Mientras urdo la anatomía del morgenstern y debido a que hoy es festivo en la Andalucía, y ya que el compinche ha mostrado un elevado interés por la recreación de armas medievales, hemos pasado la jornada elaborando un fastuoso hocino de guerra a base de materiales reciclables de mi, hasta ahora, productivo baúl de los recuerdos. De esa forma consigo tres cosas, a saber: una, eliminar trastos viejos y reciclarlos en trastos nuevos. Dos, no invertir un duro en la elaboración de dichos trastos, que no están los tiempos para gastos suntuarios ni superfluos. Y tres, echar una apacible jornada que, aparte del deleite propio de los amantes del armamento medieval, me acaba produciendo un pitido en los oídos por las horas de manejo de la radial, que no sé como nadie ha sido capaz de inventar un chisme igual, pero más silencioso.
Bueno, veamos los ingredientes:
1. Un viejo, roñoso, mohoso y asqueroso calabozo lleno de tétanos que lleva la torta de años en la familia, de cuando tenía jardín para tener qué podar. Como ahora no tengo jardín ni ganas de podar nada, pues lo reciclo y santas pascuas. Ojo, los hocinos aparecen en los catálogos de las firmas dedicadas a la fabricación de herramientas, así que la compra del elemento básico es viable y, además, su morfología es exactamente la misma que hace seis siglos.
2. Un cuadrillo de hierro de 15x15 mm. que tenía de cuanto el proyecto fallido para el martillo de guerra, el cual será destinado a pica de nuestro hocino.
3. Para el peto, inicialmente íbamos a usar el cacho de chapa que aparece en la foto, pero luego encontré una alcayata enorme precisamente con la forma que deseaba, así que usé la alcayata de marras aparecida en la caja de herramientas, que más bien parece el bolso de Mary Poppins.
4. Una barra de cortina que estaba detrás de un armario y que, casualmente, tenía el diámetro adecuado para encajarla en el cubo de enmangue del calabozo y que, obviamente, será el asta del arma.
Primero hubo que dar al calabozo la forma de gancho del hocino. Como se ve en la foto superior, se ha marcado con una plantilla de dibujo la zona de corte. En la foto de abajo podemos ver como queda una vez recortado, lo que fue asaz trabajoso porque la herramienta es de buena calidad y lleva un templado acojonante. Se volvió a vaciar el filo, aunque sin darle un afilado de navaja barbera ya que tampoco es necesario llegar a esos extremos. Digamos que lo suficiente para desjarretar el bridón de un enemigo.
A continuación se procedió a efectuar un corte longitudinal en el cuadrillo. La longitud del mismo va en función del tramo que deseemos engarzar en el hocino. En la foto inferior vemos la pica en ciernes ya encastrada en el hocino, tras lo cual se procedió a su soldadura. La pica, una vez acabada, tiene una sección triangular muy amenazadora, como más abajo podrán comprobar vuecedes.
Por último, se soldó el peto, se afiló la punta del mismo, y se limpió un poco la hoja a falta de darle un lijado con lija de agua que hoy no era posible comprar por estar todo cerrado. Pero en éste punto quisiera hacer un ruego a los artífices de la metalurgia que suelen seguir el blog, y es acerca de los irritantes poros que deja la maldita soldadura eléctrica. Como no disponemos ni de fragua ni de conocimientos para el soldado por caldeo, no nos queda otro remedio que recurrir a ese tipo de soldadura tan impropio. Y la cosa es que no hay forma de eliminar por completo algunos poros que han quedado en el cordón. ¿Sabrían vuecedes aportarme o sugerirme alguna solución viable? Bueno, ese es el aspecto de la cabeza de armas del hocino de guerra en cuestión. Mola, ¿eh? En la imagen de la derecha aparece la pieza que nos sirvió de inspiración. El nuestro tiene algunas diferencias por aquello de no copiar tal cual y que tenga personalidad propia. Conste que aún falta el bruñido de la hoja.
La longitud total de la cabeza de armas es de 45 cm., y del arma completa de unos 2,20 metros. En ésta ocasión no hay vídeo demostrativo porque no hemos encontrado a nadie que se preste a comprobar la solidez del conjunto. Se lo ofrecí al nene del vecino, pero me dejó con la palabra en la boca mientras galopaba con la maldita trompeta bajo el brazo calle abajo. Qué asco de gente, carajo, no se puede pedir un favor.
Bueno, espero que esta majestuosa réplica sea fuente de inspiración para los amantes del medioevo. Y a los que tengan suegras especialmente irritantes o cuñados insoportablemente palizas que se beben todo el whisky, creo que recibirlos en casa con ese chisme en la mano es una receta infalible par perderlos de vista una larga temporada.
Hale, he dicho...




12 comentarios:
¡Te me adelantaste!
Justamente estoy haciendo una desas ahora, aunque el amigo que me la encargó y yo la venimos llamando "bisarma", está bien ¿no?
Sobre los poco puedo decir por no saberme manejar con esos ingenios modernos. Con el radial sí y la protección de oídos es obligada, te lo digo yo que ya tengo secuelas permanentes, por eso y por la fragua.
Intimidante, debe ser genial ponerse a jugar con ella, felicitaciónes.
Un saludo.
La bisarma era una evolución del hocino, pero con más petos y la cabeza de armas más larga. Eche vuecé un vistazo a la entrada dedicada a las bisarmas y lo verá con más claridad.
Espero ver pronto su invento, Sr. Ismael.
Un saludo
Ok, se sigue llamando bisarma puesto que proyectamos unos 75cm de cabeza, esos petos o "guardas" pequeñas en el arranque de la hoja, pletinas de enmangue y mi compañero la quiere para el S.XV.
Agradecido quedo con vos y vuestra biblioteca.
Sobre las bolas; jajaja, no tengo nada así a mano pero espero que mi proxíma visita a la chatarrería sea provechosa jeje.
Y me alegra que se haya podido quitar de encima al trompetista.
Un saludo.
Ojo con un detalle: las bisarmas no solían llevar cubos de enmangue, sino barretas montadas en un asta poligonal ( 6 u 8 caras).
El trompetista ha vuelto. Creo que ha puesto sobre aviso a la Guardia Civil el muy...
Estupenda recreación del hocino medieval, estimado señor Amo del Castillo. La verdad que me dan ganas de hacerme una, y más que nuestro amigo Ismael ya empezó también la suya.
Con respecto a la maldita costura de la anacrónica soldadora eléctrica, le diré cómo procedo yo (a veces con buenos resultados, otras veces no tanto). Primero soldar lo más prolijo posible la costura. Luego limpiar con cepillo de acero en la radial antes que con disco de desbaste. De esta manera se quitarán todas las escorias y quedarán los huecos. Tapar nuevamente con soldadora dichos huecos y repetir el proceso. Si hay algunos que persisten, se puede profundizar con un punzón dicha depresión y poner un pedacito de clavo de hierro aplastado con el martillo, acto seguido soldar alrededor de dicho clavo y permitir que el mismo funda (se puede incluso dar unos golpecitos cuando está al rojo). Finalmente pasar la radial y ver cómo queda la cosa. Algunas veces queda perfecto y ni se ve la costura, otras, no. Supongo que las veces que queda mal o bien dependerá de las ecuaciones no lineales de la teoría del caos.
¡Salud!
De lo leído, Sr. Mariano, coligo pues que la eliminación de los malditos poros es asaz complicada, y que incluso depende más de la voluntad de los dioses que de la pericia del soldador. Habrá pues que buscarse un amable y probo ciudadano que se preste a soldar las piezas con autógena, que esa queda mejor, creo.
Un saludo y muy agradecido por su sabia disertación porosa
En efecto, estimado. Aunque seguro que habrá quienes dominen la eléctrica muy bien si son soldadores profesionales. Con la autógena nunca soldé pero sí, las costuras quedan hermosas.
¡Saludos!
Habrá pues que tantear al del almacén de hierros, que creo tiene una, a ver si le plugue hacerme la merced.
Un saludo, Sr. Mariano
Nunca pude haber imaginado que tal herramienta usada en nuestros olivares se empleaba con tales fines guerreros, no habré visto documentales con estas lanzas y jamás había caído que es la misma con la que mi abuelo cortaba las varetas a los olivos. Incluso yo, hijo del Internet, la he usado. Y todo sea dicho, vaya callos produce el hocino en mis internautas manos.
Saludos y gran blog
Prácticamente todas las herramientas rurales fueron adaptadas como armas de guerra, Sr. Alexander. Eche un vistazo a la entradas con la etiqueta ARMAS DE CIRCUNSTANCIAS.
Un saludo y gracias por el comentario
La porosidad en un cordón de soldadura suele ser debida a la mala elección del electrodo, uso de excesivo amperaje, humedad o un soldador inexperto. Si el material base es muy templado como he leído puede que tenga aún martensita y su microestructura sea martensita residual casi en su totalidad, este tipo de aceros son muy difíciles de soldar.
Infinitas gracias por su aclaración, Sr. Raúl. Me temo que el problema radica en la mala elección del electrodo, así como en la inexperiencia del compinche. Ya le comentaré lo de los electrodos esos, a ver si preguntando a algún herrero o soldador da con la clave.
Gracias por su aportación y un saludo
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