viernes, 21 de abril de 2017

Tribunos militares


El invicto tribuno Marco Vinicio en loor de multitud disfrutando de su bien merecido triunfo. Sin embargo, los honores
y los fastos se los llevaban los mandamases, como es habitual desde los más remotos tiempos.

No sé por qué razón pero, salvo dos o tres pelis de romanos modernas, el bueno, el más listo, el más guapo, el más valiente y, por supuesto, el que se lleva de calle a la chica siempre es el tribuno. Sin embargo, durante la mayor parte de su existencia como rango militar eran unos meros subordinados que, dependiendo de su estatus personal, incluso mandaban menos que un centurión. No obstante, suelen ser considerados como parte de los mandamases de cualquier ejército romano, así que no estará de más dar cuenta del origen y posterior evolución de estos probos ciudadanos independientemente de que en su día se les mencionase de forma somera en una entrada que se dedicó a los diferentes grados que había en una legión, desde el PRIMVS PILVS a los músicos o los encargados de portar las insignias, de modo que esta entrada nos servirá para ir completando nuestros conocimientos sobre las graduaciones del ejército romano.

Rómulo y Remo dándose estopa por sus desavenencias
filiales acerca de donde debía ser fundada la ciudad. Los
buitres que planean no están ahí esperando a ver quien
palmaba, sino por una apuesta. El que más buitres viese
era el que mandaría
En primer lugar, veamos el origen del término. Según el visigodo Isidoro, que sabía mogollón de latín porque para eso hablaba latín con acento sebiyano mejor que nadie. Todo proviene del palabro tribu. Según la tradición, Rómulo dividió a los romanos en tres categorías, los senadores, los guerreros y la plebe, o sea en tres partes, y de ahí proviene tribu, de tres, TRIS en latín. Así mismo, y según detalla en su "Etimologías" (IX 4,18) "los tribunos reciben ese nombre porque proporcionaban a la plebe sus leyes y su apoyo. Se crearon seis años después de la expulsión de los reyes. En aquel tiempo, la plebe se veía sojuzgada por el senado y los cónsules, y fue ella la que instituyó tribunos que vinieran a ser como sus propios jueces y defensores para proteger su libertad y defenderlos de la injusta nobleza". Así pues, la figura del tribuno surgió como algo similar a lo que hoy serían los defensores del pueblo contra los abusos del poder. Por cierto que cuando Isidoro menciona "la expulsión de los reyes" se refiere al fin de la monarquía como consecuencia del derrocamiento de Lucio Tarquinio en 509 a.C., el último rey de Roma. 


Lucio Tarquinio, apodado el Soberbio
En cualquier caso, e independientemente de la tradición que adjudicaba a Rómulo lo de las tribus, el hecho es que las particiones de la sociedad romana eran al parecer una idea tomada de los etruscos. Así, el pueblo se dividía en tres tribus, RAMNNES, TITES y LVCERES, cada una de las cuales estaba formada por diez curias, término que proviene de CO VIRIA, que venía a significar asamblea de hombres armados. A su vez, cada curia estaba compuesta por un determinado número de familias o GENTIS. Esta era grosso modo la organización social romana, que para elegir a sus dirigentes recurrían a una asamblea denominada COMITIA CVRIATA que, mediante votación, elegían al TRIBVNVS MILITVM que estaría al mando de los mil hombres que aportaba cada tribu (cien por curia) en caso de guerra. Recordemos que en aquellos tiempos Roma no tenía ejército profesional, y solo se llamaba a las armas al personal en caso de peligro. Así pues, como vemos, el término tribuno evolucionó de forma que no solo era un cargo de tipo administrativo, sino también militar por ser el designado para estar al frente de las tropas que aportaba cada tribu, o sea, cada una de las tres partes en que se dividía la antigua sociedad romana. Por otro lado, la dignidad tribunicia se obtenía por méritos y no por cuestiones políticas ya que el pueblo elegía al que consideraba más apto. Al cabo, lo que estaba en juego era la supervivencia de todos.


Cónsul empuñando el SCIPIO EBVRNEVS, un
bastón rematado por un águila de marfil que era
el símbolo de su rango. Junto a él, uno de los
doce LICTORES que le daban escolta
Pero como los romanos tenían muy claro eso de que si se quería preservar la paz había que prepararse para la guerra, hubo que crear un pequeño ejército (pequeño si lo comparamos con lo que vino después) para disponer en todo momento de tropas debidamente entrenadas y a punto para hacer frente a cualquier amenaza. Hacia el 362 a.C. se formaron dos legiones que, unos años más tarde, hacia 311 a.C., se aumentaron a cuatro, y que estaban bajo el mando directo de los dos cónsules que eran elegidos anualmente para dirigir el cotarro. En este período, la figura del tribuno pasó a convertirse en la de un subalterno, siendo elegidos por la asamblea seis por cada una de las legiones consulares disponibles. No obstante y aunque el mando supremo lo ostentaba el cónsul, la figura del tribuno seguía gozando de un enorme prestigio ya que seguían siendo los miembros de más alto rango de una legión que tenían experiencia militar. De hecho, mientras que el cónsul seguía siendo un mero político con más o menos conocimientos de la materia, los tribunos debían servir al menos durante cinco años en su unidad, lo que no solo les permitía aumentar notablemente su experiencia, sino también su conocimiento de la misma legión ya que servían en ella durante todo el tiempo que permanecían sujetos a filas.


Representación del dios Marte en el altar de
Domicio Æmobarbo ataviado como si
se tratase de un tribuno militar. El yelmo es del
tipo estrusco corintio
Por otro lado, los cónsules, por razón de su cargo, no tenían la posibilidad de dedicarse a tiempo completo a sus deberes militares, por lo que era habitual que durante su ausencia delegaran el mando de las unidades a su cargo a los tribunos estableciéndose un sistema rotatorio por el que ostentaban el mando dos de los seis que servían en cada legión por períodos de dos meses una vez iniciada la campaña anual, que duraba desde el mes de marzo hasta octubre. No obstante, este sistema acabó siendo abolido por ineficaz ya que una unidad militar no puede estar cambiando de comandante cada dos por tres, imponiendo cada uno las normas y preceptos que consideraba más adecuados para, dos meses después, ser cambiados por el que le sucedía en el mando. En todo caso y como muestra de la importancia que se le daba a la dignidad tribunicia tenemos el hecho de que incluso hombres de rango senatorial que habían sido cónsules, el más elevado rango al que podía aspirar un ciudadano romano, se presentaban a los comicios para ser elegidos tribunos, pasando a servir en una legión a las órdenes del nuevo cónsul.


Recreación de un tribuno angusticlavio según
Embleton. Como vemos, va armado con una
coraza musculada que es rodeada por un
CINTICVLVS. En la cabeza lleva un
casco ático, si bien no hay certeza sobre
el tipo de yelmo empleado por los tribunos
Sin embargo, el problema principal seguía existiendo: los cónsules no tenían el don de la bilocación, y tenían que delegar en alguien de total confianza para que mandase las legiones durante su ausencia. Así es como, hacia el 190 a.C., surgió la figura del LEGATVS, término que no creo necesite traducción, el cual era el que estaría al frente del ejército durante las ausencias del cónsul. En este caso, la figura del tribuno pasaría a convertirse en la de un subalterno de alto rango a las órdenes del legado y que, además de sus deberes puramente militares, debía atender otros heredados de su rango desde la creación del tribunado, que no eran otros que preocuparse del bienestar y de las condiciones de vida de la tropa ya que, tanto en cuanto eran magistrados electos, el pueblo de Roma les había encargado precisamente que velasen por sus soldados. Con todo, dentro del cuerpo tribunicio tenían su propio escalafón por el que, en función de los méritos de cada uno de ellos, se les iba adjudicando el mando de diversas unidades. De ese modo, se les ponía al mando de las unidades de auxiliares o, llegado el caso, incluso de toda un ALÆ MILLIARIÆ de caballería, unidad formada 24 TVRMÆ de 32 hombres cada una.

Para presentarse a los comicios era imprescindible pertenecer al orden ecuestre si bien muchos hijos de senadores no dudaban en probar suerte para, de ese modo, añadir su experiencia militar a su currículum de cara a su futura carrera política, el CVRSVS HONORVM al que cualquier patricio dedicaba su existencia. Pero el aumento progresivo del ejército facilitó que muchos de estos jóvenes con aspiraciones políticas pudieran obviar su paso por unas elecciones ya que los 16 tribunos salidos de los comicios eran enviados a las cuatro legiones consulares, mientras que los necesarios para cubrir las plazas de las legiones de nuevo cuño eran simplemente elegidos a dedo por el cónsul o el legado al mando, lo que favoreció cierto nepotismo ya que estos recurrían a sus hijos, parientes cercanos o incluso a familiares de sus amigos para facilitar el inicio de su carrera política. Esto produjo un notable descenso en la calidad del personal ya que se entregaba el cargo a jóvenes que no necesariamente tenían la vocación ni la capacitación ni, más importante aún, el arrojo necesario para arrostrar una batalla. Así pues, se dieron bastantes casos de tribunos que dieron muestras de una cobardía palmaria, y alguno que otro incluso se puso a llorar a moco tendido ante la perspectiva de tener que verse sumergido en la vorágine de la batalla.


A la izquierda tenemos una recreación de una túnica de
angusticlavio. A la derecha, de laticlavio
Con la llegada del Principado y el gran aumento de legiones que requería el vasto imperio creado hubo que aumentar el número de tribunos por razones obvias, por lo que dejaron de ser elegidos mediante comicios para convertir el rango en una suerte de servicio militar obligatorio para todo aquel que quisiera ser alguien en Roma. Así, aunque se mantenían la media docena tradicional, se dividieron en dos tipos. Por un lado estaba el tribuno laticlavio, un hombre perteneciente al rango senatorial que, a efectos prácticos, era el segundo al mando en una legión tras el legado. El término laticlavio, o LATICLAVIVS, como vuecedes prefieran, hacía referencia al ancho de la banda de color púrpura propia de su estatus social que se llevaba tanto en la toga como en la túnica. LATICLAVIVS es un palabro compuesto de los términos LATVS, ancho, y CLAVVS, franja o banda, o sea, banda ancha. Su permanencia en filas podía oscilar entre los tres y los diez años hasta lograr el anhelado puesto en el senado, lo que alcanzaban en función de las bajas a cubrir y, sobre todo, de sus méritos y la voluntad del emperador, que era al fin y al cabo el que concedía dicho estatus a discreción. Otros, a los que la vida militar era lo que verdaderamente les gustaba, pues se quedaban en el ejército hasta alcanzar el rango de legado. Hubo césares que, como Adriano o Pertinax, habían iniciado su carrera militar como tribunos, pasando muchos años de servicio hasta alcanzar el grado máximo que, por cierto, luego les valió para hacerse con el poder absoluto.

Otra propuesta del aspecto de un tribuno
armado con una LORICA MUSCULATA y
yelmo ático. En vez de sandalias usa
unos CALCEI
En cuanto a los cinco tribunos restantes, pertenecían al orden ecuestre, para lo cual tenían que acreditar una fortuna personal de al menos cuatrocientos mil sestercios. Eran los llamados tribunos angusticlavios que, como sus colegas, también tomaron el nombre en referencia a la banda púrpura distintiva de su rango social, en este caso una banda estrecha. En latín, la palabra ANGVSTIA no solo indicaba un estado de ánimo un poco chungo, sino también tenía la acepción de estrechez o espacio estrecho. Así pues, un TRIBVNVS ANGVSTICLAVIVS era un tribuno de banda estrecha, o sea, perteneciente al orden ecuestre. Pero, aparte del ancho de la banda, esta categoría de tribunos se asemejaba poco a la de sus colegas senatoriales independientemente de que también alcanzaran la dignidad tribunicia como un paso inicial en su CVRSVS HONORVM y, llegado el caso, incluso poder ascender de rango social alcanzando el de senador. Al cabo, el sueño dorado de todo romano era mejorar su estatus ya que ello no solo implicaba una mayor DIGNITAS, sino un notable aumento en los ingresos de la familia gracias a los distintos cargos a los que un miembro de la casta senatorial podía optar. Un gobierno en una provincia podría suponerle verse enriquecido para tropocientas generaciones.

PRIMVS PILVS. Estos centuriones veteranos
eran los depositarios de la confianza total
de los mandos superiores. Al cabo, servían
en la misma unidad durante muchos años
Sin embargo, los angusticlavios carecían de mando efectivo sobre las tropas. Cualquier centurión tenía más poder aunque estuvieran un paso por debajo de ellos en la jerarquía de la legión. Así pues, sus principales cometidos eran de tipo administrativo y judicial. Aparte de la tradicional misión de velar por el bienestar del personal, se dedicaban a actuar como enlaces entre el legado, el tribuno laticlavio y los centuriones, a distribuir consignas, organizar los turnos de guardia y chorradas por el estilo. La andadura de un angusticlavio en la milicia comenzaba a los 18 o 19 años con la SEMESTRI TRIBVNATA, un período de seis meses comprendidos entre marzo y octubre que dedicaba a ir tomando la experiencia y los conocimientos necesarios para el buen desempeño de su cargo. Sin embargo, estos períodos de adiestramiento no podían ser presentados como méritos de cara a su futura carrera política, por lo que muchos jóvenes optaban por tomárselos como unas vacaciones lejos de la tutela paterna para hacer lo que les daba la gana siempre y cuando su unidad no se viera implicada en alguna guerra. Como vemos, estos nuevos tribunos que optaban al cargo solo como trampolín para un ascenso de estatus social ya no tenían nada que ver con sus homólogos de los primeros tiempos, y la nula vocación militar de muchos de ellos era evidente. No obstante, había otros con más sentido común y con ganas de dejar en buen lugar a los patrocinadores que les habían recomendado a tal o cual legado para servir a sus órdenes. De ese modo, en vez de dedicarse a hacer el gamba empleaban la SEMESTRI TRIBVNATA para ir medrando, a hacerse un nombre y, lo más importante para ellos, ser bienquistos por los mandamases que, a lo largo de su estancia en el ejército, favorecerían sus ascensos, lo que sí influiría notablemente en su futura carrera política. 


Otra recreación más. En este caso,
los colores de la túnica y el manto
están basados en una pintura hallada
en Dura Europos, Siria
En tiempos de Clau-Clau-Claudio, un angusticlavio podía alcanzar el rango senatorial sirviendo en el ejército a base de echarle ganas y pasar varios años intentando abrirse camino para ir logrando el mando de unidades auxiliares, primero de infantería y luego de caballería, que jerárquicamente hablando tenían un estatus superior. Tras unos cinco años podía lograr ser inscrito en la lista de ascensos al orden senatorial, lo que quedaba al arbitrio del emperador, y ahí sí que era imprescindible presentar un historial distinguido, y no el de un niñato que había dedicado su paso por la milicia a francachelas y a gastarse en putas y vino su STIPENDIVM o la pasta que papá le mandaba desde casa. Además, era de gran importancia contar con cartas de recomendación tanto de sus superiores como del pariente o amigo que lo patrocinó, y que obviamente le sería entregada si lo había dejado en buen lugar ante el legado al que le pidió el favor. Así pues, con veintitantos o treinta años un miembro del orden ecuestre podía verse formando parte del rango senatorial y, gracias a ello, poder optar a los más elevados puestos del imperio como cónsul, gobernador de una provincia o, ya puestos, la guirnalda imperial.

Como colofón, añadir que cuando se crearon en tiempos de Augusto las cohortes urbanas, estas fueron puestas bajo el mando de un PRÆFECTVS VRBI del que dependían las cuatro que se formaron inicialmente, las cuales estaban compuestas inicialmente por 1.500 hombres a las órdenes de un tribuno si bien en este caso no procedían de ninguna casta superior, sino de antiguos centuriones primipilarios del ejército. En fin, esta es grosso modo la historia de este rango militar que, como hemos visto, sufrió una involución notable desde sus orígenes hasta su desaparición en tiempos de Constantino, pasando de ser la salvaguardia de la patria a un mero trámite para que los niños bien pudieran iniciar una carrera política que les permitiera medrar en una sociedad clasista como pocas. De hecho, ante el aumento de aspirantes al senado y teniendo en cuenta que un tribuno laticlavio debía estar al menos entre tres y cinco años sujeto a filas, se encontraron con que cada vez había menos plazas disponibles para el cargo, mientras que por otro lado había cada vez más jóvenes esperando a ser llamados para cubrir las vacantes. Por ese motivo, en tiempos de Clau-Clau-Claudio se optó por otorgar el rango tribunicio a estos aspirantes aunque no fuesen enviados a servir a ninguna legión, sino a desempeñar cuestiones de tipo administrativo relacionadas o no con la milicia. En fin, que ya no eran lo que fueron. No obstante y a modo de curiosidad final, las legiones acantonadas en Egipto eran por norma mandadas por tribunos en vez de por legados. El motivo no era otro que dicha provincia estaba bajo el mando de un prefecto y no de un gobernador. Y como un prefecto estaba jerárquicamente por debajo de un legado, el primero no podría darle órdenes al segundo así que lo solucionaron enviando a tribunos militares.

Bueno, como la moribundez aún no se me ha ido, estoy ahora mismo al borde del colapso de modo que me piro a tomarme algo que sea especialmente tonificante, a ver si revivo.

Hale, he dicho

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6 comentarios:

dani dijo...

Muy buen artíulo, como todos. Hay siempre la tendencia a fijarse en las atribuciones de un cargo en un momento histórico concreto y pensar que siempre fueron así, pero "las cosas" evolucionan.
En una novela leí que el primer cargo electo de Julio César fue de tribuno militar.

Amo del castillo dijo...

Muy agradecido vos quedo, Sr. Dani. En cuanto a lo de César, su primer cargo electo fue el de flamen dialis y, si mal no recuerdo, nunca fue tribuno sino cuestor. Al cabo, su primera juventud fue un tanto farragosa por su enemistad con Sila.

Un saludo

Tio Juan Sordo dijo...

Don Jenaro, bien está vuesarced maquinando una entrada de esas suyas,excelentes y extensas en tema y contenido; o bien, por fin, vos ha asesinado el hermano de su señora esposa (dama a cuyos pies me postro)
¿Desde el 21 de abril sin escribir? No nos mortifique, señor mio y ¡escriba, joder, escriba!

Amo del castillo dijo...

Le agradezco su interés, Sr. Sordo. Estoy vivito y coleando y, de hecho, carezco de parentela política que pueda atentar contra mi vida. Simplemente la musa se ha largado de vacaciones, de modo que toca esperar a ver si vuelve en breve.

Por cierto, no me llamo Jenaro. Es un simple seudónimo literario tomado de uno de mis abuelos.

Un saludo

Tio Juan Sordo dijo...

No se fíe vuesarced de las musas, don Seudónimo, que son rameras, las que solo pagándolas con el trabajo y el intelecto el autor, yacen con él.

En tanto publique usted algo, me entretengo leyendo a otro señor, quien, como usted, hace amena la historia. Y pongo ejemplo:
http://historiasdehispania.blogspot.com.es/2008/03/como-cagancho-en-almagro.html

Dese usted por saludado con viriles palmadas en la espalda

Argonauta dijo...

Que curiosos, yo tambien
sigo con deleite ambos blogs