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| Cráter de la mina de Lochnagar. Podemos hacernos una idea de sus dimensiones tomando como referencia la mínima silueta del ciudadano situado al otro lado del boquete, en el centro de la imagen. |
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La Boisselle en estado pre-apocalíptico. Tras la batalla quedó en estado post-apocalíptico, uséase, literalmente arrasada hasta los cimientos |
La Boisselle es un pueblo birrioso en el Departamento del Somme, en la Alta Francia. Actualmente está unido con otra mínima población llamada Ovillers y, entre ambas, forman el pueblo birrioso. Su población es de 431 habitantes, de modo que imaginen lo concurrido que estaba aquello en 1915. Sin embargo, y como hemos visto mogollón de veces, poblaciones de chichinabo adquieren una importancia vital por estar en el punto estratégico situado justo en el lugar que ambos bandos desean poseer, por estar cerca de un nudo ferroviario importante o lo que sea. Y, mira por donde, este fue el caso de La Boisselle, que pasó de convertirse en una aldeucha irrelevante a un sitio donde nadie quería ir porque las posibilidades de palmarla allí eran enojosamente elevadas. En los comienzos de la Gran Guerra, el implacable avance tedesco lo ocupó y fortificó a base de bien, y junto con Beaumont-Hamel- aún más birrioso, con apenas 200 habitantes hoy día-, formaron una barrera en la que los Aliados no veían la forma de abrir una brecha y, a partir de ella, romper las líneas tedescas que, como ya hemos comentado otras veces, estaban poderosamente fortificadas. Bien, ya saben dónde está el sitio, de modo que pasemos al
INTROITO
Si se habla de las devastadores minas de la Batalla del Somme, los cuñados y primos lejanos mencionan las de Lochnagar, Beaumont-Hamel y, con suerte, la Y Sap. Pero la cosa es que el 1 de julio de 1916 se detonaron nada menos que 19 minas. Sí, diecinueve. De ellas, ocho se cavaron en el sector de Mametz y tres en el de Carnoy. Estas últimas fueron minas de poca monta- es un decir- usadas más que nada como acciones diversivas para despistar a los tedescos. Pero luego tenemos siete más que no pretendían despistar a nadie, sino reventar medio frente. Una en Beaumont-Hamel la situada más al norte, tres en Fricourt y tres en el sector de La Boiselle incluida la Y Sap. Finalmente, tenemos la de Lochnagar, en el extremo sur y cargada con apenas 60.000 libras de amonal, a unos 650 metros de La Boisselle. A la izquierda pueden ver un mapa de la época dónde aparecen las minas de Lochnagar y la Y Sap, con lo que pueden ponerse en situación, e imaginar el estado que quedaría el pueblo birrioso, situado en el centro de la fiesta. Como podrán suponer, su población había tomado las de Villadiego dos años antes por razones obvias.
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Explosión de amonal en Beirut. La carga no era ni de lejos similar a la de Lochnagar, de modo que ya pueden hacerse una idea de la eficacia del malvado invento |
Aprovecho para hacer un inciso explosivo. ¿Saben qué es el amonal, un explosivo barato, muy potente y que en los tiempos activos de las hienas vascas era muy usado para sus bombas lapa? Pues una mezcla de nitrato de amonio usado como fertilizante, por lo que cualquier cabrón puede comprarlo libremente (¿recuerdan el nitrato de chile, que antaño se veía anunciado por todas partes?) y polvo de aluminio, que actúa como potenciador de la explosión. Fabricarlo en plan compadre es tan chorra que cualquier cuñado podría hacerlo- ojo con el piojo-: basta ir a una tienda de abonos y a una carpintería de aluminio, comprar un cacho y liarse con la lima hasta reducir el cacho a polvo, y no me pregunten las proporciones, archicanallas, que ya intuyo sus intenciones. A nivel militar o industrial se le suele añadir trinitrotolueno para amentar aún más sus efectos. En todo caso, y a modo de dato curioso para provocar taquicardia a los "expertos", las cargas de las 19 minas que dieron inicio a la fiesta sumaban nada menos que 225.000 libras de amonal, uséase, 102.058 kilos de nada. 102 Tm. Diez camiones y medio de cuatro ejes. Una burrada, ¿qué no? De hecho, se afirmó que la detonación de la mina de Lochnagar produjo el estampido más gordo de la historia hasta aquel momento, aunque luego se dijo que no fue para tanto porque, obviamente, los miles de toneladas de tierra que había sobre la carga amortiguaron el ruido.
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Cañón de campaña de 18 libras (84 mm.), el arma estándar de calibre medio de los british. Era increíblemente eficaz gracias a su elevada cadencia de 12 dpm que, combinada con el uso de metralleros, obligaban al enemigo a enterrarse en sus refugios. En situación defensiva, realizaban severas escabechinas entre las oleadas de atacantes |
Bien, la cosa es que en épocas tan tempranas como diciembre de 1914, los gabachos (Dios maldiga al enano corso) ya hicieron la primera intentona por romper el frente en ese sector detonando una mina el 25 de ese mes. Pero los tedescos la detectaron antes de alcanzar la distancia adecuada a base de contraminas. Pero, a pesar del fracaso, los Aliados tuvieron claro que las fortificaciones enemigas en el sector comprendido entre La Boisselle y Beaumont-Hamel era imposibles de vulnerar con los métodos habituales, léase preparaciones artilleras y ataques de infantería, adornando los intermedios con bombardeos regulares a base de morteros de trinchera. Como podrán imaginar, los tedescos no se quedaban impasibles, y devolvían cumplidamente todos los obsequios enviados. En resumen, aquello era un agujero negro que tragaba cantidades industriales de munición. Como botón de muestra, basta recordar la producción de proyectiles de artillería en el mes previo a la ofensiva: 3.700.000 unidades.
Y para concluir el INTROITO. ¿De dónde surgió el nombre de mina de Lochnagar, cuando muchos la llaman como mina de La Boisselle? Pues de la trinchera que conducía a la boca de la mina. Pueden que en alguna peli hayan visto que era habitual poner nombres de calles a las trincheras, entre otras cosas para no perderse en aquellos laberintos para topos. Así, Lochnagar Street fue el punto de partida del túnel. Lochnagar es una montaña de solo 1.155 metros sobre el nivel del mar (foto de la derecha) situada en los Montes Grampianos, en Escocia, y era y es un lugar muy frecuentado por excursionistas, senderistas y demás ciudadanos amantes de echar los bofes los fines de semana dándose unas caminatas mortíferas. Bien, puestos en contexto, vamos al grano poniendo
fin al INTROITO
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| Composición geológica en el sector de La Boisselle |
Los british (Dios maldiga a Nelson) hicieron acto de presencia en el sector de La Boisselle en el verano de 1915, y el panorama no era precisamente alentador. Sus compadres gabachos llevaban un año liados con un duelo diario contra los tedescos, empeñados en lograr que una puñetera mina alcanzase sus posiciones, habiendo cavado nada menos que 61 y algunas de ellas cargadas con hasta 20 Tm. de explosivos. Pero no había forma. Los probos topos germanos iban siempre un paso por delante, y cuando los gabachos iniciaban una cava, al cabo de unas decenas de metros detectaban la presencia de los zapadores enemigos fabricando una contramina y, lo que era peor, casi siempre por debajo de ellos. En ese caso, los gabachos interrumpían la cava y la iniciaban en otra dirección para, tras unos días de pico y pala, volver al mismo guion de siempre: los tedescos estaban bajo ellos o en paralelo, y quizás, incluso cargando una cámara de hornillo para volatilizarlos o, lo que era peor, sepultarlos en vida.
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Capitán Henry Malkin Hance (1879-1945) |
Cuando la 179ª Compañía de Túneles al mando del capitán Henry Malkin Hance se hizo cargo del sector y recibieron los informes preceptivos de sus aliados, se quedaron un poco inquietos al darse cuenta de que la tierra de nadie se había convertido literalmente en un queso de Gruyère sin que ningún bando hubiese avanzado o retrocedido ni medio metro. Y a esto, añadir el terreno de la zona, que podemos ver en el gráfico del párrafo anterior. Bajo una capa superficial de marga había otra de limo. A continuación, arcilla con fragmentos de pedernal para, en lo más profundo, una masa de creta, uséase, piedra caliza dura de cojones que, obviamente, dificultaba la zapa. Y por si fuera poco, el nivel freático complicaba bastante la apertura de pozos para iniciar los túneles, hasta el extremo de que había ocasiones en las que había que tener bombas en marcha las 24 horas del día para evacuarlos de agua. De hecho, las típicas imágenes de las trincheras anegadas con el agua por las rodillas del personal no eran solo consecuencia de las lluvias, sino del maldito nivel freático que, en algunas zonas, estaba casi a nivel del suelo, y bastaba un mínimo de humedad para que empezara a aflorar una mezcla de agua y limo desde el suelo que convertía la trinchera en un asqueroso spa de barros medicinales. En fin, muy desagradable todo.
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Capitán Thomas Charles Richardson (1885-1916) |
Los zapadores tedescos habían logrado detonar unas cuantas minas que pudieron sepultar algún refugio, pero sin intención de abrir una brecha y culminar la zapa con un ataque, uséase, chinchar por chinchar y poner de los nervios a los gabachos. En noviembre se sumó a la fiesta la 185ª Compañía de Túneles al mando del capitán Thomas Charles Richardson que, al igual que el personal de su tropa, era un experto en la cosa de cavar bajo tierra. Los componentes de ambas compañías estaban formadas por mineros profesionales, bien extraídos del ejército, bien reclutados en las minas de carbón y que previamente no habían sido considerados útiles para el servicio. El mismo Richardson había estado currando antes de la guerra en Río de Janeiro para construir un alcantarillado decente. Bien, estas dos compañías fueron las encargadas de preparar las 19 minas, cuyo desarrollo omitiremos porque no vienen al caso y prefiero centrar el tema en la de Lochnagar, que es la protagonista del articulillo y, además, fue la más gorda de todas. Ojo, para no sacarla de contexto conviene concretar que, aunque figure por separado, la mina de Lochnagar formaba parte de las cuatro que, en total, fueron detonadas en el sector de La Boisselle: Lochnagar, la Nº 2, la Nº5 y la Y Sap, que fue la tercera en potencia tras la que nos ocupa y la de Beaumont-Hamel.
Por otro lado, el tema de los pozos para iniciar la zapa no era moco de pavo. En la foto de la derecha tienen un ejemplo bastante elocuente: miembros de una Stollenbaukompagnien (Compañía de Minadores) tedescos cavando un pozo en el que, a pesar de su escasa profundidad, ya vemos que el fondo está anegado. Observen la bomba situada a la izquierda del entibado para impedir que se acumule aún más agua. Y la cosa era que había que profundizar hasta que se encontrase una capa de arcilla seca, donde ya se podía empezar el túnel. Los british lo solventaron de forma bastante eficaz, que para eso sus mandos eran ingenieros de minas o similares. Para ello recurrían al tablestacado o, en la abominable lengua de los anglosajones, el spilling, palabro rarísimo que posiblemente nunca hayan leído pero que están hartos de ver: el tablestacado es, por ejemplo, los tubos de hormigón pretensado que se usan actualmente para forrar las paredes de los pozos, que antaño había que labrar con hileras de ladrillos. Los british usaban tubos de acero de 180 cm. de diámetro que eran colocando con extrema precisión con la ayuda de cuatro gatos hidráulicos de 5 Tm. hasta alcanzar una profundidad adecuada, que podía alcanzar tranquilamente 20 metros o más.
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Plano que marca el punto de partida y el trayecto de la mina de Lochnagar. Obsérvese la distancia hasta el pueblo |
Bien, el patio estaba así de animado a finales de 1915. Entre las minas, contraminas y bombardeos por parte de ambos bandos, los british habían bautizado el sector comprendido entre Beaumont-Hamel y La Boisselle como Glory Hole, el Agujero de la Gloria, y hasta se consideraba muy complicado, cuando no imposible, que la infantería lograse avanzar en aquel paraje lunar con la táctica convencional sin caer como moscas, porque el terreno era intransitable. Así pues, y dentro del contexto de la futura ofensiva, se planeó la construcción de cuatro minas en el sector de La Boisselle: la Nº 2, la Nº 5, la Y Sap y la mina de Lochnagar. Las dos primeras estaban destinadas a destruir las contraminas y minas tedescas, la segunda las posiciones tedescas al norte de La Boiselle, y la de Lochnagar a avanzar sobre el pueblo, que los tedescos habían fortificado a conciencia ocupando los sótanos de las viviendas en ruinas. Este reducto había sido bautizado como Schwabenhöhe (Alturas de Suabia). Este plan se mantuvo en el más absoluto secreto en vista de que los tedescos parecían tener un vidente que sabía el trazado de todas las minas enemigas antes de empezarlas. El capitán Richardson optó por una solución bastante sensata: iniciarla lejos del Agujero de la Gloria, que estaba ya un poco visto y que los enemigos tenían acribillado de contraminas. Además, el tierra de nadie de aquel sector sí estaba casi limpia de cráteres, lo que permitiría a la infantería avanzar de forma ordenada. La operación dio comienzo el 11 de noviembre de 1915.
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| Sección aproximada de la mina. Ojo, no está a escala |
Así pues, para que la boca de la mina no fuera detectada por los tedescos, se cavó el pozo en Lochnagar Street, a unos 125 metros por detrás de las líneas propias. La aviación alemana se pasaba el día entero revoloteando por la zona y sacando fotos a destajo, precisamente en busca de movimientos raritos que saltaban a la vista comparando las imágenes de días anteriores. Si se sospechaba algo, la artillería y los morteros de trinchera machaban sin más el motivo de la duda, por lo que el pozo no solo debía ser lo más discreto posible, sino también que no se produjeran alrededor movimientos que lo delatasen. En todo caso, esto suponía que el túnel debería tener algo más de 300 metros de longitud para alcanzar las líneas enemigas, lo que era todo un desafío. Observen el gráfico de la derecha. Inicialmente se cavó un pozo vertical de 9 metros de profundidad, al final del cual se construyó una cámara donde llegaban los escombros y desde donde eran extraídos. De la cámara partía una galería de ataque con una inclinación de 45º, que avanzó hasta alcanzar los 14 metros de profundidad y una longitud de 35 metros. A partir de ahí se inició un túnel horizontal que en breve se extendió a lo largo de unos 15 metros. La galería para extraer el material partía de la cámara con mucha menos inclinación, y salía a la superficie a unos 30 metros por detrás del túnel. La extracción de escombros era cosa de la infantería, que no daba abasto para sacar y repartir por el terreno tanto material, ya que una acumulación del mismo sería detectada rápidamente por los aviadores tedescos, cosa que no consiguieron porque en enero la montaña de creta blanca daba un cante tremendo, y las fotos aéreas delataban que algo se cocía.
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Dos zapadores en plena faena. El fulano de la izquierda lleva enchufado en las orejas un geófono, una especie de fonendoscopio para detectar ruidillos raritos. Observen la pared del túnel, formada por una masa de creta maciza |
Los tedescos empezaron a hostigar la zona pensando que estaban bombardeando la boca del túnel, pero la idea de poner la galería de extracción separado del mismo se mostró un acierto. Hay que tener en cuenta que el ritmo de trabajo de los mineros era de unos 5 metros diarios, y por cada 30 cm. de avance se producían 48 sacos de tierra, lo que se convertía en un trabajo infernal para los encargados de sacarlo de la cámara hasta el exterior. Para agilizar la extracción, a principios de diciembre se instaló una vía minera con una vagoneta. Como vemos, cansa solo leerlo. Para darle más encanto a la cosa, en enero de 1916 hubo que abrir un nuevo túnel. El principal seguía a unos 14 metros de profundidad, pero requería una bomba funcionando las 24 horas porque no paraba de manar agua. En vista de lo visto, Richardson decidió profundizar el túnel un par de metros más, y abrir otro de forma paralela que llegó a los 30 metros. Esto permitió, aparte de currar con los pies secos, detectar posibles contraminas tedescas que se cruzasen entre ambos túneles y, más importante aún, despistar a los zapadores enemigos con el ruido producido en el túnel superior, que disimularía el producido en el más profundo.
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Consecuencias de cualquier incidente dentro de un túnel. Chungo, ¿no? |
Pero los tedescos ya tenían clarísimo que, a pesar de la lejanía hasta La Boiselle y el boquete glorioso, los british estaban tramando algo, y gordo. A finales de enero llevaron a cabo un golpe de mano para dar con el pozo de la mina, aunque sin éxito. Echaron el guante a doce guripas del Regimiento de Essex por si sabían algo, pero el secreto seguían bien guardado. Pero los germanos son un poco cabezotas, y no se rindieron. Detectaron movimiento en una de las galerías de Inch Street, de dónde partían las minas Nº 2 y Nº 5 de La Boisselle y, mira por donde, en ese momento andaba por ahí el capitán Richardson probando un aparato de escucha. Los tedescos no desaprovecharon la ocasión. Desde su contramina detonaron una carga que alcanzó la de los british y, ante la estrechez del entorno, el metano provocado por la explosión soltó una bola de fuego fastuoso y absorbió cantidades masivas de monóxido de carbono, que mató a Richardson, al 2º teniente Latham y a 16 zapadores. No palmaron de la explosión, sino achicharrados y asfixiados, como los abuelos que se quedaban sopa en la mesa camilla con los braseros de cisco y no despertaban nunca más. Y en vista de que la 185ª Compañía se había quedado huérfana, la enviaron como refuerzo a las minas situadas al norte, siendo sustituida por la 179ª al mando del capitán Hance, que debió rugir de alegría al verse enviado a la puñetera mina de Lochanagar.
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Puesto de escucha gabacho equipado con sismomicrófonos en busca de actividad alemana |
Cuado Hance llegó al sector de La Boisselle tres semanas después del deceso de Richardson, el túnel de ataque de la mina- el superior- había alcanzado una longitud de 244 metros, mientras que el secundario, situado a una cota inferior, iba por los 165 metros. Hance no se devanó mucho la sesera y detuvo la cava del túnel inferior para disponer de todo el personal en el principal que, además, era el que se encontraba más cerca de las posiciones enemigas. Además, los tedescos ya sabían que en aquel sector se estaba cavando una mina, así que las precauciones de Richardson ya no tenían sentido. En aquel momento, lo más importante era seguir avanzando en el más absoluto silencio, y cuando hablamos de silencio es decir que no se podía ni emitir una leve ventosidad culera. A finales de marzo, el túnel estaba ya a solo unos 45 metros de las posiciones tedescas, y el silencio hubo que triplicarlo porque los enemigos se pasaban el día dando vuelta por sus contraminas con los geófonos soldados a las orejas en busca hasta de un ratón dando un paseo. La cosa llegó al extremo de que hubo que suprimir la vagoneta para sacar escombros. Para hacerla lo más silenciosa posible, ese chisme rodaba sobre una vía de madera, y las ruedas tenían llantas de goma. Pero Hance no se arriesgó, y ordenó que se formara una cadena humana para ir sacando los sacos de escombros. Los zapadores tenían que currar sin botas sobre sacos de arena, y cada vez que sacaban una lasca de material había que cogerla al vuelo, bien por él, bien por un fulano colocado junto a él. En esa zona, la creta estaba fragmentada en grietas, por lo que se usaron unas herramientas similares a las picas Croft para, introduciendo la punta de la bayoneta, hacer palanca y sacar un fragmento de roca.
Y a todo este cúmulo de comodidades debemos añadir la ventilación. Como los compresores eran muy escandalosos y delatarían la posición de la mina, optaron por la vieja escuela: enormes fuelles de herrero provistos de una manguera que llegaba hasta el final del túnel. Sin embargo, ya pueden imaginar la calidad del aire que llegaba a los zapadores, que se verían jadeando como tísicos, empapados en sudor, llenos de tierra y hasta meándose encima para no abandonar su puesto. Según testimonios del personal, hasta las velas se apagaban por el poco oxígeno que les llegaba, por lo que tenían que colocarlas junto a la salida de la manguera y, aún así, solo daban una luz mortecina. Qué angustia, carajo... Los tedescos, como vemos en la foto de la derecha, optaron por ventiladores mecánicos que, aunque no tan silenciosos como los fuelles, proporcionaban un caudal de aire más intenso y mayor calidad. En todo caso, está de más decir que el rendimiento del personal bajó una burrada. A la durísima creta había que sumar el agotamiento acumulado, por lo que a finales de marzo el avance se redujo ostensiblemente. De los 5 metros iniciales de cuando se empezó el túnel, se redujo a la ínfima cifra de 30 cm. al día. Tres días y medio para avanzar un mísero metro. Para que el poco aire decente que llegaba cundiese más, Hance ordenó reducir el tamaño del túnel. Total, ya faltaba poco, de modo que la altura del mismo se bajó a 135 cm., y la anchura a 75 cm. y recordemos que en ese tabuco debían trabajar dos hombres, y tras ellos los encargados de ensacar la tierra. Una delicia, vaya...
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Capitán Wilfred Bartram Creswick (1886-1916) |
Y por si esto fuera poco, a la puñetera mina la habían mirado al menos 18 tuertos, porque el Ángel de la Muerte no paraba de planear sobre ella. El siguiente en entregar la cuchara fue el capitán Wilfred Bartram Creswick, un ingeniero perteneciente al 4º Bon. de Infantería Ligera de Yorkshire, que fue asignado como supervisor técnico a las minas de Inch Street y Lochnagar Street. El 10 de abril de 1916 no tuvo nada mejor que hacer que darse un garbeo subterráneo para comprobar como iban los trabajos y, como está mandado, los tedescos se enteraron de que alguien se movía por allí y tardaron un periquete en volar la galería, matando allí mismo al probo capitán, al zapador Stephen Devine, de la 179ª Compañía, y al soldado William Cross, del Rgto. de Essex. Sus cuerpos aún reposan en algún lugar del Glory Hole hasta el Día del Juicio, porque el derrumbe provocado por la explosión hizo imposible recuperar los cadáveres. Esto superó a Hence, que ya llevaba tiempo dando muestras de que el agotamiento, tanto físico como psicológico, habían hecho su labor de zapa- nada más descriptivo para un zapador- y colapsó por completo. Lo mandaron a un centro de descanso a Marsella, donde pasó una temporada hasta que se recuperase un poco, pobrecito. Pero, para que no se perdiera la fiesta, el 7 de junio ya estaba de vuelta a su amada mina.
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Capitán James Young (1886-1949) |
En cuanto a Creswick, fue sucedido por el capitán James Young, otro ingeniero de minas que debía echar de menos sus asquerosas minas de carbón y la silicosis, pero no le quedaba otra. Con la mina tan avanzada, sobre Young recaería el trabajo de terminarla, cargarla y detonarla, si es que los tedescos no lo volatilizaban como habían hecho con su predecesor. Por cierto que, el mismo día en el que Hance partió hacia Marsella, los tedescos no quisieron dejarlo marchar sin hacerle una fiesta de despedida. Llevaron a cabo otro golpe de mano en las posiciones de los british que transcurrían justo encima de los túneles de la mina, que se saldó con la captura de 29 guripas a los que, aunque no se menciona, no me cabe duda de que les sacaron información. Todo se estaba cociendo bajo ellos, y es imposible que no vieran al menos las hileras de hombres sacando sacos y sacos de tierra a 30 metros de sus posiciones durante semanas las 24 horas del día. Pero fiestas aparte, para cubrir el puesto de Hance se hizo cargo su segundo al mando en la compañía, el capitán Gilbert Rowan, otro ingeniero más del vivero de ingenieros procedentes de las minas británicas. Imagino que Rowan, en vista de la trayectoria vital de sus predecesores, no le hizo ni pizca de gracia aceptar el cargo. En todo caso, le gustase o no, tuvo que hacerse cargo de la evolución de la zapa y de tener a raya al personal de la 179ª Compañía que, al parecer, estaban empezando a mostrar cierto hartazgo tras verse durante meses trabajando literalmente como mulos.
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Oficial british usando un geófono VI.27 en busca de los malos malosos |
Y a medida que la zapa avanzaba, empezaron a quedar claras ciertas cosas que, al parecer, aún no se habían tenido en cuenta. El objetivo de la Y Sap estaba claro y no había dudas al respecto, pero la de Lochnagar sí presentaba algunas cuestiones de tipo táctico que había que resolver. La trayectoria del túnel iba en dirección a la posición Schwabenhöhe que, como ya dijimos antes, era un bastión magníficamente fortificado por el que, en teoría, la infantería british tendría que pasar, porque de intentar conquistarlo, nada de nada. Ante semejante panorama, Rowan decidió abrir dos ramales con sus dos cámaras de hornillo, de forma de el cráter que se formase fuese lo más amplio posible. La idea consistía en colocar las cargas separadas unos 75 metros. Pero era evidente que los tedescos tenían cada vez más claro por dónde venían los tiros, quizás mediante la información obtenida a los guripas que trincaron durante el golpe de mano. No pasaron muchos días hasta que empezaron a escuchar sobre ellos movimiento de zapa, en este caso de la 1ª
Compañía de Reserva del 13º Batallón de Zapadores de Würtemberg al mando de teniente Sihler. Éste fulano cavó, partiendo de la posición de Schwabenhöhe, nada menos que siete galerías de escucha en varias direcciones, a ver si daba con los enemigos, llegando a estar a menos de 40 metros del túnel de Lochnagar. Sihler no acababa de encontrar la mina, de modo que, en vez de avanzar, se puso a escarbar, alcanzando una cota inferior a la de los british.
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Sellado de una cámara a manos de un oficial. Este trabajo jamás lo hacía la tropa, sino un mandamás ayudado si acaso por un suboficial. Además de sacos terreros se usaban gruesos maderos e incluso vertidos de hormigón |
Ante la proximidad del inicio de la ofensiva, Rowan no perdió el tiempo. Sabedor de que las primeras oleadas de atacantes necesitarían apoyo logístico en forma de comida y munición, sacó a personal de minas menores para cavar en tierra de nadie pero cerca de las importantes lo que llamaban "russian saps", zapas rusas. Estas consistían en trincheras poco más profundas que la estatura de un hombre, y cubiertas con solo 50 o 100 cm. de tierra. A medida que se acercaban a las posiciones enemigas, salían a cielo abierto. Estas zapas permitían además el envío de refuerzos que no tenían que perder tiempo sorteando el infame paisaje de la tierra de nadie. Y mientras que unos cavabas las zapas rusas, otro contingente se entretenía en abrir el segundo ramal de la mina principal mientras que Sihler seguía dando palos de ciego. A mediados de junio, la Y Sap había alcanzado su objetivo, justo debajo de las posiciones tedescas. Pero a la Lochnagar aún le quedaban por cubrir unos 30 metros, y Hance, que ya había vuelto de su permiso, no quiso arriesgarse a que los enemigos diesen con su mina y la mandasen al carajo. Lochnagar era la madre del cordero porque era la que cerraba la línea de brechas que, en teoría, debían abrir las demás desde Beaumont-Hamel hacia el sureste. Así pues, dio por concluida la zapa y comenzó a excavar las cámaras de hornillo para llevar a cabo la carga. Considerando los 30 metros que aún faltaban para alcanzar las trincheras tedescas, hizo sus cálculos para sobrecargar la mina (de ahí que Lochnagar fuese la más gorda), a fin de proyectar la mayor cantidad posible de tierra sobre las trincheras alemanas. La Y Sap los haría volar por los aires, pero la de Lochnagar los enterraría vivos e, igual de importante, formarían un talud lo suficientemente elevado sobre el nivel del terreno que les permitiría defender el cráter desde una posición dominante mientras que el resto de sus colegas se adentraban en zona tedesca y rodeaban La Boisselle para expulsarlos de allí.
Bueno, aquí terminamos por hoy. Como la cosa se alarga más de lo que imaginaba porque no he querido dejar atrás detalles importantes, prefiero hacer una segunda parte.
Pírome a merendar. Yo os bendigo, amén y tal
Hale, he dicho
PETRVS SANCHODICI DELETVS EST
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| Foto aérea del cráter de la mina de Lochnagar. Obsérvese la distancia a la que quedó de las posiciones tedescas, así como la blancura del cráter a causa de la creta que expulsó la detonación |