jueves, 26 de enero de 2012

Fuerte de São Neutel




Distrito de Vila Real

Coordenadas: 41º 45' 17'' N // 7º 28' 36'' O

Cuando se habló del castillo de Chaves ya se hizo referencia, si bien de forma muy superficial, del fuerte de São Neutel que, junto al de São Francisco, defendían este importante enclave fronterizo con la zona de Galicia. Bueno, pues hoy toca hablar en profundidad del mismo.

Antes de nada, una advertencia: no pude en su día hacer fotos del interior porque en el año 94, tras ser cedido a la ciudad por el Ministerio de Defensa, se construyó en su interior un anfiteatro, por lo que solo se abre cuando se representan en el mismo obras de teatro, conciertos, etc. O sea, ha sido perpetrado. Lastimoso, pero cierto. Dicho esto, procedamos...

El fuerte de São Neutel tuvo su origen en una simple empalizada situada al norte de Chaves cuando, allá por el año 1658 y en plena Guerra de Restauración, el conde de Mesquitela fue nombrado Gobernador de Armas de la provincia de Trás-os-Montes. Entre 1658 y 1662, el conde  llevó a cabo una intensa campaña de obras de fortificación de la añeja plaza medieval, dotándola de una nueva muralla adapada a la pirobalística, además de la construcción del fuerte de São Francisco y el revellín de la Magdalena. Y, además, mandó fortificar con una empalizada a base de salchichas el Alto de la Trinidad, un padrastro situado a unos 1.200 metros de la ciudad medieval, lo que suponía un peligro potencial como se vio en la entrada dedicada a estas amenazadoras prominencias del terreno.



Obviamente, dicha empalizada era poca defensa ante un ejército en toda regla, el cual podía ocupar la colina, emplazar en ella artillería de sitio y, en cuestión de pocos días, machacar las defensas de Chaves. Así pues, el 25 de mayo de 1664, el sucesor del conde de Mesquitela, el general Andrade e Sousa ordenó la construcción del fuerte, la cual se prolongó hasta 1668. Su denominación se debe a la capilla mandada edificar unos años antes en la colina de marras por el conde de Mesquitela, consagrada a Nossa Senhora das Brotas y a São Neutel. En el grabado superior podemos hacernos una idea más clara del conjunto fortificado de Chaves. A la izquierda, en primer término, tenemos el revellín (en realidad, más bien es un hornabeque, pero le dieron esa otra denominación)  de la Magdalena, una fortificación creada como cabeza de puente para cerrar el paso al, en aquel tiempo, único acceso por el río Tâmega: el puente romano mandado construir por Trajano. Justo detrás se ven las murallas tipo Vauban construidas por el conde de Mesquitela y, descollando sobre el núcleo urbano, la torre del homenaje del castillo medieval. A la derecha, el fuerte de São Francisco y, a la derecha de la imagen, al fondo, el fuerte de São Neutel.

La lápida que coronaba la puerta del fuerte nos aclara su origen. Dice así:

"Este forte de S. Noutel fes o conde de Mesquitela D. Rodrigo de Castro no ano de 61 de salchicha governando as armas nesta provincia mas o tempo e a e mulaçao o tinham de todo derrotado coando por aver sido seu soldado Francisco Freire de Andrada e Souza do Conselho de Sua Magestade e seu Capitão General da Artilharia vindo a governar as armas da dita provincia o mandou fabricar de novo de pedra e cal não só por memoria de tão grave caso e suas obras mas ser esta da maior defença da praça de Chaves comesouse em 25 de maio de 64"

Si alguien no lo entiende, que lo diga y se lo traduzco. Por lo demás, desde aquel momento el fuerte de São Neutel tuvo un uso militar hasta nuestros días aunque, paradójicamente y a pesar de su incuestionable valor estratégico, en muchas ocasiones a lo largo de su historia no recibió el mantenimiento adecuado. Por poner un ejemplo, en septiembre de 1861 y por una circular del ministro de la Guerra en la que se solicitaba un informe sobre las defensas de la provincia, la respuesta no pudo ser más desalentadora, ya que se le informaba que el estado de las defensas de Chaves era ruinoso, capaces como mucho de resistir golpes de mano, pero en modo alguno un ataque en toda regla. A pesar de ello, no se hizo nada por solucionarlo. Su última acción militar aconteció en pleno siglo XX cuando, en julio de 1912, tuvo lugar una refriega entre los monárquicos al mando del general Henrique de Paiva Couceiro con las tropas republicanas. Finalmente, en 1925, tuvo el destino de tantas fortificaciones tipo Vauban: fue reconvertido en prisión civil.

Bien, esa es su historia. Ahora, a estudiar su morfología...



En la imagen de la derecha tenemos un plano de planta del mismo. Si observamos la foto de cabecera (una panorámica que requirió seis imágenes para abarcar todo el conjunto), su perfil se adapta a la orografía del terreno. Obsérvese su escasa altura que muestra, óptima para ofrecer un blanco mínimo a la artillería del enemigo.

Por lo demás, su planta ofrece la típica morfología estrellada, partiendo de un cuadrangulo con cuatro baluartes en sus esquinas. El conjunto esta rodeado por un antemuro el cual forma un pequeño revellín ante la cortina en la que se abre la puerta del fuerte, impidiendo de ese modo los impactos directos de la artillería enemiga. Tras el antemuro tenemos un foso seco de entre 10 y 23 metros de anchura dependiendo de la zona. Dentro del recinto, como era habitual, contaba con las dependencias necesarias para albergar la guarnición, pañol de munición, etc., además de la pequeña iglesia erigida por orden del conde de Mesquitela. La superficie del terraplen, sin contar los baluartes, es de unos 9.400 m2.



En la foto de la izquierda podemos ver el acceso al revellín, situado, como se ve en el plano, en la cara SO del mismo. Esta disposición, que ya hemos visto en los diversos fuertes estudiados hasta ahora, impedían el tiro directo contra la puerta de entrada. Obsérvese la sólida cantería dispuesta en seco de la fábrica del recinto, así como las gruesas losas de granito que conforman la solería, pensando ante todo en el trasiego de las pesadas bocas de fuego de la época. Al fondo vemos el dintel y las jambas de la puerta que cerraba el paso.




A la derecha tenemos la puerta monumental del recinto. A los lados se pueden ver las mortajas que alojaban los cigoñales que sustentaban el puente levadizo, hoy desaparecido. La pasarela reposaba sobre el durmiente de sillería que se ve bajo la calzada de nueva factura. A nivel del foso, en la escarpa, vemos la poterna que daba acceso al mismo desde el interior del fuerte. Estas dos son las únicas puertas con que cuenta el recinto, no disponiendo de más poternas ni puertas secundarias en todo su contorno.





En esa otra imagen se ve la fuente situada en el vértice del baluarte SE. Como podemos observar, se encuentra dentro de una especie de piscina o alberca, la cual se llena cuando el agua del manantial rebosa. Sobre su peculiar ubicación no hay datos que nos permitan saber más sobre ella, así que cabe suponer que ya existían antes de la edificación del fuerte, y que se procuró que quedara en el interior del foso como una fuente auxiliar en caso de secarse el aljibe interior del recinto. En todo caso, la recogida de agua podría realizarse lanzando un cubo desde la garita que corona el vértice del baularte.



Finalmente, a la derecha tenemos una panorámica en la que aparece en primer término el baluarte SO. Obsérvese la fábrica de cantería de grandes dimensiones, así como la sillería esquinera en el ángulo del mismo. Ante la muralla se abre el foso y, a la izquierda de la foto, podemos ver la contraescarpa del mismo. Los baluartes no tienen cañoneras, sino que cuenta con un parapeto a barbeta, corrido por todo el perímetro del recinto. Aunque el foso no es muy profundo, el desnivel del terreno permite que, como se aprecia en la foto de cabecera, la silueta del fuerte apenas resalte sobre el terreno circundante. Obsérvese además como el edificio se adapta a la morfología del terreno, quedando el baluarte en primer término a una cota inferior del que aparece al fondo de la imagen.

Bueno, creo que no se me olvida nada. En todo caso, comentar que, aunque el fuerte esté cerrado al público, aunque solo sea para ver el exterior, merece la pena visitarlo.
 
Hale, he dicho...