sábado, 11 de agosto de 2012

Morfeos callejeros


06:14 horas. 30º de temperatura ambiente . Sentado en su piltra, el Amo del Castillo maldice al destino por enésima vez por no haber nacido en Laponia. El aire acondicionado echa agua hacia dentro, formando un generoso charco en el suelo del dormitorio, lo que le obliga a pasar la noche con un ventilador a secas. Así pues, tras una gratificante ducha fría, el Amo del Castillo se larga a la puñetera calle a ver como la añeja Spal despierta tras una sofocante noche.

Tras pasar satisfactoriamente un control de alcoholemia, me interno en la recalentada urbe perplejo por la incombustibilidad de la chavalería noctámbula, que se alivian del calimocho y los cubatas del botellón en el puesto de churros del puente de Triana, mientras que con la mano libre no paran de mensajearse con el Wasap ese que está tan de moda y que parece que les va la vida en ello. Y, mira por donde, me topo con lo que hoy son los protagonistas de esta entrada: indigentes roncando apaciblemente que, por dormir a la intemperie, posiblemente hayan pasado menos calor que muchos ciudadanos. Aquí tenemos a uno de ellos, apalancado en lo que era la antigua sede de la Asociación Sevillana de Caridad y hoy propiedad de no sé qué banco o similar:




Ni una salva de 21 cañonazos despertaría a nuestro hombre, ayudado a conciliar su sueño beatífico por las botellitas de licor que, exprimidas hasta la última gota, deben haber contribuido además a desempolvarle el hígado de forma contundente. La paloma no sé qué buscaría ahí, salvo que fuese un buitre disfrazado dispuesto para el desayuno. Ahí tenemos un detalle de la jeta del durmiente:




Los amantes del retrato, como supongo harán muchos, buscan afanosamente jetas arrugadas y curtidas, las cuales se prestan de maravilla a impactantes retoques. En este caso, como media cara estaba oculta y demasiado oscura, me he limitado a aplicar un filtro de paso alto con una máscara de capa para, con la fusión en luz fuerte, resaltar las partes más interesantes: pliegues de la ropa, cabello y las botellitas. Las facciones de nuestro hombre han sido resaltadas con un poco de paciencia, aplicando la herramienta de sobreexponer o subexponer y un pincel muy fino. De ese modo, remarcamos más las arrugas y las zonas con más volumen de la cara y la mano. El fin de este retoque es aumentar el dramatismo de la imagen. Veamos otro durmiente:




Como éste estaba mejor iluminado, no me he resistido y lo he draganizado por completo. En una entrada anterior ya comentaba de qué iba eso del efecto Dragan, pero por si alguno no lo leyó lo recuerdo: es un retoque que permite dar a los retratos una apariencia demoledora, resaltando sin piedad cada defecto, arruga, mancha en la piel, etc. Como cabe suponer, no vale para críos. Para la parienta tampoco porque os puede costar el divorcio. Y ni se os ocurra hacerlo con el abuelo so pena de veros desheredados porque le echaréis de golpe 20 años encima. O si se lo hacéis, pues que no lo vea jamás de los jamases por si acaso. Aparte del draganizado del durmiente, he aplicado un filtro de paso alto con una máscara de capa en modo de fusión luz fuerte para resaltar el relieve del banco que sirve de piltra a nuestro hombre, de forma que se resalten más las soldaduras, rebabas, etc., así como el pelo, la barba y el macuto que le sirve de almohada

Hay muchos tutoriales de Youtube para lograr este efecto, pero os dejo el enlace del que me ha parecido más completo:


Bueno, criaturas, voy a comprar una barra de hielo para ponérmela en el cogote. En las noticias de esta mañana aparecía el valle del Guadalquivir, no de rojo, sino color berenjena, así que nos espera un día calcinante. Sit tibi levis.

Hale, he dicho...