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| PzKpfw. III Ausf. H pertenecientes a la 2ª Panzerdivision paseándose por Sofía, la capital de Bulgaria, en mayo de 1941. La colocación de tramos de cadena en el frontal se convirtió en una forma bastante cómoda y barata de aumentar el blindaje |
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PzKpfw. III Ausf. E encabezando una columna de la 10ª Panzer-Division en algún lugar de Francia, en 1940. Lleva todo el frontal reforzado con chapa de 30 mm. |
SALVETE CARISSIMI CIVES BELLATORES. BENVENVTI IN HOC CASTELLO 😁
Cuando los cuñados y demás infraseres que habitan este atribulado planeta sacan a relucir la cosa acorazada tedesca, nos aburren con interminables filípicas sobre el poderoso Tiger y el temible Panther, que eran los más grandes, los que mataban más y los más chulísimos de la muerte de la galaxia. Sin embargo, nunca mencionan un carro medianito, molón y armado con un cañoncito un poco birrioso que, sin embargo, podemos decir que fue el corazón de la Panzerwaffe hasta 1943, cuando los carros enemigos lo superaban en todos los sentidos. Hablamos del PzKpfw. III que, a pesar de no ser precisamente un monstruo blindado, fue la punta de lanza en la Blitzkrieg que arrolló a los polacos, a los ejércitos de Europa Central y, finalmente, a los gabachos (Dios maldiga al enano corso), cuyo ejército estaba considerado el más potente del mundo en aquel momento. Pero, a pesar de contar con una fuerza acorazada más poderosa, a los tedescos les bastaron seis semanas para aplastarlos bonitamente y hacerse fotos delante de la Torre Eiffel para, a continuación, regocijar la vista con las frondosas parisinas mientras devoraban cruasanes en el Café de París. Sin embargo, el camino recorrido para llegar hasta ahí fue mucho más largo de lo que puedan pensar, y hablamos de años de investigación y diseños partiendo prácticamente de cero. Así pues, este articulillo lo dedicaremos a lo que ignoran los cuñados y demás "expertos", para que puedan ir provocándoles arcadas de angustia mientras preparamos la continuación del mismo. Empecemos pues con el habitual
INTROITO
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Firma del Armisticio. En puridad, se acababa de firmar el inicio de la siguiente guerra. Humillar al vencido que se ha batido en buena lid es la mejor forma de cagarla |
El 11 de noviembre de 1918, a eso de las 05:20 horas, la delegación alemana que tuvo que pasar por la humillación de firmar el armisticio se apeó del vagón estacionado en el bosque de Compiègne. A las 05:21 horas ya estaban rumiando como tomarse cumplida venganza, y más tras el despectivo y chulesco trato recibido por los emisarios gabachos, especialmente por parte de Foch. La delegación tedesca estaba formada por cuatro humillados ciudadanos que, con toda seguridad, estaban pasando el peor trance de sus vidas. Al cabo, habían perdido la guerra siendo la fuerza ocupante, cuando lo habitual es al revés. Los firmantes fueron Matthias Erzberger, un político de centro considerado como un trepa por los militares que había sustituido a Ludendorff, que no estaba por la labor de rendirse; Alfred, Graf von Oberndorff, un diplomático del Ministerio de Exteriores, el Generalmajor Detlof von Winterfeldt en representación del Reichsheer, y el Kapitän zur See Ernst Vanselow por la Kriegsmarine.
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Manifestación contra la división territorial y la declaración de Danzig como "ciudad libre" |
Pero lo peor estaba por llegar. Siete meses después, el 28 de junio de 1919, se firmó el Tratado de Versalles por el cual se linchaba literalmente a Alemania. Las condiciones fueron draconianas: aceptar la responsabilidad de haber iniciado la guerra, pago de cifras astronómicas por daños y desperdicios (creo recordar que se terminaron de pagar en los años 80), pérdidas territoriales y una limitación total en cuestiones militares, especialmente en lo tocante a armamento: prohibición de poseer y fabricar submarinos, aviones, artillería pesada y mil putadas más. Y, por si fuera poco, los Aliados regalaron a Polonia parte de Prusia, quedando Prusia Oriental separada del resto de Alemania. Esta, por cierto, fue la excusa a la que recurrió el ciudadano Adolf para empezar la siguiente fiesta y, si leen este artículo sobre como se pergeñó el Plan Himmler que puso en marcha el ataque a Polonia en 1939, verán que los polacos se pasaron varios pueblos y se lo pusieron a huevo a un ejército dirigido por un líder ávido de revancha.
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El ciudadano Adolf jurando por sus empastes que, bajo su mando, Alemania resurgiría de sus cenizas, se mearían en las calaveras de los que los humillaron y crearía un Reich que duraría mil años nada menos |
En fin, estos fueron los hechos que pusieron en marcha la ansiada venganza. Y, está de más decirlo, los militares alemanes no se quedaron de brazos cruzados. Antes al contrario, desde el día 12 de noviembre de 1918 ya estaban rumiando todo lo aprendido de la derrota para que no volviera a pasar algo parecido. Y mientras el resto de Occidente se lo pasaba pipa bailando charlestón y se iba de fiesta en los felices 20, los tedescos se alimentaban con sopas hechas con agua y un patata o un nabo flotando, se calentaban quemando fajos de billetes de 1, 10 y hasta 100 billones de marcos, aplastados por una hipermegamultimacromagna inflación que hacía que un puñetero huevo (de gallina) costase un huevo (figurado): nada menos que 8 billones (sí, con B) de Reichsmarks, las colas del paro daban siete vueltas a la manzana ante las oficinas de empleo y el ciudadano Adolf, recién licenciado del ejército tras ejercer de infiltrado en partidos de izquierdas para la inteligencia militar, se apuntaba al Deutsche Arbeiterpartei y a calentar el ambiente con su pico de oro y sus hipnóticos discursos en las cervecerías muniquesas que, por lo general, acababan en auténticas batallas campales contra sus enemigos políticos, los comunistas y los socialistas. Y con esto, ya puestos en contexto, vamos al grano.
Fin del INTROITO
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Sturmpanzerwagen A7V, bautizado como Wotan. Solo un ejemplar sobrevivió a la guerra, el Mephisto |
Los tedescos tardaron un poco en aceptar que el carro de combate había llegado para quedarse. Bueno, más que los tedescos, los mandamases tedescos, que aún vivían en la Guerra Franco-Prusiana. Sin embargo, la irrupción de los carros británicos (Dios maldiga a Nelson) y, sobre todo, los Renault FT-17 gabachos (ya maldije al enano corso antes, ¿no?), no eran ninguna tontería. Los Renault, ligeros y maniobrables, podían romper una línea defensiva atacando en masa con su ametralladora Hotchkiss o su cañón de 37 mm., un arma que, disparando proyectiles rompedores de alto explosivo, podían llevarse por delante nidos de ametralladoras y fortificaciones ligeras. Aunque los carros "Male" de los british disponían de un armamento mucho más contundente, compuesto por dos cañones de 6 libras (57 mm.) y tres ametralladoras Vickers, estos eran mucho más pesados, lentos y torpes en un campo de batalla lleno de cráteres y barro donde quedaban atascados. No obstante, los militares tedescos más innovadores lograron imponer su criterio y, aunque más vale tarde que nunca, lograron poner en liza un armatoste de 30 Tm. armado con un cañón Maxim-Nordenfelt de 57 mm. y nada menos que seis ametralladoras MG-08 de 8x57 mm., el Surmpanzerwagen A7V. Pero este invento no hizo acto de presencia hasta marzo de 1918, era igual de lento y torpe que los carros british y, además, se fabricaron apenas 20 unidades. Poco podían hacer contra 2.500 carros británicos y 3.700 Renault FT.
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| Johannes von Seeckt (1866-1936) |
Tras la firma del Armisticio y quitarse el barro pútrido de las botas, los tedescos se encontraron, como hemos dicho, con mogollón de limitaciones. En el tema que nos ocupa, pues prohibieron la fabricación y/o adquisición de carros de combate. Además, arramblaron con el Große
Generalstab, el Estado Mayor General, órgano que, aunque parezca solo un reducto de fulanos con muchos galones que se dedicaban a contarse chismorreos en las salas de banderas, eran el corazón del ejército. Sin un estado mayor nada puede funcionar. Son los que coordinan las distintas armas y cuerpos, organizan la logística, planifican el desarrollo de armas, pertrechos, etc., estudian la viabilidad de todo, desde la botonadura de un uniforme al dibujito que ponían en el proyectil perforante de tal calibre. Como ya podrán imaginar, las prohibiciones y los límites impuestos por los Aliados fueron prontamente esquivados porque los tedescos son asaz decididos cuando se les mete algo en la cabeza. Así, en 1925, ya habían diseñado el Großer
Plan (Gran Plan) bajo la dirección del Generaloberst Johannes von Seeckt, un prusiano con pedigrí que había sustituido a Hindenbrug como mandamás del Estado Mayor antes de la firma del Tratado de Versalles. Von Seeckt supo hacerse el mandamás supremo del ejército durante la República de Weimar, y bajo su celoso control se fue pergeñando la futura Wehrmacht. Un tedesco con monóculo es capaz de convertir la Luna en un vergel espacial si se empeña, ya saben...
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El Hauptmann Heinz Guderian durante la Gran Guerra |
Con todo, en el ejército se la tenían que coger con un papel de fumar, porque las inspecciones y los controles de los Aliados eran constantes y, si les pillaban en algún reviro, las sanciones que les metían se sumarían a las descomunales cuotas a pagar por los daños y desperdicios. Y no solo enviaban inspectores, sino que infiltraban espías a destajo e incluso leían a diario la prensa alemana por si descubrían algo que pudiera relacionarse con actividad militar. Y mientras que von Seeckt planificaba su gran Großer Plan, tres años antes se había creado el Heereswaffenamt, abreviado como HWa (Oficina de Armamento del Ejército), cuya misión era supervisar toda la planificación y desarrollo de todo lo relacionado con el armamento. El HWa se dividía en varios departamentos, uno de los cuales, el Waffen Prüfen 6 (Wa Prüf 6), cuyo cometido era ser responsable de las tropas motorizadas que, como ya supondrán, abarcaba el tema de los carros de combate. Al mando de este departamento estaba el mayor Oswald Lutz, y uno de los miembros del Estado Mayor del HWa era un joven capitán que tenía unas ideas sumamente avanzadas sobre el uso táctico de los carros de combate, Heinz Guderian, el cual es considerado, como ya sabemos, como el padre de la Panzerwaffe tedesca.
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| Otto von Stülpnagel (1878-1948) |
Entre Lutz y Guderian fueron dando forma, siempre con el mayor de los secretos, a las pautas a seguir para diseñar tanto lo que serían las nuevas unidades acorazadas, así como los vehículos que debían nutrirlas. Para poder trabajar lejos de las miradas y los oídos indiscretos se establecieron diversas instalaciones en emplazamiento como el campo de maniobras de Kummersdorf, cerca de Berlín, y en Pennemünde, en la costa báltica y futuro emplazamiento de las V-1 y V-2. Guderian le echó ganas porque, como está mandado, cuando alguien quiere innovar algo siempre aparece un fósil con ideas un tanto anticuadas que, como perro del hortelano, ni come ni deja comer. En este caso, la bestia negra de Guderian fue el Inspekteur
der Kraftfahrtruppen (Inspector de las Tropas Motorizadas), el oberst (coronel) Otto
von Stülpnagel, que se empeñaba en un uso táctico de los medios motorizados más arcaico que los Picapiedra, insistiendo en que los vehículos a motor solo debían emplearse como medio de transporte para tropas, municiones, etc. Pero, como hemos dicho, el ciudadano Guderian no se rendía por las buenas, de modo que siguió haciendo lo que podía y, muy importante, no perderse ni una maniobra de ejércitos extranjeros, a las que acudía como observador. Así pudo tomar buena nota del uso táctico que daban a sus carros de combate, así como sus características más relevantes, despliegue, etc.
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Leichttraktor fabricado por la Krupp conforme a las especificaciones requeridas para esta tipología |
Así, en la segunda mitad de los años 20 y sorteando las chorradas de von Stülpnagel, se planteó el desarrollo de dos diseños distintos para ver qué morfología era la más adecuada. Para que los inspectores Aliados no se enterasen de qué iba la cosa, los vehículos recibieron denominaciones que los hacían pasar por maquinaria agrícola. El primero, designado como Großtraktor (GTr. tractor grande) debía tener un peso de 15 Tm., con el motor situado en la parte trasera y una torreta en el centro. Estaría armada por un cañón de 75 mm. y una ametralladora coaxial. El puesto de conducción iría en la parte delantera, donde también se emplazaría una ametralladora y, finalmente, otra más situada en una pequeña torreta en la parte trasera del chasis.
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LT II. Este vehículo no tenía torreta giratoria, sino una casamata que le daba más bien el aspecto de un cañón de asalto |
El otro vehículo, designado como Leichttraktor (LTr. tractor pequeño) tendría una configuración distinta. Estaría basado en el M/21 sueco, un carro que Guderian pudo ver en unas maniobras del ejército de Suecia y que estaba basado en el LT II, un diseño alemán de 1918 que no llegó a entrar en servicio y del que se vendieron algunas unidades tras la guerra a Suecia y a Hungría. Este vehículo, cuyo peso debía ser de 12 Tm., tendría el motor en la parte delantera, mientras que la torreta se instalaría en la parte trasera. Su armamento sería un cañón de 37 mm. y una ametralladora coaxial. Para su diseño y fabricación se recurrió a tres firmas: la Krupp, la Rheinmetall-Borsig y la Daimler-Benz, si bien esta última solo participaría en el proyecto del Großtraktor. Cada fabricante tenía que entregar dos unidades de cada modelo.
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Prototipo de la Krupp basado en los requerimientos del Großtraktor |
Y ahora viene la parte más singular de la historia. Guderian tenía que probar los prototipos, tenía que pasearlos durante semanas para sacar sus defectos y, lo más importante, tenía que instruir a la futura oficialidad del arma acorazada sobre las tácticas del tipo de guerra que tenía in mente: la Blitzkrieg. Y como en Alemania no podía salvo que construyeran un campo de maniobras subterráneo, pues contactó con los hijos del padrecito Iósif para intercambiar conocimientos y, de paso, que ningún inspector llegara a darle un berrinche. Los bolcheviques aceptaron encantados la oferta porque, tras su guerra civil, su ejército estaba un poco desorientado y les venía de perlas aprender del que ellos consideraban como el mejor modelo a seguir, el ejército alemán. El más entusiasmado con la idea era Mijaíl Vasilyevich Frunze, Comisario del Pueblo para Asuntos Militares y Navales de la URSS tras la caída en desgracia de Trostski. En 1927 se creó la Panzerschule (Escuela de Carros de Combate) KAMA, en las cercanías de Kazán, una ciudad situada entre Moscú y Ekaterimburgo, donde se encontraba la siniestra Casa Ipatiev en la que liquidaron vilmente a toda la familia Románov y varios de sus sirvientes. Uséase, en la gran puñeta. Allí no llegarían inspectores gabachos ni british a dar la murga. El nombre de KAMA surgió de la unión de las dos primeras letras de Kazán y las del apellido del Oberstleutnant (teniente coronel) Wilhelm Malbrand, que en 1926 había sido enviado a la Santa Madre Rusia en busca de un lugar adecuado para montar el chiringuito secreto. Una vez preparado, se pusieron al mando los mayores Josef Harpe y Ludwig von Radlmaier.
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Prototipo del Leichttraktor fabricado por la Rheinmetall-Borsig |
Para empezar con las pruebas tuvieron que esperar dos años, hasta que recibieron una docena de vehículos de ambas configuraciones que, para no levantar sospechas, fueron enviados a Rusia como tractores agrícolas. La cooperación germano-soviética fue bastante provechosa, si bien los métodos de cada cual diferían bastante. Los tedescos se lo tomaban todo con mucha parsimonia, tomando buena nota del más mínimo detalle y dando a sus oficiales una enjundiosa y concienzuda formación. Ya sabemos que los prusianos son más meticulosos que un relojero suizo. Por el contrario, los hijos del padrecito Iósif tenían mucha prisa. Estaban muy interesados en aprender de los tedescos, pero eso del método y el orden no iba con ellos. En sus magines prevalecía la rapidez de construcción sobre la formación del personal ya que, como hemos dicho, su ejército estaba bastante difuso y tenían que modernizarlo cuanto antes. Así les lució el pelo unos años más tarde. Ojo, los prototipos recibidos no estaban concebidos como modelos destinados a ser fabricados en serie, sino como bancos de pruebas para testar las opciones mecánicas, de blindaje, armamento, etc. más adecuadas.
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El prototipo de la Krupp, denominado MKA. Aunque no fue aceptado, muchas de sus características se tomaron para el futuro PzKpfw. IV |
En fin, así siguieron las cosas hasta que el 16 de marzo de 1935, el ciudadano Adolf anunció al planeta que mandaba al carajo el Tratado de Versalles, proponiendo a los Aliados que se lo metieran por donde amargan los pepinos. Los Aliados protestaron, amenazaron y, al final, se la enfundaron, como suele pasar en esos casos. Y ya libres de las limitaciones del puñetero tratado, volcaron todo lo aprendido en la Panzerschule KAMA en un vehículo de 15 Tm., solicitando a la MAN, la Krupp, la Rheinmetall-Borsig y la Daimler-Benz que diseñaran sendos prototipos. Estos recibieron la denominación de Zugführerwagen o ZW (Vehículo de Comandante de Tropa), ambiguo término que igual valía para un patinete que para un automóvil o un carro de combate. Aunque ya habían mandado a paseo el dichoso tratado, los tedescos preferían seguir pergeñando sus inventos de la forma más discreta posible, y que sus avances en materia acorazada no trascendieran. Finalmente, en 1936 salió de fábrica el primer PzKpfw. III Ausf. A. Tras años de investigación, la criatura había nacido.
Bien, así se gestó este emblemático carro de combate, y apostaría una docena de cigalas hembras a que desconocían los sinuosos caminos que tuvo que seguir para venir al mundo. En fin, con esto ya tienen un ratito de lectura. En el próximo articulillo, el desarrollo del PzKpfw. III
Pírome a dar buena cuenta de mi poderoso desayuno.
Hale, he dicho
PETRVS SANCHODICI DELETVS EST
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| PzKpfw. III Ausf. A en una parada de esas tan molonas que organizaba el ciudadano Adolf para ir mentalizando al personal de que todo lo relacionado con la guerra se convertiría en algo cotidiano |