jueves, 9 de junio de 2011

Castillo de Almourol



Esta entrada se la dedico a Pilar, que se lo merece, qué puñetas...

Distrito de Santarém
Coordenadas: 39º 27' 43'' N // 8º 23' 02'' O


Si hay un castillo en Portugal que hace que se te descuelgue la mandíbula solo con verlo, es Almourol. Y no ya por sus porporciones, o su tamaño, que en eso no tiene mucho que los distinga de otros de su época, sino por su peculiar ubicación que, unida a su altivo aspecto le dan un aire mágico.

El castillo se yergue en la cima de una isla rocosa en mitad del curso de Tajo. Formaba, junto a los castillos de Castelo Branco, Monsanto, Pombal, Tomar, Abrantes, Torres Novas y Zêzere la que se conoció como Linha do Tejo, una línea defensiva que protegía el paso del río hacia Coimbra, en aquellos tiempos capital del reino.

Almourol fue reconquistado a los musulmanes por don Afonso Henriques en 1129, y lo dio en tenencia a la orden del Temple. Pero el castillo que vemos actualmente no es el de origen árabe tomado por don Afonso, sino el fruto de una profunda reforma llevada a cabo por Gualdim Pais, maestre de la orden en Portugal. Las obras dieron término en 1171, constituyéndose en él la sede de una encomienda del Temple que, como era habitual en estas órdenes militares, se dedicaron a ganar dinero en cantidad con los tributos y demás alcábalas producto del comercio en la zona.

Solo perdió su importancia cuando la reconquista avanzó hacia el sur, si bien cuando el Temple fue oficialmente abolido por la Iglesia en 1314 pasó a la Orden de Cristo, herederos en todos los sentidos de los templarios, muy vinculados con la corona portuguesa desde los albores de su creación como nación independiente. De hecho, en Portugal no se les persiguió ni se confiscaron sus posesiones, como ocurrió en otros países europeos. Don Dinis, que le tocó la papeleta de recibir la bula papal con la disolución de la orden, se limitó a cambiarle el nombre y santas pascuas. Prueba de la buena relación entre ambos es que la cruz que aparece en el blasón portugués no es otra que la cruz ochavada del Temple.
Su importancia simbólica llegó hasta el extremo de que Salazar lo declaró residencia oficial de la República Portuguesa tras la creación del Estado Novo, como una reafirmación y un enaltecimiento del sentimiento nacionalista portugués. Y dicho esto, vamos a verlo con detalle.



El castillo tiene una forma poligonal irregular, adaptada al abrupto terreno en el que se yergue. Sus murallas están defendidas por nueve torres de planta semicircular. Su acceso, situado en el lado oeste, aparece en la foto de la izquierda. Como se ve, la puerta está literalmente empotrada entre dos cubos de flanqueo. Es la típica puerta románica con arco de medio punto. Sobre ella, una lápida nos informa de la fecha del término de las obras (1209 de la Era Hispánica al uso en la época, o sea 1171 de la Era Cristiana), y de su constructor, Gualdim Pais.



Una vez en el interior, veremos que el recinto está dividido en dos niveles, como si fuera un castillo dentro de otro. En el primero, como vemos en la foto de la derecha, perduran los restos de las diferentes dependencias con que contaba el castillo: aljibe, almacenes, alojamiento de la guarnición, etc., así como una poterna situada en el flanco sur del recinto.

Cuando atravesamos la puerta que aparece en el ángulo inferior derecho de la foto pasamos al segundo nivel, donde se yergue su altiva torre del homenaje, totalmente aislada en el pequeño patio de armas. Ya comenté en una entrada anterior que esta peculiaridad la introdujeron precisamente los templarios, a fin de tener la torre como un último reducto defensivo independiente del resto del edificio. Su acceso está varios metros sobre el nivel del suelo, no quedando restos visibles de patines de obra, por lo que contaría con una escalera de madera como la que se ve actualmente, o bien una escala que se retiraba desde el interior en caso de necesidad, dejando la torre totalmente aislada.



La torre cuenta con tres plantas en su interior, las cuales no están separadas por bóvedas de cantería, sino por una tablazón sustentada por ménsulas donde apoyan las jácenas. En la foto de la izquierda podemos ver una foto de la segunda planta, donde se aprecian perfectamente el entresuelo de madera, así como dos aspilleras. En esa planta hay además una ventana con poyetes, único elemento constructivo que le da un aspecto de vivienda a la austera torre militar.Toda la fábrica del edificio, como se ve en las fotos, es de mampuesto, usándose sillería solo en la construcción de las puertas.


El castillo se visita previo pago de 1,50 €, que incluye un breve paseo en una barca con motor fueraborda que nos lleva al pequeño embarcadero situado en el lado sur de la isla. No dejéis de llevar la cámara preparada, porque es en ese paseo donde podréis sacar las vistas más impresionantes de la fortaleza, así que ya sabéis: ojo pegado al objetivo los pocos minutos que dura la travesía. Merece la pena.

Acabo esta entrada con una imagen de la vista que se puede contemplar desde lo alto del castillo. Sobran los comentarios, ¿no?




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