miércoles, 11 de abril de 2012

Cine histórico: El señor de la guerra



No, no tiene nada que ver con la cinta homónima protagonizada por Nicolas Cage, ni va de traficante de armas carentes de valores éticos y morales. Esta película, dirigida en 1965 por Franklin Schaffner, es de las que cualquier aficionado a los temas medievales puede ver decenas de veces sin necesidad de recurrir a las consabidas palomitas para compensar el tedio. Y lo mejor de todo es que, a pesar de ser una película con casi 50 años a cuestas, pocos fallos se le pueden sacar, y más teniendo en cuenta la inveterada manía de los productores de Hollywood por falsear y tergiversar la historia.

Aunque en este caso no hablamos de una película puramente histórica, ya que está basada en una novela de Leslie Stevens titulada "Los amantes", su ambientación y atrezzo son de lo más cuidados, y sus escenas bélicas tan vívidas que, al parecer, el rodaje estuvo a punto de suspenderse por considerarse la película demasiado violenta para la época. Se terminó gracias al empeño que puso en ello su protagonista, Charlton Heston, el cual da vida a un señor feudal vasallo del duque de Normandía llamado Chrysagon de la Cruz, el cual es enviado a una remota aldea en Inglaterra para defenderla de los constantes saqueos a que los malvados frisones someten a las costas de la brumosa Albión. No voy a contar nada del argumento, que no es plan de reventar la peli al personal. Pero insisto en que merece la pena verla y deleitarse largo y tendido con ella. Veamos algunos detallitos que la hacen especialmente sabrosa, así como algún gazapillo tonto, que también los tiene...


El primero es cuando, al comienzo, una voz en off hace referencia al duque "de Gante". En realidad, a quien se refiere es a Guillermo, duque de Normandía y conquistador de Inglaterra tras la jornada de Hastings en 1066. De hecho, en toda la película no se menciona para nada el nombre del ducado. Solo se refieren a su señor como "el duque".


En lo tocante al atrezzo, cualquiera juraría que se basaron de cabo a rabo en el Tapiz de Bayeux. Basta echar un vistazo al fotograma de la izquierda y al fragmento del tapiz mostrado a la derecha. 






Todo el armamento que aparece en la película está fielmente reflejado conforme al usado en la época: lanzas, hachas, escudos de cometa para los normandos y rodelas para los frisones, yelmos cónicos, lórigas y perpuntes, e incluso el garrote que blande el fiel Bors, idéntico al que usa el duque Guillermo en el tapiz de marras. Sólo aparece un anacronismo al que supongo echaron mano más que nada por lo espectacular: el mangual que en la batallita inicial voltea el aguerrido Chrysagon para darle estopa al rey frisón. Por otro lado, calza guantes que, en aquellos tiempos, aún no formaban parte del atuendo militar (ni civil, por supuesto) habitual.


Ahí tenemos la torre que sirve de defensa y vivienda al señor feudal. No he podido averiguar si el exterior es un decorado o si se trata de una torre real. En todo caso, se corresponde con las torres románicas de la época, aisladas mediante un foso o, como en este caso, aprovechando un curso de agua para mejor defensa de la misma. Es algo similar a lo que ya se estudió en la entrada referente a las motas castrales. En cuanto a la recreación del interior, no puede estar más lograda: la torre es húmeda, gélida, triste, lóbrega, y no cometieron el error de ponerle ventanas de cristal. En aquellos tiempos, para impedir la entrada del frío o el aire, se solía usar al parecer pergamino.






Un detalle curioso es el de los cortes de pelo. En las películas de aquella época ambientadas en el medioevo se recurría por norma a la melenita más o menos relamida. Sin embargo, en esta cinta se preocuparon hasta de ese detalle a fin de darle más verosimilitud a la ambientación. Hay cierta controversia sobre el corte de pelo de moda entre los normandos del siglo XI-XII. Veamos las fotos de abajo: en la superior izquierda tenemos al protagonista con un corte a la taza, muy de moda en el siglo XIV como vemos en el retrato inferior, perteneciente a Juan Sin Miedo, duque de Normandía. En el dibujo inferior derecho tenemos el que se considera al uso en la época que nos ocupa: toda la parte trasera de la cabeza iba afeitada o rapada, dejando pelo solo en la delantera. Pero si nos fijamos en ese detalle del Tapiz de Bayeux, vemos que el guerrero que aparece dentro del círculo rojo lleva la cabeza pelada de esa forma. Sin embargo, los que están dentro de círculos azules lo llevan como aparece en la película. Cabe pues pensar que ambos cortes de pelo eran habituales. En cualquier caso, es bastante meritorio que reparasen hasta en ese detalle que, por lo general, suele ser obviado en el cine. Por cierto que, como vemos en la foto superior derecha, en la que aparece Charlton Heston durante el rodaje con su hija, en realidad se usó una peluca para simular el peinado de marras.




Tampoco se quedaron atrás en lo tocante a los caballos. Observemos la silla de arzón alto que usa uno de los hombres de armas normandos en la película, y la comparamos con las que aparecen a la izquierda, pertenecientes al Tapiz de Bayeux. Son idénticas. Incluso el vestuario civil de los personajes coincide con el de esa época.




E incluso podemos ver máquinas de asedio bastante bien logradas: un ariete con su tortuga forrada de pieles crudas, una rudimentaria pero eficaz bastida con su sambuca, que podemos ver a la derecha...




Y hasta una mangana que funciona estupendamente...




¿Un error tonto? Pues el que vemos en la foto inferior: las lórigas que visten los normandos están fabricadas en dos mitades, trasera y delantera, unidas mediante correas. Lo correcto, como es de todos sabido, es que fueran de una sola pieza. Sin embargo, aciertan de pleno cuando se golpean los escudos en la batalla y no suenan a metal, ya que están fabricados como en la época, con madera. Es muy habitual en las pelis medievales que te los pongan metálicos.




En fin, echen vuecedes mano a la mula o se la buscan por donde sea, porque jurovos que os solazareis, disfrutareis y os regodeareis de lo lindo con este peliculón. Vergüenza debería darle a los productores actuales, con muchos más medios, cometer las cagadas que cometen y que una película con 47 años encima les eche la pata con creces.


Hale, he dicho...