domingo, 9 de agosto de 2026

LA TORRETA SPERRY

 

Probo homicida literalmente embutido en la torreta esférica de un B-17. No era precisamente el puesto más demandado para servir como artillero en los bombarderos pesados que se dedicaban a reducir Alemania a la condición de escombrera

Imagino que, aunque desconozcan el nombre, seguro que las han visto en mogollón de fotos, ¿no?, pero, ¿qué sabemos de ellas? Ná de ná, ¿no? Bueno, pues cuando terminemos sabremos más. Pero, ante todo, un breve introito para ponernos en contexto. Veamos...

Artillero de cintura de un B-17 en acción

En Europa, los yankees emplearon bombarderos pesados B-17, B-24 y, en las postrimerías del conflicto, B-32- que no era más que un B-24 modernizado- para visitar a los tedescos. Aunque las visitas solían componerlas decenas o incluso centenares de aparatos, en cuanto se adentraban en territorio alemán salían a recibirlos enjambres de cazas que revoloteaban como moscas cojoneras entre las formaciones de bombarderos disparando como energúmenos. De ahí la necesidad de dotar a estos de armamento suficiente ya que su defensa dependía de ellos mismos. Los cazas yankees carecían de autonomía para escoltarlos en el viaje de ida y vuelta, por lo que se tenían que ver las caras con los Messerschmitt y los Focke-Wulf que los freían literalmente a tiros. Por lo tanto, de los 10 tripulantes de los bombarderos, salvo el piloto y el copiloto, todos eran artilleros. En el caso de los B-17, tenían cuatro artilleros nominales: el de cola, el de la torreta ventral y los dos de cintura. Pero el operador de radio tenía también que servir una máquina emplazada en un portillo abierto en el techo del aparato; el ingeniero, ídem, sirviendo una cúpula dorsal situada entre la bodega de bombas y la carlinga, y el navegante y el bombardero, ambos situados en el morro, pues ídem de ídem. Según la configuración del aparato podían llevar hasta cuatro máquinas para ellos dos. Como vemos, las cosas no eran nada fáciles para estos probos demoledores de ciudades, que tras 25 misiones los mandaban de vuelta a casa... si las cumplían, naturalmente.

El diseño de la cúpula ventral tuvo su origen en algo bastante elemental: los cazas tedescos no solo los atacaban por detrás, según todos los manuales de aviación del mundo, sino también desde una cota inferior, por debajo del ángulo vertical mínimo de las ametralladoras de cola. En esa posición, un caza podía gastar toda la munición disparando a un bombardero impunemente. A la izquierda tenemos un ejemplo bastante elocuente. Un B-17, aun con su Sperry en la panza, es acosado sin piedad por un Messerschmitt Bf 110. La imagen forma parte de una secuencia filmada con la cámara del caza, y el tedesco se despacha a gusto porque durante casi un minuto ametralla sin descanso al bombardero, viéndose incluso cómo saltan despedidos grandes fragmentos del fuselaje. La película se corta cuando el 
Messerschmitt, una vez que alcanza el B-17, cesa de disparar y pasa por debajo, dejando que el bombardero se desplome elegantemente con los motores 1, 2 y 3 bastante perjudicados, y la Sperry, aunque en algún momento se ve que abre fuego, queda inerte con los cañones a 90º, por lo que sería posible que el artillero la girase para salir de ella. En fin, algo muy desagradable.

Bien, con este introito ya tenemos una idea clara de qué iba la cosa, ¿no? Pasemos pues a la enjundia del tema.

Un primate metido en ese chisme debía sentir lo mismo que un pollo cinco minutos antes de romper el cascarón. Como pueden ver en la ilustración de la derecha, el habitante de la Sperry debía adoptar una posición fetal que se prolongaba durante horas. Literalmente no se podía mover porque todo el interior estaba lleno de chismes, como queda patente. Y, para más inri, ni siquiera tenía la posibilidad de hacer sus necesidades salvo que aún quedase un buen rato para entrar en territorio enemigo y pudiera salir un momento de la torreta. Ni el B-17 ni el B-24 tenían nada parecido a una letrina. Solo un aliviadero en forma de embudo junto a la bodega de bombas para echar una meada, y un balde o una caja de munición si sobrevenía un malvado apretón. Pero si el fulano de la Sperry no podía salir por el motivo que fuese, y esto era extensivo al artillero de cola, pues quedaba la "Opción Bebé": mearse y/o cagarse encima. Pero una simple meadita también era un problema para el resto de la tripulación, porque a partir de los siete u ocho mil metros la temperatura en el interior del aparato podía descender hasta los -50º, y sacarse la picha en esas circunstancias no era nada recomendable. La cosa es que estos chismes no se presurizaban, por lo que sus tripulantes dependían por completo de las máscaras de oxígeno y siete capas de ropa gorda para no palmarla de hipoxia y/o congelados. De hecho, todos llevaban trajes calefactables, y encima gruesas cazadoras, pantalones, manoplas y botas de cuero forrados de zalea ovina. Vamos, que la perspectiva de sacar la colita para la meadita ya era bastante enojosa. 

Por lo tanto, el personal seleccionado para tripular estas torretas eran por norma homicidas bajitos y de constitución birriosa tirando a canija. Ojo, que quede clara una cosa: ni remotamente había cola para convertirse en pseudo-pollo. Antes al contrario, era el puesto menos deseado entre los tripulantes, y los tiparracos de metro ochenta y 90 kilos se ponían muy contentitos en cuando sabían que quedaban descartados de antemano. Bien, para que se hagan una idea, miren la foto de la izquierda, con la que podrán establecer comparaciones. Cuando se cierre la escotilla, el artillero se quedará ahí metido como en la placenta materna recordando su faceta como feto durante unas cuantas horas. Y observen a su compadre que, a pesar de no ser precisamente un Sansón, tiene un volumen nada desdeñable comparado con el de la torreta. Y, de paso, fíjense en los pantalones y las botas. Debajo lleva el traje calefactable que enchufaría a una toma de corriente, de las que todo el avión disponía en los puestos de cada tripulante.

En cuanto al emplazamiento de la torreta, en ambos aviones estaban acopladas en un armazón fijado al techo del fuselaje. Por la columna central de dicho armazón transcurría el cableado eléctrico e hidráulico para su manejo. La foto nos permite ver su situación en el interior de un B-17, entre los artilleros de cintura y la cabina del operador de radio. La torreta estaba encajada en una corona de rodamiento de 118 cm. de diámetro que le permitía girar en cualquier dirección, pero tenía un inconveniente: en el B-17 su posición era fija, uséase, siempre estaba asomando en la panza (véase detalle inferior), mientras que en el B-24 era retráctil, como vemos en el detalle superior. Esto no era un tema baladí, porque si el avión se veía obligado a tomar tierra sin poder bajar el tren de aterrizaje y la torreta se había quedado bloqueada, el habitante de la misma era hombre muerto. Al tocar tierra, salvo contados milagros de los que ha quedado constancia, la Sperry y el que iba dentro eran inexorablemente chafados. Por cierto, la bombona amarilla de la foto era el oxígeno del artillero. Daba para unas dos horas de autonomía por lo que, si la cosa se alargaba, alguno de sus colegas tenía que cambiarla por otra si no quería palmar de hipoxia en caso de volar a más de 8.000 metros. En cualquier caso, la cuestión es que estaba terminantemente prohibido ocupar la torreta durante el despegue y el aterrizaje, por si acaso. 

Bien, cuando llegaba el momento de despegar, la Sperry del B-24 estaría retraída en el interior del aparato, mientras que la del B-17 estaría fuera, con los cañones de las máquinas en posición horizontal mirando hacia atrás y bloqueada para que no se menease por los movimientos del avión. Una vez que todo el grupo de aparatos había despegado y adoptaban la formación adecuada, lo que tomaba un largo rato, llegaba el momento de ocupar la torreta. En la foto vemos como el pseudo-pollo acciona la manivela que desbloquea la Sperry girando el manubrio que vemos en el detalle. Para poder abrir la escotilla tenía que colocar los cañones de las máquinas en posición vertical. Solo en esa posición la escotilla quedaba mirando hacia el interior del fuselaje. Una vez liberada la torreta, llegaba el momento de incrustarse en el huevo. Y esto era lo que se encontraba:


Agobiante, ¿qué no? Bueno, antes de entrar en detalles, algunos datos técnicos: 

1. La chapa del fondo es el asiento. Era un cacho acero de 1'52 cm. de espesor que protegía el culo del pseudo-pollo. Tras el asiento está el conector para el traje calefactable y el tubo de oxígeno, que vemos asomar un poco en la parte rebajada del borde de la chapa.

2. El respaldo, que es donde vemos la alfombrilla, también era una chapa de acero de 6'6 mm de espesor. En cuanto a la escotilla, que no aparece en la foto, era una gruesa chapa de aluminio provista de dos manijas para abrir o cerrar. Se podían manejar desde fuera y desde dentro.

3. Todas las superficies transparentes eran de plexiglás salvo el visor circular del fondo, fabricado con vidrio laminado que, aunque no resistía un impacto de bala, sí funcionaba contra las esquirlas de metralla de los proyectiles antiaéreos. En la foto de la derecha tenemos un buen ejemplo. El orificio es de una bala de 13 mm. de un caza Messerschmitt Bf 109-G tedesco que, cabe suponer, aliñó al pseudo-pollo. No obstante, y contrariamente a lo que pueda pensarse en vista de ocupar una posición tan expuesta, los artilleros de la Sperry eran, junto a los de cola, los que tuvieron un porcentaje de bajas menor, de alrededor de un 6%. Sin embargo, tripulantes aparentemente más seguros, como los copilotos, doblaron ese porcentaje. Para que luego digan...

4. La cincha de lona de cruza el hueco de entrada era un cinturón de seguridad para, caso de abrirse la escotilla en plena movida, que el pseudo-pollo no se cayera. El espacio interior era tan angosto que no podía usar ni chaleco antibalas ni paracaídas. Solo llevaba puesto el arnés, y si había que saltar y le daba tiempo de salir de la torreta, lo tenía colocado junto al puesto del operador de radio. Solo tenía que engancharlo con los mosquetones y largarse echando leches. En la foto podemos verlo con más claridad. Observen la flecha, que señala la cincha en cuestión, situada justo en la nuca del pseudo-pollo. Queda claro que, sin ella, si se abre la escotilla tiene mogollón de papeletas para salir despedido y adiós muy buenas.

Bien, una vez que el pseudo-pollo se acomodaba- es un decir- accionaba todos los mandos necesarios para que la torreta funcionase. Solo dejaba en posición "off" los de las ametralladoras, que no eran conectadas hasta que empezase la fiesta. Cada máquina tenía su interruptor, que activaba un solenoide conectado al disparador.

Empecemos con las flechitas:

Flecha colorá: La madre del cordero, el visor computarizado K-4 desarrollado también por la Sperry. Ese chisme era una joya para la época. Era capaz de calcular la deriva del objetivo, de la munición, la velocidad de giro de la torreta, la distancia al blanco y todo lo habido y por haber. El retículo, situado en la parte inferior, quedaba justo delante de los ojos del pseudo-pollo, que solo se tenía que preocupar de disparar. Para ello disponía de dos mandos que vemos en el detalle por quedar fuera de encuadre. Estaban situados justo encima del K-4 (flecha celeste), y además de disparar servían para mover la torreta, incluso haciendo dos movimientos- vertical y horizontal- al mismo tiempo. Era muy rápida. Un giro de 360º le tomaba apenas 8 segundos, y desde la horizontal a la vertical solo 3 segundos. Una curiosidad curiosa: la práctica habitual de poner una bala trazadora de cada cinco en la cinta fue suprimida en las Sperry porque el destello dificultaba el uso del K-4 debido a los brillos que producía en el retículo. Por lo demás, el chisme ese costaba un huevo, unos 3.600 dólares de la época, que equivaldrían hoy día a unos 67.000 del ala. Como para cargárselo de una patada al meterse en la torreta... Por cierto, el precio de la Sperry era de 14.300 dólares, equivalentes a unos 265.000 actuales. No olviden ese dato, sus cuñados no lo harán cuando se lo digan, jejeje...

Flechas amarillas: Reposapiés o, mejor dicho, reposatacones. En el derecho llevaba un pulsador con el que activar el intercomunicador para hablar con el resto del personal. Como ya sabrán, las tripulaciones llevaban un laringófono en el cuello, que era menos engorroso que un micrófono convencional. Sobre las piernas estaban los depósitos de munición, ambos de forma semicircular. Para recargarlos bastaba abrir la trampilla que los cubría orientándola hacia el interior del fuselaje. El nº 1 corresponde a la máquina derecha, con capacidad para 445 cartuchos de calibre 12'70 mm. El nº 2 es el de la izquierda, con capacidad para 571 cartuchos. Un detalle: para disparar ambas máquinas no era necesario pulsar los dos botones, sino que bastaba con uno, dejando así una mano libre al pseudo-pollo por si tenía que darle a algún otro botoncito. Posteriormente se desarrolló una versión mejorada en la que los depósitos estaban instalados en el exterior de la torreta, unidos al armazón que la sujetaba al fuselaje y con una capacidad mucho mayor. Las vainas servidas eran expulsadas por sendas ventanas situadas junto a las máquinas.

Flechas blancas: Para el pseudo-pollo, amartillar las ametralladoras una vez embutido en la torreta era imposible. Las palancas quedaban situadas un poco más adelante de su cabeza, por lo que era complicado hacer la fuerza necesaria para ello. Se solucionó sin problemas colocando dos poleas y dos cables de acero que podemos ver en la foto. Las flechas señalan las empuñaduras de las que había que tirar para cargar las armas.

Círculo verde: Ese chisme era un indicador de posición, una especie de brújula interior que indicaba al pseudo-pollo la posición de la torreta respecto al avión. Este accesorio era especialmente útil cuando el artillero no veía el fuselaje, por lo que no tenía ninguna referencia de su posición. Como medida de prevención, tenía en la parte delantera de la torreta una leva de orientación diseñada por la Ford que, cuando disparaba hacia adelante con las máquinas en su posición más elevada (85º), desconectaba los disparadores para no triturar las hélices. Obviamente, en el fragor del combate el pseudo-pollo estaba más pendiente de acribillar tedescos que de su posición respecto al aparato.

El parto de la Sperry
Bien, así era, grosso modo, el funcionamiento de los principales componentes de la Sperry. Si había habido suerte y el avión retornaba a base sin daños, pues una vez que se habían alejado lo suficiente del territorio enemigo y la altitud permitía moverse sin tener que usar la mascarilla, el pseudo-pollo salía del cascarón. Para ello, desconectaba todo lo conectado, especialmente las armas, giraba la torreta hasta ponerla en posición vertical y salía todo entumecido como un feto por el útero materno. Una vez fuera, cerraba la escotilla y volvía a colocarla en posición horizontal, bloqueándola finalmente. En ese caso, una misión menos para volver a casa a devorar las deliciosas tartas de manzana de mamá y las deleitosas tetas de Mary Jane en el asiento trasero de los espaciosos automóviles yankees de la época.

Pero si algún malvado tedesco había fastidiado alguna pieza importante o se había cargado el sistema hidráulico del aparato, las tartas de manzana de mamá y las tetas de Mary Jane podían convertirse en historia. Si la torreta quedaba inmovilizada, adiós muy buenas. Si el tren de aterrizaje no bajaba, adiós muy buenas. Si tampoco funcionaba el sistema manual, que además era lento de cojones, adiós muy buenas. La Sperry se acababa de convertir en una ratonera, y al pseudo-pollo solo le quedaba rogar al Cielo porque ocurriera lo que casi nunca ocurría: que el armazón anclado al techo del fuselaje lo atravesara en el momento del impacto, por lo que la torreta era introducida en el interior del avión en plan bestia, aunque el ocupante podía salir ileso o, al menos, razonablemente maltrecho. La imagen de la derecha es sumamente ilustrativa. El pseudo-pollo no salió vivo del brete. Lo digo por si alguno aún alberga alguna duda piadosa.

No obstante, siempre quedaba la opción del milagro a medias, por el cual el tren de aterrizaje lograba hacer descender una rueda delantera y la trasera. En ese caso, como vemos en la foto, lo habitual era que la única rueda operativa soportase el peso del avión al tocar tierra, y que a continuación se inclinase hacia el ala del lado opuesto hasta que se detuviera por la fricción. Como se puede observar, la torreta no solo no sufre ningún daño, sino que incluso se mantiene a una distancia del suelo lo suficientemente amplia como para no pasar de un susto de muerte. Lo malo es que pasar un brete semejante no te contabilizaba como doble misión, de modo que había que cumplir el resto sí o sí.

Bueno, criaturas, creo que con esto ya tienen material para dar la brasa a sus cuñados y primos lejanos "expertos" en aviación. Y como creo que no se me ha olvidado nada relevante y, además, la joía caló me va a matá, me piro al patio a regarme.

Hale, he dicho

CETERVM CENSEO PETRVM SANCHODICI ESSE DELENDAM


martes, 4 de agosto de 2026

MÁS CURIOSIDADES CURIOSAS ACORAZADAS

 

Archifamosa foto del Königstiger del teniente Richard, freiherr Von Rosen, que con solo 22 añitos era el comandante de la 3ª compañía del Schweren Panzer-Abteilung 503. Es justo reconocer que verse metido en un hoyo contemplando como esos monstruos avanzan hacia uno debía provocar, no solo unos deseos irrefrenables de largarse, sino también de hacer pipí y popó

BENEDICO VOBIS, sufridos homínidos acalorados. Prosigamos con algunas curiosidades curiosas acorazadas más, que es un tema ligerito, que se lee pronto y no requiere que se me vaporicen más neuronas de lo razonable. Vamos a ello...

En la foto de la derecha tenemos un PzKpfw. VI Ausführung B, más conocido por el personal como Köningstiger y como "Tigre Real" por los cuñados que no saben un carajo de nada. Como ya sabrán, fue la máquina más poderosa de la 2ª Guerra Mundial, con un peso similar al de carros pesados modernos como el Abrams, el Leopard II o el Challenger: 68'9 Tm. de nada. Todo en él era a lo bestia, incluyendo su cañón KwK 43 de 88 mm. y 71 calibres de largo que, gracias a las dimensiones de la torreta, se pudo instalar aprovechando su gran longitud para obtener el máximo rendimiento. Pero bueno, la información genérica se puede obtener en cualquier sitio. Vamos a las pijaditas de las que nadie habla. Observen la escotilla trasera marcada con la flecha colorá. Es la típica escotilla de escape que se usaba si la cosa estaba calentita y no era recomendable usar las superiores. Hasta ahí, nada nuevo. 

Pero la escotilla de escape no dejaba escapar a nadie porque en la parte trasera de la torreta se almacenaban 22 proyectiles de uso inmediato que, además, estaban colocados siguiendo la forma de la misma, uséase, diagonalmente, bloqueando así el paso a la tripulación en caso de tener que salir echando leches. De ahí que, en más de una ocasión, optasen por disminuir la cantidad de proyectiles almacenados en esa zona y dejar el paso libre, por si acaso.  Pero además de puerta de escape servía para repeler malvados enemigos que atacasen por la zaga. La escotilla, como vemos en la foto de la izquierda, estaba formada por dos hojas. Aquí vemos la hoja interior, que era una simple chapa, abatida, dejando ver una tronera en la puerta exterior. Observen la pieza giratoria marcada con la flecha colorá. Bien, pues era el mismo sistema que vimos en los T-34 y KV-1: un tapón tronconónico que caía hacia fuera y quedando suspendido mediante una cadena. Por esa tronera se podía disparar sin problemas un subfusil y aliñar al malvado enemigo, y una vez dado de baja permanente, se tiraba de la cadena, se volvía a colocar el tapón en su sitio y se bloqueaba con el cierre giratorio. En cuanto a
l resto de la munición de a bordo se distribuía en los laterales del casco, hasta un total de 86 proyectiles de tres tipos: perforante con núcleo de tungsteno, perforante sin carga explosiva y de carga hueca. Por cierto que, cuando vean fotos de eslabones de cadena colgados en los costados de la torreta, se dispusieron precisamente para proteger la munición de uso inmediato. Toda la munición iba en bateas, sin ningún tipo de protección, de modo que si una carga hueca penetraba en el carro, adiós muy buenas. Prosigamos...

Arrancar el enorme motor Maybach de 12 cilindros en frío era un poco irritante. Se llevaba a cabo mediante un sistema de volante de inercia, forma técnica de llamar al manubrio de toda la vida. Como vemos en la foto 1, se colocaba la manivela en el cigüeñal del motor y se giraba en sentido horario. Y sí, hacían falta dos fulanos para mover el enorme Maybach y que empezara a coger inercia. Cuando se habían alcanzado unas 60 vueltas por minuto más o menos, lo que tomaba uno o dos minutos echando los bofes, se tiraba de una palanca a la que se accedía desde un orificio situado bajo el escape derecho. La manivela, que la habrán visto cienes de veces en fotos, no eran ni para aflojar las tuercas ni para accionar el gato, como en los coches modernos, sino para arrancar el dichoso motor. Se estibaba en el costado izquierdo del vehículo. Pero, con suerte, si andaba cerca un Kübelwagen o un Schwimmwagen, se podía conectar una barra al cigüeñal y hacer las veces de fulanos agotados. Otra opción, si la había disponible, era usar un motor de arranque externo que hacía exactamente el mismo trabajo. ¿Qué por qué había que montar esta película? Porque con el motor frío, el Maybach se fundía el solito la carga de las dos baterías de a bordo. No obstante, con el motor caliente sí se podía poner en marcha con un motor de arranque eléctrico convencional accionando una palanca giratoria situada en el panel de controles. Prosigamos...

Para acceder al carro había dos escotillas en la parte superior de la torreta y otras dos para el conductor y el operador de radio/ametrallador. Pero, si se han fijado, esas escotillas tenían un grosor salvaje, pesaban mogollón de kilos y, encima, salvo la del cargador había que empujar hacia arriba y girarlas. Obviamente, sin ayuda mecánica solo los cuñados del increíble Hulk y Superman podían abrirlas sin esfuerzo. Pero los ingenieros tedescos se las ingeniaron- que para eso eran ingenieros- para que un fulano canijo las manejase sin problemas. En la foto 1 tenemos la escotilla del jefe de carro. Observen el pequeño volante marcado con la flecha colorá. Bien, pues si lo giramos en sentido anti-horario, la pesada cúpula ascenderá. Era un sistema lento, y más si había que salir echando leches, pero no quedaba otra. Foto 2: una vez elevada la cúpula, con la palanca marcada con la flecha colorá se giraba hacia atrás, quedando libre el acceso. Foto 3: Se bajaba la palanca por una ranura, bloqueando así la cúpula y evitando que con el traqueteo girase y reventase la caja torácica del fulano que iba asomado en ese momento. En la foto 4 tenemos la escotilla del cargador, un chapón con nada menos que cuatro pernos accionados por un volante. Bastaba un cuarto de vuelta para desbloquearlos o cerrarlos. Para abrir había que empujar, pero en este caso no era una escotilla tan pesada. Por cierto, ya saben que, cuando vean en las pelis al héroe subirse a un carro y abrir una escotilla para arrojar dentro una granada, es un camelo más. Prosigamos...

Veamos ahora cómo se abrían las escotillas del casco, en este caso la del conductor. Foto 1: con una sola mano y apenas esfuerzo, se subía la palanca para elevar la escotilla. Foto 2: una vez elevada, se giraba hacia atrás para hacer retroceder la escotilla. Foto 3: ahí vemos la escotilla elevada y la posición de la palanca en ese momento. Foto 4: una vez desplazada hacia atrás, la palanca se bajaba, quedando así bloqueada la escotilla impidiendo que el meneo del carro la cerrase y decapitase al conductor. Un carro con el conductor decapitado lo tiene muy jodido, las cosas como son. Bien, en este caso, el piloto acciona la escotilla con la mano izquierda, mientras que el ametrallador lo hacía con la derecha. Por cierto, entre ambas escotillas había un extractor de aire para evacuar humos, aunque lo que no evacuaba era el espantoso ruido que había en el interior del vehículo cuando el motor estaba en marcha. Prosigamos...

Veamos ahora el puesto de conducción. El piloto iba sentado en un asiento con respaldo. Dicho asiento podía elevarse para conducir con la escotilla abierta. A la izquierda vemos varios proyectiles estibados en sus estantes. A la derecha, el cuadro de controles. La flecha colorá es precisamente la que accionaba el motor de arranque en caliente. A la izquierda vemos la palanca para abrir la escotilla. En el centro, el volante. Sí, este chisme, al igual que el Tiger, usaba un volante conectado a la transmisión que vemos en el centro. Su funcionamiento era distinto al de las palancas. En este caso, al girarlo, un juego de engranajes disminuía la velocidad de la rueda tractora de ese lado. Pero también estaba provisto de las palancas convencionales, que hemos marcado con flechas grises. Estas palancas se usaban para giros bruscos, cuando era necesario detener literalmente una de las orugas para esquivar un obstáculo o lo que fuera. Si se tiraba hacia atrás de las dos, el carro se detenía. Entre las palancas, en la parte inferior, tenemos el embrague, el freno y el acelerador con la misma distribución que en un automóvil. La flecha blanca señala el freno de mano. La amarilla era para accionar las marchas hacia adelante o hacia atrás, uséase, si se quería retroceder, antes había que mover esa palanca para cambiar el sentido de marcha. La flecha azul señala la palanca de cambios. Tenía ocho velocidades hacia adelante y cuatro hacia atrás, y en el centro aparece el periscopio del piloto, con sus asas para poder moverlo. Este visor permitía un ángulo de visión de 100º en sentido horizontal y 25º en vertical. En caso de tener que evacuar el carro y por algún motivo el piloto no podía hacerlo por su escotilla, abatía el respaldo del asiento y se convertía en culebra para poder llegar a la cámara de combate. Prosigamos...

Veamos ahora el puesto del operador de radio/ametrallador. Ahí tenemos una MG-34 provista de un visor Kugelzielfernrohr 2 de 2'5 aumentos y un campo de visión de 18º. ¿Qué por qué no más aumentos? Porque a más aumentos menos campo de visión. La máquina no se disparaba apretando el gatillo, sino mediante una palanca ubicada en una empuñadura del armazón que sustentaba la ametralladora. En la foto podemos ver el apoyo frontal del visor, pero la enjundia está en la cupulita marcada con la flecha amarilla. Me apuesto mis augustas barbas a que esta curiosidad la desconocen todos los cuñados y primos lejanos del planeta, así que oído al parche. El probo homicida que manejaba la máquina ajustaba la coronilla de su cabeza cuando apoyaba la frente en el visor, de forma que movía la ametralladora en cualquier dirección moviendo la cabeza conforme lo que veía a través del visor. La mano derecha solo tenía que dedicarse a apretar la palanca de disparo. Esto permitía efectuar una especie de tiro instintivo más eficaz que cuando hay que mover la máquina con la mano. Ingenioso, ¿qué no? En cuanto a las vainas servidas, caían en una bolsa de lona situada debajo de la ametralladora. Y vamos a ir terminando con algunas chorraditas más para apuntillar a los cuñados más contumaces...

Junto a la escotilla del jefe de carro había un lanzagranadas destinado a dar protección cercana al vehículo. Bastaba abrirlo, introducir el proyectil y dispararlo tirando de la anilla. Ese chisme, aunque con un alcance bastante cortito, podía lanzar botes de humo por si las cosas se ponían chungas y lo más sensato era salir de naja, bengalas de señales y granadas rompedoras de alto explosivo por si varios insensatos intentaban ganar varias medallas destruyendo al monstruo. Aunque no lo parezca, este sistema era más eficaz que los lanzahumos externos del Tiger ya que permitía elegir el tipo de proyectil en base a la situación. Prosigamos...

Observen ese pinchito marcado con la flecha colorá. Es un  accesorio que ya vimos en el artículo dedicado al M4A3E8 de la peli "Fury". Es un punto de mira con el que el jefe de carro podía señalar objetivos al tirador. Alineando el pinchito con la barra que vemos en el visor del detalle, el sistema de puntería del cañón quedaba orientado en la misma dirección. De ese modo, cuando el jefe divisaba algo destruible, giraba la torreta hasta colocar el pinchito sobre el blanco y, de ese modo, el tirador no tenía que perder tiempo buscándolo. Cuando apoyaba el ojo en el visor, el objetivo ya estaba a la vista. Solo tenía que hacer los cálculos de distancia y movimiento para disparar. Previamente, el jefe había ordenado al cargador el tipo de proyectil que debía introducir en la recámara. Prosigamos...

Todos hemos oído hablar de la torreta Porsche, que en realidad no la diseñó Porsche, sino Krupp, el mismo que diseñó la torreta final. Solo se fabricaron alrededor de 50 unidades que, obviamente, fueron instaladas en otras tantas barcazas. ¿Por qué se desechó? Bien, aparte de tener un interior más pequeño y permitir almacenar menos munición de uso inmediato, la razón principal la pueden ver en la foto. Si un proyectil impactaba en la parte media o inferior del escudo del cañón, era desviado hacia la corona de rodamiento de la torreta, lo que suponía como poco dejar el carro inutilizado, y como mucho totalmente destruido.

De ahí que se acabara usando el modelo H3 con el frontal recto y un grosor de 180 mm. que, al tener apenas 10º de inclinación, subían hasta los 182'8 mm. Si a eso sumamos los 150 mm. del saukopf (cabeza de cerdo) del escudo del cañón, tenemos la friolera de 332'8 mm. de acero del bueno. En cuanto al grosor del frontal del casco, la parte superior era de 150 mm. con una inclinación de 50%, lo que se traducía en 210'8 mm. Esa masa de acero se mostró absolutamente impenetrable, y no hay constancia de que ni un solo Königstiger fuera destruido por haber sido alcanzado en esas zonas. De hecho, su mayor enemigo fue su pésima transmisión, que debido al peso del carro tenía una vida útil de apenas 300 km., o sea, dos depósitos de combustible antes de tener que enviar el carro al taller para su mantenimiento.

Bueno, vale de momento. Con esto ya tienen para darle la tarde a sus cuñados si se ponen pesaditos.


Hale, he dicho

CETERVM CENSEO PETRVM SANCHODICI ESSE DELENDAM 

miércoles, 22 de julio de 2026

CURIOSIDADES CURIOSAS ACORAZADAS

 

Bueno, estimados seguidores, si el otro día contamos una curiosidad curiosa aérea, pues hoy tocan curiosidades curiosas sobre carros de combate, chismes estos que contienen mogollón de chorraditas que pasan desapercibidas aunque las veamos constantemente y nunca nos hayamos preguntado qué son y para qué sirven. Veamos...

Estoy seguro de que han visto cienes de fotos del T-34 y del KV-1, y dudo mucho que no hayan reparado en esos pequeños discos en los laterales de la torreta, cada uno con una mínima rendija encima. ¿Saben qué puñetas son? Po mu fási. Son troneras por donde sacar el cañón de una pistola para repeler malvados enemigos que se aproximaban por los flancos. La rendija era, simplemente, para localizar al fulano y apuntarle de mala manera. Ese disco era en realidad la parte exterior de un tapón de forma troncocónica del mismo largo que el grosor de la coraza, y era retenido por un pasador. Cuando se liberaba, caía hacia fuera quedando sujeto por una pequeña cadena. Una vez repelido el malvado enemigo, se tiraba de la cadenita, el tapón volvía a su sitio y se aseguraba con el pasador. Pasemos a otra...

Observen la foto A. Corresponde a la rótula de la ametralladora de proa de un Sherman. ¿No echan nada en falta? Seguramente no, porque esta chorradita suele pasar desapercibida. Bien, la cosa es que no hay ningún orificio para el visor del fulano que maneja la máquina. En la foto B sí podemos verlo en un Tiger, y en la C en un T-34/76. En ambos casos, como en casi todos los carros de combate, la ametralladora estaba provista de un visor para que el tirador pudiera saber dónde leches tiraba. En la foto D tenemos al de un M-13/40 italiano manejando las dos máquinas emplazadas en la proa, una pareja de Bredas modelo 38. Como ven, el italiano tiene la frente pegada a un tope acolchado sobre el visor para no darse coscorrones con el movimiento del vehículo. Ahora, la pregunta: ¿y cómo leches apuntaban los ametralladores de los Sherman? Pues de ninguna forma. No podían apuntar. Se limitaban a corregir el tiro con la ayuda de la munición trazadora, observando por el periscopio giratorio M-6 instalado en la escotilla. En resumen, si el tirador veía un objetivo, primero tenía que disparar una ráfaga y, según la trayectoria de las trazadoras, mover la máquina hasta lograr colocar los disparos sobre el blanco. Un poco absurdo, ¿no? Bien, prosigamos...

Seguramente, esta la sepan hasta los críos de teta, pero también es posible que haya algún cuñado que aún no sepa de qué va la cosa. En la foto de la izquierda pueden ver al famoso SS-Haupsturmführer Michael Wittmann, as superlativo de la maquinaria acorazada del ciudadano Adolf hasta que lo achicharraron junto a su tripulación en agosto de 1944. La superficie de su Tiger aparece recubierta de una textura estriada llamada zimmerit, una pasta con el aspecto de mortero con que se recubrían los carros y cañones autopropulsados entre agosto de 1943 y septiembre de 1944. La misión del zimmerit era impedir que los enemigos adosaran a los carros minas magnéticas. Era una pasta compuesta de sulfato de bario, acetato de polivinilo disuelto al 50% con benceno para darle la textura pastosa, pigmento ocre, sulfuro de zinc y serrín. Una vez aplicada una capa de entre 1 y 5 cm. de espesor se le daba la textura, que podía ser el estriado de la foto izquierda- la más frecuente- o bien una cuadrícula con punteado interior del Panther de la derecha. Finalmente, se aceleraba el proceso de secado calentándola con sopletes, evaporando el benceno y dándole una dureza notable. El invento, desarrollado por la Chemische Werke Zimmer & Co., era bastante eficaz, pero se dejó de usar porque se extendió una falsa creencia: ardía como la yesca. Y aunque se comprobó que era falso, nunca más se usó. Por cierto, el zimmerit nunca se aplicaba en el frente, sino directamente en las fábricas. Veamos más...

Como ya sabemos, los T-34, los los KV-1 y sus distintas versiones y derivados llevaban en la parte trasera del casco tres depósitos cilíndricos con capacidad de 90 litros cada uno. Se instalaba uno en el costado izquierdo y dos en el derecho. Con esos 270 litros extra más los 575 almacenados en el interior, el T-34/85 de la foto podía alargar su autonomía hasta, aproximadamente, los 300 km. circulando por carretera, con un consumo de "solo" 2'7 litros por kilómetro. Hoy día, al precio que está el gasoil, un lleno costaría unos 1.300 pavos dependiendo de la gasolinera. Bien, la cosa es que los depósitos exteriores no estaban conectados con el motor o los depósitos interiores para ir rellenando. De ser así, bastaría un impacto en esos cilindros para que el fuego se extendiera al interior y reventara literalmente el vehículo. De ahí que se usaran como los famosos jerrycans, o sea, para rellenar trasvasando el gasoil con el vehículo parado y manualmente. Otra...

Para conducir un T-34 había que estar bastante cachas. Esos chismes, con su construcción básica y burda, no disponía de unos mandos suaves y tal, sino todo lo contrario. En la foto tenemos una vista trasera del puesto de conducción, que básicamente coincidía con el de un automóvil salvo que, en vez de volante, tenía las dos típicas palancas. Entre ellas vemos tres pedales- embrague, freno y acelerador- y, marcada con la flecha colorá, la palanca de cambios, 4 +1 para los T-34/76 y 5+1 para el T-34/85. Hasta aquí, nada nuevo salvo por un detalle. Para accionar las palancas que embragaban las ruedas había que ejercer una tracción de 60 kilos nada menos. De hecho, en muchos casos los pilotos tenían que soltar una de ellas para mover la otra con las dos manos. Debían acabar con los brazos un poco doloridos. Por cierto, y aprovechando la foto, a la derecha se ven los tambores para la ametralladora Degtyarev DT27, la cual estaba provista de una bolsa de lona para recoger las vainas servidas y no dejar el suelo de vehículo lleno de miles de ellas. Sigamos...

Los Tiger también estaban provistos de troneras anti-malvados pero, como no podía ser menos, con unos acabados mucho más finos que los soviéticos. En la foto A podemos ver su aspecto. Consistía en un disco bien gordo atornillado al casco y con una ranura destinada más a hacer fuego en sentido vertical que horizontal. En la foto B la podemos ver por dentro. Para abrir o cerrar la tronera se giraba un disco interior tal como vemos en la imagen. Aunque carecía de visión directa sobre el posible atacante, la cúpula del jefe de carro abarcaba un campo de 360º alrededor del vehículo, y el tamaño de la tronera permitía el uso de subfusiles además de simples armas cortas. En las versiones iniciales, estas troneras se instalaban en ambos costados. Posteriormente, como vemos en la foto C, la del lado derecho se eliminó para instalar una escotilla de escape que, además, venía bastante bien para expulsar las vainas servidas del cañón de 88 mm., que eran bastante grandes y no era plan de dejarlas dando bandazos en el interior de la cámara de combate. Y una más, que ya me duele la puta cabeza, para variar...

Recuerdan esa escena, ¿no? Pertenece a la batallita final de la aclamada película "Salvar al soldado Ryan", cuando el valeroso y taciturno capitán Miller introduce el cañón de su Thompson por el visor del piloto de un Tiger con la intención de hacerle mucho daño. Bien, pues es el enésimo camelo cinematográfico que pretenden colar a los cuñados y a los que no están duchos en la materia. ¿Creen que los tedescos iban a poner en liza un carro cuyo piloto podía ser escabechado en un periquete o, peor aún, ser puesto fuera de combate metiendo por ahí una simple granada de mano. Bueno, ponó. El visor en cuestión estaba protegido por un cristal antibalas laminado de 90 mm. de grosor que, obviamente, una bala del .45 ACP del Thompson no podía ni arañar. El conjunto consistía en cinco cristales embutidos en una carcasa de acero de 2'5 mm. de grosor con un separador de goma más otro cristal más fino al final, por el lado interior. Aparte de eso, si se fijan en la estructura exterior, la parte superior del visor se podía bajar desde dentro, estrechando el mismo en caso de verse sometido a un fuego muy intenso ya que, en un momento dado, un cascote de metralla podría astillar o romper el cristal. En ese caso, podían sustituirlo por otro nuevo ya que llevaban repuestos a bordo, pero lo cierto es que lo que vemos en la película es una simple chorrada para entusiasmar a la peña y nada más. Por cierto que si las cosas se ponían verdaderamente chungas, el piloto cerraba totalmente el visor frontal y se valía del que llevaba en la escotilla.

Bueno, criaturas, vale por hoy. Ya seguiremos y tal.

Hale, he dicho

CETERVM CENSEO PETRVM SANCHODICI ESSE DELENDAM

domingo, 19 de julio de 2026

UNA CURIOSIDAD CURIOSA AÉREA

 


Estimados lectores, tras hacer un intenso ejercicio de acumulación energética, he logrado reunir los bríos necesarios para publicar este articulillo que, aunque breve, es posible que resulte curioso a más de uno porque no es una cuestión de la que suelan hablar con sus cuñados. Veamos...

Observen la foto superior. Nos muestra una imagen archi-repetida durante la 2ª Masacre Mundial, en la que un caza abrasa a tiros a un enemigo, le incendia el aceite, la gasofa o ambas cosas y se acabó lo que se daba. Por cierto, si alguna vez se han preguntado quién leches filmaba esos combates aéreos, era el mismo piloto. Los cazas de la 2ª GM estaban generalmente equipados con un chisme llamado foto-ametralladora, una cámara instalada en el morro que se ponía en marcha cuando el piloto apretaba el pulsador y disparaba el armamento de a bordo. A la derecha pueden ver una de ellas. Se trata de una cámara Tipo N-6 GSAP fabricado por Fairchild Aviation, un chisme que cargaba 50 pies (15'24 metros) de película de 16 mm. en b/n fabricada por Eastman Kodak. La película iba en un contenedor metálico, y equipó a la práctica totalidad de los cazas yankees del conflicto. La cámara se ponía en funcionamiento durante 5 segundos cada vez que se abría fuego, y se podía elegir la velocidad de filmación, 16 o 64 fotogramas por segundo. ¿Y que para qué leches servían las foto-ametralladoras? Pues para confirmar derribos, analizar el comportamiento de aviones propios o del enemigo, analizar los combates, etc. 

Armamento de una de las alas de un P-51
Bien, la curiosidad curiosa no tiene nada que ver con las foto-ametralladoras, pero lo incluyo para que informen a sus cuñados cómo se obtenían esas pelis que, aunque muy movidas y borrosas, son bastante chulas, la verdad. Y estas pelis tan chulas son las que sí nos permiten plantear la cuestión de la curiosidad: ¿Cómo era posible que, según vemos por la trayectoria de las balas trazadoras, era tan difícil acertar a un enemigo? ¿Cómo una lluvia literal de cientos proyectiles pasasen de largo sin tocar al avión que iba delante? Ojo, que en algunos casos hablamos de cazas armados con hasta ocho máquinas. Las primeras versiones del Spitfire llevaban ocho Browning calibre .303 British (Dios maldiga a Nelson), y la mayoría de los cazas yankees más mortíferos- P-47, P-51 y F-4U- armaban seis Browning M2 de calibre 12'70 mm. Una ráfaga de apenas cinco segundos de cualquiera de ellos ponía en el aire cientos de proyectiles muy dañinos. 

Bien, observen ahora ese otro fotograma. Procede de una filmación realizada por la Fairchild de un P-51 que atacó a un barco el cual, obviamente, no navega tan rápido como un avión. Prácticamente está inmóvil, y totalmente a merced del caza. Se puede ver el fulgor de las trazadoras, que pasan a decenas de metros del barco, y más lejos los surtidores de agua que levantan los proyectiles a más de 50 metros del objetivo. ¿A qué es debida esa imprecisión? ¿El piloto es un cuñado que no le daría ni a un mamut con sobrepeso a dos metros? Pues nones. Era debido a un problema que tenían absolutamente todos los cazas de aquella época: la correcta alineación de las armas. ¿Que de qué leches va eso? Pues esa es la curiosidad curiosa...

Armeros tedescos ajustando el mecanismo sincronizador
de un Fokker. Al disparar el arma y perforar la bala el círculo
de madera podían saber cual era la zona segura para disparar
Como ya saben, durante la Gran Guerra se planteó un dilema chungo: si se instalaban las máquinas en el capó del avión lo más probable era ver saltar hechas astillas las hélices nada más abrir fuego. Obviamente, en aquella época no se podían instalar en las alas porque, en ese caso, serían estas las que se harían astillas debido al retroceso, por lo que no quedó otra que emplazar las armas fuera del radio de giro de las hélices. En algunos casos, un tirador iba en la cabina delantera de aviones con hélice impulsora, uséase, detrás del fuselaje. En otros, como en el SE-5A de los british, se colocó sobre el plano superior. Pero fueron los tedescos, como no, los que ya tenían ideado desde 1910 un mecanismo. La idea fue de August Euler, un probo aviador y constructor de aeroplanos que diseñó un chisme que interrumpía el disparador del o de las armas cuando la pala de la hélice pasaba delante de la boca de fuego. 

Bien, la cosa es que, por aquel entonces, ni las distancias de combate ni la solidez de los aviones hacían necesario instalar más de un par de máquinas, por lo que la alineación de las mismas no era complicado. Bastaba con que el punto de impacto coincidiera con el punto de mira y poco más. Sin embargo, cuando los aviones empezaron a ser más robustos y los bombarderos se diseñaron cada vez más grandes y, encima, armados hasta los dientes, quedó claro que había que aumentar el armamento de los cazas. Pero el morro de un avión no daba para mucho, teniendo en cuenta que tenía que dar cabida ante todo al motor, de modo que se trasladó a las alas lo cual, además, eliminaba el inconveniente del sincronizado con las hélices. Pero esto trajo otro problema: ¿hacia dónde disparan varias máquinas divididas en dos baterías separadas varios metros? Tomemos como baremo al Spitfire, que tuvo varias combinaciones de armas a lo largo del tiempo...


Cartucho del .303 British Vs. 20 mm.
Obsérvese la sutil diferencia entre
ambos
Ahí tenemos dos de ellas. El Mk. I, el modelo más primitivo, armaba ocho máquinas con la distribución que vemos en el dibujito. Como las ocho máquinas empezaron a quedarse cortitas porque los Me-109 tedescos empezaban a llevar armas más pesadas, pues no les quedó otra que hacer lo propio: eliminar cuatro máquinas y sustituirlas por dos cañones Hispano de 20 mm. en el modelo Mk. IX. En los gráficos vemos punteado de rojo la trayectoria teórica de cada arma. Pero es exactamente eso, teórica. La velocidad y altitud del avión, la dirección del viento, la temperatura de cada arma y mil factores más influyen en dicha trayectoria, lo que hacía que la concentración de fuego fuese un poco bastante muy complicada de lograr, de modo que el enemigo podía ser rociado de balas que pasaban por todas partes, menos por donde él estaba, como vimos en la imagen del barco. Y a eso debemos sumar otro factor: no tiene la misma velocidad, la misma cadencia de tiro ni el mismo alcance una bala de calibre .303 British, uséase, el mismo de los fusiles de infantería, que la de un cañón de 20 mm. Sí, es cierto que, por lo general, el piloto dispusiera de un selector para disparar con las armas que le convinieran según el blanco a batir, pero si las cosas estaban chungas pues disparaban con todo, y el punto de impacto de las ametralladoras no era el mismo de los cañones. Para ello no queda más remedio que calcular la convergencia de tiro.

Y ahí tenemos el resultado. Los armeros colocaban en tierra el aparato en posición horizontal, y regulaban el ángulo de las máquinas de forma que los disparos se cruzasen a una determinada distancia considerada como la más idónea en función del calibre del arma y del enemigo a batir. Por ejemplo, no era lo mismo para un Me-109 disparar contra otro caza que no podía devolverle el fuego porque estaba a su cola, que a un B-17 o un B-24 literalmente erizado de ametralladoras de calibre 12'70 que podían reducirlo a chatarra volante en un periquete. De ahí que, en el caso de un aparato armado solo con ametralladoras, estas tuvieran un ángulo de convergencia de unos 250-300 metros. Si el caza tenía armas de diferentes calibres, se graduaban las ametralladoras por un lado, mientras que el ángulo de convergencia de los cañones se alargaba hasta los 400 ó 450 metros.

Este problema, que era bastante recurrente por los constantes desajustes, se solventó en parte instalando armas en el morro. Aviones como el Me-109 o el Zero llevaban dos ametralladoras pesadas sobre el motor, y en el caso del Me-109 G6 incluso llegó a disponer de un cañón de 20 mm. que disparaba a través del buje de la hélice. Otros, como el P-38, que tenía los motores en las alas- o las alas en los motores, según se mire, estaba provisto de cuatro M2 de calibre 12'70 y un cañón de 20 mm. agrupados en el morro, con lo que lograba una concentración de fuego a lo bestia. Los tedescos hicieron lo propio con el Me-262, cuyo morro también estaba libre para meter chismes en cantidad. Estos optaron por cuatro cañones Mk-108 de 30 mm. que eran máquinas de picar bombarderos. En este caso, disponía de un selector para disparar solo con dos cañones o con los cuatro y, a pesar de estar en el morro, en los dos aparatos citados también precisaban de una correcta graduación de convergencia. La del Me-262, al ser las cuatro armas del mismo calibre, estaban graduadas entre 450 y 500 metros.

En fin, esta es la curiosidad curiosa. Ojo, que esto de la convergencia no pasó a la historia en dos días. Durante muchos años más fue necesario controlar este aspecto tanto en cuanto aviones de todas las naciones seguían armadas  con baterías colocadas en sitios diferentes. ¿Recuerdan el F-86 Sabre, con sus dos tríos de máquinas en los costados? ¿O el F-5, con sus dos cañones en el morro? Bueno, pues hasta que no se llegó al uso de un único cañón no se acabó el problema. Bastaba con graduarlo conforme al sistema de puntería para que alcanzase el blanco y santas pascuas, aparte de que la artillería aérea ya se usa más bien poco, habiendo tomado el protagonismo los tropocientos tipos de misiles diseñados para destruir tropocientos tipos de objetivos. A la derecha tenemos un cañón rotativo M-61 Vulcan de 20 mm. Con una cadencia teórica de 6.000 dpm, uséase, 100 disparos por segundo, puede volatilizar cualquier cosa sin tener que preocuparse del dichoso ángulo de convergencia. Basta con que el arma y la mira apunten al mismo sitio.

Bueno, la curiosidad curiosa aérea ha concluido. Es hora del aperitivo, de modo que me piro.

Hale, he dicho

CETERVM CENSEO PETRVM SANCHODICI ESSE DELENDAM


miércoles, 15 de julio de 2026

HERÁLDICA EPISCOPAL DE ESPAÑA

 


Dilectos lectores, finalmente he decidido no mezclar churras con merinas, porque una cosa es hablar de probos homicidas y otra de probos meapilas. Por lo tanto, he creado un nuevo blog dedicado a ese tema para los entusiastas de la ciencia del blasón y santas pascuas. Los artículos sobre cuestiones técnicas se publicarán en ambos sitios, pero en el nuevo blog se tratará solo de los armoriales episcopales hispanos. 

En fin, FACTVM EST. Aquí tienen el enlace por si quieren echar un vistazo y dejar su opinión al respecto, porque ahí sí se puede comentar. ¡OJO CON EL PIOJO! Ahí solo se habla de curas. De mezclar lo de aquí con lo de allí, nanay, que más de un alevoso fijo que ya estaba a punto de perpetrar algo. 


https://heraldicaepiscopal.blogspot.com/


Bueno, me piro al patio a regarme un rato.

Hale, he dicho