viernes, 7 de octubre de 2011

Plaza de guerra de Peniche



Distrito de Leiria

Coordenadas: 39º 21' 40'' N // 9º 22' 76'' O

En la memoria de los portugueses, Peniche ha perdurado como un siniestro símbolo de la represión impuesta por el Estado Novo  a los disidentes políticos en tiempos de Salazar y su sucesor, Marcelo Caetano, que convirtieron esta fortificación en una prisión de máxima seguridad. Por esa puerta pasaron Álvaro Cunhal o Francisco Martins Rodrigues, señalados miembros del partido comunista luso, para ser puestos a buen recaudo hasta que, con otros reclusos, protagonizaron una fuga de esas de película el 3 de enero de 1960. Pero, como es lógico, su origen no fue servir de cárcel política, sino para defender una zona del litoral portugués. Así pues, veamos algo de su historia...

Allá por el siglo XII, Peniche era una isla separada por apenas unos 200 metros del litoral. Trescientos años más tarde, las corrientes marítimas y el viento fueron depositando sedimentos y arena hasta que, por el siglo XVI, quedó unida a tierra firme, formando una península que se prestaba a la perfección para crear un sistema de fortificaciones destinado a defender unas playas que eran constantemente objeto de desembarcos y saqueos por parte de corsarios y piratas. Así pues, se llevó a cabo un proyecto para crear tres fuertes, a saber: los fuertes de Peniche y Cabanas, situados al sur de la pequeña península y destinados a proteger el puerto pesquero, y el fuerte de la Luz, situado al norte, a apenas 2 km. de distancia entre los primeros y el segundo. Las obras fueron ordenadas por don Manuel I, si bien no fue hasta tiempos de su sucesor, João III, cuando dieron comienzo las mismas bajo un proyecto presentado por Luis de Ataíde, III conde de Atouguia.


Estas obras, que dieron término en 1570, fueron la base sobre la que, tras posteriores reformas, dieron lugar al edificio actual, ya que el primer fuerte fue sucesivamente mejorado en tiempos de don Antonio I, en 1609, y durante la Guerra de Restauración (1640-1668) bajo las órdenes del VI conde de Atouguia y señor de Peniche, Jerónimo de Ataíde. La traza la llevó a cabo Nicolau de Langres, un ingeniero militar francés al servicio de Portugal y que, entre otros, construyó el fuerte de Juromenha y la plaza fuerte de Campo Maior. Posteriormente se hizo cargo del proyecto el portugués João Tomas Correia, un ingeniero muy afamado en aquel momento que, entre otras, llevo a cabo las reformas de la plaza fuerte de Setúbal, y que escribió un tratado por título "Livro de varias plantas desde Reino e de Castela". Lógicamente, al hablar de plantas no se refiere a temas botánicos, sino a plantas de fortificaciones, o sea, planos. En la ilustración de la izquierda podemos ver el plano del fuerte que podemos ver actualmente, y que fue concluido en 1645

Tras ser ocupado en 1807 por las tropas francesas al mando de Junot y perder su función militar tras las Guerras Liberales, fue desactivado en 1897 para ser convertido en refugio de los boers exiliados de Sudáfrica tras la guerra que mantuvieron con los ingleses. A partir de ese momento, el fuerte fue usado alternativamente como prisión o refugio: tras la Primera Guerra Mundial fue campo de concentración para prisioneros alemanes, y entre 1930 y 1974 la prisión política más famosa del Estado Novo. Tras su caída, se destinó a refugio de los colonos portugueses expulsados de Mozambique y Angola, tras perder Portugal sus colonias de Ultramar. Añadir, como dato curioso y según me han contado, que las portuguesas criollas que vinieron de África, para hacer notar su sangre puramente lusitana, no se depilaban a fin de diferenciarse de las mulatas que, al ser por su genética lampiñas, no tenían apenas pelo en el cuerpo. De ahí procede, al parecer, esa absurda leyenda de que las portuguesas son más bien peludas.

Bueno, esa es grosso modo la historia del fuerte. Pasemos a estudiar su morfología:


El recinto tiene una forma triangular irregular, con tres baluartes mirando a tierra y uno de reducidas dimensiones orientado hacia el mar, en el extremo SE del fuerte. En la cortina que queda entre dos de ellos se encuentra la entrada que vemos en la foto de cabecera, protegida por un revellín y un profundo foso que se abre únicamente en ese sector. El foso se inunda por acción de la marea a través del túnel que aparece en la foto de la derecha. A la izquierda de la imagen vemos el flanco del baluarte situado más al sur del edificio, provisto de merlonado para cañoneras. Desde ellas, aparte de batir de flanco la cortina donde se abre la puerta, se podía cruzar fuegos con la artillería del fuerte de Cabanas en caso de ataque, ya que apenas los separan unos 120 metros. La puerta de acceso, a la que se llega mediante un durmiente formado por tres arcos, disponía de un puente levadizo por contrapesos, como era habitual en este tipo de fortificación.



Ahí tenemos una vista del baluarte central que, en realidad, es un baluarte doble. O sea, en su interior se yergue otro baluarte de menores dimensiones, com se explicó en la entrada dedicada a los diferentes tipos que existen de este elemento defensivo. Pica aquí para más información.
En esta foto podemos apreciar perfectamente la fábrica del edificio, a base de mampuesto y sillería esquinera, sacada del afloramiento rocoso sobre el que se asienta el fuerte. Se aprecian también las cañoneras, viéndose en primer término la destinada a batir de flanco la cortina. El fuerte contaba con una dotación de piezas verdaderamente abrumadora, con algo más de 40 bocas de fuego por el lado de tierra, y 37 mirando hacia el mar. Eso hacen unas 80 piezas de distintos calibres, que no es moco de pavo.

Para su suministro de agua, disponía de un enorme aljibe de nada menos que 3.225 m3, capacidad superior a las cisternas disponibles para la población en un lugar en que las fuentes de agua escasean. Se nutría de diversas canalizaciones repartidas por todo el recinto y, al parecer, el agua almacenada era tan limpia que uno podía bajar al aljibe y meterse en el agua sin darse cuenta de lo transparente que estaba. La conformas varias naves cubiertas por bóvedas vaídas, y está labrada enteramente con sillería sin enlucir ni recubrimiento de almagra.

Hacia el lado del mar, una amplia explanada en ángulo saliente cuenta con un parapeto merlonado donde se emplazaban las bocas de fuego sobre plataformas de hormigón. En el extremo de dicho ángulo se yergue la batería circular que vemos en la foto y en la que se encontraba la capilla del fuerte. A la batería superior se accede, como es habitual, mediante una rampa. El perímetro del recinto principal es de casi 900 metros de longitud, y está rodeado por sus lados norte y oeste por un foso seco de poca profundidad de entre 15 y 25 metros de anchura dependiendo de la zona, y precedido a su vez por un parapeto de escasa altura.



Finalmente, a la izquierda tenemos una vista de las instalaciones de la antigua prisión política. Ocupan la parte central de la explanada, tal como se puede apreciar en el plano de época que adjunto más arriba. En tiempos, eran las dependencias habituales en este tipo de fortificación: cuarteles, casa del gobernador, destruida en 1836 por un incendio, si bien fue posteriormente reconstruida, cocinas, pañoles, etc.  
El fuerte se visita a diario menos los lunes, como está mandado. Para más información, mejor llamar previamente al Posto de Turismo de Peniche. Al parecer, existe un terrorífico proyecto para convertir la antigua prisión en un hotelito, haciendo las celdas de habitaciones para que el personal sienta lo chungo que es estar en el trullo, si bien no creo que incluya sesiones de interrogatorios por parte de la PIDE. Espero que dicho proyecto, propiciado por algún político que no sabe un carajo de nada, como suele ser habitual, no llegue jamás a término, y el personal pueda contemplar el recinto en toda su magnificencia. En todo caso, conviene darse prisa en visitarlo, no sea que el autarca de turno se salga con la suya y para entrar, aparte de pagar la habitación-celda, tengas que hacerlo con un traje de presidiario para darle más morbo a la cosa.

Pero cómo detesto a los politicastros metidos a "restauradores", leches.....

En fin, he dicho...