viernes, 26 de agosto de 2011

Castillo de Lindoso



Distrito de Viana do Castelo
Coordenadas: 41º 52' 91'' N // 8º 11' 74'' O

Visitar el castillo de Lindoso nos permitirá matar dos pájaros de un tiro. O sea, conocer un castillo puramente medieval y, por otro lado, un fuerte de traza italiana adaptado a la pirobalística. Y, lo más importante, en un estado de conservación francamente bueno. En la foto de cabecera se puede apreciar en primer término la muralla abaluartada y, tras la misma, el castillo. Veamos un poco de su historia...

La primera mención al sitio de Lindoso ya aparece en un documento del siglo IX de la diócesis de Braga, en la que se fijan los límites de la misma. Sin embargo, no fue hasta el reinado de don Afonso III cuando, a mediados del siglo XIII, se procedió a la edificación del castillo ya que, por su posición estratégica en la misma frontera con el reino leonés, fue necesario interponer una barrera defensiva en la zona para impedir incursiones del vecino reino, que aún andaban un poco molestos por aquello de haber perdido el condado Portucalense un siglo antes. Se asienta sobre una base rocosa, en un cabezo de poca altura, y tiene forma de trapecio irregular. Disponía de una torre del homenaje en el flanco NO, con el acceso a través del adarve. La entrada al recinto estaba en el lado opuesto, defendida por dos torres de planta cuadrangular. En la piedra clave de la puerta de estilo gótico se puede ver, burdamente tallado, el blasón de don Afonso III.
Toda la fábrica es de potente sillería bien labrada de granito, colocada a soga y tizón, salvo los parapetos, que son de mampuesto como consecuencia de la eliminación del almenado en tiempos de la Guerra de Restauración para convertirlos en parapetos para fusileros, de lo que hablaremos luego. En cualquier caso, y a pesar de su carácter fronterizo, el castillo de Lindoso no se vio envuelto en ningún conflicto en toda la Edad Media.


En la foto de la izquierda podemos ver la torre del homenaje, con su acceso elevado. La torre, como se puede apreciar, es de escasa altura, un tanto rechoncha. El merlonado, como en casi todos los castillos de la época, tiene forma de prisma triangular. En la cámara de la torre hay habilitado un pequeño museo con diversas armas tanto medievales como  del siglo XVIII, incluyendo un descomunal mosquete de parapeto con pivote. El patio de armas, de reducidas dimensiones, alberga un aljibe, un par de edificios modernos donde está la tienda de recuerdos (no son excesivamente horripilantes), y los restos de unas construcciones del siglo XVII que albergaban almacenes, un molino y una capilla. Dentro de uno de los edificios de nueva planta (concretamente en el que aparece a la izquierda de la imagen) se conserva también el horno que, según me aseguraron, es el original. A la derecha se ve una de las escaleras que llevan al adarve.

A raíz de la Guerra de Restauración, el castillo cobró cierto protagonismo al ser usado como punto de partida de las incursiones realizadas por tropas portuguesas contra la frontera con Galicia. Debido a ello, en 1662, un ejército al mando del general don Baltasar Pantoja sitió y conquistó el castillo tras lo cual, y a fin de establecer en él una base estable para controlar esa zona fronteriza, emprendió las obras exteriores que lo convirtieron en un fuerte pirobalístico bajo la traza del ingeniero militar italiano Gaspar Squarciáfico, marqués de Buscayolo. Esas obras le dieron el aspecto que contemplanos hoy día.
Estas consistieron en la construcción de una muralla siguiendo la morfología del castillo medieval, dotada de cinco baluartes con camino cubierto, parapetos para fusilería con banquetas y, a fin de dificultar la circulación de enemigos en caso de ser invadidos, se prolongaron algunos tramos de la muralla medieval con construcciones de mampostería para cortarles el paso, dejando solo angostas puertas fácilmente defendibles para el paso de tropas y de las piezas de artillería, la cual era llevada a los baluartes mediante las habituales rampas. Al no poder excavar un foso debido a la consistencia rocosa del suelo, se optó por levantar unos terraplenes sustentados con un muro de piedra que, a se vez, actuaba como contraescarpa del mismo.
En todo caso, en 1664, las tropas al mando del capitán Caros Malheiro Pereira, enviadas por el conde de Prado, gobernador del Miño, recuperaron la fortaleza, quedando las obras concluidas dos años más tarde, en 1666. Quizás la obra más significativa fue la abertura de una nueva puerta, situada delante de la torre del homenaje, dotada de puente levadizo. Curiosamente se abrió ante la puerta un pozo en la roca a fin de suplir la carencia de foso. Sobre la misma se construyó un matacán sin ménsulas, dejando un amplio vertedero con un acusado derrame hacia abajo para facilitar el tiro con armas de fuego. Ante la puerta se edificó un revellín con el fin de protegerla, pero preparado solo para el tiro con fusilería. Al parecer, esta obra exterior no fue concluida hasta mucho tiempo después, allá por 1720.
Ahí acabó la vida operativa del castillo de Lindoso, que fue cayendo en el olvido, como suele ocurrir, hasta que, en 1940, fue restaurado en la campaña llevada a cabo por el gobierno de Salazar para la recuperación de los edificios historicos de la nación. A continuación pongo algunas fotillos con su explicación correspondiente, que es más fácil que irlas intercalando con el texto. Ah, cierran los lunes (segunda feira en portugués), y cobran el mísero estipendio de 1,50 € por persona, 3 € si se prefiere visita guiada. Hala, he dicho.


A la derecha tenemos la puerta de la muralla seiscentista. En ella podemos ver el puente levadizo por contrapeso, así como la pasarela bajo la cual se abre el pozo. Encima de la puerta, el matacán antes mencionado. Curiosamente, al atravesar la puerta topamos con una enorme roca de granito, lo que me hace pensar que abrieron la puerta justamente ahí con le mero fin de defender la torre en caso de que un proyectil de artillería entrase al interior. A ambos lados de la misma corre un parapeto fusilero sin bancada para defenderla, así como para hostigar a posibles enemigos que intentaran hacerse con el control de adarve. Por cierto que, aunque las vigas del puente son modernas, no están de mero adorno. Funciona perfectamente.






En esa otra foto se puede ver el revellín que, como ya se comentó, no tenía previsto la instalación en el mismo de piezas de artillería. Su acceso a través de una escalera de piedra da a un estrecho adarve con un parapeto fusilero. La puerta que vemos en la imagen debió ser el primer acceso al recinto, ya que posiblemente el revellín no estaba, como hoy día, exento de la fortificación, sino unido por un muro. De no ser así, no tendría sentido la existencia de dicha puerta. Por otro lado, en ella se aprecian las ranguas o gozneleras de piedra para la puerta, lo que indica claramente que ya en tiempos de su construcción formaba parte de la obra. 


Ahí tenemos uno de los baluartes, concretamente el situado en el ángulo SO. Como se ve, solo tiene dos cañoneras, y orientadas hacia la campaña. En ningún baluarte se previeron cañoneras para el tiro de flanqueo. Por su reducido espacio es evidente que no disponían de una artillería de gran potencia.
Se aprecia claramente tanto el parapeto fusilero con su banqueta, así como la rampa para el acceso de las piezas de artillería al baluarte. A la derecha aparece el camino cubierto que, si giramos en ese mismo sentido, nos llevará a una puerta que corta el paso de dicho camino por las razones expuestas arriba.
Finalmente, observar la garita situada en el vértice del baluarte. En cada uno de los cinco baluartes que componen la fortificación veremos una de estas garitas, así como en uno de los ángulos del castillo medieval, cuya muralla en esa zona fue modificada para albergar la garita de marras.


Finalmente, a la izquierda podemos ver un tramo de la muralla oeste, en la que vemos el parapeto en primer término y, al fondo, el baluarte NO. Pero lo más interesante de esta vista es el foso.
Como ya comenté, la imposibilidad de excavarlo debido a la consistencia del suelo hizo necesario acumular tierra para elevar el nivel del suelo, y contenerla con un farallón de piedra que actuaba como contraescarpa. En sí mismo, el fondo del foso estaría al nivel del suelo de la época. En cualquier caso, daba el mismo servicio ya que su objeto no era otro que dificultar el acceso de tropas asaltantes a la muralla. En este caso, la existencia de un foso para evitar el minado era irrelevante tanto en cuanto era materialmente imposible cavar una mina en un suelo compuesto por roca viva.



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