lunes, 12 de septiembre de 2011

La defensa del litoral: los fortines de Areosa, Paçô y Cão




La Guerra de Restauración entre Portugal y España (1640-1688) conllevó la construcción o remozamiento de gran cantidad de fortificaciones en el país vecino, a fin de rehabilitar o mejorar unas fronteras que, desde tiempos de Felipe II (I de Portugal), no habían existido. Tanto en la frontera terrestre como en el litoral fue preciso reforzar las defensas contra los embates del aún poderoso y temible ejército español. Pero los conflictos no terminaron con la firma de la paz. Antes al contrario, las tropas hispanas seguían haciendo de las suyas tanto por mar como por tierra, cosa esta que no era ciertamente patrimonio exclusivo de España, ya que también Portugal cruzaba la raya en cuanto tenía ocasión para fastidiar a su antaño buen vecino.
Así pues, y a fin de defender su extenso litoral de la potente Armada española, así como de piratas argelinos o de la marina francesa (recordemos que Portugal era y sigue siendo un aliado incondicional de Inglaterra), se construyeron gran cantidad de fuertes, fortines y baterías en cada zona susceptible de llevar a cabo un desembarco. Como ya he comentado en anteriores ocasiones, el litoral lusitano es bastante accidentado, siendo escasas las playas con la amplitud necesaria para una operación de este tipo. Al contrario que en España, donde tenemos playas de kilómetros y kilómetros de largo, con extensos arenales y fondos libres de rocas, en la costa portuguesa ocurre todo lo contrario. Así, la construcción de estas fortificaciones se límitó a las escasas zonas (en relación a su larguísimo litoral) donde se podía desembarcar un ejército en toda regla.
Hoy hablaremos precisamente de una de estas zonas "sensibles", como se dice hoy día. Se trata del tramo de litoral comprendido entre las desembocaduras de los ríos Lima y Miño, este último además frontera natural con España por el norte de Portugal. Obviamente, esta zona estaba cubierta con más fortificaciones de las que se hablará en su momento, pero he elegido estas tres porque son, digamos, "trillizos". O sea, los tres fortines son idénticos y se encuentran ubicados correlativamente desde el norte de Viana do Castelo a lo largo de un tramo de costa de unos 12 km. de longitud. Vamos a verlos...


FORTIN DE AREOSA:
Coordenadas: 41º 42' 59'' N // 8º 51' 22'' O

Fue mandado construir por don Pedro II en 1701, junto a la playa del mismo nombre. Es el situado más al sur, a poca distancia de Viana do Castelo, ubicado a menos de 2 km. del estuario del río Lima.  Se yergue sobre un saliente rocoso desde el cual se domina, en dirección sur, la playa que se extiende hasta la desembocadura del Lima y, al norte, una zona muy rocosa de litoral. De ahí que esté separado casi 7 km. del fortín de Paçô, situado a continuación. Es de acceso libre.
Se le conoce también como Castelo Velho (Castillo Viejo) y forte da Vinha.



FORTIN DE PAÇÔ
Coordenadas: 41º 42' 59'' N // 8º 51' 22'' O

Este fortín se construyó posteriormente, hacia 1703. Se encuentra en el extremo sur de una playa de apenas 4.600 metros de longitud aproximadamente, en un lugar llamado Carraço. Actualmente lo separan del mar unos 100 metros, si bien es probable que cuando fue construido la línea de costa fuese algo más alta. Está edificado sobre un afloramiento rocoso que emerge entre la arena. Está cerrado al público, aunque si se está ágil se puede trepar sin problemas. Al norte se extiende la playa de Bico. También se le conoce como fuerte de Montedor.



FORTIN DE CÃO
Coordenadas: 41º 47' 52'' N // 8º 52' 25'' O

Edificado en un lugar llamado Gelfa, es el situado más al norte de los tres. Cruzaba fuegos con el anterior y con el fuerte de Lagarteira, situado a 2 Km. al NE, defendiendo así el arenal que se extiende tanto al norte como al sur del fuerte. Se yergue sobre un saliente rocoso que domina la playa de Gelfa, al norte, y el estrecho arenal que se extiende en dirección sur hacia la playa de Afife.
Este también se encuentra cerrado al público, pero si uno tiene genes de araña se cuela sin problemas. De los tres, es el que está en mejor estado de conservación.



Bueno, vista su situación y la poca historia que hay sobre ellos, vamos a estudiar un poco más a fondo su morfología. Según vemos en el plano de planta (ojo, este plano está hecho basándome en una foto cenital, de modo que no es rigurosamente exacto en lo tocante a medidas),  se trata de un recinto con forma estrellada, con dos semi-baluartes (digo "semi" porque carecen de flancos) mirando hacia tierra y provistos de dos garitas, y otros dos, más pequeños, orientados una cara hacia tierra y la otra hacia el mar. Finalmente, una batería semicircular donde se concentraría la artillería disponible. Son de dimensiones más bien modestas: unos 25 metros desde la puerta, situada en la cortina de tierra, hasta el extremo de la batería semicircular, y unos 30 desde los extremos de los baluartes grandes. En el mínimo recinto central, formado por un rectángulo de unos 11x10 metros, se encontraban las dependencias del fortín, situadas como se ve a cada lado del mismo. La fábrica del edificio es de mampostería, con sillería en las esquinas de los baluartes. La solería de la terraza estaba formada por gruesas losas de piedra. El parapeto es a barbeta, careciendo en todo su recorrido de troneras.
La batería semicircular y ese tipo de parapeto le permitía, con un mínimo de piezas, cubrir un extenso ángulo de tiro, moviéndolas hacia la zona que fuese preciso. No he podido encontrar datos acerca del número de hombres de su guarnición, ni de las bocas de fuego con que estaban dotados pero, ciñéndome a otros fuertes de dimensiones similares de los que sí se tienen esa información, podríamos afirmar que no contaba con más de cuatro piezas, suficientes por otro lado para cruzar fuegos con sus vecinos de forma bastante eficaz. Cabe pensar que serían cañones navales de 36 ó 24 libras, ya que la distancia a cubrir quedaba fuera del alcance eficaz de piezas de menor calibre. Puede también que contasen con alguna pieza menor para batir la zona de tierra, caso de ser atacados por ahí.
En lo único que se diferencian los tres fortines es en sus accesos a la terraza. En el de Cão, que es el que correspondería al plano mostrado arriba, dicho acceso se lleva a cabo mediante dos escaleras, lo que nos permite suponer que, careciendo de rampas, las piezas de artillería eran subidas mediante una grúa. En el de Paçô hay una sola escalera, situada conforme se entra a la izquierda, y en el de Areosa posiblemente una escalera también, pero al lado derecho. Digo posiblemente porque de lo que queda tampoco se puede deducir gran cosa, la verdad. Es de hecho el que se encuentra en peor estado.



En cuanto a su alzado, podemos ver que sobresalen poca altura sobre el terreno. No lo he medido, pero calculo que por la zona más alta, que corresponde a la batería (el terreno está obviamente en declive hacia el mar), alcanza apenas los 5 metros de altura. Eso dificultaba aún más la posibilidad de acertarles desde un buque en constante movimiento.
En la vista del alzado trasero podemos ver la puerta de entrada, formada por gruesos sillares y con un arco de medio punto. Por dentro el arco es quebrado en los tres fortines. Dicha puerta, situada en la zona más deprimida de la cortina, al estar desenfilada la deja fuera del alcance de cualquier disparo enemigo salvo que fuese efectuado justo desde atrás. En cuanto a las garitas, son una recreación ya que, por desgracia, han desaparecido todas, quedando solo las lámparas de alguna de ellas.

Bueno, con esto queda, creo, suficientemente explicado. Más adelante completaré el resto de fortificaciones de esa zona de litoral comprendido entre Viana do Castelo y el estuario del Miño. Así pues, de momento, he dicho...



 
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