martes, 13 de marzo de 2012

Cómo veo el mundo IV

Siempre me he preguntado qué tienen los ojos humanos para reflejar el estado de ánimo, independientemente de lo que muestren nuestras facciones. Cierto es que el gesto suele acompañar a la mirada. Si nos domina la cólera, nuestros rasgos se endurecen: fruncimos el ceño, apretamos la boca, y nuestra mirada denota que nos posee la furia. Si reímos, nuestras facciones se distienden, elevamos las cejas y rasgamos los párpados. En fin, tenemos toda una colección de gestos que muestran en todo momento lo que pasa por el cerebro.

Pero de todo ese amplio surtido, quizás el más sobrecogedor es el de la tristeza. Y, lo más curioso, es que nuestra mirada puede ser triste aunque aparentemente no lo estemos. Fijaos en esa mocita de la foto...





Su rostro está relajado. Ni su boca ni el ceño están tensos y contraídos, como cuando nos enfadamos o lloramos. Sin embargo, su mirada perdida denota una infinita tristeza. No era una pose. La chica en cuestión estaba apalancada contra el dintel de la puerta de una iglesia, pidiendo limosna a nadie, porque la plazoleta donde se encontraba estaba prácticamente vacía un domingo temprano, cuando la gente aún se está quitando las telarañas de la dormidera sabatina. Y yo estaba lejos, sentado en un velador tomando un café indigno de tal nombre, pero a la caza y captura del gesto de la chavala aquella. Para despistar aún más mi actitud, dejé la cámara encima de la mesa, enfocándola a través de la pantalla en vez de por el visor.

Como esas pantallas son más bien pequeñajas, no pude ver el resultado hasta que llegué a mi cueva y volqué las fotos en el ordenador. Cuando vi el resultado, debo reconocerlo, me estremeció sobremanera ver de cerca el rostro de aquella criatura o, mejor dicho, su mirada.





Alguno igual me tacha de sensiblero (que no lo soy precisamente), pero puedo asegurar que me pasé un rato largo contemplando esas dos fotos, las únicas válidas de todas las que le hice (lo cual es normal cuando te dedicas a robar rotros sin querer llamar la atención al objeto de tu interés). Mira que llevo vista a gente triste a lo largo de mi vida pero, sin embargo, nunca antes había visto una mirada de tristeza tan intensa como la que emergía de los ojos oscuros de esa chica. De ahí mi cuestión inicial: ¿qué tienen los ojos para expresar tanto?



Si le tapamos la cara y dejamos solo la mirada, esa expresión seguirá vigente. Sus ojos son los que hablan, no su rostro. ¿Qué tienen esas dos bolas acuosas con un circulito de color marrón, o azul, o del color que sea, para exteriorizar de forma tan contundente el estado de nuestro espíritu? ¿Qué hilo conductor hay desde el alma a las bolas acuosas para reflejar claramente nuestras penas o alegrías? Si alguien lo sabe, sírvase informarme, porque es algo a lo que nunca he sabido dar explicación.


Hale, he dicho...