lunes, 26 de septiembre de 2011

Fuerte de São Francisco Xavier do Queijo


Distrito de Oporto
Coordenadas: 41º 10' 7'' N // 8º 41' 24'' O

Antes de nada, conviene aclarar que en el santoral no hay ningún Francisco Javier que, además de santo, haya sido fabricante de quesos. La coletilla proviene de su emplazamiento, un afloramiento rocoso que, por su forma redondeada, era llamado Penedo do Queijo, o sea, Peña del Queso. Aclarado este punto, concretar que el queso rocoso en cuestión se encuentra en la ciudad de Oporto, a unos tres kilómetros al norte del estuario del Duero y del fuerte de São João da Foz.
Ya en el siglo XV, el lugar fue destinado a la construcción de un castillo el cual, por su nula función estratégica, fue desactivado y abandonado de forma que, apenas unos ciento cincuenta años más tarde, ya estaba en ruinas.

Sin embargo, a raíz de la Guerra de Restauración, el cabildo municipal de Oporto decidió edificar un nuevo fuerte debido a las constantes agresiones de la Armada española que, procedente de los puertos de Galicia y Cantabria, hostigaban sin descanso esa zona del litoral. De esa forma, junto con el fuerte de São João da Foz antes mencionado, y el de Leça da Palmeira, situado a 2,5 km. al norte, se pudo fortificar la que era (y es, que conste) una de las poblaciones y puertos más importantes de Portugal. Como ya he comentado varias veces, la abrupta costa portuguesa solo requería ser fortificada en las escasas zonas en las que, por la existencia de playas, podía llevarse a cabo un desembarco de tropas, circunstancia esta que se daba entre Leça da Palmeira y la desembocadura del Duero, un arenal de unos 6 km. de extensión que se prestaba a ello. Así, con el fuego cruzado de los tres fuertes, Leça, Queijo y São João, se cerraba con llave esa zona especialmente sensible.

La traza del edificio fue realizada por un ingeniero militar francés llamado Michel de l'Ècole, al que debemos otras obras de gran magnificencia, como las plazas de guerra de Valença y Monçao, muy cercanas una a la otra y ubicadas en la ribera del Miño, a fin de defender la frontera con España. El gasto de las obras fue asumido por el erario público de la ciudad, que prefería invertir la cuantiosa suma que supuso la edificación del fuerte antes que ver la población arrasada por la poderosa escuadra hispana, y por la  Confraria das Almas do Corpo Santo, una cofradía creada en 1394 por marinos mercantes y destinada a dar protección tanto a marineros como a comerciantes. Las obras dieron comienzo hacia 1661, dirigidas por el capitán honorario de la Marina Fernando César de Carvalhais Negreiros.

Al finalizar el conflicto en 1668, el cometido principal del fuerte fue impedir saqueos por parte de la plaga de piratas y corsarios que infestaban las aguas, así como cubrir con su fuego a barcos mercantes que, buscando refugio en puerto seguro al huir de estos, se acercaban a Oporto. Sin embargo, ya en el siglo XVIII, la Cámara Municipal solicitó a la corona la desactivación del fuerte debido a lo costoso de su mantenimiento, alegando que con la existencia del fuerte de São João da Foz la plaza estaba suficientemente defendida tras desaparecer la amenaza española. Pero, a pesar de ello, la petición fue desestimada por el rey don João V que, al parecer, no estaba por la labor de permitir inutilizar un fuerte que, en cualquier momento, podía ser de nuevo útil al estado.

Poco más duró su vida operativa. En el siglo XIX, durante las Guerras Liberales, fue ocupado por las tropas partidarias de don Miguel, donde resistieron el intenso bombardeo al que sometió al fuerte la escuadra liberal. A finales de dicho siglo fue totalmente desactivado y usado como puesto de la Guardia Fiscal. Actualmente es sede de una asociación de veteranos del ejército, que han instalado dentro un minúsculo museo militar con armas y recuerdos de las últimas guerras coloniales portuguesas en Angola y Mozambique.

Bueno, esa es a grosso modo su historia. Ahora toca estudiar un poco su morfología... 


El fuerte está enteramente fabricado con cantería de granito. Sus dimensiones son 53 metros por 25, y está orientado en dirección NO-SE. Como vemos en el plano de planta, no es enteramene simétrico, quedando el vértice del parapeto que mira al mar un poco desplazado a la derecha. Dicho parapeto es a barbeta en los tres tramos enfrentados con la costa, norma esta que, como ya he comentado anterioremente, estaba destinada a facilitar el emplazamiento de las bocas de fuego donde fuera más necesario en cada momento. Los tres parapetos que miran a tierra, por el contrario, están dotados de cañoneras y banqueta para fusileros. Además, otras dos cubren de flanco la cortina donde se abre la única puerta de acceso al recinto. Dispone de garitas en todos sus vértices, excepto en el situado al norte, donde se unen el parapeto a barbeta y el almenado.

La distribución interior es la convencional en este tipo de edificios. Un pequeño patio central, a cuyos lados estaban las dependencias de la guarnición (cuartel, cocina, pañol, casa del comandante y una pequeña capilla consagrada a san Francisco Javier), y la rampa para acceder a la batería. Actualmente, en dichas dependencias está el pequeño museo militar, una cafetería donde los veteranos se cuentan sus batallas, y una tienda de recuerdos, así como el local de la asociación. En cuanto a su morfología, vemos que está compuesto por un hornabeque mirando hacia el interior, y una batería en ángulo hacia el mar. Esta conformación era muy adecuada para hacer frente a ataques provenientes de tierra, como si de un fuerte convencional se tratase, y de una amplia batería capaz de cubrir todos los ángulos posibles hacia el lado de la costa.


Ahí tenemos la puerta de acceso. Como se ve, dispone de un puente levadizo de torno, el cual estaba emplazado en la azotea. En tiempos, el fuerte estaba rodeado por un foso, actualmente desaparecido. La pasarela apoya sobre un durmiente que, hoy día, se alarga hasta el paseo marítimo. Sobre la puerta luce el blasón de Portugal de tiempos de don Pedro II, bajo cuyo reinado se edificó el fuerte. Al entrar por esa puerta damos a un pasillo por el que se accede al patio interior. Dicho pasillo cuenta con seis troneras fusileras, tres a cada lado, desde las que se podía hostigar a posibles invasores. En el patio está además la cisterna para el suministro de agua de la guarnición. El parapeto no está diseñado para emplazar bocas de fuego debido al poco espacio que queda entre el mismo y el pretil que da al patio, pero sí dispone de una banqueta para disparar a pecho cubierto. El torno del puente no es el original. Es un mal remedo fabricado con un cacho tronco y unos hierros con el que dudo mucho pueda siquiera moverse la pesada pasarela.


Ahí tenemos una vista de la batería que mira al mar. Como se ve, el estado de conservación del recinto es inmejorable. Las piezas de artillería son originales de la época, si bien de tipos y calibres diversos. Las cureñas son réplicas modernas. Se pueden ver también dos de las garitas con que cuenta el fuerte, de planta pentagonal. Todas están sustentadas por lámparas menos, curiosamente, la que mira al lado SO (es la de la derecha en la foto de cierre), que se apoya en tres ménsulas. Cabe pensar que quizás fuera usada como letrina, pudiendo así evacuar los excrementos entre las aberturas de las ménsulas. La solería de toda la batería es de granito. Para acceder a ella, dispone de una rampa con peldaños en su parte central. Al ser muy empinada, facilita así el movimiento de tropas, ya que la rampa sería excesivamente resbaladiza en un ambiente que, por sistema, está cargado de humedad.

Bueno, creo que ya he explicado lo más importante. Ahí dejo como cierre esa vista del fuerte por el lado del mar, donde podemos ver como emerge del queso pétreo sobre el que se asienta. Esta foto, junto a la de cabecera, que es el lado de tierra, nos permitirán hacernos una idea muy clara de la morfología del edificio. Añadir solo que, como está mandado, cierran los lunes (segunda feira), y que un orondo veterano con jeta curtida de guerrero añejo te cobra 1 euro por entrar. Eso sí, sin moverse de su silla situada justo en la salida del túnel de acceso al patio. En la cafetería se puede uno tomar un cafelito o lo que se tercie. El patio está un tanto desvirtuado por los añadidos modernos, pero el magnífico estado general de edificio hace que, en este caso, la perpetración sea medianamente tolerable.

Hale, he dicho...




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