Merece la pena, si se va a visitar el castillo de Terena, acercarse a la ermita. Y no ya por su evidente interés arquitectónico, sino por su condición de ejemplar único en este tipo de fortificaciones. He dicho.

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