domingo, 6 de noviembre de 2011

Castillo de Linhares



Distrito de Guarda

Coordenadas: 42º 32' 28'' N // 7º 27' 42'' O

No se tiene constancia de la fecha de construcción de este peculiar castillo. Sobre su origen solo hay leyendas que apuntan a que está basado sobre uno anterior, de origen musulmán. En todo caso, el poblamiento de la zona viene desde muy antiguo. En tiempos de la reconquista aún conservaba su nombre anterior: Lenióbriga. Actualmente, se piensa que el topónimo actual, que se comenzó a usar en el siglo XIV, es de raíz latina, derivado de linum (lino), planta al parecer cuyo cultivo era muy frecuente en la región. 

La Beira fue zona fronteriza entre los musulmanes y el reino de León entre los siglos VIII y X, cambiando de manos varias veces hasta que fue arrebatada a los árabes por Fernando I de León. La primera referencia escrita sobre la existencia del mismo data de los primeros tiempos del reinado de Sancho I, cuando en 1189, el alcaide de Linhares, Rodrigo Mendes, acudió en ayuda de su hermano Gonçalvo, a la sazón alcaide del cercano castillo de Celorico, asediado por un ejército castellano leonés. La mesnada de Rodrigo Mendes atacó en plena noche el campamento de los sitiadores mientras la guarnición de Celorico iniciaba una espolonada, cogiendo a los invasores entre dos fuegos y aniquilándolos.

En 1258, el hijo y sucesor de don Sancho I, Afonso III, ya ordenó llevar a cabo algunas reparaciones en el castillo, que aún mantenía su impronta románica. Más tarde, en tiempos de don Dinis, se volvieron a llevar a cabo más reformas, que dieron a la fortaleza el aspecto que podemos ver actualmente. Posteriormente, fue dado por Fernando I, junto con las tierras del señorío, como dote a su hija Isabel por su matrimonio con Alfonso Enríquez, hijo bastardo de Enrique II de Castilla, habido con Elvira Iñiga de la Vega. Tras la muerte sin herederos de Fernando I, lo que dio lugar a la crisis sucesoria de 1383-1385, el entonces alcaide del castillo, Martin Afonso, IV señor de Melo, se puso de parte del aspirante castellano, Juan I. Tras ser recuperado por el maestre de Avís, éste lo dio en tenencia a Coelho Egas para, posteriormente, sustituirlo por Martin Vasques da Cunha el cual, junto con la mesnada procedente de Trancoso al mando de su alcaide, Gonçalo Vasques Coutinho, y la de Celorico, mandada por João Fernandes Pacheco, derrotaron al ejército enviado por Juan I de Castilla en las cercanías de Trancoso. Esta batalla, junto a la de Aljubarrota, acabó con las pretensiones del monarca castellano para hacerse con la corona portuguesa.

A partir de ese momento, el castillo de Linhares fue perdiendo importancia. Alejado el peligro castellano, tanto esta fortificación como otras tantas de la Beira fueron cayendo progresivamente en el abandono y la decadencia. A pesar de que el condado de Linhares, creado en el siglo XVI por João III y otorgado al entonces alcaide de Linhares, Antonio de Noronha, perduró hasta el siglo XVIII, la pérdida de interés estratégico de la fortaleza fue lo que la condenó para siempre.

Bueno, esta es más o menos la historia de nuestro castillo de hoy, así que vamos a estudiarlo un poco...



El castillo se cimenta sobre un descomunal asentamiento granítico. Su forma, como vemos en el plano, es alargada, en dirección este-oeste, y su planta muy irregular, adaptándose a la morfología del terreno. El recinto está dividido en dos partes mediante un muro diafragma, uniendo el lado oeste (a la izquierda), donde estaba la alcazaba propiamente dicha, con el lado este, que antaño era más grande para dar cabida a la villa. Posiblemente durante las reformas llevadas a cabo por don Dinis, con la población habiendo superado el espacio disponible, se redujo a la forma actual, quedando como albácar para refugio de la población y el ganado en caso de guerra.



En la foto de la derecha vemos el albácar. Dispone de una puerta de entrada a cada lado. La de la derecha daba en su día a la villa. Al fondo, una imponente torre de planta rectangular, con una superficie de 12 x 8 metros, y tres plantas en su interior. La entrada, como se ve, está separada varios metros del suelo. En esta torre se instaló en el siglo XVIII un reloj, actualmente desaparecido (por fortuna). Como se ve, toda la fábrica es de sillería de granito bien labrada. La muralla conserva el parapeto, pero no el almenado. Esta zona correspondería a las reformas llevadas a cabo por don Dinis, convirtiendo la torre en el principal elemento defensivo de ese sector. Obsérvese que la muralla carece de torres de flanqueo.



Esa otra foto muestra el muro diafragma con la puerta de acceso a la alcazaba, defendida por la torre del homenaje que, en este caso, es de menores dimensiones que la anterior, teniendo 10 x 7 metros de lado. Esa torre, posiblemente, en su primera época estaba exenta, en el centro del recinto, conforme a los cánones propios de los castillos románicos. Los matacanes también datan de las reformas ordenadas por don Dinis, y su almenado, ya de estilo gótico, dispone de aspilleras en cada merlón, al igual que la torre que hemos visto en primer lugar.



A la derecha tenemos una vista del patio de armas de la alcazaba. Dentro de los dos óvalos blancos se pueden ver las dos cisternas de que disponía el recinto. Al fondo, marcado con una flecha y hundida en una profunda depresión del terreno, esta la poterna, orientada hacia el extremo oeste de la fortificación. Si observamos nuevamente el plano anterior, se verá que esta zona tampoco tenía torres de flanqueo. La irregularidad de sus murallas, con varias esquinas y retranqueos, permitían defenderla de flanco sin necesidad de estos elementos defensivos. Los adarves, actualmente desmochados, han sido dotados de unas horripilantes barandillas metálicas y, gran genialidad del artista de turno, uno de esos binoculares enormes para contemplar el pueblo, situado a menos de 50 metros. Glorioso... Aparte de esto, aún se conservan, adosados a las murallas norte y sur, restos de la cimentación de algunas de las dependencias del castillo. Como se puede ver en la foto, el campo visual desde la fortaleza es amplísimo.

El castillo se encuentra abierto al público, y suele ser bastante frecuentado, así que si se quiere sacar un buen reportaje gráfico libre de los pesados de turno que, en cuanto te ven cámara en ristre enfocando hacia donde están ellos no se mueven aunque les caiga encima un meteorito, mejor ir a primera hora de la mañana.

Bueno, ya está todo dicho, así que he dicho...