Hay ciertas cosas cuya contemplación, a la par de sorprenderme a pesar de lo vistas que las tengo, no dejan de causarme cierta ira contenida. Una de ellas es el ver músicos de nivel que han invertido años de sus vidas en la consecución del complicado arte de tañir instrumentos sin que suenen a motor gripado con arte y soltura. Quizás porque sea un músico frustrado, quizás porque valoro el esfuerzo, la cosa es que me arde la sangre.
Es descorazonador ver como en nuestra añeja Hispania, cuna de los mayores genios que ha conocido el mundo, se prima actualmente ser un malsín y un desaprovechado antes que un verdadero artista. Ojo, un ARTISTA, no esos que se autotitulan como tales y que viven del peloteo, la subvención y el carné del partido de turno, ya nos entendemos. Por otro lado, en una nación donde sobran políticos, trepas, correveidiles, pelotas, chupópteros, trincones, compadres y demás fauna sin otro oficio ni beneficio que ganar dineros a manta sin saber lo que es dar un palo al agua, estas preclaras injusticias me enervan aún más. Veamos algunos ejemplos...
Calle Sierpes, un domingo estival a media mañana. Como vemos por el aspecto pulcro tanto del violinista como de toda su impedimenta, no se trata del típico gitano con la cabra haciendo equilibrios. Mientras su compañero, un chelista, ordenaba sus chismes, el del violín deleitaba a los que eran capaces de ello con "El invierno", de "Las cuatro estaciones". Y ciertamente con bastante tino y acierto, las cosas como son. Debe ser abrumadoramente humillante tirarse años en el conservatorio para verse de músico callejero. Y no digo con ello que serlo sea indigno, sino que tiene cojones invertir en años de estudio para tener como público a la variopinta fauna paseante, que en un 99% ni te escucha por bien que toques o por mucho que te esfuerces, mientras que... "personas humanas" (por darles un nombre) como las que aparecen en ciertos canales televisivos ganan más de un millón de euros al año y cuyo mérito radica en haberse dejado preñar por un torero, o porque fulanita/o le ha puesto unos cuernos de tal envergadura que no cabrían ni por la puerta de una iglesia, o porque han salido del armario y se han liado con su cuñado, que también salió del armario en su momento. Indigna, ¿no? Prosigamos...
Arco de la Judería, barrio de Santa Cruz. Un marco incomparable en el que esta mocita deleitaba al eco con una pieza de guitarra clásica. En el cesto recoge-dádivas había solo una moneda de 50 céntimos, si bien ignoro si ya hizo arqueo provisional antes de pasar yo por allí. En todo caso, ¿cuánto gana uno de los múltiples parásitos que, como ávidas sanguijuelas sangran a nuestra sociedad por, simplemente, no hacer absolutamente nada en el mejor de los casos? Esta criatura, al menos, le daba una ambientación musical extremadamente deleitosa a tan peculiar entorno. Estaba tan concentrada en lo suyo que, cuando eché en el cesto la calderilla que llevaba encima, ni me miró, de lo cual me alegro en grado sumo porque, debo reconocerlo, me daba vergüenza premiarla con semejante birria de óbolo. Veamos uno más...
Plantado ante el egregio alcázar hispalense, éste no solo tocaba, sino que incluso cantaba. La foto la tomé de lejos, así que no sé de qué iba la cosa, aunque supongo por su aspecto que sería de la variedad canto-autor, si bien no puedo asegurarlo. Al igual que los anteriores, aspecto pulcro, buenos instrumentos, etc. A esa hora debían caer a plomo sus buenos 30º, como corresponde al injusto y maltratador clima estival sevillano. Mientras los viandantes apretaban el paso en busca del bareto de turno para aplacar la sed con una Cruzcampo gélida, el de la guitarra seguía dale que te pego, apurando el tiempo para hacer caja hasta que el implacable sol de la Andalucía dejase las calles más desiertas que el cerebro de un político.
En fin, dilectos lectores, así son las cosas. Moraleja: Si quieres medrar y llegar lejos, no seas necio y hazte cuñado o compadre de quienes ya sabemos. Amén y tal.
Hale, he dicho...



6 comentarios:
Vivir del arte no es fácil y algunos decidimos un buen día ( o malo, seguramente) que había que ser pragmática. Lejos quedó el piano que nunca tuve o la guitarra que tocaba como diestra siendo siniestra( casi todo está hecho para diestros) con lo que el acompañamiento solapaba a la melodía. Incluso el chelo, que parecía ser mi aliado entre mis piernas, cuando descubrí que después de los treinta con tres horas diarias duelen demasiado las articulaciones. Después de aquellas experiencias, nos dedicamos a lo "practicum". Aunque sigue siendo cierto que muchas veces, más de cuatro veces, me gustaría reencarnarme en esa chica: sin familia, sin cargas y casi sin mochila, que disfruta de Scarlatti y Soler con su reposapiés, sin público y viviendo como cree que debe vivir.Vaya por ella, que tuvo los ovarios de hacer del arte su vida
Querida mía, por desgracia el dinero es algo vil e inmundo, pero asquerosamente necesario. Al cabo, despliega su arte a cambio de unas monedas porque la pútrida sociedad en la que vivimos no sabe apreciar el arte.
El arte, para muchos no significa nada, están vacíos, como parte de nuestra sociedad, que en los momentos que vivimos estamos mas interesados en la maloliente basura televisiva, que en intentar acabar con la gentuza que nos ha arruinado.
El arte se convierte en la satisfacción personal de mucha gente, mirados como bichos raros, por otros tantos. Vivir del arte tiene que ser muy difícil, y lo es, pero los que nos gusta crear, lo que sea, y nos satisface, somos un poco mas felices, aunque no se valore y se nos ignore.
Por lo menos en la calle esos músicos, que amenizan nuestros quehaceres diarios, intentan ganarse un pedazo de pan... y los demás que hacemos, esperar que nos echen una moneda porque sí, me caliento lo dejo....
Salud
Lo preocupante, dilecto contertulio, es precisamente lo que bien apunta vuecé: que la sociedad se recrea más en la basura de cualquier tipo que en las cosas que engrandecen el alma humana. El regodeo en la inmundicia es un síntoma que denota de forma implacable el nivel de estulticia y aborregamiento al que se ha llegado. Sólo el hecho de que haya canales televisivos que durante las 24 horas del día machaquen al personal con patéticos anuncios de teletienda o con "augures" que echan las cartas, y que encima dichos canales sean rentables, habla por sí solo.
Que un/a caradura con ínfulas de Oráculo de Delfos gane dinero con semejante soplapollez y que un sujeto con la carrera de piano (10 años si mal no recuerdo, más los 3 de solfeo)tenga que malvivir poco menos que mendigando por su arte en la calle es algo tan nauseabundo y surrealista que a uno le acometen ciertas ideas que ni me atrevo a mencionar. Y no precisamente contra el vivillo de turno, que al fin y al cabo se busca la vida como sabe o puede, sino contra la pútrida sociedad que se lo permite.
Un saludo y agradecido por el comentario
Al menos un músico puede ganarse unas monedas con su arte. Y aún hay quien se pare y lo aprecie... Pero esto ocurre y de una forma mucho más silenciosa con otros intelectuales y artistas.
Cuantos buenos escritores, sencillamente nunca ven la luz porque lo que hacen no son bestseller. Y algunos de ellos, para vivir de lo que gustan hacer, pues han de venderse, escribiendo para las editoriales lo que estas demandan, pero sin figurar nunca como autores, reemplazados por algún famoso, político o inútil que en realidad no sabe hacer la O con un canuto.
Y por rematar la diatriba, mencionar también a los investigadores científicos. Años de preparación y esfuerzo que se van a otros países porque aquí no sólo no se los valora, si no que la administración les trata poco menos que como sanguijuelas... O directamente, abandonan la carrera científica y acaban trabajando de algo que a ser posible tenga mayor estabilidad y mejor remuneración que la ciencia, como barrendero o camarero. Y que conste que no pretendo hacer desprecio a camareros y barrenderos, si no simplemente poner en contexto cosas que pasan así literalmente.
Absolutamente cierto y lleno de razón, dilecto contertulio. Al hilo de su acertado comentario, le narraré brevemente una noticia que me llamó la atención hará unos años:
Un científico hispano había inventado un tejido camaleónico. O sea, se volvía del color de su entorno como esos inquietantes animalitos. Sus aplicaciones militares son de un valor más que evidente, pero aquí nadie le hizo puñetero caso. La noticia concretaba que, tras vanos intentos por colocar su invento en empresas españolas sin que le prestaran la más mínima atención, nada menos que la NASA se interesó en el mismo, poniéndole en la mano un cheque en blanco por la patente y una invitación para que se largase de la ingrata España y se fuese a trabajar con ellos. Está de más decir que el científico en cuestión tardó en aceptar y liar el petate el tiempo justo de hacerle al personal dos higas, por imbéciles, y vernos así privados de un privilegiado cerebro. Igual dentro de un tiempo nos vemos comprando dicho tejido a los americanos, o pagando el derecho a fabricarlo a precio de oro cuando podría haber sido al revés. En fin, casos como este los hay a cientos, si no a miles quizás. Así nos luce el pelo.
Un saludo y gracias por su comentario
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