lunes, 10 de diciembre de 2012

Curiosidades y símbología: La Puerta de Palos de la catedral de Sevilla



Según hemos ido viendo en las diversas entradas publicadas sobre simbología, creo que ha quedado claro a los profanos en estos temas que los canteros y constructores de la Edad Media hilaban muy fino a la hora de plantar todo tipo de símbolos con el fin tanto de avisar a los pecadores de que portarse mal estaba muy feo y tal, como de que si uno se portaba bien iría al Cielo o que Satanás nos acecha a todas horas para inducirnos al pecado. Luego tenemos la vertiente hermética de dicha simbología, cuya lectura sólo es comprensible a determinados "iniciados" en la materia y que se nos escapa al resto del personal.

Con todo, aunque la contemplación de la estatuaria de portadas y tímpanos ya sabemos que revela bastantes cosas, hay detalles que se nos suelen escapar simplemente porque, a la altura a la que están, no es posible atisbarlos. Por eso, cuando repaso las fotos de un determinado lugar, la resolución de las mismas me permite ver lo que no veo cuando las hago, y muchas veces me quedo perplejo ante determinados detalles. Por otro lado, tendemos a contemplar el conjunto sin reparar en que hay cosas que, aunque saltan a la vista, ni siquiera nos paramos a pensar por qué fueron hechas así, o qué indujo al escultor a hacerlo de ese modo. Por ello, sugiero al personal que, además de reparar en el conjunto, se detengan un poco a atisbar el detalle y, si pueden, que vayan provistos de unos prismáticos. Casi con toda seguridad, se llevarán alguna que otra curiosa sorpresa que les dará que pensar.

Para ilustrar esto, vamos a ver con detalle la Puerta de Palos de la catedral hispalense. Antes de nada, conviene concretar que su nombre proviene de haber sido el lugar donde, cuando se construía el templo, se almacenaban las maderas usadas para andamiajes, entibados, etc., y en realidad representa la Adoración de los Magos. Vamos a ello...

A modo de introducción, comentar que su autoría se atribuye actualmente a Miguel Perrín, aunque antes lo fue a Lope Marín y a Miguel Florentín. Éste Miguel Perrín era un escultor de origen francés que fue contratado por el cabildo para la elaboración de diversas obras, entre las cuales está la que nos ocupa y que fue realizada entre 1520 y 1522. El material elegido, el barro, fue debido a la escasez de piedra adecuada para ello en las cercanías de la ciudad. Las figuras fueron moldeadas por partes sobre estructuras metálicas para darles resistencia y cocidas en hornos, tras lo cual fueron colocadas en su lugar. En otra entrada ya se hablará con detalle del proceso seguido, ya que es bastante interesante. Una vez concluida la colocación de cada figura se procedió a policromarlas, y debía ser todo un espectáculo poder ver su aspecto tal como era cuando quedó finquitada la obra (estoy intentando recrear  el policromado de la Puerta de las Campanillas, pero es asaz trabajoso y llevará aún su tiempo). Veamos el aspecto del tímpano:






Como vemos, representa la Epifanía. Los tres magos o sabios de Oriente acaban de llegar a Belén para adorar al Niño Dios. ¿Ya la han visto? Bien, ahora comienzan las preguntas:

1. Como podrán observar vuecedes a simple vista, la indumentaria que portan algunos de los personajes corresponde a la misma época en que fue realizada la obra. Es como si hacemos hoy día un portal de Belén con los magos de chaqueta y corbata, y las tropas de su séquito montados en vehículos blindados y armados con fusiles de asalto. ¿Por qué lo harían así, cuando en aquellos tiempos tenían constancia gráfica de la indumentaria usada siglos antes? Pues, al parecer, inicialmente eran representados con "uniformes" de magos orientales como los sacerdotes del dios Mitra, o sea, vestidos a la moda persa y tocados con gorros frigios. Pero la magia siempre ha estado mal vista por la Iglesia así que, en el siglo XI, Cesareo D'Arlés los transmuta en reyes, que quedaba como más importante. Así pues, les quitan los gorros frigios y les plantan coronas. Posteriormente, en la época en que esta obra fue llevada a cabo, se generalizó vestirlos conforme a la moda de Borgoña.




2. Observemos a Baltasar, situado en el extremo izquierdo. Fíjense en su pose, como escondiendo la ofrenda. ¿Por qué la esconde? Tradicionalmente se atribuye a Baltasar la ofrenda de la mirra. Esta gomorresina, muy abundante en aquella zona del mundo, era usada con diversos fines, entre otros como componente indispensable del aceite para ungir a los reyes, por lo que era sumamente valiosa. Pero también tenía propiedades soporíferas, por lo que al parecer era administrada, mezclada con líquidos, a los hombres sometidos a tortura para aliviarles el sufrimiento. De ahí que la mirra sea vista como una ofrenda profética, representando la angustia, el sufrimiento, la agonía y la muerte que padecería Cristo. De ahí, quizás, ese gesto del mago, como queriendo de algún modo impedir lo inapelable, intentando evitar entregar una ofrenda que será el símbolo de los padecimientos y la muerte que tendrá que soportar Jesucristo.




3. A continuación tenemos a Gaspar que, por la posición de su bracamarte, es zurdo. ¿Por qué lo representaron como zurdo, cuando en aquella época se consideraba un signo de inversión o desviación sexual? Quizás la respuesta esté en la contera de la vaina. Si observamos la misma, en la parte superior se ven tres orificios, uno de los cuales parece llevar dentro un cristal a modo de piedra de valor. Los otros dos están vacíos, posiblemente por haberse perdido los cristales a lo largo del tiempo. Recordemos que el diamante representa la luz y el resplandor, así como a los conocimientos morales e intelectuales. Así pues, ¿tres diamantes = la Trinidad? ¿O las tres virtudes teologales? ¿O quizás los tres miembros de la Sagrada Familia, y el diamante representa a Cristo (la Luz) y los dos orificios sin nada a la Virgen y a san José? Y bajo los mismos, rematando la contera, tres ángulos que podrían tener un significado similar. En cualquier caso, si la vaina la portara en el costado izquierdo, como es normal en un diestro, la contera de la misma no sería visible, por lo que nos impediría "ver" el mensaje. 



Ah, un detalle curioso: fíjense el parecido de nuestro Gaspar con el abuelo del entonces monarca español Carlos I, Maximiliano de Austria. ¿Lo tomaría como modelo para hacerle un poco la pelota al emperador? El retrato de la derecha fue el realizado por Durero en 1519, puede que incluso tras la muerte del monarca ya que falleció en enero de ese mismo año. En todo caso, se parece bastante, ¿no?




4. Pasemos a San José, en el extremo derecho. No porta ninguno de sus símbolos habituales, como el cayado florecido o las herramientas de su oficio. Y no solo eso, sino que incluso lleva al cinto un cuchillo, del que sólo queda la empuñadura (véase el círculo rojo). Y otra cosa, ¿Han visto el sombrero que cuelga a su espalda? Es talmente el de un peregrino, así como el resto de su indumentaria, ya que viste el típico capote de los romeros. Y una más: ¿Por qué está arrodillado en posición reverencial, cuando siempre se le muestra en pie junto a la Virgen? Así pues, me pregunto: ¿Quiso el escultor representar a San José, o en realidad lo que vemos es un peregrino o uno más de los que acuden a adorar al Niño Dios? 








5. Reparemos ahora en el Niño Jesús. Sus dimensiones no son precisamente las de un recién nacido, sino de un niño más mayorcito. En una iconografía como la gótica, donde el realismo y la fidelidad anatómica eran la pauta, no casaría semejante error. Pero quizás para llevar a cabo ésta obra, Parrín no se guió por los Evangelios canónicos. Precisamente, en el aprócrifo de Pseudo Mateo (c. siglo VII), en la parte de menciona la Epifanía, nos dice que ésta tuvo lugar dos años después del nacimiento del Niño. De ahí quizás que, como menciono más abajo en los detalles poco visibles, no aparezca en el conjunto escultórico la mula ya que este animal sólo se menciona en el momento del nacimiento. Por otro lado, la apariencia del Niño que modeló el maestro Parrín casa más precisamente con un crío de dos años que con la de un recién nacido. Y, obviamente, al escultor tanto le daba representarlo como un bebé que como un niño ya crecido. Así pues, coligo que es evidente que optó por los apócrifos como fuente de inspiración en éste caso.




6. Tras la Virgen aparecen dos dromedarios sobre los que cabalgan sendos críos de rasgos negroides. Curiosamente, no "vienen", sino que más bien parece que les pillaba de paso el evento y miran curiosos. Ninguno de los dos animales llevan silla de montar, ni van ricamente enjaezados, como corresponderían a los del séquito de Baltasar, y los que los montan no tienen aspecto de pajes, ya que sus ropas son modestas. De hecho, el que vemos en primer término va medio desnudo, apenas cubierto por una pequeña capa anudada a la cintura. Son, simplemente, dos dromedarios cabalgados por dos niños. Y, ojo, no uno ni tres, sino dos. O sea, demasiados para Baltasar y pocos para los tres magos. Así pues, podemos deducir varios símbolos. Por un lado, el dromedario o el camello representan a la humildad: Cristo, que es Dios, nace en un simple pesebre. Por otro, los críos que los cabalgan pueden representar la inocencia ("dejad que los niños se acerquen a mí"). Finalmente, Honorio de Autun, un sacerdote y filósofo alemán que vivió entre los siglos XI y XII, asimila fonéticamente el termino camello a camilo. Los camilos eran los servidores del Templo, que cuidaban sus puertas y realizaban los sacrificios. 




7. En la foto aparece el séquito de los magos que, más que ir a adorar al Niño, parece que van a la guerra. Vemos una nutrida tropa armada hasta los dientes con picas, alabardas, yelmos, etc. En la silla del caballo del centro, que no lleva jinete, cuelga una adarga a la usanza morisca, con dos borlones a cada lado. En ninguna parte se ven pajes o criados, sino solo soldadesca, algo un tanto impropio de magos o sabios. Pero, ¿y si no representan al séquito de los magos, sino más bien a las tropas de Herodes que, como sabemos, no estaba por la labor de tener competencia y quiso engañar a los magos preguntándoles por el paradero de Jesús para liquidarlo? ¿Y si el personaje que vemos en el círculo rojo es precisamente Herodes rodeado de sus tropas?  Si nos fijamos en el gesto de los soldados, no es precisamente amigable, sino más bien lo contrario. Y el único que no tiene aspecto marcial es precisamente el hombre del turbante, que va desarmado y bien rodeado por su guardia personal. Ese hombre no tiene pinta de paje ni de criado, sino más bien de alguien noble o importante. Esos bigotes rizados le dan esa apariencia y, además, no contempla la escena, sino que mira a los magos que están de pié. De hecho, ningún soldado mira hacia donde está el Niño Jesús.


Vamos ahora a lo que hay que mirar de cerca para poder reparar en ello:




8. Tras el supuesto San José se vislumbra la cabeza del buey pero, ¿y la mula (o el asno, que también se menciona ese bicho), dónde está? Además, no aparece calentando al Niño con su aliento, sino alejado y encerrado en una cuadra o corral. El buey es símbolo de fuerza, de calma, laboriosidad y sacrificio. Pseudo Dionisio, un teólogo y místico bizantino, escribió respecto al buey que "su figura marca la fuerza y la potencia, el poder para abrir surcos intelectuales, para recibir las lluvias fecundas del cielo, mientras los cuernos simbolizan la fuerza conservadora e invencible". Así pues, puede que la ausencia de la mula hubiese tenido como fin resaltar las virtudes del buey, cuyos atributos son perfectamente aplicables a Cristo como propalador de la Palabra de Dios y de la Fe cristiana. Y, como digo más arriba, si la adoración tuvo lugar dos años más tarde del nacimiento, entonces cobra aún más fuerza la teoría del buey como símbolo ya que la mula no pintaría nada en la escena.




9. Entre Baltasar y Gaspar aparece un repil que camina entre las piedras. Puede tratarse de un lagarto o una salamandra. En el primer caso, es uno de los símbolos de Satanás, que puede que ande rondando por ahí a la caza de espíritus de los que apoderarse. Si es lo segundo, a la salamandra se le atribuía la propiedad de ser resistente al fuego. De ahí que se pretenda ponernos sobre aviso de que las almas de los condenados pueden arder eternamente en los infiernos si ser consumidos, por lo que el castigo es infinito, inacabable. 






10. Sobre el sombrero de Gaspar, en las montañas, se vislumbra un pequeño bosque de donde salen dos ciervos. En éste caso representarían la pureza de Cristo. El salmo 61 de David nos dice que "...como el ciervo anhela las fuentes (para beber), así mi alma Te anhela". Por otro lado, la cornamenta del ciervo es símbolo de renovación, aplicable en éste caso, como cabe suponer, a la renovación de la fe tras el nacimiento de Cristo.





11. A lo lejos se vislumbra una curiosa escena de caza, en la que un soldado (también zurdo por cierto) con varios perros persiguen a una liebre. El perro es por lo general símbolo de fidelidad, y atributo de la vigilancia y la paciencia. Estos persiguen a la liebre, animal impuro que además representa el despilfarro, la incontinencia y la lujuria.




12. Vamos con el fondo de la escena. Representa una ciudad amurallada bajomedieval de transición, con gran profusión de troneras y dos buzones para artillería, torres con matacanes corridos y una curiosa torre con cuatro garitones esquineros. Apostaría a que en algún lugar de Francia o del norte de Italia hay o hubo una ciudad muy parecida a esta, en la que con toda seguridad se inspiró Perrín.

Y como colofón, dos chorraditas curiosas que, en apariencia, no albergan ningún tipo de simbología, pero que me llaman poderosamente la atención:

Por un lado, a la izquierda tenemos esa especie de ermita. Está a extramuros de la ciudad, sobre una roca bajo la que se encuentra el bosque con los ciervos mencionados más arriba. Tiene su campanario y una espadaña en el lado opuesto. No pinta nada una ermita en Judea, ¿verdad? Y lo mejor de todo: ¿Qué me dicen vuecedes de ese señor con gafas que se asoma desde el edificio situado a la derecha del tímpano, y que levanta el dedo de su mano y parece que se señala a sí mismo como diciendo "¡soy yo!"? Juraría que el maestro Perrín, como tantos artistas de su época, no resistió la tentación de dejarnos su autorretrato para la posteridad.








En fin, como hemos podido ir viendo, lo que en apariencia era un portal de Belén convencional encierra bastantes más cosas e incluso va más allá de la simple Epifanía a la que estamos acostumbrados. Puede que otros vean incluso más cosas así que, si son tan amables, nos hagan partícipes de ellas. En cualquier caso, ha sido curioso lo que hemos visto, ¿no? 

Bueno, ya seguiremos con las demás puertas catedralicias.

Hale, he dicho...








Curiosidades: ¿Alienígenas en Tomar?



Un momento, y que nadie empiece a descojonarse antes de tiempo, que yo también empecé con la descojonación y al cabo de un rato se me cortó en seco. He dudado mucho si publicar esta entrada, dando por sentado que el personal se lo tomaría a coña, como es lógico. Pero visto lo visto, he decidido publicarla y que cada cual piense lo que quiera.

Me explico: desde hace unos años, mantengo con un conocido de Portugal correspondencia sobre castellología. De hecho, tiene una web donde aparecen todas las fortificaciones del país vecino con las coordenadas para su localización por GPS y demás virguerías porque está bastante puesto en esto de la informática. La cosa es que lo conocí a través de la red, solicitándole información sobre una atalaya que no era capaz de localizar y bueno, de paso le di cuenta de dos torres señoriales que no aparecían en su lista y que yo había encontrado en el distrito de Viana do Castelo. Desde entonces, de vez en cuando me pide información sobre detalles arquitectónicos y cosas así, que en eso sí estoy yo más puesto que él. Y mira por dónde, anteayer me manda dos fotos, concretamente de dos marcas de cantería del castillo de Tomar. Dicho castillo está cerrado al público debido a su mal estado, y sólo permiten la visita al monasterio anejo, construido posteriormente al castillo cuando la orden del Temple fue reciclada en la orden de Cristo en tiempos de don Dinis, ya que éste pasaba bastante de las anatemas papales y, en vez de ceder los bienes de la orden a los hospitalarios, como ordenaba la bula, pues creó una nueva orden en la que solo variaba el nombre, pero manteniendo toda su parafernalia de siempre. 

Bien, la cosa es que este sujeto logró una autorización para visitar el castillo y realizar un reportaje fotográfico adecuado. Y de las fotos que sacó, me envió estas dos porque le llamaron especialmente la atención, y me pedía mi opinión al respecto. Helas aquí:

Como se ve, muestra una extraña forma humanoide en una pose un tanto peculiar, como si estuviera sacando músculo o algo así. Pero no solo en eso radica lo raro de esta marca. Lo verdaderamente nada común es que, como se ve, está en relieve. O sea, no está grabada como todas, a golpe de cincel, sino en bajorrelieve. La verdad es que me quedé bastante perplejo, porque era la primera vez que veía una marca de cantería así. Según me dijo, contó hasta veintitrés de ellas en sillares accesibles a la vista, y todas con las mismas peculiaridades.


Pero la que me dejó un tanto epatado fue esta que vemos a la derecha. Solo vio la que aparece en la foto y, más que una marca de cantería, parece una especie de graffiti, ya que ocupa la totalidad del sillar. Según me dijo, estaba junto al dintel de la puerta de la torre que aparece en el plano dentro de un círculo rojo y que, como se ve, está orientada hacia el suroeste. Lo primero que se me vino a la cabeza fue: "esto parece un ovni". Obviamente, hasta yo me reí de la ocurrencia. Total, que tras pasarme un largo rato dándole vueltas y mirándola desde todas las perspectivas habidas y por haber, e incluso invirtiéndole el color para ver con más claridad el dibujo, aquello seguía pareciendo una especie de ovni como si lo hubiera dibujado un crío. En la foto inferior podemos ver, dentro de un óvalo rojo, la torre en cuestión. En la esquina tenemos un plano del recinto, con la posición de la torre y, marcada con una flecha, la ubicación del graffiti.



Está de más decir que le mandé un correo preguntándole si estaba de cachondeo, pero me respondió bastante serio que de cachondeo nada, y que si tenía fotos en gran resolución del monasterio, que intentase buscar algo fuera de lugar entre la abigarrada decoración manuelina del mismo. Total, que entre lo enigmático que se me puso el portugués, el graffiti con el ovni o lo que fuera y la otra marca de cantería tan extraña ya empecé a ponerme inquieto. Y si a eso unimos la archimanida historia de los temas ocultos del temple que, dicho sea de paso, jamás me he tomado en serio, me puse a buscar como loco en las tropocientas fotos que hice del monasterio de Cristo cuando estuve allí hará cosa de un par de años. 

Y el resultado de la pesquisa, dilectos blogueros, me dejó literalmente atónito. Las fotos que aparecen a continuación me las he visto qué se yo la de veces y, como suele pasar, miramos más el conjunto que el detalle, pero en éste caso en que buscaba algo concreto y las repasé una a una ampliándolas al máximo, aparecieron algunas cosas bastante...raras. Helas aquí:

En esa foto tenemos una de las puertas de la iglesia del monasterio. Tras bichearla largo y tendido, y observar detenidamente toda la estatuaria, que no es moco de pavo, veo una gárgola un tanto peculiar. Está ubicada en el círculo rojo, y el detalle puede verse en la parte inferior de la foto:




Una cara que, aunque me cueste trabajo reconocerlo, se asemeja en exceso a esas típicas imágenes que se suelen dar de los marcianos. Si hubiera sido la única, habría pensado que era una de esas caras extrañas de algún bicho de los que se les ocurrían a los canteros y no habría dado más importancia al tema. Pero es que no era la única. En la foto inferior aparece, en la zona superior de un borje, otra gárgola que muestra un rostro de apariencia similar al anterior. Si observamos el detalle, es una forma humanoide con una cabeza desproporcionadamente grande, y con unos ojos enormes y muy rasgados.


Y con esta también me habría quedado tranquilo si con ella hubieran terminado los "descubrimientos", pero aún hubo otro más, y este ya me dejó boquiabierto. Es uno de los medallones de la crucería de una bóveda del interior de la iglesia que acabamos de ver por fuera. Concretamente, es la bóveda del coro. Véanla. Sobran más comentarios, y aquí no ha lugar a confusiones por estar la piedra erosionada, manchada de musgo seco, hacer la foto con una perspectiva que dé lugar a error, etc. Esta foto se tomó con un trípode y temporizador para evitar trepidaciones, y el estado de la crucería, como se ve, es perfecto. Aquí no hay error posible:


Acojona un poco, ¿no? ¿Quién y por qué puso ahí esa cabeza enorme con ojos grandes? Y que nadie me diga que es una calavera, porque doy fe de que no lo es. La foto original tiene 9 megas de resolución y, ampliada a tope, no hay lugar a dudas. Bueno, que cada cual piense lo que quiera. Le he mandado las fotos al portugués y ni me ha contestado, así que no me extrañaría nada que se haya largado a Tomar echando leches. Bueno, supongo que ya me informará de algo. En todo caso, que nadie haya reparado en las dos de fuera tiene un pase, ya que la abigarrada decoración despista. Pero que nadie se haya fijado en el medallón ya es más extraño. Cierto es que se encuentra a una altura que a simple vista es imposible reparar en los detalles, y solo con unos prismáticos o, como en mi caso, con una buena foto, se puede ver. Conviene concretar que esa zona está en realidad mucho más oscura. Tuve que poner una exposición bastante larga para obtener una imagen tan clara de la cúpula. En fin, vete a saber...

Hale, he dicho

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Simbología 2. La catedral de Sevilla. La Puerta del Perdón



Cuando visitamos un templo gótico, una de las cosas que más admiración suelen despertar en nosotros son las puertas. Esas magnificentes puertas atestadas de imágenes, símbolos, etc. que nos dejan absortos durante largo rato. Sin embargo, nos solemos encontrar con un dilema, y es no tener ni la más remota idea de quiénes son los representados, o qué quiere decir la escena que aparece en el tímpano de la puerta. 

A veces no es fácil porque saberse de memoria la simbología que conlleva una determinada imagen no es cosa baladí, pero en estas entradas referentes a las puertas de la catedral hispalense posiblemente se pueda aprender a identificar a bastantes personajes por su apariencia, actitud, o algún objeto que lleven en las manos. Otra cuestión es la simbología esotérica que, según muchos aficionados a esos temas, está siempre presente en las catedrales góticas. Pero como de esoterismo no tengo ni puñetera idea, dejo eso para los que sepan más sobre esa cuestión. Yo me limitaré a lo tangible, que ya es bastante.

Empezaremos con la que quizás sea la puerta más facilita de las diez con que cuenta el edificio, la Puerta del Perdón, que da acceso al Patio de los Naranjos. Vamos al tema...



Ahí tenemos la puerta en cuestión, vista desde la calle Hernando Colón, que la enfila directamente. Antes de nada, un poco de su historia. La Puerta del Perdón es, en cierto modo, la más antigua de la catedral tanto en cuanto es una reforma de al antigua puerta almohade que daba acceso al sahn, o patio de abluciones de la mezquita. Entre 1519 y 1522 se comenzó la primera de las reforma que fue sufriendo a lo largo del tiempo, añadiéndole las yeserías del arco de herradura, el relieve  y las estatuas. Su autor, el maestro Miguel (hay cierta controversia sobre si era Miguel Perrin o Miguel Florentín), cobró la cifra de 25.000 maravedises por el trabajo. Posteriormente, entre 1578 y 1579 se llevó a cabo la espadaña, y en noviembre de ese año el maestro rejero Juan Barba concluía la veleta y la cruz que va sobre el campanario. A todo el cojunto se le añadieron algunos elementos pictóricos hoy desaparecidos, así como labores de dorado y policromado en toda la estatuaria, la cual está fabricada con terracota.

Hecha esta breve reseña histórica, veamos la estatuaria:



Como algunos quizás ya sepan, era habitual representar a los santos con un aspecto digamos, estándar, a fin de que fuesen fácilmente identificados. A eso, añadían algún objeto o símbolo para que no quedase lugar a dudas. Así pues, en la imagen derecha tenemos a San Pedro. Suele ser representado con el pelo y la barba cortos, así como con la coronilla clareada que, a veces, le deja solo un mechón de cabello sobre la frente. Su gesto suele ser un tanto iracundo. Y, por supuesto, siempre lleva en una mano las llaves del Cielo salvo en conjuntos iconográficos del prendimiento, que cambia la llave o las llaves por la espada con la que cortó la oreja al sayón que quería prender a Cristo.









En el lado opuesto tenemos a San Pablo, el cual es sistemáticamente representado como un hombre calvo, con una barba larga y puntiaguda. En la mano porta una espada, arma con la que fue decapitado. Ello fue debido a que, por su condición de ciudadano romano, no podía sufrir la infamante muerte en la cruz. Así pues, apelando a su ciudadanía, pidió ser ejecutado como un romano más, a los que solo se podía liquidar mediante la espada. 














Por encima de ellos tenemos una escena que representa la Anunciación. Encima de Pedro aparece el arcángel Gabriel sobre una peana y cubierto por un doselete. Como vemos en la foto, porta en su mano izquierda el rollo con el mensaje divino. La derecha está como señalando, pero en realidad esa pose, según la simbología de la época, era señal de diálogo o de explicación (ya hablaremos de la simbología de las manos, es bastante interesante). O sea, le está explicando a la Virgen el mensaje enviado por Dios. Enrollada en su ala izquierda aparece una cartela que, posiblemente, en su día llevase pintada alguna invocación o quizás el nombre del autor. Esta forma de representar al arcángel es un tanto peculiar en lo tocante al rollo con el mensaje. Lo habitual es que porte en esa mano uno o varios lirios, señal de pureza.







Sobre Pablo tenemos a la Virgen, también sobre peana y cubierta por un doselete. Su pose es la habitual en las representaciones de la Anunciación: con una mano en el pecho (pueden ser las dos cruzadas sobre el mismo) como señal de sumisión, y con un libro abierto en la mano, símbolo de sumisión a la ley de Dios. En caso de tener la imagen policromía, la combinación de colores más habitual es la túnica roja y el manto azul. Ambas figuras, Gabriel y la Virgen, mantienen la posición habitual entre hombre y mujeres, estas últimas siempre a la izquierda del varón.















Y coronando el conjunto aparece el relieve que refleja la expulsión de los mercaderes del templo. A la izquierda aparece un Jesucristo que enarbola un látigo desaparecido mientras que los mercaderes recogen a toda prisa sus bártulos y animales para salir echando leches. Tras Jesucristo, con una aureola en la cabeza, aparece un apóstol que, al ser representado sin barba, no puede ser otro que Juan. Es el único de los doce apóstoles imberbe o, a lo sumo, con una diminuta perilla en la iconografía del siglo XVIII. La escena en sí es de lo más convencional, fuera aparte del tremendo realismo con que está elaborada. Sin embargo, hay algunos detalles curiosos. Veamoslos:



Sobre la arcada del templo aparecen dos rosetones con sendos bustos en plan estilo renacentista. Puede que hagan referencia a David y su hijo Salomón, constructor del templo de Jerusalén. O igual son un autorretrato del escultor y su ayudante, que esta gente eran muy dados a representarse a sí mismos a la primera oportunidad.




El otro lo podemos contemplar justo encima de Cristo, a través de uno de los arcos del templo y que se supone representa las murallas de Jerusalén ¡vistas desde fuera!, como si el templo estuviera a extramuros de la ciudad. Y, como se puede ver, dicha muralla representa fielmente una fortaleza de transición, con merlones aspillerados,  troneras de palo y orbe y buzones artilleros. 
Era bastante habitual en aquella época representar los hechos bíblicos en un entorno contemporáneo, incluyendo estilos arquitectónicos y la vestimenta de la soldadesca. Sería como si ponemos esa misma escena, elaborada actualmente, con un fondo en el que aparecen las Torres Kío o las tropas de Herodes con uniforme de camuflaje y armados con fusiles de asalto.

Finalmente, todo el conjunto está rematado por dos jarrones con azucenas y, en el centro, la Giralda, que aparece con su morfología actual ya que la puerta fue concluida unos 40 años después de que Hernán Ruiz convirtiera el minarete almohade en una de las torres más famosas del mundo.

Bueno, con lo dicho ya sabemos como podemos identificar algunos santos y el momento de la Anunciación. Ya seguiremos con más estatuaria.

Hale, he dicho...