miércoles, 19 de septiembre de 2012

Panorámicas McGyver


Las llamo así por el personaje de la serie televisiva aquella que con una caja de cerillas, un chicle usado y una bombilla fundida te fabricaba un botijo a pedales. Los aficionados a las panorámicas saben que sin el trípode es complicadillo sacar las tres, cuatro e incluso hasta seis fotos necesarias para abarcar todo el espacio necesario. Por ejemplo, esta foto de la desembocadura del Lima, en Viana do Castelo, precisó de cinco tomas. Salvo que uno se convierta en una estatua de sal es ardua empresa sacarlas sin moverse:




La foto, en su resolución original, tendría 189,55 cm. de largo. Sin embargo, hay veces en que nos hemos dejado el maldito trípode en casa o, simplemente, no se nos ocurrió en ese momento hacer la vista panorámica de turno. Como yo suelo tener a veces la cabeza en catorce sitios a la vez, menos donde debo, pues me pasa a veces, para que negarlo. Así pues, hay que recurrir al ingenio cuando nos vemos en semejante brete y, si hemos tenido la suerte de sacar vistas aprovechables para este fin, hacernos una panorámica McGyver de marras. O sea, recurriendo a lo que tenemos disponible. Veamos un ejemplo:

Ahí tenemos dos fotos del castillo de Valongo. Dar con el sitio me costó dos crisis de ansiedad, cuatro berrinches, 3 litros de gasofa extra dando vueltas y decenas de juramentos y maldiciones. O sea, que mi estado de ánimo no era precisamente el adecuado cuando llegué al lugar para ponerme a estudiar encuadres y, además, se nos echaba la noche encima y estábamos en la gran puñeta. Total, saqué las fotos aprisa y corriendo y me largué a toda pastilla, que no era plan de verme en aquel descampado de noche y sin ver un pijo. Ya de vuelta, lógicamente, me arrepentí de no haber sacado la panorámica de marras así que, bicheando entre el material disponible, vi estas dos:





La ventana que aparece con el fondo blanco nos servirá de referencia para hacernos una idea. Así, podemos ver que la foto de la derecha es la continuación de la fachada del lado derecho de la primera foto. Se ve claro, ¿no? Ambas imágenes tienen la misma resolución, o sea, son del mismo tamaño y, encima, la deformación producida por el angular del objetivo de la foto izquierda hace que las dos fotos tengan una apariencia distinta. Y por otro lado, se ve claramente que el tono es diferente en ambas debido a la diferencia de exposición y de luz ambiente, de forma que la foto izquierda es más cálida y la otra más fría.

Pero si quería la panorámica solo tenía dos opciones: volver a Valongo, cosa que se me antojaba un tanto irritante, o buscarme la vida con las dos fotos. Obviamente, recurrí a la segunda. El proceso es más fácil de lo que pueda parecer:

1: Sobre un fondo en blanco colocamos ambas fotos, cada una en una capa diferente.
2: Achicamos la de la derecha que, lógicamente, casaría en la de la izquierda pero a un tamaño menor por quedar más alejada en la perspectiva general. Para ello pulsamos Ctrl + T y la ponemos a una escala lo más aproximada posible.
3: Nuevamente pulsamos Ctrl + T y elejimos la opción deformar, a fin de adecuar el ángulo del edificio al que correspondería en la toma principal, que en este caso es la de la izquierda.
4: Una vez casadas ambas imágenes, tenemos que hacer algunas cosillas, a saber:

a) Igualar color con la herramienta adecuada: Ajustes > Igualar color, tomando como base la foto principal en este caso.
b) Trabajar los niveles, tono, etc. hasta que ambas imágenes queden iguales.
c) Un repasillo final con el tampón de clonar o el pincel corrector en la zona donde ambas se unen para ocultar dicha unión.
d) Repasar el suelo para igualarlo, así como el cielo si procede. En este caso, como es bastante sosito, opté por eliminarlo y plantarle un cielo de mi colección de cielos molones.

5: Unir todas las capas resultantes y sanseacabó. Yo, concretamente, la completé con un falso HDR a fin de darle un aspecto más inquietante y resaltar la textura de la piedra. El cielo fue añadido después de completar el proceso, ya que los HDR producen mucho ruido y no me gusta mucho ver un cielo ruidoso en extremo. He aquí el resultado final:




Nadie diría que se trata de dos fotos distintas, ¿verdad? Bueno, pues este truquillo facilón nos puede resolver alguna que otra papeleta, así que echad mano del baúl de los recuerdos y probad a ver que tal os sale. Ah, una observación respecto a los cielos falsos: mucho ojo con el tema de la luz, ya que deberemos hacer coincidir las zonas iluminadas de la foto original con la del cielo. De lo contrario quedaría un tanto irreal, ¿no? En esa imagen en concreto, el cielo falso fue volteado horizontalmente para este fin, de forma que coincidiese con la posición del sol en aquel momento. Si veis las fotos anteriores, observad que en la de la izquierda tenemos más luz en la zona izquierda de la imagen, mientras que en la derecha se ve el cielo más oscuro por el ocaso.

Una cosilla más para los curiosos: la unión de ambas fotos está a la altura de la segunda almena empezando por la derecha. Y que a ninguno se le ocurra decir que se nota porque, antes de dar por concluido el trabajo, aumenté la imagen un 300% sobre una resolución de 9 megas y ni yo, que sabía donde estaba el corte, pude detectarlo. O sea, que me quedó cojonuda.

Hale, he dicho...

2 comentarios:

Austrohúngaro dijo...

Buen trabajo, Señor Amo del Castillo. Como aficionado a la fotografía y usuario desde hace muchos años de Photoshop, me gusta esta vertiente de su blog.

Saludos.

Amo del castillo dijo...

Es que como la musa no vuelve, y por otro lado ya había más de trescientas entradas de medioevo, pues por variar un poco.

Agradecido quedo, Sr. Austrohúngaro