lunes, 15 de abril de 2019

NEGRILLOS. Las improvisaciones: el Panzer Breda


En la imagen vemos un Pzkpfw I Ausf. A con la torreta modificada para acoger un cañón Breda de 20 mm. En un "alarde
de ingenio" fue bautizado de forma oficiosa como Panzer Breda, y de forma oficial de ninguna manera porque el proyecto
acabó en agua de borrajas

Panzer Breda circulando la calle de alguna población posiblemente del
Frente de Madrid
Bueno, dilectos lectores, con esto llegamos a la penúltima entrada de esta breve monografía sobre estos pequeños pero eficientes vehículos que, a lo tonto a lo tonto, eran la columna vertebral de la Panzerwaffe tedesca en los albores de la 2ª Guerra Mundial. Muchos se preguntarán como un ejército cuyas unidades acorazadas se nutrían mayoritariamente de carros ligeros y en las que el Pzkpfw III con su cañón de 37 mm. era lo más potente que había (los efectivos de Pzkpfw IV aún eran muy escasos en aquel momento) pudieron barrer del mapa a ejércitos como el gabacho (Dios maldiga al enano corso) que, al comienzo de la contienda, disponía de más de 3.000 carros de combate con un armamento y un blindaje igual o superior a los modelos más pesados de los alemanes. Pero fueron precisamente las doctrinas de Guderian y la experiencia adquirida en España lo que permitió al ciudadano Adolf hacerse de momento el amo del cotarro y, además de darse el gustazo de fotografiarse delante de la Torre Eiffel, humillar a los gabachos haciéndoles firmar la rendición en el mismo vagón en el que apenas 22 años antes sus paisanos tuvieron que firmar el armisticio en el bosque de Compiègne.

FA-1 soviético. Iba tripulado por dos hombres y con un peso de 2 Tm.
podía alcanzar los 80 km/h por carretera. Estaba armado con una DT mod.
1932 con una dotación de 1.512 cartuchos calibre 7'62x54R
No obstante, los comienzos no fueron fáciles. En las entradas anteriores hemos ido estudiando desde la gestación de estos vehículos acorazados en los años 20 hasta su llegada a España, pero cuando llegó la hora de entrar en combate tuvieron que enfrentarse a la cruda realidad: sus pequeños y simpáticos carros ligeros solo valían, como ya daban por hecho Lutz y Guderian, para que los hombres de la Panzerwaffe aprendieran como manejarlos y a darles el empleo táctico de una fuerza acorazada como Thor manda, pero poco más. Y en cierto modo les vino bien el choque que supuso tanto a los tedescos como a los italianos, cuyos CV-33 eran aún más debiluchos que sus colegas alemanes, porque cuando llegó el momento de hacer frente al material enviado por el padrecito Iósif en ayuda del gobierno republicano, tuvieron que admitir que sus carros ligeros podían ser literalmente aplastados por el enemigo si no se ponían las pilas. Así pues, a continuación veremos cómo pudieron salir adelante los atribulados miembros del Gruppe Drohne y sus aventajados alumnos hispanos no sin antes advertir que el material ruso lo tocaremos solo de pasada en lo que concierne a este tema ya que más adelante tendremos oportunidad de estudiar más a fondo su intervención en el fratricida conflicto ibérico. Empecemos por los antecedentes para ponernos en situación...

El kombrig Krivoshéin (1899-1978)
Del mismo modo que el ciudadano Adolf y el inefable Benito se dieron prisa por enviar material al bando que les caía mejor, el padrecito Iósif hizo lo propio porque, a mi entender, el principal error de la república fue posicionarse ideológicamente. Había mogollón de gente de derechas que eran republicanos convencidos pero, como es obvio, si solo por ser de derechas ya te fusilaban pues estaba claro que tenían que cambiar de bando. Así, los de izquierdas se quedaron con la república y los de derechas con los nacionales, no les quedaba otra ni a unos ni a otros. Por esa misma razón, el padrecito Iósif se debió tomar mucho interés en apoyar al gobierno republicano ya que, como comentamos en una entrada anterior, si ganaban la guerra tendrían un valioso aliado, cuando no gobierno títere, dominando el sur de Europa y el paso hacia el Mediterráneo. Así pues, el 12 de octubre de 1936, prácticamente al mismo tiempo que sus enemigos, arribó al puerto de Cartagena el primer envío de material procedente de la URSS y que, entre otras cosas, traía consigo lo que más falta hacía: 50 carros ligeros T-26 B, 25 autoametralladoras cañón BA-6 y 6 autoametralladoras FA-1, todo ello al mando del coronel (según otras fuentes kombrig, abreviatura de comandante de brigada) Semión Moiséievich Krivoshéin. Conviene aclarar que las cifras varían un poco según las fuentes a consultar pero, en cualquier caso, ya vemos que el padrecito Iósif no se cortó un pelo, y que solo con esos dos primeros envíos ya superaba holgadamente lo que los tedescos habían entregado a los nacionales tanto en cantidad como en calidad. Debemos de tener en cuenta que el FA-1 era un vehículo era un vehículo de prestaciones inferiores al Pzkpfw I tanto en blindaje como en armamento, pero los BA-6 y los T-26 los superaban con creces.

Aspecto de un cañón 1932 de 45 mm. desmontado. En la foto
superior lo vemos sin la ametralladora. En las dos inferiores
podemos apreciar el visor de puntería y la recámara tanto
cerrada como abierta.
Ambos estaban equipados con la misma torreta, armada con un cañón modelo 1392 de 45 mm. que podía atravesar la coraza de un carro alemán y, por supuesto, la de un CV-33 italiano como si fueran de plastilina. Además, disponía de una ametralladora coaxial Degtyarev DT (lo de DT es por Degtyaryova Tankovy, o sea, Degtyarev para tanque) de calibre 7'62x54R alimentada por cargadores de plato de 47 o 60 cartuchos. El blindaje de los T-26 era similar al de sus enemigos alemanes, 15 mm. de chapa de acero, pero como es lógico el cañón de 45 mm. podía ofenderlos a una distancia mucho mayor. Junto al coronel Krivoshéin llegó también un contingente de 51 instructores similares a los del Gruppe Drohne con la obvia misión de adiestrar a los bisoños españoles en el manejo de aquellos trastos lo que, además, no era moco de pavo porque del mismo modo que las tropas nacionales eran más profesionales y por ende más habituadas al manejo de las armas, en el caso de la república las cosas pintaban peor. El ejército peninsular, nutrido de quintos que se limitaban a hacer la mili y largarse a casa y, a partir del estallido de la guerra, de milicianos que lo más que sabían era manejar la escopeta del abuelo, no eran precisamente el personal más adecuado para convertirlos en máquinah de matá. Pero de todos estos entresijos ya hablaremos detenidamente cuando llegue el momento, así que por ahora bástenos saber que tanto tedescos como italianos se quedaron un poco preocupados tras el primer intercambio de opiniones entre el material ruso y ellos, el cual tuvo lugar en Seseña a finales de octubre.

BA-6. Además del cañón estaba armado con dos ametralladoras DT-1932.
Con un peso de 5.200 kilos, estaba tripulado por tres hombres
Inicialmente, se intentó contrarrestar la potencia de fuego de los T-26 usando munición perforante SmKH en las Dreyse de los Pzkpfw I, pero solo eran efectivas hasta un alcance máximo de entre 120-150 metros dependiendo del ángulo de la superficie impactada, por lo que a las tripulaciones republicanas les bastó mantenerse alejados de sus enemigos para chulearlos bonitamente. De hecho, el cañón de 45 mm. era efectivo a distancias de hasta un kilómetro, lo que obligó a las tropas nacionales a enfrentarse a los republicanos agregando a las compañías de carros cañones PaK 36 de 37 mm. como armas de apoyo a razón de cinco piezas por compañía. De ese modo al menos evitaban que los T-26 jugaran al pim-pam-pum con los vulnerables vehículos blindados del ejército nacional, tanto de procedencia alemana como italiana. Ante semejante perspectiva, a principios de diciembre de 1936 Von Thoma requirió a Berlín que se enviaran vehículos armados con el cañón KwK 30 de 20 mm. ya en uso en los PzKpfw II. Más aún, parece ser que los tedescos intentaron instalar un cañón Solothurn de 20 mm. en un Pzkpfw I A, pero el invento no dio el resultado apetecido. 

Tuvo que ser la inventiva hispana la que llevó a cabo una modificación verdaderamente viable muy a pesar de Von Thoma, que era en todo momento el que quería llevar la voz cantante. Imagino que en su soberbia teutónica daba por sentado que los españoles éramos poco más que cromagnones peleándonos a pedradas y estacazos, y que solo la incomparable y proverbial eficacia germana nos sacaría las castañas del fuego. 

General García Pallasar (1877-1960)
En agosto de 1937, cuando las bajas producidas entre los carros rusos se debían en su mayoría a las botellas de gasofa que, en un alarde de testiculina, les arrojaban las tropas nacionales, el mandamás de la Jefatura General de la Artillería, el general Joaquín García Pallasar, envió una carta a la 4ª Sección de Estado Mayor de Franco dando cuenta de la necesidad de solicitar al Panzer Gruppe Imker un Negrillo que debía ser enviado al teniente coronel Ayuela en Bilbao, donde estudiaría la posibilidad de adaptarle un cañón de 20 mm. Los candidatos eran los cañones antiaéreos Breda modelo 1935 italiano y el Flak 30 alemán. Ambas armas, con prestaciones similares, podían perforar sin problemas la coraza de un T-26 a distancias de hasta unos 250 metros que, aunque no igualaban ni de lejos a los poderosos cañones de 45 mm. rusos, al menos permitirían a los carros nacionales disponer de un medio capaz de dejar fuera de combate a los enemigos sin tener poco menos que dispararles a bocajarro los proyectiles perforantes de las Dreyse. Finalmente, de las dos opciones barajadas se optó por el cañón italiano por resultar más fácil de manejar y tener un diseño más simple que su colega tedesco, lo que se traduciría en un mantenimiento menos complejo y una notable reducción de posibles averías. 

Prototipo del CV-33 con el Breda instalado en el lugar de las ametralladoras
Previamente, Pallasar había solicitado a los italianos que intentaran efectuar una conversión similar, adaptando un Breda en un CV-33. El prototipo resultante convenció de momento a los mandamases del ejército nacional, así que se encargaron 40 unidades. Sin embargo, finalmente se decidió quedar a la espera de los resultados del prototipo obtenido de la fusión de un PzKpfw I Ausf. A con el Breda, para lo que hubo que llevar a cabo notables cambios en la torreta del vehículo. En primer lugar fue necesario, como ya podemos imaginar, sustituir el escudo original por otro de mayor tamaño capaz de sustentar la pieza, que tenía 130 cm. de largo. El escudo en cuestión, que se fijaba a la torreta mediante tornillos, tenía incluso juntas tóricas para ofrecer protección antigás a la tripulación si bien era un detalle bastante superfluo tanto en cuando no se habían usado nunca armas químicas en la contienda y, por otro lado, todos los vehículos en liza tenían mogollón de rendijas por donde colarse la porquería esa. 

Vista comparativa entre el PzKpfw I y el CV-33 con el cañón Breda montado. Salta a la vista que hasta la posibilidad de
regulación del ángulo vertical era mínima en el prototipo italiano

Un Breda en su afuste original. El ciudadano de la derecha
sostiene un peine completo de munición que nos permite
hacernos una idea de sus dimensiones
El cambio más notable consistió en la elevación de la altura de la torreta para permitir darle al cañón el ángulo vertical necesario, por lo que hubo que cortar el techo de la misma y añadirle una estructura superior cerrada a la que se añadía la escotilla original. La alimentación del arma se llevaba a cabo mediante peines de 12 cartuchos y, como dato curioso, el mecanismo del Breda hacía que la vaina servida no saliera expulsada, como es habitual, sino que era vuelta a colocar en el peine, por lo que se evitaba ver el espacio interior del carro, de por sí bastante reducido, lleno de vainas rodando por todas partes que podían incluso interferir en la conducción del vehículo o producir daños en la transmisión. Para efectuar la puntería no se previó la instalación de ningún tipo de visor, sino que se llevaría a cabo con los elementos de puntería instalados en el arma para lo cual hubo que abrir en el escudo una pequeña abertura por donde el comandante/tirador podía apuntar al enemigo. Esta chorrada de la ventanita de puntería trajo cola, como iremos viendo más adelante.

Marcada con la flecha, el odioso agujerito que tanto preocupaba a Von
Thoma. Tras él carro vemos un T-26 capturado
A finales del septiembre de 1937 los dos vehículos estaban listos para efectuar las pruebas, liándose a tiros con dos camiones que actuaron como blancos. Desde el primer momento quedó claro que el Panzer I era la opción preferible por su torreta giratoria que, como es lógico, le daba más facilidad para buscar, apuntar y disparar al enemigo mientras que el CV-33, con el cañón instalado en una casamata fija, había que hacerlo girar entero para apuntar. Si a ese inconveniente añadimos que el blanco estuviese en movimiento, era casi imposible acertar salvo que el conductor fuese un genio capaz de ir girando lentamente su carro para no perder la cara al enemigo. En resumen, las pruebas fueron bastante satisfactorias en lo tocante al prototipo basado en el alemán, de modo que las 40 unidades de CV-33 en espera fueron definitivamente anuladas y se ordenó que se enviaran tres unidades más del PzKpfw I Ausf. A a la Fábrica de Armas de Sevilla para ser modificados con la perspectiva de completar de momento hasta nueve unidades con la idea de dotar con un Panzer Breda a cada sección del batallón.

Panzer Breda que, por lo que parece vislumbrarse en su distintivo,
pertenece a la 5ª compañía
El 1 de octubre, las cuatro unidades disponibles, el prototipo y las tres recién terminadas en Sevilla, fueron enviadas al Batallón de Carros de Combate, donde permanecieron hasta el 1 de mayo de 1938, siendo reasignados a la Bandera de Carros de Combate de la Legión. Esta unidad estaba formada por dos Grupos de tres compañías cada uno, numeradas del 1 al 3 y del 4 al 6 respectivamente. Parece ser que los Panzer Breda fueron destinados a las compañías 1ª, 2ª(según las fuentes pudo ser la 5ª), 3ª y 4ª. Pero mientras empezaba la misteriosa vida operativa de estos vehículos, porque la cuestión es que no se sabe gran cosa acerca de la misma ni de sus resultados en combate, el 6 de enero de 1938 el general Pallasar había ordenado al teniente coronel José Pujales Carrasco, jefe de la Agrupación de Carros de la Legión, que entregara seis  PzKpfw I más para su reconversión, pero Von Thoma se cabreó y envió un informe al Cuartel General de Franco manifestando su disconformidad con el proyecto en base a algo tan chorra como que la mínima ventana de puntería, carente de protección, dejaba vendido al ocupante de la torreta ya que una bala enemiga podría entrar por la misma.

Panzer Breda del 1er. Batallón. Obsérvese el T-26 del fondo a la izquierda,
uno de los muchos capturados al ejército republicano
Para colmo, incluso afirmó que las tripulaciones de los Panzer Breda se negaban a usar los vehículos, a los que según él apodaron con el siniestro y a la vez ridículo mote de "coches de la muerte" porque daban por sentado que los malvados enemigos se percatarían de la puñetera ventanita y dejarían seco de un certero balazo al comandante del carro. A todo ello, y ahí sí podía tener algo de razón, añadió que no había vehículos disponibles para andarse con más experimentos ya que, al cabo, sus enfrentamientos con los carros rusos habían mermado las existencias a pesar de que, en realidad, la proporción de bajas entre ambos bandos favorecía con gran diferencia a los nacionales ya que estos supieron dar un uso táctico más inteligente a sus carros que los republicanos muy a pesar de los instructores rusos que, todo hay que decirlo, se pringaron a base de bien. Pero bueno, de eso ya hemos dicho que hablaremos en mejor ocasión, así que nos limitaremos al hecho de que Von Thoma se salió con la suya y la orden de Pallasar fue inmediatamente cancelada para mayor cabreo de este, que como está mandado protestó con la debida energía hispánica cuando se nos lleva la contraria.

Panzer Breda de la 3ª compañía. La letra E negra que aparece en el rombo
significa según algunos autores "especial", aunque no hay certeza al respecto
Como hemos visto en la foto anterior, el orificio de puntería era tan pequeño que solo un disparo muy afortunado podría acertar y colarse dentro del vehículo, por lo que Pallasar sugirió si era una postura inteligente limitar la producción del único medio con el que podía hacer frente a los carros rusos ante la ínfima posibilidad de que alguien acertara en el agujerito, el cual podría proveerse de un cierre que se abriría en el instante de apuntar y disparar, lo que supondrían escasos segundos, o incluso de un cristal blindado. Según sus propias palabras en un informe enviado a Franco, afirmaba que "...en nuestra opinión, esta dificultad debe ser sometida a la decisión de Su Excelencia lo que es mejor: privarnos del recurso de combatir a los carros enemigos con otros capaces de destruirlos o dejar que los soldados del coronel Von Thoma corran el riesgo de morir dentro de los carros porque un disparo de fusil se introduce a través de una pequeña ventana que, por otro lado, puede y debe mantenerse cerrada hasta el momento de apuntar".

Compañía de Negrillos con su Panzer Breda
Al parecer, Von Thoma se la tuvo que enfundar de momento porque Pallasar tenía más razón que un santo, así que se encargó a Alemania una partida de cristal antibalas por la suculenta cifra de 4.831 Reichsmaks y 8 pfennigs, un verdadero pastizal que, para hacernos una idea, podemos comparar con las 333 pesetas con 33 céntimos que cobraba al mes un alférez provisional por tener una muerte heroica a las dos semanas de salir de la Academia de Ávila. Pero Von Thoma no paraba de dar la murga sacando más y más pegas sin que en realidad se sepa actualmente cuáles fueron los motivos para ello cuando, según vimos al principio, él mismo informó en su momento a Berlín de que, ante la llegada del material ruso, era de vital importancia equipar a los carros con un cañón de 20 mm. y, de hecho, hasta se probó con el Solothurn. Puede que fuera por mera cabezonería y/o soberbia (aunque aliados, los tedescos siempre miraron a los militares españoles por encima del hombro), puede que intentase forzar al gobierno de Franco a adquirir más unidades de PzKpfw I, o puede que incluso del II o, simplemente, puede que en su cuadriculada mentalidad germánica no cupiese la idea de que el escudo de una torreta pudiese tener un agujerito aunque fuera del tamaño de una mosca. 

Carristas italianos del CTV muy contentitos ante un T-26 capturado y, en
apariencia, en perfecto estado. Quizás sufrió una avería y fue abandonado
por sus tripulantes o fue alcanzado en algún punto que logró inmovilizarlo.
En todo caso, lo más probable es que pasase a engrosar la fuerza acorazada
del bando nacional una vez puesto a punto
Pero, por otro lado, y esto sí influyó en el Cuartel General, las tropas nacionales habían ido capturando bastantes cantidades de material ruso, especialmente T-26, BA-3 y BA-6 que, naturalmente, pasaron a nutrir sus filas. Algunos, en perfecto estado, fueron repintados sin más y destinados a unidades acorazadas. Otros fueron puestos en orden de combate canibalizando piezas de los que estaban más deteriorados, pero la cosa es que en 1938 la fuerza acorazada nacional disponía de un buen número de carros con los que combatir de igual a igual, y nunca mejor dicho, a los enemigos. Así pues, y sin más historias, el Panzer Breda no pasó de las cuatro unidades iniciales que, no obstante, fueron una buena muestra de como con una mera improvisación se podía haber salido del brete y reciclar carros muy inferiores en otros con una capacidad ofensiva superior. La última noticia que hay de ellos data de finales de 1938, concretamente en una nota fechada el 11 de noviembre en la que se solicitaban dos cañones Breda para sustituir los deteriorados en dos Negrillos, especificando no obstante que ambos vehículos estaban en perfecto estado. La respuesta fue que no había Bredas disponibles, por lo que debían ser enviados al Arsenal de Artillería de Zaragoza para su revisión. Desgraciadamente, no se conserva ningún Panzer Breda, y ni siquiera se sabe qué fue de ellos, así que solo nos quedan los testimonios gráficos del mismo como prueba de la inventiva española.

En fin, s'acabó por hoy

Hale, he dicho

Monografía completa pinchando exactamente aquí: AQUÍ

Panzer Breda en el que podemos apreciar su esquema de camuflaje con el perfilado sin difuminar. Este vehículo debía
estar recién incorporado al frente ya que carece de distintivos y, además, muestra todo el equipo que se instalaba en los
guardabarros completo. La foto nos deja ver las proporciones del escudo del cañón, muy pronunciado para permitir
alcanzar el mayor ángulo vertical posible. Obsérvese el grueso cordón de soldadura que une la torreta original con el
añadido posterior, así como la tapa de la escotilla entreabierta

jueves, 11 de abril de 2019

NEGRILLOS. Su misteriosa llegada a España


Panzerbefehlswagen I Ausf. B rodeado por varios instructores tedescos. Al fondo aparecen los carristas españoles que
debían recibir adiestramiento del personal alemán

Tropas de Regulares embarcando en un Ju-52 para ser trasladados desde
el aeródromo de Sania Rahel, en Tetuán, al de Tablada, en Sevilla. El primer
puente aéreo de la historia comenzó el 20 de julio de 1936
Siempre he estado convencido de que los motivos que impulsaron al ciudadano Adolf a ayudar a los nacionales estuvieron encaminados más bien para usar España como campo de pruebas real de las nuevas Wehrmacht y Luftwaffe, donde podrían testar a fondo tanto su maquinaria bélica como el adiestramiento del personal. De hecho, el padrecito Iósif fue mucho más generoso a la hora de enviar material a la república, aunque en este caso colijo que su intención era convertir España en un satélite como luego pasó con los países que quedaron bajo la órbita soviética tras la 2ª Guerra Mundial. El inefable Benito fue quizás el que se portó de forma más altruista, enviando material en abundancia así como tropas, el famoso CTV que, aunque militarmente hablando no eran precisamente tropas de élite y los republicanos les dieron las del tigre en Guadalajara, al menos se pringó mucho más y sus aviones, tanto cazas como bombarderos, dieron cantidad de estopa. Pero bueno, no vamos a entrar en asacar los motivos por los que los tres dictadores se metieron de por medio porque sobre ese tema se han publicado tropociendos mil libros, cada cual con su teoría, y lo cierto es que en realidad nadie ha podido afirmar nada de forma contundente.

Schneider CA-1 en Marruecos. Se compraron seis unidades para equipar a la
artillería de asalto, y fue el primer vehículo blindado del ejército español.
En la época de su adquisición, 1917, ya era un vehículo obsoleto
Así pues, en lo que a mí respecta tengo claro que el campo de batalla en que se había convertido España era una oportunidad espléndida para comprobar si las teorías urdidas por los tedescos durante los años 20 y principios de los 30 eran tan eficaces como afirmaban sus promotores, y que las tácticas de la Gran Guerra estaban ya más anticuadas que los balcones de palo. Por otro lado, los dos bandos en liza estaban vírgenes, por así decirlo, en lo referente al empleo táctico del carro de combate. La neutralidad española durante la Gran Guerra no obligó al ejército a ponerse al día en el uso de las nuevas armas, y nuestros enemigos seguían siendo los rifeños contra los que los Schneider y los pocos FT-17 que se adquirieron a Francia en 1921 no servían de gran cosa. A eso, añadir algunos camiones blindados "customizados" que quedaron prácticamente todos en manos de la república cuando se llevó a cabo el golpe militar, por lo que la fuerza acorazada hispana era, más que de risa, de carcajada. Con todo, debemos tener en cuenta que, grosso modo y salvo contadas excepciones, la guerra en África era a la antigua usanza, casi una guerra de guerrillas en la que las grandes masas de tropas carecían de sentido y donde primaban más los cojones que las máquinas modernas. Por todo ello, el conflicto civil español era una perita en dulce para corroborar que la doctrina impulsada por Guderian era acertada, y que el empleo táctico del carro de combate supeditado a la infantería era una chorrada. En resumen, era el sitio ideal para reproducir a pequeña escala, como si de unas maniobras se tratase, la futura Blitzkrieg que dejó a todo el mundo pasmado a partir del 1 de septiembre de 1939.

Mapa de España tras el golpe militar. Como se puede ver, la práctica
totalidad de los puertos de mar y todas las zonas industriales del país
habían quedado en manos del gobierno, así como las grandes capitales
excepto Sevilla y Zaragoza
Considero que buena prueba de que la intención del ciudadano Adolf era testar su maquinaria bélica fue el secretismo que envolvió el envío de los primeros Negrillos a la España nacional, de forma que absolutamente nadie supiera una palabra ni de sus efectivos,  intenciones o planes, y solo los que estaban en el ajo fueron los que tuvieron conocimiento de primera mano sobre lo que se cocería en los primeros meses de guerra tras la llegada de la primera remesa de material. Es como si se quisiera dar la impresión de que el gobierno tedesco no tenía nada que ver con el suministro de aquel material, y que su empleo táctico y el adiestramiento necesario para ello había sido cosa de los militares españoles con la ayuda de personal civil extranjero contratado para ello. En fin, en esta nueva entrada trataremos precisamente de cómo se gestaron los envíos y de cómo se ocultó en todo momento la presencia de instructores alemanes, hechos estos que si hubiesen sucedido en los Estados Juntitos ya le habrían hecho alguna película. Y sin más prolegómenos, vamos al grano...

El Director, verdadero artífice del golpe militar
Desde el mismo comienzo del conflicto quedó claro que lo que "El Director", nombre en clave del general Mola y cerebro del golpe, consideraba que sería cuestión de horas o de pocos días a lo sumo se había convertido en una guerra como Dios manda. Una guerra que prometía ser larga y costosa porque el golpe no triunfó de forma generalizada y la mayor parte de las capitales se mantuvieron fieles al gobierno republicano. Los sublevados tenían a su favor contar con las mejores tropas del ejército español: la Legión y los Regulares, soldados profesionales fogueados y combativos que llevaban la torta de años batiéndose el cobre en Marruecos, pero la república se había quedado con la mayor parte del material, la aviación, la armada y la mayoría de las fábricas de armamento y munición. Así pues, solo con ayuda de potencias extranjeras en forma de armas y material podrían derrotar a un ejército que, aunque nutrido en gran parte por milicias políticas y con una organización jerárquica bastante deficiente, estaban muy motivados a nivel ideológico, contaban con el apoyo inicial de Francia y, durante todo el conflicto, del padrecito Iósif, que envió cantidades verdaderamente importantes de todo tipo de armas, aviones y, por supuesto, instructores y comisarios políticos para hacerse los amos del cotarro para, caso de ganar la guerra, convertir a España en una república bolchevique situada en una posición geoestratégica de primerísima clase.

Fachada del palacio de los Golfines de Arriba. La flecha
señala una placa conmemorativa que se colocó posteriormente
y en la que se indica que fue sede del Cuartel General
de Franco
Bien, así estaban las cosas cuando a primeros de septiembre de 1936, o sea, apenas mes y medio después de empezar la fiesta, tuvo lugar una reunión en Cáceres, concretamente en el palacio de los Golfines de Arriba, que acabaría siendo trascendental para el devenir de la guerra. En dicho palacio se había instalado la primera sede del Cuartel General de Franco justo un mes antes, y si la guerra civil había podido continuar había sido gracias a los aviones de transporte facilitados por el ciudadano Adolf, que permitieron crear el primer puente aéreo de la historia y trasladar miles de hombres y toneladas de material del ejército de África a la Península. O sea, que el futuro Generalísimo (no lo fue hasta varios días después) se puso la mar de contentito cuando recibió en el palacio en cuestión de forma sumamente discreta a tres personajes que venían a concretar las condiciones en que se seguiría desarrollando la ayuda de sus respectivos países a la causa nacional. 

De izquierda a derecha, Warlimont, Roatta y Bernhardt
Se trataba del general italiano Mario Roatta, jefe de los servicios secretos del ejército italiano y primer comandante del CTV, el teniente coronel alemán Walter Warlimont, miembro del Abwher, la inteligencia alemana dirigida por el almirante Canaris hasta que este acabó colgado de un gancho con una cuerda de piano en Flossenbürg por su implicación en el atentado del 20 de julio de 1944 contra el ciudadano Adolf y, finalmente, un misterioso personaje llamado Johannes Bernhardt, un próspero hombre de negocios afiliado al partido nazi desde 1933 y establecido en Tetuán, donde se dedicaba temas de importaciones. Al parecer, Bernhardt fue el que supo convencer al ciudadano Adolf de que había que ayudar a los militares sublevados si no quería ver a España en manos de los comunistas con la ayuda de los masones y los judíos, o sea, la famosa "conspiración judeo-masónica" con la que el régimen franquista estuvo culpando de todos los males del mundo durante 40 años. Tras el golpe estuvo al frente de la  Hispano-Marokkanische Transport-Aktiengesellschaft, la Sociedad Hispano-Marroquí de Transportes más conocida por el acrónimo HISMA, una empresa fantasma creada para la importación de material de guerra a la España nacional bajo el paraguas de una sociedad civil que, como es lógico, no tenía oficialmente relación alguna con el gobierno alemán. Este Bernhardt era el típico personaje novelesco de aquella época que se movía en los ambientes más selectos vestido de forma impecable, que tenía más relaciones y contactos que un empresario de la construcción y que, además, mantenía una estrecha relación de amistad con Franco.

Von Thoma ya en plena guerra mundial, cuando
había sido ascendido a general
Tras esta reunión, Warlimont envió a Berlín un detallado informe acerca de la necesidad de facilitar al ejército nacional armas anti-carro, de las que estaban más escasos que un político de decencia, vehículos de diversos tipos y, por supuesto, carros de combate. El ciudadano Adolf tardó apenas 15 días en tomar una decisión que, además, cubría e incluso sobrepasaba las peticiones de Warlimont. Así pues, se decidió formar un grupo acorazado dependiente del Heer (el ejército. Hasta aquel momento el protagonismo de la ayuda alemana recaía en la Luftwaffe), y se ordenó al teniente coronel Wilhelm, ritter von Thoma que se presentase voluntario para hacerse cargo de dicho grupo, que recibiría el nombre en clave de Panzer Gruppe Dhrone, aunque de forma oficiosa todo el mundo lo conoció por el nombre de su comandante. Por cierto que, aunque en las fuentes que tratan este tema traducen Dhrone como "zumbido", colijo que en realidad debían referirse a "zángano", término que, de hecho, es la primera acepción que aparece en los diccionarios y que casa más con la designación del Grupo Terrestre de la Legión Cóndor: Imker (apicultor). En cualquier caso, von Thoma, que en aquel momento era el comandante del 2º batallón de 4º Panzer-regiment, era un denodado defensor de las teorías de Guderian, así que era el hombre ideal para poner en práctica los principios tácticos de la nueva guerra acorazada. Y para impedir que en caso de caer prisionero se le pudiera relacionar de algún modo con el ejército o el gobierno alemán, fue dado de baja en la Wehrmacht para pasar a convertirse en "oficial en destino especial", así que su presencia en España sería como si de un civil se tratara. 

Tedescos aburriéndose como galápagos en la cubierta del Girgenti. La
travesía duró una semana
El día 20 de septiembre se reunió a todos los miembros del 4º Panzer-regiment para pedir voluntarios para una operación secreta y de gran importancia si bien no se especificó dónde sería. Solo se añadió que existía la posibilidad de ser heridos, capturados o muertos, así que no habría que ser un portento para imaginar de qué sitio se trataba. Sea como fuere, la cuestión es que no se reveló el destino que tendrían los voluntarios. No se aceptaron soldados rasos, sino a partir del grado de cabo y, al igual que en el caso de von Thoma, los que finalmente se apuntaron a la fiesta fueron también dados de baja en el ejército para no comprometer al gobierno del ciudadano Adolf si caían en manos de los milicianos de la república o palmaban en tierra de nadie y les encontraban la chapa de identificación. 


Tarjeta militar de "Guillermo" von Thoma. Nada más llegar
a España fue ascendido a coronel, mientras que los cabos de
su grupo fueron habilitados a sargentos para tener más
autoridad sobre sus futuros alumnos españoles
En resumidas cuentas, desde aquel momento dejaban de existir como miembros de la Wehrmacht e incluso se les proporcionó documentación y pasaportes falsos. El primer contingente lo formaron un total de 267 hombres entre oficiales, suboficiales y clases que fueron trasladados al puerto de Stettin (actualmente Szczecin ya que al término de la 2ª Guerra Mundial pasó a manos de Polonia), donde recibieron ropa de paisano y 200 marcos para gastos. Junto al material, que iba cuidadosamente embalado, embarcaron en los buques mercantes "Passages" y "Girgenti" el 30 de septiembre. La intención era hacerlos pasar por turistas, pero no habría que ser un sagaz espía para percatarse de que una repentina horda de 267 tedescos, todos varones y con porte marcial, no casaban mucho en la achicharrante Sevilla estival en pleno golpe de estado, con un ambiente un tanto opresivo en las retaguardias de ambos bandos a la caza, captura y fusilamiento sumario de los desafectos y, concretamente en la capital hispalense, con el personal pendiente de las agresivas pero, al mismo tiempo, sumamente eficaces charlas radiofónicas de Queipo de Llano, que era bastante lenguaraz si bien hay que reconocerle que fue el inventor de la guerra psicológica moderna desde el micrófono de Unión Radio Sevilla, poniendo a caldo al enemigo con su voz astillada y delatando los lunares que las señoras de los mandos republicanos tenían en sus zonas más íntimas.

Llegada del material a la estación de Aldea del Cano, población situada a
unos 7 km. al sur de Las Arguijuelas. Obsérvese la parte trasera de un
Panzer I asomando de su embalaje
El 7 de octubre arribaron en el puerto de Sevilla, donde se descargó el material que, para no delatar su naturaleza, iba todo embalado en enormes cajas de madera incluyendo los 38 PzKpfw I Ausf. A de la primera remesa, de los que uno de ellos era un ohne Aufbau para entrenar pilotos, y tres Panzerbefehlswagen I Ausf. B. A ello había que sumarle varios camiones, camiones taller, motocicletas, municiones en cantidad, repuestos y, casi tan importante como los carros de combate, 20 cañones anticarro Pak 35/36 de 37 mm., un arma que por aquel entonces era extremadamente eficaz contra los blindajes con que se dotaban a los vehículos acorazados de la época. Por cierto que, para los que no lo sepan, Pak es el acrónimo de Panzerabwehrkanone, uséase, cañón anticarro. Desde Sevilla fueron embarcados en ferrocarril hasta su punto de destino, la base de Las Arguijuelas, en la provincia de Cáceres y a unos 15 km. al sur de la ciudad. Las Arguijuelas es una vasta finca que por aquel entonces era propiedad de Don Ramón Jordán de Urríes y de Ulloa, XVIII vizconde de Roda. En su interior y a escasa distancia de la N-630, la famosa Vía de la Plata, se yerguen dos castillos situados a apenas 350 metros uno del otro y denominados de Arguijuelas de Arriba y de Arguijuelas de Abajo.


En la ortofoto podemos ver la posición de ambos edificios, y en los detalles de la izquierda su aspecto actual, que prácticamente no ha variado en mucho tiempo por haber permanecido habitados. El de Arguijuelas de Arriba, como vemos en la imagen, ha sido profanado y convertido en una vil fonda para celebraciones y bodorrios de catetos cursis. Además, al parecer los actuales propietarios, todos con relación de parentesco entre ellos, andaban no hace mucho de pleitos para perpetrar aún más felonías y mutar añejas fortalezas en ventas carreteriles. Bueno, cuestiones actuales aparte, este fue el lugar donde se estableció el Panzer Gruppe Drohne al mando de von Thoma que, con los efectivos disponibles, estaba formado por una plana mayor, dos compañías con 16 carros más tres secciones con 5 carros cada una. Los Panzerbefehlswagen se distribuyeron asignando uno a cada compañía y el otro como carro de mando del batallón, y a todo eso se añadió una compañía de transporte y otra de mecánica. Los siete Panzer I restantes quedaron como reserva para cubrir posibles bajas una vez que entraran en combate. Una vez organizada la base, ni un solo miembro de la unidad fue enviado al frente, sino que debieron permanecer en Las Arguijuelas a la espera de la llegada de las tropas españolas que debían ser adiestradas por los recién llegados.

Tienda de campaña para la tropa. Tras la misma se ven las torres de uno de
los castillos. 
A pesar de que la presencia de los tedescos no debió pasar ni mucho menos desapercibida tanto por el traslado del material desde la estación de ferrocarril desde Aldea del Cano a la base como su situación casi a pie de carretera de la misma, la cosa es que el Franco puso especial énfasis en que nadie debía saber qué se cocía en Las Aguijuelas, y menos aún quiénes eran aquellos tipos que hablaban rarísimo y que no tenían pinta de españoles bajitos y morenos. Nadie podía acceder al interior de la base sin el permiso correspondiente, tuviera el rango que tuviera y ya fuese civil o militar. La primera bronca se la llevó el gobernador civil de Cáceres, que invitó a tres periodistas portugueses a visitar la base. Recordemos que en aquella época la dictadura salazarista era una valiosa aliada de la causa nacional, así que el gobernador consideró oportuno dar a conocer la generosa ayuda que el ciudadano Adolf les estaba prestando. 


El ohne Aufbau tripulado por un piloto español en Las
Arguijuelas. A su derecha está el instructor alemán, y tras él
otros dos aspirantes a conductores de carros. Este vehículo
se mostró como una excelente herramienta de aprendizaje
Está de más decir que los periodistas no pasaron de la puerta, y que el mismísimo Franco advirtió al gobernador civil que ni se le ocurriera volver a facilitar a nadie el acceso a un recinto militar en el que no solo no tenía autoridad, sino que además contenía material que debía mantenerse en secreto. Intuyo que el chismoso del gobernador debió coserse la boca con alambre porque, al decir de todos los que lo trataron, a pesar de su escasa estatura y su voz atiplada Franco era de los que te clavaban la mirada y te subían los testículos a la garganta a una velocidad meteórica. En cuanto a los tedescos, se evitó que tuvieran contacto con la población civil. Para ello se dispuso en uno de los castillos una cantina en la que pasar el rato o los días libres y donde podían oír la radio con emisoras alemanas e incluso se les proveía de bebidas traídas de su país exclusivamente para ellos. En fin, que no vivían mal del todo. 


En el mes de noviembre siguiente se hizo cargo del Gruppe Imker el teniente coronel Hans, freiherr von Funck (foto de la derecha), que llegó acompañado por un nuevo envío de material formado por 28 Pak 35/36, 37 instructores y 21 PzKpfw I Ausf. B, el nuevo modelo que, por así decirlo, venía calentito y recién salido de fábrica ya que, como se comentó en la entrada anterior, hacía apenas un año que se habían empezado a distribuir las primeras unidades en el ejército alemán. Este material arribó en Sevilla a bordo del mercante "Urania" el 25 de aquel mismo mes, y fue rápidamente enviado a la base de Las Arguijuelas para terminar de formar una tercera compañía. El 1 de octubre de 1937 se formó el que sería el Batallón de Carros de Combate al mando del comandante José Pujales Carrasco con personal del Regimiento de Infantería Argel Nº 37, siendo enviados a Cubas de la Sagra, cerca del Frente de Madrid, donde lógicamente eran más necesarios una vez que los tripulantes fueron debidamente adiestrados por los instructores de von Thoma. 


Un tedesco del Gruppe Thoma en plena sesión de adiestramiento. Junto al
instructor aparece un oficial español que quizás actuase además como
intérprete
La misión de la base de Las Arguijuelas empezó a finalizar en los primeros meses de 1937, quedando reducida a un mero depósito de material con un destacamento para su custodia. Los primeros 72 carros enviados con el Panzer Gruppe Drohne fueron el germen de la fuerza acorazada nacional y, aunque combatieron en manifiesta inferioridad con los T-26 y los BA-6 enviados por el padrecito Iósif al gobierno republicano, se batieron el cobre a base de bien. Tras los dos primeros envíos fueron recibidas cuatro remesas más a través de la HISMA. En agosto de 1937 habían llegado al puerto de Vigo 18 PzKpfw I Ausf. A que fueron enviados a Cubas de la Sagra, donde el Gruppe Thoma había establecido su nueva base y se había creado un Centro de Instrucción y Reserva de Carros y Anticarros. En la misma fecha llegaron otros 12 al puerto de Sevilla que, del mismo modo, fueron remitidos inmediatamente a la base madrileña. Con este material se pudo formar una cuarta compañía, aumentar en dos carros las tres compañías que ya existían y dejar 8 vehículos de reserva. A finales de ese año se recibieron 10 unidades más y, por último, en enero de 1939 llegaron otros 20 carros junto a una quincena de motores para reponer los que estaban ya dando las boqueadas. En total se recibieron 122 carros: un ohne Aufbau de instrucción, 3 Panzerbefehlswagen I Auf. A, 97 PzKpfw I Ausf. A y 21 PzKpfw I Ausf. B. Al final de la contienda aún estaban operativos 84 unidades que se mantuvieron hasta los años 50 cuando, a raíz de la importación de material yankee, se pudieron dar de baja todos los fósiles que aún perduraban de la contienda civil.


Distintivo y prenda de cabeza del Panzer Gruppe Drohne
Bueno, con esto terminamos por hoy. Como hemos visto, los envíos de material para suministrar al Gruppe Imker estuvieron siempre envueltos en un secretismo que da lugar a muchas interpretaciones porque el ciudadano Adolf no solo no pretendió ocultar su ayuda al bando nacional, sino que no se privó de hacer un recibimiento por todo lo alto a los miembros de la Legión Cóndor a su regreso a Alemania con una fastuosa parada militar encabezada por su comandante supremo, el general Wolfram, freiherr von Richthofen (era primo del famoso Manfred). De ahí que, como comentábamos al principio, quizás le interesaba especialmente mantener en secreto las nuevas tácticas predicadas por Guderian y desarrolladas con más o menos dificultad por von Thoma debido a que los militares españoles seguían también empeñados en que los carros debían estar al servicio de la infantería, lo que impidió en más de una ocasión sacarles mucho más partido si bien, como ya se ha dicho, su manifiesta inferioridad tanto en armamento como en blindaje respecto a sus enemigos tampoco facilitaba mucho las cosas. Y de ese tema hablaremos en el siguiente artículo para, a modo de colofón, dar pelos y señales de lo complicado que tuvieron los carristas del ejército nacional enfrentarse a los republicanos provistos de material mucho más potente y, encima, en más cantidad.

Ya'tá.

Hale, he dicho

Monografía completa pinchando exactamente aquí: AQUÍ


PzKpfw I Ausf. A conservado en el Museo de Medios Acorazados ubicado en la base de "El Goloso", en Madrid.
Foto cortesía del Sr. CSF

lunes, 8 de abril de 2019

NEGRILLOS. El desarrollo

Panzer I B de la 3ª Cía. del Batallón de Carros de Combate en alguna parte de Asturias a finales del verano de 1937

Bien, prosigamos...

Tropas de la recién formada Panzerwaffe repitiendo unas 850 al día cómo
subir y bajar de sus vehículos. Este entrenamiento tenía un fin primordial:
hacer que fueran capaces de salir como cohetes del carro si era alcanzado
Como todas las criaturas, ya funcionen con sangre y un corazón o con gasofa y un carburador, el Panzer I A no se quedó tal cual. De hecho, creció como un nene bien alimentado con bocatas de mortadela para merendar porque el motor Krupp original tenía menos potencia que un moscardón pitopausico, así que el Heereswaffenamt hizo el requerimiento habitual para fabricar una planta motriz más adecuada. El M305 que llevaba el modelo A tenía una relación potencia-peso de 11'1 caballos por tonelada, lo que se notaba sobre todo a la hora de maniobrar campo a través. En esta ocasión fue la Maybach la que se hizo con el jugoso contrato para fabricar el nuevo motor, un NL 38 TR refrigerado por agua de seis cilindros que alcanzaba una potencia de 100 HP, por lo que la relación potencia-peso mejoraba hasta los 17'2 caballos por tonelada, lo que se traducía, además de en una mejora notable del rendimiento de vehículo en terrenos accidentados, en una mayor velocidad punta por carretera hasta los 42 Km/h.  y, al mismo tiempo, un aumento de la autonomía hasta los 170 km. por carretera. A todo ello había que añadir una transmisión mejorada que, no obstante, seguía conservando las cinco velocidades hacia adelante y la reversa como en el modelo A.

Panzermänner (carristas) dedicados al mantenimiento de
las MG-13 que arman sus vehículos
Sin embargo, el Maybach era un bicharraco más grande que el Krupp original, lo que obligó a rediseñar el casco porque no cabía en el compartimento del motor del modelo anterior. Para darle cabida hubo que alargar el chasis 40 cm., lo que suponía tener que modificar también el tren de rodaje añadiendo una rueda de rodadura y un rodillo de retorno más. Obviamente, la suspensión también hubo que rediseñarla y la cadena tuvo que ser alargada hasta el centenar de eslabones contra los 64 de la anterior. Estos cambios supusieron como es lógico un aumento de peso hasta los 5.800 kilos, lo que supuso a su vez una mayor presión sobre el terreno ya que en el modelo A era de 0'39 kg/cm² y en el B llegó a los 0'52 kg/cm². Con todo, que nadie piense que eso supone una presión elevada porque una mujer paseándose por este mundo con zapatos de tacón ejerce muchísima más presión sobre el terreno que uno de estos chismes. Para hacernos una idea, en el manual de combate de los Tiger, un chisme que casi alcanzaba las 60 Tm. en orden de combate, se recomendaba que, en caso de duda ante un terreno poco consistente, un tripulante se aupase sobre otro, y este debía ponerse a la pata coja con el peso de ambos. Si el suelo no se hundía significaba que resistiría sin problemas en enorme tonelaje del monstruo.

Para comprender mejor lo que supusieron estos cambios recurriremos a unas imágenes que valen más que tropocientos discursos descriptivos. En el gráfico de la derecha tenemos las vistas laterales y superiores de ambos modelos y, como salta a la vista, salvo el tren de rodaje y la parte trasera todo quedó tal cual. El compartimento de motor del modelo B se aprecia más largo y con las escotillas de acceso al mismo distribuidas de otra forma, quedándose además con un solo tubo de escape situado en la parte trasera en lugar de los dos laterales del modelo A. Por lo demás, el resto del vehículo permaneció invariable: mismo armamento, mismo equipo de radio, mismo visor de puntería, etc., salvo la capacidad de los dos depósitos de combustible, que por falta de espacio hubo que reducirlos a 84 y 62 litros de gasolina.

Las primeras unidades del modelo B salieron de las cadenas de montaje en agosto de 1935 hasta que se dejó de fabricar en 1937. Posteriormente y ya en plena 2ª Guerra Mundial, los tedescos aprovecharon muchos chasis de este modelo para reconvertirlos en cañones auto-propulsados, plataformas para antiaéreos, transportes de municiones, vehículos de recuperación, etc., pero en nuestro caso los omitiremos tanto en cuanto no tienen relación con los Panzer I que vinieron a España a recibir su bautismo de fuego. Solo nos resta añadir los vehículos de mando que, al igual que sus colegas A y B, también recibieron su bautismo de fuego en la tórrida España.


Primera versión del vehículo de mando sobre el chasis del LaS. Como vemos,
la casamata fija ocupaba solo un poco más que la torreta giratoria, y la
escotilla del piloto seguía siendo la misma de la versión convencional. La
estructura metálica que vemos en el guardabarros derecho era un soporte para
proteger la antena cuando se llevaba abatida
La idea se remontaba prácticamente a los inicios del germen del PzKpfw I A, el LaS que ya tratamos en la entrada anterior. Cualquiera pensará que era una chorrada fabricar una versión aparte como vehículo de mando cuando ese cometido podía llevarlo a cabo un carro normal, pero con los medios de la época no era posible porque los equipos de radios eran unos trastos enormes que, además, tenían que ser manejados por un operador. Para entendernos, que eso de que con unos auriculares y un simple botón para cambiar de canal puede uno hablar con el comandante del batallón, con el mando de la división y, de paso, escuchar los 40 Principales era impensable en aquella época. Por lo tanto, era necesario reconstruir el chasis del LaS para dar cabida a un tripulante más, aparte de los dos equipos de radio que llevaría a bordo: por un lado, la FuG-2 que usaban los carros normales, y por otro una FuG-6 de onda ultracorta que proporcionaba un alcance de 9,5 para transmisiones de voz y de 12,8 para morse, siempre, como ya sabemos, dependiendo de la orografía del terreno.


Esta foto nos permite ver la posición de la antena, así como la
estructura destinada a sujetarla y protegerla cuando se abatía,
operación que podía efectuarse desde el interior del vehículo
En cuanto al vehículo, inicialmente se eliminó la torreta, que fue sustituida por una casamata de forma tronco-piramidal como vemos en el croquis y la foto de la derecha. La disposición de los tripulantes era la siguiente: el piloto conservaba su puesto de conducción habitual mientras que el comandante del carro iba en la parte derecha del mismo. Como arma de autodefensa disponía de una MG-13 con una dotación de 900 cartuchos y se añadió una pequeña mesa de mapas, que para eso era el jefe. En cuanto al operador de radio, ya podemos imaginar que iba literalmente incrustado en ese pequeño espacio, así que no debía ser un puesto apto para claustrofóbicos. Al parecer, solo se fabricaron seis unidades con el chasis del LaS I, dando comienzo la producción en serie con el chasis del PzKpfw I B con 200 chasis que fueron suministrados a la Daimler-Benz para llevar a cabo la transformación entre 1936 y 1938.


En esta versión el soporte de la antena se sustituyó por un simple raíl de
madera que podemos apreciar perfectamente en el costado derecho.
En este caso se reformó totalmente la parte central de la barcaza acoplando una casamata, también tronco-piramidal, pero que ocupaba toda la anchura del vehículo de forma que el operador de radio se situaba detrás del conductor y el comandante del carro disponía de más espacio. La foto de la izquierda nos permitirá verlo mejor. La escotilla del comandante estaba formada por dos hojas sobre la que había una entrada de aire, con la ametralladora desplazada hacia el lado derecho de la casamata. Inicialmente estaba montada sobre una rótula que, en una versión posterior que no llegó a España, estaba encastrada en un bulbo hacia fuera para ofrecer una protección más eficiente. En el costado izquierdo vemos la escotilla de acceso del piloto y el operador de radio. De este modo nació el Kleiner Panzerbefehlswagen I Sd. Kfz. 265, que traduciríamos literalmente como Pequeño Vehículo Blindado de Mando. Todos los vehículos de este tipo enviados a España fueron de esta versión inicial ya que, posteriormente se creó una mejorada que incluía, además de la rotula ya mencionada antes, una cúpula cuadrangular en lugar de la escotilla, lo que permitía al comandante del carro tener una visión en 360º sin necesidad de asomar la cabeza y que le volaran los sesos ya que tenía dos mirillas en cada lado, o sea, ocho en total. Por cierto que la distribución en el ejército alemán de estos vehículos era de uno por compañía, llamado Kompanie Chefpanzer, dos por batallón y tres por regimiento. Obviamente, a España no se enviaron ni remotamente esas proporciones, pero ya hablaremos de eso en su momento. 

Bien, a modo de recapitulación, estos fueron los Negrillos enviados a España: el ohne Aufbau de adiestramiento, los PzKpfw I A y B, y el Kleiner Panzerbefehlswagen I. De todos ellos, así como de dos curiosas versiones ideadas por los españoles, hablaremos largo y tendido en la próxima entrega. Para concluir esta aportaremos algunos detallitos técnicos de esos que siempre vienen bien para humillar sin piedad al cuñado que ha visto dos o tres documentales en Youtube y encima en alemán con imágenes de época y no se ha enterado de un carajo, pero afirma saberlo todo sobre estos chismes. Veamos pues...



FOTO A: Muestra los visores del piloto. La caja señalada con una flecha contenía los cristales blindados que, cuando no era necesario, se abatía para permitir la apertura del visor y tener un campo de visión más amplio, aparte de facilitar la renovación del aire. 

FOTO B: Hemos mencionado varias veces la rueda tensora, pero puede que muchos no sepan de qué va la cosa. Bien, la rueda tensora es la opuesta a la tractora, y eso sigue igual en los carros modernos. Como se aprecia en la foto, el sistema de tensado en este caso era prácticamente el mismo que usan las motocicletas para tensar la cadena, con una tuerca y una contratuerca para impedir que se afloje. ¿Que para qué se tensa? Pues para que no se salga, naturalmente. Por otro lado, dependiendo de las condiciones del terreno podía ser necesario aflojar la tensión, como por ejemplo con barro o nieve para evitar que la acumulación de ambos pudiera hacer saltar la cadena. Por eso es habitual ver en las fotos de carros rusos que suelen llevar la cadena floja, de manera que cae sobre los rodillos de retorno.

FOTO C: Ya hemos visto una foto similar, pero en esta hemos señalado el tubo que se ve junto a las ametralladoras. No es más que el culatín plegable con que estaban equipadas las MG-13 que, en este caso, era inservible como es lógico. La flecha amarilla señala el soporte donde se fijaba el visor. 

FOTO D: Dedicada a los cansinos que no paran de dar la murga con la chorrada esa del fulano que se aúpa en el carro enemigo, abre la escotilla y lanza una granada dentro. Esto ya se explicó en la entrada dedicada al Fury, pero lo repetimos por si acaso: las escotillas tenían todas su sistema de cierre interior que, como ya podemos imaginar, solo se podía abrir con explosivos. En este caso, bastaba girar un cuarto de vuelta la palanca para bloquear la escotilla superior, mientras que la lateral tenía un sistema similar. Que nos quede claro: salvo que un carro llevase una escotilla abierta era materialmente imposible arrojar nada dentro. Por cierto, las juntas estaban recubiertas con un burlón de goma para impedir la entrada de agua.

FOTO E: Acceso trasero al motor de arranque. Estaba cubierto por una tapa atornillada en cuyo centro había una pequeña portezuela circular giratoria. La pieza ranurada que marcamos con una flecha era simplemente para arrancar el motor a golpe de manubrio si el arranque eléctrico no funcionaba por cualquier motivo, aunque lo habitual era por las bajas temperaturas. 

FOTO F: Vista trasera de un Panzer I B que nos permite ver algunos de los accesorios que iban en los guardabarros: en el izquierdo tenemos el manubrio que servía tanto para el arranque en frío que ya hemos mencionado como para aflojar tuercas. Tras él vemos una pieza en forma de S, que era un gancho de acero para las eslingas. A la derecha se ve el gato, que por cierto era siempre el mismo modelo aunque fuese un Tiger de 57 toneladas. Se accionaba con una palanca que también servía como barra de uña.

FOTO G: Un accesorio habitual y bastante chorra que muchos desconocen: el claxon. Como es lógico, se usaba cuando se circulaba por los cuarteles o calles en tiempo de paz, impidiendo así arrollar a viejecitas candorosas. No obstante, era un accesorio que cuando se perdía no se solía reponer.


Esto era lo que el piloto de un Panzer I veía desde su puesto de conducción con los visores abiertos y los cristales abatidos
FOTO H: La flecha izquierda señala el raíl donde se encajaba la antena cuando se abatía. La de la derecha señala la cizalla que, como el gato, era siempre la misma para todos los modelos.

FOTO I: Muchos se preguntarán cómo se filmaban los documentales de tropas en plena acción permaneciendo razonablemente a salvo. Bien, pues ahí lo tienen: un Panzerbefehlswagen I B acondicionado para su uso en una Propaganda Kompanie. Estos vehículos eran denominados como Filmpanzer auf Panzerbefehlswagen I B, y el operador podía rodar desde una posición protegida si bien, como ya sabemos, el blindaje de estos carros no era ninguna maravilla, así que de lo más a salvo que estaban era de un tiro de fusil o de ametralladora ligera. Por cierto que, también en este caso, en las escotillas se aprecian perfectamente los cierres interiores anti-héroes con granada de mano asesina.

Bueno, s'acabó por hoy. Continuará...

Hale, he dicho

Monografía completa pinchando exactamente aquí: AQUÍ