martes, 10 de enero de 2012

Fuerte de Santo Antonio de Tavira / Fuerte de Rato / Fuerte da Ilha das Lebres




Distrito de Faro

Coordenadas: 37º 07' 17'' N // 7º 37' 17'' O

El comienzo del siglo XVI no solo significó el final de la Edad Media, sino la aparición de nuevas amenazas que, poco a poco, fueron relegando a la obsolescencia y el olvido a las añejas fortificaciones del pasado. Una de ellas era la piratería, en aquellos tiempos practicada mayoritariamente por naves procedentes del norte de África que, de forma fulgurante, desembarcaban en las costas peninsulares saqueando y apresando a todo el que caía en sus manos para, posteriormente, pedir rescates por sus vidas.

Muchas ciudades costeras se vieron, en cuestión de pocos años, literalmente vendidas a esas nuevas amenazas. Los castillos que hasta aquel momento habían supuesto su salvaguarda ya no valían para hacer frente a la potencia de fuego desplegada desde las naves, tanto piratas, como corsarias, como de guerra, y las murallas urbanas se habían visto hacía mucho tiempo sobrepasadas por el crecimiento de las poblaciones. Así pues, fue necesario construir nuevos sistemas defensivos capaces de disuadir y repeler estas constantes agresiones. Es el caso del fuerte que nos ocupa hoy, el fuerte de Santo Antonio de Tavira.

Las costas del Algarve eran especialmente proclives a desembarcos inesperados. Sus largas playas arenosas venían de perlas para, aprovechando la oscuridad de la noche, asaltar inopinadamente cualquier población ribereña. El caso de Tavira era uno de ellos. Ante ella se extiende una larga barra tras la cual, la ría de Tavira actuaba de foso natural. Pero su punto flaco era el estuario del río Gilão, un coladero de primera clase para, sin apenas riesgos, remontarlo unos tres km. y entrar a saco en los arrabales de la población, la cual se extendía junto a su orilla. A fin de cerrar el paso por un punto tan sensible, el rey don Sebastián mandó construir un fuerte conforme a los cánones de fortificación modernos a mediados del siglo XVI en un lugar que llamaban Quatro Aguas, un arenal situado al este de la desembocadura del Gilão y a apenas 300 metros de la orilla, con lo que podía sobradamente batir con sus bocas de fuego el estrecho canal que se abría en la barra para dar salía al río.

La vida operativa de este fuerte no fue precisamente intensa, ya que no hay constancia de acciones relevantes a lo largo del siglo XVI y la primera mitad del XVII. Solo en el contexto de la Guerra de Restauración fue sometido a algunas reformas para reforzar el litoral algarveño junto con otros fuertes construidos a raíz de ese conflicto y, de hecho, en el siglo siguiente ya estaba en franca decadencia, con una guarnición mínima y artillado apenas con dos bocas de fuego, siendo desactivado finalmente en 1840. Sin embargo, su interés radica en que fue de las primeras fortificaciones construidas en la Edad Moderna para hacer frente, como ya se ha dicho, a las nuevas amenazas provenientes del mar.

Bien, esa es la corta historia de este fuerte, así que ahora toca estudiarlo...



En esa imagen aérea podemos ver la zona en cuestión. En la foto se aprecia claramente la larga barra que se extiende a lo largo de la costa, así como la ría posterior. A la izquierda tenemos Tavira, cuyo puerto se estaba construyendo en la época de edificación del fuerte, con la zona medieval señalada por un castillito. Se aprecia igualmente el río Gilão y su estuario y, dentro de un óvalo azul, la posición del fuerte en el sitio de Quatro Aguas. El cono rojo señala la zona que podía batir con sus bocas de fuego, quedando como se ve dentro de la misma el canal de desembocadura del río. O sea, cerraba literalmente con llave la zona para cualquier nave que quisiera adentrarse en el río.



En ese plano de planta podemos ver su morfología. Se trata de un edificio sencillo, con tres baluartes enfrentados a la costa. Sus dimensiones son de 76 metros de largo de punta a punta, y de 32 metros por la zona más ancha. En rojo podemos ver la situación del pañol de munición. En azul, el cuerpo de guardia y el cuartel. En verde, la vivienda del gobernador y, en amarillo, un pozo de donde se suministraba de agua a la guarnición. Solo queda constancia de la existencia de un pequeño foso ante la puerta de entrada, y su escasa altura lo convertía en un blanco extremadamente difícil de batir desde las baterías de una nave en movimiento. Veamos algunas fotillos...



Ahí tenemos la puerta de acceso al fuerte. Como se ve, bajo el durmiente de fábrica quedan restos del foso, prácticamente cegado por la arena del entorno. Originariamente, el fuerte contaba con un puente levadizo, ya que cerca de la puerta vi tirado un sillar con el orificio para el eje de la pasarela, por lo que cabe suponer que el durmiente es posterior, siendo entonces su acceso mediante una puerta convencional. La parte superior del parapeto, así como de la puerta, han desaparecido. En cuanto a la fábrica, todo el recinto está elaborado con mampuesto calicantado excepto las jambas y dinteles de las puertas, las esquinas exteriores y el cordón. En los años 80 se llevaron a cabo unas obras de consolidación de la muralla, para lo cual se invirtieron 300.000 escudos de la época. Sin embargo, ninguna otra actuación se ha planteado aún para poner en valor el fuerte.



Ahí tenemos una vista del baluarte central en la que se aprecia el parapeto para fusilería en primer término y, al final del mismo, los restos de una garita. Los baluartes carecían de cañoneras, siendo todos los parapetos a barbeta a fin de disponer del máximo campo de tiro con el mínimo número de piezas, pudiendo emplazarlas donde mejor conviniera en cada momento. A lo largo de la muralla se aprecia el cordón, el friso que marcaba donde empezaba la obra muerta del fuerte. Al fondo, a la izquierda de la garita, se ve los restos de algunas de las dependencias cuarteleras del recinto.




A la izquierda tenemos otra vista, en este caso del baluarte este. Las ventanas que se abren en la muralla son posteriores a la creación del fuerte, ya que esos vanos debilitarían la misma. Deben ser de alguna reforma llevada a cabo tras la Guerra de Restauración, cuando el papel defensivo de esta fortificación era prácticamente nulo. En cualquier caso, corresponden a la casa del gobernador, cuyas ruinas asoman tras la muralla. Como se ve, el estado del fuerte es de total abandono, devorado por la maleza y por la erosión del viento procedente del mar. Esperemos que las autoridades hagan algo con él antes de que se vea reducido a escombros.



Finalmente, a la derecha tenemos una panorámica del patio de armas y, en primer término, los restos de la casa del gobernador. Tras los mismos aparecen las ruinas del cuartel. Al fondo se vislumbra la ría de Tavira y, a continuación, la barra que se extiende ante esa zona del litoral. Cabe suponer que, en la época de su construcción, la distancia debía ser mucho menor, viéndose aumentada a lo largo del tiempo por los depósitos de sedimentos arrastrados hacia la costa por el río. En fin, el tema no da para mucho más. Pero, a pesar del estado ruinoso del fuerte, merece una visita, y más si, tal como están las cosas, no se lleven a cabo actuaciones para restaurarlo a corto o medio plazo.

Hale, he dicho...









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