viernes, 8 de enero de 2016

El ariete de uña del Códice Latino 197


Prosiguiendo con el tema arietario, como es viernes y no estoy para devanarme mucho el seso hablaremos de un curioso ariete que me he permitido denominar como "de uña" debido al peculiar diseño de su cabeza. Como vemos en la ilustración de la derecha, aparece en dos de los muchos diseños del Códice Latino 197 de Munich, una obra datada hacia el segundo cuarto del siglo XV que recoge todo tipo de ingenios bélicos. En principio me llamaron la atención esas dos mínimas ilustraciones, las cuales estaban mezcladas un tanto caóticamente entre otro tipo de máquinas ya que muchas de las páginas de la obra más bien parecen apuntes o compilaciones que diseños detallados a fondo. No obstante, se me quedaron en la memoria pensando que esa morfología debía obedecer a algo en concreto, y más en una época en que los arietes armaban por lo general cabezas prismáticas, cónicas o trapezoidales.

Bien, la cosa quedó latente hasta que, mira por donde, vi que Viollet-le-Duc recogía uno de apariencia similar en su obra "Diccionario Razonado de Arquitectura", un fastuoso compendio sobre arquitectura medieval que hace las delicias de cualquier aficionado a estos temas. Bueno, a la izquierda podemos ver su aspecto con esa curiosa uña bífida que, si la comparamos con los bocetos del Códice se asemejan bastante. Sin embargo, Viollet no explicaba el motivo de esa peculiar morfología, así que invertí unas cuantas neuronas para dar con el motivo de fabricar una cabeza de ariete con esa forma. Bueno, pues esto es lo que deduje tras recibir la visita del espectro de Taccola en persona, que me inspiró adecuadamente.



En la ilustración superior tenemos el ariete en cuestión pendiendo de la viga central de la tortuga que defiende a los encargados de manejarlo. Como vemos, es un artefacto enorme, de unos 10 metros de largo, y cuelga de tres cadenas que le dan estabilidad en el movimiento pendular que hace cuando bate la muralla. Para ello va provisto de una hilera de sogas, las cuales servirán para que unos tiren hacia atrás y otros hacia adelante. De ese modo se aprovechará al máximo el impulso proporcionado por la masa del ariete en el momento en que llegue a su punto de máximo desplazamiento. La ilustración muestra el momento en que, tras abrir una brecha en el paramento de piedra, debe empezar a batir el migajón, que era cuando comenzaban los problemas porque, como ya sabemos, era preciso extraer constantemente el relleno de la muralla ya que apenas acusaba los efectos de los golpes. ¿Que por qué? Pues porque absorbía la energía del impacto. Recordemos que el migajón estaba formado por tierra compactada mezclada con cascotes y restos cerámicos, de modo que los testarazos del ariete no podían romper lo que ya estaba "roto". Así pues, los operarios de la máquina debían detenerse de vez en cuando para que, equipados con azadones o con una falx muraria, un grupo de zapadores pudiera ir extrayendo el material suelto del interior de los paramentos. Y para este fin colijo estaba diseñada esta curiosa cabeza arietaria.


En la ilustración superior vemos la secuencia completa del movimiento pendular del ariete. Según se puede apreciar, a medida que avanza o retrocede asciende respecto a su altura cuando está en reposo. Así, cuando se produce el impacto y empieza a retroceder y, por ende, a descender hasta su punto más bajo, con la uña arrastra hacia fuera los cascotes desprendidos tras el golpe. De esa forma, el mismo ariete irá despejando la brecha independientemente de que, de vez en cuando, sea precisa la actuación de zapadores para aumentarla de tamaño. No obstante, cabe suponer que con este tipo de cabeza sus intervenciones fuesen mucho menos frecuentes.

Bueno, ya está. Curioso, ¿no?

Hale, he dicho

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