sábado, 25 de junio de 2011

Fuerte de Nossa Senhora de Queimada


Distrito de Setúbal
Coordenadas: 37º 49' 42'' N // 8º 47' 27'' O

Este pequeño fuerte fue mandado edificar por Felipe II en 1598. Sí, Felipe II de España que, por si alguno no lo sabe, fue también rey de Portugal a raíz de la muerte del rey don Sebastián en la batalla de Alcazarquivir en agosto de 1578. Pero como eso forma parte del advenimiento de la Dinastía Filipina al trono lusitano, pues ya lo contaré en una entrada dedicada a esa historia. En esta toca hablar del fuerte de marras.
Así pues, fue Felipe II (I de Portugal) el que ordenó la construcción de este fuerte a fin de impedir en la playa de Pessegueiro un hipotético desembarco de los muchos piratas y corsarios que, en aquella época, infestaban los mares. Como ya creo haber comentado en alguna entrada anterior, la costa portuguesa es muy abrupta, nada semejante al litoral hispano con sus playas de kilómetros y kilómetros de longitud. Así pues, muchos de estos fuertes se edificaron precisamente para proteger las escasas zonas que permitían un desembarco de tropas o piratas cuyo objetivo era saquear a conciencia las poblaciones costeras. De hecho, la playa de Pessegueiro es un arenal de algo menos de 1 km. de longitud en una zona del litoral donde sería el único punto viable para intentar un desembarco. Y para impedirlo, se construyó este fuerte.
A fin de reforzar aún más la defensa, se hizo construir otro en la isla homónima, a fin de cruzar fuegos con el de Queimada y cerrar con llave la playa. Esta isla, a la cual se puede llegar a nado en verano ya que apenas la separan menos de 300 metros de la orilla, ya era usada en tiempos de los romanos para la industria salazonera, y de ella se extrajo la piedra para crear un pequeño puerto artificial que nunca fue concluido. Aún se ven en el extremo norte de la isla los cortes practicados en la roca, así que, como doy las coordenadas del sitio, el que quiera que le eche un vistazo que es curioso de ver. Dicho esto, veamos el fuerte...


En la foto de la izquierda podemos ver un plano de su planta. Las obras fueron encargadas a un ingeniero militar italiano, que en aquellos tiempos eran los más cotizados, llamado Filippo Terzi, el cual también tuvo un mal día cuando la nefasta jornada de Alcazarquivir, ya que fue apresado por los moros y se tuvo que pasar un año encarcelado hasta que el cardenal-rey don Enrique pagó su rescate. Como se  ve, la planta del edificio es un cuadrado con dos baluartes por el lado de tierra, todo rodeado de un foso, y con la cortina donde se abre la puerta de acceso defendida por un pequeño revellín del cual prácticamente no quedan restos. Su distribución es la habitual en este tipo de edificios, como ya estudiamos en la entrada dedicada a los fuertes costeros: a los lados de la entrada se distribuyen las diferentes dependencias del mismo, tales como cuartel, pañol, almacenes, cocinas, capilla, casa del comandante, etc., y luego una amplia terraza donde se emplazaban las piezas de artillería. El fuerte está situado en el extremo sur de la playa de Pessegueiro por lo que, además de cruzar fuegos con el situado en la isla, puede batir todo el arenal para, como dijimos, impedir un desembarco.


En la foto de la derecha podemos ver una panorámica del flanco que da a tierra. En ella vemos la puerta de acceso, que en su día contaba con un puente levadizo de torno, el estribo del mismo, fabricado con sillería, así como la escalera que permitía a la guarnición circular por el foso y acceder a los parapetos. Al fondo vemos el baluarte norte, desprovisto, al igual que la plataforma artillera que mira al mar, de cañoneras, ya que los parapetos del edificio son a barbeta. Recordaremos que estos eran parapetos que permitían una mejor movilidad de las piezas, pudiendo emplazarlas en el lugar más adecuado para cada situación.


En esa otra foto tenemos una vista del foso y, al fondo, la isla de Pessegueiro, en cuya cota más alta se yergue el fuerte de Santo Alberto. Como ya he comentado anteriormente, el foso disponía en su parte superior de un parapeto provisto de banqueta a fin de que la guarnición pudiera batir con fuego de fusilería la playa en caso de desembarco. Alguno se preguntará que si no podían hacerlo desde el interior del fuerte, que además está a más altura y en posición dominante sobre la playa y, por ende, se dispone de más campo de visión y tal. Cierto, pero también de menos ángulo de tiro en caso de que el enemigo se aproximase demasiado al fuerte o, lo que era peor, intentase hacerse con el control del foso. Tened por seguro que esta gente jamás hacían una obra o edificaban un elemento defensivo sin una buena razón.

Las obras no concluyeron hasta nada menos que 102 años más tarde, en 1690. El motivo de tanta demora fueron las interrupciones sufridas en varias ocasiones por diversas causas. La cosa es que no fue hasta 1661 cuando se reiniciaron por enésima vez para darles término en la fecha arriba mencionada. Fue dotado de una guarnición de 30 hombres, incluyendo los artilleros, y de cinco bocas de fuego. Su vida operativa no fue precisamente intensa. A mediados del siglo XIX, ya sin utilidad militar, fue transferido como cuartel para la guardia fiscal. Ya no había peligro de piratas, pero sí de contrabandistas, los cuales tenían las mismas dificultades que estos para desembarcar sus alijos. Finalmente, en 1942, fue definitivamente abandonado.
El fuerte, que como se puede ver en las fotos está perfectamente restaurado hoy día, se encuentra por desgracia cerrado al público y solo podemos contemplar el exterior del mismo. Parece ser que hay varios proyectos en el aire para convertirlo en alguna aberración de tipo hostelero, los cuales deseo profundamente se malogren, y permitan el libre acceso del público para disfrutar del edificio en su estado natural, y no convertido en un chiringuito playero lleno de nenes gritones, musiquita hortera y sombrillas de Coca-Cola.

Finalizo la entrada con una panorámica del fuerte desde el lado del mar. Como se ve, la terraza forma una batería baja dotada, como ya dije, de un parapeto a barbeta. El muro de mamposteria, que no ha sido restaurado, es el que permitía a la guarnición abrir fuego de fusilería a pecho cubierto contra posibles invasores. La parte más elevada del edificio es la que albergaba las dependencias del mismo, y la espeluznante barandilla que se vislumbra en ella es el típico añadido fuera de contexto que el arquitecto de turno se empeña siempre en poner como sello indeleble de su palmario mal gusto. Ojalá de oxide pronto.



MAS INFORMACIÓN Y MOGOLLÓN DE FOTOS EN WWW.CASTILLOSNET.ORG