sábado, 9 de julio de 2011

Fuerte de Santa Luzia. Corrección y explicación de la contramina

Siempre he tenido por norma contrastar la información que obtengo acerca de los sitios que visito. Pero, a veces, peco de confiado si la persona que me la facilita es la que está al frente de edificio en cuestión, entendiendo que, ya que está al cargo del mismo, debe conocer en profundidad sus entresijos. Y precisamente por fiarme de una de estas personas he medido un gazapo que ahora mismo corrijo. No he querido hacerlo en la entrada original, ya que me parece de mal gusto andar retocando cada vez que me percate de una metedura de pata, así que lo hago en una entrada aparte.
El gazapo en cuestión radica en el pasadizo que, en la entrada referente a este fuerte, dije que comunicaba con la plaza de guerra de Elvas. Esa información me la transmitió una señora o señorita que, la primera vez que visité el fuerte, estaba en la oficina de información ubicada en el interior del recinto. Me comentó lo mismo que reflejo en la entrada: que servía para el trasiego de tropas o bastimentos en caso de guerra. La verdad es que me resultó extraño, ya que el fuerte estaba unido a Elvas por un camino cubierto, como ya dejé constancia en su momento. Pero teniendo en cuenta la distancia, así como el hecho de que la vaguada por la que transcurría el camino de marras podía ser tomada o batida por fuerzas enemigas, no vi disparatado lo del pasadizo. Los que diseñaron el fuerte tuvieron hasta la precaución de usar materiales blandos en el lado que mira a Elvas, situada al norte, para, en caso de que el fuerte fuera tomado por el enemigo, poder destruirlo con la artillería de la plaza. Sin embargo, los frentes que dan al sur, este y oeste están construidos con piedra de una dureza superior para resistir los embates de la artillería adversaria. Considerando esos detalles, la verdad, no vi excesivamente disparatado lo del pasadizo.
Bien, pues ni pasadizo ni leches. En realidad es una contramina. El pasado sábado, aprovechando que la población de mosquitos ansiosos de sangre estaba un tanto mermada, me animé a entrar y verla con detenimiento. Y, oh sorpresa, el supuesto pasadizo era en realidad la galería de una de las contraminas que rodean el fuerte. Veamos algunas fotos de la misma:

Ahí tenemos la galería que corre paralela al camino cubierto del interior del fuerte. Como ya se comentó (véase la entrada de Expugnación Castral al respecto), de estas galerías partían los ramales que iban avanzando en dirección a la campaña. En este caso, está derrumbada a los pocos metros, como se ve en la foto. Según me informó otra persona, esta vez con más fundamento, todas las galerías están en un estado similar, o con los acceso derrumbados. Esa en concreto se restauró para poder ver como eran, pero el trazado básico de las misma, aunque oculto, se conserva en todo el perímetro del recinto. Como se recordará, estas galerías se cortaban de tramo en tramo para impedir que, en caso de que el enemigo lograra mediante una mina llegar a ellas, se convirtiera en un coladero hacia el interior del fuerte o incluso aprovecharlas en beneficio propio para volarlas y abrir una brecha en la muralla que significaría en la práctica ver tomada la fortaleza mediante un asalto. En cualquier caso, esa galería avanza en dirección hacia la puerta de acceso al fuerte, por lo que, aunque esté derrumbada, pocos metros más podría avanzar.

Ahí tenemos la galería que, con un suave desnivel, avanza hacia el exterior. Al llegar al fondo hay que girar a la derecha.
La altura de la misma da para que un hombre de 160 cm. de estatura pueda caminar erguido. La bóveda está construida con grandes lajas de pizarra colocadas en ángulo, y en las paredes se conservan restos de enlucido. Como ya se imaginarán, las filtraciones de agua son muy abundantes, incluso en la época estival en que hay sido hechas las fotos. El ambiente está muy cargado de humedad y el suelo, de tierra, es muy resbaladizo.
Para situarnos, esta galería corre bajo el foso que se abre alrededor del baluarte situado al NE, perpendicular a la muralla. Error por mi parte: no medí la distancia. Pero como tengo que darme un garbeo cuando pasen los calores estivales, ya iré provisto de una cinta métrica para tener una idea más precisa de su trazado.


Una vez giramos a la derecha nos encontramos con esa galería, de bastante más longitud. En teoría, corre paralela al trazado del foso y la pendiente se acentúa un poco más. La altura de la bóveda también aumenta un poco, por lo que por esta zona puede caminar erguido un hombre alto sin tener que preocuparse por abrirse la cabeza. Ojo, que al volver la altura disminuye y el riesgo de un chichón monumental aumenta de forma inquietante, y más si se va a galope tendido para que no lo desangren a uno los mosquitos y la madre que los parió. Una semana después de la visita, un glorioso hematoma en plena coronilla se suma a mis múltiples heridas de guerra. Sí, reíros pero, con las prisas, no calcular bien la altura me costó un testarazo que, al menos, certificó la pétrea dureza de mi testa de castillero empedernido.





Y a mitad del recorrido de dicha galería, nos encontramos con ese ramal que nos conduce a la cámara de hornillo. Como se ve, al fondo hay que efectuar un nuevo giro, también a la derecha, por lo que se deduce que la contramina tiene un trazado en forma de U invertida, de forma que la cámara de hornillo, a falta de confirmar una vez pueda tomar medidas exactas de cada tramo de la misma, quedaría bajo el foso, ante el baluarte NE. De esa forma, si una mina enemiga avanzaba hacia el baluarte en cuestión, podía ser volada con la pólvora almacenada en la cámara. Hay que tener en cuenta una cosa que, por lo general, la gente desconoce: la pólvora no es un explosivo, sino un propelente. O sea, no explota, sino que arde a más o menos velocidad dependiendo de las proporciones de sus componentes, así como del grueso del grano que, a más fino, más rapidez de combustión desarrolla. Pero si almacenamos varios toneles de pólvora en un sitio cerrado, como una de estas cámaras, aunque no sea un explosivo en sí, la presión generada por la rápida combustión de la misma generaría unos efectos que, aunque inferiores a los de un explosivo de verdad, serían más que suficientes para volar las toneladas de tierra y/o piedras que hay sobre la contramina.

Y ahí tenemos la cámara de hornillo. Como se ve, el ramal es más bien corto, de apenas unos 3 metros de largo. La cámara,  de unos 3 ó 4 metros de diámetro, está cubierta por una bóveda fabricada con lajas de pizarra. Tendrá unos 3 ó 3,5 metros de altura. No se aprecian en su interior respiraderos para favorecer la combustión de la pólvora, pero deduzco que la restauración llevada a cabo los éliminó, caso de haber existido. De todas formas, la entrada de aire procedente de la contramina garantizaría una combustión perfecta para lograr sus demoledores efectos contra una mina enemiga.
El angular de la cámara no me dio para poder hacer una foto de la cámara de hornillo al completo, así que para la próxima, me llevo el trípode y saco una panorámica con dos o tres imágenes superpuestas.
Bueno, corregido está el gazapo. Quede pues aclarado que el supuesto pasadizo no es tal, sino una de las contraminas con que cuenta el fuerte. Sería francamente interesante que, ya que este edificio está tan bien restaurado, le echasen un dinerillo encima y las dejaran todas a la vista, lo que facilitaría su estudio y, lo más importante, sería de los pocos fuertes en los que se podrían visitar sus contraminas al completo, lo que lo haría aún más atractivo. Dos últimos consejillos: Antes de entrar, embadurnarse en Autan. Los malvados mosquitos están solo en los primeros metros de la galería, pero bastan para dejarte molido a picotazos. Y hombres de porte elevado, o se ponen un casco o caminan con precaución.
Hale, he dicho...