domingo, 18 de octubre de 2026

PANZERKAMPFWAGEN III - ORIGEN

 

PzKpfw. III Ausf. H pertenecientes a la 2ª Panzerdivision paseándose por Sofía, la capital de Bulgaria, en mayo de 1941. La colocación de tramos de cadena en el frontal se convirtió en una forma bastante cómoda y barata de aumentar el blindaje


PzKpfw. III Ausf. E encabezando una columna de la 10ª
Panzer-Division
en algún lugar de Francia, en 1940.
Lleva todo el frontal reforzado con chapa de 30 mm.
SALVETE CARISSIMI CIVES BELLATORES. BENVENVTI IN HOC CASTELLO 😁

Cuando los cuñados y demás infraseres que habitan este atribulado planeta sacan a relucir la cosa acorazada tedesca, nos aburren con interminables filípicas sobre el poderoso Tiger y el temible Panther, que eran los más grandes, los que mataban más y los más chulísimos de la muerte de la galaxia. Sin embargo, nunca mencionan un carro medianito, molón y armado con un cañoncito un poco birrioso que, sin embargo, podemos decir que fue el corazón de la Panzerwaffe hasta 1943, cuando los carros enemigos lo superaban en todos los sentidos. Hablamos del PzKpfw. III que, a pesar de no ser precisamente un monstruo blindado, fue la punta de lanza en la Blitzkrieg que arrolló a los polacos, a los ejércitos de Europa Central y, finalmente, a los gabachos (Dios maldiga al enano corso), cuyo ejército estaba considerado el más potente del mundo en aquel momento. Pero, a pesar de contar con una fuerza acorazada más poderosa, a los tedescos les bastaron seis semanas para aplastarlos bonitamente y hacerse fotos delante de la Torre Eiffel para, a continuación, regocijar la vista con las frondosas parisinas mientras devoraban cruasanes en el Café de París. Sin embargo, el camino recorrido para llegar hasta ahí fue mucho más largo de lo que puedan pensar, y hablamos de años de investigación y diseños partiendo prácticamente de cero. Así pues, este articulillo lo dedicaremos a lo que ignoran los cuñados y demás "expertos", para que puedan ir provocándoles arcadas de angustia mientras preparamos la continuación del mismo. Empecemos pues con el habitual

INTROITO

Firma del Armisticio. En puridad, se acababa de firmar el
inicio de la siguiente guerra. Humillar al vencido que se
ha batido en buena lid es la mejor forma de cagarla
El 11 de noviembre de 1918, a eso de las 05:20 horas, la delegación alemana que tuvo que pasar por la humillación de firmar el armisticio se apeó del vagón estacionado en el bosque de 
Compiègne. A las 05:21 horas ya estaban rumiando como tomarse cumplida venganza, y más tras el despectivo y chulesco trato recibido por los emisarios gabachos, especialmente por parte de Foch. La delegación tedesca estaba formada por cuatro humillados ciudadanos que, con toda seguridad, estaban pasando el peor trance de sus vidas. Al cabo, habían perdido la guerra siendo la fuerza ocupante, cuando lo habitual es al revés. Los firmantes fueron Matthias Erzberger, un político de centro considerado como un trepa por los militares que había sustituido a Ludendorff, que no estaba por la labor de rendirse; Alfred, Graf von Oberndorff, un diplomático del Ministerio de Exteriores, el Generalmajor Detlof von Winterfeldt en representación del Reichsheer, y el Kapitän zur See Ernst Vanselow por la Kriegsmarine.

Manifestación contra la división territorial y la declaración
de Danzig como "ciudad libre"
Pero lo peor estaba por llegar. Siete meses después, el 28 de junio de 1919, se firmó el Tratado de Versalles por el cual se linchaba literalmente a Alemania. Las condiciones fueron draconianas: aceptar la responsabilidad de haber iniciado la guerra, pago de cifras astronómicas por daños y desperdicios (creo recordar que se terminaron de pagar en los años 80), pérdidas territoriales y una limitación total en cuestiones militares, especialmente en lo tocante a armamento: prohibición de poseer y fabricar submarinos, aviones, artillería pesada y mil putadas más. Y, por si fuera poco, los Aliados regalaron a Polonia parte de Prusia, quedando Prusia Oriental separada del resto de Alemania. Esta, por cierto, fue la excusa a la que recurrió el ciudadano Adolf para empezar la siguiente fiesta y, si leen este artículo sobre como se pergeñó el Plan Himmler que puso en marcha el ataque a Polonia en 1939, verán que los polacos se pasaron varios pueblos y se lo pusieron a huevo a un ejército dirigido por un líder ávido de revancha. 

El ciudadano Adolf jurando por sus empastes que, bajo su
mando, Alemania resurgiría de sus cenizas, se mearían en
las calaveras de los que los humillaron y crearía un Reich
que duraría mil años nada menos
En fin, estos fueron los hechos que pusieron en marcha la ansiada venganza. Y, está de más decirlo, los militares alemanes no se quedaron de brazos cruzados. Antes al contrario, desde el día 12 de noviembre de 1918 ya estaban rumiando todo lo aprendido de la derrota para que no volviera a pasar algo parecido. Y mientras el resto de Occidente se lo pasaba pipa bailando charlestón y se iba de fiesta en los felices 20, los tedescos se alimentaban con sopas hechas con agua y un patata o un nabo flotando, se calentaban quemando fajos de billetes de 1, 10 y hasta 100 billones de marcos, aplastados por una hipermegamultimacromagna inflación que hacía que un puñetero huevo (de gallina) costase un huevo (figurado): nada menos que 8 billones (sí, con B) de Reichsmarks, las colas del paro daban siete vueltas a la manzana ante las oficinas de empleo y el ciudadano Adolf, recién licenciado del ejército tras ejercer de infiltrado en partidos de izquierdas para la inteligencia militar, se apuntaba al Deutsche Arbeiterpartei y a calentar el ambiente con su pico de oro y sus hipnóticos discursos en las cervecerías muniquesas que, por lo general, acababan en auténticas batallas campales contra sus enemigos políticos, los comunistas y los socialistas. Y con esto, ya puestos en contexto, vamos al grano.

Fin del INTROITO

Sturmpanzerwagen A7V, bautizado como Wotan. Solo
un ejemplar sobrevivió a la guerra, el Mephisto
Los tedescos tardaron un poco en aceptar que el carro de combate había llegado para quedarse. Bueno, más que los tedescos, los mandamases tedescos, que aún vivían en la Guerra Franco-Prusiana. Sin embargo, la irrupción de los carros británicos (Dios maldiga a Nelson) y, sobre todo, los Renault FT-17 gabachos (ya maldije al enano corso antes, ¿no?), no eran ninguna tontería. Los Renault, ligeros y maniobrables, podían romper una línea defensiva atacando en masa con su ametralladora Hotchkiss o su cañón de 37 mm., un arma que, disparando proyectiles rompedores de alto explosivo, podían llevarse por delante nidos de ametralladoras y fortificaciones ligeras. Aunque los carros "Male" de los british disponían de un armamento mucho más contundente, compuesto por dos cañones de 6 libras (57 mm.) y tres ametralladoras Vickers, estos eran mucho más pesados, lentos y torpes en un campo de batalla lleno de cráteres y barro donde quedaban atascados. No obstante, los militares tedescos más innovadores lograron imponer su criterio y, aunque más vale tarde que nunca, lograron poner en liza un armatoste de 30 Tm. armado con un cañón Maxim-Nordenfelt de 57 mm. y nada menos que seis ametralladoras MG-08 de 8x57 mm., el Surmpanzerwagen A7V. Pero este invento no hizo acto de presencia hasta marzo de 1918, era igual de lento y torpe que los carros british y, además, se fabricaron apenas 20 unidades. Poco podían hacer contra 2.500 carros británicos y 3.700 Renault FT. 

Johannes von Seeckt (1866-1936)
Tras la firma del Armisticio y quitarse el barro pútrido de las botas, los tedescos se encontraron, como hemos dicho, con mogollón de limitaciones. En el tema que nos ocupa, pues prohibieron la fabricación y/o adquisición de carros de combate. Además, arramblaron con el 
Große Generalstab, el Estado Mayor General, órgano que, aunque parezca solo un reducto de fulanos con muchos galones que se dedicaban a contarse chismorreos en las salas de banderas, eran el corazón del ejército. Sin un estado mayor nada puede funcionar. Son los que coordinan las distintas armas y cuerpos, organizan la logística, planifican el desarrollo de armas, pertrechos, etc., estudian la viabilidad de todo, desde la botonadura de un uniforme al dibujito que ponían en el proyectil perforante de tal calibre. Como ya podrán imaginar, las prohibiciones y los límites impuestos por los Aliados fueron prontamente esquivados porque los tedescos son asaz decididos cuando se les mete algo en la cabeza. Así, en 1925, ya habían diseñado el Großer Plan (Gran Plan) bajo la dirección del Generaloberst Johannes von Seeckt, un prusiano con pedigrí que había sustituido a Hindenbrug como mandamás del Estado Mayor antes de la firma del Tratado de Versalles. Von Seeckt supo hacerse el mandamás supremo del ejército durante la República de Weimar, y bajo su celoso control se fue pergeñando la futura Wehrmacht. Un tedesco con monóculo es capaz de convertir la Luna en un vergel espacial si se empeña, ya saben...

El Hauptmann Heinz Guderian durante
la Gran Guerra
Con todo, en el ejército se la tenían que coger con un papel de fumar, porque las inspecciones y los controles de los Aliados eran constantes y, si les pillaban en algún reviro, las sanciones que les metían se sumarían a las descomunales cuotas a pagar por los daños y desperdicios. Y no solo enviaban inspectores, sino que  infiltraban espías a destajo e incluso leían a diario la prensa alemana por si descubrían algo que pudiera relacionarse con actividad militar. Y mientras que von Seeckt planificaba su gran 
Großer Plan, tres años antes se había creado el  Heereswaffenamt, abreviado como HWa (Oficina de Armamento del Ejército), cuya misión era supervisar toda la planificación y desarrollo de todo lo relacionado con el armamento. El HWa se dividía en varios departamentos, uno de los cuales, el Waffen Prüfen 6 (Wa Prüf 6), cuyo cometido era ser responsable de las tropas motorizadas que, como ya supondrán, abarcaba el tema de los carros de combate. Al mando de este departamento estaba el mayor Oswald Lutz, y uno de los miembros del Estado Mayor del HWa era un joven capitán que tenía unas ideas sumamente avanzadas sobre el uso táctico de los carros de combate, Heinz Guderian, el cual es considerado, como ya sabemos, como el padre de la Panzerwaffe tedesca.

Otto von Stülpnagel (1878-1948)
Entre Lutz y Guderian fueron dando forma, siempre con el mayor de los secretos, a las pautas a seguir para diseñar tanto lo que serían las nuevas unidades acorazadas, así como los vehículos que debían nutrirlas. Para poder trabajar lejos de las miradas y los oídos indiscretos se establecieron diversas instalaciones en emplazamiento como el campo de maniobras de Kummersdorf, cerca de Berlín, y en Pennemünde, en la costa báltica y futuro emplazamiento de las V-1 y V-2. Guderian le echó ganas porque, como está mandado, cuando alguien quiere innovar algo siempre aparece un fósil con ideas un tanto anticuadas que, como perro del hortelano, ni come ni deja comer. En este caso, la bestia negra de Guderian fue el 
Inspekteur der Kraftfahrtruppen (Inspector de las Tropas Motorizadas), el oberst (coronel) Otto von Stülpnagel, que se empeñaba en un uso táctico de los medios motorizados más arcaico que los Picapiedra, insistiendo en que los vehículos a motor solo debían emplearse como medio de transporte para tropas, municiones, etc. Pero, como hemos dicho, el ciudadano Guderian no se rendía por las buenas, de modo que siguió haciendo lo que podía y, muy importante, no perderse ni una maniobra de ejércitos extranjeros, a las que acudía como observador. Así pudo tomar buena nota del uso táctico que daban a sus carros de combate, así como sus características más relevantes, despliegue, etc. 

Leichttraktor fabricado por la Krupp conforme a las
especificaciones requeridas para esta tipología
Así,  en la segunda mitad de los años 20 y sorteando las chorradas de 
von Stülpnagel, se planteó el desarrollo de dos diseños distintos para ver qué morfología era la más adecuada. Para que los inspectores Aliados no se enterasen de qué iba la cosa, los vehículos recibieron denominaciones que los hacían pasar por maquinaria agrícola. El primero, designado como Großtraktor (GTr. tractor grande) debía tener un peso de 15 Tm., con el motor situado en la parte trasera y una torreta en el centro. Estaría armada por un cañón de 75 mm. y una ametralladora coaxial. El puesto de conducción iría en la parte delantera, donde también se emplazaría una ametralladora y, finalmente, otra más situada en una pequeña torreta en la parte trasera del chasis. 

LT II. Este vehículo no tenía torreta giratoria, sino una
casamata que le daba más bien el aspecto de un cañón de
asalto
El otro vehículo, designado como Leichttraktor (LTr. tractor pequeño) tendría una configuración distinta. Estaría basado en el M/21 sueco, un carro que Guderian pudo ver en unas maniobras del ejército de Suecia y que estaba basado en el LT II, un diseño alemán de 1918 que no llegó a entrar en servicio y del que se vendieron algunas unidades tras la guerra a Suecia y a Hungría. Este vehículo, cuyo peso debía ser de 12 Tm., tendría el motor en la parte delantera, mientras que la torreta se instalaría en la parte trasera. Su armamento sería un cañón de 37 mm. y una ametralladora coaxial. Para su diseño y fabricación se recurrió a tres firmas: la Krupp, la Rheinmetall-Borsig y la Daimler-Benz, si bien esta última solo participaría en el proyecto del 
Großtraktor. Cada fabricante tenía que entregar dos unidades de cada modelo.

Prototipo de la Krupp basado en los requerimientos del
Großtraktor
Y ahora viene la parte más singular de la historia. Guderian tenía que probar los prototipos, tenía que pasearlos durante semanas para sacar sus defectos y, lo más importante, tenía que instruir a la futura oficialidad del arma acorazada sobre las tácticas del tipo de guerra que tenía in mente: la Blitzkrieg. Y como en Alemania no podía salvo que construyeran un campo de maniobras subterráneo, pues contactó con los hijos del padrecito Iósif para intercambiar conocimientos y, de paso, que ningún inspector llegara a darle un berrinche. Los bolcheviques aceptaron encantados la oferta porque, tras su guerra civil, su ejército estaba un poco desorientado y les venía de perlas aprender del que ellos consideraban como el mejor modelo a seguir, el ejército alemán. El más entusiasmado con la idea era Mijaíl Vasilyevich Frunze, Comisario del Pueblo para Asuntos Militares y Navales de la URSS tras la caída en desgracia de Trostski. En 1927 se creó la Panzerschule (Escuela de Carros de Combate) KAMA, en las cercanías de Kazán, una ciudad situada entre Moscú y Ekaterimburgo, donde se encontraba la siniestra Casa Ipatiev en la que liquidaron vilmente a toda la familia Románov y varios de sus sirvientes. Uséase, en la gran puñeta. Allí no llegarían inspectores gabachos ni british a dar la murga. El nombre de KAMA surgió de la unión de las dos primeras letras de Kazán y las del apellido del Oberstleutnant (teniente coronel) Wilhelm Malbrand, que en 1926 había sido enviado a la Santa Madre Rusia en busca de un lugar adecuado para montar el chiringuito secreto. Una vez preparado, se pusieron al mando los mayores Josef Harpe y Ludwig von Radlmaier.

Prototipo del Leichttraktor fabricado por la
Rheinmetall-Borsig
Para empezar con las pruebas tuvieron que esperar dos años, hasta que recibieron una docena de vehículos de ambas configuraciones que, para no levantar sospechas, fueron enviados a Rusia como tractores agrícolas. La cooperación germano-soviética fue bastante provechosa, si bien los métodos de cada cual diferían bastante. Los tedescos se lo tomaban todo con mucha parsimonia, tomando buena nota del más mínimo detalle y dando a sus oficiales una enjundiosa y concienzuda formación. Ya sabemos que los prusianos son más meticulosos que un relojero suizo. Por el contrario, los hijos del padrecito Iósif tenían mucha prisa. Estaban muy interesados en aprender de los tedescos, pero eso del método y el orden no iba con ellos. En sus magines prevalecía la rapidez de construcción sobre la formación del personal ya que, como hemos dicho, su ejército estaba bastante difuso y tenían que modernizarlo cuanto antes. Así les lució el pelo unos años más tarde. Ojo, los prototipos recibidos no estaban concebidos como modelos destinados a ser fabricados en serie, sino como bancos de pruebas para testar las opciones mecánicas, de blindaje, armamento, etc. más adecuadas. 

El prototipo de la Krupp, denominado MKA. Aunque no
fue aceptado, muchas de sus características se tomaron
para el futuro PzKpfw. IV
En fin, así siguieron las cosas hasta que el 16 de marzo de 1935, el ciudadano Adolf anunció al planeta que mandaba al carajo el Tratado de Versalles, proponiendo a los Aliados que se lo metieran por donde amargan los pepinos. Los Aliados protestaron, amenazaron y, al final, se la enfundaron, como suele pasar en esos casos. Y ya libres de las limitaciones del puñetero tratado, volcaron todo lo aprendido en la 
Panzerschule KAMA en un vehículo de 15 Tm., solicitando a la MAN, la Krupp, la Rheinmetall-Borsig y la Daimler-Benz que diseñaran sendos prototipos. Estos recibieron la denominación de Zugführerwagen o ZW (Vehículo de Comandante de Tropa), ambiguo término que igual valía para un patinete que para un automóvil o un carro de combate. Aunque ya habían mandado a paseo el dichoso tratado, los tedescos preferían seguir pergeñando sus inventos de la forma más discreta posible, y que sus avances en materia acorazada no trascendieran. Finalmente, en 1936 salió de fábrica el primer PzKpfw. III Ausf. A. Tras años de investigación, la criatura había nacido.

Bien, así se gestó este emblemático carro de combate, y apostaría una docena de cigalas hembras a que desconocían los sinuosos caminos que tuvo que seguir para venir al mundo. En fin, con esto ya tienen un ratito de lectura. En el próximo articulillo, el desarrollo del PzKpfw. III

Pírome a dar buena cuenta de mi poderoso desayuno.

Hale, he dicho

PETRVS SANCHODICI DELETVS EST



PzKpfw. III Ausf. A en una parada de esas tan molonas que organizaba el ciudadano Adolf para ir mentalizando al personal de que todo lo relacionado con la guerra se convertiría en algo cotidiano

jueves, 15 de octubre de 2026

KV-2

 

KV-2 abandonado en una población de Ucrania durante el verano de 1941. La verdad es que ese bicho cabezón debía acojonar un poco. Bueno, un poco no. Mucho

SALVETE NOBILIS LECTORES. A ver, si alguien pensaba que ya habíamos terminado con todo lo relacionado con el KV-1, pues como que no. Si sale a relucir el KV-1 hay que completar el discurso con el cuñado con sobrepeso del mismo, el KV-2, un chisme enorme que no fue ni carro de combate ni cañón de asalto, sino un engendro rarito fruto de la imperiosa necesidad de poner en servicio algo que hiciera el mismo trabajo que el StuG. III, pero a lo bestia, y con un problema añadido: en 1939, los bolcheviques aún no disponían del concepto de cañón de asalto en su lista de inventos, así que lo tenían un poco complicado. Pero para ponernos en contexto, antes de nada debemos largar el siguiente

INTROITO

Desolador panorama para el padrecito Iósif. Su invasión
no era el paseo militar que le contaron
Como vimos en el artículo dedicado al origen del KV-1, este chisme nació de la necesidad de poner en liza un carro pesado viable que permitiera al Ejército Colorao prescindir del monstruoso T-35 y, sobre todo, mandar a paseo el obsoleto concepto de los carros multi-torreta que pesaban más que un mulo ahogado, eran más torpes que un elefante en una cacharrería y costaban más caros que saciar de güisqui a un cuñado sediento. Cuando el KV- aún no tenía asignado el número porque solo había uno- hizo acto de presencia en el frente finlandés durante la Guerra de Invierno, los mandamases tomaron buena nota de que el concepto de carro pesado con una única torreta era mucho más eficaz, independientemente de que el motor se quedase cortísimo de potencia, los frenos no valían un duro, conducirlo era un calvario y la transmisión se iba a hacer gárgaras en lo que duraba un paseo por el frente. En fin, ahí tienen el articulillo para ilustrarse adecuadamente.

Enana malvada fabricada de acero y colocada sobre un búnker
como cúpula de observación. Observen el espesor de la misma.
Absolutamente indestructible salvo para un proyectil de
muy muy grueso calibre
Con todo, los hijos del padrecito Iósif no habían tenido en cuenta dos detalles: uno, que el ejército finlandés, aunque inferior al bolchevique, estaba compuesto por ciudadanos sumamente aguerridos que sabían aprovechar el terreno y sacar ventajas de mil formas de sus inmensos bosques y sus zonas pantanosas; y dos, que eran unos máquinas fortificando. Habían sembrado la frontera de casamatas de todo tipo, en algunos casos núcleos defensivos formados por una red de búnkeres de hormigón armado con paredes y techos de más de un metro de espesor. En otros, refugios excavados y estibados con troncos sobre los que vertían una gruesa capa de pedruscos gordos y tierra en cantidad lo que, además, los convertían prácticamente invisibles. Como vemos, los búnkeres de la Línea Mannerheim, más los que protegían puntos sensibles, eran insensibles al cañón más potente montado en un carro de combate, en aquel momento el F-32 de 76’2 mm. Era un problema muy irritante, porque si no destruían el búnker sus habitantes seguirían disparando y, por lo tanto, el avance sería bloqueado salvo que se tomase por la fuerza, lo que solía costar un número de bajas propias muy elevado.

Kiril A. Meretskov (1897-1968), el
general angustiado
Por este último motivo, el general Kiril Afanásievich Meretskov, comandante del Séptimo Ejército en Finlandia, pidió una solución inmediata si no querían ver al Ejército Colorao bloqueado en una guerra absurda por un ejército numéricamente muy inferior, con el ridículo que eso supondría para la Santa Madre Rusia y, sobre todo, para el padrecito Iósif. Meretskov planteó armar un carro pesado con un cañón de un calibre capaz de aniquilar los malvados búnkeres enemigos, algo comprendido entre los 152 y los 203 mm., lo más grande en servicio con un tamaño que pudiese entrar en una torreta. En fin, así estaba el patio a principios de 1940, y con los bolcheviques muy cabreados porque no tenían nada para convertir en escombros los estupendos búnkeres de los belicosos finlandeses. Recordemos que, como se comentó antes del INTROITO, el Ejército Colorao no tenía en inventario cañones de asalto, de modo que solo podían recurrir a carros de combate convencionales en una época en la que, como sabemos, meter una pieza de calibre medio en una torreta al uso- o sea, una ratonera- era toda una proeza. Por lo tanto, la petición de Meretskov no era una chorrada que se solucionaba en cinco minutos, sino algo un poco más complejo.

Fin del INTROITO

Un obús Modelo 1938 (M-10) en acción. Meter esa cosa
en un carro de combate no era ninguna tontería
Los magines del personal de la Fábrica Kirov se pusieron en marcha en busca de una solución, y en un tiempo increíblemente breve propusieron cuatro diseños diferentes. El eficiente camarada Iósif Yakovlevich Kotin, como no podía ser menos, se puso las pilas y buscó una solución lo más racional posible: agrandar una torreta lo suficiente como para meter dentro un obús modelo 1909/30 de 152 mm., el cual fue desechado de momento por el más moderno y potente Modelo 1938 (M-10) del mismo calibre, una estupenda pieza diseñada por Fiódor Fiódorvich Petrov que, en ejércitos como el finlandés, estuvo en servicio hasta el 2000.
 La torreta provista de este obús recibió el nombre de MT-1. En enero de 1940 ya se habían terminado tres prototipos que fueron acopladas sin problemas en sendos chasis de KV ya que el anillo de las torretas tenían el mismo diámetro que el del casco. Para diferenciarlos del KV armado con el cañón F-32 llamaron al del obús “KB s большой башней” ( KB s bolshoy bashney, KV de torreta grande), mientras que el otro fue bautizado como “KB s пониженная башня” (KB s ponizhennaya bashnya, KV de torreta bajo perfil o pequeña, como prefieran). Como vemos, los hijos del padrecito Iósif tenían una creatividad pasmosa a la hora de buscar nombres chulos a sus máquinas. Tanto éxito tuvieron estas denominaciones que, ante la avalancha de felicitaciones, en 1941 las cambiaron por KV-1 y KV-2, que eran más cortitas.
El único ejemplar construido del T-100Y, que se puede
admirar en el Museo de Tanques de Kubinka. 64 Tm.
de nada, 18 Tm. más que un T-90 actual
Y mientras Kotin se apuntaba su enésimo punto ante su poderoso suegro, el mariscal Voroshílov, y el padrecito Iósif, Nikólai Vsevolodovich Barykov, mandamás de la Factoría Bolchevique plantó a su T-100 un cañón naval B-3 de 130 mm., el cual fue enviado al frente en la primavera de 1940 para ser probado. Solo se fabricó una unidad, la cual no tuvo tiempo para mostrar sus dudosas virtudes porque la guerra acabó en el mes de marzo. No obstante, cuando fue enviado de vuelta a Leningrado lo guardaron en alguna cochera y aún pudo reutilizarse en la defensa de Moscú en 1941 con la denominación de T-100Y. Realizó otros dos diseños basados también en el T-100 que resultaron igualmente fallidos cuando se intentaron montar, sin resultado viable, sendas piezas de 152 y 203 mm. En fin, que el camarada Barykov quedó a la altura del betún, mientras que Kotin se frotaba las manos muy contentito. Alegrar el día al padrecito Iósif era la forma más segura de no figurar en las listas del siniestro Lavrenti Pávlovich Beria, mandamás del NKVD y celoso ejecutor- literal- de todo aquel que atentase contra la sacrosanta doctrina bolchevique. Así las cosas, se acometió con denuedo la fabricación de las primeras unidades de pre-serie sobre el KV que, al estar construidas sobre chasis del modelo 1939, pues recibieron el mismo ordinal, añadiendo la coletilla de “KV de torreta grande”, por si alguien no se había dado cuenta de que la del KV-2 era el doble de alta que la del KV-1.

El U-0 en la Fábrica Kirov, recién salido del
taller
El 10 de febrero de 1940 salieron de la Fábrica Kirov las dos primeras unidades de pre-serie del KV de torreta grande con la denominaciones de fábrica de U-0 y U-1, que tras las pruebas pertinentes fueron enviados a Finlandia, donde debían demostrar en vivo y en directo su eficacia. El 29 de febrero fue terminado el U-3, que también viajó al frente, y el 13 de marzo el U-4, que ya no viajó a ninguna parte porque la guerra había terminado. Las tres unidades que llegaron a tiempo fueron asignadas a la 20ª Brigada de Tanques Pesados, la misma unidad donde sirvieron los primeros prototipos del KV de torreta pequeña, uséase, el KV-1. Está de más decir que los KV-2 adolecieron de los mismos problemas mecánicos que su predecesor, aumentados además por el enorme peso de su torreta, 12 Tm. de nada. Pero, al igual que el KV-1, demostró una resistencia notable ante los proyectiles enemigos. Al cabo, la artillería anticarro de los finlandeses era la misma que se usaba en todas partes en aquella época, basada principalmente en cañones de 37 mm.  Según los informes enviados desde el frente, el U-0 recibió nada menos que 22 impactos de todo tipo sin que lograran perforar su blindaje de 75 mm., y a cambio destruyó 11 búnkeres y 14 cañones anticarro que, se supone, quedarían literalmente pulverizados por los proyectiles de alto explosivo del M-10. En total se fabricaron seis unidades de pre-serie, las cuales fueron destruidas cuando llegó la hora de enfrentarse a la Wehrmacht.

Veamos con detalle el modelo de pre-serie. En el gráfico tenemos el U-0, un bicharraco con un peso de 54 Tm. en orden de combate. El casco no dista mucho del KV-1. Si acaso, la escotilla es una pieza rectangular bastante pequeñaja que, en las unidades siguientes, ya fue sustituida por la circular que todos conocemos. Así mismo, carecía del orificio para el arma de defensa cercana en el frontal del glacis, que también se incluyó en los siguientes ejemplares. Las cadenas también eran más anchas por el mayor peso del vehículo. En este caso eran de 70 cm., 5 cm. más que en el KV-1, a pesar de lo cual la presión específica era mayor, alcanzando los 0'920 kg/cm². Motor y demás cuestiones mecánicas eran también los mismos del KV-1, lo que suponía un rendimiento aún más pobretón. La velocidad máxima en carretera apenas superaba los 25 km/h, y campo a través unos 10 km/h. En cuanto al blindaje, el del casco era el mismo que el del KV-1, mientras que el de la torreta era de 75 mm. en todo su contorno, de 35 mm. en el techo y 110 mm. en el frontal. En cuanto a la instalación de ametralladoras para defensa cercana, de momento no se contempló. Se limitaron a abrir orificios para valerse de subfusiles en caso de tener que mantener a raya a la infantería.

En este otro gráfico podemos ver con detalle la torreta, que es la madre del cordero en este chisme. Observemos la forma de la misma. Se trata de un polígono de siete lados cuya misión era obvia, deflectar proyectiles enemigos. En los ejemplares de pre-serie no se instalaron ametralladoras, pero disponía de medios para la defensa cercana. A modo de ametralladora coaxial llevaba un portillo situado a la derecha del cañón. Sobre el mismo, un pequeño orificio permitía hacer puntería. Lo mismo nos entramos a ambos lados de la torreta, con la mirilla habitual en los carros bolcheviques. Y, del mismo modo, a cada lado de la trasera tenemos otros tantos portillos. En la parte trasera se instaló una chapa removible bien gorda fijada con tornillos para, en caso de necesidad, poder acceder a la culata del cañón por si había que trapichear en el mismo por alguna avería. Para acceder a la torreta había a cada lado dos peldaños formados por redondos soldados a la misma, mas un agarradero que ayudase a coronar la cima sin partirse el cuello de una costalada. En el techo podemos ver la única escotilla para los cuatro camaradas primates que la habitaban y por donde podían municionar el carro. Está de más decir que era una tarea incómoda y lenta ya que la escotilla no era precisamente la boca del metro. Para cubrir la visión trasera tenemos dos periscopios similares a los del KV-1, y lo mismo para el tirador y el mandamás: dos periscopios, el del tirador con su retículo, y el otro solo con los 2'5 aumentos de los PTK para localizar blancos y tal. Inicialmente no se instalaron extractores de aire, de modo que bastarían tres o cuatro disparos para sentir una leve carraspera. La altura total de los modelos de pre-serie era de 3'45 metros de nada, y el blindaje de la torreta, como ya hemos dicho, era de 75 mm. en todo su contorno, mientras que en el frontal alcanzaba los 100 mm.

Obús M-10S. La S indicaba que era la versión
para carros de combate. Su ángulo de elevación
 iba desde -5º a +24º
Ahora, echemos un vistazo al obús, producido en la Planta Mecánica Motovilikha. La pieza original del M-10 tenía un tubo de 40 calibres de largo, lo que suponen 609'6 cm. El obús original tenía un alcance de 12.400 metros, lo que obviamente no era de utilidad para armar un vehículo cuya misión era abrir fuego sobre objetivos situados a distancias de, a lo sumo, un par de kilómetros, siendo mucho más frecuentes disparar de 1.000 metros para abajo. Por ese motivo se acortó la caña hasta los 24 calibres, que son 370 cm. De este modo, no solo era posible embutirlo en la torreta, sino aligerarlo de peso hasta los 1.360 kilos. La dotación de proyectiles era de 36 unidades de carga separada, uséase, el proyectil por un lado y la carga por otro. La carga era reducida ya que la normal eran ganas de desperdiciar propelente tanto en cuanto no se requería el alcance máximo de la pieza original. La munición más habitual era la OF-530 A, un proyectil rompedor de alto explosivo que tenía un peso de 40 kilos. Para las casamatas de hormigón se usaba el 53-G-530, de un peso similar al anterior y con capacidad para perforar unos 80 cm. a distancias medias, si bien esto dependía de la composición del hormigón, la estructura del búnker, etc. Como munición perforante podía emplear el BP-540, capaz de penetrar blindajes de hasta 250 mm. de espesor.

FlaK. 36 de 88 mm. en en Frente Oriental. Del mismo modo
que a los tedescos les sorprendieron los carros soviéticos, a
los soviéticos les irritó bastante la presencia de este chisme
En resumen, la actuación del KV-2 fue satisfactoria sin tener en cuenta, repetimos, sus problemas mecánicos. Pero lo importante era que los malvados búnkeres podían ser destruidos con este pseudo-cañón de asalto. Por lo tanto, se ordenó la entrada en producción del que sería denominado como KV Modelo 1940. Sin embargo, lo que los hijos del padrecito Iósif no tuvieron en cuenta es que los tedescos que los invadieron en junio de 1940  no tenían búnkeres por un motivo táctico elemental: el que ataca no necesita fortificar, sino avanzar. El que los necesita es el que defiende. 

KV-2 Mod. 1940 en siniestro total. Una de dos, o un 88
lo alcanzó en la santabárbara, o un Stuka le dejó caer encima
algo muy dañino
Por este motivo, y mientras los primeros modelos de producción en serie salían de fábrica, los modelo de pre-serie fueron enviados al frente, donde se dieron situaciones un tanto contradictorias. Los cañones anticarro estandarizados de los tedescos, el PaK. 36 de 37 mm. y el Pak. 50 de 75 mm. no podían acabar con el "Linkor" (
Линкор, acorazado), como los bolcheviques llamaban al KV-2 al compararlo con las poderosas naves de la Royal Navy de los british (Dios maldiga a Nelson). De hecho, solo a 30 metros o menos podían lograr algo, por lo que el objetivo principal eran las cadenas a fin de, al menos, inmovilizarlos. Pero los tedescos eran hombres de recursos, de modo que si se topaban con algún KV-2 llamaban a la batería antiaérea más cercana para que les enviasen un Flak. 18/36 de 88 mm. o un Pak. K-44 de 128 mm. o, si era posible, un Stuka que lo vaporizase con una bomba de 250 kilos. Bien, sea como fuere, la cosa es que el prometedor KV-2 se vio relegado a la condición de "búnker portátil" porque, eso sí, si se situaba en algún punto estratégico adecuado y con protección natural bien aprovechada, uno solo podía detener el avance de una unidad enemiga durante horas, hasta que lograran dejarlo fuera de combate. Con todo, las seis unidades del modelo de pre-serie apenas pudieron sobrevivir algunas semanas tras la invasión hasta que los tedescos no dejaron ni uno. Todos kaput. 

Y mientras los tedescos avanzaban meándose en las calaveras de los hijos del padrecito Iósif, la Fábrica Kirov curraba al 120% para poner en circulación, no solo los T-34/76 y los KV-1, sino el modelo definitivo del KV-2 el cual recibió una torreta totalmente modificada bautizada con el nombre de MT-2, e instalada sobre un chasis U-7 de KV-1. Veamos los detallitos. El casco permaneció prácticamente
invariable. Solo se añadió la ametralladora DT frontal y tres cofres de estibado sobre los guardacadenas, dos en la izquierda y una en la derecha. La enjundia la tenemos en la torreta que, como pueden ver, presenta bastantes cambios. En el frontal se eliminó el orificio para defensa cercana y se instaló una DT coaxial en el lado derecho del obús. Así mismo, se instaló otra en una rótula en el lado derecho trasero. El ángulo de esa parte de la torreta se cambió por una superficie plana, quedando la planta de la misma con seis lados. La chapa gorda se convirtió en una escotilla provista de un portillo para subfusil, y además facilitaba el acceso a los cuatro tripulantes que habitaban la torreta, así como el municionamiento. En los laterales se cambió de sitio la escalerilla, desplazándola un poco hacia adelante, y se mantuvieron los portillos y las mirillas para defensa cercana. Si nos vamos al techo, vemos que la escotilla se desplazó hacia el lado derecho, y se instalaron dos extractores anti-carraspera. También se instalaron tres periscopios, uno en cada costado y otro detrás, justo encima de la ametralladora. Por último, los periscopios originales se cambiaron por otro más modernos. El artillero, situado a la izquierda del cañón, un PT-9, mientras que el mandamás seguiría con el incombustible PTK. Y aparte de todo esto, la nueva torreta rebajó la altura del vehículo a 3,24 metros, 21 cm. menos.

Perfiles del modelo de pre-serie y el modelo 1940, donde se aprecia la diferencia de altura

KV-2 volcado y abandonado por su tripulación. Observen que,
conforme al reglamento, se han llevado las ametralladoras.
Y aprovechen la foto para observar también la escotilla trasera
En noviembre de 1940, cinco meses después del comienzo de la invasión, se entregaron las primeras unidades, pero su desempeño en combate mostró sus muchas limitaciones. Se mantuvo el mismo motor V-2K de 600 caballos, que en este bicharraco iba apurado a tope y no dejándole superar los 25 km/h por carretera. Su autonomía seguía siendo igual de pobretona, su transmisión seguía teniendo menos vida útil que un pavo en Navidad, y a todo eso tenemos que añadir algunos problemas más. De entrada, tal como vemos en la foto, era muy inestable debido al enorme peso-10 Tm. - y la altura de la torreta, lo que hacía que el ángulo lateral permisible era escasillo ya que, de lo contrario, era habitual volcar, y a ver quién endereza un trasto de más de 50 Tm.

KV-2 de pre-serie inmovilizado en una charca o lo que sea y,
como se ve en infinidad de fotos, abandonado por sus habitantes
Otro problema frecuente era la facilidad con la que se quedaba atascado en zonas pantanosas o embarradas. Su presión específica, como ya se ha comentado, era mayor que la de un KV-1 a pesar de sus cadenas 5 cm. más anchas, pero la escasa potencia del motor no ayudaba precisamente. Y ahí no acababa la cosa. El motor eléctrico que movía la torreta, que precisaba de 36 segundos para efectuar un giro de 360º, no tenía potencia para mover esa mole como el vehículo no estuviera en un terreno bien nivelado. Si estaba un poco inclinado hacia un lado, el motor no podía. Lo que no se entiende es como estos fulanos eran capaces de diseñar y poner en producción un carro de combate en cuestión de meses o menos, pero la cagaban por no poner un motorcito eléctrico que podía aumentarse de potencia sin muchas historias. 

Y, finalmente, para disparar también tenía que estar bien nivelado. La altura del cañón respecto al suelo podía provocar errores de angulación bastante acusados, de forma que el proyectil pasase de largo sin impactar el objetivo. Eso sí, si cazaba a un carro enemigo, lo pulverizaba literalmente. A la derecha podemos ver un testimonio gráfico muy elocuente. Se trata de un Pz.Kpfw. IV reventado por un impacto directo del obús de un KV-2. Imagino que a los tripulantes no pudieron recogerlos ni con un paño húmedo, porque debieron quedar reducidos a la nada, pobrecitos...

Los tedescos capturaron grandes cantidades de KV-2 que
fueron trasladados a Alemania para hacer pruebas sobre
su blindaje principalmente
Y vamos a ir concluyendo. En octubre de 1941, cuando fue evacuada la Fábrica Kirov por el peligro de la cercanía de los enemigos, la producción se trasladó a Tankograd. Pero no se planteó proseguir fabricando estos artefactos porque, muy a su pesar, los hijos del padrecito Iósif vieron claramente que lo que servía contra un ejército fortificado no servía para nada contra un ejército móvil. En resumen, que tras fabricar 334 unidades en total, el KV-2 pasó a formar parte de las reliquias del frente. Hubo un postrero intento surgido en la Planta de Tanques de Gorky para cambiar el obús por un cañón de 107 mm., cuyo prototipo fue probado en dicha fábrica durante el verano de 1941, pero la cosa no pasó de ahí. El futuro del arma acorazada bolchevique estaba en carros más funcionales y mejor armados: el T-34/85 y el JS-2. 

Bueno, se acabó lo que se daba.

Hale, he dicho

PETRVS SANCHODICI DELETVS EST

Único ejemplar de KV-2 que se conserva. Se encuentra en el Museo de Tanques de Kubinka

sábado, 10 de octubre de 2026

KV-1 MODELO 1941 / KV-8

 

Dos KV-1 modelo 1941 recién salidos de fábrica camino del frente. La maquinaria de guerra soviética no podía perder ni un minuto. Nada más municionar y llenar los depósitos de gasofa, los carros salían pitando para tener una muerte heroica por la Santa Madre Rusia y el padrecito Iósif. Por cierto, en la torreta aparece una consigna muy frecuente en los carros bolcheviques: "За Сталина!" (Za Stalina!, ¡Por Stalin!)

KV-1 Modelo 1941 con torreta soldada


KV-1 Mod. 1941 abandonado en mitad de una calle, casi con
toda seguridad como consecuencia de una avería
Como ya hemos visto en la entrada anterior, el modelo forrado de chapas gordas para aumentar el blindaje no fue sino una solución de circunstancias cuando los hijos del padrecito Iósif sufrieron en sus carnes rojas la devastadora eficacia del Flak 36 de 88 mm. El aumento de peso pusieron al límite la transmisión, la suspensión y el motor del vehículo, además de reducir su velocidad y autonomía. Pero lo cierto era que la solución tenía que pasar por fabricar carros con un blindaje más grueso, y no depender del suministro de módulos de blindaje extra que encarecían los costos y demoraban la entrega en un momento en el que la necesidad de carros de combate era imperiosa.

Hijo del padrecito Iósif reamunicionando al Bezposhadni
(Despiadado). Y debía serlo en vista de los dibujitos que
lleva pintados y que indican el número de victorias sobre
diversos tipos de objetivos. No sé cual corresponderá a los
cuñados, aunque apostaría por las estrellas
La solución salió de la Fábrica Ishorskiy, 
Izhorskiye Zavody para los amigos, la factoría metalúrgica más antigua de Rusia y radicada en Kolpino, San Petersburgo, en aquella época rebautizada como Leningrado. Se trataba de algo tan simple como fabricar estos chismes con una torreta provista de una chapa más gruesa y santas pascuas lo que, obviamente, no requería un desgaste neuronal importante. Así, el frontal de la misma aumentó hasta los 110 mm., mientras que los laterales y la parte trasera engordaron hasta los 95 mm. El casco permaneció con el mismo blindaje original porque, de lo contrario, el peso se dispararía a niveles insoportables para la cosa mecánica. No obstante, y aunque se pudo rebajar la masa total del vehículo, su peso era de 45 Tm., 1'5 Tm. más que las versiones iniciales. La producción comenzó en septiembre de 1941, un mes después de que se diera por terminada la del KV-1E. La apariencia exterior del carro era igual a la del modelo 1940 pero, si observamos la foto de la izquierda, podremos ver que la chapa es bastante más gruesa. Observen su espesor tomando como referencia el techo de la torreta. Ningún cambio más se hizo salvo modificar la posición de los periscopios traseros para eliminar un ángulo muerto que quedaba situado entre ambos.

En cuanto al armamento, la intención era dotarlo con el ZIS-5, la versión para el KV-1 del F-34, una versión mejorada del F-32 con una longitud de 41'5 calibres en vez de los 31 del anterior. Sin embargo, este cambio no se pudo llevar a cabo hasta que se pudiera acometer la fabricación del ZIS-5, y aquí nos encontramos con una situación bastante paradójica. La versión de aquel año del T-34 ya disponía del F-34, mientras que el hermano mayor aún era armado con el F-32 de menos prestaciones. Obviamente, era absurdo que el carro pesado fuese matase menos que el carro medio, pero ya sabemos que en el paraíso comunista primaba más el miedo a meter la pata por cualquier chorrada y acabar con un balazo en el cráneo o en el gulag. En cualquier caso, el ZIS-5 pudo estar a tiempo para armar a este modelo. En el gráfico de la derecha podemos saber como diferenciar un KV-1 armado con uno u otro cañón. El A lleva el ZIS-5; como vemos, debajo del tubo hay una tapa destinada a hurgar en el cilindro de recuperación sin necesidad de sacar el cañón entero de la torreta. El B es el que lleva el F-32.

KV-1 Modelo 1941 con torreta de fundición

Modelo 1941 con la torreta de fundición y cañón ZIS-5.
Obsérvese el cañón, 80 cm. más largo que el F-32. En este
modelo, la dotación de proyectiles aumentó a 114 unidades
Este modelo no era en sí una novedad. De hecho, la torreta ya estaba diseñada en época tan temprana como 1939 por el sesudo camarada Kotin. En junio de 1940, antes de que empezara la fiesta, ya se hicieron algunas pruebas de fabricación en la Planta Kirov de Leningrado, aunque sin éxito porque su tecnología para fundir algo de semejante tamaño aún no estaba a la altura. Del mismo modo, a principios de 1941 la 
Fábrica Ishorskiy hizo el intento con el mismo mal resultado, y en marzo de aquel mismo año la Fábrica Nº 78 pudo finalmente terminar algunas unidades del prototipo. Sin embargo, las torretas eran una birria porque se detectaron mogollón de burbujas de aire. En fin, que la cosa estaba un poco complicada.

Vista trasera del ZIS-5 en la que se aprecia el bloque de cierre
vertical, la palanca de cierre del mismo. Falta el protector de
retroceso y la cesta de lona para recoger las vainas servidas.
 A la derecha podemos ver la ametralladora coaxial DT
Pero, afortunadamente para el Ejército Colorao, mientras que los fulanos de 
Ishorskiy no acababan de fabricar un producto aceptable, los de Tankograd lograron por fin obtener una torreta bien terminada, manteniendo incluso el mismo espesor que la de acero laminado. Ojo, este último era más resistente que el acero fundido, pero las formas más curvilíneas y suaves de la torreta le daban una mayor protección balística ante cualquier tipo de proyectil y, obviamente, manteniendo el mismo peso que el modelo anterior. Además, la obtención de piezas mediante fundición agilizaba enormemente el ritmo de fabricación de las mismas, por lo que se animaron a intentar hacer lo mismo con el casco, pero si con la torreta había sido difícil, con el casco fue de momento imposible. Era una pieza demasiado grande y pesada para los medios disponibles en aquel momento, así que se conformaron con la torreta a secas que, de todas formas, ya supuso un avance notable. Está de más decir que la producción en serie de este modelo se inició en Chelyábinsk a los dos nanosegundos de comprobar que las torretas fabricadas por estos probos bolcheviques salían perfectas de los moldes. Por cierto que el cambio de cañón conllevó también un cambio de las ópticas. El visor paralelo al cañón fue sustituido por varios tipos denominados 9T-13, 10T-13 y 20T-13, todos con las mismas prestaciones: 2'5 aumentos y 15º de campo de visión. El periscopio también se cambió por un PT-4-13 de 2'5 aumentos y 26º de campo de visión. El del mandamás siguió siendo el PTK de siempre. El número total de unidades fabricadas fue de 1.121 unidades.

KV-1 Modelo 1942

Este modelo no era sino una versión reforzada del anterior. En diciembre de 1941, la Fábrica Nº 200, una de las que daban nombre a la Ciudad de los Tanques en Chelyábisk, llevó a cabo un rediseño de la torreta para aumentar el espesor de la torreta, que alcanzó la nada despreciable cifra de 120 mm., algo que en aquel momento era una burrada. Una torreta con todo su perímetro de 12 cm. de grosor, que además en el frontal se veía aumentado por los 90 mm. del mantelete del cañón, era algo cuasi impenetrable como no fuera a distancias cortas. Como vemos en la foto de la izquierda, su aspecto permaneció prácticamente invariable salvo en detalles muy específicos. La flecha colorá señala la abertura en el escudo del cañón ZIS-5 para el visor; dicha abertura tuvo que ser aumentada de tamaño para adaptar el escudo a la misma. Además, y según vemos en el detalle, en la parte trasera se añadió un collarín para proteger la rótula de la ametralladora. Finalmente, en el frontal se soldó una chapa de 35 mm. de espesor (flecha blanca), que sumada a los 75 mm. del casco daban un total de 110 mm.

Obviamente, el aumento de blindaje tuvo el mismo efecto que en el KV-1E, aumentando la tonelada y media que había "adelgazado" con el modelo 1941 y recuperando las 47'5 Tm. En cuanto al casco, solo se efectuaron algunos cambios menores para agilizar la producción, siendo el más significativo el que vemos a la derecha: la parte trasera curvada (véase detalle), más compleja de fabricar porque había que darle forma a la pieza, se sustituyó por una chapa recta con una inclinación de 40º. El efecto de cara a recibir un proyectil enemigo era similar, pero su fabricación era mucho más rápida y barata. Esta modificación se llevo a cabo en las últimas series de este modelo. Las anteriores siguieron con su habitual forma curvada. Y, como ocurrió con el modelo E, las ruedas también empezaron a saltar en pedazos por el aumento de peso, pero en este caso no se limitaron a cambiar las dos primeras, sino todo el tren de rodaje por un nuevo modelo de fundición reforzado que no diera problemas. El resto del vehículo incluyendo motor, prestaciones y cuestiones mecánicas permaneció invariable mientras estuvo en producción entre enero y agosto de 1942, alcanzando un total de 1.753 unidades.

KV-1S

Este modelo, el postrero de la serie si excluimos los tropocientos prototipos fallidos o las variantes en las que se tomó el chasis del KV para fabricar cañones auto propulsados y tal, fue el típico ejemplo de "¿por qué no se nos ocurrió antes?". Porque lo cierto es que este vehículo, desde su nacimiento, ya adolecía de problemas mecánicos que hemos detallado y que nunca se solucionaron. El motor, aunque con un rendimiento eficiente, no bastaba para una mole semejante; la transmisión tenía una vida útil similar a la de un gusano de seda, y los frenos acusaban un notable desgaste cada vez que tenía que detener más de 45 Tm. Para colmo, la llegada de los tedescos sumió a la industria militar bolchevique en un caos ante el arrollador avance de la Wehrmacht, sin tiempo para buscar algo más acorde con las circunstancias. En resumen, se tuvieron que aviar con lo que tenían, limitándose a aumentar el blindaje como una solución para contrarrestar a los cada vez más potentes cañones tedescos. Optaron pues por lo más factible en aquellas circunstancias: fabricar muchos aunque no fuesen la solución óptima pero, al menos, podían amortiguar el avance alemán.

KV-1S haciendo pruebas de superación de obstáculos
verticales en el verano de 1942
No fue hasta el mes de febrero de 1942, cuando el empuje tedesco empezó a decaer, cuando se pudieron permitir plantear un vehículo más acorde al tipo de guerra y de enemigo con el que se enfrentaban. La cosa no pasaba por llevar a cabo la enésima modificación del KV-1, sino que, basado en el mismo, efectuar una profunda reforma que supusiera una mejora notable en su uso táctico. Les había quedado claro que poner en liza monstruos torpes, lentos y que había que abandonar cada dos por tres debido a las averías no era nada rentable. Y, además, aunque capaces de resistir decenas de impactos de pequeños calibre, acababan siendo presa de los nuevos cañones tedescos, para los que 100 mm. de blindaje no eran obstáculo. La solución era el Obiekt 238 (
Обиект 238, Objeto 238), cuya denominación una vez comenzada la producción sería KV-1S. La S venía de skorostnoy (скоростной, de alta velocidad), porque este nuevo chisme debía, ante todo, alcanzar una velocidad similar a la del T-34, unos 40-45 km/h en carretera, y no ir a 25-30 km/h como mucho y con el motor al rojo vivo.

KV-1S en construcción en Chelyábinsk en septiembre de
1942. Al fondo, conciliábulo de militares,
funcionarios e ingenieros. Chungo, se masca la tragedia
Así pues, los probos ingenieros de Tankograd se pusieron las pilas para, ante todo, saber qué era lo que el ejército necesitaba. No tuvieron que devanarse mucho el magín, porque tras un año de guerra las cosas estaban claras. Estaba claro que seguir aumentando el blindaje era absurdo, y que daba igual fabricar un carro con chapa menos gorda con tal de que corriese más y se eliminasen los problemas mecánicos. Total, si se topaban con un Tiger los iban a freír de todos modos, pero si tenían más agilidad en el campo de batalla tenían más opciones de salir vivos del brete. Y, por supuesto, había que remozar el viejo motor V-2K por otro con más prestaciones, así como mandar a paseo la transmisión y diseñar otra con una vida operativa más larga. En fin, una remodelación profunda.

Los cambios más significativos  se llevaron a cabo en la torreta, cuyo diseño variaba mucho de la original. De entrada, se adelgazó el blindaje, pasando a los 75 mm. en laterales y parte trasera. El frontal tenía 82 mm. En la foto A podemos ver el techo, donde se aprecian los cambios más significativos. El periscopio del mandamás se cambió por un visor periscópico normal. Los dos periscopios laterales también se eliminaron porque ya no hacían falta. La cúpula permitía un campo de visión de casi 360º, quedando solo un pequeño ángulo muerto en la zona delantera izquierda. La escotilla de antaño se desplazó a la derecha para el ciudadano de brazos cruzados, que finalmente había tomado el rol de cargador/ayudante de mecánico. Por lo tanto, la distribución de los tripulantes quedaba así: tirador, delante a la izquierda. Mandamás, detrás, donde vemos la cúpula. Cargador, a la derecha. En la foto B tenemos una vista de la parte trasera, donde se aprecia que la ametralladora había sido desplazada a la izquierda, y se había suprimido el visor de ese lado. La máquina la operaba el mandamás, ayudándose con el visor de la misma para homicidiar homicidas enemigos. La foto C nos ofrece una vista del frontal. Como vemos, tiene una superficie redondeada para facilitar la desviar proyectiles, así como el escudo del cañón ZIS-5. Finalmente, en la foto D vemos el costado derecho. Las barandillas, como era habitual en los carros rusos, no se colocaban en las fábricas, sino a nivel de unidad. Recordemos que servían para que el pelotón de infantes que viajaban sobre los carros tenían que tener donde agarrarse para no caerse en cualquier momento.

El casco también fue adelgazado hasta los 60 mm. en todo su perímetro salvo en la zona frontal, que tenía 75 mm. El suelo, que inicialmente tenía la mitad delantera de 40 mm. y la trasera de 30, pues fue igualado a la baja, teniendo toda la superficie 30 mm.  Solo la reducción de blindaje del vehículo permitió rebajar el peso hasta las 43'4 Tm. en orden de combate, uséase, cargado de munición- 114 proyectiles- y de gasofa. Obsérvese la foto, donde vemos un KV-1S que, además de los 600 litros disponibles en los depósitos internos, lleva tres externos de 90 litros, lo que suponen 270 litros más. El motor 
V-2K se modificó para aumentar su potencia hasta los 650 CV, recibiendo el nombre de V-2Ks. Esto permitió aumentar la velocidad hasta los 43-45 km/h en carretera, y la autonomía a los 250 km. Así mismo, la maldita transmisión se cambió por un nuevo modelo que ya no provocaba suicidios en masa cada vez que una de ellas fallaba en pleno fregado. Para ello se introdujo un sistema de giro mediante engranajes planetarios que, en vez de embragar o frenar las orugas al maniobrar el carro, lo que hacía era disminuir la velocidad de la del lado hacia donde se quería girar. Este sistema, aparte de ser más fiable y duradero, eliminó la necesidad de buscar Sansones comunistas para manejar las palancas de conducción, que ya no necesitaban una tracción o empuje de 50 o 60 kilos. En el KV-1S se redujo a apenas 15 kilos, menos de la mitad de la fuerza que requerían las palancas de un T-34 o un Sherman. Finalmente, la anchura de las cadenas también se redujo desde los 67 cm. a 60'8, a pesar de lo cual la presión específica sobre el suelo también disminuyó hasta los 0'73 kg/cm².

KV-1S provisto de cuatro depósitos externos y barandillas para
la infantería en el casco y la torreta. Los cuatro depósitos
aportaban 360 litros de gasofa extra que, recordemos, había que
trasvasar a los depósitos internos para, caso de ser alcanzados,
que el fuego no se transmitiera dentro del carro
Hay que tener en cuenta un detalle importante, y es que en modo alguno se detuvo la producción de otros vehículos o se desvió personal para acometer la fabricación de este modelo. Antes al contrario, se reclutaron unos 14.000 probos currantes bolcheviques en Chelyábisk solo para la fabricación del KV-1S. Así, en julio de 1942 se entregaron dos vehículos de pre-serie para las pruebas oportunas, y a finales del mes de agosto ya se pudo entregar el primer lote de carros. En septiembre ya se inició la construcción en masa, que en este chisme alcanzó la cantidad de 1.370 unidades hasta que cesó la producción en agosto de 1.943. Con este modelo concluyó la serie de los KV. Sí, puede que algún cuñado de los que me leen de tapadillo salte como un tigre diciendo que qué pasa con el KV-85, pero este chisme ya lo veremos en un articulillo aparte, porque el hecho de ponerle un cañón de 85 mm. supuso poco menos que diseñar un vehículo nuevo, así que he creído más oportuno dejarlo aparte. Pero, para que no me lloren fuerte apretando los puñitos, pues de regalo les detallo uno que les dará mucho morbo, el

KV-8

KV-8 basado en un KV-1 de 1942. Lo único que variaba del
original era el armamento
Y lo incluyo porque el KV-8 era un KV-1 al que, simplemente, se le añadió un lanzallamas molón para cremar enemigos. Apostaría mis augustas barbas a que sus cuñados no saben un carajo de este chisme, de modo que aprovechen. Veamos...

Lo de adaptar carros de combate para el uso de lanzallamas venía de atrás, concretamente de los años 30. La Gran Guerra dejó claro que el efecto psicológico que estos chismes ejercían en la infantería era devastador y, además, eran extremadamente útiles contra fortificaciones cuando no se disponía de artillería de apoyo capaz de destruirlas. Pero si los defensores veían venir a uno de estos dragones de acero aproximándose, la perspectiva de ver como una lengua de fuego entraba por las troneras del bunker les incitaba a salir del mismo echando leches. Palmarla incinerado era algo tan enojoso como respirar fosgeno, de modo que lo más sensato era largarse.

KV-8 capturado por los tedescos. Se puede observar que el
mantelete del ZIS-5 de mentirijillas delata el cambio de cañón
Bien, la cosa es que durante la primavera de 1941, poco antes de que los homicidas del ciudadano Adolf se presentasen en la Santa Madre Rusia, en la fábrica Kirov iniciaron los trabajos para desarrollar un carro lanzallamas sobre el chasis del KV-1 al que se le instalaría un lanzallamas ATO-41 (
автоматиcхэскиы танковиы огнэмыот, que transliterado sería Avtomaticheskiy Tankoviy Ognemyot, Lanzallamas Automático para Tanques). Este primer prototipo recibió el nombre de KV-6, del que se fabricaron cuatro unidades que llegaron a entrar en combate en septiembre de aquel mismo año porque había que aprovechar todo lo aprovechable. 

Cuando fue evacuada la fábrica de Leningrado y se trasladó la producción a Tankograd se reinició el trabajo para buscar un diseño aceptable. El resultado fue el 
Obiekt 228 (Обиект 228, Objeto 228), luego denominado KV-8, basado en un KV-1 de 1942, que entró en producción en el mes de noviembre. El KV-8 estaba equipado con un lanzallamas ATO-41 a la derecha del cañón, y por su generoso tamaño hubo que desmontar el ZIS-5 y sustituirlo por un cañón 19-K L/46 de 45 mm. que, para despistar, metieron el tubo  dentro de otro de mayor diámetro a fin de que los tedescos no se dieran cuenta del cambio de calibre. La dotación era de 115 proyectiles. En la foto de la derecha podemos ver con claridad el tubo falso, y dentro del mismo el de 45 mm. A su derecha tenemos la carcasa que protegía la boquilla del lanzallamas. De esta variante se fabricaron un total de 67 unidades.

Vista de ambos lados de un ATO-42
El ATO-41, y el 42, que era una variante posterior mejorada, estaban diseñados por Ivan Aleksandrovich Aristov, subdirector de diseño de la planta n.º 174, en Chelyábinsk. Eran unos lanzallamas bastante grandes que funcionaban con cartuchos de pólvora para inflamar y disparar la mezcla. En la parte superior del gráfico vemos el cargador, que solo había que rellenar cuando se agotaban los cartuchos. Obviamente, cada chorro consumía uno. Para alimentar el chisme este, dentro del vehículo tenía tres depósitos con una capacidad notable: dos con una capacidad total de 450 litros en el casco y otro de 120 litros debajo de la torreta. En total, 570 litros de nada. El alcance del chorro era de unos 75-90 metros que podían alargarse hasta los 120-140 si se usaba una mezcla más espesa de combustible. Cada chorro consumía unos 15 litros. La mezcla más fluida estaba compuesta por un 40% de keroseno y un 60% de fuel-oíl. Para espesarla se añadían al keroseno aceites pesados, por lo que el chorro era un caño compacto que no se difuminaba en el aire, aumentando además su viscosidad y, por ende, sus efectos.

En agosto de 1942 se inició la producción del KV-8 sobre el KV-1S (foto de la derecha), manteniendo la misma configuración que la variante anterior. De esta se fabricaron 25 unidades entre septiembre y noviembre de 1942, y otras 10 en el año siguiente, cuando cesó la producción del KV-1. Se llegó a plantear una variante más, armada con dos lanzallamas de la que se construyeron dos prototipos con la denominación KV-8M, pero el proyecto no prosperó. En total se fabricaron 102 unidades que, junto a los OT-34, la versión con lanzallamas del T-34/76, nutrieron los llamados Batallones de Tanques Químicos, que combatieron en todos los frentes durante el conflicto. Se desconoce si hubo supervivientes. 

Bueno, estimados bichos, con esto concluimos este compendio que, espero, les produzca espasmos de placer cuando vean las jetas de sus cuñados bañadas de lágrimas.

Hale, he dicho


PETRVS SANCHODICI DELETVS EST

A pesar de su incuestionable robustez, este fue el final de muchos KV-1. Los proyectiles perforantes de 75 y 88 mm. de los tedescos no perdonaban a nada ni a nadie