jueves, 23 de febrero de 2012

Torre de Lapela




Distrito de Viana do Castelo

Coordenadas: 42º 03' 23'' N // 8º 32' 17'' O

En realidad, al referirnos a esta torre deberíamos hacerlo como castillo de Lapela. Sin embargo, debido a que solo ha llegado a nosotros la torre del homenaje del mismo, parece ser que se ha echado en olvido el resto del edificio y su denominación es así: torre de Lapela.

El origen de esta fortificación data de tiempos tan remotos como mediados del siglo XII cuando, hacia 1130, don Afonso Henriques ordenó su construcción a orillas del Miño, frontera natural con el reino de León, a fin de proteger las fronteras de la incipiente nación. El encargo fue hecho a Lourenço de Abreu, un noble perteneciente a una poderosa casa que, además, era señor de Valadares, Melgaço y Castro Laboreiro. La torre del homenaje que aún perdura de la añeja fortificación es de construcción más reciente, concretamente del siglo XIV, siendo en aquel momento alcaide del castillo un descendiente de su constructor, Vasco Gomes de Abreu. Como era habitual en aquella época, las comarcas fronterizas eran complicadas de repoblar, circunstancia que también se dio en Lapela, para lo que, ya en pleno siglo XVI, fue necesario crear un coto de homicidas a fin de no dejar abandonada la población. Años más tarde, en el contexto de la Guerra de Restauración, se vio una vez confirmada la razón de esta práctica era tan habitual ya que, el 30 de septiembre de 1658, un ejército español al mando del marqués de Viana puso cerco a Lapela, cuyo alcaide, Gaspar Lobato de Lanções, apenas resistió cinco días el cerco hispano, rindiendo la plaza. Ésta fue guarnecida por las tropas invasoras, permanenciendo en manos españolas hasta el final de la guerra y siendo devuelta a Portugal en 1668.

Ya en el siglo XVIII, con la amenaza española siempre latente, comenzó el principio del fin del castillo de Lapela. En 1706, don João V ordenó demolerlo para usar sus materiales en las obras que se estaban llevando a cabo para mejorar las fortificaciones de la plaza fuerte de la cercana Monção. Obviamente, la obsoleta tipología del castillo medieval ya no tenía operatividad ante los embates de la artillería moderna, así que su destino quedó sellado. Además, su modernización no fue considerada como viable debido a la gran cantidad de padrastros que rodeaban el castillo, por lo que fue abandonado permaneciendo solo la torre como testimonio de su existencia. En 1814 se estuvo a punto de demoler también dicha torre, que ya estaba arruinada y sin utilidad alguna, para la construcción de unas casamatas en la también cercana plaza fuerte de Valença do Minho. Dicha propuesta, fortunadamente, no prosperó. Finalmente, los restos que aún quedaban de la antigua fortaleza fueron aprovechados en 1860 para pavimentar algunas calles de Monção. Comentada su historia, pasemos a estudiar su morfología...



En la ilustración de la derecha vemos el aspecto que tenía el castillo en 1506, cuando lo ilustró Duarte de Armas para su Livro das Fortalezas. Sobre el conjunto descolla su imponente torre del homenaje. A la derecha vemos el Miño y, justo en la orilla, una pequeña torre albarrada destinada a abastecer de agua el castillo, del mismo modo que las corachas al uso en la época. En las Memorias Parroquiales de 1755 la mencionan como "...un pequeño castillo, de forma que se puede ir a buscar agua para la plaza militar con seguridad".



A la izquierda tenemos el plano del mismo, también obra de Duarte de Armas. Como se ve, era un potente fortificación dotada de antemuro y con dos torres defendiendo el acceso del mismo. La entrada al castillo, situada junto a un flanco de la torre del homenaje y defendida por un matacán, daba a un pequeño patio tras el cual se abría la plaza de armas propiamente dicha. El muro que unía las dos torres de flanqueo aparece unido a la torre del homenaje por una pasarela o un pasadizo, lo que hace suponer que el acceso a la torre era elevado para dificultarlo aún más. Muestra de ello son las ménsulas que aún perduran ante la puerta de la misma, elemento nada usual cuando, ante la ausencia de un patín de obra, la ascensión hasta la misma se realizaba mediante una escalera de madera, como sería éste caso en teoría.



Ahí tenemos la entrada a la torre. En la imagen aparecen las ménsulas que daban sustento a la pasarela por la que se accedía a la misma, hoy día sustituida por una simple escalera metálica. La puerta, con arco ojival, está coronada por un blasón con las armas portuguesas. Como se aprecia en la foto, toda la fábrica del edificio es de sillería bien labrada. La torre tiene unos 35 metros de altura y 10 de lado. Sus muros son de 3 metros de espesor, lo que nos puede dar una idea de su fortaleza. El interior se divide en cuatro plantas, siendo la superior de inferior altura que las demás. Los entresuelos están fabricados con entarimados de madera sobre jácenas sustentadas por ménsulas. La techumbre, formada por un tejado a cuatro aguas, deja espacio para un adarve en todo el perímetro de la torre, cuya merlatura, restaurada entre 1936 y 1938, es de forma piramidal.



En esa otra foto tenemos una vista de una de las aspilleras. La primera planta dispone de tres, una en cada flanco. La segunda, cuatro y la tercera solo dos, en los flancos SE y SO. La planta baja carece de tomas de luz. Las aspilleras, como se ve, tienen un amplio abocinamiento interior para aumentar el ángulo de tiro. Obsérvese el curioso descansillo, similar en su morfología al de la puerta de acceso, y fabricado igualmente de piedra. Es un elemento muy poco común, siendo lo habitual que toda la escalera, incluyendo los recodos, sean de madera. En la zona superior vemos las ménsulas que sirven de apoyo a las jácenas del entarimado.

La planta baja, que actuaría como sótano, no dispone de aljibe en su interior. Su uso, como era habitual, sería el de almacén. En cuanto a la planta superior, por su escasa altura da la impresión de que estaba destinada a sobrado.


Como conclusión, ahí dejo una imagen del aspecto de la torre antes de las obras de restauración de los años 30 y su aspecto actual. Como vemos, la parte superior del paramento estaba reventado, y el parapeto desmochado. Dichas obras sirvieron para consolidar el muro y reponer los 22 merlones que faltaban.

Hale, he dicho...




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