Sí, ya lo sé... Llevo una semana sin escribir nada, pero es que me encuentro bastante atocinado. Sepan vuecedes que los cambios de estación me sientan como una patada en el páncreas y me pongo fatal. Decaído, aplatanado, mohíno... En fin, un asco.
Así pues y para que no me echen en olvido, pues planto otra serie de terribles dudas existenciales para que esto no se pare y tal. Porque la duda es la eterna compañera del hombre, criaturillas mías. Nos acompaña de forma inexorable hasta el mismo instante del Gran Viaje final, cuando nos preguntamos por enésima vez aquello de "¿y si me mandan al infierno?" mientras esperamos inquietos a que aparezca el cura a echarnos el santóleo, por si acaso. En la foto de cabecera tenemos al más famoso dubitativo, el príncipe Hamlet, el cual se reconcomía el cerebro poseído de terrrrrrrribles dudas. ¿Es el espectro de mi padre un golfo que quiere engañarme? ¿Y si dice la verdad y mi tío Claudio es un hijoputa? ¿Me querrá Ofelia? Creo que Rosenkrantz me ha robado la cartera... ¿o habrá sido Guildenstern? ¿Y si ha sido Horacio, con el aprecio que le tengo...? Qué palo, ¿no? ¿Por qué me mira con malos ojos Laertes? ¿Se habrá enterado de que le tiré los tejos a su hermana? ¿Y Polonio, ese viejo vicioso y entrometido...? Creo que pierde aceite, la verdad. ¿Y mamá, será cómplice de mi tío? Y a todo esto, ¿será de verdad ésta la calavera del memo de Yorik o más bien la de su cuñado?
Las pasaba putas el pobre hombre, todo el santo día dudando a diestro y siniestro. No sé como al Hamlet no le dio un infarto de tanta angustia vital o, peor aún, como no le dio por arrojarse al mar desde lo alto de una torre de Elsinore. En fin, yo no ando tan mal como el atribulado príncipe danés, las cosas como son, así que he ahí las dudas esas:
1. ¿Por qué las estaciones de ferrocarril son tan desangeladas y deprimentes? No importa que tenga 100 años o que la inauguraran anteayer, son deprimentes y tristes de cojones.
2. ¿Por qué en los hoteles gastan unas almohadas del grosor de un sello de correos, lo que favorece que duermas de puñetera pena los días que permanezcas en la posada? Y además, si pides otra almohada te traen una igual de birriosa, por lo que tienes que apilar hasta tres.
3. ¿Por qué han desaparecido los botones de los hoteles y te tienes que ver cargado como un negro de película de exploradores, arrastrando penosamente las maletas hasta la habitación que, como suele pasar, te toca siempre al final de un larguísimo y angosto pasillo?
4. ¿Por qué en los bufetes de los desayunos hoteleros te ponen unos panes rarísimos y unas frutas de lo más exóticas si la mayoría de los huéspedes desayunamos a diario media tostada con lo que sea y un café con leche?
5. ¿Y por qué las tostadoras de los hoteles tardan aproximadamente hora y media en tostar un cacho pan?
6. ¿Y por qué la camarera te pregunta el número de la habitación cuando entras en el comedor sin comprobar que, en efecto, paras en la 508 y no eres un simple gorrón que se ha colado para desayunar y leer el periódico gratis?
7. ¿Y por qué si ven que la bandeja de jamón se vacía en un periquete no ponen más y se dejan de tanta bandeja con fiambres que no toca nadie jamás de los jamases?
8. ¿Y por qué siempre tienen Cola-Cao, que si lo tomas con leche fría hay que tirarse dos horas meneando la cucharilla, mientras que el Nesquik se disuelve en un instante?
9. ¿Por qué los tangas están tan de moda cuando en realidad debe ser la hostia de incómodo esa tirita de tela metida en la canaleja del culo todo el santo día?
10. ¿Por qué en España, si pides permiso para acceder a algún edificio histórico o similar que esté cerrado al público son todo pegas a pesar de que no les cuesta ningún trabajo facilitarte la entrada?
11. ¿Y por qué leches los funcionarios que ostentan el cargo de director del edificio de turno se cree que es suyo y que allí se hace lo que a él le da la real gana?
12. Esta me martiriza como un tábano picoteándome el escroto con saña bíblica: ¿Por qué leches, sea la hora que sea, el día de la semana que sea, de día, de noche, de madrugada, festivo, laborable o el día del fin del jodido mundo, en la cuesta que sube desde Camas a Castilleja de Guzmán se me tiene que poner delante un gilipollas que no pasa de 40 por hora? Es algo que me obsesiona, lo juro... Ah, añado que en dicha cuesta no se puede adelantar. Sino fuera así me daba una soberana higa.
En fin, es lo que hay dilectos lectores. Me piro a merendar.
Hale, he dicho...










































