viernes, 6 de enero de 2012

Castillo de Sesimbra



Distrito de Setúbal

Coordenadas: 38º 27' 58'' N // 9º 06' 82'' O


Según parece, el elevado cerro donde se asienta en castillo, a 242 metros sobre el nivel del mar fue, desde tiempos remotos, un lugar elegido por las diferentes culturas que pasaron por allí como un enclave de tipo místico y espiritual. De hecho, el origen del castillo musulmán edificado en el siglo IX fue una rábida para el retiro espiritual de los gazules andalusíes. Este castillo-monasterio fue mandado edificar a raíz de las constantes incursiones llevadas a cabo por los normandos en aquella época a lo largo del litoral portugués y, especialmente, contra las poblaciones situadas en el estuario del Tajo. Desde su elevada posición se divisaba desde Sines hasta Sintra, lo que permitía controlar un vasto tramo de playas muy proclives al desembarco de tropas.

Sesimbra cayó en manos portuguesas el 21 de febrero de 1165 por las tropas al mando de don Afonso Henriques, dentro de la ambiciosa campaña de reconquista que permitió a este monarca hacerse con Lisboa, Santarém, Sintra, Almada, Palmela y Alcácer do Sal, aprovechando la cada vez más débil posición de los almorávides peninsulares. Sin embargo, la llegada de los almohades obligó a retomar una posición defensiva tras las devastadoras campañas llevadas a cabo por el emir de Sevilla, Abu Yusuf Yaqqub al-Mansur (como dato curioso, éste fue el que mandó erigir la Giralda), que recuperó varias plazas, entre ellas Alcácer do Sal (10 de junio de 1191), y obligó a las mínimas guarniciones establecidas en los castillos de Almada, Palmela y Sesimbra a evacuarlos ante la imposibilidad de mantenerlos. De hecho, el de Sesimbra fue mandado arrasar por el emir a fin de eliminar posibles focos de resistencia en un futuro.

Sin embargo, poco duró el empuje almohade. En 1200, don Sancho I, con la ayuda de cruzados provenientes de Europa y de la orden de Santiago, recuperó Sesimbra y ordenó la reconstrucción del castillo, dando la tenencia a un caballero franco llamado Guillermo de Flandes para su defensa y la repoblación de la comarca. Para incentivarla, otorgó fuero el 15 de agosto del año siguiente. Así pues, se comenzaron las obras para reedificar el castillo que, inicialmente, constaba solo de la muralla y la torre del homenaje, estando de momento la naciente población sin más defensa que el mismo castillo. No fue hasta 1236, cuando la tenencia fue cedida a la orden de Santiago, cuando se llevó a cabo la construcción de la cerca urbana. Por su posición estratégica, el castillo fue objeto de sucesivas reformas a lo largo del tiempo. En 1323, don Dinis ordenó la construcción de una nueva torre situada al sur del recinto para usarla como atalaya contra la constante amenaza de los piratas que infestaban las aguas.  

Unos años más tarde, en 1384 y en el contexto de la crisis sucesoria de 1383-1385, el castillo de Sesimbra fue usado por el maestre de Avis como refugio durante la guerra con Castilla. Sin embargo, la fortaleza fue asediada y tomada por las tropas embarcadas castellanas que retornaban del fallido cerco a Lisboa, saqueando la población y arrasando todo lo que encontraron a su paso. A lo largo de las siguientes décadas, el traslado progresivo de la población hacia la zona costera, incentivado por la industria pesquera y naval, supuso el comienzo de la decadencia del castillo, de forma que, a principios del siglo XVI, ya estaba en ruinas. En 1516, el visitador de la orden de Santiago, bajo cuyo dominio seguían tanto el castillo como las tierras anejas, dio cuenta en su Acta de Visitación del pésimo estado en que se encontraba la fortaleza, ordenándose años más tarde su reconstrucción. En esta época, la torre del homenaje era inhabitable, por lo que las dependencias para alojamiento y servicio del alcaide fueron construidas en el patio de armas.

Sin embargo, todos los esfuerzos por mantener operativa la fortaleza se fueron al traste a raíz del apocalíptico terremoto de 1755, que arrasó tanto el castillo como la cerca urbana, quedando relegado durante el último cuarto del siglo XIX como cementerio del concejo y abandonado hasta que, a mediados del siglo XX, se fueron emprendiendo sucesivas campañas de restauración que han permitido devolverle parte de su añejo esplendor.

Bien, esa es la historia del castillo. Quiero hacer una aclaración por si alguien me dice que no he mencionado las obras llevadas a cabo para adaptarlo a la pirobalísica, y es que dichas obras se realizaron sobre la cerca urbana, no en el castillo, el cual permaneció con la misma conformación que en la Edad Media. Así pues, cuando toque hablar de la cerca urbana de Sesimbra se estudiará ese tema. Veamos pues la morfología del castillo de marras...


Para hacernos una idea de su distribución, nada mejor que el socorrido plano que podemos ver a la derecha. En el mismo, vemos la planta del castillo, situado en el extremo norte del elevado cerro en el que se yergue. La flecha negra indica la ubicación de la única puerta de acceso al recinto, defendida por dos torres de planta cuadrangular. Sombreada en naranja tenemos la Torre de Ponente, la atalaya mandada edificar por don Dinis en 1323. La zona en amarillo corresponde a la vivienda del alcaide, compuesta por una sala, tres dependencias y la cocina. Estas estaban situadas en la planta alta, estando las inferiores destinadas a bodega, cuadra y granero. La zona en verde corresponde al aljibe, el cual quedaba oculto por las dependencias anteriores. Se puede ver en el mismo la boca superior para la toma de agua. En la zona en rojo estaban ubicadas otras dependencias de servicio. En azul tenemos la torre del homenaje que, como se ha dicho, en aquella época ya estaba medio en ruinas y, finalmente, en marrón, tenemos los arranques de la cerca urbana. De las dependencias interiores no quedan más que algunos restos de sus cimientos.



A la izquierda podemos ver la puerta de acceso, embutida entre dos torres. La puerta, con arco de medio punto por su parte externa y arco quebrado por la interna, es la única que permite acceder al recinto, no existiendo en el mismo la habitual poterna. La fábrica del recinto, como se ve, es a base de mampuesto calicantado y una burda sillería esquinera. Los paramentos, al parecer, estaban en su día enlucidos con mortero. No se ven restos de dispositivos de defensa vertical, aunque no es posible saber si los tuvo debido al grado de destrucción a que lo condenó el terremoto de 1755 y, mala suerte, nuestro amigo Duarte de Armas no pasó por allí para dejar constancia gráfica del castillo medieval.

En la imagen inferior tenemos una panorámica del patio de armas que, como se ve, es de reducidas dimensiones, de unos 20 metros de largo por 19 en su lado más ancho. A la derecha aparece la Torre de Ponente, cuya sección podemos ver en el plano que aparece a la derecha de la foto. Como se ve, consta de dos plantas separadas por un entresuelo de madera. La techumbre consiste en un tejado a cuatro aguas que permite el tránsito de la guarnición por un adarve que circunvala la azotea. El paso de una planta a otra se realiza mediante escaleras de madera, y el acceso a la torre de realiza desde el adarve de la muralla.





Abajo tenemos la parte norte del recinto. A la izquierda aparece la torre del homenaje y a la derecha, en el patio, el aljibe. En el plano adjunto podemos ver la sección de ambas obras. La torre del homenaje, de estilo gótico, tiene una sola planta cerrada por una bóveda de crucería sustentada por columnas con capiteles fitomórficos. El acceso a la azotea se lleva a cabo mediante una estrecha escalera de piedra adosada al muro de la torre. Dicha azotea, como vemos en el plano, tiene un pronunciado derrame hacia el exterior a fin de impedir la acumulación de agua y las consiguientes filtraciones. La superficie interior de la cámara es de unos 25 m2, y sus muros tienen 150 cm. de espesor. En cuanto al aljibe, tiene una capacidad aproximada de 50 m3, y estaba destinado exclusivamente para suministro de la guarnición, ya que la villa a intramuros disponía de varias cisternas para tal fin.






Bueno, esto es lo que da de sí el castillo de Sesimbra. Ahí dejo, como foto de cierre, una vista aérea del mismo que me he encontrado en la red. La calidad es un poco cutre (estaba pixelada) a pesar de los retoques de San Fotoshó del Píxel Bendito, pero permite hacernos una idea de la incomparable posición del castillo, así como de las fastuosas vistas que se disfrutan desde el mismo.

Hale, he dicho...




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