miércoles, 21 de octubre de 2026

PANZERBEFEHLSWAGEN III - Modelos D1, E y H

 

Flamante Panzerbafehlswagen III Ausf. D1 dándose un garbeo por la orilla de algún río germano. Estos carros, aunque eran de los modelos de pre-producción, tomaron parte en todos los bailes desde que empezó la fiesta

Panzerbafehlswagen, dieciocho letras de nada gracias a la endiablada lengua tedesca, empeñada en juntar varias palabras en una sola, al revés de lo que hacemos en los países civilizados. Traducido literalmente sería "blindado órdenes vehículo", que reconvertido en algo inteligible sería, simplemente, vehículo blindado de mando. Bueno, pues eso es ese chisme, un vehículo de mando para que el que manda pueda mandar sin que los mandados piensen que no hay nadie al mando y opten por largarse donde haya menos peligro. Sí, es algo aplastantemente obvio, pero hay que explicarlo por si algún cuñado ha decidido seguir el blog para dejar de ser humillado por sabiondo y por "experto". Bueno, empecemos ya, que para luego es tarde, con el correspondiente 

INTROITO

El coronel Johannes, Freiherr von Funck, comandante del PzRgt 5,
perteneciente a la 3ª Panzerdivision, destilando seguridad germánica
junto a su carro de mando durante la campaña de Polonia. El
ciudadano orondo no sé quién leches es

Como vimos en el artículo dedicado a la gestación del PzKpfw. III, en 1935 el ciudadano Adolf mandó el Tratado de Versalles a hacer gárgaras junto a los firmantes del bando opuesto, poniendo así a toda pastilla su futura maquinaria de guerra que, hasta aquel momento, se había desarrollado bajo el más absoluto secreto y sometida a la escasez de medios y materias primas para ello. En el tema que nos ocupa, la Inspektion 6 (In 6), uno de los departamentos del Heeresaffenamt, era el encargado de todo lo relativo a los vehículos motorizados, incluyendo motocicletas y simples automóviles oficiales. Este organismo decidió en un cónclave celebrado durante los días 30 y 31 de octubre de 1935 que había que dotar a las futuras unidades acorazadas de un Führerkampfwagen, que es como llamaron a estos vehículos inicialmente, provistos de equipos de radio. En teoría, dependiendo del tipo de unidad, tendrían sus carros de mando, donde irían los comandantes de las mismas, y desde donde podría contactar con sus inmediatos superiores en la escala de mando. Al mismo tiempo, darían las órdenes oportunas al personal subalterno, que no podían rechistar porque los carros tedescos estaban equipados solo con receptores, uséase, podían oír pero no protestar. Solo los jefes de brigada, regimiento, batallón y compañía sí podían responder.

El banco de pruebas para este tipo de vehículos fue la Guerra Civil española, donde la Legión Cóndor envió, entre otros muchos pertrechos, carros PzKpfw. I, incluyendo vehículos de mando que no eran sino una adaptación del mismo y que recibió el nombre 
kleiner Panzerbefehlswagen SdKfz. 265, carro de mando pequeño, de las que se llegaron a producir 190 unidades. Como vemos en la foto, tomada en el campo de entrenamiento de Las Arguijuelas (Cáceres), se suprimió la torreta y se modificó la superestructura para construir una casamata donde se alojaba el mandamás y un operador de radio que, además, debía manejar la ametralladora MG-13 de defensa cercana. Delante, a la izquierda, iba el conductor. No tardaron mucho en llegar a la conclusión de que el enano ese se quedaba corto, y que sería conveniente hacer uso de un vehículo de mayor tamaño para alojar más equipos de radio. Obviamente, no tuvieron que pasar días pensando cual usar, ya que lo más grande de que disponían en aquel momento era el PzKpfw. III en sus versiones de pre-producción, así que solo hacía falta pensar qué tipo de modificaciones serían necesarias y poco más. Y dicho esto,

fin del INTROITO

Funkgerät 2, el equipo más básico
En la reunión de marras, además de concretar el vehículo que se emplearía para mandar como Dios manda, se especificaron los equipos que deberían llevar a bordo, así como el número de carros que se asignarían a cada unidad. Los batallones tendrían uno o dos vehículos- hay que tener en cuenta que el número de carros por batallón era muy variable, por lo que un solo carro de mando podría no bastar- que estarían equipados con un transmisor receptor de 20W de onda ultra corta y un receptor con un alcance de 6 km. en rango vocal y de 12 en rango telegráfico. Los regimientos serían dotados con dos carros de mando equipados con un transmisor receptor similar al anterior, pero con un receptor más potente, con un alcance en rango vocal de 8 km. y de 20 en rango telegráfico. Las brigadas tendrían asignados tres carros de mando con un equipo similar al de los regimentales y, en todos los casos, las tripulaciones estarían formadas por cinco probos homicidas: el mandamás, el conductor, dos operadores de radio y un ayudante del mandamás que, aparte de ayudar, tenía más deberes que luego veremos.  También se consideró la opción de que determinadas unidades dispondrían de aparatos aptos para comunicarse con la Luftwaffe ya que, como sabemos o deberíamos saber, en la doctrina de la Blitzkrieg se incluía el apoyo aéreo a las divisiones acorazadas, de forma que los Stuka ablandasen al enemigo con sus Trompetas de Jericó como paso previo al ataque terrestre en masa. Y, por último, un año después de esta reunión se creó el término de 
Panzerbefehlswagen (abreviado como Pz.Bf.Wg.), que sustituiría al de Führerkampfwagen. Se les asignaron los números de código SdKfz. 266, 267 y 268, que tomarían en base a los equipos de radio a bordo independientemente del modelo de carro sobre el que fuesen instalados y, para diferenciarlos de los derivados del PzKpfw. I, añadieron la coletilla grosser ("gr.", grande)

En primer término vemos un D1, y al fondo un Pzkpfw. I
de mando. Se puede apreciar la diferencia de tamaño entre
ambos vehículos
Bien, una vez que tuvieron claro lo que querían, en septiembre de 1936 
la Inspektion 6 cursó un pedido de 30 unidades del modelo D que debían ser entregadas entre octubre del año siguiente y febrero de 1938. Debido a las modificaciones que se le hicieron y para diferenciarlo del carro de mando, se denominó como D1. Dichas modificaciones no alteraron el aspecto general del vehículo, pero sí eran bastante relevantes. En primer lugar, se reforzó el blindaje. El casco y la superestructura del modelo original tenía un grosor de 14'5 mm. en todo su contorno, el cual fue aumentado hasta lo 30 mm., que para eso el pasajero principal era un jefe. Este blindaje fue testado para comprobar que resistía disparos de munición perforante SmK de 8 mm. a una distancia de 30 metros, así como la de 20 mm. Los tedescos le tenían bastante prevención a los fusiles anticarro que, manejados por tiradores que se movían como culebras por el campo de batalla, eran capaces de aproximarse a distancia irritantemente cortas.

Veamos las modificaciones más relevantes, tomando como ejemplo el modelo D1. Ojo, las mismas nos valen para los modelos E y H. El operador de radio/ametrallador se convirtió en operador de radio a secas ya que la ametralladora de proa se eliminó. Para no eliminar la defensa cercana, la rótula fue sustituida por un portillo para arma individual- subfusil o pistola- con la apariencia de la Kugelblende 30, la rótula protegida por una placa de blindaje de 30 mm. de grosor. Con el mismo fin, se abrieron dos portillos pivotantes con forma circular, uno a cada lado, y lo mismo en la trasera de la torreta (rojo). En la parte trasera de la superestructura se instaló un visor (amarillo). En la parte trasera vemos la característica antena de bastidor, cuyo aislante para el cable de conexión, que salía de la parte trasera de la torreta, estaba protegido por un tubo de acero (azul). Otras dos antenas más se habían instalado en los costados. En el derecho una de 140 cm., y a la izquierda una de 2 metros. Ambas eran abatibles, y cuando no se usaban se plegaban sobre sendos armazones de madera (marrón) con forma de U para que se mantuvieran protegidas. Dos cambios efectuados exclusivamente en el D1 fue la supresión, no se sabe por qué motivo, de la escotilla del operador de radio; y en la torreta, las escotillas laterales de una hoja se cambiaron por otras de doble hoja similares a las de los modelos E y H. En una de las hojas vemos también, marcadas de rojo, sendos portillos para subfusil. De lejos mataba poco, pero de cerca podía freír al más pintado, las cosas como son.

En la foto vemos la rótula de la ametralladora de la torreta.
Junto a ella, el cañón de madera de la MG-34 falsa, que se usó
en los modelos D1 y E. En el detalle se puede apreciar el
conjunto. Obsérvese la calidad de las réplicas, que tienen
incluso los orificios de los cañones. Se puede ver también
el Kugelblende 30 falso del frontal, que en realidad se había
convertido en una tronera para subfusil
En cuanto al armamento principal, fue eliminado para hacer sitio en el interior de la torreta. También se suprimió una de las ametralladoras MG-34, permaneciendo la del extremo derecho montada en una rótula que le permitía un ángulo vertical de -10º a +20º, y de 15º a ambos lados en horizontal. La puntería se efectuaba mediante un visor KFZ 2 de 1'8 aumentos y un campo de visión de 18º. El visor estaba graduado punto en blanco a 200 metros. La dotación de munición era de 2.400 cartuchos en 32 cargadores de tambor de 75 disparos. A partir de junio de 1940 se sustituyeron por 16 sacas con cintas de 150 cartuchos. Como armamento secundario, cada carro estaba dotado de tres subfusiles MP-38 o MP-40 con 42 cargadores de 32 cartuchos de 9 mm. Parabellum. Por último, llevaban una Leuchtpistole 34 de 26 mm. con una dotación de 12 bengalas que, posteriormente, se aumentaron a 24. Respecto al armamento suprimido, se sustituyó por réplicas de madera magníficamente recreadas para que el enemigo no creyera que el vehículo estaba desarmado. Aunque los carros de mando nunca permanecían solos, siempre venía bien dar la impresión de que no estaban indefensos. Y, ya puestos y para ahorrar acero, que era escaso y caro, el mantelete del pseudo-cañón se fabricó con una aleación de aluminio.

Al Fahrersehklappe (visor) del conductor se le añadió una pestaña para protegerlo de la lluvia (flecha blanca). Debajo de la misma tenemos el visor en sí, que podía cerrarse por completo si las cosas se ponían calentitas. Aunque dicho visor estaba provisto de un bloque de vidrio laminado de 90 mm. de espesor y que resistía disparos de armas ligeras y esquirlas de metralla, nunca estaba de más dejarse de historias, cerrarlo y recurrir al binocular KFF 1 en el caso del D1, con un campo de visión de 65º, o del KFF2 como el que ya vimos en el artículo dedicado al StuG. III y que se instaló en los modelos E y H. Este visor tenía 1'15 aumentos, y un campo de visión de 50º. Las mirillas también estaban provistas de bloques de vidrio del mismo espesor, del que se llevaban en dotación 12 unidades para reponer los que se astillaran o se rompieran a causa de un impacto directo.

En el techo de la torreta también tenemos varias modificaciones. La más relevante era la abertura para desplegar el Kurbelmast B, un mástil extensible de 9 metros en cuyo extremo se podía atornillar la antena de estrella cuando era necesario transmitir o recibir a grandes distancias. 
Dicho mástil estaba fijado en el suelo del carro, y esta antena era compatible con la antena de bastidor. El mástil iba dentro de la torreta y, cuando hacía falta, se abría la trampilla (rojo), se atornillaba la antena de estrella y se iba extendiendo. Para usarlo había que detener el vehículo si no se quería ver el puñetero mástil doblado como una herradura. La abertura marcada de azul era para permitir el uso del Turmspaehfernrohr 1, o T.S.R. 1, un periscopio de tijera de 3 aumentos y un campo de visión de 20º para que el mandamás pudiese contemplar el paisaje. Dentro de la torreta viajaba el otro operador de radio, que se colocaba en el lado izquierdo. A la derecha se colocaba el ayudante, que tenía la misión de hacerse cargo de la ametralladora si había que homicidiar homicidas enemigos. Ante él, en la posición donde estaría la culata del cañón, disponía de una ínfima mesa de mapas donde no cabía algo mucho más grande que un folio. Digamos que, más que mesa de mapas, era un pequeño escritorio donde podía escribir sus memorias de guerra cuando no tenía nada mejor que hacer. En la parte trasera se acomodaba el mandamás, justo debajo de la cúpula. Para poder contactar con el conductor y el ayudante sin tener que desgañitarse dando berridos, disponía de un tubo acústico. Cabe dar por sentado que el ruido dentro de uno de estos chismes debía ser bastante insoportable, porque el ayudante estaba a menos de un metro delante de él. Por cierto que, con tanta abertura y tanta rendija, estos carros no eran herméticos. Por lo tanto, y por si se veían atacados por substancias gaseosas malignas o entraba humo en cantidad del exterior, llevaban de dotación cinco máscaras antigás.

Por otro lado, la torreta no giraba. Aparte de que la antena de bastidor le impediría realizar giros completos, si carecía de armamento ofensivo tampoco tenía mucho sentido que pudiera girar, por lo que eran fijadas a la superestructura mediante tornillos. Tenían también un blindaje de más grosor que los modelos normales, a base de placas soldadas de 30 mm. de espesor en todo su contorno, y de 10 mm. en el techo. La cúpula del mandamás podemos verla en la foto de la derecha. Consistía en una pieza de fundición de 30 mm. de espesor fijada con tornillos al techo y provista de cinco visores con bloques de vidrio de 90 mm. de grueso. Los visores podían cerrarse con unas pestañas que se deslizaban ante las mirillas. En el detalle podemos ver los visores abiertos. Así mismo, a la izquierda del mantelete del pseudo-cañón había otro visor, que en realidad era una mínima ventanita cubierta por una chapa deslizable que se abría moviéndola hacia arriba (círculo blanco). En el modelo original estaba destinada al tirador, pero en este caso no tenía mucha utilidad. Con todo, no se eliminó. Y, aprovechando la foto, observen los dos orificios sobre el visor del conductor. Eran para el periscopio binocular 
KFF 1 o KFF2 al que se recurría cuando el visor se cerraba.

Perfiles comparativos de los tres modelos
Y para ir concluyendo, veamos el tema radiofónico. Los aparatos tenía tres ubicaciones que eran ocupadas o no en base al tipo de vehículo: en el frontal del casco, sobre la barra de la transmisión y sobre la caja de cambios. Parece ser que los carros asignados a mandos a nivel de brigada podrían estar equipados con la máquina Enigma, aunque personalmente lo dudo mucho. Un carro de combate era relativamente fácil de capturar si se averiaba, y los Aliados tenían sueños húmedos con tal de echarle el guante a una de ellas. Tener un ejemplar era romper los absolutamente indescifrables códigos tedescos. Recordemos que los tripulantes de barcos y submarinos tenían la orden expresa de que, en caso de ser capturados o abordados, lo primero que tenían que hacer era arrojar la puñetera máquina al mar lastrada a base de bien para que se fuera al fondo lo antes posible. En todo caso, no hay constancia fehaciente de que la Enigma fuera a bordo de un carro de mando. Y en cuanto al código de numeración según el equipo de a bordo tenemos:

SdKfz. 266: Un Funkgerät 6 (SE 20 U) compuesto por un transmisor de 20 vatios y un receptor de onda ultracorta y un receptor Funkgerät 2 (EU) de onda ultracorta.

SdKfz. 267: Un Funkgerät 6 (SE 20 U) compuesto por un transmisor de 20 vatios y un receptor de onda ultracorta y un Funkgerät 8 (SE 30) compuesto por un transmisor de  30 vatios y un receptor de onda media.

SdKfz. 268: Un Funkgerät 6 (SE 20 U) compuesto por un transmisor de 20 vatios y un receptor de onda ultracorta y un Fliegerboden  Funkgerät 7 (SE 20 U) compuesto por un transmisor de 20 vatios y un receptor de onda ultracorta. Este último aparato estaba destinado a contactar con la Luftwaffe.

Bueno, eximios lectores, con esto terminamos. Una observación: se habrán dado cuenta de que no se ha hecho referencia a datos técnicos referentes al motor, armamento en general, etc. ya que de estos se hablará largo y tendido cuando publique el artículo correspondiente a los modelos de donde salieron los carros de mando. Será en breve, no se me asusten.

SALVE ATQVE VALE FEROCES BELLATORES

Hale, he dicho


PETRVS SANCHODICI DELETVS EST

Probos homicidas tedescos posando junto a un Pz.Bf.Wg. III Ausf. D1. Obsérvese que las plataformas posteriores están ocupadas por carros de mando pequeños, lo que denota que la adopción del modelo grande no supuso la eliminación de los enanos

domingo, 18 de octubre de 2026

PANZERKAMPFWAGEN III - ORIGEN

 

PzKpfw. III Ausf. H pertenecientes a la 2ª Panzerdivision paseándose por Sofía, la capital de Bulgaria, en mayo de 1941. La colocación de tramos de cadena en el frontal se convirtió en una forma bastante cómoda y barata de aumentar el blindaje


PzKpfw. III Ausf. E encabezando una columna de la 10ª
Panzer-Division
en algún lugar de Francia, en 1940.
Lleva todo el frontal reforzado con chapa de 30 mm.
SALVETE CARISSIMI CIVES BELLATORES. BENVENVTI IN HOC CASTELLO 😁

Cuando los cuñados y demás infraseres que habitan este atribulado planeta sacan a relucir la cosa acorazada tedesca, nos aburren con interminables filípicas sobre el poderoso Tiger y el temible Panther, que eran los más grandes, los que mataban más y los más chulísimos de la muerte de la galaxia. Sin embargo, nunca mencionan un carro medianito, molón y armado con un cañoncito un poco birrioso que, sin embargo, podemos decir que fue el corazón de la Panzerwaffe hasta 1943, cuando los carros enemigos lo superaban en todos los sentidos. Hablamos del PzKpfw. III que, a pesar de no ser precisamente un monstruo blindado, fue la punta de lanza en la Blitzkrieg que arrolló a los polacos, a los ejércitos de Europa Central y, finalmente, a los gabachos (Dios maldiga al enano corso), cuyo ejército estaba considerado el más potente del mundo en aquel momento. Pero, a pesar de contar con una fuerza acorazada más poderosa, a los tedescos les bastaron seis semanas para aplastarlos bonitamente y hacerse fotos delante de la Torre Eiffel para, a continuación, regocijar la vista con las frondosas parisinas mientras devoraban cruasanes en el Café de París. Sin embargo, el camino recorrido para llegar hasta ahí fue mucho más largo de lo que puedan pensar, y hablamos de años de investigación y diseños partiendo prácticamente de cero. Así pues, este articulillo lo dedicaremos a lo que ignoran los cuñados y demás "expertos", para que puedan ir provocándoles arcadas de angustia mientras preparamos la continuación del mismo. Empecemos pues con el habitual

INTROITO

Firma del Armisticio. En puridad, se acababa de firmar el
inicio de la siguiente guerra. Humillar al vencido que se
ha batido en buena lid es la mejor forma de cagarla
El 11 de noviembre de 1918, a eso de las 05:20 horas, la delegación alemana que tuvo que pasar por la humillación de firmar el armisticio se apeó del vagón estacionado en el bosque de 
Compiègne. A las 05:21 horas ya estaban rumiando como tomarse cumplida venganza, y más tras el despectivo y chulesco trato recibido por los emisarios gabachos, especialmente por parte de Foch. La delegación tedesca estaba formada por cuatro humillados ciudadanos que, con toda seguridad, estaban pasando el peor trance de sus vidas. Al cabo, habían perdido la guerra siendo la fuerza ocupante, cuando lo habitual es al revés. Los firmantes fueron Matthias Erzberger, un político de centro considerado como un trepa por los militares que había sustituido a Ludendorff, que no estaba por la labor de rendirse; Alfred, Graf von Oberndorff, un diplomático del Ministerio de Exteriores, el Generalmajor Detlof von Winterfeldt en representación del Reichsheer, y el Kapitän zur See Ernst Vanselow por la Kriegsmarine.

Manifestación contra la división territorial y la declaración
de Danzig como "ciudad libre"
Pero lo peor estaba por llegar. Siete meses después, el 28 de junio de 1919, se firmó el Tratado de Versalles por el cual se linchaba literalmente a Alemania. Las condiciones fueron draconianas: aceptar la responsabilidad de haber iniciado la guerra, pago de cifras astronómicas por daños y desperdicios (creo recordar que se terminaron de pagar en los años 80), pérdidas territoriales y una limitación total en cuestiones militares, especialmente en lo tocante a armamento: prohibición de poseer y fabricar submarinos, aviones, artillería pesada y mil putadas más. Y, por si fuera poco, los Aliados regalaron a Polonia parte de Prusia, quedando Prusia Oriental separada del resto de Alemania. Esta, por cierto, fue la excusa a la que recurrió el ciudadano Adolf para empezar la siguiente fiesta y, si leen este artículo sobre como se pergeñó el Plan Himmler que puso en marcha el ataque a Polonia en 1939, verán que los polacos se pasaron varios pueblos y se lo pusieron a huevo a un ejército dirigido por un líder ávido de revancha. 

El ciudadano Adolf jurando por sus empastes que, bajo su
mando, Alemania resurgiría de sus cenizas, se mearían en
las calaveras de los que los humillaron y crearía un Reich
que duraría mil años nada menos
En fin, estos fueron los hechos que pusieron en marcha la ansiada venganza. Y, está de más decirlo, los militares alemanes no se quedaron de brazos cruzados. Antes al contrario, desde el día 12 de noviembre de 1918 ya estaban rumiando todo lo aprendido de la derrota para que no volviera a pasar algo parecido. Y mientras el resto de Occidente se lo pasaba pipa bailando charlestón y se iba de fiesta en los felices 20, los tedescos se alimentaban con sopas hechas con agua y un patata o un nabo flotando, se calentaban quemando fajos de billetes de 1, 10 y hasta 100 billones de marcos, aplastados por una hipermegamultimacromagna inflación que hacía que un puñetero huevo (de gallina) costase un huevo (figurado): nada menos que 8 billones (sí, con B) de Reichsmarks, las colas del paro daban siete vueltas a la manzana ante las oficinas de empleo y el ciudadano Adolf, recién licenciado del ejército tras ejercer de infiltrado en partidos de izquierdas para la inteligencia militar, se apuntaba al Deutsche Arbeiterpartei y a calentar el ambiente con su pico de oro y sus hipnóticos discursos en las cervecerías muniquesas que, por lo general, acababan en auténticas batallas campales contra sus enemigos políticos, los comunistas y los socialistas. Y con esto, ya puestos en contexto, vamos al grano.

Fin del INTROITO

Sturmpanzerwagen A7V, bautizado como Wotan. Solo
un ejemplar sobrevivió a la guerra, el Mephisto
Los tedescos tardaron un poco en aceptar que el carro de combate había llegado para quedarse. Bueno, más que los tedescos, los mandamases tedescos, que aún vivían en la Guerra Franco-Prusiana. Sin embargo, la irrupción de los carros británicos (Dios maldiga a Nelson) y, sobre todo, los Renault FT-17 gabachos (ya maldije al enano corso antes, ¿no?), no eran ninguna tontería. Los Renault, ligeros y maniobrables, podían romper una línea defensiva atacando en masa con su ametralladora Hotchkiss o su cañón de 37 mm., un arma que, disparando proyectiles rompedores de alto explosivo, podían llevarse por delante nidos de ametralladoras y fortificaciones ligeras. Aunque los carros "Male" de los british disponían de un armamento mucho más contundente, compuesto por dos cañones de 6 libras (57 mm.) y tres ametralladoras Vickers, estos eran mucho más pesados, lentos y torpes en un campo de batalla lleno de cráteres y barro donde quedaban atascados. No obstante, los militares tedescos más innovadores lograron imponer su criterio y, aunque más vale tarde que nunca, lograron poner en liza un armatoste de 30 Tm. armado con un cañón Maxim-Nordenfelt de 57 mm. y nada menos que seis ametralladoras MG-08 de 8x57 mm., el Surmpanzerwagen A7V. Pero este invento no hizo acto de presencia hasta marzo de 1918, era igual de lento y torpe que los carros british y, además, se fabricaron apenas 20 unidades. Poco podían hacer contra 2.500 carros británicos y 3.700 Renault FT. 

Johannes von Seeckt (1866-1936)
Tras la firma del Armisticio y quitarse el barro pútrido de las botas, los tedescos se encontraron, como hemos dicho, con mogollón de limitaciones. En el tema que nos ocupa, pues prohibieron la fabricación y/o adquisición de carros de combate. Además, arramblaron con el 
Große Generalstab, el Estado Mayor General, órgano que, aunque parezca solo un reducto de fulanos con muchos galones que se dedicaban a contarse chismorreos en las salas de banderas, eran el corazón del ejército. Sin un estado mayor nada puede funcionar. Son los que coordinan las distintas armas y cuerpos, organizan la logística, planifican el desarrollo de armas, pertrechos, etc., estudian la viabilidad de todo, desde la botonadura de un uniforme al dibujito que ponían en el proyectil perforante de tal calibre. Como ya podrán imaginar, las prohibiciones y los límites impuestos por los Aliados fueron prontamente esquivados porque los tedescos son asaz decididos cuando se les mete algo en la cabeza. Así, en 1925, ya habían diseñado el Großer Plan (Gran Plan) bajo la dirección del Generaloberst Johannes von Seeckt, un prusiano con pedigrí que había sustituido a Hindenbrug como mandamás del Estado Mayor antes de la firma del Tratado de Versalles. Von Seeckt supo hacerse el mandamás supremo del ejército durante la República de Weimar, y bajo su celoso control se fue pergeñando la futura Wehrmacht. Un tedesco con monóculo es capaz de convertir la Luna en un vergel espacial si se empeña, ya saben...

El Hauptmann Heinz Guderian durante
la Gran Guerra
Con todo, en el ejército se la tenían que coger con un papel de fumar, porque las inspecciones y los controles de los Aliados eran constantes y, si les pillaban en algún reviro, las sanciones que les metían se sumarían a las descomunales cuotas a pagar por los daños y desperdicios. Y no solo enviaban inspectores, sino que  infiltraban espías a destajo e incluso leían a diario la prensa alemana por si descubrían algo que pudiera relacionarse con actividad militar. Y mientras que von Seeckt planificaba su gran 
Großer Plan, tres años antes se había creado el  Heereswaffenamt, abreviado como HWa (Oficina de Armamento del Ejército), cuya misión era supervisar toda la planificación y desarrollo de todo lo relacionado con el armamento. El HWa se dividía en varios departamentos, uno de los cuales, el Waffen Prüfen 6 (Wa Prüf 6), cuyo cometido era ser responsable de las tropas motorizadas que, como ya supondrán, abarcaba el tema de los carros de combate. Al mando de este departamento estaba el mayor Oswald Lutz, y uno de los miembros del Estado Mayor del HWa era un joven capitán que tenía unas ideas sumamente avanzadas sobre el uso táctico de los carros de combate, Heinz Guderian, el cual es considerado, como ya sabemos, como el padre de la Panzerwaffe tedesca.

Otto von Stülpnagel (1878-1948)
Entre Lutz y Guderian fueron dando forma, siempre con el mayor de los secretos, a las pautas a seguir para diseñar tanto lo que serían las nuevas unidades acorazadas, así como los vehículos que debían nutrirlas. Para poder trabajar lejos de las miradas y los oídos indiscretos se establecieron diversas instalaciones en emplazamiento como el campo de maniobras de Kummersdorf, cerca de Berlín, y en Pennemünde, en la costa báltica y futuro emplazamiento de las V-1 y V-2. Guderian le echó ganas porque, como está mandado, cuando alguien quiere innovar algo siempre aparece un fósil con ideas un tanto anticuadas que, como perro del hortelano, ni come ni deja comer. En este caso, la bestia negra de Guderian fue el 
Inspekteur der Kraftfahrtruppen (Inspector de las Tropas Motorizadas), el oberst (coronel) Otto von Stülpnagel, que se empeñaba en un uso táctico de los medios motorizados más arcaico que los Picapiedra, insistiendo en que los vehículos a motor solo debían emplearse como medio de transporte para tropas, municiones, etc. Pero, como hemos dicho, el ciudadano Guderian no se rendía por las buenas, de modo que siguió haciendo lo que podía y, muy importante, no perderse ni una maniobra de ejércitos extranjeros, a las que acudía como observador. Así pudo tomar buena nota del uso táctico que daban a sus carros de combate, así como sus características más relevantes, despliegue, etc. 

Leichttraktor fabricado por la Krupp conforme a las
especificaciones requeridas para esta tipología
Así,  en la segunda mitad de los años 20 y sorteando las chorradas de 
von Stülpnagel, se planteó el desarrollo de dos diseños distintos para ver qué morfología era la más adecuada. Para que los inspectores Aliados no se enterasen de qué iba la cosa, los vehículos recibieron denominaciones que los hacían pasar por maquinaria agrícola. El primero, designado como Großtraktor (GTr. tractor grande) debía tener un peso de 15 Tm., con el motor situado en la parte trasera y una torreta en el centro. Estaría armada por un cañón de 75 mm. y una ametralladora coaxial. El puesto de conducción iría en la parte delantera, donde también se emplazaría una ametralladora y, finalmente, otra más situada en una pequeña torreta en la parte trasera del chasis. 

LT II. Este vehículo no tenía torreta giratoria, sino una
casamata que le daba más bien el aspecto de un cañón de
asalto
El otro vehículo, designado como Leichttraktor (LTr. tractor pequeño) tendría una configuración distinta. Estaría basado en el M/21 sueco, un carro que Guderian pudo ver en unas maniobras del ejército de Suecia y que estaba basado en el LT II, un diseño alemán de 1918 que no llegó a entrar en servicio y del que se vendieron algunas unidades tras la guerra a Suecia y a Hungría. Este vehículo, cuyo peso debía ser de 12 Tm., tendría el motor en la parte delantera, mientras que la torreta se instalaría en la parte trasera. Su armamento sería un cañón de 37 mm. y una ametralladora coaxial. Para su diseño y fabricación se recurrió a tres firmas: la Krupp, la Rheinmetall-Borsig y la Daimler-Benz, si bien esta última solo participaría en el proyecto del 
Großtraktor. Cada fabricante tenía que entregar dos unidades de cada modelo.

Prototipo de la Krupp basado en los requerimientos del
Großtraktor
Y ahora viene la parte más singular de la historia. Guderian tenía que probar los prototipos, tenía que pasearlos durante semanas para sacar sus defectos y, lo más importante, tenía que instruir a la futura oficialidad del arma acorazada sobre las tácticas del tipo de guerra que tenía in mente: la Blitzkrieg. Y como en Alemania no podía salvo que construyeran un campo de maniobras subterráneo, pues contactó con los hijos del padrecito Iósif para intercambiar conocimientos y, de paso, que ningún inspector llegara a darle un berrinche. Los bolcheviques aceptaron encantados la oferta porque, tras su guerra civil, su ejército estaba un poco desorientado y les venía de perlas aprender del que ellos consideraban como el mejor modelo a seguir, el ejército alemán. El más entusiasmado con la idea era Mijaíl Vasilyevich Frunze, Comisario del Pueblo para Asuntos Militares y Navales de la URSS tras la caída en desgracia de Trostski. En 1927 se creó la Panzerschule (Escuela de Carros de Combate) KAMA, en las cercanías de Kazán, una ciudad situada entre Moscú y Ekaterimburgo, donde se encontraba la siniestra Casa Ipatiev en la que liquidaron vilmente a toda la familia Románov y varios de sus sirvientes. Uséase, en la gran puñeta. Allí no llegarían inspectores gabachos ni british a dar la murga. El nombre de KAMA surgió de la unión de las dos primeras letras de Kazán y las del apellido del Oberstleutnant (teniente coronel) Wilhelm Malbrand, que en 1926 había sido enviado a la Santa Madre Rusia en busca de un lugar adecuado para montar el chiringuito secreto. Una vez preparado, se pusieron al mando los mayores Josef Harpe y Ludwig von Radlmaier.

Prototipo del Leichttraktor fabricado por la
Rheinmetall-Borsig
Para empezar con las pruebas tuvieron que esperar dos años, hasta que recibieron una docena de vehículos de ambas configuraciones que, para no levantar sospechas, fueron enviados a Rusia como tractores agrícolas. La cooperación germano-soviética fue bastante provechosa, si bien los métodos de cada cual diferían bastante. Los tedescos se lo tomaban todo con mucha parsimonia, tomando buena nota del más mínimo detalle y dando a sus oficiales una enjundiosa y concienzuda formación. Ya sabemos que los prusianos son más meticulosos que un relojero suizo. Por el contrario, los hijos del padrecito Iósif tenían mucha prisa. Estaban muy interesados en aprender de los tedescos, pero eso del método y el orden no iba con ellos. En sus magines prevalecía la rapidez de construcción sobre la formación del personal ya que, como hemos dicho, su ejército estaba bastante difuso y tenían que modernizarlo cuanto antes. Así les lució el pelo unos años más tarde. Ojo, los prototipos recibidos no estaban concebidos como modelos destinados a ser fabricados en serie, sino como bancos de pruebas para testar las opciones mecánicas, de blindaje, armamento, etc. más adecuadas. 

El prototipo de la Krupp, denominado MKA. Aunque no
fue aceptado, muchas de sus características se tomaron
para el futuro PzKpfw. IV
En fin, así siguieron las cosas hasta que el 16 de marzo de 1935, el ciudadano Adolf anunció al planeta que mandaba al carajo el Tratado de Versalles, proponiendo a los Aliados que se lo metieran por donde amargan los pepinos. Los Aliados protestaron, amenazaron y, al final, se la enfundaron, como suele pasar en esos casos. Y ya libres de las limitaciones del puñetero tratado, volcaron todo lo aprendido en la 
Panzerschule KAMA en un vehículo de 15 Tm., solicitando a la MAN, la Krupp, la Rheinmetall-Borsig y la Daimler-Benz que diseñaran sendos prototipos. Estos recibieron la denominación de Zugführerwagen o ZW (Vehículo de Comandante de Tropa), ambiguo término que igual valía para un patinete que para un automóvil o un carro de combate. Aunque ya habían mandado a paseo el dichoso tratado, los tedescos preferían seguir pergeñando sus inventos de la forma más discreta posible, y que sus avances en materia acorazada no trascendieran. Finalmente, en 1936 salió de fábrica el primer PzKpfw. III Ausf. A. Tras años de investigación, la criatura había nacido.

Bien, así se gestó este emblemático carro de combate, y apostaría una docena de cigalas hembras a que desconocían los sinuosos caminos que tuvo que seguir para venir al mundo. En fin, con esto ya tienen un ratito de lectura. En el próximo articulillo, el desarrollo del PzKpfw. III

Pírome a dar buena cuenta de mi poderoso desayuno.

Hale, he dicho

PETRVS SANCHODICI DELETVS EST



PzKpfw. III Ausf. A en una parada de esas tan molonas que organizaba el ciudadano Adolf para ir mentalizando al personal de que todo lo relacionado con la guerra se convertiría en algo cotidiano

jueves, 15 de octubre de 2026

KV-2

 

KV-2 abandonado en una población de Ucrania durante el verano de 1941. La verdad es que ese bicho cabezón debía acojonar un poco. Bueno, un poco no. Mucho

SALVETE NOBILIS LECTORES. A ver, si alguien pensaba que ya habíamos terminado con todo lo relacionado con el KV-1, pues como que no. Si sale a relucir el KV-1 hay que completar el discurso con el cuñado con sobrepeso del mismo, el KV-2, un chisme enorme que no fue ni carro de combate ni cañón de asalto, sino un engendro rarito fruto de la imperiosa necesidad de poner en servicio algo que hiciera el mismo trabajo que el StuG. III, pero a lo bestia, y con un problema añadido: en 1939, los bolcheviques aún no disponían del concepto de cañón de asalto en su lista de inventos, así que lo tenían un poco complicado. Pero para ponernos en contexto, antes de nada debemos largar el siguiente

INTROITO

Desolador panorama para el padrecito Iósif. Su invasión
no era el paseo militar que le contaron
Como vimos en el artículo dedicado al origen del KV-1, este chisme nació de la necesidad de poner en liza un carro pesado viable que permitiera al Ejército Colorao prescindir del monstruoso T-35 y, sobre todo, mandar a paseo el obsoleto concepto de los carros multi-torreta que pesaban más que un mulo ahogado, eran más torpes que un elefante en una cacharrería y costaban más caros que saciar de güisqui a un cuñado sediento. Cuando el KV- aún no tenía asignado el número porque solo había uno- hizo acto de presencia en el frente finlandés durante la Guerra de Invierno, los mandamases tomaron buena nota de que el concepto de carro pesado con una única torreta era mucho más eficaz, independientemente de que el motor se quedase cortísimo de potencia, los frenos no valían un duro, conducirlo era un calvario y la transmisión se iba a hacer gárgaras en lo que duraba un paseo por el frente. En fin, ahí tienen el articulillo para ilustrarse adecuadamente.

Enana malvada fabricada de acero y colocada sobre un búnker
como cúpula de observación. Observen el espesor de la misma.
Absolutamente indestructible salvo para un proyectil de
muy muy grueso calibre
Con todo, los hijos del padrecito Iósif no habían tenido en cuenta dos detalles: uno, que el ejército finlandés, aunque inferior al bolchevique, estaba compuesto por ciudadanos sumamente aguerridos que sabían aprovechar el terreno y sacar ventajas de mil formas de sus inmensos bosques y sus zonas pantanosas; y dos, que eran unos máquinas fortificando. Habían sembrado la frontera de casamatas de todo tipo, en algunos casos núcleos defensivos formados por una red de búnkeres de hormigón armado con paredes y techos de más de un metro de espesor. En otros, refugios excavados y estibados con troncos sobre los que vertían una gruesa capa de pedruscos gordos y tierra en cantidad lo que, además, los convertían prácticamente invisibles. Como vemos, los búnkeres de la Línea Mannerheim, más los que protegían puntos sensibles, eran insensibles al cañón más potente montado en un carro de combate, en aquel momento el F-32 de 76’2 mm. Era un problema muy irritante, porque si no destruían el búnker sus habitantes seguirían disparando y, por lo tanto, el avance sería bloqueado salvo que se tomase por la fuerza, lo que solía costar un número de bajas propias muy elevado.

Kiril A. Meretskov (1897-1968), el
general angustiado
Por este último motivo, el general Kiril Afanásievich Meretskov, comandante del Séptimo Ejército en Finlandia, pidió una solución inmediata si no querían ver al Ejército Colorao bloqueado en una guerra absurda por un ejército numéricamente muy inferior, con el ridículo que eso supondría para la Santa Madre Rusia y, sobre todo, para el padrecito Iósif. Meretskov planteó armar un carro pesado con un cañón de un calibre capaz de aniquilar los malvados búnkeres enemigos, algo comprendido entre los 152 y los 203 mm., lo más grande en servicio con un tamaño que pudiese entrar en una torreta. En fin, así estaba el patio a principios de 1940, y con los bolcheviques muy cabreados porque no tenían nada para convertir en escombros los estupendos búnkeres de los belicosos finlandeses. Recordemos que, como se comentó antes del INTROITO, el Ejército Colorao no tenía en inventario cañones de asalto, de modo que solo podían recurrir a carros de combate convencionales en una época en la que, como sabemos, meter una pieza de calibre medio en una torreta al uso- o sea, una ratonera- era toda una proeza. Por lo tanto, la petición de Meretskov no era una chorrada que se solucionaba en cinco minutos, sino algo un poco más complejo.

Fin del INTROITO

Un obús Modelo 1938 (M-10) en acción. Meter esa cosa
en un carro de combate no era ninguna tontería
Los magines del personal de la Fábrica Kirov se pusieron en marcha en busca de una solución, y en un tiempo increíblemente breve propusieron cuatro diseños diferentes. El eficiente camarada Iósif Yakovlevich Kotin, como no podía ser menos, se puso las pilas y buscó una solución lo más racional posible: agrandar una torreta lo suficiente como para meter dentro un obús modelo 1909/30 de 152 mm., el cual fue desechado de momento por el más moderno y potente Modelo 1938 (M-10) del mismo calibre, una estupenda pieza diseñada por Fiódor Fiódorvich Petrov que, en ejércitos como el finlandés, estuvo en servicio hasta el 2000.
 La torreta provista de este obús recibió el nombre de MT-1. En enero de 1940 ya se habían terminado tres prototipos que fueron acopladas sin problemas en sendos chasis de KV ya que el anillo de las torretas tenían el mismo diámetro que el del casco. Para diferenciarlos del KV armado con el cañón F-32 llamaron al del obús “KB s большой башней” ( KB s bolshoy bashney, KV de torreta grande), mientras que el otro fue bautizado como “KB s пониженная башня” (KB s ponizhennaya bashnya, KV de torreta bajo perfil o pequeña, como prefieran). Como vemos, los hijos del padrecito Iósif tenían una creatividad pasmosa a la hora de buscar nombres chulos a sus máquinas. Tanto éxito tuvieron estas denominaciones que, ante la avalancha de felicitaciones, en 1941 las cambiaron por KV-1 y KV-2, que eran más cortitas.
El único ejemplar construido del T-100Y, que se puede
admirar en el Museo de Tanques de Kubinka. 64 Tm.
de nada, 18 Tm. más que un T-90 actual
Y mientras Kotin se apuntaba su enésimo punto ante su poderoso suegro, el mariscal Voroshílov, y el padrecito Iósif, Nikólai Vsevolodovich Barykov, mandamás de la Factoría Bolchevique plantó a su T-100 un cañón naval B-3 de 130 mm., el cual fue enviado al frente en la primavera de 1940 para ser probado. Solo se fabricó una unidad, la cual no tuvo tiempo para mostrar sus dudosas virtudes porque la guerra acabó en el mes de marzo. No obstante, cuando fue enviado de vuelta a Leningrado lo guardaron en alguna cochera y aún pudo reutilizarse en la defensa de Moscú en 1941 con la denominación de T-100Y. Realizó otros dos diseños basados también en el T-100 que resultaron igualmente fallidos cuando se intentaron montar, sin resultado viable, sendas piezas de 152 y 203 mm. En fin, que el camarada Barykov quedó a la altura del betún, mientras que Kotin se frotaba las manos muy contentito. Alegrar el día al padrecito Iósif era la forma más segura de no figurar en las listas del siniestro Lavrenti Pávlovich Beria, mandamás del NKVD y celoso ejecutor- literal- de todo aquel que atentase contra la sacrosanta doctrina bolchevique. Así las cosas, se acometió con denuedo la fabricación de las primeras unidades de pre-serie sobre el KV que, al estar construidas sobre chasis del modelo 1939, pues recibieron el mismo ordinal, añadiendo la coletilla de “KV de torreta grande”, por si alguien no se había dado cuenta de que la del KV-2 era el doble de alta que la del KV-1.

El U-0 en la Fábrica Kirov, recién salido del
taller
El 10 de febrero de 1940 salieron de la Fábrica Kirov las dos primeras unidades de pre-serie del KV de torreta grande con la denominaciones de fábrica de U-0 y U-1, que tras las pruebas pertinentes fueron enviados a Finlandia, donde debían demostrar en vivo y en directo su eficacia. El 29 de febrero fue terminado el U-3, que también viajó al frente, y el 13 de marzo el U-4, que ya no viajó a ninguna parte porque la guerra había terminado. Las tres unidades que llegaron a tiempo fueron asignadas a la 20ª Brigada de Tanques Pesados, la misma unidad donde sirvieron los primeros prototipos del KV de torreta pequeña, uséase, el KV-1. Está de más decir que los KV-2 adolecieron de los mismos problemas mecánicos que su predecesor, aumentados además por el enorme peso de su torreta, 12 Tm. de nada. Pero, al igual que el KV-1, demostró una resistencia notable ante los proyectiles enemigos. Al cabo, la artillería anticarro de los finlandeses era la misma que se usaba en todas partes en aquella época, basada principalmente en cañones de 37 mm.  Según los informes enviados desde el frente, el U-0 recibió nada menos que 22 impactos de todo tipo sin que lograran perforar su blindaje de 75 mm., y a cambio destruyó 11 búnkeres y 14 cañones anticarro que, se supone, quedarían literalmente pulverizados por los proyectiles de alto explosivo del M-10. En total se fabricaron seis unidades de pre-serie, las cuales fueron destruidas cuando llegó la hora de enfrentarse a la Wehrmacht.

Veamos con detalle el modelo de pre-serie. En el gráfico tenemos el U-0, un bicharraco con un peso de 54 Tm. en orden de combate. El casco no dista mucho del KV-1. Si acaso, la escotilla es una pieza rectangular bastante pequeñaja que, en las unidades siguientes, ya fue sustituida por la circular que todos conocemos. Así mismo, carecía del orificio para el arma de defensa cercana en el frontal del glacis, que también se incluyó en los siguientes ejemplares. Las cadenas también eran más anchas por el mayor peso del vehículo. En este caso eran de 70 cm., 5 cm. más que en el KV-1, a pesar de lo cual la presión específica era mayor, alcanzando los 0'920 kg/cm². Motor y demás cuestiones mecánicas eran también los mismos del KV-1, lo que suponía un rendimiento aún más pobretón. La velocidad máxima en carretera apenas superaba los 25 km/h, y campo a través unos 10 km/h. En cuanto al blindaje, el del casco era el mismo que el del KV-1, mientras que el de la torreta era de 75 mm. en todo su contorno, de 35 mm. en el techo y 110 mm. en el frontal. En cuanto a la instalación de ametralladoras para defensa cercana, de momento no se contempló. Se limitaron a abrir orificios para valerse de subfusiles en caso de tener que mantener a raya a la infantería.

En este otro gráfico podemos ver con detalle la torreta, que es la madre del cordero en este chisme. Observemos la forma de la misma. Se trata de un polígono de siete lados cuya misión era obvia, deflectar proyectiles enemigos. En los ejemplares de pre-serie no se instalaron ametralladoras, pero disponía de medios para la defensa cercana. A modo de ametralladora coaxial llevaba un portillo situado a la derecha del cañón. Sobre el mismo, un pequeño orificio permitía hacer puntería. Lo mismo nos entramos a ambos lados de la torreta, con la mirilla habitual en los carros bolcheviques. Y, del mismo modo, a cada lado de la trasera tenemos otros tantos portillos. En la parte trasera se instaló una chapa removible bien gorda fijada con tornillos para, en caso de necesidad, poder acceder a la culata del cañón por si había que trapichear en el mismo por alguna avería. Para acceder a la torreta había a cada lado dos peldaños formados por redondos soldados a la misma, mas un agarradero que ayudase a coronar la cima sin partirse el cuello de una costalada. En el techo podemos ver la única escotilla para los cuatro camaradas primates que la habitaban y por donde podían municionar el carro. Está de más decir que era una tarea incómoda y lenta ya que la escotilla no era precisamente la boca del metro. Para cubrir la visión trasera tenemos dos periscopios similares a los del KV-1, y lo mismo para el tirador y el mandamás: dos periscopios, el del tirador con su retículo, y el otro solo con los 2'5 aumentos de los PTK para localizar blancos y tal. Inicialmente no se instalaron extractores de aire, de modo que bastarían tres o cuatro disparos para sentir una leve carraspera. La altura total de los modelos de pre-serie era de 3'45 metros de nada, y el blindaje de la torreta, como ya hemos dicho, era de 75 mm. en todo su contorno, mientras que en el frontal alcanzaba los 100 mm.

Obús M-10S. La S indicaba que era la versión
para carros de combate. Su ángulo de elevación
 iba desde -5º a +24º
Ahora, echemos un vistazo al obús, producido en la Planta Mecánica Motovilikha. La pieza original del M-10 tenía un tubo de 40 calibres de largo, lo que suponen 609'6 cm. El obús original tenía un alcance de 12.400 metros, lo que obviamente no era de utilidad para armar un vehículo cuya misión era abrir fuego sobre objetivos situados a distancias de, a lo sumo, un par de kilómetros, siendo mucho más frecuentes disparar de 1.000 metros para abajo. Por ese motivo se acortó la caña hasta los 24 calibres, que son 370 cm. De este modo, no solo era posible embutirlo en la torreta, sino aligerarlo de peso hasta los 1.360 kilos. La dotación de proyectiles era de 36 unidades de carga separada, uséase, el proyectil por un lado y la carga por otro. La carga era reducida ya que la normal eran ganas de desperdiciar propelente tanto en cuanto no se requería el alcance máximo de la pieza original. La munición más habitual era la OF-530 A, un proyectil rompedor de alto explosivo que tenía un peso de 40 kilos. Para las casamatas de hormigón se usaba el 53-G-530, de un peso similar al anterior y con capacidad para perforar unos 80 cm. a distancias medias, si bien esto dependía de la composición del hormigón, la estructura del búnker, etc. Como munición perforante podía emplear el BP-540, capaz de penetrar blindajes de hasta 250 mm. de espesor.

FlaK. 36 de 88 mm. en en Frente Oriental. Del mismo modo
que a los tedescos les sorprendieron los carros soviéticos, a
los soviéticos les irritó bastante la presencia de este chisme
En resumen, la actuación del KV-2 fue satisfactoria sin tener en cuenta, repetimos, sus problemas mecánicos. Pero lo importante era que los malvados búnkeres podían ser destruidos con este pseudo-cañón de asalto. Por lo tanto, se ordenó la entrada en producción del que sería denominado como KV Modelo 1940. Sin embargo, lo que los hijos del padrecito Iósif no tuvieron en cuenta es que los tedescos que los invadieron en junio de 1940  no tenían búnkeres por un motivo táctico elemental: el que ataca no necesita fortificar, sino avanzar. El que los necesita es el que defiende. 

KV-2 Mod. 1940 en siniestro total. Una de dos, o un 88
lo alcanzó en la santabárbara, o un Stuka le dejó caer encima
algo muy dañino
Por este motivo, y mientras los primeros modelos de producción en serie salían de fábrica, los modelo de pre-serie fueron enviados al frente, donde se dieron situaciones un tanto contradictorias. Los cañones anticarro estandarizados de los tedescos, el PaK. 36 de 37 mm. y el Pak. 50 de 75 mm. no podían acabar con el "Linkor" (
Линкор, acorazado), como los bolcheviques llamaban al KV-2 al compararlo con las poderosas naves de la Royal Navy de los british (Dios maldiga a Nelson). De hecho, solo a 30 metros o menos podían lograr algo, por lo que el objetivo principal eran las cadenas a fin de, al menos, inmovilizarlos. Pero los tedescos eran hombres de recursos, de modo que si se topaban con algún KV-2 llamaban a la batería antiaérea más cercana para que les enviasen un Flak. 18/36 de 88 mm. o un Pak. K-44 de 128 mm. o, si era posible, un Stuka que lo vaporizase con una bomba de 250 kilos. Bien, sea como fuere, la cosa es que el prometedor KV-2 se vio relegado a la condición de "búnker portátil" porque, eso sí, si se situaba en algún punto estratégico adecuado y con protección natural bien aprovechada, uno solo podía detener el avance de una unidad enemiga durante horas, hasta que lograran dejarlo fuera de combate. Con todo, las seis unidades del modelo de pre-serie apenas pudieron sobrevivir algunas semanas tras la invasión hasta que los tedescos no dejaron ni uno. Todos kaput. 

Y mientras los tedescos avanzaban meándose en las calaveras de los hijos del padrecito Iósif, la Fábrica Kirov curraba al 120% para poner en circulación, no solo los T-34/76 y los KV-1, sino el modelo definitivo del KV-2 el cual recibió una torreta totalmente modificada bautizada con el nombre de MT-2, e instalada sobre un chasis U-7 de KV-1. Veamos los detallitos. El casco permaneció prácticamente
invariable. Solo se añadió la ametralladora DT frontal y tres cofres de estibado sobre los guardacadenas, dos en la izquierda y una en la derecha. La enjundia la tenemos en la torreta que, como pueden ver, presenta bastantes cambios. En el frontal se eliminó el orificio para defensa cercana y se instaló una DT coaxial en el lado derecho del obús. Así mismo, se instaló otra en una rótula en el lado derecho trasero. El ángulo de esa parte de la torreta se cambió por una superficie plana, quedando la planta de la misma con seis lados. La chapa gorda se convirtió en una escotilla provista de un portillo para subfusil, y además facilitaba el acceso a los cuatro tripulantes que habitaban la torreta, así como el municionamiento. En los laterales se cambió de sitio la escalerilla, desplazándola un poco hacia adelante, y se mantuvieron los portillos y las mirillas para defensa cercana. Si nos vamos al techo, vemos que la escotilla se desplazó hacia el lado derecho, y se instalaron dos extractores anti-carraspera. También se instalaron tres periscopios, uno en cada costado y otro detrás, justo encima de la ametralladora. Por último, los periscopios originales se cambiaron por otro más modernos. El artillero, situado a la izquierda del cañón, un PT-9, mientras que el mandamás seguiría con el incombustible PTK. Y aparte de todo esto, la nueva torreta rebajó la altura del vehículo a 3,24 metros, 21 cm. menos.

Perfiles del modelo de pre-serie y el modelo 1940, donde se aprecia la diferencia de altura

KV-2 volcado y abandonado por su tripulación. Observen que,
conforme al reglamento, se han llevado las ametralladoras.
Y aprovechen la foto para observar también la escotilla trasera
En noviembre de 1940, cinco meses después del comienzo de la invasión, se entregaron las primeras unidades, pero su desempeño en combate mostró sus muchas limitaciones. Se mantuvo el mismo motor V-2K de 600 caballos, que en este bicharraco iba apurado a tope y no dejándole superar los 25 km/h por carretera. Su autonomía seguía siendo igual de pobretona, su transmisión seguía teniendo menos vida útil que un pavo en Navidad, y a todo eso tenemos que añadir algunos problemas más. De entrada, tal como vemos en la foto, era muy inestable debido al enorme peso-10 Tm. - y la altura de la torreta, lo que hacía que el ángulo lateral permisible era escasillo ya que, de lo contrario, era habitual volcar, y a ver quién endereza un trasto de más de 50 Tm.

KV-2 de pre-serie inmovilizado en una charca o lo que sea y,
como se ve en infinidad de fotos, abandonado por sus habitantes
Otro problema frecuente era la facilidad con la que se quedaba atascado en zonas pantanosas o embarradas. Su presión específica, como ya se ha comentado, era mayor que la de un KV-1 a pesar de sus cadenas 5 cm. más anchas, pero la escasa potencia del motor no ayudaba precisamente. Y ahí no acababa la cosa. El motor eléctrico que movía la torreta, que precisaba de 36 segundos para efectuar un giro de 360º, no tenía potencia para mover esa mole como el vehículo no estuviera en un terreno bien nivelado. Si estaba un poco inclinado hacia un lado, el motor no podía. Lo que no se entiende es como estos fulanos eran capaces de diseñar y poner en producción un carro de combate en cuestión de meses o menos, pero la cagaban por no poner un motorcito eléctrico que podía aumentarse de potencia sin muchas historias. 

Y, finalmente, para disparar también tenía que estar bien nivelado. La altura del cañón respecto al suelo podía provocar errores de angulación bastante acusados, de forma que el proyectil pasase de largo sin impactar el objetivo. Eso sí, si cazaba a un carro enemigo, lo pulverizaba literalmente. A la derecha podemos ver un testimonio gráfico muy elocuente. Se trata de un Pz.Kpfw. IV reventado por un impacto directo del obús de un KV-2. Imagino que a los tripulantes no pudieron recogerlos ni con un paño húmedo, porque debieron quedar reducidos a la nada, pobrecitos...

Los tedescos capturaron grandes cantidades de KV-2 que
fueron trasladados a Alemania para hacer pruebas sobre
su blindaje principalmente
Y vamos a ir concluyendo. En octubre de 1941, cuando fue evacuada la Fábrica Kirov por el peligro de la cercanía de los enemigos, la producción se trasladó a Tankograd. Pero no se planteó proseguir fabricando estos artefactos porque, muy a su pesar, los hijos del padrecito Iósif vieron claramente que lo que servía contra un ejército fortificado no servía para nada contra un ejército móvil. En resumen, que tras fabricar 334 unidades en total, el KV-2 pasó a formar parte de las reliquias del frente. Hubo un postrero intento surgido en la Planta de Tanques de Gorky para cambiar el obús por un cañón de 107 mm., cuyo prototipo fue probado en dicha fábrica durante el verano de 1941, pero la cosa no pasó de ahí. El futuro del arma acorazada bolchevique estaba en carros más funcionales y mejor armados: el T-34/85 y el JS-2. 

Bueno, se acabó lo que se daba.

Hale, he dicho

PETRVS SANCHODICI DELETVS EST

Único ejemplar de KV-2 que se conserva. Se encuentra en el Museo de Tanques de Kubinka