viernes, 20 de julio de 2018

Carros de guerra micénicos

Dramático momento en que el peleida Aquiles arrastra el cadáver del priamida Héctor ante las narices de los troyanos
tras escabecharlo bonitamente en combate singular. El carro que conduce, aunque no es una réplica exacta ya que los
carros que nos ocupan iban provistos de lanza en vez de balancines, se aproxima bastante a la tipología empleada por
los aqueos y demás tribus griegas allá por el siglo XII a.C.

En su día ya pudimos estudiar con detenimiento la aparición y el desarrollo es estos artefactos de la mano de hititas y egipcios, que los emplearon con bastante regularidad durante mucho tiempo ya que, en aquella zona del planeta, las extensas llanuras permitían su uso masivo sin que la orografía del terreno supusiera un inconveniente a la hora de maniobrar en los campos de batalla. Por mera proximidad geográfica y, obviamente, por el contacto entre distintas culturas que facilitaba el comercio, los probos ciudadanos helénicos no tardaron mucho en apoderarse de la idea y diseñar sus propios carros de guerra adaptándolos tanto a su forma de combatir como al terreno donde serían desplegados, mucho más abrupto y menos llano que en Oriente Próximo. 

La famosa máscara funeraria de oro que Schliemann halló
en Micenas y que atribuyó sin dudarlo ni un instante a
Agamenón. Al día de hoy aún no se sabe de quién fue.
Pero antes de entrar en materia conviene aclarar un detalle, y es que no existió un "imperio micénico" ni nada semejante. Es más, Micenas, como designación de una cultura situada en los confines de Europa, ni siquiera aparece en las fuentes clásicas, donde los habitantes de esta región eran denominados como aqueos, acayos o dánaos, en resumen, griegos. Fue en el siglo XIX, cuando Schliemann descubrió, ademas de Troya, la tumba situada en Micenas que atribuyó sin más al atreida Agamenón y sus compañeros de armas, cuando lo "micénico" dejó de ser una mera leyenda para convertirse en realidad. Así pues, esta cultura micénica comprendía los territorios de la actual Grecia y demás islas del Egeo que durante un período de unos 500 años, desde los siglos XVI al XII a.C.- Edad de Bronce Media y Tardía-, tuvieron su máximo esplendor. Bien, aclarado este punto, al grano pues...

Vasija micénica en la que vemos un carro con sus dos
tripulantes (c. siglo XIII a,C,)
No ha llegado a nuestros días ningún resto de algún carro micénico que nos permitan conocer de primera mano su apariencia real como el caso de los carros egipcios. No obstante, hay abundantes testimonios gráficos en la cerámica de estos probos ciudadanos lo que, además de conocer su morfología de forma razonablemente precisa, nos permite datar cada tipología en función de la vasija, crátera o cacharro mondo y lirondo en los que aparecen pintados los carros que nos ocupan junto a sus tripulantes. Por otro lado, la profusión de piezas cerámicas en las que el protagonista es el carro de guerra es un indicio evidente de la importancia que los griegos daban a estos chismes a pesar de que su proliferación no alcanzó en modo alguno a las del ejército egipcio. Finamente, tenemos las fuentes escritas, en las que Homero se preocupó de relatar con detalle la forma de empleo de estos artefactos, así como su despliegue en el campo de batalla.

La tipología más antigua se remonta aproximadamente al año 1550 a.C., cuando el ejército aqueo adopta un carro de guerra basado en un diseño posiblemente sirio, concretamente un modelo datable hacia el siglo XVIII a.C. No obstante, este carro sufrió una serie de modificaciones para reforzar su estructura ya que no rodaría sobre arenales o terrenos prácticamente sin ningún tipo de obstáculos, sino por zonas llenas de baches y con abundantes piedras que, lógicamente, acelerarían el desgaste del vehículo y harían su vida operativa muy corta. Básicamente, era un carro de dos caballos (esto permaneció invariable en todos los modelos surgidos a lo largo del tiempo) provisto de ruedas de cuatro radios, que fue en realidad lo único que conservó inalterable de la tipología original, cuyo eje estaba situado muy cerca del centro de la caja por lo que el peso tanto del carro como de sus tripulantes no recaería en los caballos, aminorando así el esfuerzo que debían hacer para tirar del mismo. Dicha caja, de forma rectangular, estaba recubierta inicialmente de algún material ligero, seguramente un trenzado de mimbre o piel de vacuno. Pero lo más significativo fue la adición de una barra o pértiga de madera que unía el yugo con la parte superior de la caja, quedando unida sólidamente a la lanza del carro en toda su longitud. Podemos verlo, si bien de forma un tanto esquemática, en el bajorrelieve de la ilustración superior. 

Por otro lado, esa pértiga se prolongaba hacia el interior de la caja más o menos de la forma que vemos en la ilustración de la derecha marcado de rojo, con lo que se perseguían dos fines: uno, hacer más resistente la estructura del carro y reforzar el punto débil de estos vehículos, la lanza; por otro, ofrecer un punto de apoyo al tripulante-combatiente que, armado con una lanza de empuje, debía disponer de una sólida plataforma para afianzarse a la hora de ensartar enemigos sin salir disparado hacia atrás. El resto de la estructura estaba fabricada con palos de sección circular moldeados con vapor, y el suelo de la caja consistía en una plataforma a base de gruesas tiras de cuero entrelazadas entre ellas. De esta forma no se añadía peso extra al vehículo y, además, actuaba como una rudimentaria suspensión que daba un mayor confort de marcha a los tripulantes. Pasar un largo rato circulando por un terreno relativamente accidentado en un carro cuyo eje y ruedas eran rígidos debía ser agotador, por lo que la plataforma de cuero ayudaría a mitigar esa sensación de ir botando constantemente. 

Esta ilustración nos permitirá ver con más detalle el refuerzo que unía
la caja con el yugo y que, como vemos, estaba además sólidamente unido
a la lanza.
En cuanto al tipo de maderas empleadas en la manufactura de carros, y esto permaneció invariable a lo largo del tiempo, eran el olmo, el sauce, el tejo, el boj y el ciprés. Las unidades disponibles las conocemos por las Tablillas de Cnosos, datadas entre los años 1400 y 1200 a.C. y que consisten en unas 3.000 piezas escritas en Lineal B, una forma de griego arcaico, que contienen entre otras cosas inventarios de armas y bastimentos del ejército. En una de ellas se especifica que, el menos en aquel lapso de tiempo, se disponía de unos 550 armazones de carros y un número similar de pares de ruedas para los mismos. Obviamente, esta cifra queda muy lejos de los efectivos de que disponían los ejércitos egipcio e hitita, pero no por ello deja de ser una cantidad importante. Entre estos se incluirían algunas decenas de ellos, según las Tablillas de Cnosos 33 unidades, provistos de un acabado más lujoso para los mandos y la élite militar y que, posiblemente, no estaban concebidos para entrar en combate, sino para transportar a estos personajes al campo de batalla o para uso ceremonial. 

La vida operativa de este tipo fue de unos 100 años aproximadamente. Entre 1450 y 1200 a.C. entró en servicio una versión mejorada del modelo inicial a la que se había alargado la caja por la parte trasera, formando dos alas semicirculares como las que vemos en el carro de la derecha. Estas alas o extensiones no suponían una ampliación del suelo, que permanecía del mismo tamaño y forma, pero facilitaba enormemente al tripulante-combatiente subir con el vehículo en marcha, y además protegía a sus dos ocupantes de la entrada en la caja de barro, piedras lanzadas a gran velocidad por  las ruedas e incluso para evitar que salieran despedidos en caso de un movimiento brusco del carro. La estructura estaba forrada de piel de vacuno o de lino, y posiblemente pintadas con distintas tonalidades de rojo quizás para hacerlos más vistosos en el campo de batalla. Por lo demás, como vemos en la ilustración, el resto de sus componentes permanecía inalterable, incluyendo la pértiga de refuerzo que dividía el interior de la caja en dos mitades para mejorar la estabilidad de la tripulación que, como en el tipo anterior, era de dos hombres, el conductor y el combatiente.

Una última versión surgió hacia el siglo XIII a.C. que supuso un cambio radical tanto en la estructura como el empleo táctico de estos carros. Se redujo de tamaño la caja, se suprimió la pértiga de refuerzo y, lo más significativo, se eliminó la cubierta, quedando a la vista un mínimo armazón formado por palos de sección circular, lo justo para que los tripulantes no se dieran una costalada de aúpa en la primera curva. A la derecha podemos ver el aspecto de dos de ellos, reconstrucciones basadas en representaciones artísticas de la época que solo se diferencian en la distribución de las barras que forman el armazón de la caja. En este caso cabe pensar que una reforma tan radical obedecía a algo más que a un método para aligerar de peso un vehículo que, de por sí, no era excesivamente masivo ya que solo se eliminó la cubierta de la caja y la pértiga superior de refuerzo. Basándonos en los relatos de Homero, parece ser que la incorporación de este modelo estaba orientada a un despliegue distinto en el campo de batalla por el que la figura del tripulante-combatiente dejaba de luchar a bordo del carro para, simplemente, usar el vehículo como medio de transporte. De ese modo se podían desplazar con prontitud a los puntos más comprometidos del campo de batalla a contingentes de tropas que, una vez llegados a destino, se apeaban de los carros para combatir a pie mientras que los conductores se retiraban a una distancia prudencial a la espera de acontecimientos: en caso de lograr poner en fuga al enemigo, recoger a los combatientes para comenzar una persecución, y en caso de verse arrollados recogerlos y batirse rápidamente en retirada a zona segura para reagruparse. Esta tipología estuvo operativa entre los años 1250 y 1150 a.C., cuando comenzó el declive de la cultura micénica.

Recreación de un carro de barras según el magistral lápiz de Angus
MacBride. En la ilustración vemos a los dos tripulantes con el armamento
propio de la época
El abandono del carro de guerra de debió ante todo al elevado costo tanto de su construcción como de mantenimiento, además del personal necesario para el mismo. Según las Tablillas de Cnosos, los vehículos se manufacturaban por separado, es decir, las cajas se fabricaban en un taller y las ruedas en otro, ambos anejos al palacio real y, posteriormente, eran almacenados en arsenales. Pero además del costo de la madera y la mano de obra había que añadir el de los caballos, los domadores para adiestrarlos como animales de tiro, cuidadores, caballerizos, instalaciones para el alojamiento de los caballos y, por supuesto, el adiestramiento de los tripulantes ya que no era lo mismo pasearse en un carro tirados por dos pacíficos bueyes a paso de tortuga que avanzar a toda velocidad por un campo de batalla con cientos de enemigos intentando por todos los medios acabar con ellos. Es más que probable que la carga financiera del mantenimiento de las unidades de carros más el imparable declive de Micenas acabara por desechar el carro de guerra. Al cabo, los aqueos eran ante todo un pueblo de infantes, y como mostraron en siglos posteriores su verdadera fuerza radicaba en el uso racional de los cuadros de infantería que, por cierto, supieron dar buena cuenta de los carros persas en tiempos del macedonio Alejandro. 

Bueno, estos fueron grosso modo los tres tipos de carros de guerra usados por los aqueos hasta que se dieron cuenta de que la caballería era más barata y rentable, y que una fuerza de infantería bien entrenada era un muro infranqueable para estos vehículos. No obstante, y como ya sabemos, el uso del carro de guerra prosiguió en las naciones de Oriente Próximo, donde el terreno facilitaba los ataques en masa que aún eran capaces de desbaratar cuadros enteros salvo que mantuviesen una disciplina férrea obtenida a base de un entrenamiento exhaustivo. Con esto concluimos, que la musa me está lanzando una mirada aviesa y no quiero contristarla nada más retornar de su periplo. En la próxima entrada hablaremos de los tripulantes, el armamento que usaban y el despliegue en el campo de batalla de estos chismes.

Hale, he dicho

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domingo, 15 de julio de 2018

AQUILA LEGIONIS


Probos ciudadanos recreacionistas encabezados por el AQVILIFER, el legionario sobre el que recaía una de las más
grandes responsabilidades del ejército romano: portar y defender el águila de su legión. A su izquierda marcha el
PRIMVS PILVS, y detrás el SIGNIFER de la 1ª cohorte, que por norma era la depositaria del águila

Shhhhhhist... Ni una palabra. Todo el mundo como si tal cosa, no sea que la agquegoza de la musa haya venido solo a cambiarse las bragas y no a quedarse tras su interminable periplo del que hoy, casualmente, se cumplen ya dos largos meses. No conviene darle a entender que su presencia es de vital importancia para la continuidad del blog, así que actuemos como si tal cosa, en plan fray Luis de León cuando volvió a su cátedra tras cinco años en la trena y soltó su famoso "como decíamos ayer", ¿entendido? Bien, a lo que vamos...

Fragmento de la Paleta de Narmer (c. 3050 a.C.) en la que aparece el
faraón homónimo precedido por cuatro enseñas de su ejército
Desde los tiempos más remotos los ejércitos han hecho uso de un extenso surtido de símbolos con diversos fines, desde algo tan práctico como facilitar a sus jefes el conocer su posición en el campo de batalla como para anunciar al enemigo que tenían muy mala leche y que se mearían en sus míseras calaveras si no se largaban de inmediato camino de vuelta a su territorio. Ídolos antropomorfos, animales de aspecto feroz o incluso la jeta de algún cuñado mostrando sus fauces ávidas de vísceras permitían distinguir una unidad de otra o la situación del comandante del ejército durante la batalla. Sin embargo, las profundas connotaciones de tipo religioso o espiritual que incluso hoy día tienen las enseñas de los ejércitos fueron creadas, como no, por los insignes hijos de la augusta Roma que, como en tantas otras cosas, han sido los que dieron forma a nuestra civilización moderna.

Denario de plata de Heliogábalo en el que se puede ver
un AQVILA con sendos SIGNAS a cada lado, lo que
denota la importancia simbólica de los estandartes que
hasta aparecían en las monedas
Las SIGNA MILITARIA, las enseñas militares, ya no solo servían para que el general pudiera constatar que tal o cual unidad no había tomado las de Villadiego, o que permanecían clavados al terreno combatiendo al enemigo con la furia y el denuedo que se esperaba de ellos, sino que fueron envueltas en un halo glorioso, una mezcla de superstición y religiosidad y, lo más importante tal vez, permitieron crear lo que hoy conocemos como "espíritu de cuerpo", un sentimiento de camaradería y unidad bajo un símbolo común que convertía a una legión en una bloque monolítico dispuesto a entregar gustosamente el pellejo en el campo de batalla con tal de no dejar a parte de los suyos a merced de los enemigos y, aún más importante quizás, a no permitir que su prestigio como guerreros fuera puesto en entredicho. La cosa evolucionó de tal forma que la sola perspectiva de perder los estandartes en manos del enemigo les provocaba vahídos de terror porque eso solo significaba una cosa: eran unos mierdecillas que no habían puesto toda la carne en el asador, habían sido vilmente acoquinados por una caterva de bárbaros y todas las maldiciones y castigos tanto divinos como humanos serían pocos para purgar semejante felonía. De hecho, la posibilidad de perder los estandartes en combate era tan terrorífica que se dieron casos de comandantes de unidades que, al ver flaquear a sus tropas, tomaban las enseñas y las arrojaban hacia las filas enemigas para obligar a sus hombres a revolverse y a recuperar el empuje para rescatarlas como fuese.

La cosa alcanzó un arraigo tan profundo entre los supersticiosos romanos que veneraban a sus enseñas como objetos divinos, las ungían como si de dioses se tratase e incluso hacían sacrificios en su honor, juraban por ellas como se juraba por los dioses y eran guardadas celosamente en los SACELLI, unos pequeños santuarios ubicados en el centro de los campamentos durante los períodos de paz como si fueran las imágenes de sus deidades, y hasta los manes y lares del personal quedaban relegados a un segundo plano cuando se alistaban en el ejército. Cuando un romano se enrolaba en una legión su principal objeto de adoración eran las SIGNA, a ellas se debía por encima de todo, y se dejaría arrancar las tiras de pellejo defendiéndolas hasta el final de su existencia. No debe de extrañarnos esta actitud ya que hoy día se sigue jurando defender la bandera "hasta la última gota de nuestra sangre", y perderla o verla en manos del enemigo es aún la mayor deshonra y la más tremenda humillación que puede sufrir un ejército. Solo en contadas ocasiones el pánico se apoderó de las tropas y estas abandonaron sus enseñas, como en el episodio que vemos a la derecha, donde aparece el mismísimo César intentando detener a sus tropas en fuga que, sorprendidas por las tropas pompeyanas cuando atacan el campamento enemigo en Dirraquio, salieron en desbandada abandonando hasta la cartera con el DNI. No fue una jornada gloriosa precisamente, pero la falta de decisión de Pompeyo para rematar su victoria le impidió acabar con su enemigo para siempre, lo que con el tiempo acabó costándole a él la vida. Otro caso sonado fue el de la tremenda derrota sufrida por Varo en Teutoburgo, donde naturalmente las águilas volaron, y nunca mejor dicho.

Gaio Mario, inventor del AQVILA
Bien, sirva este breve introito para ponernos en situación de poder calibrar adecuadamente la enorme importancia que tenían para los romanos sus enseñas, de las que iremos dando detalles en sucesivas entradas. La de hoy estará dedicada a la más importante de todas, el águila, plumífero que quedó unido de forma indeleble a las legiones y que llegaron a ser consideradas como los verdaderos dioses guardianes de las mismas desde su adopción hasta el final del imperio. Porque a pesar de que Constantino declaró el cristianismo como la religión oficial de sus vastos dominios, el ejército no se resignó a borrar de un plumazo el símbolo que durante siglos les había precedido en todas y cada una de las batallas en las que habían tomado parte desde la guerra civil entre Gaio Mario y Lucio Cornelio Sila y, no lo olvidemos, independientemente de que el paganismo había sido oficialmente abolido no por ello desapareció como por ensalmo, y muchos legionarios seguían siendo fieles a la religión de sus ancestros y, por ende, mantenían de forma discreta su veneración por los SIGNA y demás dioses como Mithra, por el que los legionarios siempre habían tenido especial predilección. Y dicho esto, vamos sin más dilación al grano que para luego es tarde.

El origen del águila como emblema único de las legiones se debe a Gaio Mario, que en el 104 a.C. unificó en este símbolo los otro cuatro que hasta aquel momento habían sido los que representaban a las legiones. Además del águila estaban el lobo, el toro y el caballo. Al parecer, estos animales tenían su origen en las cuatro legiones consulares que formaban el núcleo del ejército romano en los albores del imperio, cuando los ciudadanos solo eran llamados a las armas cuando la cosa se ponía chunga y solo se mantenían esas cuatro legiones como una especie de fuerza de intervención inmediata en caso de emergencia mientras se procedía a la leva de las tropas necesarias para rechazar a posibles invasores o para invadir un territorio enemigo. La ilustración superior nos muestra a los cuatro SIGNIFER de cada legión con sus respectivos SIGNA con los bichos de cada una de ellas y una cartela con su número identificativo: la primera ostentaba el lobo, la segunda el toro, la tercera el caballo y la cuarta el jabalí.

Parece ser que la decisión de Mario de unificar todos los símbolos en uno solo no obedecía a un mero capricho, sino a una costumbre que las legiones habían empezado a adoptar por su cuenta unos años antes. Según Plinio el Viejo, "...en su segundo consulado asignó el águila exclusivamente a las legiones romanas. (...) Algunos años antes de su tiempo había comenzado a ser costumbre llevar solo el águila a la batalla, dejando los otros estandartes en el campamento. Sin embargo, Mario abolió el resto". A partir de aquel momento, el águila se convertiría en el símbolo exclusivo de cada legión, por encima de los SIGNA y los VEXILLA que eran los que distinguían a manípulos y luego cohortes de cada legión. Al ser el más preciado emblema de cada unidad, el AQVILA era entrega a la custodia de la 1ª cohorte, la más poderosa de todas, bajo el mando del PRIMVS PILVS, la primera lanza, el centurión de mayor rango de toda la legión. El encargado de portarla no podía ser un pelagatos cualquiera, sino un hombre cuyo valor y capacidad de sacrificio estuviera por encima de toda duda ya que su misión principal no era combatir, sino impedir que el AQVILA cayera en manos del enemigo, dando la vida para ello si era preciso. De ahí que el AQVILIFER fuera todo un personaje en su legión, absolutamente respetado por todos y, a pesar de su rango menor equiparable a lo que actualmente sería un suboficial, era tenido en cuenta incluso en los consejos de guerra. Parece ser que el rango no se obtenía a la primera, sino que se establecía un escalafón entre los SIGNIFERI de cada legión por el que iban ascendiendo hasta llegar al grado máximo que, en su caso, sería AQVILIFER. Una prueba de ello sería la el bajorrelieve que vemos arriba, un altar votivo como acción de gracias a los dioses y perteneciente a un personaje anónimo que empuña un águila mientras que a su izquierda vemos el SIGNVM que posiblemente ha estado paseando hasta su ascenso.

Escena de la Columna de Trajano en la que vemos los estandartes de una
legión cruzando un puente de barcas. Junto al águila marcha un estandarte
a modo de amuleto con un carnero, y a continuación los SIGNA de la unidad
El AQVILIFER, junto al SIGNIFER y al VEXILLARIVS, eran selecionados, además de por su VIRTVS (valentía, arrojo) por tener un nivel cultural superior al de las tropas ya que cuando no combatían eran los encargados de llevar las cuestiones administrativas y contables de su legión, por lo que debían saber leer, escribir y tener nociones de números. Su rango, por debajo del PILVS y por encima del OPTIO, les proporcionaba un estatus bastante sólido en su unidad y, por supuesto, beneficios de tipo pecuniario ya que eran DVPLICARIVS, o sea, cobraban el doble de la paga de un legionario raso. El prestigio del AQVILIFER llegaba al extremo de ser personas cuasi intocables. Un buen ejemplo lo cita Tácito en sus "Anales del imperio romano" cuando relata como Lucio Munacio Planco, llegado a la ciudad de los Ubios (la actual Colonia) al frente de una embajada del senado para solventar los disturbios provocados por las tropas de Germánico, tuvo que recurrir a abrazarse a las enseñas para no ser linchado allí mismo ya que su DIGNITAS le impedía largarse echando leches. Fue Calpurnio, AQVILIFER de la LEGIO I, el que le sacó las castañas del fuego ya que si "... no lo hubiera defendido de la última fuerza, un embajador del pueblo romano, cosa execrable aun entre enemigos, hubiera en el campo romano manchado con su sangre el altar de los dioses", o sea, el SACELLVM donde se custodiaban el águila y demás enseñas de la legión. En resumen, el prestigio de los portaestandartes era capaz de someter a una turba cabreada mientras que esta no se privaba incluso de desobedecer a sus legados.

Estela funeraria de Tito Flavio Surilio,
AQVILIFER dela LEGIO I ADIVTRIX
empuñando el asta del estandarte que,
en este caso, presenta curiosamente las
alas bajadas. Obsérvese la PARMVLA
a la izquierda de la imagen, escudo
habitual de los portaestandartes
Durante los desplazamientos, las águilas de las legiones que formaban parte de un ejército marchaban todas juntas al frente del mismo formando un grupo que, a a su vez, era rodeado por los VEXILLARI de las mismas. A continuación iban los músicos para darle ambientillo a la cosa, mientras que los SIGNIFERI permanecían con sus respectivas unidades. Una vez en combate, la misión de los abanderados y, por supuesto, la del AQVILIFER no era en modo alguno permanecer como postes junto al comandante de su unidad, limitándose a vigilar que ningún enemigo se acercase con intenciones aviesas. Antes al contrario, su cometido era de suma importancia ya que eran los que guiaban los movimientos de sus  cohortes- o de toda la legión en el caso del AQVILIFER- en función de las órdenes que recibían del legado. Mediante un sistema de señales ideado por César, cuando recibían una determinada orden movían su enseña para darse por enterados, y a continuación se ponían en movimiento siguiendo las órdenes de sus respectivos mandos para evolucionar por el campo de batalla. Así se puede uno hacer una idea de que la eficacia de las legiones no solo estaba basada en su disciplina o su destreza, sino en el adiestramiento para moverse siguiendo las instrucciones de su comandante que, colocado en una posición desde la que dominaba todo campo de batalla, podía hacerlos maniobrar como si de una partida de ajedrez se tratase mientras que sus enemigos se limitaban a atacar como energúmenos pero sin una idea clara de lo que pasaba a su alrededor.

En cuanto al aspecto de las AQVILÆ, debido a los escasísimos ejemplares que han llegado a nosotros precisamente por el temor de los legionarios a perderlas, tendremos que guiarnos por las representaciones gráficas y artísticas de la época, básicamente las estelas funerarias de AQVILIFERI difuntos y monumentos como la Columna de Trajano. Básicamente se puede decir que su diseño permaneció inalterable a lo largo del tiempo. El águila era una pieza de plata, plata dorada o bronce dorado que, en base a un ejemplar conservado en el Museo Arqueológico Nacional de los Abruzos que podemos observar a la derecha, tenía unos 25 ó 30 cm. de altura, y solía representarse con las alas abiertas o levantadas hacia arriba. Las patas podían reposar sobre unos rayos en referencia a Júpiter y que solían ser de oro o plata, y no ya por una mera cuestión ornamental, sino para que su brillo ayudase a distinguirla en la distancia. A veces llevaban en el pico algún objeto como bellotas u hojas de olivo o laurel para diferenciarlas unas de otras. Del mismo modo, rodeando las alas podían llevar coronas de laurel o murales. 

El conjunto estaba rematado por su parte inferior por una pieza metálica en forma de pirámide truncada con la punta hacia abajo, aprovechando el estrechamiento de la misma para ajustarla al asta. Esta podía ser de metal plateado o de madera, y solía estar provista de un asa para facilitar su transporte. En algunas representaciones aparecen fijadas al asta tres PHALERÆ, posiblemente a modo de condecoración colectiva de la unidad. En la parte inferior había una contera o regatón de hierro con una cruceta en forma de T para poder clavarla en el suelo durante las paradas. Un ejemplo bastante ilustrativo lo podemos ver en la imagen de la derecha. Pertenece a la estela funeraria de Gneo Musio, AQVILIFER de la LEGIO XIIII GEMINA MARTIA, que palmó con 32 años no sabemos si heroicamente o a consecuencia de una apuesta con su cuñado a ver quién se comía antes un quintal de higos. No obstante, el bueno de Gneo Musio debió ser un sujeto valeroso, y no ya por ostentar el rango de AQVILIFER que, como comentamos anteriormente, solo podía ser concedido a tipos bragados, sino por las PHALERÆ y torques que muestra sobre su LORICA. Con su mano derecha sujeta el AQVILA de su legión, cuyas alas en este caso están rodeadas por una corona de laurel.

Otro ejemplo, en este caso de la estela de Lucio Sertorio Firmo, AQVILIFER de la LEGIO XI CLAVDIA PIA FIDELIS. El AQVILA aparece con las alas levantadas, pero no las envuelve ninguna corona. Sus garras, al igual que la anterior, agarran firmemente un haz de rayos. En la parte inferior podemos ver el regatón metálico y la cruceta que permitía clavarla al suelo. En cuanto al equipo de los AQVILIFERI, parece coincidir más con el de los PILVS, o sea, una LORICA SCAMATA o PLVMATA en vez de la SEGMENTATA propia de la tropa. Así mismo, la espada la llevaban en el costado izquierdo, y en vez del enorme SCVTVM reglamentario usaban una PARMULA, una pequeña rodela más cómoda, manejable y ligera ya que su misión no era combatir en primerísima línea. Conviene también aclarar un detalle acerca de las pieles de leones, lobos u osos con que se suelen cubrir los ciudadanos recreacionistas o que vemos en muchas ilustraciones modernas. Según los testimonios gráficos de la época, este complemento en forma de pellejo disecado era propio de los SIGNIFERI y VEXILLARI, pero no de los AQVILIFERI. De hecho, estos no aparecen en ningún momento con su cubierta peluda mientras que los otros sí, como se puede ver por ejemplo en la Columna de Trajano. No hay constancia del por qué era así, pero es un hecho que no disponemos al día de hoy un solo testimonio que diga lo contrario.

Bueno, vale de momento que no conviene abusar después de tanto tiempo aletargado. En sucesivas entradas ya iremos explicando los demás estandartes usados por las legiones a través del tiempo ya que el advenimiento del principado implicó la creación de otros nuevos como complemento a los SIGNA de siempre. En fin, esperemos que la musa de los cojones no de la espantada de nuevo, porque esta vez no se lo perdonaría a la muy...

Hale, he dicho

Probos ciudadanos recreacionistas mostrando un extenso surtido de estandartes de la época imperial. Ya los iremos
viendo con detenimiento

miércoles, 16 de mayo de 2018

Resurrecciones resucitadas


Dilectos lectores, sigo más atocinado que un elefante después de zamparse 450 kilos de forraje y dormir la siesta a pleno sol en la sabana. Sí, llevo ya la torta de días con el cerebro más vacuo que el sentido de la decencia de un político, pero ya saben que no es la primera vez que me invaden estos ataques de molicie y me temo que tampoco será esta la última. En cualquier caso, y como testimonio de que sigo vivo y coleando, ahí dejo las resurrecciones que en su día se publicaron, desaparecieron inexplicablemente y, afortunadamente, han sido recuperadas en las entrañas procelosas de un disco externo. Ya sé que no es algo especialmente enjundioso, pero es que estoy hasta el gorro de ver a diario la jeta afeitada del ciudadano Adolf con traje de Armani, qué carajo. Bueno, ahí van y por orden cronológico...

El primer lugar se lo debemos otorgar a Gaio Mario, en amado enemigo de Lucio Cornelio Sila. La guerra civil que ambos desencadenaron fue el germen para la posterior creación del principado a pesar de la larga y vitalicia dictadura de Sila. Como ya sabemos, el ser tío político del gran Gaio Julio César hizo que el futuro amo del cotarro fuese señalado por el suspicaz e implacable dedo de Sila, por lo que acabó siendo un proscrito a pesar de pertenecer a la GENS de más alcurnia de Roma. En fin, ahí podemos ver el busto donde se hizo la resurrección por los métodos que ya se explicaron en la entrada dedicada a Marco Agripa. Por cierto, el Mario este era feo de cojones, ¿que no...?



Y a continuación, como no, el sobrino del tío, el inmortal César. Por cierto que, si mal no recuerdo, hace tres o cuatro años salió una noticia curiosa en la que se afirmaba que un busto hallado en no sé qué sitio de Italia se consideró como la verdadera jeta del insigne dictador y que, por cierto, no se asemejaba en nada al sujeto de elegantes rasgos que siempre hemos visto. Más bien parecía un cuñado a punto de dar un sablazo, y las conclusiones en las que se basaron para afirmar con tanta contundencia la autenticidad de la pieza se me antojaron puro sensacionalismo. Sea como fuere, me quedo con el que muestro a continuación, que al menos casa más con las descripciones que nos han llegado sobre este personaje. Por cierto que le he regalado un poco de pelo ya que llevaba fatal su temprana alopecia, que como sabemos le llevó incluso a lograr que el senado le concediera el privilegio de llevar siempre en la cabeza una corona de laurel para disimular su escasez capilar.


Por supuesto, se trasplantó la cabeza a un cuerpo de "persona humana" para darle más verosimilitud a la cosa y podernos hacer una idea más aproximada de cómo debió ser el aspecto en vida de nuestro hombre, cuando andaba a la gresca con su amigo-enemigo-yerno Gneo Pompeyo. Queda chula, ¿verdad?



Y al amigo-enemigo-suegro debe acompañarle el amigo-enemigo yerno, uséase, Gneo Pompeyo Magno, que a pesar de sus orígenes plebeyos no dudó en alinearse con los OPTIMATES, quizás por aquello de ennoblecerse y tapar así que ni siquiera había nacido en Roma. Obviamente, sería el culmen de su prometedora carrera militar y complemento de su fortuna personal heredada de su progenitor y aumentada por él mismo, que ya sabemos que en río revuelto siempre hay ganancia de pescadores. Helo ahí, con su cabezón un tanto desproporcionado y de rasgos vulgares, totalmente opuestos a los de su amigo-enemigo-suegro.


Y en la siguiente imagen lo podemos ver, al igual que los anteriores, en su salsa, es decir, en un campamento del ejército y vitoreado por sus fieles legiones. Es posible que un rato antes hubiese anunciado uno de los generosos donativos con que los militares romanos se ganaban la lealtad de las tropas, especialmente proclives a entregar o negar su afecto a cambio de unos sestercios.


Y concluimos con el inefable Marco Tulio Cicerón, pico de oro donde los hubiere pero cuyas eternas dudas a la hora de elegir bando le acabaron costando la vida de forma muy desagradable. El que fuera amigo y principal pelota de Gaio Julio César acabó haciendo arrumacos a los enemigos del dictador, y tras el asesinato de este acabó pagando caro su chaqueteo porque Marco Antonio jamás se lo perdonó. En su momento ya publicamos un artículo sobre su ominosa muerte en plena huida de la purga que desencadenó el desmedido Antonio contra los enemigos de su protector y patrón.


Lógicamente, a este ciudadano no podemos ubicarlo en una ambientación militar, así que lo hemos trasplantado al senado, donde desplegaba su inigualable verborrea. La verdad es que, a pesar de su falta de decisión o de coraje, un personaje tan notable no mereció el final que tuvo.


Bueno, mi sesera no da hoy para más, criaturas. Elevaré algunas preces al Olimpo de las musas a ver si la mía deja de golfear por ahí y retorna al seno patriarcal. 

Hale, he dicho

martes, 1 de mayo de 2018

Añejos memes modernizados


Bien, prosigamos con los trapicheos fotochoperos. En este caso se trataba de "remasterizar" a determinados personajes muy conocidos pero que, adecuadamente retocados, posiblemente nos cruzaríamos con ellos por la calle y no los reconoceríamos. Y es que, en realidad, no solemos observar los rasgos de las personas, sino el conjunto, y dentro del mismo determinados detalles que los diferencian claramente del resto: corte de pelo o peinado, forma del bigote y/o la barba, la indumentaria... pero si les privamos de estos elementos diferenciadores podríamos decir que pierden su personalidad y pasan a convertirse en ciudadanos corrientes y molientes. En los casos que veremos a continuación quedará patente lo dicho tanto en cuanto son archifamosos, pero puede que nos sorprendamos si los tratamos para reciclarlos en sujetos normales. Veamos pues...


Si hay alguien fácilmente reconocible hasta para los lamas del Tibet es el ciudadano Adolf. Aunque hay muchas fotos en las que aparece de paisano, la imagen que tenemos de él es vestido de uniforme, y sus dos rasgos principales son su bigote y el peinado, con ese peculiar flequillo planchado hacia el lado izquierdo de la cabeza. Era algo tan característico que cualquiera que se ponga un bigote postizo igual y se peine de la misma forma automáticamente toma un parecido asombroso. De hecho, actores que lo han interpretado como Alec Guinness o Bruno Ganz no se parecen en realidad en nada, pero bastó una sesión de maquillaje para hacer sendos clones del extinto führer. Pero si cogemos al ciudadano Adolf y le quitamos su uniforme pardo, su bigote y lo mandamos a un estilista a que le cambie el "look" capilar, nos encontramos con un sujeto que podría ser el director de la sucursal bancaria que frecuentamos, el jefe de personal de nuestra empresa o incluso un concesionario de la Volkswagen. A la derecha lo podemos ver desprovisto de sus "atributos" más característicos y, como salta a la vista, resulta que el diabólico y vilipendiado führer parece un señor similar a los tropocientos que uno ve a diario, y que no llama la atención en nada. Es uno más. Un simple cuarentón bien trajeado de rasgos afables muy alejado del perverso genocida que cualquiera identificaría en la foto de la izquierda. Veamos otro...


Quién no ha visto tropocientas veces esa foto del siniestro jefe del RSHA, el SS-Obergruppenführer Reinhard Heydrich, alter ego de Himmler y serio aspirante a suceder al ciudadano Adolf si no lo hubiesen apiolado bonitamente en Praga. Hay pocas fotos suyas de paisano, y solo con su familia en plan papi bondadoso como si la paz reinase en el mundo en compañía de su mujer Lina, que lo idolatraba literalmente como ya narramos en su momento. Pero aparte de esas escasas imágenes de civil, siempre vemos al cruel Reinhard con su impecable uniforme de las SS concienzudamente cortado para disimular que era muy ancho de caderas y su característico corte de pelo según la moda militar alemana. En la foto de la izquierda tendría treinta y pocos años, pero su atuendo lo avejenta ciertamente. En el reciclado que hemos hecho a la derecha se usó la cabeza de esa misma foto, pero colocándole un corte de pelo acorde a nuestros días y, por supuesto, el cuerpo de un hombre de su edad pero vestido en plan informal. Y, como en el caso del ciudadano Adolf, en esa foto ya no reconoceríamos tan fácilmente al "Carnicero de Praga", y podría pasar por un joven profesional esperando a su novieta para irse de copas un sábado cualquiera. Podría ser cualquier cosa antes que un frío y calculador policía, desde el dueño de una tienda de artículos de surf a un médico que acaba de terminar la especialidad. Y todo por cambiarle el pelo y la indumentaria.


No podía faltar el inefable Heini para completar el trío. En este caso tenemos como distintivos principales, además del uniforme, el bigote, el corte de pelo y los quevedos redondos de oro, un tipo de gafas muy anticuadas incluso en esa época que carecían de patillas, y se sujetaban a la nariz por la presión que ejercía el puente. Himmler palmó con apenas 44 años y, como sus colegas, aparentaba más edad de la que tenía gracias a esa severa impronta militar. Así pues, le quitamos el bigotillo, mandamos a paseo los quevedos y le dejamos crecer un poco el pelo para tener un gafapastas de lo más moderno. La cabeza de ambas fotos también es la misma, pero el cambio experimentado es notable. En este caso, nuestro hombre pasaría por un profesor de instituto de esos guays que se enrollan con sus alumnos para sacarles provecho, o incluso un escritor de moda. Cualquier cosa menos el perverso articulador de la "solución final".

Sí, puede que alguno me diga que los personajes mostrados tenían rasgos tan característicos que bastaría con ocultarlos para dar forma a personas totalmente distintas, así que pondremos un último ejemplo de otro probo ciudadano, también bastante famoso, que pasaría aún más desapercibido si le damos el tratamiento adecuado y, per se, no tenía ni bigotes ni gafas peculiares. Helo ahí:


¿Quién diría que ese guaperas vestido en plan pijo-sport con peluco de los buenos es el heroico rittmeister Manfred Albrecht, freiherr Von Richthofen. El sujeto de la foto es a todas luces un ejecutivo de esos que con 25 tacos ganan pasta a mansalva, practican el esquí y la vela y, por supuesto, sale en todas las revistas del hígado rodeado de reales hembras. Ha bastado con quitarle el uniforme y dejarle crecer el pelo para rejuvenecerlo cien años y darle la apariencia de un hombre del siglo XXI. Siempre he dado por cierto, y en su día incluso publiqué una entrada al respecto, que los que nos precedieron no tenían "caras de antiguos" como solemos decir. En realidad, lo que les hacía parecer diferentes era la ropa y los peinados, que daban a sus rostros un aspecto diferente cuando la verdad es que eran exactamente iguales a nosotros.
En fin, con estos añejos memes modernizados vale por hoy. Como "photo finish" dejo un arreglillo de Richthofen consistente en colorear una de sus más conocidas imágenes para que podamos ver cómo sería su aspecto real en vida fuera de la habitual máscara monocromática de la época.

Ya seguiremos. Recuerdos de la musa. 

Hale, he dicho



viernes, 27 de abril de 2018

Añejos memes añejos


Sí, una vez más la musa ha vuelto a largarse sin dignarse siquiera pedirme unos días de asuntos propios. Los que llevan tiempo siguiéndome ya saben que, de higos a brevas, esa depravada criatura que ilumina mi sesera decide de forma unilateral, término este tan de moda y que abomino profundamente, abandonarme sine die. La verdad es que me tiene un poco hastiado de sus repentinas deserciones, pero no le pido el divorcio porque, de ser así, a ver quién leches me inspira. En todo caso, y como le comentaba a un amable lector que se preocupaba por el parón bloguero, aprovecho estos recesos para ordenar un poco la infinidad de cosas que tengo guardadas en los discos externos y que, como ha ocurrido con las entradas dedicadas al cine histórico, aparecen cuando creía que ya eran historia. Y mira por donde he encontrado unos apañillos fotochoperos que en su día creo que publiqué y que me deleitaron en grado sumo. Serían eso que se conoce como "meme", palabro que, aunque alguno no se lo crea, hasta el día de hoy no sabía exactamente qué significaba así que lo he buscado en a red y esto es lo que dice al respecto la Wikipedia esa. Cito:

"El término meme de Internet se usa para describir una idea, concepto, situación, expresión y/o pensamiento, manifestado en cualquier tipo de medio virtual, cómic, vídeo, audio, textos, imágenes y todo tipo de construcción multimedia que se replica mediante internet de persona a persona hasta alcanzar una amplia difusión" 

Fin de la cita. Bien,  pues los mentados apañillos fotográficos son memes de esos que hice acerca de temas de actualidad. Actualidad de hace tiempo, claro, porque alguno de los protagonistas de los mismos que verán a continuación ya ni siquiera está en el mundo de los vivos porque estiraró la pata. En todo caso, y a pesar de que algunos ya serían obsoletos, otros aún siguen en la brecha porque sus desmanes parecen no tener fin. Obviamente son todos políticos o gente relacionada con la política, ese oficio abyecto propio de malsines, aprovechados, descuideros, cortabolsas, robacapas y demás fauna de patio de Monipodio que, a lo que se ve, a pesar de que la justicia a dado más de un escarmiento, ellos siguen erre que erre dando por sentado que sus fechorías y su insaciable voracidad quedarán impunes. En fin, no me enrollo más. Ahí les dejo esos añejos memes añejos para que, al menos, cuando entren a ver si se ha publicado algo nuevo no se vayan de vacío. Espero que les resulten razonablemente divertidos.

- Tengo una oferta de preferentes que no podrá rechazar,
mi querido amigo...
Ahí tenemos al primero, el ciudadano Miguel Blesa que, tras trincar bonitamente todo lo que pudo y más, se largó de este mundo sin dar satisfacción a la justicia ni a los que perjudicó. Su partida del Más Acá al Más Allá fue a consecuencia de una autolisis llevada a cabo en julio del pasado año mediante un disparo de escopeta en la caja del pecho, y como no dejó ninguna carta de despedida no sabremos jamás si su auto-asesinato se debió al cargo de conciencia que le produjo su latrocinio- cosa que dudo porque sus actos fueron propios de alguien con un elevado déficit de ética-, o fue simplemente ante la inapelable perspectiva de ir a dar con su osamenta al trullo. En fin, uno de tantos pillastres que se enriqueció a costa de dejar a muchos pequeños ahorradores más tiesos que la mojama. ¿Por qué no robarán a los ricos en vez de a los pobres? Así podrían robar más, digo yo... Aparte de eso, no creo que haga falta detallar de donde procede el cuerpo sobre el que reposa la testa del extinto financiero trincón.

Otro que tal baila. El ciudadano Luis Bárcenas, apodado "el Fuerte" en algunos círculos políticos, un verdadero mago de los trapicheos que va ya para diez años la duración del proceso que se le incoó por estar hasta las cejas de porquería. Lo tuvieron una temporada a buen recaudo por si le daba por tomar las de Villadiego como mi musa, pero luego lo dejaron salir a cambio de una suntuosa fianza. Francamente, no comprendo como una causa judicial puede durar dos lustros y lo que te rondaré morena, dando así ocasión a que la Parca haga acto de presencia y se lleve a los procesados sin que los que nos quedamos en este valle de lágrimas tengamos al menos la satisfacción de verlos entrar en chirona. En este caso, tampoco creo que se les haya pasado por alto a vuecedes de donde saqué el cuerpo y el ambiente sobre el que coloqué la jeta de nuestro personaje. Por cierto que este meme me dio bastante trabajo aunque no lo parezca ya que hubo que darle al rostro el mismo sombreado que al personaje real, sumido en una siniestra penumbra con fuertes contrastes.

- ¡É que ere gilipoya der tó! ¿Tú pa qué tié que desí ná, so carahote?
- É que me dijeron que querían sabé la medía de su pehcueso pa regalarle una
corbata a juego, joé...
Ahí podemos ver a su conmilitón, el ciudadano Camps echando una bronca monumental a su sastre por boquiflojo. Este personaje se ha visto involucrado en tal cantidad de historias truculentas que, la verdad, ser procesado por haberse dejado untar con unos trajes me parece una chorrada. Además, no acabo de entender como un tipo que ganaba lo que ganaba necesitaba que le regalaran trajes, las cosas como son. Otra historia son sus otros trapicheos que aún siguen de actualidad, pero me temo que aún pasará mucho tiempo antes de ver la conclusión judicial de los mismos. La verdad es que no sigo el proceso porque me aburren sobremanera estos culebrones, pero tengo entendido que hasta sacó pasta de una visita de un papa, no recuerdo cual. ¿Cómo leches se podrá sacar dinero de eso? Ah, misterios divinos... Y como en el caso anterior, sombrear el careto de Camps también tuvo su morbo, pero quedó de lujo, ¿que no?


-¡Grasia, grasia, don José! ¡No sabe uhté er favó que ma'caba de jasé, que no sabía como poné en la calle a loh dosiento
sincuenta pringao que tengo en plantilla! ¡Y grasia por habé colocao a mi cuñao de farero en lah Chafarinah!
-No me tié que agradesé ná, miarma, con loh maletine que m'há mandao vale. Y para ya, que m'etá llenando de baba, coño

Este también sigue en la brecha ahora que, por fin, está siendo procesado. Naturalmente, el ciudadano José Antonio Griñán, ex-reyezuelo de la taifa andaluza, no sabe nada, no recuerda nada y no entiende nada. Se limita a repetir que su gestión fue impecable, que en todo momento actuó por el bien de los ciudadanos de su taifa, y que aunque los que robaron a calzón quitado dependían de él no podía controlar a tanto chorizo, así que la culpa será de otro. Ahí le tenemos, recibiendo la pleitesía del agraciado por el enésimo ERE que acaba de solucionarle la vida para siete generaciones cuñados incluidos. Al igual que las imágenes anteriores, la procedencia de esta tampoco requiere explicaciones, supongo...


Naturalmente, no podía faltar su predecesor, el ciudadano Manuel Cháves, Sátrapa Mayor de la Andalucía con el que empezó una laaaarga y tortuosa historia de mangoneos caciquiles que, en sujetos que alardean de preocuparse por el bienestar de sus vasallos, no dejan de resultar contradictorios. Por supuesto, el eximio Cháves también está aquejado de un ataque de amnesia, no recuerda nada, no sabe nada, no entiende nada, y no se explica como mogollón de funcionarios puestos por él en sus cargos han podido robar tanto, pero es que además tampoco se acuerda de haberlos colocado él mismo. En cualquier caso, en el meme lo vemos paseando por Sierpes un sábado a mediodía camino del Alfonso XIII para el aperitivo mientras recibe los parabienes de los agraciados por sus favores, también en forma de ERE's. Por cierto, ¿no les recuerda a Don Fanucci mientras deambulaba por las calles de la Pequeña Italia en Nueva York?

-Qué delisia, cohone... Sangre con sabó a billete de quinientoh pavo... Qué
buqué, que aroma... Sssllluuurrrpppppssssss... 
No me digan que el probo Cristóbal no tiene un inquietante parecido con Max Schreck, el enigmático actor que interpretó magistralmente al siniestro conde Orlok y que dejaba al personal sin un puñetero hematí en el cuerpo del mismo modo que el incombustible ministro nos deja con las faltriqueras llenas de aire, y a veces ni eso. Por cierto, y aunque no tenga nada que ver: ¿saben que schreck en alemán significa susto? Curioso, ¿no? Bien, la cosa es que es justo reconocer que, desde los tiempos más remotos, los funcionarios designados para recaudar los impuestos han caído fatal, desde los publicanos de Roma a los actuales superministros de Economía pasando por el sheriff de Nottingham, y aún más por su inagotable capacidad para idear nuevos e ingeniosos métodos con que exprimir al personal en forma de alcábalas, sisas, diezmos, quintos reales, almojarifazgos, portazgos, pontazgos, fielatos, etc., etc., etc..............

-¡Hohtia, m'han pillao! ¡Como me vea mi cuñao me fohtia vivo!
-¿Te queda mucho, Iñaki, amor mío?
-¡No, ya acabo, miarma. He convensío a ehte señó tan amable pa que me dé sinco pavo máh por'er reló.

Y para terminar, que no es plan de gastar todos los memes disponibles de golpe por si la musa se retrasa más de la cuenta, ahí tenemos al yernísimo, el inefable ciudadano Urdangarín cuando una cámara de seguridad de una casa de empeños lo pilló in fraganti mientras persuadía al dueño de que le diera más pasta por el peluco del abuelo para pagarse más abogados que le permitieran alargar hasta el infinito y más allá el cumplimiento de la sentencia que pende sobre su persona. Este personaje sigue en la brecha, y más en estos días en que, según se dice, el Tribunal Supremo dictará por fin el resultado de la apelación que puede alargarle la condena hasta los 10 años nada menos. Y la verdad es que se lo merece. Y no ya por haber trincado, que es un buen motivo, sino por cretino. Porque hay que ser muy, pero que muy cretino para dar un braguetazo de antología matrimoniando nada menos que con una infanta de España y, por ende, ser yerno y cuñado de monarcas, para meterse en negocios turbios. Ere mú tonto, Innasio. Pero que mú tonto, miarma...

Bueno, vale de momento. Espero que estas chorraditas fotochoperas les haya deleitado o, al menos, arrancado una leve sonrisa por la comisura derecha del labio. Por cierto, supongo que esto no infringe la famosa "ley mordaza" esa, ¿no? A ver si me van a chapar el blog, que meterse con los políticos suele estar bastante perseguido, creo...

Hale, he dicho

POST SCRIPTVM: Como mis lectores habituales ya saben, nunca hablo de política. Así pues, ruego que si alguien hace comentarios acerca de esta entrada sean en plan jocoso, divertido y/o ingenioso, porque los que contengan insultos, tonos desabridos o denoten tendenciosidad política de cualquier signo no será publicados. Una cosa es el cachondeo y el chiste sanos y otra que salgan a relucir las paranoias ideológicas del personal, que para eso hay infinidad de sitios donde desfogarse. DIXIT EST


domingo, 15 de abril de 2018

Cine histórico: EL OFICIO DE LAS ARMAS




Esta película creo que ha pasado bastante desapercibida para la mayoría del público. Se trata de una producción italiana dirigida en 2001 por Ermanno Olmi que, las cosas como son, ha cuidado bastante el rigor histórico, el atrezzo, la ambientación y, especialmente, los diálogos, a los que se les ha dado un vocabulario que recrea bastante acertadamente la forma de hablar de la época. Se hace un poco lenta en algunos momentos y, más que una película bélica, diría que pretende más bien hacer un retrato de una época en que los fieros guerreros medievales quedaron relegados ante los avances de las nuevas armas durante el Renacimiento. Básicamente, narra el avance de las tropas imperiales al mando de Georg von Frundsberg hacia el interior de Italia, y los intentos por parte de Giovanni de Médicis, condottiero al servicio del papa, por detenerlos. 

La fotografía se me antoja impecable, con escenas muy cuidadas que parecen sacadas de un cuadro de Giotto o Ucello

Pero a pesar de su esmerada producción, tiene una serie de pequeños errores que, en mi inveterada manía por el perfeccionismo, quisiera hacer constar. Vamos a ello...

Los personajes principales 

Giovanni de Médicis, también conocido como della Bande Nere a raíz de portar en su insignia una banda negra en señal de luto tras la muerte del papa León X, pariente suyo. Es de los personajes mejor retratado en la película (incluso el actor que lo representa, Hristo Jivkov, tiene bastante parecido con el personaje real). Desde muy joven mostró un temperamento fiero y desmedido, hasta el extremo de que Maquiavelo lo describió como el único capaz de detener a Carlos I de España en sus deseos de apoderarse de Italia. Su muerte, producida por una gangrena gaseosa a raíz de una herida recibida en una pierna por un disparo de falconete, no fue al parecer tan serena como muestra la película, en la que lo veremos con el rostro impasible sujetando él mismo un candelabro para dar luz al cirujano mientras éste el amputa la pierna. Por el contrario, según su íntimo amigo Pietro Aretino, que estaba presente, hicieron falta diez hombres para sujetarlo. La gangrena gaseosa, muy habitual en las heridas de guerra, es un proceso increíblemente rápido que se presenta en dos o tres días, produciendo una septicemia mortal si no se trata rápidamente. A nuestro hombre tardó seis días en llevárselo por delante. Murió con 28 años, edad que se asimila bastante a la apariencia del actor que lo representa.

Pietro Aretino, ilustre poeta lujurioso y muy amigo de Médicis, estuvo a su servicio hasta 1523, o sea, que no pinta nada haciendo compañía y como amanuense al fiero condottiero en sus andanzas. En la época en que transcurre la acción, Aretino tenía sólo 34 años, lo que se aleja bastante del aspecto que ofrece el actor que lo representa. Llevó una vida bastante agitada el hombre, a saltos entre Roma y Venecia por sus desavenencias con el papa. Murió en 1556, con 58 años, una edad que para aquellos tiempos no se podía considerar palmarla joven con la vida tan desordenada que llevaban estos probos renacentistas y más este, que con tanto fornicio tendría en las partes pudendas más millones de gonococos que pelos en la pelliza que viste. En cualquier caso, no deja de resultar un poco chocante que en una película tan cuidada hayan incluido a un personaje histórico cuya vida se conoce sobradamente, por lo que rechina que lo incluyeran en la misma.

Todo lo contrario ocurre con Federico de Gonzaga, marqués de Mantua. Sergio Grammatico, el actor que los representa, no solo tiene un parecido asombroso al real, sino que hasta le buscaron un chucho faldero similar al que aparece en el retrato que le hizo Tiziano, de quien fue mecenas y protector por ser, como buen producto de su época, un afanoso apasionado de las artes. En lo tocante a sus actos de gobierno, este lo tuvo claro: desde el primer momento se puso de parte del emperador, que era el que cortaba el bacalao, dándole varias higas tanto los cabreos del Médicis como el papa. Su fidelidad a Carlos I le valió engrandecer el rango de su título al de ducado, siendo así el primer duque de Mantua. No pasó de los 40 años a causa de un sifilazo de garabatillo, lo que no le impidió engendrar nada menos de siete retoños a su mujer, Margarita Paleólogo, marquesa de Monferrato y perteneciente a la casa imperial bizantina. En fin, que no perdió el tiempo.

Georg von Frundsberg, que en la película conduce un ejército camino de Roma para unirse a la hueste imperial y a quien intenta cortar el paso, sin éxito, Giovanni de Médicis. Se trataba de un noble alemán fidelísimo a la persona de Carlos I hasta el extremo de que el ejército de 18.000 lansquenetes con que cruzó los Alpes para internarse en Italia lo pagó de su bolsillo, vendiendo y pignorando sus bienes y hasta las joyas de su mujer. En la época de la acción tenía 53 años. Su indumentaria no casa con la que suele mostrar en los retratos que hay de este personaje, tocado siempre con un yelmo parecido a una galea romana en vez de con un morrión, y con una banda roja cruzándole el pecho como distintivo de su lealtad a la corona. Lo más significativo, ya que no abre el pico en toda la película, es el cordón dorado que porta en la silla de montar para ahorcar al papa si lograba echarle el guante. Al parecer, con lo que intentaría finiquitar al pontífice era con una cadena de oro que siempre llevaba al cuello, si bien parece ser que esto es más bien una leyenda. A mi modo de ver, un militar al servicio de un monarca notoriamente católico como Carlos I no cometería esa "falta de delicadeza" con su señor, a pesar de ser un fanático luterano. También parece ser que fue él mismo el que disparó el falconete que hirió a Médicis, acertándole al segundo disparo. Lo que no se menciona en la película es que fueron sus tropas, faltas de paga, las que se amotinaron al llegar a Roma, meses más tarde, dando lugar al tristemente célebre Saco de Roma, en 1527. Con la salud bastante quebrada, murió en 1528. Por cierto, el estandarte que porta el abanderado que se ve en la foto muestra fielmente el que realmente usaba este personaje. Ah, y una curiosidad más: la 10ª SS Panzerdivision, creada en 1943, fue bautizada como "Frundsberg" en honor a este personaje.
Alfonso d'Este, duque de Ferrara. En la película vemos a un astuto y taimado anciano que se muestra un tanto ambiguo a la hora de tomar partido. Sin embargo, no era tan anciano ni tan ambiguo ni tan calvo, ya que en esa época tenía 52 años solamente, bastante más pelo, y tomó parte activa en la expedición de Carlos I contra el papado poniéndose de parte del emperador, que para eso su madre era española, Leonor de Aragón. Lo que sí aparece en la película con bastante fidelidad es el préstamo que hace a von Frundsberg de dos (en la peli dicen que cuatro) falconetes, que por cierto le vinieron de perlas al tedesco porque su ejército iba totalmente desprovisto de artillería. Palmó en 1534 con 58 tacos, seis años más tarde del deceso del desmedido Médicis.

Las escenas de batalla, así como las marchas y la vida en los campamentos están muy bien ambientadas aunque no veremos
grandes movimientos de masas, supongo que por meras cuestiones de presupuesto. No obstante, las escaramuzas y los
breves pero intensos combates que presentan se llevan a cabo con bastante realismo.
En cuanto a las recreaciones de las cortes de los nobles italianos, el mobiliario y demás detalles, a mi modo de ver son francamente correctos, sin los artificios y lujos excesivos que se suelen mostrar y que nos hacen creer que los palacios renacentistas eran poco menos que sacados de "Las Mil y Una Noches". De hecho, en una escena la mujer de Médicis le escribe una carta solicitándole algo de dinero para poner reponer la ropa blanca de la casa. Los reyes y los papas, como ya sabemos, no eran especialmente puntuales a la hora de mandar el importe de las nóminas al personal.

Recreación de la morada de Giovanni de Médicis con los criados de la casa

Y algún gazapillo, que no se diga...

El falconete. La película muestra con gran detalle como extraen del molde la pieza recién fundida. Pero aparece con el ánima ya terminada, cuando en realidad éstas eran barrenadas posteriormente, ya que las piezas salían del molde completamente macizas. Se supone que cuando la sacan del molde lleva ya varias horas enfriándose, porque recién fundida no hay quien la toque y, menos aún, la intente cargar para dispararla. En cuanto a los proyectiles, nos muestran como los funden en plomo, cuando en realidad los fabricaban de hierro. Finalmente, el sofisticado sistema de bloqueo de la alcuza me da la impresión de que es muy posterior. En el siglo XVI, y durante mucho tiempo después, el bloqueo de la misma se realizaba con una cuña que pasaba de lado a lado la culata de la pieza. Con todo, las escenas de fundición y prueba del arma resultan bastante convincentes, las cosas como son.


En todo caso, en esta película se han molestado en no inventar más que lo imprescindible, que es bien poco, y más si la comparamos con otras tantas donde inventan y tergiversan hasta el infinito y más allá. Ah, lo olvidaba... Ahí tenemos un fotograma del falconete que hiere a Médicis en acción, el cual no se mueve ni un milímetro cuando es disparado. Podrían haberse simulado un poco de retroceso, digo yo...


En fin, es una película que, aunque puede que a algunos le resulte un poco lenta, a mi entender se trata de un producto más que digno, contando una historia verídica con bastante realismo y haciendo un fiel retrato tanto de los personajes como del ambiente político de la época en una Italia dividida en tropocientos estados donde la nobleza intentaba constantemente nadar y guardar la ropa para salir airosos de las disputas entre las grandes monarquías europeas, especialmente España y Francia, y del pontificado. Merece varios paquetes de palomitas, qué carajo. Ah, y no se la mencionen a sus cuñados, puede que aprendan algo útil y lo usen en su contra.

Bueno, me parece que no me he dejado nada atrás, y si me lo he dejado, pues ya lo contaré otro día. 

Hale, he dicho

Solo por su cuidada ambientación en lo tocante a la cosa militar ya merece la pena verla. Nada de armaduras de cuero
ni armamento anacrónico. Todo resulta bastante correcto, diferenciando incluso el tipo de armas usadas por los tedescos
y los italianos, lo que siempre es de agradecer. Incluso cuando entran en combate se cierran los visores de los yelmos en
vez de dejar el careto a la vista como vimos en "El Reino de los Cielos"