sábado, 24 de marzo de 2012

Fuerte de São Sebastião 1ª parte



Distrito de Faro

Coordenadas: 37º 12' 57'' N // 7º 26' 37'' O

Antes de empezar, dos cosillas: una, expresar mi agradecimiento a la Cámara Municipal de Castro Marim por su colaboración para acceder al interior del fuerte. Dos, antes de seguir leyendo conviene echar un vistazo aquí, ya que este fuerte se complementaba con el castillo medieval de Castro Marim.

¿Ya? Bien, comencemos...


El crecimiento de la villa de Castro Marim supuso que, ya en los albores  del siglo XVI y según refleja Duarte de Armas en su "Livro das Fortalezas", el caserío urbano se extendía en un arrabal a extramuros de la antigua cerca medieval. Con el estallido de la Guerra de Restauración en 1640, era evidente que tanto la población como el principal acceso al Algarve estaban literalmente vendidos ante un posible ataque procedente de España. Aunque el inmenso foso natural que representaba el estuario del Guadiana ya era de por sí un obstáculo importante, no por ello era imposible ver como las tropas españolas desembarcaban en la orilla portuguesa. Así pues, el rey don João IV (imagen de la izquierda) ordenó la construcción de un fuerte sobre un padrastro situado al sur de la población con dos fines: uno, impedir que dicho padrastro fuese ocupado por tropas españolas para, como ocurrió en Elvas, bombardear impunemente la ciudad. Y por otro lado, crear una fortificación moderna capaz de repeler un ataque, misión para la cual el castillo medieval, a pesar de las reformas realizadas, había quedado obsoleto.


El lugar en cuestión era el denominado cerro do Cabeço, un promontorio en el que, a mediados del siglo anterior (entre 1557 y 1578), se había edificado una ermita consagrada a San Sebastián, de donde el fuerte tomó el nombre, y cuyo recinto fue absorbido por el primer núcleo que se construyó. Conviene aclarar que esta fortificación tuvo dos procesos constructivos, siendo el primero el pequeño fuerte que corona el cerro y cuya misión principal era, como se ha dicho, anular el peligroso padrastro situado al sur de Castro Marim. Las obras dieron comienzo en abril de 1641. Sin embargo, ni su tamaño ni su solidez iban acordes a la importancia de la misión que tenía encomendada. En 1653, Pierre de Saint Colombe, un ingeniero militar francés al servicio de la corona portuguesa, ya hizo constar la irrelevancia del edificio comentando que "... su altura era casi la misma que su longitud".

Por otro lado, en caso de asedio ambas fortificaciones, el castillo medieval reformado y el fuerte, estaban separadas, por lo que no podían socorrerse mutuamente y, además, la población quedaba a merced de los agresores tanto en cuanto se asentaba en la vaguada que se abría entre ambas. Si echamos un vistazo a la imagen inferior nos podemos hacer una idea muy clara de la situación:



En la parte superior, sombreada en rojo, tenemos el castillo medieval y la antigua cerca urbana. En la inferior, en amarillo, el fuerte original en la cima del cerro do Cabeço. Como se ve, es de dimensiones muy modestas. En azul la parte que se destinó a cerrar el caserío urbano, convirtiendo de ese modo a Castro Marim en una peculiar plaza fuerte, con elementos de diversas épocas que iban desde la Edad Media hasta el siglo XVII. Pero de todo esto se hablará con detalle más adelante, cuando llegue el momento de describir la morfología del conjunto. Sigamos por ahora con su historia.



Era pues imperioso mejorar notablemente todo el sistema defensivo de Castro Marim y dar a la población la protección necesaria ante un hipotético ataque procedente de España. En octubre de1660, el gobernador del Algarve, Martim Correia da Silva, ya da cuenta a la reina regente, Dª Luisa de Guzmán (imagen de la izquierda), miembro de la poderosa casa española de los Guzmanes y viuda de don João IV, de los motivos y el desarrollo de una cerca abaluartada creada para, como ya se ha dicho, dar protección a la población y aumentar el poder defensivo de la misma. Estas obras consistieron en la construcción de dos cortinas que unían ambas fortificaciones. Una al este, con dos medios baluartes en su extremo sur, y otra al oeste, provista de tres baluartes ya que era la zona orientada hacia España. En ambas cortinas se abrieron sendas puertas para permitir el paso: la de São Sebastião en la cortina oeste y la de Santo Antonio en la este.



El terremoto de Lisboa (1 de noviembre de 1755) devastó tanto la población como su sistema defensivo, los cuales debieron ver pasar unos años antes de ser reconstruidos ya que en las Memorias Parroquiales de 1758 se hace constar el ruinoso estado de las mismas. De esa misma época o poco después datan una serie de elementos defensivos añadidos a los ya existentes en forma de trincheras. En un mapa datado hacia el último cuarto de ese siglo (c. 1763) aparece una línea hacia el lado oeste de la población (sombreado en azul) que, al parecer, contaba incluso con un parapeto provisto de banqueta y troneras fusileras. Dicha trinchera, según se aprecia en el mapa, quizás se construyó para proteger el arrabal a extramuros. La otra trinchera, al lado este (sombreada en rojo), comunicaba el baluarte de Santo Antonio con el revellín del mismo nombre, una pequeña fortificación avanzada de la que ya se hablará en su momento.



En los albores del siglo XIX, la breve pero determinante Guerra de las Naranjas (20 de mayo al 6 de junio de1801) se convirtió en la primera acción militar en la que se vio envuelta esta zona en tiempos modernos  cuando, en la madrugada del 6 de junio, un ataque procedente de España efectuado por tropas al mando del teniente general don José de Iturrigaray (1742-1814) , comandante del Ejército de Andalucía (imagen de la izquierda) se convirtió en un intenso intercambio de disparos de artillería entre las baterías portuguesas y las de Ayamonte, además de los de ocho cañoneras españolas que habían remontado el Guadiana. El duelo artillero duró el día entero, cesando al día siguiente porque, curiosamente, el mismo día 6 de firmó la paz entre ambas naciones, lo que le costó a Portugal la pérdida de Olivenza. Posteriormente, cuando la invasión francesa, en junio de 1808 fue rechazado con fuego de artillería un ataque llevado a cabo por una columna napoleónica procedente de Alcoutim.


La última presencia militar en el fuerte data de los años 1819 a 1829, cuando fue acantonado en el mismo el Batallón de Cazadores nº 4, para lo cual se llevaron a cabo unas reformas consistentes en unir los medios baluartes de la cortina este al fuerte, formando un hornabeque que pasó a formar parte integrante del mismo, y cuyo aspecto quedó tal como vemos en la imagen inferior y que podemos ver actualmente. Finalmente, en 1864, conjurado para siempre el peligro de una invasión, se autorizó a la Cámara Municipal a demoler las puertas que se abrían en las cortinas, así como gran parte de las mismas, a fin de permitir un mejor desarrollo urbano. El fuerte, ya desactivado, se vio relegado al abandono y la ruina, como suele pasar.

Bueno, esta es básicamente la historia de nuestro fuerte. Mañana seguimos.

Hale, he dicho...



No hay comentarios: