martes, 27 de septiembre de 2022

CURIOSIDADES MECÁNICAS SOBRE PISTOLAS

 

Probas operarias de la firma Colt en uno de los talleres de la fábrica

Sigo en dique semiseco, de modo que completaremos la temática pistoleril con este articulillo que, seguramente, les aclarará muchos aspectos en lo referente a determinados diseños. Es el típico "lo que siempre quiso saber y nunca se atrevió a preguntar", de modo que hoy matarán dos pájaros con el mismo escopetazo, uséase, sabrán lo que querían saber y ya no tendrán que preguntar a sus cuñados que, obviamente, mienten como bellacos y les informarán falsamente para que queden en evidencia. Y sin más preámbulos, vamos al grano...

EL BOTÓN DE EXPULSIÓN DEL CARGADOR

Lo habitual es que los veamos en el lateral izquierdo de la empuñadura, de forma que podamos pulsarlo con el pulgar. Diversos modelos ya lo incluían hace más de un siglo, como vemos en la foto de la derecha donde tenemos, de izquierda a derecha y de arriba abajo una P-08, una Colt 1911, una Browning GP-35 y una Star 1914. Está de más decir que actualmente es prácticamente el único sistema que se emplea porque es el más racional. Se basa en algo tan elemental como que el usuario aprieta el botón para que el cargador caiga solo o, a lo sumo, ayudado por un giro brusco de muñeca que haga que salga despedido; mientras tanto, la mano izquierda ya ha cogido uno de la cartuchera y lo dirige hacia la tolva de alimentación. Es, en resumidas cuentas, el mecanismo más eficiente, y si hace uso de él un ciudadano entrenado supone invertir en ese proceso apenas un segundo o algo menos si bien hablamos de armas y accesorios de competición. Sea como fuere, es mucho más rápido que el sistema de retenida situado en el talón de la empuñadura que, aunque más desconocido por lo general, era el más habitual en los primeros años de las pistolas tal como las conocemos actualmente.

Este sistema lo podemos ver en cantidades masivas de armas cortas diseñadas a finales del siglo XIX y hasta casi la primera mitad del XX. En la foto podemos ver varios modelos bastante representativos: de izquierda a derecha y de arriba abajo tenemos una FN 1910, una Beretta 1935, una Astra 600 y una P-38, todas con el pulsador en el talón de la empuñadura. En este caso, el proceso de recarga se alargaba ya que para extraer el cargador había que usar ambas manos. Mientras la derecha empuñaba el arma, la izquierda tenía que empujar el pulsador con el pulgar y, a veces, incluso ayudarse con el índice para extraer el cargador. Luego tenía que sacar el cargador de respeto de la cartuchera e introducirlo en el arma. Este proceso era una eternidad en situaciones de combate, donde un segundo es el tiempo que tarda un enemigo en abrasarte a tiros si no has sido capaz de abrasarlo antes a él. Es pues evidente que el sistema anterior es mucho más eficaz. Así pues, ¿por qué no se propaló en gran parte del modelaje de la época?

H&K P-9
La respuesta es simple: se consideraba más fiable el segundo en manos de gente inexperta. La gran mayoría de los civiles lo eran, por supuesto, pero, ¿inexpertos los militares y los policías?, se preguntará más de uno levantando la ceja un tanto perplejo. Pozí, aunque resulte paradójico, los militares y policías no se han distinguido precisamente por su habilidad en el manejo de las armas y, de hecho, cualquier civil entrenado les echa la pata con creces y de eso puedo dar fe sobradamente. Solo los probos homicidas pertenecientes a unidades de élite que se machacan a diario en el manejo de su armamento pueden decir que son verdaderamente diestros. Pero, salvo contadísimas excepciones, esas unidades de élite no existían hace 80, 100 o 130 años, y los sujetos que portaban pistolas estando de servicio no solían sacarlas de la funda durante meses.

Por lo tanto, hablamos de armas ideadas para ser manejadas por torpes, como comentamos en la entrada anterior al referirnos a los seguros de empuñadura. Hoy día este sistema de retenida ya está prácticamente extinguido y solo se suele ver en armas de defensa personal de pequeño calibre como la CZ 92 de calibre 6'35 mm. (foto de la izquierda). De las grandotas, que yo recuerde, lo usa una versión de la Beretta 92 (la 92S de la policía italiana) y la Heckler & Koch P9 (foto superior derecha), una pistola que cuesta un huevo y la yema del otro y que, aparte de algunas unidades policiales de élite, se usaba para competición porque su precio y su escasa capacidad- solo 9 cartuchos de 9 mm. Parabellum- la relegaron al uso deportivo. Yo tuve hace años una versión de competición provista de cachas anatómicas y miras regulables que me costó un cuarto de kilo de las antiguas pelas, así que imaginen... En aquella época te podías hacer con una Brno CZ-75 por diez o doce mil duros, y era una cacharra fabulosa con un cargador para 16 cartuchos.

Pistola Bergmann 1903. En este caso, el retén del cargador estaba
en el guardamonte, lo que tampoco era un acierto ya que se podía
pulsar sin querer con el dorso del dedo índice
Veamos... Lógicamente, los diseñadores de armas se ceñían a los requerimientos de los ejércitos y fuerzas policiales. Ellos ofrecían sus diseños propios al mercado civil, pero cuando optaban a un concurso no les quedaba otra que acatar determinadas especificaciones si querían optar a trincar un suculento contrato. Y, mira por dónde, no era raro que la presencia de este sistema de retenida del cargador fuese habitual en dichas especificaciones. ¿Por qué? Pues porque los únicos que usaban pistola en aquella época eran los oficiales, los suboficiales de algunas unidades muy concretas que raramente harían uso de ellas, como los de las compañías de ametralladoras, y la policía. Por lo tanto, y ante la duda, se prefería un mecanismo que impidiera que se pulsara el botón por error a causa de las prisas, la tensión o el miedo, y se optaba por el otro, más lento pero más seguro. Verse en plena movida con que el cargador había tomado camino por su cuenta sin haberse enterado era bastante irritante, así que lo más sensato era que la retenida de dicho cargador fuera lo suficientemente fiable como para no verse en semejante brete. ¿Qué por la lentitud de recarga alguno la palmaba? Pues haberse dado prisa, qué carajo...

SEGURO DE CARGADOR

Vista en sección de una Astra 400. El seguro de cargador estaba
situado debajo del gatillo, en la posición que marca el círculo. Al
extraer el cargador, una pieza bloqueaba la biela
Este era otro mecanismo "de obligado cumplimiento" por motivos similares. Consistía en que el arma quedaba asegurada cuando se extraía el cargador, y este no se desactivaba hasta que se introducía otro. Una chorrada ideada para evitar que si alguien cambiaba el cargador manteniendo un cartucho en la recámara no se pegase un tiro sin querer. Obviamente, esto era un gilipollez que le costó la vida a más de uno que, viéndose sorprendido en plena recarga, no pudo disparar sobre un enemigo que se le abalanzó en ese momento porque aún no había metido en cargador en la pistola. Muchos oficiales mandaban su pistola al armero para eliminar el puñetero seguro, operación que generalmente no requería más que limar la uña que presionaba el mecanismo al introducir el cargador o remover la pieza que actuaba sobre el mecanismo de disparo, pero mientras sí mientras no, a más de uno le costó un disgusto. Está de más decir que este tipo de seguro se suprimió hace la torta de años, pero en su época incordió lo suyo.

PISTOLAS CON MARTILLO INTERNO

Esta fue otra pauta bastante habitual. Lógicamente, en las pistolas provistas de un mecanismo de percusión por aguja lanzada es obvio que nunca veremos un martillo, pero en muchísimas de percusión convencional se prefería que estuviera oculto aunque ello suponía impedir que el tirador manejara el mecanismo de disparo a su antojo. En este caso no se trataba de complicar las cosas a los torpes, sino al contrario. La mayor parte de las pistolas con martillo interno eran las destinadas al mercado civil para defensa personal. Eran armas de pequeño calibre diseñadas para portarse cómodamente en un bolsillo de la chaqueta o el gabán de forma que las aristas o piezas susceptibles de engancharse con la ropa fuesen mínimas o, mejor aún, inexistentes. En la foto tenemos un buen ejemplo, la FN 1906 en calibre 6'35 mm. o .25 ACP, como prefieran. Podemos ver sus formas redondeadas y suaves, muy adecuadas para sacarla sin llevarse un berrinche. Además de la retenida del cargador en el talón de la empuñadura, podemos ver el seguro de aleta y el seguro de empuñadura.

Algunas pistolas militares también usaron este sistema, si bien de forma poco significativa. La más representativa podría ser la Astra 400, por ejemplo, pero, como decimos, el martillo oculto era ante todo un diseño destinado al mercado civil. Una opción intermedia la tenemos en armas como el Smith & Wesson Bodyguard, recamarado para el cartucho .38 Spl. y también destinado a ser un arma puramente defensiva para llevar oculta bajo la ropa independientemente de que se hiciera mundialmente famoso por ser el revólver con el que el general Nguyen Ngoc Loan ejecutó de un tiro a bocajarro en plena calle de Saigón a un fulano acusado de ser un espía del Vietcong. Como vemos en la foto, el martillo no aparece por ningún lado, pero si observamos el detalle podemos apreciar que asoma una pequeña parte del mismo con un moleteado que permitía amartillarlo. Estas armas son ideales para llevar en una tobillera y sitios donde tengamos un enganchón garantizado en caso de tener que actuar con prontitud.

Esta opción intermedia también la adoptó la Tokarev TT-33 soviética que vemos en las fotos de la derecha, tanto amartillada como sin amartillar. El martillo no estaba provisto del espolón habitual, teniendo en cambio un perfil redondeado con un moleteado en la parte superior. En este caso, aparte de prevenir enganchones, la intención era otra: permitir el amartillado del arma sin usar el pulgar, que con el frío comunista estaría enfundado en un grueso guante. Por lo tanto, era más fácil hacerlo ayudándose con el burdo tejido del abrigo apoyando el martillo contra el mismo y empujando hasta llevarlo hacia atrás. En resumen, era una adaptación concreta a un problema específico que solo ellos tuvieron en cuenta de la misma forma que los honolables guelelos del mikado aumentaron el diámetro de los guardamontes de sus Nambu Taishō 14 precisamente por el mismo motivo: poder apoyar el dedo en el gatillo cuando llevaban las manos enfundadas en los guantes que el frío de Manchuria les obligaba a usar. 

LOS ENCASQUILLAMIENTOS

Cuando estamos viendo una peli de acción y la pistola del fulano de turno tiene una interrupción, el cuñado que aprovecha la mínima para dejar claro que está puesto en la materia salta como un resorte y berrea como un poseso:

-¡S'ha encahquillao!

Pero, ¿saben qué es un encasquillamiento? Es una interrupción producida por algo muy concreto: la vaina servida no sale por la ventana de expulsión, quedándose atascada en la misma e impidiendo que la corredera realice su recorrido completo. Por lo general, este problema se puede presentar por dos motivos, a saber. Uno, que el muelle de la uña extractora sea demasiado potente y no suelte el culote de la vaina cuando choca con el extractor al retroceder la corredera. Y dos, que un cartucho con una carga defectuosa- inferior a lo debido en este caso- no permita a la corredera retroceder del todo, por lo que el ciclo de disparo no se completa. El muelle recuperador la haría avanzar sin dar tiempo a expulsar la vaina servida que, como en el caso anterior, se quedaría atrapada en la ventana de expulsión. Esto no supone un grave problema. Lo único que hay que hacer, aparte de no acojonarse y no ponerse nervioso, es tirar de la corredera y girar el arma para que la vaina caiga sola. Bastará con soltarla para que esta arrastre un nuevo cartucho a la recámara.

Pero no todas las interrupciones se deben a encasquillamientos. Otro motivo, y este sí es chungo, lo vemos en la foto de la derecha. En este caso, la vaina se ha quedado en la recámara, bien porque la uña extractora se haya roto, bien porque su muelle carezca de potencia para agarrar el reborde, o bien porque un pico de presión haya dilatado tanto la vaina que se haya quedado pegada a la recámara. La corredera realizará su ciclo completo, retrocediendo hasta el límite y empujando un nuevo cartucho, pero este no podrá entrar porque la recámara no está vacía, como podemos apreciar en el detalle de la imagen. ¿Cómo se soluciona este problema? Si se está en plena movida está jodida la cosa, por lo único que se puede hacer es introducir algo por la boca del cañón y empujar la vaina hasta sacarla. Previamente debemos extraer el cargador y dejar la corredera abierta, así que mejor nos buscamos un hoyo para proceder a solucionar la avería o, mejor aún, nos buscamos una cacharra que funcione. O, todavía mejor, nos largamos echando leches.

Y por añadir una más, podemos encontrarnos que el cartucho se clava en la parte superior de la recámara cuando pretende entrar en la misma. Puede deberse a un defecto de fábrica que haya hecho que el cartucho sea un pelín más largo de lo normal, o que la rampa de alimentación esté muy sucia y no permita un deslizamiento correcto del proyectil. Podemos añadir cuestiones de tipo mecánico como una rotura del muelle del cargador, del muelle real o cualquier otra pieza que impida el correcto funcionamiento del arma pero, en todo caso, encasquillamientos solo hay de una clase.

LAS VENTANAS DE EXPULSIÓN

Esta es de una obviedad palmaria, pero es posible que alguno se haya preguntado por qué la inmensa mayoría de las pistolas tienen la ventana de expulsión en el costado derecho de la corredera. Obviamente, el motivo no es otro que el hecho de que casi el 90% de ciudadanos que se pasean por este planeta son diestros. Un zurdo empuñando un arma diseñada para diestros lo tiene un poco complicado. Los mecanismos- palancas de seguro, pulsador del cargador- los tienen al revés y, lo que es peor, las vainas expulsadas van derechas a su jeta en muchas ocasiones. Sin embargo, se han fabricado pistolas, algunas de ellas sumamente famosas, sin ventana de expulsión. Así, a bote pronto, podemos citar la P-08, la Mauser C-96, las Beretta o la Walther P-38. En estos casos, la dirección en la que sale despedida la vaina la condicionan la posición de la uña extractora y, sobre todo, el extractor que las expulsa hacia fuera. Por ejemplo, la P-08 (foto A) y la Mauser (foto B) tienen la uña en la parte superior del bloque de cierre, y el extractor en la parte inferior. Resultado, la vaina saldrá despedida hacia arriba y con cierta tendencia hacia adelante. Serían pues las más adecuadas para zurdos y diestros. Por desgracia, hablamos de dos de las armas más caras y complejas de fabricar, con un elevado número de horas de mecanizado que las encarecía enormemente.

La Beretta 92 (foto A) tiene la uña extractora en el costado derecho y el extractor en el izquierdo, por lo que a pesar de que los dos tercios superiores de la corredera están abiertos y dejan al aire el cañón, las vainas son expulsadas hacia atrás y hacia la derecha. Finalmente, la P-38 (foto B) presenta la uña extractora en el costado izquierdo y el extractor en el derecho, así que el efecto sería el deseable para los probos zocatos ya que las vainas salen hacia arriba y hacia atrás/hacia la izquierda. ¿Por qué los tedescos adoptaron esa disposición tan inusual? Pues ni idea, pa qué mentí. En el resto de la mayoría de las armas, la uña extractora aparece en el costado derecho y el extractor en el lado izquierdo, de modo que nos encontramos con el mismo efecto que en la Beretta 92, las vainas son expulsadas hacia atrás y hacia la derecha. Por lo tanto, como vemos, lo que determina la dirección en la que saldrán las vainas no es la posición de la ventana, sino la de los mecanismos de expulsión. Sí, algún zurdo que me lea protestará diciendo que tampoco es muy complicado poner la uña arriba y el extractor debajo para que las vainas salgan hacia arriba, pero son los inconvenientes de pertenecer a una minoría bastante mínima porque desde hace décadas se buscan los diseños que requieran menos mecanizados y una mecánica más sencilla, y las de la P-08 o la C-96 no lo eran.

Dicho esto, ¿se podrían fabricar pistolas para zurdos? Naturalmente. Solo habría que invertir todos los mecanismos de seguridad, extracción y eyección, pero me temo que no sería viable, así que ajo y agua, queridos siniestros. 

BULOS FORENSES

Dos proyectiles de 9 mm. en los que se aprecia tanto las estrías
como cualquier marca dejada por el ánima del cañón
El cine, como ya sabemos sobradamente, se ha encargado de propalar infinidad de camelos, y uno de ellos atañe a lo referente a los laboratorios de balística de la policía. El más habitual es el de "saco la bala del fiambre y ya tengo al asesino". Bueno, la realidad es un poco distinta. Se parece más a "saco la bala y ya tengo al menos un indicio para saber su calibre exacto y qué arma la pudo disparar, pero no tengo ni idea de quién carajo es el dueño del arma". ¿Para qué leches nos sirve la bala entonces?

1. Para compararla con las que figuran en la base de datos y que han sido recuperadas de otros ciudadanos maltrechos. Si encontramos otra con las mismas marcas de estrías, ya podemos sospechar con fundamento que el arma que mató a uno también mató a otro, pero no que los matase el mismo hombre. Total, la pistola podía haber cambiado de manos. Y sí, cada arma deja unas marcas diferentes aunque sean de la misma marca y los cañones hayan sido estriados con la misma máquina en un acero procedente de la misma barra. No hay dos iguales, son como las huellas dactilares.

2. Si no aparece ninguna que tenga las mismas marcas, pasará a engrosar la base de datos, pero ahí queda la cosa. Mientras no aparezca el arma no hay nada que hacer, y en muchos casos los asesinos optan por hacerla desaparecer con lo que la bala no servirá como indicio de nada en la investigación.

Cotejando los culotes de dos vainas. En ambas se pueden observar
tanto el golpe del percutor como las marcas que quedan al dilatarse
la vaina contra el bloque de cierre a causa de la presión
Sin embargo, en las pelis reparan menos en las vainas, donde podemos ver la marca de la munición, sino que también quedan marcadas por el arma que la disparó. En este caso, habrá que observar la marca de la aguja percutora en el pistón, la huella del extractor en el culote y la que deja la uña extractora en el reborde. Aunque a simple vista puedan parecer iguales a las disparadas por otras armas, con un microscopio se ven las diferencias sin problema. Por eso, un probo asesino a sueldo preferirá un revólver, que no va dejando un reguero de vainas tiradas por el suelo o, si es metódico, recuperará la que ha usado para perpetrar el crimen. Y sí, hay infinidad de ocasiones en que las vainas quedan esparcidas y la policía las recupera, pero en ese caso nos vemos en la misma tesitura que con la bala: si no hay arma lo tenemos chungo para dar con el sicario.

Dos balas expansivas totalmente deformadas y con la envuelta
hecha una birria. Para identificar las marcas del cañón de esas dos
las cosas se ponen un poco más complicadas, y si se hubiesen
fragmentado y alguna esquirla se hubiese perdido, peor aún
Pero, ojo, hablamos de munición blindada que se recupera del cuerpo prácticamente sin deformar y con el negativo de las estrías perfectamente dibujado pero, ¿y si la bala atravesó el cuerpo y se ha perdido? Pues ajo y agua. A lo más que llegan es a que el forense dictamine el diámetro del proyectil, pero si el orificio de entrada deja claro que pertenece a una bala de 9 mm., puede haber pertenecido a un 9 Corto, un 9 Largo, un 9 Parabellum, un .38 Super Auto, un .38 Spl., un .357 Mg., un .38 Long Colt, un 9 mm. Steyr, un 9 mm. Makarov y un et cétera tan largo que no merece la pena señalarlos uno por uno. Y si encima la bala procede de un revólver que, en muchos casos, son de plomo, la cosa se complica porque no es raro que al impactar con huesos se fragmenten o deformen de tal forma que sea cuasi imposible obtener datos sobre el estriado. En ese caso, a lo más que pueden llegar es a averiguar la marca de la munición en base a la composición del plomo (nunca es puro, sino aleado con antimonio y estaño para endurecerlo) y el tipo de pólvora si han quedado restos de la misma adheridos al proyectil. Resumiendo, que tener la bala solo es una ínfima porción de todo lo que acompaña a una investigación por asesinato. Los laboratorios de la policía española tienen cantidades industriales de balas y vainas de la marca Geko, tristemente famosa por ser la usada por las alimañas vascuences de ETA sin que hasta ahora hayan servido para esclarecer nada.

En fin, bichos, con esto vale por hoy

Hale, he dicho

jueves, 22 de septiembre de 2022

GLOSARIO PISTOLERO

 

Al hilo de la entrada anterior, y considerando que me ha sobrevenido el enésimo ataque de molicie que me ha fastidiado el prometedor avenate post-estival que me ha dejado casi por terminar un articulillo molón sobre ametralladoras, he pensado que muchos de los que me leen se verán a veces con jeta de inquietud al leer términos o expresiones que no han oído en sus vidas. Mecanismos, funcionamiento, palabros referentes a piezas... Aunque siempre procuro hacer mis artículos lo más inteligibles posible, hay cosas que tienen un nombre y no hay otra forma de citarlos salvo que me dedique a poner notas a pie de página que duplicarían la extensión del texto. Por lo tanto, para hacer relleno y despejar dudas entre los que no consiguen enterarse de algunas cosillas, pues veamos un resumen de lo más significativo para que no tengan que estar bicheando en San Google cada vez que hago uso de esta jerga técnica.

DOBLE ACCIÓN, ACCIÓN SIMPLE

Amartillando un revólver. Disparar en acción simple con estas armas
solo es necesario cuando se requiere un disparo de precisión o bien para
acojonar al agresor, que eso de ver cómo gira el tambor y suena el clic
del martillo acojona mucho

Hacen referencia al sistema de disparo de un arma corta, ya sea pistola o revólver. La acción simple- la más antigua obviamente- es la que obliga a amartillarla, quedando el martillo en la posición más atrasada retenido por el fiador hasta que la presión del gatillo lo libere. En el caso de los revólveres, apoyaremos el pulgar en el espolón del gatillo y tiraremos hacia atrás hasta sentir que el fiador ha alcanzado la muesca de la nuez. En las pistolas tenemos dos opciones: una, tirando hacia atrás de la corredera para cargarla; dos, haciendo lo mismo que en el caso del revólver si preferimos abreviar el proceso y llevamos el arma con un cartucho en la recámara y el martillo en posición de seguro, o sea, una posición intermedia que impide que descanse sobre el percutor, lo que podría producir un disparo fortuito.

Muchos cuñados piensan que todas las pistolas son de acción simple, pero desde hace la torta de años se diseñaron de doble acción, como la archifamosa Walther P-38 tedesca. ¿Qué para qué sirve una pistola de doble acción? Pues para mucho. Este sistema nos permite precisamente llevar el arma con un cartucho en la recámara sin necesidad de estar asegurada. Basta desenfundar y apretar el gatillo. Estas armas están provistas de un mecanismo que hace que al cargarlas, si se desea, el martillo queda en una posición intermedia, algo parecido a la muesca de seguro antes mencionada. Es decir, el martillo no reposa sobre el percutor ni queda amartillado, pero es imposible que se produzca el disparo salvo que apretemos el gatillo. Esto hace que la presión que debemos ejercer sobre el disparador sea más elevada que cuando disparamos en acción simple, pero en esos casos lo que importa en la rapidez, no restar un poco de precisión al tener que apretar más. No obstante, si se desea se puede amartillar el arma y disparar en acción simple. A la izquierda tenemos la secuencia de carga para disparar en doble acción una P-38: la foto A nos muestra el arma cargada y amartillada. En la foto B podemos ver que si accionamos la palanca del seguro, el martillo se abate, pero sin llegar a percutir. En la foto C hemos quitado el seguro, pero el martillo permanece alejado del percutor. A partir de ahí, basta presionar el gatillo para efectuar un disparo. Los siguientes ya serán en acción simple hasta agotar la munición del cargador.

¿Tá claro? Po güeno...

FIADOR

Fiador de una Colt 1911

Aparte de ser el panoli que avala la hipoteca a su cuñado, podríamos decir que es el corazón del arma. El fiador es la pieza que conecta el gatillo con el martillo mediante una biela, o sea, es la que retiene al martillo en su posición más atrasada bloqueándolo en una muesca del mismo. Cuando apretamos el gatillo hacemos oscilar el fiador hasta que libere al martillo. Está provisto de un muelle para que cuando se produzca el disparo, la presión del mismo haga que vuelva a bloquear el martillo. Si el fiador de una pistola se rompe, el efecto que tendría sería bastante enojoso: al no retener el martillo, cuando la corredera avanza arrastrando un cartucho nuevo en la recámara lo haría seguida del martillo, por lo que se produciría un ametrallamiento. Si no quitamos el dedo del gatillo vaciamos un cargador de 8 tiros en un instante, literalmente. En las armas con selector de tiro, la función de este mecanismo es precisamente anular el fiador para que dispare mientras se tenga el gatillo apretado. Si lo ponemos en semiautomático, pues aunque dejemos el dedo puesto el arma no disparará. Tendremos que soltar el gatillo para conectarlo de nuevo con el fiador.

¿Tá claro? Po güeno...

MUELLE REAL

A la izquierda, muelle real helicoidal en un revólver. A la derecha,
muelle real plano

No es un muelle emparentado con monarcas ni nada parecido. Es simplemente el nombre que se da al muelle que acciona el martillo. Puede ser helicoidal o plano, si bien el segundo es el más frecuente en los revólveres y el primero en las pistolas. De su potencia depende la presión que debamos ejercer en el disparador para liberar el martillo, que en las armas militares puede alcanzar tranquilamente los 4 o 5 kilos. Para comparar, el peso mínimo permitido en las armas de competición de Grueso Calibre es de 1.360 gramos, y en las de Pistola Estándar, modalidad en la que se usan armas de calibre .22 LR, de 1.000 gramos. ¿Por qué si disparamos en doble acción notaremos que tenemos que apretar más? Fácil. Porque disparando en doble acción debemos hacer retroceder el martillo venciendo la presión del muelle real con el dedo índice, trabajo que nos ahorramos cuando disparamos en acción simple. Por lo demás, las armas de competición traen por norma algún mecanismo que permite regular la presión, mientras que en las armas normales hay que afinarlas a mano. Es algo simple, pero hay que saber hacerlo para no aligerar tanto la fuerza del muelle que este no tenga potencia para retener el martillo y al amartillar se dispare sola. Basta con rebajar y pulir la muesca de la nuez y, llegado el caso, rebajar la anchura del muelle (ojo, la anchura, nunca el grosor) si es plano, o eliminando una, dos o tres espirales si es helicoidal.

¿Tá claro? Po güeno...

SEGURO DE EMPUÑADURA

Seguro de empuñadura de una Astra 400

Esto creo que es bastante obvio, pero lo añado por si a alguno se le escapa. Su nombre lo dice todo, creo yo. Es un seguro que se desactiva cuando se empuña el arma. Tuvo su origen en las armas militares, proclives a caerse o ser mal usadas por personal poco entrenado. Con estos seguros, que por norma veremos como una tecla situada en el lomo de la empuñadura, el arma no podía hacer fuego ni aunque le pasara un coche por encima. Hasta que no se empuñaba correctamente y la presión de la mano introducía la tecla hacia dentro no quedaba desactivado. Hace la torta de años que dejaron de producirse armas con seguro de empuñadura y, que yo sepa, las únicas que lo conservan hoy día son las réplicas de la Colt 1911. Por cierto que muchos usuarios de estas pistolas, entre los que me incluyo cuando las usaba, lo suprimen eliminando el resalte que tiene por dentro y que bloquea o desbloquea el mecanismo de disparo. ¿Por qué eliminarlo? Porque es un seguro para torpes, y cuantos menos mecanismos prescindibles haya en un arma menos probabilidades hay de que se produzca una interrupción.

¿Tá claro? Po güeno...

AGUJA LANZADA

Aguja percutora de una Borchardt. Como vemos, en este caso
el muelle va dentro de la misma

Es un sistema de percusión más antiguo que la tos, pero que muchos desconocen cuando armas tan emblemáticas como la Borchardt, la P-08 o la actual Glock lo usan. La percusión por aguja lanzada prescinde del martillo convencional, y en el momento de cargar un muelle helicoidal comprime la aguja, que queda retenida. Cuando disparamos, el muelle se libera y lanza- de ahí su nombre- la aguja hacia adelante, lo que hace que la salida del disparo sea más suave. Esto, en un arma militar, es irrelevante ya que en ese caso da lo mismo el tema de la precisión porque no estamos disparando a una diana a 25 metros. 

Hay gente a la que no le gusta este sistema porque impide tener un control directo sobre los mecanismos de disparo. Por ejemplo, no te deja amartillar a voluntad, y cuando se porta el arma con un cartucho en la recámara, olvidar poner el seguro puede resultar muy enojoso llegado el caso. Obviamente, para evitar sustos se recurre a seguros que uno no puede olvidar, como el caso de la Glock, que no tiene seguros. Bueno, los tiene, pero no son la típica palanca en el lateral de la corredera. ¿Ven esa cosa que asoma del gatillo? Esa es la palanca de seguro, por lo que hasta que no lo apretemos no se liberará. Resumiendo: hay que disparar de forma voluntaria para que la aguja percuta en el pistón del cartucho. Por cierto, el hecho de que el martillo no esté a la vista no significa que una pistola no lo tenga. Muchos modelos son de martillo oculto, como la FN 1900 o la Astra 400, pero se encuentra dentro de la corredera y funciona como sus congéneres externos.

¿Tá claro? Po güeno...

RONDAS, BALAS, BARRILES... CARTUCHOS, VAINAS, CAÑONES...

Que quede claro. Lo que ven en la foto no son rondas, son
CAR-TU-CHOS

En muchos vídeos de Yutub o artículos de "expertos" en el copia-pega oirán o verán que hablan de que tal arma tiene un cargador para 18 "rondas" o dispara a una velocidad de tantas "rondas" por minuto. Es producto de usar el traductor de Google y no tener ni puta idea de lo que se habla. En la abominable jerga anglosajona hacen uso del término round de forma genérica cuando se refieren a la capacidad de un cargador o la cadencia de tiro de un arma. En español los términos adecuados serían cartuchos o disparos/proyectiles. V. gr., un cargador tiene capacidad para 18 cartuchos, una ametralladora tiene una cadencia de 600 disparos por minuto, o dispara 600 proyectiles por minuto.

Porque otra cagadita bastante antigua es usar el término bala como sinónimo de cartucho. Todos hemos oído alguna vez que a la pistola del bueno nunca se le acaban las balas. Bueno, pues no. A la pistola del bueno lo que no se le acaban nunca son los cartuchos o la munición. La bala es una de las tres partes en que se divide un cartucho que son: la bala o proyectil, la vaina que contiene la pólvora y el pistón o fulminante que inflama la pólvora.

Y, una vez más a consecuencia del maldito traductor, tenemos los barriles, uséase, los cañones. Si pones barrel en el traductor o pides que te traduzca una página donde sale ese palabro, toma la acepción más corriente sin tener en cuenta el contexto, y en este caso es barril. Los "expertos" no se complican la vida y se limitan a copiar y pegar, dando por sentado que un cañón y un barril son la misma cosa. En fin, el tema de la terminología pistolera inglich-español está chungo porque los diccionarios en línea no sirven para dilucidar estas cuestiones, y muchos se quedan en la inopia cuando no dan con la traducción de una determinada pieza. Por poner un ejemplo más, receiver. Si buscan en un diccionario ese palabro le saldrán más de una docena de acepciones, pero ninguna relacionada con las armas. Esphanto, pánico, repullo, canguelo... ¿qué carajo es el receiver ese que llevo ya leído ocho veces y no soy capaz de poner en contexto? Pues el cajón de mecanismos. Sí, dónde van todas las piezas que hacen funcionar un arma. Resumiendo, mejor procuren agenciarse un diccionario técnico, porque de no ser así lo tienen chungo.

¿Tá claro? Po güeno...

Y YA QUE HABLAMOS DE MUNICIONES, EL MALDITO SISTEMA DE CALIBRES ANGLOSAJÓN

Sí, todo lo que inventan esos miserables isleños está concebido para fastidiar a la humanidad, y la humanidad es tan gilipollas que, en vez de mandarlos al carajo, siguen haciendo uso de muchos de sus sistemas de medida aunque sean totalmente inexactos. Veamos algunos ejemplos...

Mientras que el sistema europeo es sencillo y comprensible, el de estos panolis se basa en el caos. La denominación real del 9 mm. Parabellum es 9x19, con lo que expresamos el calibre de la bala y el largo de la vaina. Pero los isleños y sus primos yankees lo complican absurdamente. Vean como:

.44-40: Conocido calibre inventado por la Winchester en 1873 para su carabina de palanca del mismo año. Posteriormente se fabricaron mogollón de revólveres en ese calibre, por lo que el personal no se tenía que complicar la vida a la hora de comprar munición ya que tanto el rifle como el revólver usaban el mismo cartucho. Bien, pues el significado de este galimatías numérico es: cartucho de calibre .44 que en realidad monta una bala de .427 milésimas de pulgada y carga 40 grains de pólvora negra. Actualmente, aunque la carga de pólvora es inferior por ser nitrocelulósica, sigue conservando su denominación original.

.30-06: Archifamoso calibre militar cuya denominación europea es 7'62x63 mm. y que, como podrán imaginar, no cargaba 0'6 grains de pólvora. En este caso hablamos de un cartucho que monta un proyectil de calibre .30 que entró en servicio en 1906.

.38 S&W Special, más conocido como .38 Special a secas: Aún más famoso cartucho de revólver creado en 1898 por la firma Smith & Wesson que monta una bala de .357 milésimas de pulgada y denominado como Special porque era una modificación del .38 Long Colt. A la competencia hay que chincharla, y en este caso optaron por usar el mismo calibre, pero en una vaina de más longitud: 26'2 mm. el segundo por 29'3 el primero, lo que lo hacía más potente al tener una capacidad superior.  

Arriba vemos un .700 Nitro Express. Debajo, un cartucho obtenido
de su vaina, el .700-.577 Nitro Express

Y ahora, la pregunta clave: si por sistema la bala es por lo general de un calibre inferior al nominal, ¿por qué carajo dicen .44 en vez de .427? Porque estos impíos usan en esos casos el diámetro interno del gollete de la vaina en vez del diámetro real de la bala. Sí, absurdo, chorra, lo que quieran, pero tampoco pueden esperar nada razonablemente sensato de sus molleras ahítas de pasteles de riñones y güisqui de maíz. Pero la cosa no queda ahí no... aún nos quedan los calibres surgidos de tomar una vaina y abotellarla para acoger una bala de menos calibre. Veamos...

Hay cientos de calibres de arma larga- la mayoría ya obsoletos que no se comercializan y el que tenga un rifle del abuelo se los tiene que fabricar él mismo- creados a partir de una vaina determinada a la que se le metía una bala de menos calibre, lo que permitía cargar más pólvora, obtener una velocidad mayor y, aunque con menos peso, lograr una energía superior. Chorra, sí, pero se crearon mogollón de ellos, sobre todo para los rifles express de caza africana que, cuando surgió la pólvora sin humo, sus enormes calibres carecían de sentido, por lo que se optó por usar las mismas vainas pero montando balas de menos calibre, para lo cual se abotellaban. Un ejemplo: 

500-450 Nº 1 Black Powder, creado por la Westley Richards en 1870. Usaba una vaina de calibre .500 cargada con 530 grains de pólvora negra y una bala de calibre .458". Posteriormente, cuando surgió la pólvora sin humo se sustituyó la carga de pólvora negra por otra de cordita, pero con menos peso para compensar la presión. Bueno, calibres de estos hay para llenar una enciclopedia, y todos se basan en lo mismo: vaina gorda con bala canija (relativamente canija, claro).

¿Tá claro? Po güeno...

Y YA PUESTOS, PUES LAS ESCOPETAS TAMBIÉN, NATURALMENTE...

Debajo tenemos un cartucho de calibre 12. Arriba, uno de
calibre 4. Acojona, ¿qué no?

Si los calibres en pulgadas son grotescos, los de escopeta aún más. Calibre 12. Hasta los veganos animalistas enemigos mortales de los ciudadanos cazadores lo conocen. ¿Pero 12 qué? Pues 12 bolas del calibre del cañón que salen de una libra de plomo. En español, 18 mm. aproximadamente. Antaño había muchos más en uso, sobre todo los más gordos destinados a acabar con osos y demás animalitos especialmente agresivos y fortachones, así como para abatir media bandada de patos de un escopetazo si se cruzaban con nosotros. Calibre 10, calibre 8, calibre 4... Este último era bestial. Hablamos de un arma con un calibre de 26'73 mm. que, cargado con bala, le reventaba la caja del pecho al grizzly más enorme de la manada. ¿Qué por qué se basaban en este sistema tan chorra en vez de dar los calibres el pulgadas o milímetros? Y yo qué sé... para eso hay que meterse en la mentalidad de los anglosajones, y no pienso rebajarme a eso, qué carajo...

¿Tá claro? Güeno, po ya'tá.

En fin, con esto cubrimos el expediente hasta que me sobrevenga un nuevo avenate creativo.

Hale, he dicho

viernes, 9 de septiembre de 2022

DEFENSA PERSONAL. PISTOLA Vs. REVÓLVER 2ª PARTE

Un concienzudo entrenamiento es vital- literalmente- para salir airoso de una situación de defensa personal con armas de fuego


Bien, aunque con un poco de retraso, como es marca de la casa, retomamos el debate de pistola Vs. revólver para defensa personal. Y como ya hicimos un extensísimo introito en el artículo anterior, vamos directamente al grano.

Cuando hablamos de defensa personal mejor nos vamos olvidando
de chismes como el de la foto

Dicho dilema no es moco de pavo. De hecho, lo primero que debemos dejar de lado son las consideraciones de tipo estético y, en lo posible, económicas. Un arma más bonita no es necesariamente más fiable, y ya sabemos que lo barato sale caro. Un arma baratucha estará construida con materiales de inferior calidad, y unos acabados más mediocres se traducirán en problemas mecánicos más pronto que tarde, así que habrá que rascarse el bolsillo. Una opción para ciudadanos escasos de posibles es adquirir un arma de segunda mano, bien a un particular de toda confianza, bien a una armería, pero comprobando que esté libre de defectos. Si carecemos de los conocimientos necesarios para ello siempre podemos recurrir a algún conocido que sea más experto para que nos asesore y, por supuesto, ni una palabra a los cuñados, que nos recomendarán una pistola con el cañón herniado o con grietas en el interior de la corredera para que, con suerte, nos deje tirados en el momento supremo.

Por razones obvias, la sobaquera solo se puede
usar vistiendo encima una cazadora, chaqueta o
similar, lo que no es recomendable con 30º a la sombra

Por otro lado, tenemos que tener en cuenta otra serie de factores en los que, generalmente, la gente no suele reparar porque cuando por fin van a comprar el arma ya se han decidido por un modelo en concreto tras ver tropocientos vídeos en Youtube y dejarse aconsejar en la barra del bar del polígono de tiro por los "expertos" de turno, especímenes que pululan en todas partes. Sí, ya saben de esos que son como el maestro Liendre, que de todo saben y de nada entienden, y de defensa personal menos aún. Bien, dicho esto comencemos...

Más de uno levantará la ceja un tanto perplejo si le digo que, ante todo, a la hora de elegir un arma deberá tener en cuenta el clima. Sí, no es coña. No es lo mismo portar un arma vistiendo una cazadora o una chaqueta que una camisa de manga corta, una camiseta o un polo. Si uno vive en un infierno terrenal como Sebiya o Córdoba, donde por lo general se va en manga corta desde abril hasta principios de noviembre, tendrá más complicado llevar una arma en la cintura que si viste un forro polar o una cazadora de tela más ligera en primavera y otoño. Un probo aspirante a víctima victimaria que pasa siete meses al año con ropa ligera no puede usar un arma de tamaño medio-grande por razones obvias. Por lo tanto, en base a la temperatura más habitual del medio donde se mueve tendrá que decidirse por una de mayor o menor tamaño. ¿No habían pensado en esa chorrada, verdad? Lo suponía...

Funda tobillera, muy buena opción para ciudadanos sin tripa
cervecera y ágiles

En este caso, el probo ciudadano aspirante a víctima victimaria se verá muy limitado a la hora de elegir dónde portar su arma. No podrá usar una funda de cinturón, de faja o una sobaquera, que son los más habituales, y solo le quedarán como alternativas una funda de tobillo o una riñonera. Las fundas de tobillo tienen dos inconvenientes: primero, que el arma está lejísimos de la mano y hay que tener bastante agilidad para extraerla con la debida presteza. Hay que agacharse, levantarse el pernil del pantalón y empuñarla, y además tener cuidado de que no se enganche en el pernil al tirar de ella. De hecho, las fundas tobilleras son las que se suelen usar para portar una segunda arma de un tamaño más reducido para usarla en caso extremo, por lo que no es precisamente la opción más idónea si se lleva una única pistola o revólver. Desenvolverse bien con ese tipo de fundas requiere mucho entrenamiento, y es obligado que el proceso de extracción se lleve a cabo con el agresor situado a una distancia prudencial, no sea que nos endiñe una coz en plena jeta cuando nos agachamos para empuñarla.

Tobillera exterior. En ambos casos, como vemos, solo permiten el
uso de armas pequeñas

Si nos decidimos por una funda tobillera, la siguiente pregunta es dónde colocarla: ¿en la parte interior de la pierna izquierda o en la exterior de la derecha? Esto es para diestros, obviamente. Si uno es zurdo sería al revés. Pues la elección es muy personal. El probo ciudadano deberá invertir un rato de su existencia en probar ambos sitios y ver cuál le resulta más cómodo. Lo lógico en un diestro es clavar la rodilla derecha en el suelo, llevar la mano a la pantorrilla izquierda y sacar el arma. Sin embargo, a la hora de desenvolvernos caminando o conduciendo, ese bulto en la parte interna de la pierna puede ser molesto y hasta provocar tropezones. Por otro lado, para desenfundar tenemos que cruzar la mano derecha por delante del cuerpo y, caso de haber sido derribados en el suelo, es más fácil encoger la pierna derecha y alargar la mano hasta el tobillo que hacer un movimiento similar, pero con la pierna izquierda. En fin, como decimos, es una cuestión muy personal donde influyen muchos factores. Una persona con sobrepeso siempre será más torpón que un tipo canijo, e incluso habrá que tener en cuenta el tipo de pantalón que usemos. Una prenda confeccionada con un tejido ligero siempre facilitará la extracción más que unos vaqueros, que podrán no ser la opción más idónea. En resumen, hay que probar hasta dar con la fórmula y la combinación de factores más adecuados.

Por todo ello, si no queremos complicarnos en exceso la vida la opción más sensata es una riñonera, accesorio este que de unos años acá es habitual entre los hombres y, de hecho, hasta se fabrican diseñadas como pistoleras en las que basta un tirón de una solapa para abrirlas. ¿Por qué no un bolso de mano? Porque un bolso de mano o de esos que se llevan en bandolera puede ser robado de un tirón, perderlo, caerse al subir al autobús o sufrir mil percances más. Pero una riñonera irá sólidamente abrochada en la cintura en la posición que más nos convenga, y con un mínimo de entrenamiento su usuario será capaz de invertir en la extracción prácticamente el mismo tiempo que si usa una sobaquera. Por otro lado, estas fundas permiten llevar en su interior cargadores de pistola o inyectores de revólver de respeto, por lo que nuestra capacidad de municionamiento no se verá limitada a la que llevamos en el arma. 

Con una de estas fundas puedes pasearte por una playa nudista
armado con una Para-Ordnance P14 de calibre .45 con cargadores
de 14 cartuchos y todos creerán que ahí llevas el móvil, el tabaco
y el bote de cremita. Como vemos, basta un tirón para abrirla

Obviamente, cambiar de cargador o recargar un revólver con rapidez requiere mucho entrenamiento (doy fe), y no es algo que se aprenda en dos ratos. Antes al contrario, hay que invertir horas en adquirir la soltura y los reflejos necesarios para ello, y más teniendo en cuenta un detalle muy importante: si tenemos que recargar el arma es porque no hemos sido capaces de neutralizar al agresor o bien el número de ellos es de más de un par de ellos. Esta circunstancia hará que la presión y los nervios puedan superarnos y volvernos unos manazas a pesar del entrenamiento, por lo que los movimientos para recargar el arma deben acabar siendo un reflejo condicionado que realicemos de forma totalmente instintiva. Cuando actuamos bajo presión, todo lo aprendido se vaporiza, y solo lo que hemos convertido en algo incrustado en el cerebro, como darle una patada en la espinilla a un cuñado antes de los buenos días, podrá llevarse a cabo de forma totalmente automatizada. Por lo demás, las riñoneras ofrecen una ventaja añadida, y es que no nos limita el tamaño del arma. Mientras que en una tobillera solo podremos llevar con cierta comodidad un revólver con cañón de 2" o una pistola de armazón pequeño, en la riñonera podremos portar sin problemas un revólver de 4", una pistola de 9 mm. o incluso una vetusta pero siempre fiable y contundente Colt 1911A1 de calibre .45 ACP o cualquiera de sus infinitas imitaciones. Ojo, estas fundas están diseñadas por norma para diestros de forma que la empuñadura queda orientada para agarrarla con la mano derecha, así que a la hora de elegir un modelo deberemos tener en cuenta este detalle. No obstante, también se fabrican fundas en las que el arma queda en posición vertical, valiendo así tanto para diestros como para zurdos.

Bien, ya hemos visto cómo las cuestiones climatológicas nos pueden condicionar a la hora de elegir un arma de defensa personal. Ojo, la licencia tipo B solo permite una, de modo que si a alguno se le ha ocurrido disponer de dos o tres para emplearlas según la estación del año, que se pire a Tejas o cualquier otro paraíso de las armas, donde podrá tener una para cada día de la semana si le plugue. Veamos a continuación la verdadera enjundia porque, actualmente, lo cierto es que los catálogos de los fabricantes de arma cortas son extensísimos, por lo que la opción de una pistola pequeña de grueso calibre y gran capacidad de cargador es perfectamente viable. Antaño no era posible. Hasta hace relativamente pocos años, todo el que se veía limitado por el tamaño se tenía que conformar con un revólver de 2", y solo los que sabían que no tendrían problemas para ocultar un arma grande eran los que se podían agenciar una cacharra de 9 mm. en adelante. 

Por lo tanto, el tamaño del arma ya no es tan determinante a la hora de decidir qué arma comprar, teniendo preferencia otros factores que veremos a continuación.

1. ¿QUÉ CALIBRE SERÍA EL MÁS INDICADO?

Orificios de entrada y salida producidos en una mano por una bala
de calibre .45 ACP. No creo que haga falta insistir en que ese
disparo neutralizaría ipso facto al agresor. Ah, y le dejaría la
mano averiada de por vida, naturalmente

Ante todo, cuando poseemos un arma de defensa personal tenemos que olvidarnos de eso tan guay de "que mate poco", optando por un calibre escaso de potencia que, en teoría, neutralice al agresor sin hacerle mucha pupa. Error. Si tenemos un arma para defendernos es para, si es preciso, llegar a las últimas consecuencias. Neutralizar a un agresor con un calibre pequeño requiere buena puntería y mucha serenidad para apuntar en una fracción de segundo a una zona en la que pueda inmovilizar al atacante, pero sin causarles lesiones permanentes o, simplemente, una lesión definitiva en el cerebro o el corazón. Debemos tener en cuenta que las situaciones de defensa se solventan en pocos segundos. Esos interminables intercambios de disparos que salen en las pelis son el enésimo camelo, y la realidad es que el aspirante a víctima se verá atacado de forma inopinada, disponiendo literalmente de un instante para decidir qué hacer. Por lo tanto, necesita un calibre capaz de neutralizar al victimario independientemente del sitio donde impacte la bala.

Un disparo con un calibre 7'65 mm. o un 9 Corto en una pierna no detiene a un fulano salvo que le destroce la rótula, y menos si va hasta las cejas de farlopa. Más aún, incluso impactando en el cuerpo no sentirá sus efectos hasta pasados unos segundos, segundos que serán suficientes para que se nos eche encima y nos acuchille a su sabor o, si dispone de otra arma de fuego, nos responda y nos deje en el sitio. Regla de oro: AL AGRESOR NO SE LE PUEDEN DAR SEGUNDAS OPORTUNIDADES. Lo que está en juego es nuestra vida, y procurar respetar la del agresor puede suponer perder la nuestra o acabar malheridos. Por lo tanto, si usamos un arma de calibre medio-pequeño posiblemente nos veamos obligados a realizar más de un disparo para detener al agresor, con el consumo de munición que supone. Si solo es uno, podemos salir airosos pero, ¿y si son tres? Chungo...

Orificio de salida en la cara interna del muslo producido por un
.357 SIG, un calibre con una potencia similar al .40 S&W. Juraría
que también incapacitaría a un agresor con un solo disparo

Por lo tanto, hay que optar por calibres potentes que desarrollen una energía cinética tal que, aunque el impacto sea en un antebrazo o un sedal en una zona con grandes masas musculares como un muslo (véase foto de la izquierda), el shock traumático producido detenga en seco al atacante. No olvidemos que la munición expansiva está prohibida, por lo que si usamos una pistola tendremos que emplear munición blindada, que siempre tendrá unos efectos menos contundentes. Tenemos mogollón de calibres poderosos para armas de tamaño medio o pequeño, pero no hay necesidad de devanarse mucho la sesera porque con estos que citamos a continuación nos bastan: .45 ACP, .40 Smith & Wesson, o 10 mm. Auto serían los más adecuados. Un impacto con cualquiera de esos tres sería resolutivo. Si por el contrario nos decantamos por un revólver, el inexcusable .357 Magnum o, en su defecto, cartuchos del .38 Spl. "+P" o "+P+", unas municiones aparentemente iguales que el .38 de toda la vida, pero con unas cargas superiores que hacen que su potencia aumente de forma notable. Ojo, no todos los revólveres del .38 admiten esos cartuchos, lo que hay que tener en cuenta a la hora de comprarlo. Si no nos queremos complicar la vida, pues compramos uno del .357 Mg., que puede disparar tanto los .38 de cualquier tipo como el .357. Sí, la bala de ambos tienen el mismo calibre, pero la vaina del .357 es 3 mm. más larga para acoger una carga mayor de pólvora, o sea, un revólver del .357 puede disparar munición del .38, pero no al revés.

Resumiendo: siempre que sea posible, optar por un calibre potente, que baste un solo disparo para convencer al agresor de que lo más sensato es quedarse quietecito mientras berrea con el fémur convertido en comida para peces o el húmero medio desintegrado. Por lo tanto:

VENTAJAS: Las dichas. Un único disparo basta para dar por terminada la agresión. Si se impacta en una zona no vital, paran en seco al agresor. Si el impacto es en zona vital, pues eso, se verá repentinamente desvitalizado.

INCONVENIENTES: Más potencia implica dos cosas: más retroceso y menos capacidad de munición. Más retroceso supone que se alargará el tiempo para tomar miras si hay que efectuar un segundo disparo, pero también es cierto que las distancias habituales en situaciones de defensa son muy escasas, en las que en muchas ocasiones se dispara de forma instintiva, alineando el arma con el blanco sin necesidad de centrar las miras.

Obviamente, hay muchas mujeres que manejan armas
de grueso calibre como si fuera una pistola de agua,
pero hablamos de ciudadanas que se machacan a diario.
Un ama de casa que nunca ha empuñado una pistola
tiene que tener en cuenta otros factores

Y UN ÚLTIMO DETALLE A CONSIDERAR: ANATOMÍA Y FUERZA FÍSICA. Por mucho que las hembristas se empeñen en equiparar a ambos sexos, los hombres tienen por lo general las manos más grandes y son más fuertes que las mujeres. Por otro lado, también hay hombres con manos pequeñas y con menos fuerza que un grillo anémico de la misma forma que hay ciudadanas grandotas que te sueltan una leche a mano vuelta y te tumban. Por lo tanto, debemos tener en cuenta que el tamaño y la potencia del arma que elijamos deben adaptarse a nuestra mano y nuestra fuerza física. De poco sirve un arma poderosa en manos de un canijo al que el retroceso le desmorona los escafoides como un arma pequeña que se vuelve inmanejable en una manaza como un remo de galera.

2. ¿PISTOLA O REVÓLVER?

Este es quizás el dilema que más reconcome al personal, más que nada por la enorme cantidad de leyendas urbanas al respecto que suelen propalar los "expertos" de barra de bar de polígono de tiro y, por supuesto, los cuñados que se pirran por los vídeos de Yutub dónde sale un fulano intitulado como "experto tirador" que adiestra a los probos agentes del FBI, la NSA, la CIA, la TIA y la ABUELA. Vayamos por partes, y que cada cual saque sus propias conclusiones:

VENTAJAS DE LA PISTOLA 

A) Más capacidad de munición, de hasta 18 cartuchos en armas de tamaño medio

B) Más facilidad para recargar

C) Menos voluminosas, ergo más fáciles de ocultar

DESVENTAJAS DE LA PISTOLA

Arma en "condition one": cartucho en recámara, amartillada y con
el seguro puesto. Basta desenfundar, momento que se aprovecha para
quitar el seguro, y el arma está lista para abrir fuego. A pesar de que
un accidente sería muy raro y producto de la impericia, hay muchos
que no son capaces de portar un arma así en la cintura

A) Más mecanismos en movimiento, ergo más posibilidades de interrupción. Basta un cartucho defectuoso o suciedad en el interior del arma para tener que accionar la corredera para resolver el problema. El tiempo empleado en solventar la interrupción puede ser vital.

B) Aunque los seguros de estas armas son muy eficaces, muchos no se atreven a portarla en lo que Jeff Cooper denominaba como "condition one", o sea, con cartucho en la recámara, amartillada y con el seguro puesto. El que no se atreva a llevar encima un arma así, ya sabe que tendrá que emplear un tiempo precioso, cuando no vital, para tirar de la corredera y cargarla.

C) Al haber más mecanismos, las pistolas requieren más mantenimiento. Para evitar interrupciones debemos mantenerla limpia y engrasada (engrasada, no embadurnada en aceite). Así mismo, debemos controlar que los cargadores funcionan bien, que los muelles que impulsan las tejas elevadoras no están trabados y que los mecanismos de retenida y expulsión de los mismos funcionan perfectamente. Hay que controlar que la aguja percutora, que en las pistolas está oculta, está en buen estado. En fin, no voy a perderme en este tema, pero creo que está claro que una pistola hay que tenerla siempre muy cuidada para que no nos falle en el momento decisivo.

VENTAJAS DEL REVÓLVER

Revólver calibre .357 Mg. y cañón de 3". Es una muy buena
opción para los que busquen fiabilidad, tamaño reducido y
potencia de fuego. La bala de ese chisme atraviesa un coche
de lado a lado sin problemas

A) Tienen menos mecanismos que un chupete. No hay que accionar seguros. Basta extraer el arma y apretar el gatillo en doble acción. Sí, el gatillo estará más duro que si disparamos en acción simple, pero para meter un balazo a un fulano a tres metros no hace falta ser un figura tirando.

B) Su mantenimiento es mínimo. Basta con que el cañón no se emplome (muchas marcas de munición cargan balas de plomo endurecido con antimonio y estaño), que el mecanismo para bascular el tambor funcione y que la aguja percutora no esté rota, lo que es bastante fácil porque muchos de ellos la tienen a la vista, unida al martillo.

C) En un revólver no hay encasquillamientos. Si un cartucho defectuoso falla, no hay que accionar ningún mecanismo. Basta volver a apretar el gatillo. El tambor girará, y el cartucho que no ha sido disparado se quedará en su recámara. Ojo, solo puede presentarse una pega que lo inutilice. Es rarísima, pero puede pasar: cuando un cartucho, por un defecto de fábrica o si lo recargamos nosotros, no lleva pólvora. En ese caso, la energía del pistón impulsará la bala lo suficiente para desplazarla unos centímetros por el ánima, pero ahí se queda. Si con los nervios no nos damos cuenta y volvemos a apretar el gatillo con una bala atascada en el cañón, este reventará sí o sí por la sobrepresión. Pero, como digo, es algo muy muy raro.

DESVENTAJAS DEL REVÓLVER

Inyector de 6 cartuchos de calibre .44 Special. Cada
alveolo tiene dentro un muelle que impulsa los
cartuchos en el tambor para acelerar el proceso de carga

A) Menos capacidad de munición. Lo habitual es de 5 cartuchos en los de armazón pequeño y 6 o 7 en los de armazón medio o grande. No obstante, como afirmaba Cooper, "...si para solventar una situación de defensa necesitas más de 7 disparos (se refería a la capacidad de su inseparable Colt 1911A1) es que estás en una guerra, y si estás en una guerra necesitas algo más que una pistola". Y tenía razón. Si no eres capaz de rechazar una agresión con dos o tres tiros como mucho mejor no salgas de casa. No obstante, se pueden llevar encima uno o dos inyectores que, con práctica, permiten un ciclo de recarga bastante rápido. Aunque es muy improbable que lleguemos a tener necesidad de usarlos, al menos nos aportarán una sensación de confianza al saber que no nos veremos sin munición en caso de vaciar el tambor.

B) Son más voluminosos, lo que habrá que tenerlo en cuenta si lo portaremos ligeritos de ropa. Con todo, ya hemos mencionado diversas formas de llevar armas grandes aunque vayas en bañador.

3. ¿QUÉ MATERIAL Y ACABADO ES MÁS RECOMENDABLE?

Básicamente, tenemos los siguientes:

A) El tradicional pavonado. Es el menos recomendable. Estéticamente es más bonito, pero en un arma que está en contacto con el cuerpo se verá atacado por el sudor, enemigo nº 1 del pavón. Y si tenemos un sudor especialmente ácido podemos ver como nuestra preciosa cacharra empieza a mostrar siniestras picaduras a los pocos días.

B) Acero inoxidable. El mejor cuando portamos un revólver. Insensible a sudores y humedades, aspecto atractivo con un acabado satinado y nunca nos tendremos que preocupar del temible óxido.

C) Cromado o niquelado. Obviamente, la protección que ofrecen es superior al pavonado. Hoy día están muy pasados de moda y, de hecho, no sé de ningún fabricante que los ofrezca. Con todo, siempre podemos encontrar un arma de segunda mano- pistola o revólver- con este acabado. A mí no me gustan, la verdad y, además, el brillo que producen puede provocar reflejos molestos a la hora de apuntar.

Armazón de polímero de una Glock. La corredera se desliza por
unas guías de acero embutidas en la parte superior del mismo

D) Polímero. Es la moda desde que Glock sacó al mercado su modelo 17 hace ya 40 años. Su principal ventaja es que aligera bastante el peso del arma y eso, cuando hay que llevarla encima durante horas, se agradece. Aunque una pistola normal pese solo un kilo, cuando llevas 10 horas con la cacharra a cuestas se nota. Hoy día, hasta el potito fabrica algún modelo con el armazón de polímero, así que hay oferta en cantidad. No puedo hablar de la solidez de todos ellos, pero sí afirmo rotundamente una cosa: la Glock es absolutamente fiable. He disparado y he visto disparar miles y miles de cartuchos con una 17 de 9 mm. Parabellum sin que se produjera una sola interrupción, ni que el arma mostrase síntomas de fatiga. Las correderas no van pavonadas, sino fosfatadas, un acabado en tono mate mucho más resistente a la corrosión que el pavonado que, además, ofrece la ventaja de que no provoca reflejos molestos a la hora de hacer puntería si bien en los casos de defensa personal eso es irrelevante.

4. ¿LAS CACHAS ORIGINALES U OTRAS?

Revólver de 2" con cachas de madera cuadrillada y otro de 3" con cachas
de neopreno. Las segundas siempre serán la mejor opción

Por lo general, sobre todo en los revólveres, las cachas originales suelen ser poco recomendables. Es mejor rascarse el bolsillo y comprar unas de neopreno, que permiten un agarre más firme, no resbalan en una mano sudorosa por el estrés y absorben mejor el retroceso. Está de más decir que las cachas de nácar, de madera tallada, marfil, hueso o asta son una herejía cuando hablamos de estos temas.

5. ¿QUÉ MARCA DE MUNICIÓN ES MÁS ACONSEJABLE?

Muy sencillo: la mejor que se puedan permitir. Escamotear 5 o 6 pavos en una caja de munición más barata, ergo peor, cuando lo que está en juego es la vida de uno no solo es de gilipollas, sino también de gilipollas e incluso de gilipollas, y también de gilipollas cicateros. Una buena munición provocará menos fallos, las probabilidades de que algún cartucho salga defectuoso es prácticamente nula porque las marcas de categoría someten sus productos a estrictos controles de calidad y, en resumen, mata más y mejor. Para dos puñeteras cajas de 50 cartuchos al año ahorrarnos 1o o 12 pavos es algo tan ridículo que hasta dudaba si mencionar este punto, pero lo menciono porque fijo que algún cuñado les dirá que él usa los cartuchos marca "Bala feliz" made in China o "Amado Líder" made in North Korea, y van de lujo. Y un carajo. Compre RWS, Norma, Winchester, Remington, y déjese de birrias que a saber si una remesa sale cargada con pimienta negra en vez de con pólvora.

Bien, ha llegado el momento de recapitular. Con todo lo dicho, creo que cualquiera podrá analizar sin problemas sus circunstancias y decidir qué arma le interesaría más. Yo ahí no puedo añadir ni aconsejar nada porque lo que había que decir ya está dicho, y lo que yo considero más idóneo puede ser diametralmente opuesto a lo que piensen otros. En todo caso, por hacer un resumen final, valga esta lista:

1. Si poseemos un arma de defensa personal, hay que tener las ideas muy claras y asumir que llevarla encima puede cambiarte la vida. Si no estás dispuesto a llegar a las últimas consecuencias, mejor te compras un espray de pimienta y no te compliques la existencia ni jodas a tu familia.

2. Si poseemos un arma de defensa personal debemos tener claro que no es un juguete, y mucho menos una cacharra chula para dejarla entrever a los cuñados para darles envidia. Portar un arma es algo muy muy serio porque te convierte en un homicida potencial y en una presa apetecible de los malos malosos que querrán apoderarse de ella, por lo que debemos prepararnos a fondo tanto a nivel psicológico como en su manejo para que ese arma no se vuelva contra nosotros o los nuestros.

3. Si poseemos un arma de defensa personal es porque una grave amenaza planea sobre nosotros. Si nuestra vida está en peligro hay que invertir en un arma y municiones fiables al 100%, por lo que deberemos adquirir lo mejor que podamos pagar. Si nos viene un cuñado informándonos que su compadre tiene una pistola de su abuelo que era coronel de intendencia y la tiene flamante, mejor lo mandamos al carajo. Como ya comentamos al inicio, si se compra un arma de segunda mano, una de dos: o uno tiene los conocimientos suficientes para comprobar que está en perfecto estado, o se hace acompañar de alguien que sea un verdadero experto, no un cantamañanas.

4. Si poseemos un arma de defensa personal debemos conocer las leyes que nos atañen, porque poseer una licencia tipo B no es tener licencia para matar. Debemos saber cuáles serían las consecuencias si hacemos uso del arma, porque ahí no vale el "yo creí que..." o "si lo sé me compro un tirachinas...". En España, abatir a un agresor puede tener, aunque nos parezca surrealista, consecuencias legales bastante chungas, como vimos en el artículo anterior. Por lo tanto, si decidimos apretar el gatillo lo haremos con total conocimiento de que eso nos zambullirá en un interminable proceso que nos costará mucho dinero y, casi seguramente, la libertad. No obstante, y como decía mi abuelo, "de la cárcel se sale. Del cementerio no".

En fin, no creo que haga falta enrollarme más, así que damos por terminada la filípica pistolera. Todo lo que hemos visto es un resumen de lo más reseñable porque lo cierto es que este tema es bastante complejo y entran en juego, como vemos, muchos factores que hay que considerar y analizar detenidamente. Manejar un arma no es fácil, y tener la decisión necesaria para usarla menos aún, y en eso nadie salvo el interesado puede tener la última palabra.

Hale, he dicho

POST SCRIPTVM: Repasando el artículo, cosa que suelo hacer pasados un par de días tras su publicación por si se me ha pasado por alto algún gazapo, acabo de caer en la cuenta de un detalle: he perdido lastimosamente el tiempo elaborándolo porque, ¿a cuántos afortunados se le concede la licencia tipo B? En todo caso, imagino que los que me leen en países donde la legislación no sea tan inquisitorial les servirá de algo. A los españoles me temo que nones.

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Cualquiera puede aprender a manejar un arma y adquirir la destreza necesaria. Pero la enjundia no está en ir al polígono de tiro a pasar el rato, sino a asumir si, llegado el caso, será uno capaz de abatir a un agresor y arrostrar las posibles consecuencias. En USA lo tienen más fácil que aquí, donde se dan más derechos al agresor que al agredido. Pero eso es ya otro tema...