sábado, 29 de diciembre de 2012

Bricolaje medieval: Porra Maciejowski



Coligo, dilectos lectores, que todos los que somos aficionados a estos temas nos produce una extrema gratificación la idea de poseer las armas que vemos reflejadas en las iluminaciones de la época. Quién no querría blandir, aunque no sea ni para cortar un rábano, una fastuosa espada, o hacer el gamba un rato con una maza, o deleitarse un ratito los domingos por la mañana ensañándose con un muñeco de paja al que hemos pegado una foto tamaño natural de la jeta de algún enemigo (el jefe, la suegra, etc.) con una alabarda.

Obviamente, las réplicas de estas armas no están al alcance de todos los bolsillos, y menos en los inquietantes tiempos que corren. Pero algunas son relativamente fáciles de elaborar, no requiriendo para ello grandes habilidades manuales y, lo más importante, un gasto de dineros difícil de arrostrar. Como algunos ya sabrán, tiempo ha intenté finalizar un martillo de guerra, pero me quedó demasiado grande y ahora uso la cabeza de armas para rascarme el lomo en sitios donde no llego, así que dejé de momento aparcado ese chisme. Pero el otro día vi en casa un pequeño bate de beisbol que no sé de donde leches habrá salido, así que mi inquieto cerebro se puso en marcha inmediatamente. Era la base perfecta para elaborar una porra como las que aparecen en la Biblia Maciejowski y a las que en su día ya dediqué una entrada

¿Ya la han visto? Vale, prosigo...

Así pues, con un mínimo de ingredientes puede uno fabricarse una de estas maravillosas porras, bien para colgarla de la chimenea, bien para convencer al vecino de que ponga la música más baja, o incluso para los recreacionistas que quieran gastar poco y portar un arma de época poco vista. Veamos el proceso:

En la foto inferior tenemos los ingredientes: el bate, unos cuantos clavos de herradura, tantos como hileras queramos poner, y un cordón de cuero o de algodón para forrar la empuñadura. Los útiles: una cinta métrica de costura para calcular donde irán los clavos, un trompo con una broca de 2,5 mm. y un avellanador. Ah, y un serrucho.






Primer paso: cortar el tope de la empuñadura del bate y eliminar pintura y barniz. Para ello, nada mejor que un trozo de cristal roto. Una vez eliminado todo, lijado al canto y marcamos los orificios. A continuación, si queremos darle a la madera un tono más oscuro, podemos teñirla con nogalina. Es un tinte que venden en todas las droguerías y se disuelve en agua. Basta una mínima cantidad, y se le darán tantas manos como oscuro queramos ponerlo. El tono que se ve en la foto es producto de tres manos, que se deberán aplicar una vez seca la anterior. 






Segundo paso: perforar y avellanar tantos orificios como clavos vayamos a poner. Los clavos son demasiado largos, así que hay que cortarlos y dejarles solo un par de centímetros de punta. El avellanado es para que la base tronconónica de los clavos quede un poco embutida, que queda más molón. En la foto inferior podemos ver la porra con todos los orificios preparados para recibir los clavos.






Tercer paso: damos una mano de aceite de linaza con secante para darle a la madera un aspecto satinado. Lo venden en todas las droguerías. También vale cera para muebles o el reparador ese que venden para disimular los arañazos en la madera. Luego embutimos los clavos procurando que, al ser troncocónicos, queden todos en la misma postura. Una vez acabado ésto, procedemos al encordado de la empuñadura, que en mi caso lo he hecho con un cordón de algodón al cual, una vez terminado, le he dado una capa de cola blanca diluida con agua para fijarlo mejor. Y ya está. Más fácil, imposible. Vean el resultado, vean...






Chula, ¿eh? Ésta porra sería de una mano. Si la queremos de dos manos, pues nos hacemos con un bate normal o un mango de pico al que habrá que darle la forma adecuada. Una puntualización: no es fácil encontrar los puñeteros clavos de herradura, así que si vuecedes no encuentran ninguna ferretería donde los vendan, siempre se puede uno buscar la vida en algún picadero, preguntando por el herrador. Otra puntualización: no quedarse corto con los clavos. Yo compré 16 (no son precisamente baratos), pero,una vez acabado el trabajo, me hubiera gustado con más, así que el lunes me acercaré a por otro lote para erizar aún más la porra añadiéndole una hilada por abajo, e intercalando otras entre las que ya hay con un clavo menos por hilada. Así pues, tengan claro cuántas hileras tendrá la porra en cuestión, ya que una vez puestos los clavos saben a poco.

Y si alguien se quiere fabricar un goedendag, el Sr. Ismael muestra en su blog como elaborar uno partiendo de un mango de azada y un punzón viejo. Bueno, esto es todo. Una vez liquide la porra añadiéndole las hiladas que he mencionado, lo siguiente será un mayal, que sólo requiere un mango, un cacho tubo de hierro, unos trozos de cadenas y algo que le añada peso al final de cada tramo, que ya veré como lo hago.

En fin, como vemos, es bastante factible fabricarse uno mismo armas de éste tipo que, aparte de darnos satisfacción, nos permitirán pasar un rato entretenidos.

Hale, he dicho...

Curiosidades: Alienígenas en Tomar, 2ª parte



Lo dicho, vivimos unos tiempos de incredulidad que da asco. La entrada de ayer debería haber producido un éxodo masivo, una alarma nacional, y miles de peregrinos pirados partiendo hacia Tomar en busca de una nueva fecha para el fin del mundo ya que los mayas los han dejado en la estacada. 

En fin, ya tramaré algo más eficaz para provocar el año que viene el pánico de vuecedes. Una sociedad que ya no se acojona por nada está condenada al aburrimiento más extremo. En todo caso, ahí les dejo las verdaderas imágenes de los protagonistas de la inocentada fallida: Marcelino, Marcelo y Marciano. A pesar de venir de no se qué planeta lejano, se pirran por el jamón del bueno, las gambas blancas de Huelva y el zumo de cebada helado, son bastante golfos y, todo hay que decirlo, les hizo mucha ilusión ser los protagonistas de la entrada. Helos ahí:






El de la derecha es Marcelino, bastante perjudicado tras un atracón de langostinos de Sanlúcar, morcilla de Cártama y orujo. La foto fue tomada en urgencias del Virgen Macarena. Ya se ha recuperado, afortunadamente...

Bueno, en Tomar no habrá marcianos, pero aquí sí, leches.

Hale, he dicho...