viernes, 1 de julio de 2011

Fuerte de Nossa Senhora da Graça III


Bueno, ya hemos visto la historia de este fuerte, así que ahora toca conocerlo un poco más a fondo. Para ello, nada mejor que una foto zenital a una resolución aceptable que los señores de Google me prestan amablemente y tal. Una recomendación: para facilitar la explicación y no tener que ir subiendo y bajando la pantalla es mejor picar la imagen, que es más grande de como se ve aquí, y abrir otra ventana para ir leyendo. Comencemos pues...

A: La flecha señala el único acceso al recinto, la puerta del Dragón. Es la típica puerta monumental de las fortificaciones de la época, llena de motivos bélicos y alegorías. Ya pondré fotos de todo en la siguiente entrada.

B: Como se ve, hay cinco puntos marcados con esta letra. Dos a la derecha y tres a la izquierda, que forman un bonete (véase la entrada referente a este tipo de obra exterior). Son lo que se denominaban plazas de armas, que no eran otra cosa que pequeñas plataformas artilleras destinadas a cubrir ángulos muertos o zonas comprometidas.

C: Revellín de entrada. Tras cruzar la puerta del Dragón damos al terraplén del revellín, alrededor del cual estaba el cuerpo de guardia y varias dependencias del mismo. Dispone de una batería superior con cañoneras. Desde el revellín sale un puente hacia el reducto central, así como dos tramos de escalera que permiten el acceso al foso.

D: Es el foso principal que rodea todo el edificio. Tiene unos 25 metros de anchura por las zonas de las cortinas, y unos 12 por los baluartes. El foso está defendido en todo su perímetro por galerías provistas de troneras fusileras en la contraescarpa, así como desde el recinto central que, además, dispone de dos cañoneras para batir de flanco la muralla.
En la zona norte de la contraescarpa hay además varios accesos a diferentes dependencias, así como las escaleras para acceder a la obra exterior que se extiende en esa dirección.

Como se ve, el recinto central es el típico polígono cuadrangular con un baluarte en cada esquina. Cada uno de ellos estaba dotado de 12 bocas de fuego, así como de sus respectivos pañoles. Las pequeñas construcciones que parecen casitas de Monopoly son modernas, de su etapa como prisión militar. Estos baluartes, siguiendo la costumbre de la época, recibían cada uno un nombre diferente, a saber:

E: Baluarte de Badajoz, orientado hacia el SE.
F: Baluarte de Maléfa, orientado hacia el NE.
G: Baluarte de S. Amaro, orientado hacia el NO.
H: Baluarte de La Ciudad, orientado hacia el SO, o sea, hacia Elvas.


I: El reducto central. Es el sitio más peligroso de recorrer por el mal estado de las techumbres, así como por la oscuridad que reina en sus dependencias inferiores. Se encuentra aislado del resto del edificio. Para llegar a los baluartes dispone de un puente, levadizo en su día, a nivel de la primera planta del mismo. En el espacio que lo rodea hay varias dependencias usadas como almacenes, etc.
El reducto se divide en varios niveles:
Uno en el subsuelo con pañoles, almacenes, casamatas y los accesos a las galerías que daban a las cañoneras y troneras que defendían el foso. Quedan algunas dependencias que han tenido uso hasta hace pocos años: un bar, un club de oficiales, las cocinas, letrinas, etc.
A nivel del suelo está la capilla, y un largo pasillo que va de extremo a extremo a cuyos lados estaba el comedor de tropa y dependencias administrativas de la prisión.
La primera planta estaba destinada a dependencias y alojamiento de los oficiales de la guarnición. Mucho ojo con esta parte, que los suelos de madera están podridos. Caminar siempre lo más pegados posible a las paredes.
La segunda planta, que era la casa del gobernador de la plaza. Es un bonito palacete desde cuya terraza se domina todo el contorno al estar al nivel más alto de todo el edificio. Allí veremos desde un cuarto de baño moderno o lo que queda de él, porque menos la bañera se lo han llevado todo, a un elegante salón central que aún conserva un aire de añeja y refinada decadencia.

J: Hay dos puntos marcados con la J. Son los revellines que defendían las cortinas este y oeste. A ellos se puede llegar por el adarve desde el revellín de entrada. Ojo, porque hay algunas zonas donde el ancho del camino no da para ir de frente un hombre corpulento. Así que muy pegaditos al muro, que la caída es de más de 10 metros hasta el foso. Ciudadanos con vértigo, mejor se abstengan. Bueno, mejor no. Que ni se les ocurra pasar por ahí si no quieren darse una costalada de antología.
Esa estrechez no era un sádico caprichito del constructor, sino una de los muchos obstáculos destinados a complicar el acceso a posibles atacantes.

A partir de aquí, entramos en la zona de las obras exteriores. Pero antes conviene explicar un par de cosas. Por la morfología del cerro donde se yergue el fuerte, la ladera norte es la más accesible. Así pues, para dificultar al máximo un ataque por esa zona, se concentraron ahí todas las obras exteriores habidas y por haber. Y a eso, añadir una diabólica distribución de accesos y fosos, de forma que, para llegar al recinto principal, había que conquistar previamente cuatro fortificaciones externas a cual más compleja, separadas unas de otras por  tres fosos a diferentes niveles, para luego cruzar el foso principal batido por fuego de fusilería desde la contraescarpa y desde el mismo reducto central. Eso supone un total de siete obstáculos a cual más complicado de vencer. Misión cuasi imposible, vaya...

K: Es un revellín que defiende la cortina norte. Conforme a los cánones del momento basados en situar las distintas obras escalonadas, está a un nivel superior que el hornabeque que se extiende ante él a fin de poder batirlo desde una posición ventajosa, pero a su vez está a un nivel inferior respecto al reducto principal para, en caso de ser ocupado por el enemigo, poder batirlo desde ahí ya que, como era costumbre, la gola estaba abierta, o sea, no disponía de protección por la retaguardia. Obsérverse que, para ello, cada cortina del reducto central dispone de varias cañoneras.

L: El hornabeque. Al igual que el revellín K, está a un nivel superior que las demás obras que hay ante él. Está separado del revellín K por un foso A VARIOS METROS POR ENCIMA del nivel del foso principal, formando una suave pendiente hacia el exterior. O sea, que si el enemigo conseguía llegar a ese foso pensando que tenían al alcance de la mano el recinto central, oh, sorpresa, al final de ese foso se encontraban con la nada. Un desnivel insalvable que solo permitía el paso por una angosta escalera que, naturalmente, estaba protegida por una cancela de hierro de tal grosor que solo a cañonazos podía derribarse.
Para complicar más las cosas, el hornabeque está partido en su interior por dos muros diafragma en cada uno de sus cuernos. En sus medios baluartes hay una pequeña edificación destinada a su guarnición, así como los pañoles correspondientes. Todo ello se aprecia perfectamente en la foto. Y, como se recordará de la entrada anterior, no tuve forma de averiguar por donde se accedía al dichoso hornabeque, así que si alguien lo sabe, que me lo diga.

M: Es un revellín que defiende la cortina del hornabeque, separado de este por otro foso más y a un nivel inferior del mismo. A su vez, está separado del bonete por otro foso.

Para hacernos una idea más clara de los diferentes niveles de que consta el edificio, mejor mirar la foto de abajo, que aunque está tomada desde el aire sí permite verlo en perspectiva.


N: Los pozos de lobo. Tres hiladas de pozos sembrados con abrojos de hierro para quitarle las ganas a la infantería enemiga de acercarse. Hay que tener en cuenta que el glacis está a pocos metros sobre el nivel de la muralla y, en realidad, no hay muralla propiamente dicha. La muralla es la misma montaña. O sea, que por esa ladera se puede acceder caminando hasta el mismo fuerte para intentar un asalto lanzando escalas. Eso sí, sin caer dentro de un pozo y siempre y cuando no te estén barriendo a cañonazos desde el mismo.

O: Se trata de un parapeto que circunvala todo el fuerte a modo de primera línea defensiva. Consta de un murete de mampostería dotado de banqueta para que la infantería pudiera disparar a pecho cubierto. Tras el mismo, ya tenemos el primer foso. Como se ve en la foto, el parapeto del lado NO está casi derruido, por lo que, para estudiarlo con detalle, habrá que ir a la zona marcada con la flecha. Ojo al caminar por ahí, que hay maleza en cantidad y animalitos de aspecto desagradable con un nivel demográfico irritantemente elevado.

Solo resta comentar un detalle que puede parecer una chorrada a los neófitos, y que muchos igual no reparan en él a la hora de visitar esta joya. No hay rampas. La que se ve junto a la puerta del reducto central es moderna. Pero, aparte de esa, no hay. ¿Y qué significa eso?, me preguntarán... Pues significa que las 80 bocas de fuego de dotación fueron subidas a los baluartes y las obras exteriores a base de grúas. Cada baluarte tiene 12 cañoneras, que multiplicadas por cuatro suponen 48 cañones de más de dos toneladas y media de peso. Obviamente, los subirían desmontados, cañón por un lado y cureña por otro, pero no dejaba de ser un trabajo abrumador con los medios de la época. Una vez arriba, tendrían otra grúa para suspender el cañón sobre la cureña y proceder a su montaje. Obviamente, la ausencia de rampas multiplicaba el trabajo de la guarnición pero, por otro lado, se eliminaban elementos que facilitasen el acceso de posibles atacantes a las diferentes zonas del fuerte.

Bueno, creo que con estas explicaciones queda clara la distribución de todo el recinto. En todo caso, si alguien tiene alguna duda, que pregunte, que es gratis. Supongo que ahora se entenderá por qué llevaron a cabo su construcción con tanto secretismo, y por qué no querían que nadie pudiera enterarse de sus entresijos. El desconocimiento por parte del enemigo del interior del fuerte era la mejor salvaguarda para los defensores, ya que, de esa forma, los atacantes no sabían por donde era más viable intentar entrar al desconocer qué iban a encontrarse. Mientras lo visitaba, a cada paso de cada, por cada escalera que subía para ver que no daba a donde quería ir, pensaba lo mismo: si yo, que tenía todo el tiempo del mundo para indagar cada parte del recinto, había momentos en que me sentía despistado, ¿cómo podría un ejército enemigo adentrarse en el fuerte sin saber siquiera por donde se movían y, encima, batidos a tiros por todos los sitios imaginables? Como ya comenté, el fuerte de Graça nunca fue ocupado. Solo un bombardeo de semanas, hasta machacar literalmente sus defensas, podría tener éxito.

Ah, unos consejillos adicionales para añadir a los de la entrada anterior:

No ir en calzonas, y menos si es pleno verano. Maleza seca, aulagas, más la fauna silvestre del fuerte nos pueden dar algún berrinche.
Llevar botas que cubran los tobillos. Posibles torceduras, animalitos de esos que si los pisas o les pasas cerca se cabrean mucho y tal...
Llevar un bastón. Conviene ir tanteando el terreno: pozos, aberturas del aljibe, hoyos corrientes y molientes, suelo que cede con el peso de una mosca...
Si uno es propenso a los sustos, antes de entrar a cualquier dependencia hacer un poco de ruido: palomas, ratas, etc.
Por lo demás, que yo sepa, no hay espectros ni nada similar flotando por allí. Al menos, no los he visto, ni he escuchado lamentos de presidiarios que languidecieron en las lúgubres mazmorras del fuerte. O igual sí, quién sabe, jejeje...

Bien, con esto termino esta entrada. Las próximas constarán de imágenes para ver con detalle todo lo explicado hasta ahora. Para concluir, ahí dejo una foto del dragón que daba la bienvenida a los huéspedes del fuerte. He dicho...


Continuación de la entrada pinchando aquí




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