A pesar de que ya me han arreglado el termo, sigo pelín atocinado. Bueno, no quiero mentir a vuecedes: estoy absolutamente atocinado. De hecho, hoy tenía el firme propósito de colgar una fastuosa entrada sobre los torneos medievales pero, mea culpa, me invade la más absoluta molicie y estos temas tan enjundiosos requieren el seso despierto, el ánimo exultante, y ganas de hacerlo. Y como no se dan ninguno de los tres requerimientos para ello, así que opto por algo más relajado.
Así pues, y como es un tema que suele gustar a determinados aficionados a la fotografía, pues mostraré algunas de edificios que conocieron tiempos mejores, o sea, abandonos. Pero no abandonos mondos y lirondos, sino abandonos de postín. Veamos...
No deja de ser contradictorio que edificios que antaño resplandecían por méritos propios se vean actualmente relegados a la condición de ruina pútrida por diversos motivos, a saber: dejadez de los organismos públicos de los que dependen, venida a menos de los deudos de los que los construyeron o, simplemente, voracidad urbanística que planta ante los herederos maletines llenos de billetes en busca de los amplios solares que ocupan para edificar espantosas viviendas. Aquí tenemos algunos ejemplos:
En la imagen inferior podemos ver la típica hacienda sevillana venida a menos. Hacienda de Fortuna, se llama, y es más que evidente que la fortuna voló tiempo ha, porque va camino de la extinción a paso ligero. Como se ve, no le falta ni la caseta que, antaño, dio cobijo del meteoro al fiero mastín que alejaba a los indeseables de turno, incluyendo los perseverantes cobradores de deudas de vicios de fuste: juego, francachelas, puterío y demás jolgorios a los que solían ser tan aficionados los señoritos de aquella época. O igual fue el sueño dorado de algún indiano que, tras retornar al suelo patrio, mandó construir lo que durante décadas fue su más preciado anhelo para demostrar a los que aquí quedaron que uno era hombre audaz y que satisfizo con creces sus ambiciones.
En éste caso, la foto es un HDR. El cielo fue sustituido por una textura grunge para darle un aspecto más decadente. Además, se le añadieron en las esquinas unos brochazos de textura similar, que le van más que un viñeteado normal. Ha quedado chula, ¿no? Veamos otra...
Éste es aún más suntuoso. Nada menos que un auténtico y verdadero palacio ubicado en una población cercana a Sevilla. Pero el palacio padece anorexia pétrea porque, si no fuese por los puntales de hierro que lo sustentan, hace tiempo que se habría venido abajo. Obsérvese la lujosa puerta y el balcón que la corona, de un elegante estilo barroco. Creo que está en vías de ser... ¿rehabilitado? por el ayuntamiento, que parecer ser es el que ostenta la titularidad del edificio actualmente. Estas cosas me producen cierto acojone ya que, caso de caer en manos de los expertos de turno, vete a saber en qué estado acabará, que no sabe uno a veces si son peores los puntales que la obsesión de los mentados expertos por fundir estilos y épocas en el espacio y en el tiempo.
Bueno, la foto en cuestión es un falso HDR procesado con el magnífico plugin HDR Efex Pro 2 el cual, con una sola foto, hace verdaderas virguerías. Luego se le aplicó un filtro de paso alto con modo de fusión luz fuerte para resaltar con el pincel las partes que me parecieron más interesantes, especialmente el balcón y la portada como cabe suponer.
Y como colofón, un abandono de los que claman al cielo: La Real Casa de la Moneda, en Sevilla. Como siempre, la incuria, la desidia y la aberrante dejadez de los de siempre han permitido que esta magnífica obra se vea en el lamentable estado que aparece en la foto. Para los que no lo sepan, el oro y la plata que llegaba a Sevilla (la ciudad tenía el monopolio portuario) de la carrera de Indias pasaban directamente ahí para convertir los lingotes en monedas con las que pagar las innumerables guerras y los lujos cortesanos que nos arruinaron el imperio. Su autor fue Sebastián van der Borcht, el mismo que trazó el tercer cuerpo de la Torre del Oro, dando comienzo las obras en 1761. Curiosamente, el interior sí fue rehabilitado en su momento para convertirlo en apartamentos. Sin embargo, la portada ha sido relegada al olvido a pesar de su hermosura y estar ubicada en pleno centro de Sevilla, a escasa distancia del Archivo de Indias y la catedral. Y como se me calienta la boca, me callo ya, que me conozco.
Por lo demás, la foto ha sido retocada con la misma técnica que la de la hacienda: un HDR con el cielo sustituido por una textura grunge, aparte de los retoques habituales en lo referente a filtros de paso alto, equilibrio de color, saturación selectiva, etc.
Y concluyo: se gastan dinerales en restaurar una casa cutre en un pueblo olvidado porque allí nació Fulanito de Tal (generalmente un político del que ya nadie se acuerda), y dejan caerse a cachos verdaderas obras de arte. Sin comentarios.
Hale, he dicho...



