¿Ven vuecedes la foto de cabecera, no? Es la torre de Gallape, una añeja atalaya perdida en mitad de la inmensa nada de la campiña ecijana. Se la ve más ruinosa que la moralidad de un político. Mohosa. Desvencijada. Bueno, pues me he levantado con el ánimo similar a la torre de marras, así que hoy no se habla ni de romanos, ni de espadas, ni pollas en vinagre. Estoy más contrito que un iguana abandonada en un parque porque el terrario se le ha quedado pequeño. ¿Que por qué? Pues es debido a una absurda tendencia de mi carácter que, de forma contradictoria y a pesar de cierta tendencia a la cólera, a veces se ve invadido por una invencible melancolía. Así pues, hoy toca entradita chorra, fotográfica y apacible hasta que retornen mis ínfulas belicosas.
Esa es la torre del Cincho. En realidad no es una atalaya, sino más bien un puesto de guardia para vigilar el pozo que había justo bajo ella. Era, posiblemente, el único en muchos kilómetros a la redonda para que se molestasen en edificar la torre de marras. En realidad, es una torre birriosa y canija, en cuya mínima azotea, a la que se accedía mediante una escala de mano, sólo cabía el torrero. Éste se debía aburrir como un galápago en lo alto del poste pétreo, atisbando no sé qué en aquella inmensidad. Allí pasaría las horas muertas en una época en que no había MP3 para amenizar el rato con musiquilla, ni maquinitas de esas que matan marcianos a mogollón. O sea, que el torrero se pasaba el puñetero día contando nubes y, con la caída de la noche, se largaría a Arahal posiblemente a pernoctar. Es evidente que el torrero se moriría antes de una coz de mula que de un infarto debido al estrés pero, ¿nos cambiaríamos alguno por el torrero? Creo que no.
Esa otra es la torre de Lopera. Formaba parte, junto a las torres del Águila, del Bollo y de la Ventosilla, de la línea fortificada conocida como Banda Morisca. Vigilaban el paso hacia el valle del Guadalquivir por la zona de Montellano y Utrera, porque aquello era un coladero de moros que, provenientes de la koura de Ronda, dedicaban las vacaciones estivales a hacer la pascua al personal, saqueando todo lo que podían y más. La torre de Lopera es una de mis asignatura pendientes. No puedo visitarla porque está en una finca cerrada que, para colmo, alberga una ganadería brava así que cualquiera se aventura a meterse allí. La foto está tomada a varios kilómetros de distancia por razones obvias. Odio al dueño de la jodida finca esa. En ella se alza un Bien de Interés Cultural y no permite su acceso. Me cae fatal, es un mierda. Así lo acorrale bonitamente un morlaco de 600 kilos y se vea sin un olivo canijo donde encaramarse. Yo quiero ver la torre de cerca, coño.
La torre de la Dehesilla. Me costó la propia vida dar con ella. Está más sola que la una en mitad de la nada, cortada por la mitad por el cuchillo del gigante conocido como Tiempo. ¿Qué leches vigilaba una torre tan cutre? Quizás que nadie se acercase con intenciones aviesas a Aznalcollar. Sí, el sitio ese donde los suecos de la jodida mina de cobre cuya balsa de agua inmunda arrasó miles de hectáreas hace unos años y que, por cierto, se escaparon de rositas sin soltar un duro de los millones que costó limpiar su mierda. El lugar es un llano interminable. Es un sitio triste para una torre aún más triste. Es pequeñaja, está rota y dan ganas de consolarla. Pero más ganas dan de largarse de allí. Es de las torres más tristes y lloronas que conozco. No es altiva, ni fuerte, ni desafiante. Es una mierda de torre en el culo del mundo mundial.
Ésta sí debió ser una torre altiva, desafiante y molona. Pero los paletos llevan siglos expoliándola, así que lo que vemos en la foto es lo que queda de la torre del Barro. No se llama así por estar construida con ese material tan plasta, sino porque es el nombre que recibe la enorme finca donde se encuentra. Precisamente, los costosos sillares de la zapata y las esquinas han sido la causa de su ruina, objetos de codicia como materiales de construcción de calidad y regalados. Controlaba el camino que llevaba desde Morón a Carmona en una época en que Arahal era solo una alquería llena de moros acojonados cada vez que divisaban por el norte la polvareda que levantaba una mesnada castellana dispuesta a llevarse hasta las telarañas de las cuadras. Curiosamente, ese pensamiento se me viene a la cabeza cuando visito una de estas torres. Aunque el moro es el arquetipo del malo, a veces me pongo en lugar del moro, e imagino lo que sentirían cuando venían sobre ellos los freires de Santiago, o los hospitalarios o los calatravos. No tenían piedad con ellos y lo sabían. El mal menor era verse atacados por la hueste de algún ricohombre ya que esos, al menos, podían ser comprados con dinero. Pero a los freires les daba una higa el dinero porque les sobraba. Ellos sólo buscaban joder vivo al infiel y enviar mogollón de almas mahometanas al infierno. Hospitalarios con hábito y escudos negros como la muerte en los que pintaban cruces blancas, santiaguistas blancos como fantasmas con cruces rojas en forma de espada cabalgando sobre poderosos bridones de batalla, el doble de pesados que sus veloces caballitos árabes. A saber cuánto moro pasó a abonar la tierra por obra y gracia de la ferocidad de los freires y de cuyo nombre no quedó ni rastro. No debía ser una experiencia agradable tener un cambio de impresiones con los freires esos.
Bueno, es hora de yantar.
Hale, he dicho...





10 comentarios:
Con esa conclusion incitaria hasta la ultima monjita mas apacible a pillar un palo con punta y lanzarse a pinchar sarracenos hasta jusalen. De que fecha datan mas o menos las torres? S X-XI?
Jerusalen, que me como las letras)
Saludos Maese Amo.
En cierto simposio escuché que una comunicación de alerta desde las torres más cercanas a la serranía de Ronda hasta las murallas hispalenses le bastaba tan sólo media hora. El sistema de comunicación era a base de humo/fuego y, en tiempos más postreros, a base de reflejos (entiendo que por vidrio, espejo, interior de escudos...). ¿Tanta eficacia pudo ser posible?. Al fin y al cabo de eso se trataba.
Como siempre a sus pies, amigo. Un saludo.
Escribo esas cosas para hacer retornar mis ímpetus guerreros, Sr. Trancos. En lo referente a la datación de las torres, la de Gallape es posiblemente árabe con modificaciones llevadas a cabo en época cristiana. La del Cincho, casi con seguridad árabe. La de Lopera es cristiana, de hacia el siglo XIV. La de la Dehesilla, casi con seguridad árabe, imposible de datar con certeza. La del Bollo, con toda seguridad árabe, posiblemente anterior al siglo XII.
Un saludo
Por cierto, ahora que me acuerdo, una torre castigada por los tiempos pero libre de picota es la Torre Blanca. Dicha torre es la que se encuentra junto al nudo de la SE-30 en la confluencia de Av. de la Paz con carretera de Utrera (Sevilla Sur).
Al fin y al cabo es prima hermana de las descritas en su entrada. Lo que no se es si esta era la última desde el sur de la provincia antes de llegar a las murallas o bien existía otra en medio.
Una duda más...
Claro que era posible, Sr. Povea. Debe vuecé considerar que la visibilidad entre atalayas era inmediata aunque estuvieran separadas varios kilómetros. El sistema era generalmente mediante ahumadas o reflejos con rudimentarios heliográfos de cobre pulido a espejo.
Para hacernos una idea de la rapidez basta recordar las torres ópticas usadas durante la primera mitad del siglo XIX, las cuales se comunicaban mediante un sistema de banderas. Un aviso podía llegar de Cádiz a Madrid en solo dos horas.
Un saludo, dilecto contertulio
Esa torre a la que se refiere vuecé es en realidad lo que queda de un viejo molino fortificado. No es una atalaya en realidad. La red de molinos alimentados por el Guadaíra estaban prácticamente todos dotados de elementos de defensa a fin de protegerse contra posibles rapiñas.
La que sí era una atalaya y se encuentra cerca de la que menciona vuecé es la torre de Quintos, engullida por un cortijo que han restaurado y que alberga no sé qué de la Junta de Andalucía. Hay otra que queda al lado de la autovía de Cádiz, llamada torre de la Corchuela. Había más en esa zona, pero han desaparecido.
Al oeste aún perdura la torre del Loreto, en el monasterio del mismo nombre y datación cristiana. En fin, es evidente que la urbe hispalense estaba rodeada de atalayas. Lo malo es que de muchas de ellas no queda ni el recuerdo.
Un saludo
Gazapo glorioso, Sr. Povea. No sé en qué carajo estaba yo pensando, pero coligo que la torre que se refiere vuecé es la torre de Tabladilla.
En cuanto al topónimo, hablaríamos de dos torres Blancas. Una forma parte del perímetro amurallado de la zona de la Macarena. La otra, extinta vete a saber cuándo, sería la que dio nombre al actual barrio de Torreblanca. En tiempos de los árabes era una alquería que posiblemente dispondría de una torre defensiva con ese nombre. En ese lugar fue donde se llevaron a cabo las conversaciones entre el rey Fernando y los representantes del valí de Sevilla, al-Saqqaf, para la rendición de la ciudad.
Disculpas mil y tal...
Saludos Maese Amo. Pues siempre conocí a esta torre por la Torre Blanca mire usted por donde. Si que es verdad que conocía que, tras la reconquista el uso militar carecía de sentido y si que se convirtió en un molino aprovechando el brazo del Guadaria que por allí pasaba.
En fin, esperemos que dure algunos años más y no caiga a manos de la picota. Por lo visto quieren integrarla en el nuevo parque de los alrededores.
Como siempre, a sus pies.
Pues de momento tiene inquilino. En su ruinoso interior se ha aposentado un ocupa de esos.
Un saludo
Publicar un comentario en la entrada