martes, 24 de febrero de 2026

ARMAMENTO DE FRANCOTIRADORES EN LA 2ª GUERRA MUNDIAL. JAPÓN

 

Honolable guelelo del mikado encaramado en un árbol buscando algún yankee para enviarlo con sus antepasados. Como vemos, está desprovisto de cualquier tipo de camuflaje. Le basta con la frondosidad de su apostadero.

PAX VOBISCVM, abnegados lectores. Sí, tengo esto un poco bastante abandonado, pero ya saben que, cuando se me pasa el avenate y me invade uno de mis ataques de molicie, no me mueve ni una horda de cuñados zombificados ávidos de vísceras. Y bien, dadas estas breves explicaciones, vamos al grano que para luego es tarde.

Fotograma de la magnífica cinta "Las flores de la Guerra"
(2011), que nos muestra un tirador chino armado con un
Mauser. En la cabeza lleva un casco alemán mod. 1935
Es justo reconocer que no solemos asociar la imagen de los francotiradores con los honolables guelelos del mikado. Seguramente, la neutralidad del Japón en la Gran Guerra los mantiene alejados de nuestros magines, y solemos asociarlos más bien con los siniestros ocupantes de un búnker en alguna isla del Pacífico tras una ametralladora picando carne anglosajona durante algún desembarco, o bien atacando en plan suicida una posición enemiga porque eso de palmarla por el emperador era lo más guay y honolable del mundo. Sin embargo, el ejército nipón contaba con tiradores selectos y armas destinadas a finiquitar enemigos a distancia desde que, a raíz de la Guerra Sino-Japonesa en 1937, sintieron en sus carnes la eficacia de los francotiradores chinos. 

Tropas chinas dándose un garbeo al norte de Pekín en 1937
Antes de 1934, el general Chiang Kai-shek se había preocupado de formar un ejército decente para darse estopa con otros señores de la guerra del Celeste Imperio, contando con unos efectivos nada despreciables que alcanzaron la cifra de 380.000 probos homicidas y una oficialidad procedente de forma mayoritaria de la Academia Militar de Whampoa, ubicada en la ciudad de Cantón. Además, el honolable genelal había 
adquirido a los tedescos cantidades importantes de armas y equipo, entre los que había fusiles Gewehr 98 provistos de las magníficas ópticas germanas y, lo más importante, los chinos habían recibido adiestramiento por parte de los veteranos combatientes de la Gran Guerra, con lo que su eficacia resultó bastante contundente. Los honolables guelelos del mikado tomaron buena nota y, como es habitual en estos orientales, se pusieron manos a la obra de inmediato para solventar esa carencia en su ejército.

Sin embargo, y a pesar de que a nivel tecnológico Japón no tenía nada que envidiar a Occidente, la solución que adoptaron para proveer a su ejército de armas para francotiradores fue un tanto peculiar, y no precisamente muy acertada que digamos. Bueno, lo cierto es que fue una birria de solución, pero no esperemos que el cerebro de un nipón funcione igual que el de un señor de Zamora. Así pues, echaron mano del fusil reglamentario de infantería, el Tipo 38, en uso en aquella época. El Tipo 38, Año 38 de la Era Meiji, o sea, 1905, entró en servicio al año siguiente. Era un arma de excelente calidad y estándares de acabado muy altos. Su acción, diseñada por el capitán Kijiro Nambu, estaba basada en la acción 98 alemana. Lo más peculiar de este diseño era la cubierta de acero que protegía el cerrojo de polvo y mugre, lección que traían aprendida de la Guerra Ruso-Japonesa. Esta cubierta se deslizaba por dos acanaladuras fresadas a ambos lados del cajón de mecanismos, avanzando y retrocediendo junto al cerrojo. En la foto de la izquierda podemos ver el peculiar aspecto de este accesorio que, como resulta obvio, impedía la entrada de porquería en el cerrojo. Podemos observar además los dos orificios situados a la altura de la recámara para permitir la fuga de gases en caso de un problema con la munición, impidiendo así que reventase el cañón y provocando graves lesiones al tirador. El arma mantuvo el alza de corredera convencional, graduada de 400 a 2.400 metros con incrementos de 100 metros. La palanca del cerrojo era recta.

En cuanto a la munición, disparaba el cartucho 6'5 x 50SR, el cual no era especialmente poderoso pero, al menos, tenía un retroceso menos violento que el 8 x 57 tedesco o el 30-06 yankee. Con una energía en boca de 2.600 julios, estaba bastante lejos de los 3.800 y 3.900 de los antes mencionados para una bala de peso similar. No obstante, esta carencia de potencia se solventó más tarde, cuando llegó la hora de liquidar anglosajones que estaban más fortachones que los chinos, introduciendo el 7'7 x 58 mm. Arisaka, pero de ese hablaremos más adelante. Por lo demás, y c
omo era habitual en casi todos los fusiles de la época, el arma disponía de un almacén para cinco cartuchos en clips que se colocaban en una ranura situada en la parte trasera del cerrojo (véase foto de la derecha). Era habitual sellar el fulminante y el gollete con laca para impedir la entrada de humedad, que en aquellas latitudes se cuela por todas partes. El color de la laca permitía identificar el tipo de munición: verde para la trazadora, negra para la perforante y rojo para los cartuchos destinados específicamente a los tiradores.

Fusil Tipo 38. Se calcula que se fabricaron alrededor de 2.998.000 unidades desde su entrada en servicio hasta principios de los 40 en los arsenales de Tokio, Kokura, Nagoya, Jinsen (Corea) y Mukden (Manchuria). Obviamente, el grueso de la producción se llevó a cabo en Japón


Vista parcial del Arsenal de Kokura. El complejo era
un conjunto descomunal de factorías
Bien, así era grosso modo el germen para el primer fusil de francotirador del Japón. Sí, un arma de serie sin más cuentos. Como hemos visto en otros artículos sobre este tema, lo de diseñar armas específicas para finiquitar primates a distancia aún no estaba de moda, y los ejércitos se limitaban a echar mano de lo disponible y, a lo sumo, hacerle algunas mejoras para obtener unas prestaciones más adecuadas. Así pues, en 1935 se empezaron a realizar pruebas con el Tipo 38, para lo cual se designó al coronel Namio Tatsumi, de la Academia Militar de Toyama. Para ello se dispuso de 700 unidades fabricadas en el arsenal de Kokura, importante ciudad que concentraba una gran cantidad de la industria militar japonesa y que por dos veces estuvo considerada como objetivo principal en los dos ataques nucleares yankees. Como ya vimos en su día, la espesa capa de nubes que cubría la población en los días 6 y 9 de agosto de 1945 la libraron de sufrir los destinos de Hiroshima y Nagasaki. 

El coronel Tatsumi no se complicó mucho la vida. De hecho, las armas destinadas a francotiradores ni siquiera eran seleccionadas entre las más precisas de un lote, como solían hacer otros ejércitos. Y como mejoras, pues tampoco se devanó el magín. Para facilitar la puntería se acopló un monópode formado por una simple varilla de acero fijada a una abrazadera y que se mantenía plegado mediante dos flejes situados en la parte interna de la pieza. En la foto podemos ver el monópode desplegado, y podemos observar que su aspecto no parece especialmente sólido. En todo caso, a medida que avanzaba el conflicto se fue prescindiendo de ella.

La palanca del cerrojo fue alargada y curvada como, por ejemplo, se hizo con el Mosin-Nagant ruso para poder accionarlo sin golpear el visor. La bola se sustituyó por otra con forma ovoide, lo que permitía su manejo sin necesidad de hacer un rebaje en la madera de la culata. En la foto de la izquierda podemos ver el aspecto del arma, a la que hubo que eliminarle la cubierta protectora del cerrojo para adaptarle el visor. Y es precisamente en el tema de la óptica donde nos encontramos con la "mejora" más mejorable del arma.

El visor era una pieza extremadamente básica derivada de un modelo comercial, concretamente el Nikko modelo 11. Tenía 2'5 aumentos y un campo de visión de 10º, y se fijaba al arma mediante un tornillo y un fleje a una placa base unida al cajón de mecanismos con una cola de milano, lo que proporcionaba un conjunto sólido que no se moviera con el maltrato propio de un arma militar. Porque la cuestión es que, si el visor se desajustaba, el tirador no podía corregir el tiro de la forma convencional, sino que había que enviarlo a fábrica para ser puesto a punto de nuevo.

Sí, suena bastante esotérico, pero viniendo de unos ciudadanos que para hacer el té tienen que hacer 80 movimientos, ni uno más ni uno menos, puede esperarse todo. Y es que los visores eran montados y centrados en la fábrica, sin que hubiera posibilidad de realizar ningún ajuste por parte del tirador. Más aún, ni siquiera se podía regular el foco, de modo que el puñetero visor era lo mínimo que se despachaba. ¿Qué cómo se las aviaba el tirador para afinar la puntería si el visor carecía de retículo convencional y de mecanismos para ajustarlo? Pues con lo que ven en la foto. Ambos retículos eran fijos, y en el vertical vemos las distancias con las que el tirador se ayudaba para apuntar al objetivo. Esta retícula estaba graduada desde 100 hasta 1.500 metros, y el honolable flancotiladol se tenía que estrujar la retina para calcular la distancia a la que se encontraba el ciudadano enemigo. Para corregir o calcular la deriva, bien por haber viento cruzado, bien por estar el blanco en movimiento, tenemos el retículo horizontal. Si por un golpe o cualquier otro motivo el visor se desajustaba, apaga y vámonos. Solo en la fábrica se podía volver a poner punto en blanco, o sea, a 100 metros. Por toda esta serie de inconvenientes, el visor recibía el mismo número de serie del arma donde iría instalado.

Este fusil fue renombrado como Tipo 97 o, más concretamente 
九七式狙撃銃, indescifrables dibujitos que, trasliterados, sonarían como kū-nana-shiki sogekijū, o sea, “fusil de puntería Tipo 97”. Al quedar el visor situado a la izquierda se pudieron conservar las miras abiertas, lo que, viendo el problema de la falta de mecanismos de ajuste, permitiría seguir usando el arma mientras llegaba el momento de remitirla a la fábrica. Además, había tiradores que optaban por usarlas cuando las condiciones lumínicas no permitían hacer puntería con el visor. En la foto de la derecha tenemos el alza desplegada. Para tiro a corta distancia se plegaba y se usaba un tablón con una muesca en V graduada a 100 metros. El punto de mira, que según el fabricante podía estar protegido por un túnel abierto, se fijaba al cañón mediante una base con una cola de milano, y también según el fabricante con un tornillo o dos pasadores. El punto carecía de corrección lateral, así que había que recurrir a la intuición de un buen tirador. Se fabricaron alrededor de 8.000-9.000 unidades en el Arsenal de Kokura entre los años 1938 y 1939, y 14.500 en el de Nagoya entre 1938 y 1943, lo que hacen un total aproximado de 22.500 - 23.500 unidades en total. 

Pero el Tipo 97 no fue el único fusil de francotirador en servicio, pero del siguiente seguiremos hablando mañana porque ya me duele la cabeza. Bueno, mañana o pasado, ya veremos...

Hale, he dicho






martes, 28 de octubre de 2025

CURIOSIDADES CURIOSAS SOBRE CARROS DE COMBATE SOVIÉTICOS

 

T-34/85 provisto de un bastidor para sujetar un barreminas

PAX VOBISCVM, sufridos, abnegados y siempre bien ponderados lectores que, a pesar de la desidia que me atocina últimamente, hacen gala de una paciencia equiparable a la de Job a la espera de un nuevo articulillo. Bueno, pues hoy la musa se ha dignado hacerme una breve visita, de modo que procedo a dar cuenta de una relación que, aunque poco enjundiosa, les permitirá humillar a los miserables de sus cuñados con algunas curiosidades curiosas sobre los carros de combate con los que el padrecito Iósif hizo frente al ciudadano Adolf.

Colijo que los aficionados a estas máquinas de muerte habrán visto tropocientas fotos de las mismas y, del mismo modo, infiero que más de una vez y más de dos se habrán hecho mil preguntas acerca de tal o cual accesorio, pieza, etc. de las mismas. Bien, pues a continuación podrán ver aclaradas algunas de sus cuitas y poder resoplar de satisfacción sabiendo que no palmarán llevándose la duda a la fosa. Veamos pues...

CURIOSIDAD 1.

Observen la foto de la derecha, donde aparece un BT-5, un carro ligero que se mantuvo operativo durante todo el conflicto aunque el protagonismo se lo llevó el omnipresente T-34. Como ven, no lleva cadenas, y es que la serie BT (Bystrohodnyi tank, tanque ligero) estaba equipada con un tren de rodaje que podía funcionar con o sin las mismas. Este sistema tenía sus ventajas ya que, cuando había que circular sobre carreteras o caminos compactos, en menos de una hora se podían desmontar las cadenas, estibarlas sobre el casco y circular como un vehículo convencional. Esto proporcionaba un mayor confort de marcha y alcanzar más velocidad. Para ello, el piloto disponía de un volante convencional, que se conectaba a la dirección de forma que las ruedas delanteras girasen como las de un automóvil, como vemos en la rueda marcada de rojo. Cuando se colocaban las cadenas, el carro circulaba con las dos palancas de siempre. ¿Qué por qué no se usó ese sistema en el T-34, que usaba la misma suspensión Christie? Fácil: la cadena del T-34 pesaba unos cientos de kilos más, lo que requeriría horas para efectuar el cambio.

CURIOSIDAD 2.

¿Nunca se han preguntado qué leches es esa barandilla que se ve en las torretas de algunos carros? Bueno, pues no es una barandilla, es la antena de la radio. Rarita, ¿no? Pozí, pero tenía su razón de ser, aunque era tan chorra que se acabó suprimiendo. Con esa antena circular se pretendía que no fuera visible, como podría ocurrir con una antena convencional. En realidad, una antena apenas se distingue en la lejanía, de modo que acabaron eliminando la pseudo-barandilla. Pero observen que, de todos los carros de la foto, solo lleva la antena el primero. El resto no. ¿Por qué? Pues porque la escasez de equipos de radio obligó a que solo los carros de mando de las compañías estuvieran equipadas con las mismas hasta bien avanzada la guerra. ¿Y cómo se comunicaban con los demás carros de la unidad? Ahora lo vemos...

CURIOSIDAD 3:

La carencia de radios había que suplirla con el sistema antiguo: a base de banderas. Observen el fulano de la foto. En cada mano lleva una bandera, una blanca y otra colorá. Así pues, cuando el comandante de la compañía tenía que dar órdenes a sus carros tenía que asomarse por la escotilla con sus banderitas y ponerse a menearlas, dando por sentado que los jefes de carro de la unidad estarían pendientes de sus indicaciones. Si alguno estaba en Babia, pues se liaba parda. Obviamente, éste sistema no era en absoluto fiable, pero era lo que había. Por el contrario, los sofisticados carros de los malvados tedescos sí estaban provistos de radios cojonudas para no tener que asomar medio cuerpo por la escotilla y arriesgarse a que una ráfaga de ametralladora lo friese bonitamente.

CURIOSIDAD 4.

Precisamente para poder asomarse sin que les endilgasen un balazo, las escotillas de muchos carros soviéticos se abrían al revés. Cuando lo habitual era hacia atrás o hacia un lado, las de los T-26, los BT y los T-34 se abrían hacia adelante. Aunque en la foto anterior podemos observarlo, en ésta queda más claro. La imagen muestra tres T-34 modelo 41/42, provistos de una única escotilla que actuaba como un auténtico escudo para los tripulantes de la torreta. Pero la protección les costaba ver dificultada la visión hacia adelante, como queda claro en la foto. En todo caso, la escotilla permitía al comandante de una compañía agitar sus banderitas sin que un francotirador le metiera una bala en el cráneo.

CURIOSIDAD 5.

Otro detalle en el que posiblemente hayan reparado: las asas distribuidas en el casco y la torreta, en éste caso de un T-34. Y no, no eran para estibar equipo extra, sino probos homicidas. No había estándares en cuanto a su forma o distribución sobre el vehículo y, de hecho, ni siquiera se colocaban en las fábricas, sino a nivel de unidad. De ahí que la mayoría sean lo que vemos en la foto: redondos burdamente curvados, soldados y colocados al antojo del personal. Ojo, solo verán éste accesorio en los carros soviéticos. En los de otros ejércitos no aparecen. ¿Por qué? Pues ahora lo vemos...

CURIOSIDAD 6.

Una de las máximas de los manuales del Ejército Rojo era que los carros no debían atacar sin apoyo de la infantería. Sí, puede parecer una chorrada que los poderosos carros de combate necesiten el apoyo de mogollón de probos homicidas canijos y llenos de piojos para no ser destruidos, pero todo tiene su explicación. Un carro es como un rinoceronte, que es una bestia imparable pero ve menos que un gato de escayola. Ante un ataque en masa, los malvados enemigos se apostaban en pozos de tirador o escondrijos que les permitían pasar desapercibidos para, llegado el momento, endilgarles una mina magnética o un chupinazo con un Panzerfaust. Precisamente para evitarlo, los carros iban acompañados de infantería cuya misión era neutralizar a los enemigos mientras que los rinocerontes arrollaban las líneas tedescas. Y para poder trasladar hasta el campo de batalla su dotación de defensores servían esas asas a fin de no irlos perdiendo por el camino que, por lo general, no tenía precisamente la superficie uniforme de una autovía. En la foto vemos un T-34 atestado de infantería trepando por una pendiente camino del matadero. Por lo general, la dotación reglamentaria de infantes de cada carro era de seis hombres, aunque en modo alguno se respetaba a rajatabla.

CURIOSIDAD 7.

Puede que más de uno haya reparado en que no son raras las fotos en las que aparece un KV-1 o su hermano mayor, el KV-2, con las cadenas flojuchas, colgando de los rodillos de retorno como el de la foto. Esto no se ve en los carros con suspensión Christie, pero sí en las convencionales. El motivo de aflojar la tensión de la cadena era que la acumulación de fango las sacase de las ruedas tractoras o tensoras. En un territorio como el ruso, en el que las lluvias o la nieve convertían el terreno en inmensos cenagales, era un problema bastante serio, y ver un batallón de carros inmovilizado y expuesto al fuego enemigo por culpa del barro asaz enojoso. Pero la madre del cordero la tenemos en el detalle de la foto, un accesorio invisible y que nadie conoce salvo que sepa de su existencia: es una cuña soldada al casco junto a la rueda tractora que actuaba como una cuchilla para eliminar la plasta de barro adherida a la cadena. Si a eso sumamos que el bailoteo de los rodillos de retorno facilitaba escupir el fango, pues tenemos que era menos probable ver como una cadena de una tonelada de peso se saliese de su sitio, dejando el carro vendido al enemigo.

CURIOSIDAD 8.

Otra imagen bastante recurrente es la que vemos a la derecha: carros soviéticos cubiertos por parrillas bastante cutres fabricadas de forma artesanal con malla sobre bastidores metálicos o incluso somieres de camas robados de casas alemanas. Pero, ojo, este accesorio solo aparece en las postrimerías del conflicto, cuando los combates se desarrollaban en muchas ocasiones en el interior de las ciudades y había que luchar casa por casa. En éstos casos, el enemigo no eran veteranos homicidas de la Wehrmacht o las SS, sino fanáticos nenes de las Hitlerjugend ávidos de palmarla por su amado ciudadano Adolf o vetustos abuelos del Volkssturm ávidos por perder de vista de una vez al ciudadano Adolf. En estos casos, los probos homicidas del padrecito Iósif se preocuparon bastante al ver como desde cualquier ventana, montaña de escombros o respiradero de un sótano salía el cohete de un Panzerfaust y aniquilaba el carro que encabezaba la formación por una calle, dejándola bloqueada y a sus cuñados expuestos a ser también víctimas de los lanzagranadas enemigos. Con esa solución de circunstancias pudieron evitar que las cargas huecas no alcanzaran el casco o la torreta de sus carros, salvando así a muchos de ellos de ser destruidos y a sus tripulantes de verse reducidos a la condición de momias carbonizadas.

CURIOSIDAD 9.

Es posible que ésta la conozca más de uno, pero como es posible que haya más de dos que no tengan ni idea, pues la pongo. Hablamos de los troncos estibados en los guardabarros. Y esto no solo lo vemos en los carros soviéticos, sino en casi todos. Y no, no eran para reforzar el blindaje, ni para hacer fuego ni para liarse a palos con el enemigo si se acababan las municiones, sino para usarlos cuando el carro se atascaba en el barro, o sea, algo similar a las planchas que actualmente usan los todoterrenos cuando se ven en circunstancias similares. Si el fango atrapaba y cegaba las orugas, se echaba mano del tronco y se ponía debajo de las cadenas para que estas tuvieran donde agarrarse. Algo primitivo, pero bastante útil, la verdad...

CURIOSIDAD 10.

Otra imagen bastante recurrente es la de los depósitos de combustible externos. En la foto podemos ver un T-34/85 con la configuración habitual de dos depósitos en el costado derecho y uno en el izquierdo, lo que proporcionaba un total de 270 litros extra. No obstante, podían añadirse más, eliminarlos todos o colocar otros dos de forma cuadrangular en la parte trasera. Los dos cilindros que vemos en esta foto y que aparecen sobre los tubos de escape no son depósitos de gasofa, sino de fumígeno para crear una nube de humo a lo bestia si las cosas se ponían chungas y había que salir echando leches. Curiosamente, ésta solución de los depósitos externos solo la emplearon los hijos del padrecito Iósif, mientras que en los carros tedescos o aliados aparecen en la parte trasera mogollón de jerrycans de 50 litros para reponer gasofa.

En fin, criaturas, con estas diez curiosidades curiosas tienen para chinchar a sus cuñados diez veces antes de que les dejen la botella de Hennessy XO llena de aire. Si a pesar de todo las curiosidades no les hacen efecto, pues viertan un poco de lejía en el brandy. Sí, ya sé que es una infamia, pero todo sea por acabar con el miserable.

Bueno, vale de momento.

Hale, he dicho


martes, 15 de julio de 2025

EL GRUPO WAGNER

 

El extinto Yevgueni Víktorovich Prigozhin, propietario del Grupo Wagner, antes de que su profunda amistad con el camarada Vladimiro se fuese al carajo

Mercenario, del latín MERCENARIVS, asalariado. El palabro proviene a su vez de MERCES, salario, paga o recompensa. Por ello, y según mi paisano Isidoro, MERCENNARII SVNT QVI SERVIVNT ACCEPTA MERCEDE, uséase, los asalariados son los que sirven aceptando una paga. Originariamente, el término mercenario no tenía las connotaciones militares que adquirió bastante pronto. Un mercenario era simplemente eso, un fulano a sueldo para desempeñar cualquier trabajo, si bien algunos afirman que eran contratados más concretamente para vigilar mercancías, tanto en almacenes como en las caravanas. Es bastante razonable pensar que estos sujetos, que obviamente debían ir armados para quitarse de encima a los amantes de lo ajeno, acabaran derivando en su contexto puramente militar. Aclarado el origen del palabro, procedamos con un breve

INTROITO

Reclutamiento de honderos
Las tropas a sueldo son más antiguas que la tos. Desde hace siglos, los reinos o territorios que no disponían de suficiente personal para enfrentarse con el vecino optaban por contratar probos homicidas para defenderse. Obviamente, el agresor también tenía la opción de hacer lo mismo para aumentar sus efectivos y asegurarse así la victoria. En otros casos, se recurría a los mercenarios especializados, es decir, hombres especialmente diestros en algún desempeño del que carecían las tropas propias. Ya vemos como ejércitos muy bien entrenados, como el romano o el cartaginés, no dudaban en contratar honderos baleares para brear a golpe de glande a los enemigos, o jinetes númidas famosos por su destreza para combatir a caballo. La lista sería interminable pero, lo más significativo en estos casos, es que los mercenarios solo tenían fidelidad a su paga. De hecho, primates de la misma nacionalidad podían combatir en bandos enfrentados, deseando quizás más de uno toparse con sus cuñados para apiolarlos sin tener que dar explicaciones a la parienta. 
Un preclaro ejemplo lo tenemos en Rodrigo Díaz, nuestro glorioso héroe nacional que, desterrado por el memo de Alfonso VI, no dudó en ponerse al servicio del emir de Zaragoza con su mesnada y dar mogollón de estopa tanto a moros como cristianos. En resumen, el oficio de las armas se convirtió en algo bastante lucrativo para los que pasaban de destripar terrones o estrujar a diario ubres vacunas para ganarse el sustento. 

Lansquenetes tomándose un descanso, que saquear
cansa una burrada
Por razones obvias, retrasarse en el cumplimiento de los pagos pactados era lo peor que se podía hacer. A estos fulanos les daban cien higas bélicas las ideologías, los motivos por los que luchaban o si el que los contrataba prefería las gambas a los langostinos siempre y cuando su salario fuese abonado sin demora. Está de más decir que unas tropas compuestas por combatientes de élite podían ponerse muy desagradables llegado el caso, y no dudaban en enfrentarse a los que hasta cinco minutos antes habían sido sus compañeros para rebanarles el pescuezo o saquearles cualquier ciudad para cobrarse por su cuenta y, de paso, desfogar sus humores viriles con las ciudadanas. Tenemos mogollón de ejemplos a lo largo de la historia, desde la Guerra Sin Tregua (241-237 a.C.), desencadenada por los 20.000 mercenarios de Giscón al servicio de Cartago tras la Primera Guerra Púnica, al Saco de Roma, perpetrado en 1527 por lansquenetes alemanes a sueldo del emperador Carlos con la pequeña ayuda de las tropas españolas, que tampoco cobraban y estaba un poco irritados.

Mercenarios suizos en acción. Estos homicidas estaban
especialmente cotizados por su disciplina y su fiabilidad
en el campo de batalla
La época dorada de los mercenarios tuvo lugar durante el Renacimiento, cuando los condottieri italianos, los mercenarios suizos y todos los frikis de la guerra de Europa se enrolaban a las órdenes de cualquiera que levantase en armas un grupo de homicidas para tomar parte en las interminables guerras que asolaron el continente entre los siglos XV y XVII. Curiosamente, en aquellos tiempos, el oficio de mercenario no tenía las connotaciones chungas actuales. De hecho, mogollón de suizos se dedicaban a eso porque en su país, escaso de recursos naturales y de oficios como la agricultura o la ganadería, optaban por convertirse en soldados a sueldo. Esto ha durado hasta nuestros días ya que, al cabo, la Guardia Suiza del Vaticano no son sino los tataranietos de los mismos suizos que velaban por la seguridad del pontificado en una época en la que los papas se ocupaban más del siglo que de Dios. Su declive comenzó cuando los países europeos empezaron a tener estructuras estatales más organizadas y ejércitos permanentes, lo que hizo que el papel del soldado a sueldo menguase notoriamente, viéndose reducido a pequeños grupos reclutados a nivel colonial o tropas, digamos, más exóticas como los mamelucos al servicio del enano corso o los gurkas que combatían con los british (Dios maldiga a Nelson).

Mercenarios portugueses en Angola en 1975
No fue hasta mediados del siglo XX cuando los mercenarios resurgieron de sus cenizas. Los procesos de descolonización llevados a cabo en África dio lugar a que muchos estados de nuevo cuño, sin infraestructura ni conocimientos para formar rápidamente un ejército cualificado, obligó a recuperar este viejo oficio contratando ex-militares, ex-policías y ex-psicópatas entre sus antiguos amos. Si a esto añadimos que, además, los conflictos civiles que estallaban cada dos por tres en estas nuevas naciones, más sus guerras entre ellos por cuestiones territoriales, tribales o de odios milenarios, pues África se convirtió en un semillero de mercenarios que, prácticamente sin nadie con la suficiente autoridad para controlarlos, empezaran a hacer crecer el concepto de mercenario = homicida sociópata a sueldo. Algunos que ya peinen canas o no tengan nada que peinar puede que recuerden las andanzas de estos fulanos en el Congo Belga, Biafra, Angola o Rodesia, donde perpetraron bastantes canalladas y tal. Se pasaron tres pueblos, lo que obligó a la comunidad internacional a tomar cartas en el asunto, si bien tampoco es que se lo tomaran con mucha premura. En 1977 se firmaron los Protocolos de Ginebra, los cuales no entraron en vigor hasta 2001, tras lo cual quedaba prohibido entrenar, contratar o emplear mercenarios... al menos oficialmente, pero quien inventa la ley inventa la trampa y, como suele pasar, una cosa son los tratados que se firman de cara a la galería y otra lo que los gobiernos hacen bajo cuerda.

LOS MERCENARIOS ACTUALES

Mobutu Sese Seko, mandamás del antiguo Congo Belga hasta
su derrocamiento en 1997. Éste fulano y otros como él eran
los principales contratistas de mercenarios
Bien, ya hemos visto cómo fue el devenir de los homicidas profesionales hasta que, de cara a la galería, fueron abolidos para callar a los grupos pro-derechos humanos, los del Kumbaya y, en general, a la opinión pública que veía la de cosas feas que se habían perpetrado en África, aunque sin tener en cuenta que estos fulanos habían sido contratados, pagados y mandados por líderes africanos. Pero como los que salían en los telediarios y la prensa eran primates blancos con jetas de vikingos cabreados, pues nadie parecía caer en la cuenta que los que estaban detrás eran primates negros que aparecían en los telediarios y la prensa muy sonrientes, rodeados de compadres que los jaleaban y vistiendo trajes hechos a medida en Londres y con los dedos llenos de anillos de oro gordísimos. 

Por otro lado, las potencias occidentales no estaban por la labor de perder su influencia de la noche a la mañana, y menos aún que determinados países optaran por cambiar de aliados y no poder seguir aprovechando sus recursos naturales que, obviamente, el pueblo no aprovechaba o, mejor dicho, no podían aprovechar porque sus líderes, sátrapas modernos, se los gastaban en mantenerse en el poder. Pero como el sátrapa ya no podía contratar mercenarios y los países occidentales no podían enviarlos, se inventaron las empresas militares privadas, unos entes que, desde su creación, han estado siempre flotando en un limbo legal, una zona gris que los organismos internacionales no han sabido o no han querido aclarar. De hecho, en muchos casos estas empresas se ven sometidas a las reglas del país dónde operan, y pueden ser legales en unos y en otros no. Y, por otro lado, la disminución de efectivos policiales y militares en la mayoría de países desarrollados obligó a que muchas funciones que antaño eran desempeñadas por personal dependiente directamente del estado fueran sustituidos por... "mercenarios".

Mercenario del siglo XXI. Nada en su indumentaria,
su actitud y su armamento lo diferencian de un policía
Seguramente, nadie ha caído en la cuenta de que un simple segurata es un MERCENARIVS. De hecho, cumple al pie de la letra la definición que daba mi paisano Isidoro ya que cobran un estipendio por hacer un servicio, en este caso vigilar un organismo oficial, un banco, un centro comercial o una discoteca. Las empresas de seguridad privada son simple y llanamente mercenarios que van armados y tienen potestad para hacer uso de la fuerza llegado el caso. Si un atracador se presenta en un banco con la intención de hacer un reintegro masivo aunque no tenga cuenta abierta en el mismo y el segurata le mete dos balazos en la jeta, acaba de actuar como un mercenario en toda regla, pero nadie cae en ese sutil detalle. Basta ese ejemplo para ver cómo el concepto de mercenario ha sido sutilmente disfrazado, de forma que ya no se muestran como feroces homicidas, psicópatas inadaptados o soldados de fortuna, sino como abnegados servidores del bienestar y la seguridad públicos.

Uno de los cometidos más habituales de las empresas militares
privadas es la protección de funcionarios civiles en lugares en
los que cualquier fulano con el cerebro lavado se te arrima
y te convierte en comida para gatos cuando detona su chaleco
cargado con 10 kilos de C4
Y en lo tocante a las empresas militares privadas, pues nos encontramos con algo similar, pero de mucha más envergadura. Si un país occidental necesita intervenir en cualquier parte del mundo sin que nadie pueda acusarlos de injerencia, aunque todos sepan quién está en el ajo y nadie tenga pruebas pero tampoco dudas, pues recurre a este tipo de empresas que, como dijimos, se mantienen en una zona gris que, hasta ahora, nadie ha sido capaz de aclarar. Y no crean que hay unas cuantas, no... son miles las que hay repartidas por el planeta, y dedicadas no solo a enviar fulanos con jeta de perros de presa a matar civiles acojonados, sino a otras cuestiones que, en apariencia, se salen del cometido típico del mercenario: labores de inteligencia, infiltración, seguimiento de malos malosos, hackers, espionaje, protección de personalidades, de buques, etc., etc., etc. Hablamos de legiones de empresas con miles de empleados en algunos casos, y que actúan dónde nadie puede saber o, al menos, demostrar que trabajan a las órdenes de tal o cual gobierno. Si se habla de empresas privadas de este tipo, la primera que se nos viene a la mente es la famosa Blackwater Security Consulting (luego cambiaron de nombre), que tras esa fachada que suena a firma dedicada a diseñar la seguridad de un evento en plan final de copa del mundo de balompié, ya sabemos lo que hay. Los fulanos de Blackwater han estado en el ajo de todos los conflictos en los que han intervenido los yankees en los últimos 25 años, y ha trabajado codo con codo con el ejército estadounidense haciendo lo que los estadounidenses no podían o no querían hacer porque solían ser cosas feas que su opinión pública rechazaría. En todo caso, a los de Blackwater les resultaba más fácil infiltrar a un fulano con jeta moruna, trincar a un cabecilla local de la insurgencia afgana o iraquí, apretarle las clavijas y localizar al jefe supremo, tras lo cual pasaban la información al ejército para que le mandaran un dron a que lo vaporizase mientras oraba a Alláh y lo mandase a gozar eternamente de sus 72 huríes.

La inseguridad de las aguas cercanas al Cuerno de África
a causa de los piratas somalíes ha permitido crear otro
nicho de mercado para los mercenarios modernos. Ahora
saben que al asaltar un mercante no los rechazarán con
chorros de agua, sino a tiro limpio
Bueno, así son, de forma muy resumida, los mercenarios modernos. Como vemos, no tienen nada que ver con los honderos baleares ni los lansquenetes alemanes. Son currantes de empresas legalmente establecidas, que pagan sus impuestos y tal, que cobran su salario mensual más los extras derivados de determinados servicios de los que nadie tiene noticia y que, casi en su totalidad, son ex-militares que prefieren la adrenalina y un jugoso estipendio antes que verse languidecer en una oficina o vendiendo pólizas de seguros. En cuanto a la empresas, está de más decir que, aunque ofrecen sus servicios a cualquiera que los contrate, suelen tener estrechos vínculos con los servicios de inteligencia de sus países de origen, con los que suelen colaborar e intercambiar información. Y, por último, tenemos empresas como el dichoso Grupo Wagner, que podríamos decir que, más que una empresa privada, es una extensión de facto del ambicioso camarada Vladimiro, que hace unos años empezó a oír voces que le decían que era una reencarnación de Pedro el Grande y se empeñó en ser el nuevo zar rojo, una especie de padrecito Iósif, pero capitalista.

EL GRUPO WAGNER

Desde su formación, esta empresa ha estado y está envuelta en un halo de misterio. Pero no de misterio peliculero, sino porque los servicios de inteligencia occidentales no han sido capaces de conocer a fondo quién la creó y cómo comenzó su andadura. Estas empresas suelen estar conectadas con otras que, a su vez, dependen de grandes grupos radicados en paraísos fiscales, de forma que es prácticamente imposible saber poco más que lo que ellos permitan conocer. Así pues, mejor vayamos por partes para no liarnos.

Prigozhin haciéndole la pelota al camarada Vladimiro en uno de
sus lujosos restaurantes. Su entrañable amistad acabaría de muy
mala manera, como es de todos sabido
Por lo general, se considera como fundador del Grupo Wagner a Yevgueni Víktorovich Prigozhin, apodado como "el cocinero de Putin" o "el chef de Putin". Pero ojo, eso es un simple mote creado por Alexéi Anatólievich Navalni, un activista anti-Putin que, como todos los enemigos del camarada Vladimiro, fue eliminado para que no diera más la murga, en este caso envenenado con vete a saber qué porquería. El mote hace pensar que Prigozhin fue un simple cacerolas que cayó en gracia al Vladimiro y se hizo de pasta gracias a eso, pero la realidad es que hablamos de un oligarca multimillonario con mogollón de empresas de catering y restaurantes de lujo frecuentados por la alta sociedad rusa incluyendo a Vladimiro, gracias a lo cual trabó una cordial relación con él... de momento. Entre 2013 y 2014- tampoco se sabe con certeza la fecha- Prigozhin creó, o quizás se sumó como accionista, el Grupo Wagner. Esto tampoco se sabe a ciencia cierta, pero es más que probable que este fulano, a través de sus numerosos contactos políticos, se viera inducido a invertir en una empresa militar privada como una forma de ampliar sus inversiones. Las ambiciones de Vladimiro y sus ansias por aumentar su influencia de África hacían apetecible el asunto, y más si tenemos en cuenta que ni la UE ni los yankees se tomarían bien la intervención de Rusia en un continente dónde habían apoyado a dictadores como Gadafi, Al-Ásad o Sadam Huseín, contra los cuales Occidente, encabezado por Estados Unidos, había gastado muchísimos esfuerzos, dinero y sangre para mandarlos al carajo. Por lo tanto, nada mejor que enviar a una empresa privada que, para despejar posibles sospechas, en aquel momento incluso era ilegal en Rusia. De hecho, según las leyes de aquella época, la participación de un ruso en conflictos armados de otros países podía castigarse con hasta siete años de cárcel, y la financiación, reclutamiento y entrenamiento de mercenarios, con hasta quince años en una de las tenebrosas prisiones rusas cuyo máximo exponente es el Delfín Negro, lo más parecido a un infierno bajo cero.

Dos homicidas profesionales del Grupo Moran en un
petrolero
Así pues, se relaciona al Grupo Wagner con otros dos, el Cuerpo Eslavo, creado por Vadim Gusev y Evgeniy Sydorov en 2013, y el Grupo de Seguridad Moran, formado por Boris Chikin a finales de los 90. Éste último, radicado en Belice porque en Rusia, como decimos, era ilegal, se dedicaba a la protección del transporte marítimo, ganando millones a paletadas trabajando para navieras como Sovcomflot, FEMCO, Murmansk Shipping y United Marine. En cuanto al Cuerpo Eslavo, su principal misión era la seguridad de las instalaciones petrolíferas de Deir ez-Zawr, al este de Siria, donde al parecer no tuvieron mucho éxito a causa del constante hostigamiento de grupos insurgentes deseosos de acabar con el poder de Al-Ásad, firme aliado de Rusia. Y ahora me dirán: ¿Y qué leches tienen que ver estos con el Wagner? Pues, al parecer, digamos que las tres empresas tenían los mismos accionistas incluyendo a Prigozhin, dedicándose cada una a un determinado nicho de mercado sin que, aparentemente, estuvieran relacionadas. ¿Qué cómo se sabe, si de estos fulanos no se sabe casi nada? Bueno, digamos que se relacionan nombres y entonces las cosas cuadran un poco.

Dmitry Valeriévich Uktin
1970-2023
Dmitry Valeriévich Uktin, alias Wagner. Sí, ese fulano de la foto es "el eslabón perdido" a quien, como ven, debe su nombre esta controvertida empresa. Ahí lo pueden ver. Acojona, ¿qué no? Observen que en los hombros lleva tatuados los parches de cuello de las SS, y en el lado derecho del pecho el águila del uniforme alemán. Digamos que podía ir con el uniforme de las SS hasta cuando se duchaba. Bien, es más que evidente que Uktin era bastante aficionado al nazismo y, al igual que el ciudadano Adolf, un apasionado de Wagner, de quien tomó su nombre de guerra. Este sujeto no era un simple chalado, que conste. De hecho, antes de meterse a mercenario había tenido una carrera militar bastante notable. Había servido en el GRU (Главное разведывательное управление, Glavnoye Razvedyvatelnoye Upravleniye), el servicio de inteligencia militar ruso, y se largó de ejército en 2013 siendo teniente coronel del 700º Destacamento de Intervención de la 2ª Brigada Spetsnaz, precisamente dependiente del GRU. Está de más decir que Uktin no era el típico licenciado que, con solo 43 años, se dedicaría a pasar el resto de su vida contando batallitas en el bar poniéndose hasta las cejas de vodka, por lo que se unió inicialmente al Grupo Moran para hacer cruceros armado hasta los dientes y dar estopa a los malvados somalíes. Aquel mismo año se pasó al Cuerpo Eslavo que, tras su fiasco en Siria, acabó bastante maltrecho, pero Uktin tenía muy buenas relaciones con sus antiguos colegas del GRU, y en aquel momento el camarada Vladimiro consideraba que había sonado la hora de poner en marcha su plan imperial invadiendo Crimea y el Donbás como primer paso para aumentar los ya de por sí inmensos territorios de la Santa Madre Rusia.

Columna de VCI's rusos durante la ocupación ilegal de
Crimea. Algún día, Rusia deberá pagar cara esta felonía
En 2014, el camarada Vladimiro ordena poner en marcha la invasión de Crimea, y aquí comienza el verdadero protagonismo del Grupo Wagner que, no lo olvidemos, en teoría era ilegal en Rusia. Pero al Vladimiro le daban varias higas soviéticas los legalismos porque, cuando se invade por las buenas un país sin provocación ni motivo previos, hay que hacer cosas feas que el ejército regular no puede llevar a cabo, y menos en una época en la que, gracias a las redes sociales, lo que ocurre en el polo norte se sabe en el polo sur en dos minutos o menos. Por esta serie de motivos, el Wagner actuó a la sombra del GRU en operaciones muy concretas que, naturalmente, no debían trascender bajo ningún concepto. Así, fueron los encargados de ocupar a base de audaces golpes de mano instalaciones militares ucranianas cuyos defensores estaban en la inopia, operaciones de reconocimiento, sabotaje y escolta de los principales líderes pro-rusos de Crimea y el Donbás y, como es habitual en estos casos, eliminación de personas non gratas cuya permanencia en el planeta no es nada deseable. Toda esta serie de operaciones podrían atribuirse a separatistas ucranianos que actuaban por su cuenta, y no a una empresa financiada por el Kremlin. En aquel momento, el Grupo Wagner contaba- en teoría- con unos 2.500 efectivos que, a pesar de su escaso número, rindieron un servicio altamente satisfactorio.

Esto es lo último que al camarada Vladimiro se le habría
pasado por la cabeza el 23 de febrero de 2022
En febrero de 2022, el camarada Vladimiro considera que ha llegado el momento de dar un paso más y ordena invadir Ucrania a pesar de que el día antes juraba por sus muelas que esa idea jamás se le había pasado por la cabeza. Obviamente, el Grupo Wagner estaba invitado a la fiesta, y en esta ocasión con sus efectivos ampliados a 5.000 hombres, un 75% de los cuales eran de nacionalidad rusa. Y como seguían siendo oficialmente ilegales, pues era el momento de legalizarlos porque el desempeño de estos mercenarios sería en esta ocasión mucho más... vistoso, y no podrían colarse como simples operaciones llevadas cabo por separatistas en un país que, no solo no tenía separatistas, sino que odiaba a muerte a los rusos. Así pues, en junio de aquel mismo año se modificó la ley para especificar que la prohibición de crear grupos de mercenarios se aplicaría solo a los grupos armados que operasen contra los intereses rusos. Como es evidente, era una ley ad hoc para que el Wagner tuviera carta blanca para actuar en Ucrania como una fuerza de élite mercenaria en un momento en el que- en teoría- poderoso ejército ruso se mostró al mundo como una birria de ejército, con tropas mal entrenadas y peor equipadas que no cumplieron el vaticinio putinesco de tomar Kiev en 72 horas. No vamos a redundar en esto, pero ya sabemos que el ejército ucraniano no solo detuvo al "poderoso" ejército ruso, sino que lo rechazó y les llevan causadas ya más de un millón de bajas, una cifra simplemente astronómica en una guerra moderna, aparte de la ingente cantidad de material de todo tipo.

Prigozhin con dos de sus amados homicidas. Este tipo de líderes
suelen tener una gran capacidad para establecer fuertes
vínculos con su gente
El reconocimiento del Grupo Wagner como una empresa legal supuso una serie de cambios notable. Los entrenamientos los llevaban a cabo en instalaciones del ejército ruso, sus heridos o enfermos eran atendidos en hospitales rusos, y sus estipendios eran superiores a los miembros del ejército regular, cuyas familias incluso esperan hasta el infinito y más allá para recibir las indemnizaciones por la muerte en combate de algún pariente. El ejército da largas para no soltar la pasta, y si el pariente fue reducido a pavesas en un T-72 por culpa de un dron ucraniano y se le considera desaparecido o, más bien, desintegrado, pues la familia no cobra porque nadie puede demostrar que Ivan Ivanóvich está más muerto de Carracuca. Sin embargo, el Wagner paga generosamente a su personal. Los novatos cobran 80.000 rublos (unos 850 €) mensuales durante su período de entrenamiento en el campo de Molkino, una base dependiente del GRU al sudeste de la ciudad de Krasnodar. Si son enviados a Siria o Ucrania, la cifra sube a 120.000 del ala (unos 1.300 €), y si palman en combate la familia recibe puntualmente tres millones de rublos (unos 32.300 €). En un país dónde el sueldo medio es de unos 600 € no está nada mal.

Wagneriano manejando un dron. Esos chismes han
cambiado la guerra para siempre
Pero, ojo, que nadie crea que cualquier pelagatos entraba en el Wagner. Para eso ya está el ejército regular, dónde ya sabemos que no hay precisamente cola en las oficinas de reclutamiento y que decenas de miles de rusos se han largado antes de ser llamados a filas. De entrada, mientras que el camarada Vladimiro se ha visto ya forzado a indultar criminales con tal de que se alisten, el Grupo Wagner no admite a nadie que tenga un historial delictivo, al menos en cuestiones de cierta importancia. Los aspirantes son sometidos a un exhaustivo reconocimiento médico, y las exigentes pruebas físicas hacen que hasta un 20% de ellos sean rechazados, en cuyo caso se limitan a darle un billete de tren o autobús, una palmada en el lomo y los mandan a hacer gárgaras. Una vez dentro del grupo, se ejerce una disciplina férrea en la que no se duda en aplicar severos castigos y, lo que más duele, multas económicas. El personal es adiestrado en operaciones de asalto, conocimientos de artillería, de carros de combate, artillería antiaérea, manejo de drones, conocimientos sanitarios, etc. En resumen, una fuerza autosuficiente.

Miembros del Grupo Wagner durante su marcha hacia
Moscú
Sin embargo, y a pesar de su eficiencia, ya sabemos cómo acabó la cosa. La resistencia ucraniana y, aún más grave, la corrupción endémica del ejército ruso, hicieron ver a Prigozhin que la fiesta se prolongaría mucho más allá de la madrugada, y que las cosas no eran como le había prometido el camarada Vladimiro. Para más inri, el Wagner no era un grupúsculo que podía ser aplastado por el ejército ruso como si tal cosa, y el conato de golpe de estado iniciado por Prigozhin en junio de 2023 dejaron claro que era el momento de agradecerle los servicios prestados y prescindir de ellos. Los rusos no se cortan un pelo cuando necesitan librarse de indeseables, y en este caso ocurrió lo que tenía que ocurrir. Aparentemente perdonado por el Vladimiro por su pecadillo y aceptando exiliarse a Bielorrusia, el 23 de agosto de 2023, mientras viajaba hacia San Petersburgo, el Embraer Legacy en el que viajaba junto a Uktin y cinco personas más, aparte de tres tripulantes, se desplomó no se sabe cómo y no quedó títere con cabeza. Los miembros del Grupo Wagner aparecieron en las noticias llorando a moco tendido como si hubieran perdido a un padre, pero el camarada Vladimiro lo tenía claro: tres días más tarde, cuando el cuerpo de Prigozhin aún no había recibido sepultura, obligó a los miembros del Grupo Wagner a jurar fidelidad al estado, uséase, a él. A partir de ese momento, el Grupo Wagner era de su propiedad. Por cierto, ¿los han oído mencionar en las noticias desde entonces? Me da la impresión de que los han jubilado anticipadamente o los han enviado a hacer de señuelos de drones. Otras fuentes afirman que fueron transferidos a la Rosgvárdia, la Guardia Nacional rusa, donde igual los han enviado a vigilar las fronteras con Mongolia o China.

Exequias de Prigozhin. A la derecha de su foto aparece
la de Uktin
En fin, así ha sido la existencia del controvertido Grupo Wagner, que por cierto ha dejado pendientes de solventar mogollón de denuncias internacionales por violaciones de derechos humanos y por ser considerada organización terrorista. En lo que a mí respecta, infiero que Prigozhin vio que la guerra de Ucrania acabaría siendo la tumba del camarada Vladimiro, que la población rusa estaba un poco bastante harta de ver interminables listas de bajas, que la moral del ejército estaba por los suelos, y que quizás era un buen momento para hacer limpieza en el Kremlin y proclamarse mandamás de todas las Rusias. Por otro lado, el Grupo Wagner se estaba convirtiendo en una fuerza peligrosa, un avispón metido en el panal propio que, en cualquier momento, podía acabar con la colmena, así que, como es habitual en estos casos, lo más aconsejable es acabar con la amenaza y santas pascuas.

Bueno, con esto creo que ya pueden hablar del tema con propiedad ante sus odiosos cuñados en las interminables tardes estivales, de modo que acabamos aquí.

Hale, he dicho

CETERVM CENSEO PETRVM SANCHODICI ESSE DELENDAM

Típica foto de mercenarios feroces encaramados en un carro de combate. La ferocidad no les sirvió de mucho cuando fue el mismo estado ruso el que se les puso enfrente