martes, 15 de enero de 2013

Asesinatos 5. Urraca Ossorio


Es muy probable que a la mayoría de los que me leen éste nombre les suene a chino. Bueno, a chino no, pero sí a castellano ignoto. Se preguntarán quién fue ésta señora asesinada merecedora de una entrada para ella solita. Bueno, en realidad, Urraca Ossorio no fue ningún personaje especialmente famoso, ni sus hechos dignos de figurar en los anales de la historia. Pero para su desgracia, pasó a la misma por ser objeto en su persona de una de las mayores felonías cometidas por el feroz rey don Pedro, del que ya narramos su infausto final en la entrada anterior. Así pues, pongámonos en antecedentes para ver de qué fue la cosa...

Escudo de armas de
los Guzmán
Urraca Ossorio era hija de un noble gallego de rancio abolengo, Álvar Núñez Ossorio, el cual fue conde de Trastámara y, aparte de otros títulos y prebendas, Adelantado Mayor de Andalucía y privado del rey Alfonso XI, padre de don Pedro. Ésta buena señora emparentó en segundas nupcias en 1334 con otro encumbrado personaje, Juan Alonso Pérez de Guzmán, II señor de Niebla y miembro de la poderosa casa andaluza. De dicho matrimonio nació, en 1342, Juan Alonso Pérez de Guzmán y Ossorio el cual, por ser su mujer sobrina de Leonor de Guzmán, la prolífica amante de Alfonso XI, tomó partido por el bastardo Trastámara cuando éste se levantó en armas para derrocar a su medio hermano, el rey don Pedro. Como vemos, estas alianzas matrimoniales de la nobleza daban lugar a multitud de líos, follones y pendencias.

Monasterio de San Isidoro del Campo
Poco imaginaba la pobre doña Urraca que sería objeto de la ira del monarca como represalia contra su hijo Juan Alonso. Don Pedro albergaba un gran rencor hacia éste noble debido a su actitud ambigua y su desobediencia a la hora de acudir a las llamadas del rey. Tras la jornada de Nájera (3 de abril de 1367), en la que las tropas de don Pedro derrotaron a las del bastardo, don Juan Alonso, que vivía en Sevilla, se marchó a Alburquerque a fin de escapar a la cólera regia. Así pues, don Pedro, al llegar a la populosa urbe y ver que la presa había volado, volcó su furia contra su madre que, aunque no se sabe la fecha de su nacimiento, podemos calcular que ya debía ser una mujer de más de 50 años y llevaba viuda desde 1351. En aquellos tiempos, esa edad implicada haber entrado ya en la ancianidad.

La Alameda de Hércules en el siglo XIX
Así pues, sin más juicio ni cargos que su propia voluntad, don Pedro la mandó quemar viva en lo que hoy es la Alameda de Hércules, que en aquella época recibía el nombre de La Laguna de Feria por ser una zona donde manaba una fuente que formaba una enorme charca.  Según las crónicas, "...quando el rey don Pedro tornó a Sevilla después de la batalla vencida e con grand saña que había de su fijo fízola prender e quemola muy cruelmente". O sea, que no se lo pensó dos veces con tal de tomarse venganza de alguna forma y, además de ejecutar a la madre de su enemigo, mandó confiscar todos los bienes de la familia. Cuando la pira echó a arder, el aire caliente levantó las faldas de doña Urraca, dejando a la vista de la plebe que presenciaba el suplicio las piernas de la misma. Y en ese momento, una criada suya que estaba presente, para impedir semejante humillación saltó sobre el montón de leña ardiendo y se abrazó a las piernas de su señora, muriendo con ella. Su nombre era Leonor Dávalos.

Sepultura de Urraca Ossorio
Los restos calcinados de Urraca Ossorio reposan en la iglesia del monasterio de San Isidoro del Campo, en Santiponce (Sevilla). A los pies de su estatua yacente aparece Leonor Dávalos, que fue enterrada junto a su señora, sujetando la falda de la misma como recuerdo a su fidelidad a ultranza. En el lugar donde según la tradición se levantó la pira se colocó una cruz cuya base era una tinaja que desapareció con el tiempo. Sin embargo, hoy día existe una calle con el nombre de Cruz de la Tinaja en el mismo lugar donde se levantaba el monumento.



Leonor Dávalos
Esta es la historia de Urraca Ossorio, víctima de una venganza contra su propio hijo a manos del rey cruel que, por orden de Felipe II, se le llamó el Justiciero simplemente porque al prudente monarca no le hacía ni pizca de gracia haber tenido un antecesor con tan mala fama. Pero, como hemos visto, don Pedro tuvo poco de justo y bastante de cruel, y a pesar de que algunos lo han querido pintar como una víctima de multitud de conspiraciones, en realidad fueron muchos de sus actos los causantes de que  gran parte de la nobleza tomara partido por el bastardo. De hecho, su lista de crímenes por causa de una mera sospecha es demasiado larga para considerarlo como un hombre justo.

Bueno, ya seguiremos.

Hale, he dicho

4 comentarios:

CESSKAR dijo...

Nada de acuerdo con su valoración final de Pedro I. Las rebeliones nobiliarias difícilmente se pueden justificar por una conducta más o menos cruel, pues hubo multitud tanto en el reinado de Alfonso Onceno (que ajustició igualmente a muchos de los rebeldes) como en el de Enrique IV (que siempre buscaba pactar con ellos).

Por otra parte, los juicios clínicos sobre Pedro I, como lo fue el de Enrique IV por Marañón, no tienen ningún rigor.

Amo del castillo dijo...

Bien, es su opinión, Sr. Cesskar. La cuestión es que don Pedro cometió diversos actos bastante canallescos, no contra rebeldes, en cuyo caso estarían justificados, sino contra su primera mujer, o la que nos ocupa en este artículo y otros muchos desafueros.

En cuando a Marañón, celebro que esté Vd. más preparado a nivel académico que tan célebre médico y científico como para poder afirmar de forma tan rotunda que carece de rigor.

Un saludo

CESSKAR dijo...

Principalmente, criticaba esta idea: "en realidad fueron muchos de sus actos los causantes de que gran parte de la nobleza tomara partido por el bastardo", y no la crueldad o canallería que le asigna. Es notorio que ya en su primer año de reinado se sublevan muchos nobles y entre ellos los hijos de Leonor de Guzmán (Fadrique entre ellos, al que usted considera sólo "sospechoso"), cosa que volvieron a hacer 3 veces más, recibiendo siempre el perdón real hasta el episodio de Toro de 1356 (en el que el rey fue hecho prisionero e insultado, y los rebeldes tomaban los cargos del reino que consideraban). Con todo esto quiero decir -otra vez- que la sublevación nobiliaria poco tiene que ver con cierta actitud del rey.

Igualmente, creo que se puede debatir sobre la crueldad misma de este rey. Empezando por el hecho de que la fuente principal para su estudio es de un partidario de su hermanastro. Así como lo es Froissart o la crónica de Pedro IV de Aragón. Esto, en cualquier caso, no evidencia verdad o falsedad pero sí parcialidad (es Enrique II quien manda a López de Ayala escribir su Crónica) y por esto ha de dudarse de ello. Como que, por ejemplo, se acuse a Pedro I de ciertas muertes al principio de su reinado cuando su madre María de Portugal y el privado Juan Alfonso de Alburquerque tenían ese poder (casos de Leonor de Guzmán, Alfonso Fernández Coronel...), o posteriormente de la muerte de Blanca de Borbón (que algunos autores consideran de enfermedad o peste negra).
Teniendo eso en cuenta, sí es de actitud canallesca, como dice, abandonar a la mujer después de la boda (y no una sino dos veces) -aunque la dote que debía pagarse no fuese entregada o que el dicho Fadrique hubiese tenido amoríos previos con ella- o matar a esta Urraca Osorio si era inocente.

Finalmente, Marañón extrajo el cuerpo de Enrique IV, arrancó de mala manera su cabeza, la colocó en el altar de la iglesia y anotó lo que pudo. En base a ello, y fiándose de Alfonso de Palencia (enemigo acérrimo de dicho rey) extrajo conclusiones vergonzosas. Como lo es afirmar, viendo un cráneo -que otros por cierto dicen que es perfectamente normal- que padeció parálisis cerebral y de ahí tener una conducta psicopática.

A pesar del tono "tenso" de esta conversación quería agradecerle su esfuerzo durante todos estos años, pues soy lector habitual y nunca lo he hecho.

Amo del castillo dijo...

Le quedo muy agradecido por su aportación, Sr. Cesskar. Cuando se habla de personajes tan controvertidos siempre suelen tenerse opiniones encontradas, y más cuando hay por medio oscuros intereses de poder que, me temo, jamás saldrán a la luz porque son cosas que nunca quedaron escritas. En cualquier caso, le quedo una vez más reconocido por su interés y sus opiniones al respecto.

Un saludo

P.S. Si mal no recuerdo, Marañón no arrancó la cabeza, estaba ya desprendida.