lunes, 26 de marzo de 2012

Fuerte de São Sebastião, 3ª parte


Bueno, con esta entrada terminamos con todo lo referente a esta peculiar fortificación. En las anteriores se estudiaron la historia de la misma, el fuerte propiamente dicho y, en ésta, las dos cortinas que se mencionaron anteriormente y con las que se unió el fuerte con el castillo medieval. Veamos a foto de abajo:




Marcada en azul tenemos la denominada como Cortina de Lezírias, orientada hacia el este Arrancaba en el fuerte y terminaba en el baluarte A. La zona marcada en verde delimita el trazado de la Cortina de Santo António, que desapareció a raíz de la demolición de las puertas en 1864, tal como se comentó en la entrada anterior. En realidad, ambas cortinas eran una sola. Sus distintas denominaciones obedecen simplemente a que la de Lezírias terminaba junto a un estero del mismo nombre, hoy desaparecido, y la de Santo António a que en ella se abría la puerta del mismo nombre.En rojo tenemos la Cortina de São Sebastião, mirando al este. En morado tenemos la parte de la misma que, al igual que la anterior, fue demolida.

Como vemos, dichas cortinas disponían de cinco baluartes, a saber:

A: Baluarte da Bandeira o da Porta de Santo António (solo quedan restos)
B: Baluarte de Lezírias (en realidad, es el único baluarte, los demás son medios baluartes)
C: Baluarte de Cheio
D: Baluarte de Enterreiro
E: Baluarte de São Sebastião

La localización de las puertas se corresponde con el mismo lugar donde la carretera que cruza el pueblo coincide con el trazado de las cortinas. No hay constancia gráfica de su aspecto, pero al parecer disponían de puerta exterior e interior y casa del guarda. No hay referencias ni se aprecia en los planos de la época que hubiese foso ante ellas. Su defensa estaba encomendada al fuego de fusilería realizado desde las cortinas, y al fuego cruzado desde los baluartes da Bandeira y de São Sebastião con las bocas de fuego emplazadas en el castillo medieval.



La edificación de las cortinas modificó las posibilidades defensivas de parte del fuerte. Si observamos la foto de la izquierda, vemos en rojo que el ángulo de tiro de las piezas emplazadas hacia el norte y el este quedaba anulado, ya que quedaban dentro de la zona cerrada por las cortinas. Sólo tendrían utilidad en caso de ver el interior de la plaza invadido por el enemigo, a fin de repelerlo con fuego de artillería. Así pues, sólo quedaban operativas las bocas de fuego orientadas al oeste y al sur: las primeras batían de flanco el baluarte de Enterreiro, y las otras cubrían el estuario del Guadiana.



El municionamiento de los diferentes baluartes debía hacerse a mi modo de ver de la siguiente forma: por mera proximidad, los de São Sebastião, Enterreiro y Cheio deberían ser provistos desde el mismo fuerte. No hay restos de la existencia en sus cercanías de pañoles o repuestos, así que no sería extraño que se suministrasen del reducto principal. En cuanto a los otros dos, posiblemente del edificio que vemos a la derecha, marcado con un círculo negro en la foto cenital del detalle. El respiradero que se ve a la izquierda de la imagen es al parecer de un depósito de agua subterráneo que suministra a la ciudad. Quizás en épocas anteriores era usado precisamente como pañol, siendo su acceso el edificio que vemos en la foto.



En la imagen de la derecha tenemos una panorámica de la cortina de Lezírias. Como vemos, es un simple muro provisto de banqueta para fusileros. Ya se comentó en las entradas anteriores que la resistencia del conjunto no era precisamente de primera clase, sirviendo estas cortinas simplemente para cerrar el paso a tropas de a pie. Un ataque artillero lo demolería con pocos disparos a pesar de su relleno interior de tierra. A la derecha, en primer plano, vemos el terraplén del baluarte de Cheio. Al fondo, el de Lezírias y, en el horizonte, tras el Guadiana, Ayamonte, con la amenazadora presencia del hornabeque del Socorro en el extremo superior izquierdo de la imagen.



A la izquierda tenemos una vista exterior de la cortina de Lezírias, con el baluarte del mismo nombre a la izquierda, en una cota superior. A la derecha, fuera de encuadre, se encontraba el baluarte da Bandeira. El trazado de ambas cortinas se adaptaba al perfil del terreno, manteniendo en todo su recorrido una altura bastante uniforme. El cordón que se aprecia en la zona superior marca el nivel donde empezaba el parapeto.




Como conclusión, ahí dejo unas imágenes aéreas del conjunto fortificado en el que se aprecian tanto el fuerte como las cortinas y los baluartes que las defendían. La inferior corresponde al aspecto que tenía el recinto en 1994, antes de acometerse las obras que le devolvieron el aspecto que vemos en la primera foto.

Aunque, por desgracia, corren malos tiempos para Portugal, esperemos que en pocos años puedan acometer las reformas pendientes y que el fuerte sea finalmente abierto al público de forma permanente. En todo caso, dejo constancia de que se abre para servir de escenario a una magnífica feria medieval a finales de agosto, en la que más de 200 figurantes y recreacionistas representan durante los cuatro días que dura oficios medievales, torneos, banquetes, conciertos, demostraciones de cetrería, etc. Vamos, que merece la pena acercarse a verlo.

Hale, he dicho...






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