miércoles, 7 de octubre de 2026

KV-1 MODELO 1939 / KV-1E

 

KV-1 modelo 1941 en pleno proceso de reparación en la fábrica Serp i Molot (Серп и Mолот, Hoz y Martillo), al este de Moscú. Durante la guerra, se repararon o se revisaron más de 400.000 carros de combate. Es obvio que el ciudadano Adolf no fue capaz de calcular la capacidad industrial de la Santa Madre Rusia

Planta de Tractores de Chelyábinsk, apodada Tankograd
(la ciudad de los tanques), situada allende los Urales, lejos
del frente para preservar la capacidad industrial de la URSS.
Solo de carros de combate fabricaron más de 18.000
La fabricación del KV-1 no fue moco de pavo. Un chisme tan pesado necesitaba una transmisión capaz de mover una mole de más de 40 Tm., y esa transmisión necesitaba un motor que la hiciera capaz de mover a la mole de más de 40 Tm. Y cada vez que el conductor movía una palanca para embragar una cadena y girar la mole de más de 40 Tm. necesitaba un sistema de embrague que no se fuese al garete a la media hora. Y como eso, todo lo referente al tema mecánico, que es especialmente irritante cuando no se da con la tecla. El resto del vehículo requiere menos suicidios de ingenieros, porque si el cañón mata poco se pone uno más gordo, y se a uno lo matan mucho se pone chapa más gorda, si bien esto apareja de inmediato más problemas mecánicos. Como ya vimos en el primer artículo dedicado a este chisme, por un emparejamiento galáctico en el espacio y el tiempo, sus inicios coincidieron con la irritante visita de las tropas del ciudadano Adolf, que fue precedida por la más que cuestionable victoria de la Guerra de Invierno en Finlandia. Pero a los hijos del padrecito Iósif no les quedó más remedio que atarse los machos y empezar a fabricar carros capaces de batir a la Panzerwaffe tedesca que, aunque equipada con vehículos inferiores el T-34 y el KV-1, les echaban la pata con creces en lo tocante a preparación, disciplina y Pervitin. Así pues, dedicaremos este articulillo a estudiar los diferentes modelos que fueron apareciendo a lo largo del conflicto, tema bastante útil para darle la tarde a esos cuñados que se empeñan en demostrar su sapiencia acorazada a base de darle al documental de Yo tuve.

Pero antes de entrar de lleno en materia, veamos algunas generalidades...

La tripulación constaba de cinco primates, pero con una disposición un poco chorra. El conductor era además mecánico. Las continuas averías y la necesidad de mantenimiento requerían a bordo personal cualificado para solventar los problemas técnicos, de modo que el ciudadano conductor tenía además la misión de coger la famosa 10-11 cada dos por tres. El puesto de conducción estaba situado en el centro del casco, un poco hacia la derecha para dejar sitio al operador de radio. En la foto vemos el puesto de conducción, donde podemos apreciar los pedales de embrague y acelerador. A la izquierda, el freno de mano, y a la derecha la palanca de cambios. En el frontal, el visor de vidrio laminado que era de una calidad bastante soviética- léase cutre-, lo que obligaba por lo general al conductor a valerse de un periscopio situado un poco a su derecha. Una maravilla de confort, vaya... Además, no podía asomar la cabeza porque en el casco había una única escotilla situada a la izquierda, por donde entraban tanto él como el operador de radio. 

El ciudadano radio-telegrafista tenía ante sí todos los aparatos de radio del carro y la ametralladora, cuya rótula está marcada con la flecha colorá. Ojo, no olvidemos que la primera serie no estaba equipada con la DT en el casco, y que la defensa cercana se confiaba al operador de radio que disparaba a través de una tronera con un subfusil. En esta otra foto tenemos una perspectiva del puesto del operador de radio desde el puesto de conducción. La X colorá señala el visor al que tenía que recurrir el ciudadano conductor cuando no veía una leche por el de vidrio que tenía delante, de modo que imaginen la postura: totalmente torcido hacia la derecha mientras se tenía que pelear con las malditas palancas, que requerían ejercer una fuerza de entre 50 y 60 kilos nada menos. Ciertamente, verdaderos Hércules de la Unión Soviética como poco. Entre ambos puestos vemos en el techo un extractor para despejar el ambiente cuando se disparaba la ametralladora de proa. Si a alguien le parece excesivo porque en los vídeos de Yo tuve donde salen fulanos disparando chismes de estos, y apenas notan algo de humo por la boca de fuego, sepan que también sale mogollón cada vez que sale una vaina por la ventana de expulsión,
 y si en un sitio cerrado lo multiplicamos por cientos de disparos en pocos minutos, les aseguro que le entra a uno un poco de piquiña en la garganta.

Pasemos ahora a la torreta

Aquí tenemos a los tres tripulantes habituales en carros de este tipo, pero con una peculiaridad bastante peculiar. El tercer hombre no era el ciudadano cargador, sino un mecánico ayudante. Sí, un fulano que iba situado en la parte trasera y cuya misión era ir cruzado de brazos a la espera de que el ciudadano conductor estuviese derrengado para sustituirlo. La conducción del KV-1 era especialmente dura, los mandos especialmente duros, y accionar las palancas especialmente agotador. Se requería un notable esfuerzo para ello, y si el terreno obligaba a tener que estar moviéndolas continuamente para esquivar obstáculos, el fulano de turno acababa al borde del colapso, literalmente. Aparte de eso, el ciudadano de los brazos cruzados se encargaba de manejar la ametralladora trasera. Los otros dos ocupantes de la torreta eran el ciudadano tirador, que viajaba en el lado izquierdo, y el ciudadano mandamás, que además de mandar ejercía de cargador, tanto del cañón como de la ametralladora coaxial. En la foto tenemos una panorámica de la torreta. En el centro vemos el cañón. A su izquierda, marcada con una flecha amarilla, el visor TOD-6, situado en paralelo con el cañón. Para la adquisición de objetivos llevaba en el techo un periscopio PT-4-7 provisto de retículos y tal (flecha azul), y en el lado derecho había un periscopio PTK para el mandamás que, básicamente, era igual al anterior, pero sin los retículos (flecha colorá). Ojo, las ópticas fueron variando a lo largo del tiempo. En el techo se puede ver el extractor para limpiar de humos el interior de la cámara de combate.

En esta otra foto podemos ver la trasera de la torreta con la ametralladora instalada. a ambos lados se pueden ver ocho tambores para la DT estibados, y sobre la máquina dos periscopios para saber dónde leches tiraba uno. En cada costado tenemos cinco proyectiles de uso inmediato. Cuando se terminaban había que abrir el suelo y echar mano de los estibados en el casco, un trabajo que, por lo general, el ciudadano mandamás delegaba en el ciudadano de los brazos cruzados, que bastante tenía con dirigir el vehículo. En el suelo había 44 contenedores con dos proyectiles cada uno, cubiertos con una esterilla de goma. Esto hace un total de 98 proyectiles, que sumados a los de uso inmediato hacen 108 si bien era habitual añadir algunos más como fuese para no quedarse sin munición. La dotación para las ametralladoras era de 3.024 proyectiles y, al igual que en el caso del cañón, pues también se buscaba sitio para meter tambores de más, como vemos en la foto.

Por lo demás, el cañón tenía una capacidad de ángulo vertical de entre -4º y +25º con regulación manual, mientras que el giro de la torreta podía ser manual o eléctrico. En este caso, se disponía de un selector de tres velocidades. El más rápido permitía un giro de 360º en 70 segundos, y el más lento de 120 segundos. Por lo demás, la torreta tenía también una única escotilla para, caso se tener que abandonar el carro, darse de hostias a ver quién salía antes. En cada costado, como vemos en la foto, tenían la típica tronera circular con su mirilla para hacer fuego contra enemigos cercanos. Y, muy importante, si había que salir echando leches, el ciudadano operador de radio y el de los brazos cruzados tenían que extraer las ametralladoras y pillar toda la munición posible. Pero no ya para impedir que el enemigo las capturase, sino para defenderse ellos ya que el único que iba armado con una mísera pistola era el ciudadano mandamás. Obviamente, el subfusil que usaba el operador de radio fue eliminado en cuanto se incluyeron las ametralladoras, de modo que se tenían que aviar con las dos máquinas más las granadas de mano que hubiesen tenido la precaución de llevar consigo.

En cuanto a la planta motriz, el KV-1 usaba el mismo motor que el T-34, un V-2, si bien en este caso recibía el nombre de V-2K. La K simplemente indicaba que estaba adaptado al KV, que tenía tracción trasera, mientras que el T-34 la tenía delantera. El V-2 era un motor diésel de 12 cilindros que ofrecía una potencia de 500 CV a 1.800 rpm. Fue instalado inicialmente en el BT-7M, y en vista de su fiabilidad y buenos resultados se fueron diseñando variantes con más potencia para hacer funcionar vehículos más pesados. Por ese motivo, e
ste motor, ahí donde lo ven, fue la joya de la corona de las plantas motrices soviéticas. Todos los carros que usaron durante la guerra estuvieron equipadas con el V-2, y su fiabilidad era insuperable hasta el grado de que hoy día- con la evolución lógica a través de los años-, sigue en producción. Durante la guerra se fabricaron nada menos que 96.182 unidades. 

Konstantin F. Chelpan (1899-1838) En verdad,
tiene jeta de espía alevoso ¿O no...? Y si era un
espía, ¿para qué carajo se empeñó en diseñar el
mejor motor del momento? No cuadra...
Fue creado por 
Konstantin Fyodorovich Chelpan, un sesudo ingeniero de origen griego que ejercía como Jefe de la Oficina de Diseño de Ingeniería de la Fábrica de Locomotoras de Járkov y, por sus méritos, fue galardonado con la Orden de Lenin. Sin embargo, eso no fue óbice para que el padrecito Iósif, cuya paranoia iba más allá de lo imaginable y oía voces a todas horas, arrambló con todos los griegos de la URSS porque se le metió en la cabeza que eran unos traidores de tomo y lomo. En una purga llevada a cabo por el NKVD a finales de 1937 le echaron el guante y le apretaron las clavijas hasta que confesó que era un espía asqueroso, que odiaba al padrecito Iósif y que incluso intentó asesinar a su gato. Total, que le volaron la tapa de los sesos el 10 de marzo de 1938. El ciudadano Adolf estaba como un cencerro, pero lo de Stalin era de libro. Sea como fuere, esta maravilla de motor fue la que movió hasta la victoria a todos los carros soviéticos hasta Berlín. El que equipó  el modelo inicial del KV-1 tenía una cilindrada de 38'9 litros y rendía 600 CV, lo que le permitía alcanzar una velocidad en carretera de 36 km/h. Los depósitos de combustible, con una capacidad de 600 litros, le daban una autonomía de 250 km. en carretera y una media de 180 campo a través, dependiendo del terreno. En cuanto a la caja de cambios, el KV-1 tenía 5 velocidades p'alante y 1 pa'trá.

Y para ir concluyendo, algunas observaciones sobre el blindaje. Los KV-1 de las primeras series eran auténticas malas bestias. Como ya se comentó en el primer artículo dedicado a estas máquinas, tanto la artillería anticarro como los cañones de los carros de combate tedescos eran inútiles ante estos monstruos. Hay testimonios de militares alemanes que se quedaron con la jeta a cuadros cuando, tras pasarlas canutas para poder destruir a uno de ellos, contar decenas de impactos que no habían logrado penetrar el blindaje. Y cuando hablamos de decenas no hablamos de 20 o 30, sino de 70 y más. De hecho, parece ser que los impactos de los proyectiles perforantes de 37 mm. no dejaban marcas en las torretas o los cascos de estos chismes, ni siquiera cuando disparaban a distancias tan surrealistas como 30-60 metros. Los KwK 37 de 75 mm. de los Pz.Kpfw. IV solo tenían opciones a menos de 500 metros, y disparando a las zonas más vulnerables. El único cañón que verdaderamente tenía posibilidades de dejarlos fuera de combate era el de 88 mm. En las fotos de la izquierda tenemos dos testimonios bastante elocuentes, donde se muestran dos torretas llenas de marcas de proyectiles que rebotaron, dejando solo una inofensiva muesca. En la superior hay alrededor de 30 impactos, más los que haya en el casco, que no se ven porque el vehículo quedó enterrado en fango hasta la mitad.

El misterio radicaba en dos factores bastante simples: el diseño del vehículo y el grosor y la calidad del acero. En el gráfico de la izquierda hemos sombreado de rojo el frontal, que tenía un espesor de 75 mm., mientras que el glacis solo tenía 40 mm. Pero su inclinación de 25º sobre la horizontal los "engordaba" hasta los 95 mm. Resultado: el que ven en el gráfico. Si un proyectil impactaba en el glacis era deflectado sí o sí. Si el proyectil salía disparado hacia el firmamento bolchevique, pues no pasaba nada. Si impactaba en el frontal, pues tampoco, porque ya había perdido gran parte de su energía y golpeaba sobre una chapa gorda de 75 mm., y si golpeaba en el mantelete del cañón, pues menos aún, porque ahí se encontraba con chapa extragorda de 90 mm. En resumen, detener a un KV-1 no era un pasatiempo, y solo la aparición del Tigre y el Panther pudieron igualar la balanza. Pero, ojo, los tedescos fabricaron 1.347 unidades de Tiger y 6.557 de Panther que se tuvieron que dividir en varios frentes, mientras que los hijos del padrecito Iósif pusieron en liza 4.749 unidades de KV-1 concentradas en un solo frente y contando con la inestimable ayuda de los alrededor de 84.000 T-34/76 y T-34/85 que se fabricaron durante la guerra, más los IS-2 de las postrimerías de la misma. Es justo reconocer que la Wehrmacht se cubrió de gloria resistiendo semejante huracán de acero, las cosas como son.

Y con esto terminamos con las generalidades, porque a este paso me enrollo más de la cuenta y con lo dicho creo que podrán hacerse una idea bastante clara de los datos más relevantes de este vehículo. Procedamos pues con el modelaje, y ya dedicaremos un articulillo a los pormenores y chinchaditas para humillar cuñados sabiondos.

KV-1 Modelo 1939 

Ante todo, debemos tener en cuenta un detalle. Aunque su denominación oficial era modelo 1939, la cosa es que es fabricaron en 1940. De hecho, las primeras unidades salieron de fábrica en abril de ese año pero, supongo, como la orden de producción y el diseño se desarrollaron en el año anterior, pues le dejaron la fecha. Cosas de soviéticos... Bien, aclarada esta chorrada, procedamos. En la foto podemos ver a un oficial tedesco posando en plan nibelungo victorioso ante un KV-1 abandonado o capturado durante el verano de 1941, en los comienzos de la invasión. Observen el frontal, donde se aprecia el portillo circular para defensa cercana y, lo más relevante, la distancia entre el visor del ciudadano conductor y el periscopio. Como ya comentamos más arriba, la mala calidad del vidrio, generalmente lleno de burbujas de aire, reducía bastante la visión, por lo que tenían que recurrir al periscopio. Imaginen lo que sería conducir ese chisme con el cuerpo ladeado hacia la derecha mientras echaban los bofes con las malditas palancas, duras como la jeta de un político.


En el gráfico superior vemos la principal diferencia entre el prototipo inicial y la primera serie: la torreta. La A corresponde al prototipo y, como se puede apreciar, tenía un diseño bastante ingenioso, con la parte trasera curvada para deflectar los tiros por la zaga. Sin embargo, esta pieza, que iba remachada a los costados, complicaba y encarecía la construcción, una construcción de por sí bastante... eterna: 25.000 horas nada menos por hombre/carro. Por lo tanto, se eliminó esa pieza curvada y se sustituyó por una plana, dándole a la torreta la forma trapezoidal característica. El techo permaneció remachado, y con los mismos accesorios: el extractor de aire, los dos periscopios para el tirador y el mandamás, los cuatro de observación lateral y trasera y una única escotilla. Inicialmente, el montaje de la ametralladora de la torreta era un modelo simple que fue rápidamente sustituido por la rótula que ya permaneció invariable durante todas las series (véase círculo colorao en la foto superior), y lo mismo ocurrió con la tronera para el subfusil. En la foto inferior podemos verlo abierto, con el tapón tronco-cónico colgando. Bastaba tirar de la cadenita para cerrarlo y dejarlo bloqueado con el pasador interior. El ciudadano operador de radio lo tenía chungo para ametrallar enemigos, porque carecía de mirilla o visor. Solo podía atisbar por el mínimo espacio que dejaba libre el tubo refrigerador de su PPSh-41 a través del orificio para apuntar. Colijo que los ingenieros captaron este pequeño inconveniente, porque también prefirieron instalar una rótula para una ametralladora decente con su visor.

El cañón que armaba inicialmente era el L-11 de 76'2 mm. y 31 calibres de largo. Para su montaje era necesario el característico mantelete con forma de hocico ya que el cilindro recuperador estaba encima del cañón. Tanto el KV-1 como el T-34 armaban el mismo cañón, pero este modelo tenía un defecto chungo: la cuna estaba en la parte superior- la cuna son los muñones que sirven para fijar el arma al afuste- lo que reducía la precisión hasta el extremo de que no podía impactar dos veces en el mismo sitio ni disparando a medio metro. Por ello fue sustituido en la serie siguiente por el F-32.

Este cañón, diseñado por Vasili Gavrilovich Grabin, Jefe de la Oficina Central de Diseño de Artillería de la Fábrica 92 en Gorki, era de calibre y longitud similar al L-11 pero, como vemos en la imagen, la cuna estaba situada debajo del tubo. Por lo demás, e
n la foto anterior podemos ver como este carro ya lleva en la proa la rótula con su ametralladora que, en este caso, ha volado. Posiblemente, el ciudadano operador de radio la desmontó al abandonar el vehículo. Obsérvense las cadenas, muy poco tensadas. Esto era habitual cuando había barro ya que, de ser así, una tensión excesiva podía sacar la cadena del tren de rodaje, y ponerla en su sitio era muy cansado. Tanto las ruedas como los rodillos de retorno estaban provistos de llantas de goma, que daban mucho más confort de marcha. No obstante, no pasó mucho tiempo hasta que las tuvieron que suprimir debido a la escasez de materia prima. Y en lo referente a la munición, llevaba 24 proyectiles BR-350A, perforante trazador de alto explosivo con una carga de 150 gramos de trinitrotolueno para destruir blindados, y 74 OF-350, rompedor de alto explosivo cargado con 700 gramos de trinitrotolueno para su uso contra fortificaciones, vehículos y homicidas enemigos. La dotación para las ametralladoras era de 2.331 cartuchos de calibre 7'62 x 54R que, como ya hemos comentado, se aumentaba todo lo que se podía. De este modelo se fabricaron 141 unidades en la Fábrica Kirov de Leningrado.

KV-1 Modelo 1940 

Los hijos del padrecito Iósif, en su empeño de llevar un año de atraso, comenzaron a producir el modelo 1940 en enero de 1941 en la Fábrica Kirov. El cambio más significativo fue, como ya hemos comentado antes, la sustitución del L-11 por el F-32, cuyas prestaciones eran muy superiores en todos los sentidos incluyendo la velocidad inicial que daba a un mismo proyectil. El F-32, que también armó al T-34/76, llevaba el cilindro recuperador en la parte inferior del tubo, por lo que el escudo con forma de hocico fue cambiado por el que vemos en el gráfico de la izquierda. El F-32 empleaba la misma munición que el L-11, si bien en este modelo la dotación se aumentó hasta los 111 proyectiles cuya distribución era porcentualmente similar, unos 60 de munición rompedora y unos 50 perforantes. 
La dotación de cartuchos para las ametralladoras seguía siendo la misma. 

KV-1 Mod. 1940. Obsérvese el escudo del cañón y el ostentoso
impacto en el lado izquierdo de la torreta que, al parecer,
no llegó a penetrar. Toda la torreta, como en el modelo anterior,
tenía un blindaje de 75 mm. en todo su contorno, y 40 mm.
en el techo. Sí, una pasada
Cuando los tedescos entraron sin llamar en la Santa Madre Rusia, la Fábrica Kirov llevaba entregadas 264 unidades. La invasión supuso, como ya sabemos, una desagradable experiencia para los tedescos cuando se enfrentaron con estos bichos, pero los ocupantes de los bichos también se preocuparon un poco cuando vieron que, aunque la artillería normal enemiga no les hacía ni cosquillas, los Flak 36 de 88 mm. sí tenían mucho peligro. Así pues, en vista de lo visto, lo primero que hicieron fue trasladar la producción a la Planta de Tractores de Cheliábinsk, lejos de las zarpas de la Wehrmacht. Dicha fábrica planificó la friolera de 1.671 modificaciones destinadas a simplificar y acelerar el proceso de producción, porque no estaba la cosa para tomárselo con tranquilidad. Y, por otro lado, se planteó la necesidad de aumentar el blindaje para defenderse de los letales 88. Sin embargo, de momento no fue viable porque un aumento de peso sería muy mal digerido por las ya apuradas transmisión y suspensión, y el motor también estaba ya un poco al límite. Se tuvieron que conformar con añadir placas de 20 mm. al frontal del casco y de la superestructura, aumentando así a 95 mm. su espesor, y una banda de 50 mm. alrededor de la torreta para proteger la corona de giro. 
Por cierto que en este modelo era habitual suprimir al ciudadano cruzado de brazos. Total, para lo que hacía era mejor mandarlo a palmar como un héroe con la infantería, por lo que se quedaron cuatro fulanos a bordo. A veces, la escasez de personal llegó incluso a tener que prescindir del ciudadano telegrafista, de modo que ya vemos como estaba el patio en aquel momento. En cuanto a la producción de este modelo, en total rondó las 300 unidades.

KV-1E

Este carro, más que un modelo fue una modificación de circunstancias. Las escabechinas perpetradas por los 88 tedescos  obligaban a aumentar el blindaje, pero no había tiempo para rediseñar el carro, cosa que no se solventaba en unos días ni tampoco en unas semanas. Por lo tanto, optaron por la solución más factible: aumentar el blindaje con la adición de módulos de blindaje extra, tarea que se podía solventar rápidamente y sin devanarse la sesera más de la cuenta. Así surgió el KV-1E (E de с экранами, s ekranami = con pantallas).

El inventó empezó a aplicarse en la Planta Kirov en los carros recién fabricados o en la Fábrica Nº 371, aprovechando en este caso la llegada de carros para labores de mantenimiento; los trabajos se iniciaron a partir del 1 de julio de 1941, apenas una semana después de la llegada de los tedescos. Así pues, se limitaron a ponérselos al modelo 1940 e incluso a los 1939 que aún rodaban por ahí. Hablamos de módulos de 20/25 mm. o de 30/35mm. que se colocarían atornillados con unos tornillos bien gordos y con cierta separación respecto a la torreta, mientras que en el casco se fijaban pegados al mismo. En las fotos podemos ver los módulos de una torreta. La de la izquierda muestra la unión del que cubría el frontal y el lateral, que en este caso estaba formado por una escuadra soldada a la chapa lateral. En la parte inferior se aprecia la separación. En la otra foto vemos la tronera y la mirilla lateral de la torreta, donde se unían los dos módulos de la torreta y donde también podemos ver la separación respecto a la misma. Así, el frontal y los laterales veían su blindaje aumentado entre 25 y 35 mm.- dependiendo del módulo disponible-, lo que suponía un total de 100/110 mm. nada menos. La única parte donde no se añadió fue en la trasera.

Pero la escasez de materiales no puso las cosas fáciles. Hubo grandes problemas de suministro desde las acerías a las fábricas, por lo que no se pudo enviar los grupos completos de blindaje. De ahí que en bastantes casos no se pudieran colocar las chapas extra en el casco, quedando reforzada solamente la torreta que, al cabo, era el blanco principal. Así, los carros con el paquete completo fueran denominados como Modificación 2 (gráfico A), mientras que los que solo lo llevaban en la torreta fueran la Modificación 1 (gráfico B). La única parte del casco que no se alteró fue el frontal que, como recordaremos, ya había sido reforzado anteriormente. Sin embargo, el invento no fue la solución. Los módulos de chapa gorda supusieron un aumento del peso de 4 Tm., hasta las 47'5. Este aumento puso al límite la capacidad de la transmisión, el motor, la velocidad se redujo hasta unos birriosos 30 km/h por carretera y una reducción en la autonomía de 25/30 km. Y, para rematar la cosa, pronto vieron que las ruedas delanteras saltaban hechas pedazos, por lo que hubo que sustituirlas por otras de fundición más resistentes y que podemos ver en el gráfico. En cualquier caso, lo que sí estaba claro es que si se quería un KV-1 mejor blindado habría que rediseñarlo, porque el que tenían ya no daba más de sí. El 1 de agosto cesó el proceso de mejora de blindaje, que se aplicó a unas 700 unidades.

Bueno, eximios lectores, con esto vale de momento, que ya me he prodigado en demasía. Para el próximo articulillo, el resto de modelos, que aún queda tema por delante.

Hale, he dicho

PETRVS SANCHODICI DELETVS EST


KV-1 modelo 1939 capturado y enviado al campo de pruebas de Kummersdorf para su evaluación. A los tedescos no se les caían los anillos a la hora de estudiar a fondo el material enemigo que caía en sus manos, tanto para probar la eficacia de sus armas contra ellos como para, llegado el caso, ponerlos a punto y reutilizarlos. Así, no hicieron ascos a la hora de plantar la cruz balcánica en carros gabachos (Dios maldiga al enano corso) y soviéticos como el KV-1 y, sobre todo, el T-34

domingo, 4 de octubre de 2026

CURIOSIDADES: LAS PICAS CROFT

 

Probos aspirantes a homicidas armados con las singulares picas Croft y jugando a "Retorno al Pasado"

Probos ciudadanos luciendo el brazalete de los LVD. El que
vemos en primer término hasta se ha plantado las medallas
ganadas en la Gran Guerra, a ver si le dan un carguito

Los british (Dios maldiga a Nelson) se quedaron bastante perplejos cuando vieron que los tedescos arrollaban todo a su paso, y que el aparentemente invencible ejército gabacho (Dios maldiga al enano corso) era literalmente aplastado en menos que canta un gallo. Obviamente, la humillante retirada de la BEF (British Expeditionary Force, Fuerza Expedicionaria Británica) entre el 27 de mayo y el 4 de junio de 1940 hizo que a los súbditos de su Graciosa Majestad se les indigestaran los pasteles de riñones. De hecho, los que escaparon lo pudieron hacer porque el ciudadano Adolf quiso mostrar un gesto de benevolencia de cara a una posible firma de algún tratado de paz. De lo contrario, podría haber aniquilado hasta el último isleño sin que pudieran hacer nada por evitarlo, con el Atlántico a su espalda y una pletórica Wehrmacht  hasta las cejas de Pervitin frente a ellos. En vista de cómo se estaba poniendo el patio, el 14 de mayo ya se había decretado la formación de la Home Guard, inicialmente denominada como Local Defence Volunteers o LDV. Doy por sentado que todos los que me leen ya saben de sobra quiénes eran estos abnegados ciudadanos que, inválidos para ir al frente, se ofrecieron para defender su isla mohosa de forma totalmente altruista.

Obviamente, la idea no era que la Home Guard presentase batalla en caso de una invasión tedesca, sino de ejercer labores de vigilancia, comunicaciones y control de puntos sensibles, léase carreteras, antenas, centrales eléctricas, depósitos de cualquier tipo, vigilancia costera, etc. y, muy importante, ciudadanos sospechosos de poder ser espías tedescos. El tema del espionaje se convirtió en una verdadera paranoia, y hasta llegaron a eliminar las señales de tráfico para que, si se presentaban los tedescos, se perdieran. Supongo que, llegado el caso, la Wehrmacht dispondría de mapas que harían prescindibles las dichosas señales, pero de los british puede esperarse cualquier gilipollez. En todo caso, la cuestión es que armar a todos los voluntarios se convirtió inicialmente en una misión imposible. Las armas disponibles eran para el ejército regular, y los voluntarios se tenían que aviar con lo que fuera. En la foto de la izquierda vemos a un grupo de ellos cuyo instructor porta un subfusil Thomson, el primer fulano de la primera fila un BAR 1918, el que está detrás de él una ametralladora Lewis, y el resto del personal fusiles Enfield 1917 en calibre 30-06 enviados por los yankees mediante la Ley de Préstamo y Arriendo. 

Ilustrativa foto que muestra la evolución de los primeros
LVD a la Home Guard. De hecho, hacia finales del conflicto
eran una fuerza bien armada y preparada, que incluso se
usaba con los jóvenes de 17 y 18 años como paso previo al
reclutamiento
El 5 de junio, cuando los supervivientes de la Operación Dinamo aún se estaban secando la ropa, ya se habían alistado a los LVD nada menos que 300.000 ciudadanos, pero solo se habían podido distribuir 94.000 fusiles. Aún tuvo que pasar un mes para que llegaran los primeros Springfield 1917 de un contrato de medio millón, denominados P17 por los british en su empeño de darle a todo un toque británico, y 130 millones de cartuchos de calibre 30-06. No obstante, en modo alguno se pudo cubrir la demanda porque los efectivos de la Home Guard seguían creciendo, 
y se requisaron mogollón de armas a la población, principalmente escopetas de caza y carabinas de calibre .22. Y en vista de que la munición había que distribuirla con cuentagotas, pues se recomendó perforar las puntas de las balas del 30-06 para convertirlas en dum-dum, y se entregaron cartuchos de postas, que eran más dañinos que los perdigones para faisanes. Y aparte del armamento individual, pues se echó manos a los chismes más variopintos, reuniendo 47.000 ametralladoras que, imagino, serían de varios calibres distintos, lo que supondría un verdadero problema logístico.

Pero este articulillo no va de la Home Guard, y lo dicho es para ponerles en contexto del chisme que le da título: la pica Croft.

En junio de 1941, el orondo Churchill llevaba ya algo más de un año ejerciendo de Primer Ministro, y veía que sus conciudadanos se prestaban a defender el suelo patrio, pero muchos de ellos solo disponían para ese menester de piedras o cualquier herramienta casera para ello, incluyendo su infame gastronomía capaz de aniquilar al ejército de Atila en una hora. Por lo tanto, y buscando algo que no fuera un azadón o similar, escribió 
al Departamento de Guerra diciendo que "cada hombre debe tener un arma de algún tipo, aunque sea solo una lanza o una maza". Y, como cabría esperar, los fulanos del Departamento de Guerra se lo tomaron de forma literal, por lo que a alguien, no se sabe quién, se le ocurrió la genial idea de embutir la empuñadura de una bayoneta modelo 1907 en un tubo de acero de 5 pies de largo (152'4 cm.). En la foto de la izquierda podemos ver y admirar el complejo pero sofisticado diseño del arma, en este caso manejada por un fiero ciudadano con muchas medallas de la guerra anterior, que eso de pasearse con los méritos bélicos en el pecho mola mucho y se obtienen cantidad de invitaciones en el pub para degustar una buena pinta de cerveza tibia o un whisky decente.

Sesión de entrenamiento piquero
Y dicho y hecho. Los del Departamento de Guerra comunicaron al Ministerio de Producción Aérea la "orden" del Premier, y se acometió la producción de 250.000 de estos chuzos, nombre más acorde con su tamaño ya que una pica, como sabemos, era muchísimo más larga. Se desconoce con exactitud la fecha en la que se empezaron a distribuir, aunque sí se sabe que en 1942 ya la tenían varias unidades. Parece ser que el invento resultó algo tan bochornoso que muchos oficiales se negaron en redondo a entregarlas al personal. De hecho, las dichosas picas levantaron una polémica notable, hasta el extremo de que se divulgó el hecho de que 100.000 unidades habían sido distribuidas entre el ejército regular acantonado en la isla. El general Sir Frederick Alfred Pile, comandante en jefe del Comando Antiaéreo, afirmó que, ante la escasez de armas, el personal que servía en las piezas antiaéreas había recibido las picas, así como mazas similares a las armas de trinchera usadas durante la Gran Guerra, si bien admitió que se había ordenado no divulgarlo por aquello de la moral de la población. Pero, claro, los fulanos de la Home Guard eran parte de la población, uséase, civiles militarizados, y esos no solo no se callaron, sino que protestaron airadamente por lo que tomaban por una humillación palmaria, y eso que ellos habían recibido menos de la mitad, concretamente 40.884 unidades.

El vilipendiado Croft
Bien, ya vemos que la puñetera pica trajo cola. Pero, ¿de quién tomó el nombre? Pues de Lord Henry Page Croft, 1er. Barón de Croft y Sub-Secretario de Estado para la Guerra, que fue el que tuvo que soportar el chaparrón de forma heroica, porque se cachondearon de él sin piedad. El 4 de febrero de 1942, el diputado Godfrey Nicholson, capitán de la Home Guard, le espetó que "...si no pretendiese tomarlo como una broma (la fabricación de las picas), sería un insulto". Croft no se amilanó, y en su réplica afirmó que "... preferiría tener granaderos entrenados para luchar en áreas urbanas, y si un ataque con granadas pudiera ser seguido rápidamente por acero frío, sería más efectivo. Si yo fuera un granadero en una formación así —y creo que he lanzado la mayoría de los tipos de granadas que se han utilizado en el ejército—, me gustaría tener una pica para poder continuar con mi ataque con las mismas, especialmente de noche. Es un arma muy efectiva y silenciosa". Obviamente, la cosa no quedó ahí. El 11 de marzo siguiente, Sir Henry Fildes, del Partido Liberal, le dedicó este cuarteto en la Cámara de los Comunes. Lo pongo en el idioma original para que sea menos chocante que traducido del tirón:

Here lies a man who fought the Hun;
He had a pike, the Hun a gun;
When his time came to go aloft,
Whom must he blame? The Hun or Croft?

 

Que traduciremos como:  


  Aquí yace un hombre que al huno combatió;

él llevaba una pica, el huno un fusil;
cuando le llegó la hora de partir al más allá,
¿a quién debía culpar? ¿Al huno o a Croft?


Hay que aclarar que el mote que aplicaban los british a los tedescos era el de hunos. En fin, la cosa se fue olvidando cuando, en marzo de 1942, se empezaron a distribuir subfusiles Sten, feos de cojones, no precisamente fiables pero estupendos para la fabricación en masa. En noviembre de aquel mismo año ya se habían distribuido 248.234 subfusiles y 34 millones de cartuchos de 9 mm. Parabellum, lo que daba para uno por cada seis hombres. Los Sten, junto a los fusiles yankees y las escopetas, cuya requisa dio unos años de sosiego a la volatería isleña, permitieron a la Home Guard mandar al carajo a las humillantes picas y verse armados como verdaderos y celosos centinelas del suelo patrio.

Bueno, con esto ya tienen lectura para hoy, que lo del KV-1 es un poco extenso y, a veces, me atocina pasar horas consultando fuentes, manantiales y arroyos.

Hale, he dicho


CETERVM CENSEO PETRVM SANCHODICI ESSE DELENDAM

miércoles, 30 de septiembre de 2026

KV-1. ORIGEN

 

KV-1 Modelo 1941 "s ekranami" (con blindaje adicional) en la torreta, formado por planchas de entre 20 y 35 mm. de espesor fijadas mediante tornillos de los gordos. Los KV-1 fueron una muy desagradable sorpresa para los tedescos, que ni en sueños podían imaginar que, para destruir uno de ellos, podían hacer falta 15 o 20 disparos, y a veces ni así

Probos homicidas tedescos reamunicionando su Pz.Kpfw. IV
armado con el KwK 37 de 75 mm. Esto era lo más potente que
tenían para enfrentarse a los KV-1 hasta la llegada del Tiger
Los tedescos invadieron Rusia el 22 de junio de 1941. El susto fue de tal envergadura que hasta el padrecido Iósif se negó a aceptar la traición del ciudadano Adolf, con quien hacía menos de dos años se había repartido Polonia como si fuera un bocata de mortadela con aceitunas. Las arrolladoras Panzerdivisionen daban por sentado que, si habían aplastado al ejército gabacho (Dios maldiga al enano corso), considerado el más potente de la época, en menos que un muniqués se ventila seis litros de zumo de cebada, en Rusia pasaría lo mismo. Los carros que formaban el grueso de su ejército eran carros ligeros, como los Pz.Kpfw. II 
y los Panzer 38 (t) fagocitados a los checos, carros medios que eran más bien casi ligeros como el Pz.Kpfw. III  y, en menor cuantía, Pz.Kpfw. IV armados con el KwK 37 L/24 de 75 mm. Pero el susto cambió de bando cuando se toparon con los KV-1, unos chismes inquietantemente incombustibles a los que los proyectiles de 37 mm. ni les sacudían el polvo, y los de 75 mm. lograban dañarlos solo si les disparaban a menos de medio kilómetro. Por cierto que, y esto es una meditación mía, nunca he entendido como el Abwehr no fue consciente del verdadero poder del arma acorazada soviética, ni de la existencia de estas máquinas que pusieron en un brete a la todopoderosa Wehrmacht. Pero la cosa es que, en efecto, los hijos del padrecito Iósif disponían de carros más poderosos que los T-26 y los BT-5 que ya tuvieron ocasión de testar en España. En fin, se equivocaron de medio a medio. Pero para conocer como se pergeñó la creación de la bestia, debemos de llevar a cabo el obligado

INTROITO

T-26 y BT-5, ambos armados con un cañón
de 45 mm.
Durante los años 20 y la primera mitad de los 30, los hijos del padrecito Iósif tenían una doctrina sobre el arma acorazada basada en usar carros ligeros para labores de exploración y ofensivas de poca relevancia, mientras que los carros pesados tendrían la misión de llevar a cabo ataques en masa para romper las líneas enemigas arrollándolas literalmente. Para lo primero disponían de vehículos bien concebidos y bien armados, como el BT-5 y el T-26, ambos probados en la Guerra Civil española y en la que se mostraron muy superiores a los Pz.Kpfw. I o a los CV-33 enviados por el inefable Benito. Sus cañones de 45 mm. vulneraban sin problemas a cualquier medio acorazado del ejército Nacional, si bien hay que tener en cuenta que estos no dispusieron en ningún momento de vehículos comparables salvo los T-26 que capturaron a los republicanos a los que, ciertamente, sacaron muy buen partido. En aquella época, y considerando el blindaje habitual de los carros de combate al uso, los cañones de 37 y 45 mm. bastaban para dejar fuera de combate a cualquier cosa que se moviera sobre ruedas o cadenas por un campo de batalla. En resumen, en lo referente a carros ligeros, el Ejército Colorao estaba bien pertrechado pero, y de esto también tomaron buena nota, para enfrentarse a carros armados con cañones de hasta 45 mm. había que diseñar carros invulnerables a los proyectiles de 45 mm. Era una obviedad palmaria, pero había primates que aún no lo captaban.

Sin embargo, en lo tocante a carros medios y pesados disponían de dos modelos cuyo diseño estaba un poco bastante muy superado. Hablamos del T-28 y el T-35. El T-28 (foto de la derecha) era un carro medio que había entrado en servicio en 1932. Estaba armado con tres torretas: una central, armada con un cañón KT-28 de 76'2 mm. y, según la variante, con tres ametralladoras DT-27 de calibre 7'62 x 54R, una coaxial, otra situada en la parte trasera y otra en un afuste antiaéreo en el techo de la torreta. En la parte delantera, a ambos lados del puesto de conducción, tenía dos pequeñas torretas armadas cada una con una ametralladora DT. Su peso era de 28 Tm., y su blindaje máximo de 30 mm. Su tripulación era de cinco hombres, pero luego añadió uno más en la torreta principal para que el mandamás no tuviera que dedicarse a otros menesteres que no fueran dirigir el vehículo. En sí, el T-28 no era un vehículo malo, pero sus dos torrecitas eran prescindibles para poder aumentar su blindaje y mejorar sus prestaciones en general.

T-35 mostrándose en plan poderoso. La barandilla que vemos
en la torreta principal era en realidad una antena
En cuanto al T-35, era el típico tipo de monstruo que se conocía en aquellos tiempos como acorazado terrestre. Era un trasto de casi 10 metros de largo y un peso de 45 Tm., aunque su blindaje era similar al anterior, 30 mm. máximo, por lo que podía ser puesto fuera de combate sin prisa pero sin pausa con los anticarros al uso. Su armamento consistía en un cañón M-27/32 de 76'2 mm. emplazado en la torreta principal, más tres ametralladoras DT en la misma disposición que la del T-28. Y alrededor de la torreta principal había otras cuatro, dos hacia delante y dos hacia atrás. Cada pareja estaba armada con un cañón anticarro 20K-HV de 45 mm. y una DT. Este chisme, que entró en servicio en 1935, tenía una tripulación de nada menos que once primates, con lo que podían incluso formar un equipo de balompié. Se construyeron solo 61 unidades.

Bien, así estaba el patio en la Santa Madre Rusia. Los carros que debían ser la punta de lanza y aplastar las líneas enemigas eran vulnerables y, a pesar de su imponente aspecto, torpes y con menos maniobrabilidad que un galápago panza arriba. El panorama, tal como se estaba poniendo desde que el ciudadano Adolf llegó al poder, se estaba poniendo chungo, de modo que había que buscar soluciones. Fin del INTROITO

Nikólai Vsevolodovich Barykov (1900-1967) y
Iósif Yákovlevich Kotin (1908-1979)
En 1937, la Dirección Principal de Vehículos Blindados (Glavnoye Avtobronetankovoye Upravleniye, GABTU) emitió una orden para presentar el diseño de un carro capaz de resistir el disparo de un cañón anticarro de hasta 45 mm. a bocajarro, y de 75 mm. hasta 1.200 metros pero, eso sí, con la misma configuración del T-35, uséase, cinco torretas. El proyecto se puso en manos de dos fábricas: la Factoría Bolchevique, dirigida por Nikólai Vsevolodovich Barykov, y la Oficina Especial de Proyectos 2, dirigida por Iósif Yákovlevich Kotin. Como era evidente que el diseño del T-35 era una birria, antes de empezar convencieron a los mandamases de la GABTU de que mantener esa tipología era absurdo, de modo que se conformaron eliminando las dos torrecitas para ametralladoras, dejando así tres, armadas con el cañón principal y dos de 45 mm. respectivamente. Los diseños fueron llamados respectivamente como T-100 y SMK, en honor de Serguéi Mirónovich Kírov, un picatoste comunista al que liquidaron en 1934 y que nunca se supo de quién partió la orden, como es habitual en Rusia, aunque el candidato principal era el padrecito Iósif, que se ponía un poco tenso cuando algún picatoste podía hacerle sombra.

En mayo de 1938 se presentaron los proyectos al Consejo Estatal de Defensa (Gosudarstvennyi Komitet Oboron, GKO) en presencia del padrecito Iósif. Kotin, que parece ser que se podía tomar ciertas libertades por ser yerno del Ministro de Defensa y quizás el hombre más fiel a Stalin, Kliment Efrémovich Voroshílov, sugirió que eso de las tres torretas seguía siendo una gilipollez, y que era preferible reducir peso para aumentar el blindaje en vez de tanta artillería. El padrecito Iósif se mostró de acuerdo, de modo que se mandó al personal de vuelta a las mesas de diseño a rehacer los proyectos con carros de dos torretas. El resultado lo vemos en la foto de la izquierda. Pertenecen a una serie de dos prototipos de cada modelo que se ordenaron una vez que se dio el visto bueno de ambos proyectos en febrero de 1939 y que, como vemos, son muy similares: dos torretas en tándem armadas con calibres similares y que, como sus predecesores, seguían adoleciendo un blindaje escasito para no disparar el peso y convertirlos en moles inmanejables. Los de las fotos pesaban 58 Tm. el T-100 y 55 el SMK, y estaban tripulados por siete primates. Ambos diseños fueron presentados el 9 de diciembre de 1938 al Consejo de Comisarios del Pueblo y al Comité Central del PCUS, usése, los mandamases que mandaban más que nadie.

Con todo, Kotin insistió en que el concepto ideal era el de un carro pesado con una sola torreta y con un blindaje decente, sin que por ello aumentase el peso y tuviera mejor movilidad que sus cuñados de dos torretas. En febrero de 1939, el 
Consejo Estatal de Defensa, imagino que con el plácet del padrecito Iósif, autorizó la construcción de un prototipo para ser probado junto con los dos monstruos. El prototipo inicial recibió el nombre de U-O (foto de la derecha), pesaba 40 Tm. y contaba con un peculiar armamento: un cañón L-11 de 76,2 mm. y, en vez de ametralladora coaxial, un cañón 20-K de 45 mm. Obviamente, llevar dos cañones cuando el de mayor calibre valía para todo era una chorrada, de modo que el de 45 mm. se eliminó rápidamente, siendo sustituido por una ametralladora que era más útil si se veían rodeados por infantería.

Una de las primera unidades del KV-1 que, como vemos,
aún no lleva la ametralladora de proa
El vehículo resultante fue bautizado como KV, obviamente en honor al suegro de Kotin. El modelo inicial estaba armado con un cañón L-11 de 76'2 mm. y tres ametralladoras DT: dos en la torreta- una coaxial y otra en la parte trasera- y otra en el casco, si bien en los ejemplares iniciales no la llevaba y, posteriormente, solo disponía de un portillo para disparar un subfusil por el operador de radio. Era unos tres metros más corto que el SMK, eliminando así dos ruedas del tren de rodaje, y con un blindaje frontal de 75 mm. su peso era muy inferior a los otros dos, solo 43'5 Tm. Las pruebas se llevaron a cabo en el mes de septiembre de 1939 en el campo de pruebas de Kubinka ante una comisión encabezada por Voroshílov, y quedaron claras varias cosas. La primera, que tanto el T-100 como el SMK eran dos mamotretos lentos y torpes. Por otro lado, el mandamás de cada carro se las veía y las deseaba para impartir órdenes a los ocupantes de cada torreta, cada cual con un blanco distinto asignado. Entre el ruido, los nervios y el miedo a cagarla, acabaron todos dándose cabezazos contra una esquina. Sin embargo, el KV se mostró ágil y funcional, si bien mostró serios problemas tanto en el motor como en la transmisión, claramente insuficientes para un vehículo de más de 40 Tm. Pero un motor y una transmisión se pueden cambiar por otros más eficientes. La madre del cordero era que el KV era una máquina mejor concebida, y que con las modificaciones oportunas sería un carro pesado estupendo.

Voroshílov hijo y Voroshílov padre
Y mientras el comité de turno se entretenía valorando los tres prototipos, los hijos del padrecito Iósif fueron enviados a palmarla a Finlandia. El amado líder, ávido de ampliar sus extensos dominios y quizás un poco envidioso del ciudadano Adolf, decidió invadir el país vecino que, antaño, había formado parte del imperio ruso. El 30 de noviembre de 1939 empezó la fiesta, dando por sentado que aquello sería un paseo militar. Pero lo que no podían imaginar era que el pequeño pero aguerrido ejército finés se las iba a hacer pasar putas. Y, mira por donde, a los fulanos de la comisión no se les ocurrió nada mejor que, en vez de tantas pruebas en Kubinka, el mejor sitio donde testar los nuevos carros era un campo de batalla de verdad, de modo que los enviaron al frente. Fueron asignados a la 20ª Brigada Acorazada, que estaba al mando de 
Piotr Klimentyevich Voroshílov, hijo adoptivo de su padre. Para asegurarse de que las cosas funcionasen bien, el KV iba tripulado por seis fulanos, añadiendo un mecánico que viajaba en la torreta para, con la ayuda del conductor- que también era mecánico-, llevar a cabo las reparaciones que se terciasen. En realidad, todos los tripulantes eran personal de las fábricas, que siempre era mejor llevar personal especializado para no llevarse sustos.

Pero, a pesar de tanta precaución, el desempeño de los tres carros no fue especialmente brillante. El más perjudicado fue el SMK, que pisó una mina de las gordas y le reventó una oruga, además de hundirle hacia dentro el suelo. En la foto de la izquierda lo vemos, todo maltrecho. El KV y el T-100 intentaron protegerlo mientras que un T-28 intentaba remolcarlo, pero no hubo forma, y se tuvieron que largar abandonando el SMK. No obstante, pudo ser recuperado en la primavera siguiente, para lo cual tuvieron que trocearlo porque no había forma de mover el chisme aquel. El KV, siendo un único ejemplar, no pudo mostrar enteramente su eficacia. Sin embargo, lo que sí quedó clarísimo fue la robustez del KV. Tras la fiesta se contaron nada menos que 43 impactos repartidos por el casco y la torreta, los cuales no habían logrado penetrar su blindaje. 

KV-2 A, un chisme que, aunque con un aspecto bastante
intimidante, no era tan eficaz como se pueda pensar. No
era ni un carro ni un obús autopropulsado, y su elevada
silueta lo convertía en un blanco perfecto
En diciembre, apenas un mes después de su llegada al frente, el T-100 y el KV fueron enviados a Leningrado, donde el 
GKO lo tuvo clarísimo. El T-100 y el SMK eran totalmente prescindibles, y el que había que poner en producción era el KV que, al fin y al cabo, fue el que dio mejores resultados. Kotin se apuntó el tanto, y la Planta Kirov de Leningrado recibió el encargo de fabricar 50 unidades para ser entregadas en 1940. Y, como añadido, en vista de que el cañón de 76,2 mm. se mostró ineficaz contra las fortificaciones finesas, se planteó usar el casco del KV para instalar una torreta capaz de contener un enorme obús de 152'4 mm. Por ese motivo, el KV pasó a denominarse KV-1, mientras que el del obús gordo fue bautizado como KV-2. De ahí el añadido numérico al vehículo.

Bueno, queridos lectores, así fue el origen del KV-1, que sin prisa pero sin pausa logró desbancar el trasnochado concepto de los carros pesados multi-torretas. El siguiente articulillo lo dedicaremos a bichear en sus tripas y a estudiar los distintos modelos que fueron puestos en producción.

Hora de merendar. Pírome.

Hale, he dicho

CETERVM CENSEO PETRVM SANCHODICI ESSE DELENDAM

KV modelo 1939 del primer lote de producción. Lo más característico es la ausencia de ametralladora frontal y el cañón L-11 con su mantelete en forma de hocico. Obsérvese el portillo circular para disparar con un subfusil, situado a la derecha de la mirilla del conductor, justo en la sombra proyectada por el cañón