domingo, 6 de agosto de 2017

Curiosidades. El primer vehículo blindado




Apostaría diez barriles de zumo de cebada helaíto der'tó a que si le preguntamos a cualquier cuñado que tiene ya la butaca amoldada al cuerpo de tantas horas viendo documentales del Canal Historia cual fue el primer vehículo blindado- operativo, claro, no vamos dejarle salir con lo de Leonardo da Vinci-, nos enumerará con voz campanuda y dándose aires de sapiencia infinita los modelos británicos fabricados a partir de 1916. Está de más decir que, en ese caso, podremos humillarlo bonitamente por enésima vez y lo dejaremos hundido en la butaca lloriqueando amargamente y, con suerte, igual decide poner fin a su existencia.

La verdad es que lo que conocemos hoy día como carro de combate, o sea, un vehículo blindado sobre orugas, serían la "Tritton Machine" y el "HMLS Centipede", apodado Mother y que fue, como su nombre indica, la madre de los Male y Female de los british (Dios maldiga a Nelson), contemporáneos a los Schneider y St. Chamond de los gabachos (Dios maldiga al enano corso). Pero la cosa es que hemos preguntado al llorón del cuñado por el primer vehículo blindado en general, independientemente de que tuviese orugas, gusanos o simplemente ruedas, y ahí es donde podremos apuntillarlo gallardamente.

La cuestión es que, contrariamente a lo que muchos creen, el concepto de blindar y armar un vehículo con fines militares era bastante anterior a la Gran Guerra. El único inconveniente que se presentaba era dotarlo de una fuente motriz capaz de mover el ingenio de forma autónoma y no mediante pencos suicidas como el famoso y nada práctico diseño del visionario florentino o, ya puestos, como los transportes de tropas que ya aparecían en los manuscritos de finales de la Edad Media obra de Konrad Kyeser y demás sesudos ciudadanos. Así pues, no fue hasta la aparición de la máquina de vapor cuando semejante idea pudo empezar a plantearse seriamente. Así, en 1770 un probo inventor gabacho por nombre Nicolas-Joseph Cugnot,  al que sus paisanos consideran como el padre del primer vehículo automóvil, ofreció su diseño, un trasto a vapor como el que vemos en el grabado superior, como tractor de artillería ya que afirmaba era capaz de tirar de cuatro toneladas. Como está mandado, no le hicieron mucho caso al pobre hombre ya que, por norma, todos los que mandan en los ejércitos son especialmente remisos a aceptar nuevos métodos, sistemas o simples ideas que se salgan de lo establecido, al menos hasta tiempos recientes en que los milites se han vuelto más abiertos a las novedades por la cuenta que les trae.

Vehículo a vapor de Dickinson. Cabe suponer que el tiro de caballos era
para acercarlo al frente y, a partir de ahí, moverse de forma autónoma
Tras el intento de Cugnot hubo un nuevo amago de darle a los motores de vapor un uso militar, en este caso en plena Guerra de Secesión por parte de un sureño por nombre Charles S. Dickinson, que ideó en 1861 un vehículo blindado parcialmente sobre el que iba instalado un cañón, o sea, un carro de combate según los conceptos de nuestros días. Sin embargo, el invento cayó en manos de las tropas de la Unión antes siquiera de haber podido entrar en acción, y ahí quedo la cosa. Hubo que esperar a los albores del siglo XX para ver el nacimiento de un vehículo blindado que no solo funcionaba, sino que marcó el inicio de lo que sería un nuevo tipo de armas que no solo ha llegado a nuestros días, sino que son el pilar de cualquier fuerza terrestre si se quiere apiolar con rapidez y eficacia a los enemigos. Es más, este nuevo concepto no tardó en calar entre los milites de la época, y desde 1900 hasta el comienzo de la Gran Guerra se diseñaron una serie de vehículos que, por lo general, suelen ser grandes desconocidos por lo que en sucesivas entradas los iremos estudiando poco a poco para, con los conocimientos adquiridos, añadir un puñetero clavo más al ataúd académico del cuñado más despreciable y sabihondo.

 Bien, hecho pues este introito inicial aclaratorio, vamos al grano...

Milicianos bóers. A pesar de su aspecto poco
marcial, estos colonos incordiaron en grado
sumo a los british.
Como es de todos sabido, no hay nada como las guerras para agitar los magines del personal, que con las premuras por derrotar al enemigo, o impedir que este les derrote, se sacuden las telarañas de las neuronas y se ponen a inventar que es una cosa mala. Eso sucedió a raíz de los violentos cambios de impresiones que los british tuvieron con los bóers por la posesión de Sudáfrica allá por las postrimerías del siglo XIX, cuando los belicosos descendientes de los colonos holandeses sacaban de sus armeros sus magníficos rifles para matar elefantes y dejaban a los soldados del gracioso de su majestad que daba pena verlos. En el War Office, el Ministerio de la Guerra, de los british tenían cada vez más claro que en aquel contexto bélico no estaría de más ir mecanizando a las tropas, concretamente la intendencia y la artillería, para poder trasladar de un sitio a otro tanto los suministros necesarios para el mantenimiento de las tropas como el desplazamiento de sus baterías con la máxima premura ya que los bóers tenían la irritante costumbre de moverse como culebras por aquella tierra que conocían como las apetencias etílicas de sus cuñados.

Así pues se recurrió a los tractores a vapor fabricados por la firma John Fowler Co. Ltd., de Leeds, para poner en servicio una serie de vehículos que, previamente blindados, sirvieran para acarrear tanto bastimentos como artillería allá donde fuese necesario. En julio de 1900 llegó a Sudáfrica el primero de estos tractores acompañado de un tren de cuatro vagones que se vio ampliado con otro similar dos semanas más tarde. El vehículo en cuestión era el tractor Fowler modelo B.5s, un enorme trasto con un motor de 115 cv. que había sido enteramente blindado con chapa capaz de resistir cualquier proyectil disparado por armas ligeras. La caldera, situada en la parte inferior delantera, también había sido blindada con una chapa semicircular y las ruedas, enteramente metálicas, pues no podían pincharse a balazos. Para que la tripulación pudiera maniobrar adecuadamente el vehículo disponía de tres aspilleras a cada lado tal como se aprecia en la foto: dos mirando hacia atrás, una a cada lado y dos hacia adelante. Incluso el techo estaba protegido por un portón de gruesa chapa que, en caso de que el enemigo disparase desde una cota más elevada, se cerraba para que la tripulación permaneciese a cubierto.

En cuanto a los vagones, en las fotos de la derecha podemos ver su aspecto. Según se aprecia en la imagen superior, consistían en un chasis con cuatro ruedas con el eje delantero giratorio. El blindaje estaba formado por tres secciones con un portón trasero por donde podía incluso introducirse un cañón, tal como vemos en la foto inferior, con la ayuda de los raíles que aparecen enganchados en el chasis. Así mismo, en cada costado se abrían tres aspilleras desde donde los ocupantes del vehículo podían abrir fuego con total impunidad contra el enemigo salvo, eso sí, que les disparasen desde zonas elevadas porque los vagones, contrariamente a lo visto en el tractor, no disponían de blindaje en el techo, que lo más que podía era cubrirse con una lona para no achicharrarse con el sol o calarse hasta los huesos con la lluvia. Si tenemos en cuenta que cada tractor disponía de cuatro vagones tenemos que podían transportar al menos dos cañones de campaña con todos sus pertrechos, municiones, servidores e incluso una escolta para repeler un posible ataque, que eso de apoderarse de los cañones enemigos siempre ha sido una actividad predatoria sumamente beneficiosa.

En la foto de la izquierda podemos ver el aspecto de un Fowler B.5 con tres vagones y un cañón enganchado en el último. Lógicamente, las combinaciones que podían hacerse con este tipo de vehículo eran muy variadas en función de las necesidades de cada momento, dotándolos de una versatilidad nunca vista hasta aquella época y, lo más importante, sin depender de la tracción animal que, aunque aún perduró casi medio siglo más, no dejaba de ser un grave impedimento en multitud de circunstancias.

Un vagón totalmente cerrado. Se puede apreciar que las aspilleras disponían
de un cierre por la parte interior, así como la zapata de freno que llevaba
cada rueda trasera para inmovilizar el vagón durante la carga o descarga
de bastimentos o cañones.
En total fueron enviados a Sudáfrica cuatro de estos tractores con sus respectivos vagones, pero a algún genio de la guerra no se le ocurrió nada más absurdo que despojar a dos de ellos de su blindaje para usarlo en trenes, por lo que solo dos B.5 permanecieron operativos para cabreo de la sufrida infantería ya que la protección y la seguridad que les brindaban estos vehículos a las columnas de tropas que se desplazaban por carretera era algo nunca visto hasta entonces. Debemos tener en cuenta que los bóers se lo pensaban dos veces antes de atacar una unidad protegida por un vehículo blindado contra el que nada podían salvo que dispusieran de artillería de campaña y desde donde podían abrasarlos a tiros impunemente. 

Planos del Fowler B5 con un vagón
La guerra anglo-bóer acabó en mayo de 1902, por lo que no hubo mucho tiempo para extenderse en el uso táctico del tractor Fowler, ni tampoco el número de vehículos en liza permitió establecer unos baremos fiables en lo tocante a su eficacia. Sin embargo, un teniente coronel alemán, un tal Von Layriz que estuvo de observador en dicho conflicto junto a los british, tomó buena nota de las posibilidades de este tipo de vehículos, sugiriendo la posibilidad de instalar en los vagones cañones de tiro rápido para usarlos como una especie de carro husita moderno, una pequeña fortificación móvil que podía trasladarse y emplazarse rápidamente en cualquier punto sensible para su defensa contra ataques enemigos tales como puentes, nudos ferroviarios, carreteras, etc. El final de la guerra no permitió poner en practica la idea de Von Layriz, pero en cierto modo podemos decir que fue el germen de lo que más adelante sería uno de los usos tácticos de los carros de combate.

En fin, ya está. Voy a ver si la temperatura ha descendido un par de decenas de grados y puedo salir a la puñetera calle a estirar las piernas. Ya seguiremos.

Hale, he dicho

14 comentarios:

nathan hale smith patton dijo...

Tengo entendido tambien que los romanos usaban un tipo de vehiculo de torreta giratoria que disparaba flechas gigantes
Y si nos remontamos mas atras la formacion tortuga de los griegos

Amo del castillo dijo...

Es la primera vez que oigo mencionar ese vehículo que menciona, Sr. Nathan. ¿Dónde ha leído eso? En cuando a la formación en tortuga no era usada por los griegos sino por los romanos.

Un saludo

Manue dijo...

Ya se le echaba de menos. Pensaba que los rigores del verano sevillano habían desnaturalizado sus proteínas. Un saludo y encantado de volver a leerle.

Amo del castillo dijo...

Agradecido por su interés, Sr. Manue. Por cierto que las proteínas no se me han desnaturalizado. La triste y cruda realidad es que se me han vaporizado.

Un saludo y gracias por su comentario

Mr. Gatsby dijo...

Pues todo esto si que me era completamente desconocido, ha sido un placer leerlo porque me encantan estas movidas steampunk. Una pregunta, aunque los militares de la época hubieran abrazado el artefacto de Cugnot, ¿realmente era viable y suponía una clara ventaja sobre los caballos? Porque así de primeras da la impresión de que fabricar en serie esos chismes en 1770 era de todo menos sencillo, mientras que los caballos los sacabas a puñaos de cualquier parte.

Eso si, de haberse hecho, imaginarse al ejército de Napoleón "mecanizado" con una versión mejorada del chisme es algo glorioso. Creo que solamente ver estos engendros ruidosos soltando chorros de vapor mientras remolcan la artillería francesa hubiera bastado para que más de uno huyera despavorido.

dani dijo...

Me alegro de que la musa no le avandone. En mis años mozos, antes de que internet fuera si quiera algo de lo que hablaran los entendidos, hice una colección titulada Armamento y Poder Militar. En esa colección se hablaba de los vehículos blindadosanteriores a la IGM (solo de pasada). El que más gracia me hizo era uno dedicado a destruir globos......... No se si habrá oído hablar de el.

Amo del castillo dijo...

El chisme de Cugnot era, como suele ocurrir a veces, un concepto avanzado a su época. Es decir, era una idea fantástica que aún no servía de nada porque carecía de la tecnología necesaria para que fuese verdaderamente útil. Su velocidad máxima era de apenas 4 km/h, o sea la misma que la de un hombre caminando con paso normal, y eso por carreteras. Campo a través sería como un galápago artrítico por lo menos. Por otro lado, un simple balazo en la caldera habría bastado para inmovilizarlo ya que la pérdida de presión sería constante y muy difícil de reparar con rapidez. En fin, que al invento le quedaba un hervor para ser verdaderamente práctico.

Por lo demás, celebro que haya sido de su interés, mi muy ilustre ilustrador.

Un saludo

Amo del castillo dijo...

Ciertamente recuerdo esa publicación que menciona, Sr. Dani. De hecho, creo que incluso compré algunos números, pero no podría jurarlo por mis augustas barbas con la contundencia habitual. En cuanto al vehículo que menciona supongo que se referirá al Panzerkraftwagen Ehrhardt, un camión dotado de una torreta armada con un cañón de 5 cm. Descuide, está en la lista de trastos blindados pre-guerra, así que ya hablaremos de él largo y tendido en su momento.

Un saludo y gracias por su comentario

Mr. Gatsby dijo...

Lo suponía, si. Aunque lo de la velocidad, teniendo en cuenta que estaba pensado para remolcar artillería, no debería tener mucho inconveniente, no?. Lo de la caldera sin duda le incapacita para cualquier uso militar, pero no deja de ser divertido imaginarse una versión mejorada con la caldera en la parte de atrás, protegida por planchas de blindaje, algo más de potencia, y además equipada con un cañón de tiro "rápido" Puckle para defenderse en caso de emboscadas. En cualquier caso, dudo que hasta después de las Guerras Napoleonicas, por mucho que se hubieran devanado los sesos, hubieran podido darle la potencia necesaria para remolcar una pieza de 12 libras por una cuesta mínimamente inclinada. En fin, me encanta imaginarme chismes steampunk a partir de artefactos históricos como este, jaja.

Saludos.

nathan hale smith patton dijo...

Le quedo a deber sr del castillo, torta de años que lei eso y hasta venia con una imagen, era un vehiclo romano de 4 ruedas y en medio llevaba una torreta con una ballesta gigante que disparaba flecha, lo he estado buscando de hace dias pero no la encuentro

colgado de un pino dijo...

pecunia pecuniae.....pecuniario. no se de donde se inventan lo de peculio. A ese invento le deben instalar la bomba atómica para ser definitivanmente letal.

Amo del castillo dijo...

Y recordemos, Sr. Gatsby, que la velocidad especificada era sobre un camino, no campo a través. Decididamente, el empleo de ese artefacto a principios del siglo XIX habría sido ciencia-ficción pura y dura.

Un saludo

Amo del castillo dijo...

Pues no deje de informarme cuando localice el invento, Sr. Nathan, debe ser digno de verse.

Un saludo

Amo del castillo dijo...

Sírvase echar un vistazo a estos enlaces, Sr. Colgado, porque me temo que está confundido:

http://www.wordreference.com/es/en/frames.aspx?es=peculio

http://buscon.rae.es/dpd/srv/search?id=AdGbM2SwrD6mnZwRsc

http://controlalalengua.blogspot.com.es/2013/10/ojo-con-tu-pecunio.html

Un saludo