sábado, 19 de noviembre de 2011

Castillo de Terena




Distrito de Évora

Coordenadas: 38º 37' 17'' N // 7º 24' 13'' O

El lugar de Terena empieza a tomar relevancia en la historia de la mano de los Riba de Vizela, una de las más linajudas casas nobiliarias portuguesas. Concretamente de la de Gil Martins (1210?-1274), un personaje íntimamente ligado a la corona desde su más tierna infancia por haber sido hermano de leche del rey Sancho II. El casamiento de Gil Martins con María Eanes, perteneciente a la casa de los Maia, convirtió a los Riba de Vizela en una de las más poderosas familias de la añeja nobleza lusitana, siendo sus miembros distinguidos con los más elevados cargos de la curia regia, como los de mayordomos o alfáreces mayores del reino. Y, entre otras mercedes, le fue dado el señorío de Terena, que disfrutó desde 1259 hasta su muerte a pesar de sus desavenencias con don Afonso III, surgidas a raíz del nombramiento en 1264 como mayordomo mayor de João Peres de Aboim. Esto hizo que Gil Martins se desnaturalizara de su señor natural y se marchara a Castilla, donde se puso al servicio de Alfonso X.

Sin embargo no se conoce la fecha de construcción del castillo. Todo parece indicar que debió tener lugar a lo largo del reinado de don Dinis (1279-1325), rey este que ya ha salido a relucir en varias ocasiones en el blog por la multitud de obras llevadas a cabo durante su reinado, tanto de nueva planta como de refuerzo y mejora de las existentes. Así, Terena formaría parte de la línea defensiva que guardaba la frontera con Castilla en el Alto Guadiana, junto con los castillos de Juromenha, Alandroal, Monsaraz y Mourao, orientada de norte a sur a lo largo del río que, ya desde entonces, servía de línea fronteriza entre ambos reinos.

Tras la crisis sucesoria de 1383-1385, don João I cedió el señorío de Terena a la Orden de Avís, de la que era maestre y que, obviamente, le apoyó a la hora de hacer valer sus derechos a la corona. Aunque algunos autores vinculan la autoría del castillo a esta donación, hay datos de que en 1380, o sea, antes de la ascensión al trono de don João, ya se había realizado obras en el mismo, lo que confirmaría de algún modo la teoría de que fue don Dinis el que lo mandó construir. Más adelante, en 1482, don João II llevó a cabo una nueva campaña de reformas, las cuales fueron ejecutadas por el nuevo señor de Terena y alcaide de su fortaleza, Nuno Martins da Silveira, las cuales no fueron culminadas hasta el siglo XVI. De estas obras datan la torre del homenaje que podemos ver actualmente, así como del palacio de los alcaides ubicado en su amplia plaza de armas y del que no queda rastro hoy día por desgracia. Al parecer, la traza de estas construcciones fue obra de Francisco de Arruda, del que también ya se ha hablado en algunas entradas junto con su hermano Diogo.

A pesar de su importante situación estratégica, el castillo de Terena no fue remozado para adaptarlo a la pirobalística, como sí ocurrió con las demás fortificaciones que formaban parte de la misma línea defensiva. De hecho, la única reforma llevada a cabo consistió en reforzar las defensas de la Puerta das Sortidas, orientada hacia la cercana España. Así, Juromenha, Monsaraz y Mourao sufrieron amplias reformas para tal fin, mientras el castillo de Terena quedó a la merced de la artillería enemiga. De ahí que, en plena Guerra de Restauración, fuera fácilmente conquistada en 1652 por las tropas al mando del duque de San Germán. Su vida operativa acabó junto con la contienda y, tras sufrir diversos daños a raíz del terremoto de Lisboa el 1 de noviembre de 1755, fue relegado al abandono y el expolio de sus materiales.

Bien, esa es la historia del castillo. Vamos a estudiar ahora su morfología...


A la izquierda tenemos una vista del flanco oeste tal como la figuró Duarte de Armas en su Livro das Fortalezas (1509). A la derecha aparece la cercana ermita fortificada de Boa Nova, de la que ya hablamos en su momento. Como se ve, aún no aparece reflejada la torre del homenaje construida por el alcaide Nuno Martins da Silveira, lo que indica que en esa fecha aún no estaba siquiera comenzada. Esa vista está tomada con la misma orientación que la foto de cabecera, por lo que se puede comparar el aspecto del castillo antes y después de las reformas llevadas a cabo en aquella época.


A la derecha tenemos la planta de la fortaleza, también trazada por Duarte de Armas. A la izquierda aparece una pequeña barbacana defendida por dos cubos circulares donde se abre la puerta principal del castillo. Como se ve, no está la mencionada torre. Sin embargo, sí aparece el palacio de los alcaides en la zona inferior izquierda, junto a la barbacana. Para orientarnos mejor, el norte quedaría a la derecha del plano. Su planta trapezoidal se mantuvo a lo largo de las sucesivas reformas que fue sufriendo el castillo a lo largo de su historia.


Y en ese otro plano vemos su apariencia actual, que debió ser la resultante tras la culminación de las obras ya en tiempos de don Manuel I. Como vemos, la barbacana fue desplazada de su ubicación original, y los cubos que defendían la puerta han desaparecido. En el plano ya vemos la torre del homenaje, de planta rectangular, y la nueva barbacana situada ante ella, dando al acceso una conformación de puerta en recodo. Al desaparecer los cubos circulares, la defensa de la barbacana fue encomendada a la torre del homenaje y a la misma muralla, ya que la puerta quedó mirando hacia el flanco de la misma en vez de hacia el frente, como se ve en el plano anterior. Así mismo, y si comparamos este plano con el de Armas, vemos que una de las torres de flanqueo fue eliminada, concretamente la de la esquina NE.


En esa foto podemos apreciar con más detalle la barbacana. Esta cuenta con un parapeto almenado y troneras de cruz y orbe. Igualmente y con el mismo fin, el flanco de la torre que mira hacia el pequeño patio de la barbacana dispone de otras dos troneras más, abiertas en dos plantas distintas. El parapeto de la torre cuenta también con aspilleras. Si observamos la fábrica del edificio, se puede ver como la zona inferior de los paños está elaborada con sillarejo de pizarra, en color más oscuro, mientras que las partes superiores son de mampuesto calicantado. La única sillería de gratino del edificio la podemos ver en las esquinas, las puertas y el marco de las troneras de la torre. Por lo demás, el acceso a la barbacana está conformado en forma de una suave pendiente.


Ahí tenemos una vista de la torre del homenaje desde el patio de armas. Como vemos, es un edificio de aspecto rechoncho debido a su escasa altura. Su acceso se lleva a cabo por el adarve, teniendo la puerta de entrada en el flanco oeste de la torre. Según se aprecia, una tronera de cruz y orbe delata que cuenta con una planta inferior, a la que se accede desde el interior del edificio. La escalera que conduce al adarve, a la izquierda de la imagen, está en la cortina en la que estaba adosado el palacio del alcaide que hemos visto en el plano de Duarte de Armas. Conviene reparar en el tramo de escalera marcado dentro de un óvalo blanco. Esa escalera queda cortada por el arco de la puerta de entrada, lo que indicaría que, ya que esta escalera correspondería con la que aparece en el plano de Duarte de Armas, la puerta actual fue abierta en un sitio diferente a la que aparece en dicho plano, inutilizando la escalera. En cuanto a la ventana que vemos en el flanco norte de la muralla, a nivel de la primera planta, podría haber sido un acceso al que en su día se llegaría mediante una plataforma de madera. La inexistencia de mechinales en el muro no da pistas al respecto, pero es evidente que podría tratarse de una puerta tanto en cuando su parte inferior está a la misma altura del adarve, que marcaba el nivel del entresuelo de la primera planta de la torre.


En esa otra imagen vemos la Porta da Sortida, mencionada anteriormente. De ella apenas emerge del suelo un tercio de su altura total, lo que nos da una idea de como aumenta el nivel de los suelos en estos edificios con el paso de los siglos. La puerta, tapiada en una fecha indeterminada, estaba defendida por los dos cubos circulares que vemos sobre ella. No lejos de esta puerta, en la zona central del recinto y oculto por la maleza, está el aljibe que proveía de agua al castillo. Actualmente está prácticamente cegado, por lo que no es posible aportar datos acerca de su capacidad, morfología, etc.



Finalmente, ahí tenemos una vista del amplio patio de armas del castillo, de 70 metros de largo por 60 de ancho por sus partes más anchas. Como se ve, es lo suficientemente grande como para dar cobijo a la población en caso de ataque. La foto está tomada desde el adarve de la muralla norte. A la izquierda, vemos una de las torres de flanqueo ante la cual, a nivel del suelo, se vislumbra el entarimado que cubre los restos del aljibe. Ojo al pasar por ahí, no metamos la pata donde no debemos. Concluyo recordando que muy cerca del castillo está la ermita de Boa Nova, uno de los escasísimos ejemplares de iglesias fortificadas de Portugal. Así pues, merece la pena visitarlos ambos ya que, además, la historia de ambos edificios está íntimamente ligada.

Bueno, esto es lo que hay por hoy. Hale, he dicho...







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