martes, 20 de septiembre de 2011

La torre de São Vicente de Belém



Imagino que todo aquel que haya estado en Lisboa no ha dejado de visitar esta peculiar torre, cuyo aspecto palaciego y su recargada decoración estilo manuelino pueden dar a pensar que se trataba de una residencia regia junto al estuario del Tajo, un sitio ciertamente estupendo para pasar las vacaciones y tal. Sin embargo, su origen no se debe al capricho real de disfrutar de incomparables vistas, sino más bien a defender la desembocadura del río de posibles agresores, pudiendo ser considerada como la primera fortificación portuguesa diseñada específicamente para el uso de artillería. En todo caso, si no han estado, esta entrada les permitirá conocer algo más sobre ella. Veamos algo de su historia...


El proyecto inicial partió de don João II, con el fin de reforzar las defensas fluviales encomendadas en aquel momento a la torre de Cascais, al castillo viejo de Caparica y a una barcaza de 1.000 toneles de peso y fuertemente artillada, anclada junto al afloramiento rocoso que serviría de emplazamiento del nuevo baluarte. Así pues, en aquella época, la torre estaba totalmente rodeada de agua, aunque hoy día está unida a tierra por la reducción de la anchura del cauce debido a los depósitos de sedimentos habidos a lo largo de los siglos. Pero no fue hasta tiempos del sucesor de don João, el rey Manuel, cuando dieron comienzo las obras bajo la dirección de Francisco de Arruda que, junto a su hermano Diogo, eran unos famosos arquitectos de la época. Así, en 1514, se inició la construcción del baluarte de Restelo, que era como se denominó inicialmente a la torre, bajo la supervisión de Diogo de Boitaca, Maestre de las Obras del Reino de don Manuel. Las obras concluyeron apenas seis años más tarde, en 1520.


Ya en 1517, a falta de tres años para la conclusión de las obras, fue designado alcaide de la torre Gaspar de Paiva, un personaje muy vinculado a la corona. Era primo de Magallanes, y su hermano Bartolomeu fue ayo del futuro João III. Además, era Proveedor de las Obras del Reino. Posteriormente llegó a ser alcaide mayor de Goa, en las Indias Orientales. Su último alcaide fue, en 1834, don Antonio José de Sousa Manuel de Meneses Severim de Noronha (¿será por apellidos?), duque de Terceira, moço fidalgo de la reina María I, gentil-hombre de cámara de João Vi, copero mayor, caballerizo mayor, etc., etc., etc... (¿será por cargos y prebendas?).


Además de su misión defensiva, desde tiempos de Felipe I (II de España) fue usada como prisión política, habiendo registrados alrededor de un centenar de hombres de personajes más o menos influyentes que fueron a dar con sus huesos en la mazmorra ubicada en el subsuelo de la torre. Su primer huésped fue un tal Pedro de Cunha, padre del obispo de Oporto, Rodrigo de Cunha, el cual fue puesto a buen recaudo en 1589 por orden de don Felipe. La razón fue el haberse puesto de parte del prior de Crato cuando los conflictos sucesorios surgidos a raíz de la muerte sin herederos del rey Sebastião en la batalla de Alcazarquivir. Debía caerle fatal a Felipe II, porque allí lo tuvo metido hasta que trocó la mazmorra por la fosa. Comentar finalmente que, además de prisión para súbditos de dudosa lealtad a la corona, tras su desactivación como elemento defensivo, fue usada como faro para guiar la entrada en la barra del Tajo a los navíos, puesto de aduanas, torre telegráfica (eran telégrafos ópticos que fueron usados poco tiempo en el siglo XIX), e incluso como puesto sanitario.
Ahora, pasemos a conocer la torre...

Consta de dos partes claramente diferenciadas: el baluarte y la torre que, por así decirlo, puede asimilarse a las añejas torres del homenaje medievales.  Empecemos con el baluarte.


El acceso a la fortificación se lleva a cabo por un puente levadizo de torno, éste emplazado en la terraza superior, cuyo estibo es una plataforma con unas escaleras que, en su día, era un muelle. O sea, para llegar a la torre era preciso hacerlo mediante una embarcación. Dicho puente estaba defendido por una pieza de artillería que hacía fuego a través del buzón que aparece a la derecha de la puerta de entrada. De ahí se pasa a la batería baja, y a unas escaleras que nos permitirán acceder tanto a las zonas altas como bajas de la torre.


Como vemos en el plano de planta, es un edificio de forma poligonal que cuenta con tres niveles: el inferior, situado en el subsuelo y destinado como pañol de munición, si bien también fue la zona carcelaria de la torre, una batería a pocos metros sobre el nivel del agua (foto izquierda) cuyo centro lo ocupa un patio interior, y una terraza que también podía ser artillada y dotada de seis garitas en cada uno de sus ángulos. Dicha batería cuenta con 18 cañoneras, y estaba dotada de 17 piezas de diversos calibres (la de arriba a la derecha servía tanto para batir tanto el lateral como el puente), a saber: seis falconetes, cinco bombardas, dos cañones, dos culebrinas y dos dobles culebrinas. Las piezas de mayor calibre estaban emplazadas, como es lógico, mirando hacia el estuario del río. Los falconetes tenían la misión de defender los laterales y la zona trasera del recinto.


Para facilitar el acarreo de municiones desde el pañol (foto derecha) a las baterías, cuenta con dos rejas como la de la foto. De ese modo, se agilizaba el municionamiento de las piezas sin tener que andarse con el engorro de tener que subirlas por la angosta escalera. Igualmente, una reja de mayores proporciones permitía subir piezas completas a la batería superior mediante una grúa. Estas rejas precisaban de varios hombres para abrirlas. Yo lo intenté con la de la foto, que es la más pequeña, y a pesar de mi incuestionable fuerza física no pude moverla ni un centímetro. Igual es que le faltaba grasa en los goznes, quien sabe...


En esa foto podemos ver un falconete emplazado en la batería. Tanto las piezas como las cureñas que veréis son réplicas, que conste. Las que sí son originales son las perchas donde se colgaban los útiles de armas y las argollas donde se fijaban los bragueros. A la derecha tenemos un dibujo del emplazamiento de la época, con todos sus avíos dispuestos para la batalla. El que quiera saber más sobre estos temas, que eche un vistazo a la entrada que publiqué recientemente sobre la artillería en las fortificaciones. Pasemos ahora a la torre, que aquí no hay más que ver...

Está dividida en dos cuerpos, dotando con tres plantas el primero y una planta y la azotea el segundo.


En la primera planta, o Sala do Governador, veremos un brocal para la toma de agua desde el aljibe situado en el subsuelo, y unos angostísimos accesos a las garitas ubicadas en cada esquina. Estos pasillos, por los que un hombre normal tiene que entrar de lado, permitían a los guardias acceder a dichas garitas, que contaban con unos poyetes para poder sentarse, así como unas peculiares aspilleras triangulares a nivel del suelo para poder disparar hacia abajo. En la foto de la izquierda podemos verlo mejor. Al fondo se vislumbra el poyete de la garita, que permitía al centinela sentarse al nivel de la ventana, a fin de poder tener mejor ángulo de visión hacia abajo. La sala es más bien espartana, sin detalles decorativos. Es obviamente la que usaba como sala de trabajo el alcaide de la torre. Por cierto, conviene reparar en que la longitud de estos pasillos es el grosor del muro a ese nivel del edificio (más arriba se estrecha bastante), lo que denota la fortaleza del mismo.


La segunda planta, o Sala dos Reis, la más lujosa de todas, cuenta con tres balcones amatacanados dando a los laterales y a tierra, y un balcón que ocupa toda la fachada que mira al mar. Dicho balcón cuenta en sus laterales con poyetes y troneras de orbe y palo. En su suelo aún pueden verse los típicos vertederos circulares de los matacanes portugueses cegados, supongo que para que ningún turista despistado se parta una pierna si mete la pata. Como se ve, a pesar de lo lujoso de esta planta, en ningún momento se han dejado de lado los elementos defensivos, recordándonos que, a pesar de su aspecto residencial, no deja por ello de ser ante todo una fortificación con un emplazamiento estratégico de primer orden. Cabe suponer que esta cámara era la que se usaba como salón de estar.


La tercera planta, o Sala de Audiências. Tiene ventanas geminadas con largos poyetes en tres de sus lados, y dos ventanales renacentistas mirando al mar. Esta debía ser la zona destinada a alcoba del alcaide y familia que, dicho sea de paso, se aburrirían como galápagos allí metidos, rodeados de agua.
El acceso entre las diferentes plantas se lleva a cabo mediante una angosta escalera de caracol labrada, como todo el edificio, en piedra. No deja de ser francamente enojoso, con aquello lleno de turistas correteando de un lado a otro, tener que esperar varios minutos para poder subir o bajar de una planta a otra. Las broncas y las protestas del personal son de aúpa. Yo opté por poner jeta de loco ávido de sangre y subir como un búfalo encelado y, aunque se acordaron de toda mi parentela en varios idiomas, pude salir de allí sin más demora. Consejo valioso: si se quiere visitar la torre tranquilamente, ir un martes (tercera feira) a las 10 de la mañana siempre y cuando no sea festivo ni en Portugal ni en España.



La cuarta planta, o capilla. Ni capilla, ni foto, ni leches. Allí había más personal que el día que enterraron a Joselito el Gallo, y una de mis manías es no hacer jamas una foto donde salga gente. Y a pesar de que esperé un largo rato a ver si había posibilidad de hacerla, no hubo forma. Miles de españoles, miles de italianos, millones de japoneses me lo impidieron. Solo decir que esta cámara se encuentra, como ya dije, en el segundo cuerpo de la torre, y que dispone en todo su contorno de una terraza con parapeto amatacanado. La foto que pongo es de su elegante bóveda de crucería, ya que los guiris aún no pueden caminar por los techos...de momento.



Y, finalmente, la azotea, desde donde podemos contemplar unas vistas fastuosas del entorno y, de paso, echar un cigarrito sin que nos miren con ojos llenos de odio los ex-fumadores reciclados en talibanes anti-tabaco. La azotea tiene en cada uno de sus ángulos una garita como las comentadas anteriormente, además de una horripilante barandilla de acero inoxidable. Como se ve, absolutamente todo el edificio está construido con piedra caliza. La labor de cantería llevada a cabo por los canteros de la época es muy notable, aunando elementos decorativos llenos de vigor y elegancia con su primordial misión de centinela del Tajo.
Concluir comentando que la entrada cuesta 5 de vellón, que las colas de público ponen de los nervios a un lama tibetano, y que el complemento ideal a esta visita es el monasterio de los jerónimos, ubicado a espaldas de la torre, a menos de 300 metros de distancia. Dicho monasterio es una verdadera joya del gótico manuelino, que abrirá más de una boca de par en par con su mera contemplación.

Y añadir que, como se ha ido viendo, las fotos que he puesto están centradas más en el detalle que en las panorámicas, que de esas hay miles en la red. En todo caso, en http://www.castillosnet.org/ hay mogollón de fotos más. Y si alguien daba por sentado que la foto de cierre iba a ser una de esas fotos para turistas, se equivoca. Ahí dejo una del acceso a la escalera de caracol donde, luchando a brazo partido con el personal, se puede subir o bajar de la torre. Ciudadanos orondos, las pasaréis putas, os lo puedo asegurar. Sale uno de allí jurando perder unas arrobas de peso. Lo malo es que el juramento dura el tiempo que tardan en plantarle a uno bajo las barbas un suculento bacalhau dourado y una caneca de Sagres helada.
En fin, he dicho...