lunes, 2 de enero de 2012

Castillo de Vilar Maior




Distrito de Guarda

Coordenadas: 40º 28' 49'' N // 6º 56' 73'' O

Bueno, como este blog es originariamente de castillos, me veo en la obligación de iniciar el año con un magnífico ejemplar de castillo románico: Vilar Maior. Veamos algo de su historia...

Del castillo de Vilar Maior, cuyo origen se remonta al parecer a un castro lusitano, ya hay constancia documental del mismo en el último cuarto del siglo IX, dentro del contexto de una campaña de hostigamiento llevada a cabo por Alfonso III de Asturias que llegó hasta Oporto, Chaves y Coimbra. Finalmente, el castillo y su población fueron ocupados por tropas leonesas hacia 1139, como culminación de un largo período de ofensivas iniciado por Fernando I de León a mediados del siglo XI y que fue conocido como "Campañas de Beiras", en referencia a la comarca objeto de dicha campaña. La tenencia del castillo fue dada a la orden de San Julián de Pereiro, una pequeña orden militar creada hacia 1093 por el conde Enrique de Borgoña (padre de don Afonso Henriques, primer monarca portugués. Más información sobre éste personaje pinchando aquí) que posteriormente se disolvió y fue el germen de la orden de Alcántara.

Por su incuestionable posición estratégica, defendiendo la línea del Coa, fue reconstruido en tiempos de Alfonso IX de León bajo los cánones del momento y que le dieron la apariencia que vemos actualmente. Una vez alejada la amenaza musulmana, Vilar Maior se convirtió en objeto de deseo de los monarcas portugueses a fin de asegurar sus fronteras con Castilla y León, de modo que fue tomado en 1296 por don Dinis. Al año siguiente, tras la firma del Tratado de Alcañices, pasó definitivamente a manos de Portugal con el intercambio de diversas plazas fronterizas entre ambos reinos. A partir de ese momento fueron llevadas a cabo constantes reformas para mejorar los sistemas defensivos del castillo y la villa aneja al mismo. Sin embargo, por su situación rayana, no fue fácil su poblamiento a pesar de los fueros que concedieron diversos monarcas, llegándose al extremo, en 1440, de tener que crear un "coto de homicidas" por el que mil asesinos eran amnistiados con tal de que fueran a poblar la villa.

La vida operativa del castillo de Vilar Maior no se extendió más allá de la Edad Media. A pesar de su valor estratégico, durante la Guerra de Restauración no sufrió modificaciones para adaptarlo a la pirobalística, y poco a poco fue cayendo en el olvido. De hecho, en las Memorias Parroquiales del padre Francisco Antunes, fechadas en 1758, ya hace constar el estado ruinoso del castillo que, aunque seguía contando con un alcaide, ya no tenía la más mínima utilidad militar.

Bien, esa es a grosso modo la historia de nuestro castillo. Veamos ahora su morfología...


La primera documentación gráfica del mismo se la debemos, como en otros muchos casos, a Duarte de Armas. En la ilustración de la izquierda podemos ver el aspecto que tenía a comienzos del siglo XVI. En esa vista, correspondiente al lado este del recinto, aparece el antemuro que rodeaba el castillo y del cual solo quedan algunos restos en la zona norte. Así mismo, podemos ver que la torre del homenaje era coronada por un tejado a cuatro aguas, y que la barbacana disponía de troneras de cruz y orbe. A la derecha de la imagen, dentro de un círculo negro, se ve el castillo de Guarda, el cual enlazaba visualmente con el del Vilar Maior. Finalmente, ante el cerro en el que se yergue el castillo, vemos el Ribera de la Aldea del Puente, que actuaba como foso natural en caso de ataques provenientes del reino vecino.

A la derecha tenemos el plano de planta levantado por Duarte de Armas. En el mismo se aprecia el antemuro que rodeaba totalmente el recinto principal, así como la barbacana que defendía sus tres puertas de acceso. En el patio de armas vemos, ante la torre del homenaje, una dependencia exenta de dos plantas actualmente inexistente, así como varias más adosadas en la muralla oeste, de las que tampoco queda ni rastro. Curiosamente, la escalera de acceso a la torre del homenaje está cambiada de sentido, ya que la que podemos ver actualmente está en el lado opuesto. Por su conformación, tiene todo el aspecto de ser un gazapo de Armas, ya que dicha escalera está labrada en la misma muralla. Finalmente, a la derecha del plano, aparece la boca de un aljibe cuya bóveda, actualmente, está derruida. Cerca de la misma aparece la poterna que daba salida a la liza la cual, según el plano, no tenía más acceso que la puerta de la barbacana.

Las murallas, como sucedía en muchos castillos románicos, carecía de torres de flanqueo. De planta ovalada, tiene un perímetro de 190 metros y una altura de 6,20 metros, si bien las mediciones llevadas a cabo por Duarte de Armas daban más del doble de esa altura: 17,82. Si tenemos en cuenta que, por su ubicación en la cima de un cerro, no ha sufrido una elevación del terreno debido a desprendimientos de tierras a lo largo del tiempo, y por otro lado que los restos del parapeto están claramente marcados en el adarve, solo cabe pensar que se trata de un error en la medición llevada a cabo por Armas. Además, el acceso a la torre del homenaje consta de una puerta sobreelevada sobre el adarve, por lo que si a la altura actual le añadimos más de 11 metros, prácticamente cubriría la mitad de la altura de la torre. Veamos ahora algunas fotillos...


A la izquierda tenemos una toma en la que aparece la torre del homenaje, un tanto mermada en su altura original, la escalera de acceso al adarve y, a la derecha, la puerta de entrada. La torre es de planta cuadrada, con un área de 51,12 m2. Las únicas entradas de luz consisten en aspilleras en cada cara de la misma y en las tres plantas de que constaba originariamente. El acceso a la misma se llevaba a cabo por una escalera, obviamente de madera ya que no quedan restos de obra que indiquen lo contrario. Según el plano de Armas, es posible que contara con una pequeña camisa exterior. Sin embargo, no se aprecia en el muro de la torre ninguna muestra de trabazón con la sillería de la misma, por lo que cabe pensar que dicha camisa fue una obra posterior, sin trabazón con la torre, y de la que no queda ni rastro. En cuanto a la fábrica de todo el recinto es a base de sillería de granito.


A la derecha tenemos la puerta de acceso, con un arco ojival por el exterior y de medio punto por el interior. Conviene observar la curiosa disposición de las hiladas de sillares que, aunque bastante irregulares, se van nivelando para que su remate sea perfectamente horizontal, así como el friso decorativo en el túnel que forma el vano de la puerta. En algunos casos incluso se les ha dado una forma irregular para adaptarlos a la hilada inferior. La piedra procede de la misma zona, muy rica en una variedad de grano muy fino, que permite un labrado con gran precisión. Esto hace suponer que el cantero que labraba el sillar no era el mismo que lo colocaba en su sitio. O sea, uno lo labraba y otro le daba la forma definitiva en función del lugar que debía ocupar en cada hilada, adaptándolo a la misma.


A la izquierda tenemos una vista del patio de armas y del lado este de la muralla la cual tiene un grosor medio de 175 cm., con los paramentos rellenos de cantería menuda sin colmatar con tierra o mortero. Por desgracia, el parapeto no existe hoy día, estando todo el perímetro de la muralla desmochado. Al fondo se divisa la poterna, así como algunas de las nueve  escaleras que conducen al adarve, formada por peldaños de piedra empotrados en el muro con una anchura de apenas 50 cm. Cerca de la poterna se encuentra el aljibe, con unas dimensiones de 520 x 380 cm., y una profundidad que se estima en unos 3 metros, lo que nos da una capacidad aproximada de 46/47 m3 de agua con los que se abastecía la guarnición y, en caso de necesidad, la población aneja. Este aljibe pudo ser originariamente de dimensiones inferiores, y a ampliado en alguna de las muchas reformas llevada a cabo en el castillo entre los siglos XIV y XV.

En la imagen inferior tenemos dos vistas del interior de la torre del homenaje. Se trata de un potente edificio con unos muros de 2,20 metros de espesor con la entrada, como se comentó más arriba, sobrelevada respecto al adarve para dificultar su acceso. Así mismo esta única torre tenía la misión de defender el patio interior de la barbacana y los accesos al patio de armas. Como complemento para su defensa, según se ve en el dibujo de Armas, disponía de un cadalso sobre la puerta de entrada a la torre. Como se ve en las fotos, el interior de la misma está hueco debido a que los entresuelos estaban fabricados con madera. En los muros se pueden observar las ménsulas sobre las que se apoyaban las jácenas para los entarimados, así como los peldaños que conducían a las plantas superiores. En la imagen de la derecha podemos ver la planta inferior, que actuaba como sótano al estar la entrada al nivel de la primera planta. Bajo la planta inferior había un aljibe para suministro de la torre en caso de convertirse en el último reducto de defensa.





La altura total de la misma alcanzaba, según Duarte de Armas, 14 varas (15,40 metros), y una anchura en cada lado de 6 varas y un palmo (6,82 metros). En las fotos se pueden apreciar también los vanos de las aspilleras, muy abocinados pero sin derrame. Como dato curioso, en su sillería tenemos una de las más extensas colecciones de marcas de cantería que se pueden ver, y en algunos sillares se aprecian aún las marcas en las que se cerraban las tenazas de las grúas usadas para manipularlos y colocarlos en su sitio. Las dimensiones medias de cada sillar son de 50 x 20 cm.

Finalmente, comentar que el desaparecido antemuro tenía una altura de 3,25 metros, un espesor de 2,20 metros y la liza una anchura de entre 3,70 y 5,40 metros. En 1758 aún existía, y cabe pensar que pudo ser demolida a raíz de la invasión francesa, aparte del expolio habitual llevado a cabo en este tipo de edificios para aprovechar sus materiales por parte del vecindario. Vilar Maior, además del castillo, ofrece al visitante una interesante muestra del caserío de la época, situado en la zona más cercana al mismo, que se desarrolla entre sinuosas calles que conducen a la cima del cerro en el que, además del castillo, se conservan algunos restos de la cerca urbana y el pequeño cementerio de la villa. Pasear por estas calles es sumergirse en el túnel del tiempo y, con un poco de imaginación, nos podemos ver transportados varios siglos atrás. Merece la pena pasar por allí.

Bueno, creo que no se me olvida nada, así que, he dicho...