martes, 4 de agosto de 2026

MÁS CURIOSIDADES CURIOSAS ACORAZADAS

 

Archifamosa foto del Königstiger del teniente Richard, freiherr Von Rosen, que con solo 22 añitos era el comandante de la 3ª compañía del Schweren Panzer-Abteilung 503. Es justo reconocer que verse metido en un hoyo contemplando como esos monstruos avanzan hacia uno debía provocar, no solo unos deseos irrefrenables de largarse, sino también de hacer pipí y popó

BENEDICO VOBIS, sufridos homínidos acalorados. Prosigamos con algunas curiosidades curiosas acorazadas más, que es un tema ligerito, que se lee pronto y no requiere que se me vaporicen más neuronas de lo razonable. Vamos a ello...

En la foto de la derecha tenemos un PzKpfw. VI Ausführung B, más conocido por el personal como Köningstiger y como "Tigre Real" por los cuñados que no saben un carajo de nada. Como ya sabrán, fue la máquina más poderosa de la 2ª Guerra Mundial, con un peso similar al de carros pesados modernos como el Abrams, el Leopard II o el Challenger: 68'9 Tm. de nada. Todo en él era a lo bestia, incluyendo su cañón KwK 43 de 88 mm. y 71 calibres de largo que, gracias a las dimensiones de la torreta, se pudo instalar aprovechando su gran longitud para obtener el máximo rendimiento. Pero bueno, la información genérica se puede obtener en cualquier sitio. Vamos a las pijaditas de las que nadie habla. Observen la escotilla trasera marcada con la flecha colorá. Es la típica escotilla de escape que se usaba si la cosa estaba calentita y no era recomendable usar las superiores. Hasta ahí, nada nuevo. 

Pero la escotilla de escape no dejaba escapar a nadie porque en la parte trasera de la torreta se almacenaban 22 proyectiles de uso inmediato que, además, estaban colocados siguiendo la forma de la misma, uséase, diagonalmente, bloqueando así el paso a la tripulación en caso de tener que salir echando leches. De ahí que, en más de una ocasión, optasen por disminuir la cantidad de proyectiles almacenados en esa zona y dejar el paso libre, por si acaso.  Pero además de puerta de escape servía para repeler malvados enemigos que atacasen por la zaga. La escotilla, como vemos en la foto de la izquierda, estaba formada por dos hojas. Aquí vemos la hoja interior, que era una simple chapa, abatida, dejando ver una tronera en la puerta exterior. Observen la pieza giratoria marcada con la flecha colorá. Bien, pues era el mismo sistema que vimos en los T-34 y KV-1: un tapón tronconónico que caía hacia fuera y quedando suspendido mediante una cadena. Por esa tronera se podía disparar sin problemas un subfusil y aliñar al malvado enemigo, y una vez dado de baja permanente, se tiraba de la cadena, se volvía a colocar el tapón en su sitio y se bloqueaba con el cierre giratorio. En cuanto a
l resto de la munición de a bordo se distribuía en los laterales del casco, hasta un total de 86 proyectiles de tres tipos: perforante con núcleo de tungsteno, perforante sin carga explosiva y de carga hueca. Por cierto que, cuando vean fotos de eslabones de cadena colgados en los costados de la torreta, se dispusieron precisamente para proteger la munición de uso inmediato. Toda la munición iba en bateas, sin ningún tipo de protección, de modo que si una carga hueca penetraba en el carro, adiós muy buenas. Prosigamos...

Arrancar el enorme motor Maybach de 12 cilindros en frío era un poco irritante. Se llevaba a cabo mediante un sistema de volante de inercia, forma técnica de llamar al manubrio de toda la vida. Como vemos en la foto 1, se colocaba la manivela en el cigüeñal del motor y se giraba en sentido horario. Y sí, hacían falta dos fulanos para mover el enorme Maybach y que empezara a coger inercia. Cuando se habían alcanzado unas 60 vueltas por minuto más o menos, lo que tomaba uno o dos minutos echando los bofes, se tiraba de una palanca a la que se accedía desde un orificio situado bajo el escape derecho. La manivela, que la habrán visto cienes de veces en fotos, no eran ni para aflojar las tuercas ni para accionar el gato, como en los coches modernos, sino para arrancar el dichoso motor. Se estibaba en el costado izquierdo del vehículo. Pero, con suerte, si andaba cerca un Kübelwagen o un Schwimmwagen, se podía conectar una barra al cigüeñal y hacer las veces de fulanos agotados. Otra opción, si la había disponible, era usar un motor de arranque externo que hacía exactamente el mismo trabajo. ¿Qué por qué había que montar esta película? Porque con el motor frío, el Maybach se fundía el solito la carga de las dos baterías de a bordo. No obstante, con el motor caliente sí se podía poner en marcha con un motor de arranque eléctrico convencional accionando una palanca giratoria situada en el panel de controles. Prosigamos...

Para acceder al carro había dos escotillas en la parte superior de la torreta y otras dos para el conductor y el operador de radio/ametrallador. Pero, si se han fijado, esas escotillas tenían un grosor salvaje, pesaban mogollón de kilos y, encima, salvo la del cargador había que empujar hacia arriba y girarlas. Obviamente, sin ayuda mecánica solo los cuñados del increíble Hulk y Superman podían abrirlas sin esfuerzo. Pero los ingenieros tedescos se las ingeniaron- que para eso eran ingenieros- para que un fulano canijo las manejase sin problemas. En la foto 1 tenemos la escotilla del jefe de carro. Observen el pequeño volante marcado con la flecha colorá. Bien, pues si lo giramos en sentido anti-horario, la pesada cúpula ascenderá. Era un sistema lento, y más si había que salir echando leches, pero no quedaba otra. Foto 2: una vez elevada la cúpula, con la palanca marcada con la flecha colorá se giraba hacia atrás, quedando libre el acceso. Foto 3: Se bajaba la palanca por una ranura, bloqueando así la cúpula y evitando que con el traqueteo girase y reventase la caja torácica del fulano que iba asomado en ese momento. En la foto 4 tenemos la escotilla del cargador, un chapón con nada menos que cuatro pernos accionados por un volante. Bastaba un cuarto de vuelta para desbloquearlos o cerrarlos. Para abrir había que empujar, pero en este caso no era una escotilla tan pesada. Por cierto, ya saben que, cuando vean en las pelis al héroe subirse a un carro y abrir una escotilla para arrojar dentro una granada, es un camelo más. Prosigamos...

Veamos ahora cómo se abrían las escotillas del casco, en este caso la del conductor. Foto 1: con una sola mano y apenas esfuerzo, se subía la palanca para elevar la escotilla. Foto 2: una vez elevada, se giraba hacia atrás para hacer retroceder la escotilla. Foto 3: ahí vemos la escotilla elevada y la posición de la palanca en ese momento. Foto 4: una vez desplazada hacia atrás, la palanca se bajaba, quedando así bloqueada la escotilla impidiendo que el meneo del carro la cerrase y decapitase al conductor. Un carro con el conductor decapitado lo tiene muy jodido, las cosas como son. Bien, en este caso, el piloto acciona la escotilla con la mano izquierda, mientras que el ametrallador lo hacía con la derecha. Por cierto, entre ambas escotillas había un extractor de aire para evacuar humos, aunque lo que no evacuaba era el espantoso ruido que había en el interior del vehículo cuando el motor estaba en marcha. Prosigamos...

Veamos ahora el puesto de conducción. El piloto iba sentado en un asiento con respaldo. Dicho asiento podía elevarse para conducir con la escotilla abierta. A la izquierda vemos varios proyectiles estibados en sus estantes. A la derecha, el cuadro de controles. La flecha colorá es precisamente la que accionaba el motor de arranque en caliente. A la izquierda vemos la palanca para abrir la escotilla. En el centro, el volante. Sí, este chisme, al igual que el Tiger, usaba un volante conectado a la transmisión que vemos en el centro. Su funcionamiento era distinto al de las palancas. En este caso, al girarlo, un juego de engranajes disminuía la velocidad de la rueda tractora de ese lado. Pero también estaba provisto de las palancas convencionales, que hemos marcado con flechas grises. Estas palancas se usaban para giros bruscos, cuando era necesario detener literalmente una de las orugas para esquivar un obstáculo o lo que fuera. Si se tiraba hacia atrás de las dos, el carro se detenía. Entre las palancas, en la parte inferior, tenemos el embrague, el freno y el acelerador con la misma distribución que en un automóvil. La flecha blanca señala el freno de mano. La amarilla era para accionar las marchas hacia adelante o hacia atrás, uséase, si se quería retroceder, antes había que mover esa palanca para cambiar el sentido de marcha. La flecha azul señala la palanca de cambios. Tenía ocho velocidades hacia adelante y cuatro hacia atrás, y en el centro aparece el periscopio del piloto, con sus asas para poder moverlo. Este visor permitía un ángulo de visión de 100º en sentido horizontal y 25º en vertical. En caso de tener que evacuar el carro y por algún motivo el piloto no podía hacerlo por su escotilla, abatía el respaldo del asiento y se convertía en culebra para poder llegar a la cámara de combate. Prosigamos...

Veamos ahora el puesto del operador de radio/ametrallador. Ahí tenemos una MG-34 provista de un visor Kugelzielfernrohr 2 de 2'5 aumentos y un campo de visión de 18º. ¿Qué por qué no más aumentos? Porque a más aumentos menos campo de visión. La máquina no se disparaba apretando el gatillo, sino mediante una palanca ubicada en una empuñadura del armazón que sustentaba la ametralladora. En la foto podemos ver el apoyo frontal del visor, pero la enjundia está en la cupulita marcada con la flecha amarilla. Me apuesto mis augustas barbas a que esta curiosidad la desconocen todos los cuñados y primos lejanos del planeta, así que oído al parche. El probo homicida que manejaba la máquina ajustaba la coronilla de su cabeza cuando apoyaba la frente en el visor, de forma que movía la ametralladora en cualquier dirección moviendo la cabeza conforme lo que veía a través del visor. La mano derecha solo tenía que dedicarse a apretar la palanca de disparo. Esto permitía efectuar una especie de tiro instintivo más eficaz que cuando hay que mover la máquina con la mano. Ingenioso, ¿qué no? En cuanto a las vainas servidas, caían en una bolsa de lona situada debajo de la ametralladora. Y vamos a ir terminando con algunas chorraditas más para apuntillar a los cuñados más contumaces...

Junto a la escotilla del jefe de carro había un lanzagranadas destinado a dar protección cercana al vehículo. Bastaba abrirlo, introducir el proyectil y dispararlo tirando de la anilla. Ese chisme, aunque con un alcance bastante cortito, podía lanzar botes de humo por si las cosas se ponían chungas y lo más sensato era salir de naja, bengalas de señales y granadas rompedoras de alto explosivo por si varios insensatos intentaban ganar varias medallas destruyendo al monstruo. Aunque no lo parezca, este sistema era más eficaz que los lanzahumos externos del Tiger ya que permitía elegir el tipo de proyectil en base a la situación. Prosigamos...

Observen ese pinchito marcado con la flecha colorá. Es un  accesorio que ya vimos en el artículo dedicado al M4A3E8 de la peli "Fury". Es un punto de mira con el que el jefe de carro podía señalar objetivos al tirador. Alineando el pinchito con la barra que vemos en el visor del detalle, el sistema de puntería del cañón quedaba orientado en la misma dirección. De ese modo, cuando el jefe divisaba algo destruible, giraba la torreta hasta colocar el pinchito sobre el blanco y, de ese modo, el tirador no tenía que perder tiempo buscándolo. Cuando apoyaba el ojo en el visor, el objetivo ya estaba a la vista. Solo tenía que hacer los cálculos de distancia y movimiento para disparar. Previamente, el jefe había ordenado al cargador el tipo de proyectil que debía introducir en la recámara. Prosigamos...

Todos hemos oído hablar de la torreta Porsche, que en realidad no la diseñó Porsche, sino Krupp, el mismo que diseñó la torreta final. Solo se fabricaron alrededor de 50 unidades que, obviamente, fueron instaladas en otras tantas barcazas. ¿Por qué se desechó? Bien, aparte de tener un interior más pequeño y permitir almacenar menos munición de uso inmediato, la razón principal la pueden ver en la foto. Si un proyectil impactaba en la parte media o inferior del escudo del cañón, era desviado hacia la corona de rodamiento de la torreta, lo que suponía como poco dejar el carro inutilizado, y como mucho totalmente destruido.

De ahí que se acabara usando el modelo H3 con el frontal recto y un grosor de 180 mm. que, al tener apenas 10º de inclinación, subían hasta los 182'8 mm. Si a eso sumamos los 150 mm. del saukopf (cabeza de cerdo) del escudo del cañón, tenemos la friolera de 332'8 mm. de acero del bueno. En cuanto al grosor del frontal del casco, la parte superior era de 150 mm. con una inclinación de 50%, lo que se traducía en 210'8 mm. Esa masa de acero se mostró absolutamente impenetrable, y no hay constancia de que ni un solo Königstiger fuera destruido por haber sido alcanzado en esas zonas. De hecho, su mayor enemigo fue su pésima transmisión, que debido al peso del carro tenía una vida útil de apenas 300 km., o sea, dos depósitos de combustible antes de tener que enviar el carro al taller para su mantenimiento.

Bueno, vale de momento. Con esto ya tienen para darle la tarde a sus cuñados si se ponen pesaditos.


Hale, he dicho

CETERVM CENSEO PETRVM SANCHODICI ESSE DELENDAM 

miércoles, 22 de julio de 2026

CURIOSIDADES CURIOSAS ACORAZADAS

 

Bueno, estimados seguidores, si el otro día contamos una curiosidad curiosa aérea, pues hoy tocan curiosidades curiosas sobre carros de combate, chismes estos que contienen mogollón de chorraditas que pasan desapercibidas aunque las veamos constantemente y nunca nos hayamos preguntado qué son y para qué sirven. Veamos...

Estoy seguro de que han visto cienes de fotos del T-34 y del KV-1, y dudo mucho que no hayan reparado en esos pequeños discos en los laterales de la torreta, cada uno con una mínima rendija encima. ¿Saben qué puñetas son? Po mu fási. Son troneras por donde sacar el cañón de una pistola para repeler malvados enemigos que se aproximaban por los flancos. La rendija era, simplemente, para localizar al fulano y apuntarle de mala manera. Ese disco era en realidad la parte exterior de un tapón de forma troncocónica del mismo largo que el grosor de la coraza, y era retenido por un pasador. Cuando se liberaba, caía hacia fuera quedando sujeto por una pequeña cadena. Una vez repelido el malvado enemigo, se tiraba de la cadenita, el tapón volvía a su sitio y se aseguraba con el pasador. Pasemos a otra...

Observen la foto A. Corresponde a la rótula de la ametralladora de proa de un Sherman. ¿No echan nada en falta? Seguramente no, porque esta chorradita suele pasar desapercibida. Bien, la cosa es que no hay ningún orificio para el visor del fulano que maneja la máquina. En la foto B sí podemos verlo en un Tiger, y en la C en un T-34/76. En ambos casos, como en casi todos los carros de combate, la ametralladora estaba provista de un visor para que el tirador pudiera saber dónde leches tiraba. En la foto D tenemos al de un M-13/40 italiano manejando las dos máquinas emplazadas en la proa, una pareja de Bredas modelo 38. Como ven, el italiano tiene la frente pegada a un tope acolchado sobre el visor para no darse coscorrones con el movimiento del vehículo. Ahora, la pregunta: ¿y cómo leches apuntaban los ametralladores de los Sherman? Pues de ninguna forma. No podían apuntar. Se limitaban a corregir el tiro con la ayuda de la munición trazadora, observando por el periscopio giratorio M-6 instalado en la escotilla. En resumen, si el tirador veía un objetivo, primero tenía que disparar una ráfaga y, según la trayectoria de las trazadoras, mover la máquina hasta lograr colocar los disparos sobre el blanco. Un poco absurdo, ¿no? Bien, prosigamos...

Seguramente, esta la sepan hasta los críos de teta, pero también es posible que haya algún cuñado que aún no sepa de qué va la cosa. En la foto de la izquierda pueden ver al famoso SS-Haupsturmführer Michael Wittmann, as superlativo de la maquinaria acorazada del ciudadano Adolf hasta que lo achicharraron junto a su tripulación en agosto de 1944. La superficie de su Tiger aparece recubierta de una textura estriada llamada zimmerit, una pasta con el aspecto de mortero con que se recubrían los carros y cañones autopropulsados entre agosto de 1943 y septiembre de 1944. La misión del zimmerit era impedir que los enemigos adosaran a los carros minas magnéticas. Era una pasta compuesta de sulfato de bario, acetato de polivinilo disuelto al 50% con benceno para darle la textura pastosa, pigmento ocre, sulfuro de zinc y serrín. Una vez aplicada una capa de entre 1 y 5 cm. de espesor se le daba la textura, que podía ser el estriado de la foto izquierda- la más frecuente- o bien una cuadrícula con punteado interior del Panther de la derecha. Finalmente, se aceleraba el proceso de secado calentándola con sopletes, evaporando el benceno y dándole una dureza notable. El invento, desarrollado por la Chemische Werke Zimmer & Co., era bastante eficaz, pero se dejó de usar porque se extendió una falsa creencia: ardía como la yesca. Y aunque se comprobó que era falso, nunca más se usó. Por cierto, el zimmerit nunca se aplicaba en el frente, sino directamente en las fábricas. Veamos más...

Como ya sabemos, los T-34, los los KV-1 y sus distintas versiones y derivados llevaban en la parte trasera del casco tres depósitos cilíndricos con capacidad de 90 litros cada uno. Se instalaba uno en el costado izquierdo y dos en el derecho. Con esos 270 litros extra más los 575 almacenados en el interior, el T-34/85 de la foto podía alargar su autonomía hasta, aproximadamente, los 300 km. circulando por carretera, con un consumo de "solo" 2'7 litros por kilómetro. Hoy día, al precio que está el gasoil, un lleno costaría unos 1.300 pavos dependiendo de la gasolinera. Bien, la cosa es que los depósitos exteriores no estaban conectados con el motor o los depósitos interiores para ir rellenando. De ser así, bastaría un impacto en esos cilindros para que el fuego se extendiera al interior y reventara literalmente el vehículo. De ahí que se usaran como los famosos jerrycans, o sea, para rellenar trasvasando el gasoil con el vehículo parado y manualmente. Otra...

Para conducir un T-34 había que estar bastante cachas. Esos chismes, con su construcción básica y burda, no disponía de unos mandos suaves y tal, sino todo lo contrario. En la foto tenemos una vista trasera del puesto de conducción, que básicamente coincidía con el de un automóvil salvo que, en vez de volante, tenía las dos típicas palancas. Entre ellas vemos tres pedales- embrague, freno y acelerador- y, marcada con la flecha colorá, la palanca de cambios, 4 +1 para los T-34/76 y 5+1 para el T-34/85. Hasta aquí, nada nuevo salvo por un detalle. Para accionar las palancas que embragaban las ruedas había que ejercer una tracción de 60 kilos nada menos. De hecho, en muchos casos los pilotos tenían que soltar una de ellas para mover la otra con las dos manos. Debían acabar con los brazos un poco doloridos. Por cierto, y aprovechando la foto, a la derecha se ven los tambores para la ametralladora Degtyarev DT27, la cual estaba provista de una bolsa de lona para recoger las vainas servidas y no dejar el suelo de vehículo lleno de miles de ellas. Sigamos...

Los Tiger también estaban provistos de troneras anti-malvados pero, como no podía ser menos, con unos acabados mucho más finos que los soviéticos. En la foto A podemos ver su aspecto. Consistía en un disco bien gordo atornillado al casco y con una ranura destinada más a hacer fuego en sentido vertical que horizontal. En la foto B la podemos ver por dentro. Para abrir o cerrar la tronera se giraba un disco interior tal como vemos en la imagen. Aunque carecía de visión directa sobre el posible atacante, la cúpula del jefe de carro abarcaba un campo de 360º alrededor del vehículo, y el tamaño de la tronera permitía el uso de subfusiles además de simples armas cortas. En las versiones iniciales, estas troneras se instalaban en ambos costados. Posteriormente, como vemos en la foto C, la del lado derecho se eliminó para instalar una escotilla de escape que, además, venía bastante bien para expulsar las vainas servidas del cañón de 88 mm., que eran bastante grandes y no era plan de dejarlas dando bandazos en el interior de la cámara de combate. Y una más, que ya me duele la puta cabeza, para variar...

Recuerdan esa escena, ¿no? Pertenece a la batallita final de la aclamada película "Salvar al soldado Ryan", cuando el valeroso y taciturno capitán Miller introduce el cañón de su Thompson por el visor del piloto de un Tiger con la intención de hacerle mucho daño. Bien, pues es el enésimo camelo cinematográfico que pretenden colar a los cuñados y a los que no están duchos en la materia. ¿Creen que los tedescos iban a poner en liza un carro cuyo piloto podía ser escabechado en un periquete o, peor aún, ser puesto fuera de combate metiendo por ahí una simple granada de mano. Bueno, ponó. El visor en cuestión estaba protegido por un cristal antibalas laminado de 90 mm. de grosor que, obviamente, una bala del .45 ACP del Thompson no podía ni arañar. El conjunto consistía en cinco cristales embutidos en una carcasa de acero de 2'5 mm. de grosor con un separador de goma más otro cristal más fino al final, por el lado interior. Aparte de eso, si se fijan en la estructura exterior, la parte superior del visor se podía bajar desde dentro, estrechando el mismo en caso de verse sometido a un fuego muy intenso ya que, en un momento dado, un cascote de metralla podría astillar o romper el cristal. En ese caso, podían sustituirlo por otro nuevo ya que llevaban repuestos a bordo, pero lo cierto es que lo que vemos en la película es una simple chorrada para entusiasmar a la peña y nada más. Por cierto que si las cosas se ponían verdaderamente chungas, el piloto cerraba totalmente el visor frontal y se valía del que llevaba en la escotilla.

Bueno, criaturas, vale por hoy. Ya seguiremos y tal.

Hale, he dicho

CETERVM CENSEO PETRVM SANCHODICI ESSE DELENDAM

domingo, 19 de julio de 2026

UNA CURIOSIDAD CURIOSA AÉREA

 


Estimados lectores, tras hacer un intenso ejercicio de acumulación energética, he logrado reunir los bríos necesarios para publicar este articulillo que, aunque breve, es posible que resulte curioso a más de uno porque no es una cuestión de la que suelan hablar con sus cuñados. Veamos...

Observen la foto superior. Nos muestra una imagen archi-repetida durante la 2ª Masacre Mundial, en la que un caza abrasa a tiros a un enemigo, le incendia el aceite, la gasofa o ambas cosas y se acabó lo que se daba. Por cierto, si alguna vez se han preguntado quién leches filmaba esos combates aéreos, era el mismo piloto. Los cazas de la 2ª GM estaban generalmente equipados con un chisme llamado foto-ametralladora, una cámara instalada en el morro que se ponía en marcha cuando el piloto apretaba el pulsador y disparaba el armamento de a bordo. A la derecha pueden ver una de ellas. Se trata de una cámara Tipo N-6 GSAP fabricado por Fairchild Aviation, un chisme que cargaba 50 pies (15'24 metros) de película de 16 mm. en b/n fabricada por Eastman Kodak. La película iba en un contenedor metálico, y equipó a la práctica totalidad de los cazas yankees del conflicto. La cámara se ponía en funcionamiento durante 5 segundos cada vez que se abría fuego, y se podía elegir la velocidad de filmación, 16 o 64 fotogramas por segundo. ¿Y que para qué leches servían las foto-ametralladoras? Pues para confirmar derribos, analizar el comportamiento de aviones propios o del enemigo, analizar los combates, etc. 

Armamento de una de las alas de un P-51
Bien, la curiosidad curiosa no tiene nada que ver con las foto-ametralladoras, pero lo incluyo para que informen a sus cuñados cómo se obtenían esas pelis que, aunque muy movidas y borrosas, son bastante chulas, la verdad. Y estas pelis tan chulas son las que sí nos permiten plantear la cuestión de la curiosidad: ¿Cómo era posible que, según vemos por la trayectoria de las balas trazadoras, era tan difícil acertar a un enemigo? ¿Cómo una lluvia literal de cientos proyectiles pasasen de largo sin tocar al avión que iba delante? Ojo, que en algunos casos hablamos de cazas armados con hasta ocho máquinas. Las primeras versiones del Spitfire llevaban ocho Browning calibre .303 British (Dios maldiga a Nelson), y la mayoría de los cazas yankees más mortíferos- P-47, P-51 y F-4U- armaban seis Browning M2 de calibre 12'70 mm. Una ráfaga de apenas cinco segundos de cualquiera de ellos ponía en el aire cientos de proyectiles muy dañinos. 

Bien, observen ahora ese otro fotograma. Procede de una filmación realizada por la Fairchild de un P-51 que atacó a un barco el cual, obviamente, no navega tan rápido como un avión. Prácticamente está inmóvil, y totalmente a merced del caza. Se puede ver el fulgor de las trazadoras, que pasan a decenas de metros del barco, y más lejos los surtidores de agua que levantan los proyectiles a más de 50 metros del objetivo. ¿A qué es debida esa imprecisión? ¿El piloto es un cuñado que no le daría ni a un mamut con sobrepeso a dos metros? Pues nones. Era debido a un problema que tenían absolutamente todos los cazas de aquella época: la correcta alineación de las armas. ¿Que de qué leches va eso? Pues esa es la curiosidad curiosa...

Armeros tedescos ajustando el mecanismo sincronizador
de un Fokker. Al disparar el arma y perforar la bala el círculo
de madera podían saber cual era la zona segura para disparar
Como ya saben, durante la Gran Guerra se planteó un dilema chungo: si se instalaban las máquinas en el capó del avión lo más probable era ver saltar hechas astillas las hélices nada más abrir fuego. Obviamente, en aquella época no se podían instalar en las alas porque, en ese caso, serían estas las que se harían astillas debido al retroceso, por lo que no quedó otra que emplazar las armas fuera del radio de giro de las hélices. En algunos casos, un tirador iba en la cabina delantera de aviones con hélice impulsora, uséase, detrás del fuselaje. En otros, como en el SE-5A de los british, se colocó sobre el plano superior. Pero fueron los tedescos, como no, los que ya tenían ideado desde 1910 un mecanismo. La idea fue de August Euler, un probo aviador y constructor de aeroplanos que diseñó un chisme que interrumpía el disparador del o de las armas cuando la pala de la hélice pasaba delante de la boca de fuego. 

Bien, la cosa es que, por aquel entonces, ni las distancias de combate ni la solidez de los aviones hacían necesario instalar más de un par de máquinas, por lo que la alineación de las mismas no era complicado. Bastaba con que el punto de impacto coincidiera con el punto de mira y poco más. Sin embargo, cuando los aviones empezaron a ser más robustos y los bombarderos se diseñaron cada vez más grandes y, encima, armados hasta los dientes, quedó claro que había que aumentar el armamento de los cazas. Pero el morro de un avión no daba para mucho, teniendo en cuenta que tenía que dar cabida ante todo al motor, de modo que se trasladó a las alas lo cual, además, eliminaba el inconveniente del sincronizado con las hélices. Pero esto trajo otro problema: ¿hacia dónde disparan varias máquinas divididas en dos baterías separadas varios metros? Tomemos como baremo al Spitfire, que tuvo varias combinaciones de armas a lo largo del tiempo...


Cartucho del .303 British Vs. 20 mm.
Obsérvese la sutil diferencia entre
ambos
Ahí tenemos dos de ellas. El Mk. I, el modelo más primitivo, armaba ocho máquinas con la distribución que vemos en el dibujito. Como las ocho máquinas empezaron a quedarse cortitas porque los Me-109 tedescos empezaban a llevar armas más pesadas, pues no les quedó otra que hacer lo propio: eliminar cuatro máquinas y sustituirlas por dos cañones Hispano de 20 mm. en el modelo Mk. IX. En los gráficos vemos punteado de rojo la trayectoria teórica de cada arma. Pero es exactamente eso, teórica. La velocidad y altitud del avión, la dirección del viento, la temperatura de cada arma y mil factores más influyen en dicha trayectoria, lo que hacía que la concentración de fuego fuese un poco bastante muy complicada de lograr, de modo que el enemigo podía ser rociado de balas que pasaban por todas partes, menos por donde él estaba, como vimos en la imagen del barco. Y a eso debemos sumar otro factor: no tiene la misma velocidad, la misma cadencia de tiro ni el mismo alcance una bala de calibre .303 British, uséase, el mismo de los fusiles de infantería, que la de un cañón de 20 mm. Sí, es cierto que, por lo general, el piloto dispusiera de un selector para disparar con las armas que le convinieran según el blanco a batir, pero si las cosas estaban chungas pues disparaban con todo, y el punto de impacto de las ametralladoras no era el mismo de los cañones. Para ello no queda más remedio que calcular la convergencia de tiro.

Y ahí tenemos el resultado. Los armeros colocaban en tierra el aparato en posición horizontal, y regulaban el ángulo de las máquinas de forma que los disparos se cruzasen a una determinada distancia considerada como la más idónea en función del calibre del arma y del enemigo a batir. Por ejemplo, no era lo mismo para un Me-109 disparar contra otro caza que no podía devolverle el fuego porque estaba a su cola, que a un B-17 o un B-24 literalmente erizado de ametralladoras de calibre 12'70 que podían reducirlo a chatarra volante en un periquete. De ahí que, en el caso de un aparato armado solo con ametralladoras, estas tuvieran un ángulo de convergencia de unos 250-300 metros. Si el caza tenía armas de diferentes calibres, se graduaban las ametralladoras por un lado, mientras que el ángulo de convergencia de los cañones se alargaba hasta los 400 ó 450 metros.

Este problema, que era bastante recurrente por los constantes desajustes, se solventó en parte instalando armas en el morro. Aviones como el Me-109 o el Zero llevaban dos ametralladoras pesadas sobre el motor, y en el caso del Me-109 G6 incluso llegó a disponer de un cañón de 20 mm. que disparaba a través del buje de la hélice. Otros, como el P-38, que tenía los motores en las alas- o las alas en los motores, según se mire, estaba provisto de cuatro M2 de calibre 12'70 y un cañón de 20 mm. agrupados en el morro, con lo que lograba una concentración de fuego a lo bestia. Los tedescos hicieron lo propio con el Me-262, cuyo morro también estaba libre para meter chismes en cantidad. Estos optaron por cuatro cañones Mk-108 de 30 mm. que eran máquinas de picar bombarderos. En este caso, disponía de un selector para disparar solo con dos cañones o con los cuatro y, a pesar de estar en el morro, en los dos aparatos citados también precisaban de una correcta graduación de convergencia. La del Me-262, al ser las cuatro armas del mismo calibre, estaban graduadas entre 450 y 500 metros.

En fin, esta es la curiosidad curiosa. Ojo, que esto de la convergencia no pasó a la historia en dos días. Durante muchos años más fue necesario controlar este aspecto tanto en cuanto aviones de todas las naciones seguían armadas  con baterías colocadas en sitios diferentes. ¿Recuerdan el F-86 Sabre, con sus dos tríos de máquinas en los costados? ¿O el F-5, con sus dos cañones en el morro? Bueno, pues hasta que no se llegó al uso de un único cañón no se acabó el problema. Bastaba con graduarlo conforme al sistema de puntería para que alcanzase el blanco y santas pascuas, aparte de que la artillería aérea ya se usa más bien poco, habiendo tomado el protagonismo los tropocientos tipos de misiles diseñados para destruir tropocientos tipos de objetivos. A la derecha tenemos un cañón rotativo M-61 Vulcan de 20 mm. Con una cadencia teórica de 6.000 dpm, uséase, 100 disparos por segundo, puede volatilizar cualquier cosa sin tener que preocuparse del dichoso ángulo de convergencia. Basta con que el arma y la mira apunten al mismo sitio.

Bueno, la curiosidad curiosa aérea ha concluido. Es hora del aperitivo, de modo que me piro.

Hale, he dicho

CETERVM CENSEO PETRVM SANCHODICI ESSE DELENDAM


miércoles, 15 de julio de 2026

HERÁLDICA EPISCOPAL DE ESPAÑA

 


Dilectos lectores, finalmente he decidido no mezclar churras con merinas, porque una cosa es hablar de probos homicidas y otra de probos meapilas. Por lo tanto, he creado un nuevo blog dedicado a ese tema para los entusiastas de la ciencia del blasón y santas pascuas. Los artículos sobre cuestiones técnicas se publicarán en ambos sitios, pero en el nuevo blog se tratará solo de los armoriales episcopales hispanos. 

En fin, FACTVM EST. Aquí tienen el enlace por si quieren echar un vistazo y dejar su opinión al respecto, porque ahí sí se puede comentar. ¡OJO CON EL PIOJO! Ahí solo se habla de curas. De mezclar lo de aquí con lo de allí, nanay, que más de un alevoso fijo que ya estaba a punto de perpetrar algo. 


https://heraldicaepiscopal.blogspot.com/


Bueno, me piro al patio a regarme un rato.

Hale, he dicho

martes, 7 de julio de 2026

HERÁLDICA ECLESIÁSTICA. ORÍGENES

 

Bien, estimados lectores, demos comienzo a esta nueva temática que, palabrita del Niño Jesús, es más interesante de lo que pueda creer más de un hereje enemigo de Dios. Desde hace casi mil años, la heráldica ha formado parte de la cultura occidental, y por ello es merecedora de estudio. Muchos la tienen como una mera muestra de vanidad, pero la cosa va más allá de lucir blasones en la chimenea del salón para chinchar bonitamente a los cuñados plebeyos. Bueno, vamos al grano que para luego es tarde y jase una caló que te caga🌞🌞.

ANTECEDENTES

El león de León, considerado por algunos como el emblema
heráldico más antiguo de Europa, con lo cual no coincido
en base a lo que leerán en el párrafo siguiente. En todo caso
sí es muy antiguo. Fue adoptado por Alfonso VII, y posiblemente
fuese creado con anterioridad. Así, el león se convirtió en el
escudo del Rey y, por extensión, del reino

Como creo haber explicado, y si no lo he hecho lo hago ahora, la heráldica surgió como una forma de identificarse en combate. En la vorágine de la batalla era bastante recomendable ser reconocido por propios y extraños, por lo que los BELLATORES de la época pintaban en sus escudos cualquier chorrada para que sus colegas no lo escabecharan a hachazos al confundirlo con un enemigo. Aún no podemos hablar de heráldica en sí, sino una forma de ser reconocido que no estaba limitada a la nobleza, sino a cualquiera que portase un escudo lo cual, mira por donde, no estaba al alcance de cualquier miliciano. Un escudo valía un dinerito, y solo los personajes de cierto estatus se lo podían permitir. Por eso, el porcentaje de caídos en batalla era escandalosamente alto entre los peones y tranquilizantemente bajo entre nobles y hombres de armas, uséase, los profesionales de la guerra. Esta decoración podía variar con el tiempo, o añadirle cualquier detalle que conmemorase una hazaña. Si Pero Gómez decoraba su escudo con una franja roja y en un encuentro con los malditos agarenos descabezaba a uno de sus caudillos y volvía victorioso con la testuz del fulano clavada en su lanza, pues añadía a la franja una lanza rematada por una cabeza con turbante, con lo que sus compadres tomaban nota de que Pero había vencido a un almocadén o un arráez enemigo.

Estos motivos decorativos no eran hereditarios. Cada cual ponía lo que le daba la gana y, de hecho, tanto en cuanto no había reglas al respecto, cada cual hacía y deshacía sin tener que dar explicaciones. En cualquier caso, ya tenemos constancia de esta costumbre a mediados del siglo X, concretamente durante los torneos en los que tomaba parte Enrique I de Sajonia, el Pajarero para los amigos, donde se menciona que los participantes ya llevaban vistosas decoraciones en sus escudos, lo cual ayudaba obviamente a que el respetable supiera quién se enfrentaba con quién. En la ilustración de la derecha tenemos una miniatura datada hacia 1530 donde podemos ver a Otón I (912-973), hijo del Pajarero y a cuyos pies aparece su escudo de armas. Finalmente, es entre los siglos XI y XIII cuando la ciencia del blasón toma forma, y esos dibujitos chulos ya no identifican a un individuo en concreto, sino como perteneciente a una familia con un gloriosa genealogía de BELLATORES con muy mala leche y que llevaban generaciones dando estopa y sirviendo al rey. Y ahora viene la pregunta obvia: ¿si lo de poner dibujitos chulos era cosa de BELLATORES, ¿por qué el clero se sumó a esta costumbre si ellos no iban a la guerra? Pues a eso vamos...

NACIMIENTO DE LA HERÁLDICA ECLESIÁSTICA

Fragmento del Tapiz de Bayeux que muestra al piadoso
Odo con su garrote, muy preocupado por dejar el suelo
manchado de sangre de sajones
Bueno, antes de nada debemos recordar que muchos clérigos sí tomaban parte en sanguinolentas movidas. Si dan un repaso a los artículos sobre obispos guerreros verán que no fueron pocos los que tomaron las armas las veces que hizo falta para defender sus tierras o a sus aliados, siendo el ejemplo más antiguo el obispo Odo de Conteville, medio hermano del Duque de Normandía, al que acompañó durante la jornada de Hastings en 1066 armado de un ostentoso garrote. Lo del garrote era para acabar con sus enemigos sin, en teoría, derramar sangre cristiana, aunque colijo que si a uno le reventaba la cabeza y le esparcía los sesos por el campo de batalla no se preocupaba demasiado. De hecho, no solo obispos, sino también papas trocaron la sotana por la armadura y la mitra por el almete cuando se terció. Tenemos el ejemplo de Julio II, que se pasó media vida dando estopa y peleándose con Miguel Ángel porque veía que no iba a ver terminada su fastuoso mausoleo, como así fue. No obstante, justo es reconocer que estos belicosos curas eran la excepción y no la norma, pero tuvieron sus motivos para hacer uso de blasones por una razón bastante simple: eran, además de siervos de Dios, señores temporales que impartían órdenes además de cartas pastorales, y en ambos casos había que dar fe de su autenticidad con el correspondiente sello.

Con todo, no fue hasta mediados del siglo XIII cuando los pontífices empezaron a hacer uso de escudos de armas. Al cabo, en aquella época eran por norma hombres pertenecientes a las más linajudas familias, y hacían uso de las armas de sus aristocráticos clanes. Ya vimos en el artículo anterior el primer blasón pontificio, perteneciente a Inocencio III. En esta ocasión mostramos el de su sucesor, Censio Savelli, que reinó con el nombre de Honorio III. En este caso también vemos el blasón familiar: de gules, dos bandas de oro. En jefe, de plata, una rosa de gules sumada de un pájaro del mismo color y acostada de dos leones, también de gules. Los Savelli eran una familia archi-linajuda que contaba entre sus miembros una lista literalmente kilométrica de clérigos de alto rango, condotieri, militares, senadores y títulos a cascoporro. En resumen, Honorio era, aparte de vicario de Cristo, un monarca absoluto con poder sobre extensos territorios que, además, tenía que usar su inmensa influencia para proteger los intereses de su familia. En sus bulas, sus encíclicas y demás papeleo debía dejar bien claro a sus destinatarios quién era el autor, y de esos documentos tenían que pender vitolas con sellos de cera o lacre con las armas pontificias. 

Está de más decir que los arzobispos, obispos y abades no tardaron mucho en imitar al jefe de Roma. Al cabo, ellos eran la alta nobleza de la Iglesia, y del mismo modo tenían intereses terrenales que debían gobernar. Pocos años más tarde, el alto clero ya se había fabricado sus escudos de armas pero, al igual que los pontificios, bajo unas normas diferentes tanto en la forma de los escudos así como en los ornamentos exteriores, básicamente porque no pertenecían a la milicia y, aunque nobles en su mayoría, en muchos casos combinaban las armas propias con motivos relacionados con su oficio, como devociones, símbolos espirituales, etc
.

Bien, con este breve resumen ya podemos hacernos una idea del cómo y por qué surgió la heráldica clerical, que a lo tonto a lo tonto se ha ido extendiendo hasta nuestros días si bien, curiosamente, hay algún que otro prelado que, a mi entender, prefiere prescindir de blasón y adoptar un logo en plan moderno-guay porque, colijo, pensarán que eso de los escudos de armas está más trasnochado que Drácula y a la gente ya no le mola ese supuesto alarde de clasismo. A la izquierda podemos ver un ejemplo. Se trata del sello de monseñor Gómez Cantero, actual obispo de Almería el cual ha preferido dejar de lado el escudo de armas y optar por una etiqueta similar a la de una marca de galletas veganas. Pero yo afirmo que se equivocan. Si algo mantiene a la Iglesia, guste o no, son sus tradiciones, y cada vez que se han querido "modernizar" les ha salido el tiro por la culata. En fin, ellos sabrán...

Bueno, ya seguiremos, que hay tema para rato

CETERVM CENSEO PETRVM SANCHODICI ESSE DELENDAM 

Hale, he dicho


jueves, 25 de junio de 2026

CON LA IGLESIA HEMOS TOPADO...

 

PAX VOBISCVM, CARISSIMI FRATES


Escudo de armas de Lotario di Segni, que reinó
como Inocencio III entre 1198 y 1216. Es el
primer blasón pontificio del que tenemos noticia

Han transcurrido ya seis meses de este año del Señor de 2026- que por cierto está resultando bastante enojoso- y solo he publicado un artículo. MEA CVLPA. La desidia me supera, la molicie me apabulla, la incuria me domina, pero no puedo permitir que un camino de quince años se quede estancado en la nada sin más. Por lo tanto, y mientras la musa bélica se digna retornar, vamos a ampliar una de las temáticas que ya forman parte de mi repertorio bloguero, y todo gracias a la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Rrrrrrrromana, como decía el genial Salvador Dalí. ¿Qué a santo de qué éste avenate? Pues les cuento...

Llevo unos meses dedicado a la cosa heráldica que, como saben, es una de mis aficiones más acendradas. Sin prisa pero sin pausa, elaboré los armoriales de la Santa Sede, de los camarlengos y los blasones de Sede Vacante. Cuando los concluí acometí una empresa más ambiciosa: los armoriales de las diócesis y archidiócesis españolas. Y mientras iba avanzando y comprobando la información tan cutre y dispersa sobre este tema, decidí, en un arranque de generosidad, donarlos a cada diócesis una vez concluido cada armorial. De ese modo, los aficionados a estos temas, que son más numerosos de lo que puedan imaginar, podrían disponer de información centrada sin tener que pasar horas y horas bicheando en la red, y tenerlo todo a mano sin perder el tiempo.

Escudo de Raimundo de Losana, más conocido
como Don Remondo, segundo arzobispo de Sevilla
tras su reconquista a manos del Santo Monarca en
noviembre de 1248. En esta serie de artículos aprenderán
por qué cada prelado lleva el capelo de un determinado
color, un determinado número de borlas y demás detalles

Bien, he completado ya dos o tres y otros están pendientes de que los señores archivistas se dignen responderme sobre las armas de tal o cual prelado de los que no encuentro información por ninguna parte. Semanas llevo esperando en algunos casos sin que aún se hayan dignado siquiera mandarme al carajo por cansino. Simplemente te ignoran, como suele ser habitual. Colijo que si los llamara para donarles un cortijo responderían enseguida, y si mi consulta fuese para completar una tesis doctoral dirigida por Monseñor Mengano, pues posiblemente también obtendría respuesta. Pero ni pienso donarles un cortijo, y menos aún elaborar ninguna tesis. Solo pretendo poner a su disposición un archivo que cuesta semanas de trabajo, pero eso no parece que les entusiasme. De hecho, de los dos armoriales enviados hasta ahora las respuestas han sido tan lacónicas y breves que, no sé por qué, colijo ni se han molestado en descargar los archivos. Se han limitado a un simple "gracias" entre la salutación y la despedida de rigor. Nada más. Tres breves renglones. Ni un solo comentario, nada... Un poco frustrante, ¿no?

Escudo de la última Sede Vacante tras el
fallecimiento del papa Francisco, siendo
camarlengo el cardenal Kevin Farrell. Ese
sería el blasón de la Santa Sede hasta la
elección del nuevo pontífice

Resumiendo: esta circunstancia me ha llevado a decidir lo que tenía in mente hace ya bastantes días porque, no sé por qué, ya barruntaba que estas donaciones les resultarían más irrelevantes que una legión de chinos haciendo fotos a la Giralda, por lo que la donación me la haré a mí mismo. Por lo tanto, iniciaré una enjundiosa serie sobre heráldica eclesiástica en la que, aparte de mostrar los armoriales citados, se dará cuenta de las normas sobre la elaboración de los blasones clericales con todo lo que conllevan: mobiliario, decoración exterior, lemas y divisas, etc.

Solo me queda por decidir una cosilla, y es volver a permitir los comentarios por si alguien tiene alguna duda o quiere profundizar en un tema concreto, pero eso tengo aún que meditarlo un poco. En fin, en breve tomaré la decisión.

Bueno, dilectos y abnegados lectores, espero que esta nueva etapa sea del agrado de vuecedes mientras que la malvada musa belicosa retorna de una jodida vez.

CVRATE VT VALEATIS, FRATRES

Hale, he dicho

sábado, 18 de abril de 2026

CUMPLELUSTROS FELIZ, CUMPLELUSTROS FELIZ Y ESAS COSAS QUE SE DICEN...

 

Portada original del blog. Ya ha llovido, ha habido sequías, epidemias y sucesos de todo tipo desde entonces... TEMPVS FVGIT


SALVETE, CARISSIMI ET ABNEGATI LECTORES

Como suelo estar en la inopia para el tema de las efemérides, pues hace una semana se me pasó por alto mentar el decimoquinto cumpleaños del blog. Sí, estimados seguidores, quince años. Década y media. Tres lustrosos lustros. El primer artículo estuvo dedicado al castillo de Marvão porque, como ven en la portada primigenia, en aquella época la temática del blog era el patrimonio castellológico del reino vecino. Con el paso del tiempo, dicha temática se fue ampliando y mutando, hasta que finalmente mandé al carajo los castillos del reino vecino, el nombre del blog haciendo referencia al reino vecino, así como todo lo referente al reino vecino. El motivo fue uno de mis iracundos avenates del que ya di cumplida cuenta en su día y que no voy a repetir porque no viene al caso.

En fin, no voy a soltar un auto-panegírico porque, total, no tengo abuela y ya saben que mis niveles de autoestima son estratosféricos, pero sí quería dejar constancia de la efemérides, 2011-2026.

Bueno, ya'tá.

CETERVM CENSEO PETRVM SANCHODICI ESSE DELENDAM

Hale, he dicho