lunes, 19 de noviembre de 2012

Una de abandonos



Jurovos, dilectos blogueros, que los lunes son absolutamente abominables. Tanto cuerpo como espíritu adolecen una especie de jetlag findesemanero que me deja más mohíno que un pavo escuchando una zambomba. Una indolencia cerebral masiva, un colapso neuronal galopante, una pereza supina es lo que me abruma los lunes, el día de la Luna, el primer día de la semana cristiana. Si fuera judío protestaría los domingos. Si fuera moro, los sábados. Pero como soy cristiano protesto los lunes, qué carajo. Y digo yo que si Dios Nuestro Señor acabó molido tras crear el universo y el domingo se tiró a la bartola, fijo que el lunes siguiente estaría en un estado similar.

Dicho esto y como estoy al borde del derrumbamiento total, cuasi lloroso y mustio como un tiesto de geranios en mitad del Sáhara, pues ahí dejo algunas fotillos de abandonos varios, cosecha de estos días atrás que, dicho sea de paso, tampoco han dado ocasión para mucho divertimento a causa de la lluvia.

He ahí pues los abandonos mentados, escombros pútridos que cobijan alacranes, serpientes y demás sabandijas en sus recovecos, osamentas de edificios que conocieron tiempos mejores, armazones vacíos, llenos sólo de aire húmedo y maloliente, sin alma, sin calor humano. Esos pozos que antaño rebosaron agua y hoy contienen tierra o la espantosa niña esa que sale en "The Ring". Acojona, ¿no?
































Hale, he dicho...



6 comentarios:

Axil dijo...

Hay pocas cosas tan tristes, y a la vez tan inspiradoras, como los edificios abandonados que una vez fueron ejemplo de la más elaborada arquitectura. Tus ultimas entradas al respecto son la leche, a uno se le caen las lágrimas viendo cómo se deja descomponer lo que debiera ser un museo de la historia.

(Y, por cierto, al octavo día, Dios se encontró con un montón de piezas que habían sobrado)

Amo del castillo dijo...

Cierto es, Sr. Axil, que estos fantasmas arquitectónicos no merecían acabar así. Todo es finito, incluidos nosotros, que vemos como nuestra arquitectura se va deteriorando de forma inexorable hasta la consunción. Es así de irritante, pero es lo que hay.

En lo tocante a lo del octavo día, coligo que a Dios le sobraron los políticos y los banqueros, pero nos los dejó como castigo por nuestros pecados y tal. Quizás deberíamos orar por la extinción de ambos especímenes.

Un saludo y gracias por su comentario

Déjame que te cuente dijo...

Los sitios abandonados tienen su encanto; parece como si nos hablasen de otras vidas...

Amo del castillo dijo...

Cierto es, ¡oh, dilecta mía!. Los abandonos siempre inducen a pensar en la vida que llenaba el lugar hasta que un día se extinguió. Son como fantasmas materiales de un pasado ignoto.

Déjame que te cuente dijo...

Ya no soy dilecta...mi nuevo avatar, como podrás comprobar en tus seguidores, es "croqueta"..esto me recuerda a uno que dijo"Yo no soy icho, soy mamoncete"...

Amo del castillo dijo...

Déjame de croquetas. Eres dilecta, y no me discutas que no estoy hoy para dilemas semánticos, leñe...