domingo, 4 de octubre de 2026

CURIOSIDADES: LAS PICAS CROFT

 

Probos aspirantes a homicidas armados con las singulares picas Croft y jugando a "Retorno al Pasado"

Probos ciudadanos luciendo el brazalete de los LVD. El que
vemos en primer término hasta se ha plantado las medallas
ganadas en la Gran Guerra, a ver si le dan un carguito

Los british (Dios maldiga a Nelson) se quedaron bastante perplejos cuando vieron que los tedescos arrollaban todo a su paso, y que el aparentemente invencible ejército gabacho (Dios maldiga al enano corso) era literalmente aplastado en menos que canta un gallo. Obviamente, la humillante retirada de la BEF (British Expeditionary Force, Fuerza Expedicionaria Británica) entre el 27 de mayo y el 4 de junio de 1940 hizo que a los súbditos de su Graciosa Majestad se les indigestaran los pasteles de riñones. De hecho, los que escaparon lo pudieron hacer porque el ciudadano Adolf quiso mostrar un gesto de benevolencia de cara a una posible firma de algún tratado de paz. De lo contrario, podría haber aniquilado hasta el último isleño sin que pudieran hacer nada por evitarlo, con el Atlántico a su espalda y una pletórica Wehrmacht  hasta las cejas de Pervitin frente a ellos. En vista de cómo se estaba poniendo el patio, el 14 de mayo ya se había decretado la formación de la Home Guard, inicialmente denominada como Local Defence Volunteers o LDV. Doy por sentado que todos los que me leen ya saben de sobra quiénes eran estos abnegados ciudadanos que, inválidos para ir al frente, se ofrecieron para defender su isla mohosa de forma totalmente altruista.

Obviamente, la idea no era que la Home Guard presentase batalla en caso de una invasión tedesca, sino de ejercer labores de vigilancia, comunicaciones y control de puntos sensibles, léase carreteras, antenas, centrales eléctricas, depósitos de cualquier tipo, vigilancia costera, etc. y, muy importante, ciudadanos sospechosos de poder ser espías tedescos. El tema del espionaje se convirtió en una verdadera paranoia, y hasta llegaron a eliminar las señales de tráfico para que, si se presentaban los tedescos, se perdieran. Supongo que, llegado el caso, la Wehrmacht dispondría de mapas que harían prescindibles las dichosas señales, pero de los british puede esperarse cualquier gilipollez. En todo caso, la cuestión es que armar a todos los voluntarios se convirtió inicialmente en una misión imposible. Las armas disponibles eran para el ejército regular, y los voluntarios se tenían que aviar con lo que fuera. En la foto de la izquierda vemos a un grupo de ellos cuyo instructor porta un subfusil Thomson, el primer fulano de la primera fila un BAR 1918, el que está detrás de él una ametralladora Lewis, y el resto del personal fusiles Enfield 1917 en calibre 30-06 enviados por los yankees mediante la Ley de Préstamo y Arriendo. 

Ilustrativa foto que muestra la evolución de los primeros
LVD a la Home Guard. De hecho, hacia finales del conflicto
eran una fuerza bien armada y preparada, que incluso se
usaba con los jóvenes de 17 y 18 años como paso previo al
reclutamiento
El 5 de junio, cuando los supervivientes de la Operación Dinamo aún se estaban secando la ropa, ya se habían alistado a los LVD nada menos que 300.000 ciudadanos, pero solo se habían podido distribuir 94.000 fusiles. Aún tuvo que pasar un mes para que llegaran los primeros Springfield 1917 de un contrato de medio millón, denominados P17 por los british en su empeño de darle a todo un toque británico, y 130 millones de cartuchos de calibre 30-06. No obstante, en modo alguno se pudo cubrir la demanda porque los efectivos de la Home Guard seguían creciendo, 
y se requisaron mogollón de armas a la población, principalmente escopetas de caza y carabinas de calibre .22. Y en vista de que la munición había que distribuirla con cuentagotas, pues se recomendó perforar las puntas de las balas del 30-06 para convertirlas en dum-dum, y se entregaron cartuchos de postas, que eran más dañinos que los perdigones para faisanes. Y aparte del armamento individual, pues se echó manos a los chismes más variopintos, reuniendo 47.000 ametralladoras que, imagino, serían de varios calibres distintos, lo que supondría un verdadero problema logístico.

Pero este articulillo no va de la Home Guard, y lo dicho es para ponerles en contexto del chisme que le da título: la pica Croft.

En junio de 1941, el orondo Churchill llevaba ya algo más de un año ejerciendo de Primer Ministro, y veía que sus conciudadanos se prestaban a defender el suelo patrio, pero muchos de ellos solo disponían para ese menester de piedras o cualquier herramienta casera para ello, incluyendo su infame gastronomía capaz de aniquilar al ejército de Atila en una hora. Por lo tanto, y buscando algo que no fuera un azadón o similar, escribió 
al Departamento de Guerra diciendo que "cada hombre debe tener un arma de algún tipo, aunque sea solo una lanza o una maza". Y, como cabría esperar, los fulanos del Departamento de Guerra se lo tomaron de forma literal, por lo que a alguien, no se sabe quién, se le ocurrió la genial idea de embutir la empuñadura de una bayoneta modelo 1907 en un tubo de acero de 5 pies de largo (152'4 cm.). En la foto de la izquierda podemos ver y admirar el complejo pero sofisticado diseño del arma, en este caso manejada por un fiero ciudadano con muchas medallas de la guerra anterior, que eso de pasearse con los méritos bélicos en el pecho mola mucho y se obtienen cantidad de invitaciones en el pub para degustar una buena pinta de cerveza tibia o un whisky decente.

Sesión de entrenamiento piquero
Y dicho y hecho. Los del Departamento de Guerra comunicaron al Ministerio de Producción Aérea la "orden" del Premier, y se acometió la producción de 250.000 de estos chuzos, nombre más acorde con su tamaño ya que una pica, como sabemos, era muchísimo más larga. Se desconoce con exactitud la fecha en la que se empezaron a distribuir, aunque sí se sabe que en 1942 ya la tenían varias unidades. Parece ser que el invento resultó algo tan bochornoso que muchos oficiales se negaron en redondo a entregarlas al personal. De hecho, las dichosas picas levantaron una polémica notable, hasta el extremo de que se divulgó el hecho de que 100.000 unidades habían sido distribuidas entre el ejército regular acantonado en la isla. El general Sir Frederick Alfred Pile, comandante en jefe del Comando Antiaéreo, afirmó que, ante la escasez de armas, el personal que servía en las piezas antiaéreas había recibido las picas, así como mazas similares a las armas de trinchera usadas durante la Gran Guerra, si bien admitió que se había ordenado no divulgarlo por aquello de la moral de la población. Pero, claro, los fulanos de la Home Guard eran parte de la población, uséase, civiles militarizados, y esos no solo no se callaron, sino que protestaron airadamente por lo que tomaban por una humillación palmaria, y eso que ellos habían recibido menos de la mitad, concretamente 40.884 unidades.

El vilipendiado Croft
Bien, ya vemos que la puñetera pica trajo cola. Pero, ¿de quién tomó el nombre? Pues de Lord Henry Page Croft, 1er. Barón de Croft y Sub-Secretario de Estado para la Guerra, que fue el que tuvo que soportar el chaparrón de forma heroica, porque se cachondearon de él sin piedad. El 4 de febrero de 1942, el diputado Godfrey Nicholson, capitán de la Home Guard, le espetó que "...si no pretendiese tomarlo como una broma (la fabricación de las picas), sería un insulto". Croft no se amilanó, y en su réplica afirmó que "... preferiría tener granaderos entrenados para luchar en áreas urbanas, y si un ataque con granadas pudiera ser seguido rápidamente por acero frío, sería más efectivo. Si yo fuera un granadero en una formación así —y creo que he lanzado la mayoría de los tipos de granadas que se han utilizado en el ejército—, me gustaría tener una pica para poder continuar con mi ataque con las mismas, especialmente de noche. Es un arma muy efectiva y silenciosa". Obviamente, la cosa no quedó ahí. El 11 de marzo siguiente, Sir Henry Fildes, del Partido Liberal, le dedicó este cuarteto en la Cámara de los Comunes. Lo pongo en el idioma original para que sea menos chocante que traducido del tirón:

Here lies a man who fought the Hun;
He had a pike, the Hun a gun;
When his time came to go aloft,
Whom must he blame? The Hun or Croft?

 

Que traduciremos como:  


  Aquí yace un hombre que al huno combatió;

él llevaba una pica, el huno un fusil;
cuando le llegó la hora de partir al más allá,
¿a quién debía culpar? ¿Al huno o a Croft?


Hay que aclarar que el mote que aplicaban los british a los tedescos era el de hunos. En fin, la cosa se fue olvidando cuando, en marzo de 1942, se empezaron a distribuir subfusiles Sten, feos de cojones, no precisamente fiables pero estupendos para la fabricación en masa. En noviembre de aquel mismo año ya se habían distribuido 248.234 subfusiles y 34 millones de cartuchos de 9 mm. Parabellum, lo que daba para uno por cada seis hombres. Los Sten, junto a los fusiles yankees y las escopetas, cuya requisa dio unos años de sosiego a la volatería isleña, permitieron a la Home Guard mandar al carajo a las humillantes picas y verse armados como verdaderos y celosos centinelas del suelo patrio.

Bueno, con esto ya tienen lectura para hoy, que lo del KV-1 es un poco extenso y, a veces, me atocina pasar horas consultando fuentes, manantiales y arroyos.

Hale, he dicho


CETERVM CENSEO PETRVM SANCHODICI ESSE DELENDAM

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