miércoles, 19 de septiembre de 2012

Bricolaje fotográfico


Más de una vez y más de dos nos vemos con que una determinada foto nos la joroba la inesperada aparición de un elemento ajeno al encuadre: vehículos, tíos paliza que parece que están deseando ver a alguien enfocando para ponerse en medio, la vieja que no se quita de delante del monumento chulísimo de la muerte, etc. En casos así, podemos esperar a que la vieja se largue o incluso se muera ya que el monumento no se moverá del sitio, salvo que deseemos una toma con una determinada luz que apenas durará unos minutos. Pero el verdadero problema se presenta cuando el motivo de la foto es irrepetible: el nene haciendo una monada, el cuñado que se acaba de dar una costalada o, como el caso que presento, un tranvía tela de chulo al que, por razones obvias, sólo podía hacerle una foto porque no se iba a detener solo para mí. Hela aquí:





Como se puede ver, en el preciso instante en que disparé la cámara un coche pasó por delante, jorobándome bonitamente la foto. Podría recortarla y arreglar el trocito que quedase blanco, pero eso sería lo fácil y lo fácil me aburre sobremanera. Así pues, hubo que repararla. No es difícil. Veamos como...

Ahí tenemos el primer paso. Tras duplicar la capa fondo, se ha pintado la zona afectada de un gris similar al del asfalto. ¿Por qué? Pues porque, como ya sabrán los que suelen manejar el Photoshop, la herramienta de parche tiende a igualar el color sobre el que se coloca el mismo, con lo que saldría un borrón blancuzco. Una vez pintada la zona a retocar, vamos parcheando aprovechando la parte en buen estado hasta cubrirla enteramente. 




Siguiente paso: los raíles. El tramo que falta en el lado izquierdo de la foto se tomó seleccionando un trozo del mismo, copiando y pegando donde nos interesa. Para el del lado derecho, la misma operación pero con una selección más larga. El resultado es este:




Ojo, tenemos que adecuar la perspectiva de los raíles, que lógicamente se ensanchan cuanto más cerca están. Para ello, basta con seleccionar la capa donde están, pulsar Ctrl + T y darle a la opción perspectiva para obtener el resultado apetecido. Como vemos, se notan los cortes y las diferencias de tonalidad, así que el siguiente paso consistirá en igualarlo todo:




Como vemos en la foto superior, ya no se nota nada. Se han clonado los bordes de los raíles con el asfalto y se han difuminado un poco los bordes para que no resulte muy artificial. Para completar la cosa, se ha manchado el suelo con la herramienta de subexponer, simulando así las manchas de pringue de los tranvías. En teoría, el retoque ya está concluido salvo que queramos añadir algún efecto más, como es el caso. En esta ocasión, para realzar los tonos del tranvía se ha aplicado un filtro de Topaz para, a continuación, aplicar un filtro de paso alto en modo de fusión luz suave para destacar determinadas partes, tales como los retrovisores, el trole, el vehículo que sigue al tranvía y la cornisa del edificio. Y quedó así:




¿A que mola? Pues ya saben vuecedes: de tirar fotos, nada. Salvo que esté verdaderamente hecha una porquería, movida, o porque el cuñado nos haya estampado la cámara en la jeta en venganza, raro será que, con un poco de paciencia, no podamos restaurar esa fotillo chula que se nos fastidió por culpa de terceros. 

Debemos tener siempre presente que los programas de retoque no solo valen para mejorar las fotos sino, como hemos visto, para recuperar imágenes que, de otro modo, irían a la papelera de reciclaje. No son trabajos complejos, y cualquier aficionado con un mínimo de conocimiento del programa puede hacer frente de forma exitosa a fotos así. Sólo hay que estudiarla un poco, analizar como podemos solucionar el problema y, sin miedo ninguno, acometer la empresa. Total, si la foto ya estaba jodida, da lo mismo intentarlo, ¿no?

Hale, he dicho...

Panorámicas McGyver


Las llamo así por el personaje de la serie televisiva aquella que con una caja de cerillas, un chicle usado y una bombilla fundida te fabricaba un botijo a pedales. Los aficionados a las panorámicas saben que sin el trípode es complicadillo sacar las tres, cuatro e incluso hasta seis fotos necesarias para abarcar todo el espacio necesario. Por ejemplo, esta foto de la desembocadura del Lima, en Viana do Castelo, precisó de cinco tomas. Salvo que uno se convierta en una estatua de sal es ardua empresa sacarlas sin moverse:




La foto, en su resolución original, tendría 189,55 cm. de largo. Sin embargo, hay veces en que nos hemos dejado el maldito trípode en casa o, simplemente, no se nos ocurrió en ese momento hacer la vista panorámica de turno. Como yo suelo tener a veces la cabeza en catorce sitios a la vez, menos donde debo, pues me pasa a veces, para que negarlo. Así pues, hay que recurrir al ingenio cuando nos vemos en semejante brete y, si hemos tenido la suerte de sacar vistas aprovechables para este fin, hacernos una panorámica McGyver de marras. O sea, recurriendo a lo que tenemos disponible. Veamos un ejemplo:

Ahí tenemos dos fotos del castillo de Valongo. Dar con el sitio me costó dos crisis de ansiedad, cuatro berrinches, 3 litros de gasofa extra dando vueltas y decenas de juramentos y maldiciones. O sea, que mi estado de ánimo no era precisamente el adecuado cuando llegué al lugar para ponerme a estudiar encuadres y, además, se nos echaba la noche encima y estábamos en la gran puñeta. Total, saqué las fotos aprisa y corriendo y me largué a toda pastilla, que no era plan de verme en aquel descampado de noche y sin ver un pijo. Ya de vuelta, lógicamente, me arrepentí de no haber sacado la panorámica de marras así que, bicheando entre el material disponible, vi estas dos:





La ventana que aparece con el fondo blanco nos servirá de referencia para hacernos una idea. Así, podemos ver que la foto de la derecha es la continuación de la fachada del lado derecho de la primera foto. Se ve claro, ¿no? Ambas imágenes tienen la misma resolución, o sea, son del mismo tamaño y, encima, la deformación producida por el angular del objetivo de la foto izquierda hace que las dos fotos tengan una apariencia distinta. Y por otro lado, se ve claramente que el tono es diferente en ambas debido a la diferencia de exposición y de luz ambiente, de forma que la foto izquierda es más cálida y la otra más fría.

Pero si quería la panorámica solo tenía dos opciones: volver a Valongo, cosa que se me antojaba un tanto irritante, o buscarme la vida con las dos fotos. Obviamente, recurrí a la segunda. El proceso es más fácil de lo que pueda parecer:

1: Sobre un fondo en blanco colocamos ambas fotos, cada una en una capa diferente.
2: Achicamos la de la derecha que, lógicamente, casaría en la de la izquierda pero a un tamaño menor por quedar más alejada en la perspectiva general. Para ello pulsamos Ctrl + T y la ponemos a una escala lo más aproximada posible.
3: Nuevamente pulsamos Ctrl + T y elejimos la opción deformar, a fin de adecuar el ángulo del edificio al que correspondería en la toma principal, que en este caso es la de la izquierda.
4: Una vez casadas ambas imágenes, tenemos que hacer algunas cosillas, a saber:

a) Igualar color con la herramienta adecuada: Ajustes > Igualar color, tomando como base la foto principal en este caso.
b) Trabajar los niveles, tono, etc. hasta que ambas imágenes queden iguales.
c) Un repasillo final con el tampón de clonar o el pincel corrector en la zona donde ambas se unen para ocultar dicha unión.
d) Repasar el suelo para igualarlo, así como el cielo si procede. En este caso, como es bastante sosito, opté por eliminarlo y plantarle un cielo de mi colección de cielos molones.

5: Unir todas las capas resultantes y sanseacabó. Yo, concretamente, la completé con un falso HDR a fin de darle un aspecto más inquietante y resaltar la textura de la piedra. El cielo fue añadido después de completar el proceso, ya que los HDR producen mucho ruido y no me gusta mucho ver un cielo ruidoso en extremo. He aquí el resultado final:




Nadie diría que se trata de dos fotos distintas, ¿verdad? Bueno, pues este truquillo facilón nos puede resolver alguna que otra papeleta, así que echad mano del baúl de los recuerdos y probad a ver que tal os sale. Ah, una observación respecto a los cielos falsos: mucho ojo con el tema de la luz, ya que deberemos hacer coincidir las zonas iluminadas de la foto original con la del cielo. De lo contrario quedaría un tanto irreal, ¿no? En esa imagen en concreto, el cielo falso fue volteado horizontalmente para este fin, de forma que coincidiese con la posición del sol en aquel momento. Si veis las fotos anteriores, observad que en la de la izquierda tenemos más luz en la zona izquierda de la imagen, mientras que en la derecha se ve el cielo más oscuro por el ocaso.

Una cosilla más para los curiosos: la unión de ambas fotos está a la altura de la segunda almena empezando por la derecha. Y que a ninguno se le ocurra decir que se nota porque, antes de dar por concluido el trabajo, aumenté la imagen un 300% sobre una resolución de 9 megas y ni yo, que sabía donde estaba el corte, pude detectarlo. O sea, que me quedó cojonuda.

Hale, he dicho...