sábado, 21 de mayo de 2011

Plaza fuerte de Almeida


Distrito de Guarda
El acceso más rápido desde España es entrando por Ciudad Rodrigo, distante escasos kilómetros de Almeida.

Con esta entrada comienzo las dedicadas a las plazas fuertes portuguesas. Afortunadamente para nuestros vecinos, cuentan en su patrimonio con algunas que son ejemplares únicos en lo concerniente a fortificaciones de este tipo. Y una de las más impresionantes de todas, tanto por su morfología como por su magnífico estado de conservación es, indudablemente, Almeida. Traspasar esa puerta que aparece en la foto es casi como cruzar la línea del tiempo porque, una vez dentro de la población, si no fuera por los vehículos aparcados y el mobiliario urbano moderno, no creo que difiera mucho de como era en el siglo XVIII. Las cosas como son: Almeida impresiona. Impresionan sus fosos, sus fortificaciones exteriores, su potentes murallas labradas en sillería de granito, sus casamatas a prueba de bomba, sus monumentales puertas... En fin, marece echar una mañana entera paseando por el recinto y asombrarse de las obras faraónicas que hacían en aquella época, y solo para quitarnos las ganas a los españoles de ir de visita por allí, que en esos tiempos aún andábamos a la gresca cada dos por tres y solíamos tener violentos cambios de impresiones acerca de las fronteras y demás politiqueos.
Bueno, vamos a lo que nos ocupa...

Almeida, como todas las ciudades fronterizas, cambió varias veces de manos antes de pertenecer definitivamente a Portugal. No fue hasta finales del siglo XIII cuando, tras la firma del Tratado de Alcañices entre la corona de León y la de Portugal cuando la villa pasó a formar parte definitivamente del territorio portugués en 1297, bajo el reinado de don Dinis que, como ya se supondrá si se han leído las entradas anteriores referentes a castillos, lo primero que hizo fue reedificar el viejo castillo árabe, dándole el aspecto que muestra la lámina de la derecha, procedente del Libro das Fortalezas, una obra llevada a cabo en 1504 por Duarte de Armas. Este buen hombre se pateó el reino inspeccionando y detallando casi todas las fortificaciones existente en aquel momento, legándonos una colección de dibujos con el aspecto que tenían en la época. Gracias a él podemos ver la morfología del antiguo castillo, posteriormente arrasado casi hasta los cimientos por obra y gracia de una granada que lo alcanzó de lleno cuando el francés Massena, que tenía cercada la plaza en verano de 1810, hizo explotar el pañol de municiones instalado en el antiguo castillo medieval. La descomunal deflagración de las setenta y cinco toneladas de pólvora almacenadas allí hizo volar literalmente por los aires la fortaleza, así como casi todo el caserío urbano, y mató entre 500 y 700 personas (no se sabe con exactitud la cifra). Si el pobre don Dinis ve semejante espectáculo le da un chungo y se muere allí mismo del berrinche.
La plaza fuerte tuvo su origen, como todas las del territorio portugués, en la Guerra de Restauración, a fin de defender sus fronteras de las tropas de los cabreados Austrias que veían como el reino se les iba de las manos. Las obras dieron comienzo en 1641 bajo la dirección del entonces Gobernador de Armas de la Beira, Álvaro Abranches. Pero, como ya imaginarán, una obra se semejante envergadura no se culmina en dos días, así que tuvieron que pasar más de cien años para ver completamente terminadas las obras con todas sus defensas plenamente operativas, pasando durante ese tiempo por diferentes fases constructivas en las que, poco a poco, se le fueron añadiendo mejoras a lo que ya había mientras se edificaba lo nuevo



He tomado prestada de la red esa imagen aérea para que el lector pueda comprobar la magnificencia del conjunto. Flipante, ¿eh? La flecha blanca señala la puerta de la foto de cabecera. Del resto de las letras ahora voy dando detalle.

La plaza de guerra esta formada por seis baluartes cuyos nombres son los siguientes:
Baluarte de Santa Bárbara, dotado de 23 cañoneras
Baluarte de Nossa Senhora das Brotas, dotado de 13 cañoneras
Baluarte de Santo Antonio, dotado de 13 cañoneras y pañol de munición
Baluarte de São Pedro, dotado de 10 cañoneras y pañol de munición
Baluarte de São Francisco, dotado de 18 cañoneras y pañol de munición
Baluarte de São João de Deus, dotado de 28 cañoneras
Las cortinas entre dichos baluartes estaban a su vez defendidas por seis revellines más los fosos.

La letra F marca el revellín de la Cruz, donde se abre la puerta que da paso a un puente por donde se llega a la puerta de la Cruz o de San Francisco, que es la de la foto de cabecera. La puerta del revellín cuenta con cuerpo de guardia, y la de San Francisco, con cuerpo de guardia, aposento para el oficial de guardia y un calabozo. En esas dependencias es donde está la oficina de turismo de la población. En la foto de la derecha se puede ver el túnel con el habitual trazado curvilíneo de este tipo de fortificaciones (V. Partes del fuerte: Las puertas). La puerta que se ve a la izquierda de la imagen corresponde al cuerpo de guardia. La bóveda de la misma es a prueba de bombas y, en tiempos, contaba con un puente levadizo de torno, del que aún se pueden ver las poleas de hierro para las cadenas en el dintel de la puerta.

La letra E marca el revellín y la puerta de Santo Antonio, en cuyas dependencias había, además del cuerpo de guardia, una prisión usada como alojamiento a los forzados a trabajar en las obras de la plaza de guerra, un pañol de munición y unas letrinas. La foto muestra la puerta vista desde el exterior de la población. Como la anterior, disponía en su día de puente levadizo, también de torno. Obsérvense las cuatro pequeñas fusileras a cada lado de la puerta, dispuestas en ángulo desde el interior para realizar fuego cruzado sobre posibles atacantes. Esa puerta daba paso, tras cruzar el revellín y el foso, a la puerta de Santo Antonio, cuyo interior podemos ver en la foto de la derecha.

Las columnas de piedra eran para, junto a los mechinales que se ven en el muro, sustentar una techumbre de madera que, a modo de entresuelo, permitía disponer de unas dependencias superiores en todo el tránsito superior de la puerta. Las dependencias bajas eran usadas como cuerpo de guardia y como prevención para la tropa que, para los que no hayan hecho la mili, les diré que es un arresto menor.
La letra B señala el revellín del Pañol, nombre de una obviedad aplastante porque el edificio que vemos en el centro del mismo es, precisamente, un pañol de munición. No se comieron mucho la cabeza para bautizarlo, no...

Como se ve, dicho pañol, fabricado con resistente sillería de grantito, está semienterrado y rodeado por un pequeño foso. Es posible que antaño hubiera alrededor del recinto un muro del mismo material. En todo caso, si una granada caía en su techumbre y penetraba en el interior, adiós muy buenas, porque no disponía, como hemos visto en las puertas, de bóvedas a prueba de bombas.
La letra A marca el revellín Doble, con el que tampoco se complicaron la existencia buscándole nombre. En el revellín interior estaba instalado el hospital de sangre de la guarnición para casos de guerra, y en el exterior, al que se llega desde un puente levadizo, estaba el cementerio de guerra. Aún se pueden ver algunas lápidas entre la maleza.
La letra D señala el baluarte de Nossa Senhora das Brotas, donde estaba el cuartel de caballería de la guarnición.
Finalmente, la letra C señala la posición del viejo castillo medieval del que, como ya dije antes, quedan poco más de los cimientos.
Quedan por mencionar  las casamatas, construcciones subterráneas ubicadas en el baluarte de São João de Deus (es el situado a la derecha del revellín doble), que servían de refugio a la población en caso de guerra. Veamos algunas fotos de las mismas:

En esa podemos contemplar el patio de distribución alrededor del cual se abren las puertas que dan a las casamatas. A dicho patio se llega tras pasar por un largo túnel de unos 30 metros de largo a cuyos lados hay seis casamatas. Es la única zona de pago del recinto, ya que en las casamatas se ha habilitado un interesante museo militar. La entrada, si mal no recuerdo, era de 1,50 ó 2 euros por persona. Puedes hacer además todas las fotos que quieras, que fastidia bastante que, además de pagar, no dejen llevarse el recuerdo.



A la derecha tenemos otra toma del patio. Las albercas centrales son para la recogida de aguas pluviales e impedir que se inunde el recinto ya que, recordémoslo, está varios metros bajo el nivel del suelo. Las puertas dan directamente al interior de las casamatas. Conviene observar la resistente fábrica del conjunto, a base de gruesos sillares de granito y con los dinteles de las puertas del mismo material en una sola pieza, así como los vertederos de agua a media altura para evacuar la parte superior de las bóvedas e impedir filtraciones al interior.


En esa otra toma podemos ver el interior de una casamata. No es un sitio muy acogedor que digamos pero, al menos, daba buena protección a la población indefensa cuando el enemigo de turno cercaba la plaza y la machaba a base de bombardeos inacabables que duraban semanas y, a veces, meses. Todo dependía del tiempo que resistiese la guarnición, o de la posibilidad de que la llegada de tropas amigas expulsasen a los agresores. La puerta que se ve a la izquierda da a otra casamata. Algunas de ellas están comunicadas con sus vecinas.


Finalmente, la foto de la derecha muestra el acceso a una de las cuatro contraminas que partían desde este baluarte. Pero de las contraminas, así como de las minas y demás labores de zapa ya hablaré en una entrada dedicada a los asedios y expugnación de fortificaciones, que si lo cuento todo del tirón me quedo sin temática. En total, el baluarte alberga 20 casamatas de diferentes tamaños, y desde cuatro de las cuales parten las contraminas mencionadas.




En fin, como hemos visto, merece la pena pasar al menos una mañana pateando Almeida. Todo el recinto es accesible sin restricciones de ningún tipo. Podemos acceder a los baluartes, los revellines, los fosos... A pocos kilómetros, en suelo español, concretamente en Aldea del Obispo, está el fuerte de la Concepción, considerado en su época como uno de los técnicamente más perfectos de Europa. A ese no se puede acceder porque lo estan convirtiendo en un complejo de turismo rural o algo así. Sangrante, ¿no?
Ahí dejo una imagen de la puerta del revellín de la Cruz. Será por donde paséis si venís desde España para entrar en Almeida. Tocad insistentemente la bocina del coche al entrar, porque se puede llevar uno por delante a un lugareño o, peor aún, darse de morros con una pik-up a las que tan aficionados son los portugueses que, mala costumbre, suelen conducir a veces con excesivas prisas.


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