miércoles, 4 de mayo de 2011

Partes del fuerte: La tenaza y el bonete

Dentro de las obras exteriores destinadas a reforzar el fuerte estaban la tenaza y el bonete. Ambas, como el revellín, la luneta o el hornabeque ya mencionados, eran susceptibles de ser combinadas con estas, mirando siempre de situarlas en los lugares más comprometidos con la defensa del recinto principal.


En la ilustración superior podemos ver con claridad en qué consistía la tenaza o tenazón. Es un terraplén invertido situado dentro del foso ante una cortina, con una altura igual a la del camino cubierto que la comunica con el recinto principal. Está provista de parapeto y banqueta para la infantería. Generalmente se usaban para proteger la gola de un revellín situado ante ella, o bien para proteger la retirada de su guarnición en caso de ser desalojados por el enemigo, tras lo cual podían hostigar al mismo con fuego de fusilería a fin de impedir su asentamiento y posterior aprovechamiento de esa fortificación. Según los cánones de la época, la tenaza debía estar separada de la cortina 7 varas, unos 5,90 metros. Por lo general, las tenazas no estaban provistas de cañoneras, estando más bien ideadas para hacer fuego con fusilería.


Una variante de la tenaza era la tenaza doble, una pequeña fortificación con la apariencia de un hornabeque, pero que no contaba con dos medios baluartes en los extremos de la cortina, sino de dos caras y dos flancos. Actuaba como una falsabraga ante la cortina del fuerte y, aparte de eso, su ubicación y objeto era el mismo que el de la tenaza simple.



Finalmente, tenemos el bonete o mitra, una fortificación externa de más envergadura, generalmente ubicada ante un revellín o una cortina. El bonete, al estar dotado de cuatro caras, podía cubrir con su artillería un cono de fuego con un ángulo enorme hacia la campaña. Al estar a una altura inferior del revellín que le precede, unía su fuego al de este y al del fuerte, situado por encima de ambos, lo que suponía una potencia de fuego abrumadora contra un ejercito atacante que, lo más que podía hacer, era excavar trincheras de contravalación (ya hablaremos de las técnicas de asedio), e ir intentando acercarse lo suficiente a las murallas a fin de poder emplazar morteros y bombardear recinto tras recinto para ir desalojando a sus defensores para, finalmente, intentar minar la muralla o abrir una brecha en el fuerte y poder así asaltarlo. Pero, claro, los defensores también realizaban contraminas y disponían de pozos de escucha para adivinar la dirección en la que avanzaba la mina enemiga, lo que hacía los asedios de este tipo de fortificaciones un verdadero alarde de potencia de fuego, ingenio, paciencia y, sobre todo, un trabajo abrumador tanto para defensores como atacantes.
Faltan por mencionar dos tipos de obras menores: la lengua de sierpe y la flecha.
La lengua se sierpe consistía en un triángulo equilátero situado en los extremos de la explanada y comunicados con el camino cubierto. Eran como una tenaza invertida, ofreciendo el ángulo saliente hacia la campaña. Disponían de banqueta para fusileros y estacadas para cerrar la gola. Su fin no era otro que, a modo de avanzadilla, cubrir posibles ángulos muertos por donde pudiera avanzar el trazado de las trincheras de aproximación del enemigo, retardando en lo posible su consecución. En caso de tener que evacuar el recinto, su guarnición podía hacerlo a través del camino cubierto que los llevase a una fortificación posterior, como un revellín, un hornabeque o un bonete, desde los cuales hostigarían a los ocupantes de la lengua de sierpe.
En cuanto a la flecha, era una fortificación con forma de pequeño baluarte situado en las aristas de las plazas de armas, dotadas de parapeto y banqueta para la infantería, así como de un pequeño foso ante sus caras y flancos. Al igual que la lengua de sierpe, tenían un acceso al camino cubierto para poder evacuar el recinto con seguridad, bien a través de una puerta situada en el parapeto, o bien por un subterráneo.
Como vamos viendo, es notable el número de artificios con que se dotaban los fuertes y las plazas de guerra para reforzarlos. Y aún quedan unas cuantas más, no crean...