viernes, 8 de julio de 2011

Castillo de Lanhoso


Distrito de Braga
Coordenadas: 41º 35' 12'' N // 8º 16' 52'' O

Esta pequeña fortificación, erigida sobre el mayor monolito de granito de Portugal, alberga mucha más historia de la que, por sus reducidas dimensiones, nos pueda parecer. La fortificación de la zona proviene de muy antiguo. Los romanos edificaron ahí una torre de vigía para controlar la vía que unía Braga con Chaves, la cual llegó al segundo milenio practicamente arruinada. En el último cuarto del siglo XI, Pedro, obispo de Braga, al que pertenecían estos dominios, aprovechó la ventajosa posición de la antigua atalaya romana para edificar un pequeño castillo a modo de avanzadilla de su territorio. Hay que tener en cuenta que hablamos de la época en que Portugal era aún un condado del reino de León, y que los territorios controlados por la morisma estaban a una distancia muy cercana.
Así pues, mandó erigir un castillo con la torre del homenaje aislada en el patio de armas, como hemos visto ya en algunos castillos románicos de Portugal. La intervención obispal en la construcción del edificio quedó plasmada en una inscripción en un sillar de piedra ubicado en la torre izquierda de las dos que flanquean la puerta de acceso. Lanhoso estaba considerado como uno de los más importantes castillos de la zona en la turbulenta época que siguió, a raíz del casorio de la regia bastarda Teresa de León con Enrique de Borgoña, como ya se recordará de entradas anteriores (véase Genesis de Portugal). En uno de las muchos conflictos tenidos con la corona leonesa, Lanhoso sirvió de refugio a doña Teresa cuando en 1121, tras ser derrotado su ejército por las tropas de su medio hermana Urraca, consiguió a duras penas mantener su condado tras la firma del tratado de Lanhoso.
Pudo mantener la regencia durante la minoría de edad de su hijo Afonso Henriques hasta que éste, que no estaba por la labor de permanecer toda la vida bajo la tutela materna y la de su amante y favorito Fernando Pérez de Trava, organizó un ejército y derrotó al de su madre en la jornada de São Mamede, en 1128. En Lanhoso fue encerrada la ambiciosa doña Teresa hasta su muerte, dos años más tarde. Este castillo no era el que vemos hoy día. Su planta era cuadrangular, y disponía de  tres torres de flanqueo en su cara sur, más otra en el ángulo NE. En el patio de armas se encontraban una serie de dependencias en las que se incluía una vivienda y un aljibe de grandes proporciones. Del mismo aún se pueden ver restos, sobre todo los cimientos que emergen por el lado sur del actual edificio, junto a la torre del homenaje, y que podemos ver a la derecha de la misma en la foto de cabecera.
El castillo que vemos hoy día procede de una serie de reformas llevadas a cabo hacia finales del siglo XII, cuando se edificó la torre del homenaje actual y se modificó la planta del recinto, siendo considerado como cabeça de terra, o sea, una especie de capital de un determinado territorio, lo que da cuenta de su importancia estratégica. Pero la historia de este castillo no termina ahí. En el siglo XIII tuvo lugar un luctuoso hecho propio de culebrón televisivo: su alcaide, Rui Gonçalves de Pereira, al tener conocimiento de que su mujer le estaba poniendo los cuernos nada menos que con un fraile, los hizo encerrar en las dependencias del patio de armas junto con dos criadas a las que consideró como cómplices, y les metió fuego. No se andaba con tonterías el alcaide...
Finalmente, a partir del siglo XV fue perdiendo su utilidad militar, cayendo poco a poco en el olvido, como está mandado. A finales del siglo XVII, se pidió permiso para demoler el castillo, a fin de utilizar su piedra en la construcción del Santuario de Ntra. Sra. del Pilar que podemos ver al sur del mismo, a pocos metros de distancia. El expolio fue bastante concienzudo, de forma que, a finales del siglo XVIII, apenas quedaban restos de las murallas y la torre del homenaje.
Tras varias restauraciones llevadas a cabo a lo largo del siglo XX, hoy día está siendo objeto de algunas mejoras y, según creo, a lo largo de este mes será nuevamente abierto al público. Pero como no todos los que me lean podrán ir a verlo, pues yo lo enseño, no hay problema...

En el plano de planta de la derecha vemos la morfología del recinto actual. Las zonas marcadas en amarillo corresponden a los basamentos de las columnas que sustentaban las dependencias del primitivo castillo construido por el obispo de Braga. La puerta de acceso al recinto, situada en el lado oeste, está defendida por dos torres tal como vemos en el plano. El saliente que aparece en la zona superior izquierda se corresponde con una de las torres de flanqueo del edificio primigenio, siendo la única que queda de su primera etapa. Actualmente, no es una torre en si misma, sino parte de la muralla.


En la foto de la izquierda podemos ver la puerta de acceso. Se trata de una puerta de arco ojival, procedente de la última reforma habida en el edificio. Conforme a los patrones de la época, la puerta está literalmente embutida entre las dos torres, facilitando con ellos su defensa. Estas torres, así como el parapeto que hay sobre la puerta, cuentan con pequeñas saeteras para batir de frente y de flanco. Obsérvese la sillería de la mitad inferior de ambas torres. Es de traza irregular, no como la de la parte superior, mucho más uniforme. Esa falta de uniformidad es propia del período proto-románico en que fue edificado el primer edificio sobre los cimientos de la vieja atalaya romana, recurriendo a lajas y cuñas de piedra para igualar las diferentes hiladas.


Ahí tenemos una vista del acceso a la torre del homenaje. El patín de piedra procede de una restauración moderna. Posiblemente, el original fuera de madera. La entrada se encuentra a 3 metros sobre el nivel del suelo. Esos 3 metros hacia abajo sirven para albergar una cisterna en el interior de la torre con una capacidad de algo más de 125 m3. Además, cuenta con dos plantas y un techo a cuatro aguas en la superior. Su planta es cuadrangular, con una superficie de 10x10 metros. Su altura hasta la azotea es de 11 metros, a los que hay que añadir otros 3 si contamos el parapeto y las almenas con sus capuchones. Debido a su escasa altura en relación a su superficie, vemos que la torre ofrece un aspecto un tanto rechoncho, lejos de las altivas torres del homenaje que hemos visto hasta ahora. Si observamos la sillería de esta torre, veremos que su traza no tiene nada que ver con las que defienden la puerta de acceso.



Finalmente, aquí tenemos una vista del pequeño patio de armas, que en esa imagen aparece con puntales, costeros y demás utensilios de albañilería para las obras que se están llevando a cabo. Al fondo se pueden ver los accesos al adarve. Los parapetos de esa zona carece de almenado. Es de suponer que, una vez concluidas las obras, sea también retirado el entarimado que cubre el suelo, aunque vete a saber... Con estos arquitectos nunca se sabe lo que pueden acabar perpetrando.
En fin, creo que ya está todo dicho. Solo añadir una imagen de la incripción epigráfica que hace referencia al constructor del castillo, el obispo Pedro. Por lo visto, según afirma Mario Jorge Barroca en su obra "Epigrafía Medieval Portuguesa (862-1422)", es la más antigua inscripción epigráfica medieval existente en Portugal.

He cambiado el color de la foto para que se aprecie mejor la inscripción. Junto a la cruz, se puede leer: Petrus, AEPS (archiepiscopum). ¿Que no lo veis? A ver... La P lleva la E en el palo inferior de la misma. La T lleva la R en la misma posición. Y del rabo inferior de la S sale la V (U). Con eso tenemos PETRVS ARCHIEPISCOPVM, o sea, Pedro, arzobispo. No se extendió mucho el hombre, las cosas como son. Nos podía haber dejado alguna fecha o algún dato más, pero se conformó con su "firma" a secas.
Bueno, ya está todo dicho. El que quiera saber algo más qué pregunte.

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