Más de una vez y más de dos nos vemos con que una determinada foto nos la joroba la inesperada aparición de un elemento ajeno al encuadre: vehículos, tíos paliza que parece que están deseando ver a alguien enfocando para ponerse en medio, la vieja que no se quita de delante del monumento chulísimo de la muerte, etc. En casos así, podemos esperar a que la vieja se largue o incluso se muera ya que el monumento no se moverá del sitio, salvo que deseemos una toma con una determinada luz que apenas durará unos minutos. Pero el verdadero problema se presenta cuando el motivo de la foto es irrepetible: el nene haciendo una monada, el cuñado que se acaba de dar una costalada o, como el caso que presento, un tranvía tela de chulo al que, por razones obvias, sólo podía hacerle una foto porque no se iba a detener solo para mí. Hela aquí:
Como se puede ver, en el preciso instante en que disparé la cámara un coche pasó por delante, jorobándome bonitamente la foto. Podría recortarla y arreglar el trocito que quedase blanco, pero eso sería lo fácil y lo fácil me aburre sobremanera. Así pues, hubo que repararla. No es difícil. Veamos como...
Ahí tenemos el primer paso. Tras duplicar la capa fondo, se ha pintado la zona afectada de un gris similar al del asfalto. ¿Por qué? Pues porque, como ya sabrán los que suelen manejar el Photoshop, la herramienta de parche tiende a igualar el color sobre el que se coloca el mismo, con lo que saldría un borrón blancuzco. Una vez pintada la zona a retocar, vamos parcheando aprovechando la parte en buen estado hasta cubrirla enteramente.
Siguiente paso: los raíles. El tramo que falta en el lado izquierdo de la foto se tomó seleccionando un trozo del mismo, copiando y pegando donde nos interesa. Para el del lado derecho, la misma operación pero con una selección más larga. El resultado es este:
Ojo, tenemos que adecuar la perspectiva de los raíles, que lógicamente se ensanchan cuanto más cerca están. Para ello, basta con seleccionar la capa donde están, pulsar Ctrl + T y darle a la opción perspectiva para obtener el resultado apetecido. Como vemos, se notan los cortes y las diferencias de tonalidad, así que el siguiente paso consistirá en igualarlo todo:
Como vemos en la foto superior, ya no se nota nada. Se han clonado los bordes de los raíles con el asfalto y se han difuminado un poco los bordes para que no resulte muy artificial. Para completar la cosa, se ha manchado el suelo con la herramienta de subexponer, simulando así las manchas de pringue de los tranvías. En teoría, el retoque ya está concluido salvo que queramos añadir algún efecto más, como es el caso. En esta ocasión, para realzar los tonos del tranvía se ha aplicado un filtro de Topaz para, a continuación, aplicar un filtro de paso alto en modo de fusión luz suave para destacar determinadas partes, tales como los retrovisores, el trole, el vehículo que sigue al tranvía y la cornisa del edificio. Y quedó así:
¿A que mola? Pues ya saben vuecedes: de tirar fotos, nada. Salvo que esté verdaderamente hecha una porquería, movida, o porque el cuñado nos haya estampado la cámara en la jeta en venganza, raro será que, con un poco de paciencia, no podamos restaurar esa fotillo chula que se nos fastidió por culpa de terceros.
Debemos tener siempre presente que los programas de retoque no solo valen para mejorar las fotos sino, como hemos visto, para recuperar imágenes que, de otro modo, irían a la papelera de reciclaje. No son trabajos complejos, y cualquier aficionado con un mínimo de conocimiento del programa puede hacer frente de forma exitosa a fotos así. Sólo hay que estudiarla un poco, analizar como podemos solucionar el problema y, sin miedo ninguno, acometer la empresa. Total, si la foto ya estaba jodida, da lo mismo intentarlo, ¿no?
Hale, he dicho...





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