miércoles, 2 de noviembre de 2011

Mitos y leyendas: Vikingos cornudos y alados



La imagen que muchos, quizás la mayoría de la gente, tiene de los fieros vikingos es, ante todo, la de un señor con unas barbas sumamente pobladas y un yelmo adornado con unos cuernos enormes o unas alas, tal como aparece en esas dos ilustraciones de arriba. Lo de las barbas es probable porque esa gente no sabía lo que era una Guillette, pero lo de los cuernos y las alas es un camelo. Pero no un camelo a medias, no. Es un camelo rotundo y definitivo. Los vikingos jamás usaron yelmos con ese tipo de decoración y, es más, no hay una sola representación gráfica de la época en donde aparezcan guerreros con ese aditamento. Solo aparece en algunas representaciones gráficas de dioses y sacerdotes paganos.

Al parecer, lo de los cuernos fue idea de un pintor sueco del siglo XIX por nombre Gustav Malstrom, que para aumentar le impresión de ferocidad de esos probos ciudadanos no dudó en inventarse lo de la cornamenta a la hora de confeccionar una serie de ilustraciones para unos poemas épicos obra de Esaias Tegnér. Así pues, en este, como en tantos otros casos, fue una mera tergiversación la que dio pie a una creencia que aún hoy día todo el mundo da por cierta. En todo caso, los vikingos que, dicho sea de paso, influyeron enormemente en los diseños del armamento europeo de la Edad Media, usaron básicamente tres tipos de yelmos, a saber:


Tenemos el típico yelmo cónico, con o sin barra nasal, muy difundido por toda Europa. Podía estar fabricado en una sola pieza, como el que aparece en la imagen, o con cuatro gajos remachados unos a otros mediante pletinas de hierro o bronce, tal como aparece en el dibujo de la izquierda. Este tipo de yelmo, como era habitual, iba provisto de una guarnición de cuero en su interior, así como de un barbuquejo para sujetarlo a la cabeza.



Ahí tenemos una variante del anterior que, como se ve, se trata de un yelmo cónico convencional, pero con la barra nasal fabricada en una pieza aparte que era remachada al conjunto. Generalmente, esta barra solía llevar grabado un crucifijo, a veces con incrustaciones de plata. Este diseño era bastante eficaz para detener los tajos de espada o los golpes contundentes dirigidos a la frente. Como complemento a esta decoración, todo el contorno iba guarnecido con una tira de hierro, bronce o plata grabada a juego con el nasal.



Finalmente, ahí tenemos el que podría decirse es la tipología auténticamente vikinga. Datan del siglo IX, y se les conoce como "tipo Gjermundbu", por el ejemplar encontrado en esa ciudad noruega en 1943. Su característica más señalada es que iban  provistos de ocularia y, en algunos casos, como el de la izquierda, con nasal. Ese mismo ejemplar, fabricado en bronce, está ricamente decorado con tiras de metal, una lámina imitando a las cejas sobre el ocularium, y un crestón de refuerzo denominado wala. El de la derecha, más austero, tiene cuatro nervaduras para reforzar la bóveda y, al parecer, esta iba rematada por una pequeña pica prismática. Así mismo, podría ir provisto de un camal unido al borde del yelmo.

En definitiva, como hemos visto, los únicos cuernos posibles eran los simbólicos, caso de infidelidad manifiesta de alguna vikinga. Pero hasta esto es muy cuestionable, ya que la sociedad vikinga, en ciertos aspectos más avanzada incluso que la nuestra, tenía una norma bastante eficaz para los divorcios, y válida tanto para hombres como mujeres: bastaba enviar al cónyuge una nota con dos testigos en la que se informaba que una de las partes daba el matrimonio por terminado. Ni abogados, ni procuradores, ni leches. Cada uno a su casa y aquí paz y después gloria. Cojonudo, ¿no? Ah, y de pensiones compensatorias y tal, nada de nada.

En realidad, hay mucho estereotipo con respecto a los vikingos aparte del tema del yelmo. Se les tiene por gente salvaje, zafia, inculta, que iban vestidos con pieles y poco más. Sin embargo, eran una sociedad compleja y organizada, dotados de escritura y de literatura (sus famosas sagas), con unos profundos conocimientos sobre navegación y construcción de navíos y, en fin, muchas más cosas que, casi siempre por culpa del cine, han llenado al personal de prejuicios sin la más mínima base. Ya iremos hablando de algunos de ellos.

Pero, de momento, he dicho...

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