miércoles, 20 de julio de 2011

Castillo de Evoramonte



Distrito de Évora
Coordenadas: 38º 46' 18'' N // 7º 42' 69'' O

El castillo de Evoramonte es uno de los más notables ejemplos de los castillos de transición que podemos admirar en Portugal. Como se ve en la foto, se trata del típico castillo abaluartado de traza italiana, construido en pleno Renacimiento y perfectamente adaptado al uso de la artillería. Su imponente y un tanto siniestra mole se yergue sobre un cabezo que la domina por completo.

El origen de esta fortaleza se remonta a 1160, cuando Geraldo Sem Pavor, del que ya hemos hecho mención en alguna que otra entrada, tomó la plaza a la morisma. Se desconoce si los árabes ya tenían un castillo en la población, por lo que no se puede asegurar si Geraldo se limitó a reconstruirlo o mandó hacer uno a fin de reforzar su conquista. En cualquier caso, no fue hasta el reinado de don Dinis cuando se fortificó adecuadamente la población, cosa que hizo que la gente se animara a repoblar la zona ya que, al estar cerca de la frontera, era de vital importancia para atraer vecinos que aseguraran la conquista. Hay que considerar que entre los monarcas de la época primaba ante todo el pragmatismo, en el sentido de que no les interesaba la inversión que suponía una expedición de conquista si luego esta no se veía culminada con una acción repobladora eficaz. Si no había repoblación, la comarca se convertía en un erial inculto, ergo no producía rentas a la corona, ergo los gastos de la expedición no podían cubrirse. En definitiva, se conquistaba antes de nada para aumentar, no solo los dominios, sino lo que ello conllevaba: la riqueza en forma de rentas.

Pero las costosas reformas llevadas a cabo por don Dinis a principios del siglo XIV duraron poco tiempo. El 26 de enero de 1531, un devastador terremoto, precursor del apocalíptico terremoto de Lisboa de 1755, echó por tierra prácticamente toda la cerca urbana y el castillo, además de la población, naturalmente. Parece ser que sus efectos fueron terribles tanto en cuanto las réplicas del mismo duraron cosa de una semana, lo que contribuyó a terminar de destruir lo poco que había quedado en pié.

No se tardó mucho en emprender su reconstrucción. Apenas un año más tarde, en 1532, el alcaide de Evoramonte, Teodosio de Bragança, mandó iniciar las obras para la edificación de un nuevo castillo, pero ya bajo los cánones de la traza italiana, más adecuada para el uso de piezas de artillería, así como para defenderse de los disparos de la misma. La traza del mismo fue llevada a cabo por los hermanos Diego y Francisco de Arruda, notables arquitectos e ingenieros militares de la época a los que, además de este castillo, se deben la torre de Belém, las adaptaciones a la pirobalística de los castillos de Moura, Mourão y Portel, o el acuaducto de Amoreira, en Elvas, entre otros. 

Pero el destino le tenía reservado a Evoramonte un nuevo desastre, esta vez como consecuencia del terremoto de 1755, que derribó dos de sus torres, concretamente las orientadas hacia el este, así como el derrumbamiento de las bóvedas del edificio central. Así permaneció, en estado ruinoso, hasta que en 1937 se llevaron a cabo las obras necesarias para su rehabilitación. En la foto inferior podemos ver dos tomas desde el mismo ángulo del estado en que estaba el castillo antes de iniciarse las obras de restauración, y el aspecto que ofrece actualmente.



Es justo reconocer que, en este caso, la restauración resultó bastante exitosa, devolviendo al castillo su aspecto original y, salvo la espeluznante antena que corona una de sus torres abaluartadas, como lo vemos hoy es como debieron verlo al culminar los trabajos hace ya casi cinco siglos. Como se puede apreciar, las torres disponen de cuatro baterías distribuidas en otros tantos niveles, más la azotea, orientadas de forma que cubren todos los ángulos posibles, especialmente las destinadas a batir de flanco en caso de un asalto al castillo. La zona central del edificio se destinó a uso palaciego para el alcaide de la población.


En la foto de la derecha podemos ver el aspecto de la primera planta.Se trata de una cámara de planta cuadrángular en la que cuatro potentes columnas estilo manuelino sustentan las nueve bóvedas de crucería gótica. En cada ángulo dispone de una abertura que da acceso a cada una de las baterías de que dispone cada planta, además de la escalera que sube a la planta superior, situada en la torre norte. En la torre oeste hay otra pequeña escalera de caracol que termina en la tercera planta, pero sin acceso a la azotea. Aparte de lo elaborado de las columnas, la presencia de chimeneas y la elegante nervadura de las bóvedas indican claramente que estamos en una dependencia palaciega, muy alejada en su estilo de las austeras torres militares que hemos visto en entradas anteriores.


En esa otra foto tenemos una vista de la segunda planta. En este caso, las columnas son cuadradas, fabricadas con sillería de piedra caliza. Al fondo aparece una chimenea y a la izquierda de la imagen, el acceso a una de las baterías de dicha planta. Como se puede apreciar, la estancia dispone de buena entrada de luz, nada que ver con las lóbregas cámaras de las torres románicas de antaño. Digamos que es incluso acogedora si la comparamos con las anteriores. Hubo un detalle que me llamó la atención, y es que no se observan en las entreplantas aberturas para poder subir las piezas de artillería a las baterías superiores. Así que, una de dos: o dichas aberturas fueron tapadas a raíz de la reconstrucción llevada a cabo en 1937, o bien se trataba de piezas pequeñas, no más grandes que un falconete, que sí podían ser manipuladas con relativa facilidad a través de la escalera situada en la torre norte que, todo hay que decirlo, es de una amplitud inusual para este tipo de edificios. En cualquier caso, en los planos que se levantaron en la época no queda constancia de la posible existencia de dichas aberturas que, mediante garruchas, facilitaría enormemente el traslado de las piezas dentro del edificio.

Bueno, con esto ya queda todo más o menos explicado. Añadir que la entrada cuesta apenas 1,50 €, los nenes no pagan, y que además del castillo podemos visitar su impresionante muralla urbana, de la que ya hablaré otro día, dotada de baluartes de la misma traza. Ahí dejo una fotillo panorámica del conjunto de la cerca y el castillo. Merecen la pena una visita. He dicho.





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