sábado, 28 de enero de 2012

Armamento del mundo antiguo: la honda

Pretender datar la fecha de aparición de la honda es tan imposible como con el arco. Basta recordar que David apioló al filisteo Goliat de una certera pedrada entre los ojos, así que ya ha llovido desde entonces. Pero antes de entrar en materia, quiero contar una anécdota que me permitió corroborar que las historias que se cuentan sobre la destreza de los honderos, así como la demoledora eficacia de sus proyectiles, eran totalmente ciertas, y en modo alguno exageraciones de los cronistas de la época, que muchas veces narraban las cosas de oídas y con una irritante tendencia a magnificarlo todo. Narro pues:

En mi mocedad era muy aficionado a la acampada. En aquellos tiempos plantabas la tienda de campaña en cualquier sitio y no venía la Guardia Civil a los 28 segundos a echarte. Así pues, con otros colegas, aprovechábamos cualquier puente o vacación para largarnos a pasar unos días haciendo el ganso en mitad del campo. En una de ellas coincidimos con un sujeto, pastor de cabras de oficio, el cual se debía aburrir como un galápago, sin tener más compañía que su rebaño. Total, que se nos unió muy contento de tener por interlocutor a alguien más sesudo que el cabrón del rebaño, o las cuitas de sus cabras. En plena charla pastoril, que aunque le daba a la lengua que daba gusto no perdía de vista sus reses, al ver que una cabra intentaba desertar, sacó de su zurrón un trozo de cuerda que, al desplegarlo, vimos que era una honda. Rápidamente, eligió un guijarro del suelo, lo puso en la honda, la volteó tres o cuatro veces y, ante nuestras asombradas e imberbes jetas juveniles, le acertó de pleno en un cuerno a la cabra, distante más de 30 ó 40 metros de donde estábamos. La cabra, está de más decirlo, depuso de su actitud y se reunió con sus congéneres animada por el acoso del chucho del pastor.

El pastor, complacido al ver el efecto causado por su destreza, nos mostró su honda. Era un simple trozo de cuerda de pita, toda ella fabricada de una pieza incluyendo la bolsa donde se ponía la piedra. No tardamos ni medio minuto en desafiarlo para que nos mostrara una vez más su pericia, cosa que aceptó gustoso porque, me temo, las cabras no solían elogiarlo en demasía. Yo elegí el blanco: una lata de aceite para automóviles, de aquellas de 2 litros fabricadas con chapa que los que ya peinan canas recordarán. La puse apoyada contra un pedrusco, a unos 25 ó 30 metros de distancia. El pastor eligió otro guijarro, repitió el proceso anterior y, más pasmo aún, solo pudimos ver como la lata salía volando por los aires. Corrimos a ver el resultado, y el asombro fue rotundo: la pedrada, que había impactado en pleno centro de la lata, la había doblado por la mitad, produciéndole además una profunda hendidura. No me extiendo más que para comentar que, tras fabricarnos varias al módico estipendio de 5 duros por cada una, nos tiramos tres días dando pedradas a diestro y siniestro, sin poner acertar a nada más pequeño que el tronco de un árbol a menos de 5 metros, así que ya os podréis hacer una idea la de años de práctica precisos para lograr la destreza del pastor el cual, aparte de darle palique, se largó muy contendo con 25 duros de ganancia por las 5 hondas que nos fabricó. Así pues, una vez dada fe de la eficacia de estas armas, pasemos al tema:

Hay constancia del uso de este tipo de arma desde el Paleolítico. Usadas tanto para cazar como para defenderse, proliferó desde los tiempos más remotos por la simpleza y economía de su elaboración, así como por la contundencia que alcanzaban sus proyectiles. En este caso, supongo que su invención debió tener lugar de forma más o menos simultánea en diferentes partes del planeta, como ocurrió con el arco. Las inmensas distancias entre lugares dan que pensar que no fue posible una transmisión del invento pero, en todo caso, eso no lo sabremos jamás. Lo único que sí tenemos claro es que en representaciones tanto escultóricas como pictóricas de origen asirio, egipcio, fenicio, etc., ya aparecen, y hablamos de más de 3.000 años nada menos.

En esta entrada tampoco prentendo hacer un estudio exhaustivo sobre el tema, sino más bien una serie de nociones para mayor conocimiento de aquellos que solo saben que una honda es un cacho cuerda para lanzar piedras y poco más, o que los más afamados honderos de la historia son los isleños de las Baleares, usados como mercenarios por todos los ejércitos del mundo antiguo de Occidente, como cartagineses, romanos, e incluso los mismo celtíberos peninsulares.


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