Bueno, hoy toca estudiar la morfología del fuerte, así que vamos a ello.
Para no liarnos, lo haremos en dos partes: una, el fuerte propiamente dicho tal como quedó tras anexionar al mismo el hornabeque de la cortina oeste, como ya vimos al final de la entrada anterior. Y dos, las cortinas en cuestión. Al grano pues...
La imagen cenital que podemos ver abajo nos permitirá hacernos una clara idea de la distribución del recinto, así como de cada parte y añadido del mismo. Conviene concretar además una cosa, y es que el número de cañoneras ha variado a lo largo del tiempo, por lo que las que se ven hoy día son las que corresponden a las bocas de fuego de que disponía el fuerte cuando fue desactivado en el siglo XIX.
Rojo: Corresponde al fuerte original, una pequeña fortificación de 27 metros de largo entre los vértices de los baluartes por 10 de ancho en su parte central. Como se ve, consta de cuatro baluartes cuyas bocas de fuego estaban orientadas en su mayor parte en dirección este-oeste.
Amarillo: Es el patín que servía de entrada al fuerte mediante un puente levadizo. Esta curiosa forma de acceso, reminiscencia medieval, es la única que conozco en un fuerte pirobalístico de los que llevo vistos.
Azul: Muralla con la que se cerraron los dos medios baluartes de la cortina oeste, dando lugar al hornabeque.
Verde: Dependencias cuarteleras.
Marrón: Baluarte de Enterreiro
Celeste: Baluarte de São Sebastião
La flecha marca la puerta de entrada. Cada medio baluarte tiene su rampa de acceso para las piezas de artillería. Las que dotaban el reducto principal eran subidas desmontadas mediante una cabria. Veamos ahora algunos detalles:
A la izquierda podemos ver la entrada al reducto, que no era otra cosa que la espadaña de la antigua ermita de São Sebastião. El patín situado ante la misma servía de estribo al puente levadizo que permitía el acceso al interior. Dicho puente debía ser de contrapeso, ya que en la zona posterior de la puerta se ven dos sillares con las mortajas para el eje de las vigas del mismo. Como comentaba antes, este sistema era una reminiscencia del medioevo, típico de las torres del homenaje románicas y góticas. Quizás se recurriera a este antiguo método por la imposibilidad de cavar un foso alrededor del recinto. El suelo es rocoso, lo que dificultaría mucho hacerlo y, además, la construcción se llevó a cabo a toda prisa, sin pararse mucho en detalles que ralentizaran las obras por la situación de guerra que se vivía cuando se construyó.
El fuerte no albergaba en su interior más que una amplia dependencia (que bien puede tratarse de la antigua ermita, alrededor de la cual se construyó el fuerte, engulléndola) que ha debido sufrir diversas modificaciones a lo largo del tiempo. La primera de ellas debió ser la de cisterna, como demuestra la abertura practicada en la bóveda, típica toma de agua para los aljibes. Al quedar unido al castillo medieval pudo ser modificada para almacén o dependencias para la tropa. Si observamos la parte que hay tras los troncos, veremos una pequeña dependencia que, a la vista de los restos de muro que hay ante ella y bajo los troncos, debió dividir el aljibe, dando lugar posiblemente a un pañol de munición, cuyo acceso era por la abertura que se ve en la mitad de la escalera. En el muro de la izquierda, fuera de encuadre, hay una puerta que se abrió posiblemente cuando el hornabeque quedó unido al fuerte primitivo, lo que confirmaría que su uso cambió de aljibe a dependencia para la tropa, quedando así la parte del fondo, la más resguardada, como pañol. Por otro lado, esta nueva puerta servía además como acceso al fuerte, por lo que el patín perdió su utilidad. De hecho, el arranque del mismo fue derruído para dar cabida a una de las dependencias del patio de armas.
Ahí tenemos una vista del parapeto sur del fuerte. Esas aberturas en la banqueta, según me sugirió el técnico que nos acompañó en la visita, Sr. Faria, podrían ser para aprovisionamiento de agua. Observando su interior tenían el aspecto de una tinaja de dimensiones medianas, de quizás menos de un metro de profundas. No se apreciaban canalizaciones que pudieran llevar a ellas el agua de lluvia, que bien podían haber desaparecido con la restauración llevada a cabo. Sin embargo y tras observar la foto, se me ocurrió otro uso: ya que originariamente el interior del fuerte podría ser un aljibe, carecía de pañol. Por lo tanto, estos pequeños depósitos podrían ser repuestos de munición que, debidamente cubiertos, quedaban al abrigo de la intemperie. Es una conjetura mía, pero la creo viable. En fin, que cada cual se quede con la opción que prefiera.
Ahí tenemos una vista de la parte trasera de la antigua espadaña que hacía las veces de entrada al fuerte. Se aprecian tanto los soportes para el eje de las vigas, así como un rebaje semicircular entre los mismos para darle cabida. A la derecha vemos la entrada a la escalera de acceso al interior y, a la izquierda, la hipotética toma de agua. Como se puede ver, la restauración ha sido llevada a cabo sin usar materiales o elementos fuera de contexto, habiéndose revocado los muros con mortero de cal. Esperemos que en las fases que aún quedan por acometer no perpetren algo irreparable.
En esa imagen tenemos una panorámica de la plaza de armas del hornabeque. Se aprecian las dos rampas de acceso a los medios baluartes, así como una de las dependencias cuarteleras ubicadas en el mismo. La otra, que queda al otro lado del patio, por su ausencia de tabiques en el interior bien podrían haber sido el alojamiento para la tropa, estando las cuadras ubicadas en el exterior del recinto, tanto en cuanto un batallón cuenta con demasiados caballos como para alojarlos en un espacio tan reducido.
Como colofón, comentar que la fábrica del recinto es toda ella de un burdo mampuesto calicantado de pizarra salvo el cordón, que se hizo de ladrillo. Al parecer, no se esmeraron mucho ni en la elección de materiales ni en darle al conjunto la resistencia adecuada, lo que con el paso del tiempo se tradujo en un deterioro más rápido de lo habitual. Como foto de cierre dejo una de la puerta de entrada al recinto, practicada en el muro que se fabricó para cerrar el hornabeque y unirlo al pequeño fuerte original. Al fondo aparece la cortina oeste. Obsérvense los afloramientos rocosos que emergen del suelo, lo que dificultaría, como comenté al principio, cavar un foso. En cuanto a las cortinas, ya hablamos mañana.
Hale, he dicho...








2 comentarios:
ME parece una reconstrucción soberbia, desconocía tanto el fuerte como la remarcable intervención, de hecho viendo las fotos, tranquilamente podríamos creer que estamos en el siglo XVII, y eso ocurre en muy pocos arreglos, ahora me imagino que será un museo no?? vamos que tardé o temprano le buscarán alguna función que de pasta, en parte es comprensible, aunque lo critiques con inquina, pero siempre siendo lo mas respetuoso posible, y sin poner una maquina de coca cola en la puerta jep, que ya he visto en algún sitio, que sea viable economicamente significa que en el futuro su conservación y arreglo está garantizadas, de hecho no hay otra forma de que algo se cuide y mantenga. Por cierto los agujeros a mi me da que eran canalizaciones hacia el aljive..pero es una opinión muy peregrina, el pañol podría ser una divisoria en el aljibe como la que comentas, o una pequeña caseta al lado de las baterías, nunca esos agujeros, ahí no entra ni una bala y un puñado de polvora...
Actualmente solo se usa para la feria medieval. Aún quedan por culminar una o dos fases del proyecto de restauración, motivo por el cual está cerrado al público. El uso que se le dará, al parecer, aún no está claro. Esperemos que lo dejen como está, sin meter dentro el centro de interpretación de turno o alguna cagada similar.
Los "agujeros" contienen, como digo, unas tinajas dentro. Son recipientes. Caso de ser usados como repuestos de munición, serían solo para la pólvora, ya que las balas de cañón se depositaban junto a las piezas en sus respectivas chilleras. Los agujeros de marras tienen un diámetro aproximado de unos 40 cm., de sobra para meter saquetes de pólvora. La pólvora no podía ser almacenada en ninguna caseta exterior ya que un simple fragmento de metralla al rojo podía hacer volar el pañol y, con ello, arrasar todo el terraplén del fuerte.
Mi suposición acerca de la dependencia inferior, junto al supuesto aljibe, obedece a que ese era el verdadero pañol, donde se acumulaban quintales de pólvora de todo tipo y que, por razones obvias, había que mantener en el lugar más seguro que el recinto. De ese modo, los respuestos del terraplén eran para disponer de munición de forma inmediata, y la del pañol para ir reponiendo la que se gastaba en acciones de más duración.
Un saludo
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