viernes, 6 de mayo de 2011

Partes del castillo: La torre del homenaje

El origen de la torre del homenaje se remonta a las primitivas fortificaciones formadas por una única torre rodeada de empalizada y foso donde vivía el señor de la comarca y, llegado el caso, se refugiaba en caso de verse atacado por una fuerza hostil. La razón del nombre es obvia: es donde el señor feudal recibía pleitesía por parte de sus vasallos.
Cuando pasa de ser un edificio aislado a formar parte de un conjunto fortificado, la torre del homenaje se convierte, además de en la vivienda del tenente de la fortaleza, en el último reducto defensivo. Por ello, era la torre más fuerte y mejor dotada para la defensa. Era el corazón del castillo. Si la torre del homenaje caía, la fortificación se había perdido. En los castillos medievales portugueses podremos ver dos tipos de torre diferentes, a saber:
1: Torres adosadas a la muralla, formando parte de la misma y con las mismas funciones defensivas que una torre de flanqueo normal, fuera aparte de su condición de vivienda y reducto del tenente o alcaide.
2: Torres exentas, ubicadas en el centro aproximado del patio de armas. Como ya se comentó en la entrada dedicada al castillo de Guimarães, este tipo de disposición fue introducida por el Temple. Como característica especial, decir que prácticamente todas tienen la entrada a varios metros sobre el nivel del suelo, a fin de facilitar su defensa, accediendo a la puerta mediante un patín, una pasarela desde el adarve o, simplemente, una escala que era retirada desde el interior de la misma, dejándola completamente aislada del resto del edificio.
Veamos algunos croquis que nos permitirán entenderlo con más facilidad:

En esta imagen vemos la típica torre románica. Consta de dos plantas, y la entrada a la misma puede ser a nivel del suelo o desde el adarve, como si de una torre de flanqueo se tratase. Dispone de dos cámaras y azotea, y el acceso a las plantas superiores se realiza mediante una escalera labrada en el grosor del muro o bien mediante escaleras de madera. La separación más habitual entre plantas es mediante una bóveda de cañón, si bien podremos ver ejemplares en que eran de madera, para lo cual se disponían ménsulas de piedra en los muros para sustentar las jácenas sobre las que iba el entarimado.
Para su defensa, cuenta con un matacán que defiende la entrada de la torre, así como de aspilleras con derrame hacia abajo para aumentar el ángulo de tiro inferior de las ballestas. El entresuelo de madera que vemos en la imagen es un sobrado que servía como almacén y al que se accedía mediante la buhera, que es el orificio que vemos en el suelo de la planta superior. Las buheras, además, tenían otros usos, como el hostigamiento en vertical del enemigo en torres de flanqueo, pasadizos de albarranas, etc. Pero de eso ya se hablará en su momento, cuando detallemos las defensas exteriores.
Como se ve, este tipo de torre es un edificio austero, sin comodidades de ningún tipo. Carecían por lo general de chimeneas, así como de letrinas. Las entradas de luz eran exclusivamente las estrechas aspilleras que se abrían en los muros, por lo que era necesario el uso constante de candiles de aceite para iluminar el interior. Aparte de la puerta de entrada, se observará que incluso los vanos de las escaleras cuentan con sus puertas, y cada una de ellas se podía atrancar desde el interior con un alamud. Estaban concecibas para ser selladas hasta el último confín de las mismas.

En la ilustración de la derecha vemos el aspecto exterior de una de estas torres. En este caso, la entrada se realiza mediante un patín, escalera adosada de flanco al muro para impedir manejar un pequeño ariete para forzar la puerta. Es además la entrada habitual en las torres exentas introducidas por el Temple. El matacán permite tanto la defensa en vertical como el hostigamiento a distancia gracias a la aspillera que se abre en su parapeto. Estos dispositivos defensivos no solo podremos verlos defendiendo la puerta de entrada, sino también en cada flanco de la torre, a fin de impedir la aproximación del enemigo por cualquiera de sus costados. En cuanto a los patines, podían ser construidos con piedra, como el de la ilustración, o bien de madera. A más de una torre subiremos por una horrible escalera metálica que sustituye a la original pero, por desgracia, los señores que se dedican a restaurar estos edificios suelen distinguirse tanto por su pésimo gusto como por su aparente desconocimiento de las estructuras originales de los castillos.

Esta ilustración nos muestra la misma torre, pero con el patín exento, o sea, separado del muro de la torre. No es habitual encontrar esta disposición, pero habrá que dejar constancia de su existencia. Como se ve, un pequeño puente permitía el acceso a la torre. Este ejemplo nos valdría también para el caso de torres exentas a las que se accedía desde el adarve, como la de Guimarães. Obviamente, es el tipo más seguro de entrada, ya que una vez subida la pasarela, era prácticamente imposible entrar en el edificio. En el interior de la torre había por lo general acopio de víveres y agua para resistir algunos días hasta la llegada de ayuda del exterior. Si es que la ayuda llegaba a tiempo, claro, lo que no siempre sucedía.








A la derecha vemos un plano en sección de una de estas torres. Como se puede ver, dispone en su interior de un aljibe. Mucho cuidado cuando entremos en una de estas torres si se trata de un castillo abandonado, porque en la oscuridad podemos no reparar en el orificio de recogida de agua y darnos una costalada monumental, ya que, aunque suelen estar medio cegados, en algunos casos hablamos de varios metros de profundidad y, encima, aún recogen el agua que cae por las canalizaciones que hay en la azotea de la torre. Por ello, entre otras cosas, siempre se debe ir provisto de una linterna cuando visitemos estos edificios, así como ir acompañados. No hablamos de castillos abiertos al público dentro de un pueblo, sino de fortificaciones totalmente aisladas, lejos de núcleos urbanos, y si tenemos un percance de este tipo podemos no contarlo y pasar a formar parte para siempre con nuestros huesos del recinto del castillo.




Finalmente, aquí vemos una torre gótica. Como se ve, ofrecen más elementos defensivos que las anteriores: Además de los típicos matacanes, dispone de escaraguaitas, que son esos garitones esquineros, así como de un segundo cuerpo. Este tipo de torres se alejan de las austeras torres románicas, siendo más frecuente verlas en castillos palaciegos. Además, sus cámaras cuentan con elementos decorativos como bóvedas con crucería, ventanas geminadas y demás detalles estéticos que, sin merma de sus cualidades como edificio defensivo, les daban una apariencia, aparte de más elegante, un mayor confort interior, con chimeneas, letrinas en algunos casos, ventanas con poyetes y, en fin, todo lo necesario para ser el alojamiento de un noble, y no de un simple alcaide. Como ya vimos en una entrada anterior, el máximo exponente de este tipo de torre lo tenemos en Beja, y bastará compararla con la de Sortelha para ver las enormes diferencias entre las torres románicas y las góticas.
Con esto terminamos esta entrada que, de forma muy resumida, creo que explica con claridad lo más significativo de las torres del homenaje que, por cierto, recibían también el nombre de machos y donjón, término éste último procedente del francés que suele emplearse generalmente para designar torres exentas rodeadas de una muralla y poco más. El que quiera saber algo más, pues que pregunte, que para eso estamos. He dicho.

2 comentarios:

vetton dijo...

Excelente blog.

Amo del castillo dijo...

Muy agradecido vos quedo, Sr. Vetton