viernes, 16 de febrero de 2018

VITIS, símbolo de autoridad, instrumento de castigo

Orondo ciudadano recreacionista mostrando los atributos más significativos de un centurión: sobre la GALEA luce una
vistosa CRISTA TRANSVERSA de crin roja, y en la mano el VITIS, un palo feo y retorcido cuya sola visión ya producía severos escalofríos en el sufrido personal de las invictas legiones

Hemos hablado bastante acerca del equipo de los legionarios romanos. En su día ya se publicaron entradas acerca de las GALEÆ, los SCVTI, los arcos, varias sobre los PILA, la indumentaria, la equipación, lo que comían e incluso sobre el calzado y hasta de las condecoraciones que recibían estos belicosos latinos cuando se portaban como machotes en la batalla. Sin embargo, no hemos entrado aún en objetos considerados como menos importantes si bien en su día constituyeron todo un símbolo, y su uso un orgullo para los dignos de poseerlos. En este caso nos referimos al VITIS, el característico bastón usado por los centuriones que, aunque los hemos visto seguramente en multitud de ocasiones, la verdad es que no es precisamente una de las piezas más conocidas del ajuar militar romano. Así pues, y dando por sentado que los patéticos documentales de Canal Historia ni los mencionarán y que, por ende, podremos atribular a cualquier cuñado con los pormenores de estos peculiares bastones, veamos algo sobre su historia y demás detallitos que nos permitirán ver como se largan a sus madrigueras más mustios en un político en un seminario sobre ética y moral. Bueno, al grano que para luego es tarde...

Ciudadano recreacionista emulando la pose y la indumentaria que vemos
en la estela funeraria de Marco Fabonio Facilis, de la LEGIO XX. Está
datada hacia el siglo I d.C. y nos permite ver como empuña orgullosamente
su VITIS LATINA
El VITIS o, en puridad, el VITIS LATINA, era un bastón de aproximadamente un metro de largo obtenido de una rama de parra, lo que justifica su aspecto nudoso y retorcido. Pero su origen como símbolo de un determinado rango militar procedía de algo menos honorable ya que era un simple instrumento de castigo para apalear al personal. Esto no debe extrañarnos ya, que antes que los romanos, otras culturas asimilaban útiles de castigo como símbolos de autoridad en base a que el que detentaba el poder tenía potestad para castigar. Ojo, hablamos de una época en que los delitos era sistemáticamente penados a base de castigos físicos o incluso la muerte. Así, los mismos faraones que estamos hartos de ver en tropocientas mil representaciones artísticas llevaban en la mano derecha el heka, un báculo de pastor con el que dirigían a su pueblo mientras que en la izquierda empuñaban el nejej, un flagelo con el que, en teoría, tendrían a sus amados vasallos más derechos que una vela. 


Los mandos militares espartanos usaban también un objeto similar que servía tanto de símbolo de su rango como herramienta de castigo, la βακτερία (bactería), un bastón o báculo con el extremo curvado de apariencia similar al LITVVS usado por los etruscos si bien en este caso se trataba de un objeto usado originariamente por los augures y demás cuentistas profesionales de la época y del que, según algunos autores, tomaron la idea los romanos. En la ilustración de la derecha podemos ver lo que sería entre los etruscos un capellán castrense, o sea, un oficial-sacerdote encargado de indagar si los dioses eran propicios antes de iniciar la batalla. Mientras que en su mano derecho vemos una MACHAIRA, en la izquierda enarbola el LITVVS de bronce propio de su rango. Esta recreación está basada en los restos de las pinturas halladas en un templo de PRÆNESTE, la actual Palestrina, cerca de Roma, y ciertamente tiene una asombrosa semejanza con los báculos episcopales que desde siempre han usado y usan los obispos cristianos. En cualquier caso, lo que si debe quedar claro es que el VITIS aunaba dos cometidos: distinguir a sus poseedores como militares de un rango superior y por ello revestidos de autoridad y, al mismo tiempo, como el instrumento de castigo con el que estos hombres podían imponer la disciplina aporreando sin piedad los lomos de los malsines, revoltosos, ladrones y demás indeseables aposentados en el ejército.

Estela funeraria de Flavio Agustalis (c. siglo III d.C.)
que muestra a un sujeto con ropa civil apoyando una
mano en el hombro de su hijo. Pero, aparte de la
indicación de su grado en la estela, lo que lo señala como
un centurión es su VITIS
El VITIS llegó a identificarse de tal forma con los centuriones que se acabó convirtiendo en su distintivo por antonomasia, usándolo no solo durante su desempeño militar sino cuando se largaban a darse un garbeo fuera del campamento o cuando no iban armados. En más, incluso en gran cantidad de lápidas de estos controvertidos oficiales datadas entre los siglos II y III d.C., época en que se puso de moda representar al difunto vestido de civil, en todas aparecen empuñando sus VITIS, y en algunas en que no aparece la imagen del difunto esta queda representada por su bastón como símbolo de su estatus. De hecho, la costumbre de colocar el VITIS en las lápidas como símbolo del rango del difunto perduró durante todo el tiempo que estuvo en uso.  Las primeras referencias sobre la existencia de los mismos se remonta a las Guerras Púnicas, donde se cita a un tal Centenio, "... que una vez llevó el bastón de vid de un centurión romano". Como testimonio gráfico que lo corrobora están los maltrechos frescos de la tumba de Publio Cornelio Escipión, que dio las del tigre a los cartagineses en Zama, y donde los arqueólogos han podido identificar una figura que en su mano derecha empuña un VITIS

La primera representación perfectamente clara sobre el empleo del VITIS la tenemos en la estela funeraria de Minucio Lorario, un centurión de la LEGIO III que cruzó la Laguna Estigia en el 43 a.C. Por cierto que su COGNOMEN, LORARIVS, hace referencia a los encargados de azotar a los esclavos así que, aunque puede que proviniese de algún antepasado con tal oficio, no es descabellado pensar que lo obtuvo por sí mismo dando estopa a mansalva a sus tropas. En la foto de la derecha podemos ver al ciudadano LORARIVS con ropa civil pero haciendo ostentación de su rango militar, en este caso el gladio en el costado izquierdo (recordemos que los legionarios lo llevaban en el derecho) y en su otra mano empuña el VITIS que, aunque un poco averiado, se identifica perfectamente. Conviene aclarar que el hecho de tener potestad para administrar castigos sin juicio previo revestía al centurión de una autoridad superlativa ya que los legionarios, siendo como eran ciudadanos romanos, no podían en teoría recibir castigos físicos de forma arbitraria. Así pues, el hecho de que un centurión tuviera ese privilegio indica claramente que su misión iba más allá de la meramente militar. El mismo Plinio el Viejo lo dejó bastante claro cuando preguntaba si "necesito mencionar que el VITIS ha sido introducido en los campamentos y puesto en manos de los centuriones para preservar la autoridad y el mando supremos, y que es el gran premio que hace acudir a los rangos inferiores bajo las águilas, y que incluso cuando se usa para castigar honra al castigo mismo". Porque, eso sí, los estacazos con el VITIS estaban reservados a los ciudadanos. Los AUXILIARIS eran apaleados con cualquier otra cosa menos honorable.

Legionario castigado con el FVSTVARIVM administrado por sus propios
compañeros. En este caso se usaban FVSTIS, un instrumento degradante
Por ese motivo, entre las tropas no se consideraba como algo deshonroso ser golpeado con un VITIS por su centurión ya que este estaba en posesión de la autoridad necesaria para ello y, además, el medio que usaba para golpearlo no era un vil instrumento para castigar criminales o esclavos como la FLAGELLA, el FVSTIS (un simple palo) o la VIRGA (una vara), lo que sucedía cuando alguno cometía alguna falta especialmente grave, como por ejemplo dormirse durante una guardia. En ese caso, el culpable era castigado al FVSTVARIVM, o sea, a morir apaleado por sus propios compañeros cuyas vidas había puesto en peligro. Por ello, no solo recibía un castigo fatal, sino además deshonroso.


La amenaza del VITIS estaba presente en cada momento en la vida de los
legionarios. En la ilustración vemos al centurión blandiendo el suyo en
actitud amenazante mientras sus sufridos legionarios entrenan
Con todo, como es lógico, no todos aceptaban sin rechistar el castigo, y ante la posibilidad de que alguno detuviera el VITIS con la mano o incluso se lo arrebatase al centurión para, a continuación, partirlo, se dictaminó que semejantes comportamientos serían castigados con la muerte, con lo que se preservaba la autoridad de los centuriones que, al cabo, eran los que tenían que enfrentarse a diario con el personal ya que los mandos superiores, prefectos, legados y tribunos, se limitaban en todo caso a señalar el castigo, pero el que lo aplicaba era el centurión que, en muchos casos, era consultado por estos acerca de cuál era el más idóneo ya que consideraban su experiencia como el mejor asesoramiento. Por otro lado, ya sabemos que los centuriones, sobre todo a partir del Principado, se fueron convirtiendo en un estamento especialmente corrupto y dado a castigar de forma arbitraria a las tropas, que en muchos casos estaban bastante hartos de los abusos de los mandos más proclives a ejercer una férrea disciplina aplicando constantemente el CASTIGATIO con ellos. Buena prueba es que eran los primeros en pagar el pato cuando alguna legión se amotinaba, y como ejemplo de centurión detestado como si de un cuñado se tratase tenemos a un tal Lucilio que, en el año 14 d.C. y a raíz de una rebelión en las legiones del Danubio, lo liquidaron en un periquete. ¿El motivo? Había recibido el mote de CEDO ALTERAM, "dame otro", en alusión a que era habitual que partiera el VITIS en los lomos de los causantes de su enojo, por lo que rápidamente se volvía pidiendo otro bastón para seguir apaleando al desdichado. Cabe suponer pues que no gozaba de las simpatías de sus subordinados, que aprovecharon la coyuntura para darle la baja definitiva del ejército.


Pero, cuestiones disciplinarias aparte, el VITIS fue poco a poco adquiriendo una honorabilidad incuestionable, y su posesión implicaría no solo un estatus, sino algo por lo que merecía la pena luchar. En el siglo I d.C. ya se usaba la expresión "solicitar el VITIS" cuando ser aspiraba a un ascenso a centurión, y llegó a ser algo tan emblemático que la jubilación de un PRIMVS PILVS, el máximo grado al que podía llegar un centurión, implicaba "entregar el VITIS" en referencia a que al dejar su cargo también se desprendía del objeto que lo simbolizaba. Incluso autores como Juvenal usaban el término VITIS como sinónimo de centurión de la misma forma que empleaban AQUILA para el PRIMVS PILVS, en este caso por ser centurión de rango más elevado. Lógicamente, alcanzar el rango de centurión suponía un gran paso para cualquier miembro de un ejército donde los ascensos eran por méritos, e implicaba la obtención del símbolo de su nuevo estatus en una ceremonia que vemos recreada en la ilustración de la derecha, la ORDINATIO. Ante toda la legión y situado en el podio tenemos al TRIBVNVS LATICLAVIVS, segundo en el mando y comandante efectivo en ausencia del legado, revestido con sus mejores galas para hacer entrega al neófito del VITIS que lo acompañará durante el resto de su vida militar y el CODICILLVS, la cédula que confirma su nuevo rango. A su derecha está el IMAGINARIVS, el portador del emblema sagrado de la legión al que pertenece el centurión y que es testigo de la entrega del VITIS. Tras el tribuno asoma la cabeza del PRÆFECTVS CASTRORVM, el tercero en la escala de mando. En cuanto al nuevo centurión, pues lo vemos tomando el bastón de manos del tribuno y suponemos que muy contentito porque, aparte de ganar un salario más alto, pasa a ser el que da los palos en vez de el que los recibe.


Y, ciertamente, no regalaban los ascensos sino que había que dar el callo a base de bien. Un testimonio nos lo hace llegar Lucano, que daba cuenta de como un centurión llamado Scaeva alcanzó su rango debido a que "...sirvió largamente en la lucha librada contra los salvajes en las orillas del Ródano", y añade que "ahora, ascendido a centurión mediante hechos de sangre, porta el VITIS LATINA ante las tropas bien alineadas". En cuanto a la morfología del bastón, permaneció prácticamente inalterable durante toda su existencia. Solo hacia finales del siglo III d.C. se llevó a cabo una pequeña variación en la empuñadura, que adoptó la forma de un champiñón como la que vemos en la foto de la derecha, que es un fragmento  del mosaico de Villa de Casale (c. siglo IV d.C.), en Sicilia, que representa un transporte de animales exóticos. El centurión de la imagen fustiga a un esclavo con una vara mientras que sostiene su VITIS, lo que demuestra que, en efecto, este solo lo reservaban para castigar a las tropas, negando a un simple esclavo el inmenso placer de sentir como le partían las costillas con tan honorable símbolo de poder y autoridad.


Estela de C. Anario Félix (c.mediados
del siglo I d.C.) en el que vemos como
única referencia a su rango un VITIS
enrollado bajo el epitafio
En fin, poco más nos resta por comentar sobre este peculiar bastón que, durante siglos, fue símbolo de la autoridad de los centuriones y su instrumento de castigo para tener a raya a las tropas. Actualmente, y supongo que debido al afán revisionista de algunos historiadores, se ha cuestionado la vertiente punitiva de estos hombres, negando el grado de brutal disciplina que se les atribuye. Sin embargo, los testimonios de los autores de la época no dejan lugar a dudas, y sus crónicas dicen bien claro que no vacilaban en imponer su autoridad en todo momento con toda la contundencia que fuese preciso. Al cabo, hablamos de mantener el orden en una unidad nutrida por 6.000 hombres hartos de luchar, de pasar hambre, frío, calor, sueño, agotamiento, abstinencia sexual, miedo, de ver morir a sus compañeros, etc., y eso durante años y años. Un testimonio la poderosa carga simbólica del VITIS lo tenemos en la crónica en la que Tácito relató la vida de Galba. En la misma da cuenta de que, cuando llegó su hora acosado por las tropas amotinadas que querían darle muerte, un centurión llamado Sempronio Denso se interpuso entre el emperador y los legionarios blandiendo su VITIS para detenerlos mientras los conminaba a perdonar la vida del anciano césar. Pero en esta ocasión la autoridad del centurión no bastó y tuvo que echar mano a su espada y luchar contra ellos hasta que cayó herido en una pierna. Actos heroicos aparte, lo significativo de este hecho no es que Sempronio defendiera a su emperador, sino que estaba totalmente convencido de que la sola visión de su nudoso bastón bastaría para detener en seco a los rebeldes.

En fin, hasta aquí llegamos. Como colofón a esta entrada indicar que, al cabo, los bastones han sido y siguen siendo un símbolo de mando. Los vemos en forma de bengalas en manos de los maestres de campo y generales españoles a partir de los Austrias y los seguimos viendo en los bastones de mando de los mismos en nuestros días de la misma forma que los mariscales tedescos también tenían su bastón y los sargentos mayores de los british (Dios maldiga a Nelson) aún se pasean por los cuarteles con el símbolo de su rango metido bajo el brazo izquierdo.

Bueno, ya'tá

Hale, he dicho

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¿Quiénes mandaban en una legión? Los rangos del ejército romano

Tribunos militares

Centurión exhortando al personal en plena batalla sin separarse de su VITIS, que no dudará en usar ante la más mínima
muestra de flaqueza o cobardía. Los centuriones no solo tenían potestad para imponer castigos en sus acuartelamientos,
sino también en combate, donde era más necesario que nunca que la disciplina fuese monolítica

martes, 13 de febrero de 2018

Gladiadores. El DIMACHAERUS


Fotograma de la mini-serie "Spartacus", para la que debieron vaciar los gimnasios en 100 km. a la redonda en busca de
figurantes ahítos de esteroides y demás porquerías para ponerse cachas. La secuencia muestra un DIMACHAERVS
en plena sesión de entrenamiento en el LVDVS donde Espartaco y sus sufridos colegas son bonitamente puteados por
el LANISTA. No obstante conviene aclarar que, como es norma en el cine americano, estamos ante el enésimo anacronismo palmario ya que Espartaco palmó unos 150 años antes de que surgieran los DIMACHAERI


Hace varios trillones de nanosegundos que no hablamos del tema gladiatorio que comenzamos hace ya algún tiempo, dando cuenta de las diversas tipologías de estos sufridos combatientes así como ciertos detalles acerca de sus atribuladas existencias. Aunque se estudiaron la totalidad de los más conocidos y alguno que otro menos divulgado, como el ARBELAS o el ESSEDARIVS, aún quedan varias modalidades por comentar que, aunque no gozaron de tanta popularidad, no por ello dejan de ser sumamente interesantes ya que son una muestra del empeño por parte de los LANISTÆ y EDITORES de juegos por sorprender al público con nuevos tipos de luchadores con los que disfrutar como enanos, pelearse con los vecinos de la grada y jugarse los ahorros en las apuestas. Hoy hablaremos de los DIMACHAERI (pronúnciese DIMACAERI), unos gladiadores que estuvieron presentes en los juegos entre los siglos II y III d.C. y de los que apenas tenemos referencias escritas y representaciones artísticas, y más si los comparamos con los RETIARII, PROVOCATORES, SECVTORES, MYRMILLONES, etc. que tanta popularidad tenían entre los probos y sanguinarios ciudadanos romanos. 

Recreación de un DIMACHAERVS
armado con dos gladios
Los DIMACHAERI eran, como hemos podido ver en la foto de cabecera, unos gladiadores que luchaban con dos espadas. De hecho, su mismo nombre así lo indica ya que es un palabro latinizado del griego διμάχιρος (dimáchiros), es decir, el que lucha con dos macheiras, una espada corta con la hoja similar a la falcata. Las únicas referencias escritas sobre su existencia proceden, por un lado, de la Ονειροκριτικά (Oneirokritiká, "Interpretación de los sueños") de Artemidoro de Daldis, un probo cuentista de Éfeso que se dedicó a compilar miles de sueños que le contaba el personal con la finalidad de aprender a darles significado y poder así clasificarlos según el supuesto mensaje que contenían. En dicha obra, la mención a estos luchadores se limita a una sola frase: διμάχιρος δέ καί ό λεγόμενος άρβηλας (dimáchiros dé kaí ó legomenos árbelas) "...dimacheiros y el llamado arbelas". Un tanto escueto, pero no se explayó mucho el tal Artemidoro con el sueño gladiatorio que, según podemos colegir, hace alusión a un combate entre esos dos tipos de luchadores. En cualquier caso, lo cierto es que esa misma referencia es la única de que se dispone sobre el segundo tipo de gladiador mencionado, el ARBELAS, del que sin embargo hay más testimonios gráficos. La otra procede del CORPVS INSCRIPTIONVM LATINARVM, una exhaustiva compilación epigráfica en latín compuesta por 17 volúmenes e iniciada en 1847 por una comisión de eruditos encabezados por Theodor Mommsen, el famoso jurista e historiador tedesco que se empeñó en encontrar el mítico reino de Tartessos y que dio pie a la creencia universal de que dicho reino fue una realidad si bien jamás ha aparecido una sola prueba de su existencia. En este caso, la inscripción es aún más breve que la cita de Artemidoro ya que son apenas tres palabras: "DYMACHERO. SIVE. / ASSIDARIO"  (...ya sea dimachero / colocado...) y sanseacabó. 

Bien, eso es lo que tenemos respecto a la constancia escrita acerca de la existencia de los DIMACHAERI. En lo tocante a las representaciones artísticas tenemos también escasas referencias que, al menos, nos permiten saber cómo era su panoplia, así como las posibles variantes de la misma. El que ofrece menos dudas es el que vemos a la derecha, un bajorrelieve datado hacia el siglo III d.C. y procedente de la ciudad de Hierápolis, en la actual Turquía. El mismo nos muestra lo que incuestionablemente es un DIMACHAERVS (pronúnciese DIMACAERUS) que blande en la mano izquierda una sica, mientras que en la derecha no podemos saber si se trata del mismo tipo de espada si bien por la forma de la empuñadura parece que es así. La cabeza la tiene protegida por un yelmo cerrado, y las piernas por sendas OCRÆ (grebas) cortas, similares a las empleadas por los SECVTORES, colocadas sobre unas FASCIÆ, que son esa especie de polainas acolchadas que aumentaban la protección. El cuerpo lo cubre con lo que puede ser una túnica o, según algunos autores, una loriga, opción esta que se me antoja más razonable ya que, estando desprovisto de escudo, el DIMACHAERVS debía disponer de algún tipo de protección para no verse apiolado en dos minutos por mucha habilidad que tuviera con sus armas. 

Recreación de un DIMACHAERVS
empuñando dos sicas basada en el
bajorrelieve anterior
Es evidente que el tipo de lucha que practicaban estos gladiadores debía ser espectacular y muy vistosa ya que, mientras que con una espada atacaba, con la otra debería detener los golpes del adversario, algo similar a lo que sería la esgrima con armas dobles que tanto se difundió siglos más tarde, pero con movimientos tal vez más vivaces al usarse espadas cortas. Esto hace suponer que eran enfrentados con luchadores similares o con ARBELASES que, al igual que ellos, combatían con un arma en cada mano, y de esos se tiene la certeza de que se protegían con una loriga, bien de anillas, bien de escamas, por lo que, según hemos comentado, sería lógico pensar que los DIMACHAERI hacían lo mismo. Sin embargo, algunos autores afirman, a mi modo de ver sin un fundamento lo suficientemente sólido, que estos luchadores no eran en realidad un tipo de gladiador sino, por decirlo de alguna forma, una habilidad que, independientemente de la modalidad de cada cual, hacían gala en determinadas ocasiones. Es decir, que un DIMACHAERVS era un gladiador capaz de luchar con dos espadas ya fuese un THRAEX, un SECVTOR o lo que fuera, y que por lucirse dejaba de lado su escudo y echaba mano a una segunda arma. Pero, como bien dice Nossov, si la única referencia al ARBELAS, también dada por Artemidoro, resulta válida para aceptar la existencia de ese tipo de gladiador, no vemos por qué negar la del DIMACHAERVS independientemente de que las representaciones artísticas que se conservan sean escasas y, de hecho, dudosas salvo la primera que hemos mostrado.

La siguiente es una lápida procedente de Amisos, también en la actual Turquía, y datada hacia el siglo II d.C. En el bajorrelieve vemos como un supuesto DIMACHAERVS llamado Diodoro empuña dos puñales ante Demetrio, su enemigo derrotado, que espera clemencia. Antes de entrar en detalles conviene explicar la historia que narra el epitafio ya que es francamente curiosa por ser la única hallada hasta ahora que da cuenta de las circunstancias de la muerte del difunto. En el mismo dice que Diodoro fue víctima de un error del SVMMA RVDIS, o sea, el árbitro del combate. Según el profesor Carter, de la Universidad de Brock (Canadá), la inscripción cuenta que "después de vencer a mi oponente, Demetrio, no lo maté de inmediato. El destino y la astuta traición del árbitro me mataron." En la escena vemos como, en efecto, el tal Demetrio levanta el dedo pidiendo clemencia mientras que Diodoro, en vez de asestar el golpe definitivo, espera la decisión del respetable. Sin embargo, y según interpreta el profesor Carter, parece ser que el árbitro permitió a Demetrio levantarse y, tras continuar la lucha, logró acabar con la vida de su oponente. Pero, historias de árbitros desalmados (lo de los árbitros vendidos viene de hace siglos según hemos visto), la cosa es que la panoplia de ambos gladiadores se asemeja bastante, por no decir que es exactamente la misma, a la de los PROVOCATORES ya que, al igual que estos, usan una sola greba en la pierna izquierda, tienen el brazo derecho protegido por una MANICA, y llevan el pecho protegido por un CARDIOPHYLAX, que es esa especie de gola que cubre la parte superior del torso. Así pues, el hecho de que el desdichado Diodoro lleve en la mano dos armas más bien parece deberse a que una es la suya y la otra del alevoso Demetrio, que se hizo el vencido para luego darle estopa al iluso de su oponente.

Y por último, a la derecha tenemos el tercer testimonio existente del que, al menos en lo que a mí respecta, también plantearía serias dudas acerca de su correspondencia con los DIMACHAERI. Se trata de uno de los doce bajorrelieves de Fiano Romano (c. finales del siglo I d.C., por lo que la datación corresponde además a una época anterior a la creación de estos gladiadores), que muestran una serie de escenas de combate con gran riqueza de detalles finamente talladas en mármol de Carrara. La que vemos presenta a un gladiador en el momento de degollar a su adversario vencido. Mientras que, curiosamente, con la mano zurda da muerte al enemigo, en la otra sujeta una SPATHA. Esto puede interpretarse de dos formas: una, que se trata en efecto de dos DIMACHAERI, y otra, a mi entender mucho más probable, es que estamos en un caso similar al de Diodoro y Demetrio si bien en este caso el vencedor no lo dudó y remató la faena. Esto se vería corroborado por los dos escudos que hemos señalado con sendas flechas y que pertenecen indudablemente a esa escena. Por lo tanto, estamos ante dos gladiadores que luchan con espada y escudo, y no con dos espadas. 

Otro anacrónico DIMACHAERVS de la mini-serie
antes mencionada con una extensa colección de
chirlos y costurones y tatuaje tribal en un brazo.
La verdad es que tiene un aspecto un tanto
inquietante, las cosas como son
En fin, ya vemos que no hay mucho donde poder basarse, pero sí es cierto que bastarían las referencias escritas de Artemidoro y el bajorrelieve de Hierápolis para admitir que estos gladiadores formaron parte de la FAMILIA GLADIATORIA en determinadas zonas del imperio. Como comentamos al inicio de la entrada, los DIMACHAERI fueron una creación tardía para darle morbillo a los combates que, quizás debido al paso del tiempo, despertarían tal vez menos interés en la época que nos ocupa. O puede que la razón fuese proporcionar nuevos adversarios a los gladiadores de toda la vida con el mismo fin: mantener al público entretenido. Ya sabemos que los EDITORES de los juegos siempre buscaban darle a los suyos un toque especial, algo por lo que dieran que hablar durante una larga temporada, y que se gastaban un pastizal en traer los animales más exóticos y, en este caso, a los combatientes más espectaculares. Sea como fuere, lo poco que sabemos sobre ellos ya es un indicio de que debieron tener cierta difusión en el orbe romano.

Bueno, ya seguiremos porque quedan algunos tipos por estudiar. 

Hale, he dicho

Entradas relacionadas con los diversos tipos de gladiadores pinchando aquí

domingo, 11 de febrero de 2018

Curiosidades: ¿Cómo funciona un proyectil de bazooka



Al hilo de la entrada anterior, creo que esta quedaría incompleta si no se explicase como funciona el proyectil que disparan esos chismes porque, indudablemente, quedaríamos a la altura del betún si el cuñado al que acabamos de apabullar con nuestros conocimientos sobre los bazookas se revuelve y, a modo de dentellada postrera como si se tratase de una bestia herida de muerte, nos pregunta acerca de los entresijos de los cohetes anticarro. Así pues, con lo que viene a continuación podremos asestarle el golpe de gracia definitivo, se dará de baja en la tele por cable y, con un poco de suerte, hasta es posible que decida que su existencia no tiene sentido tras visionar más de 13.200 documentales inútiles y se meta en la bañera con agua calentita para, finalmente, dejar caer dentro el secador. El secador enchufado, naturalmente. Si no lo está lo más que puede pasar es que se estropee el motor con el chapuzón y tenga que comprarse otro. Bueno, vamos al grano, pero antes de nada un poco de historia para ponernos en antecedentes...

Coronel Leslie Skinner (1900-1978)
El padre de la criatura fue el entonces capitán Leslie Alfred Skinner, un inquieto e ingenioso ciudadano que sentía pasión por los cohetes desde su más tierna infancia. Llegaba a tanto su afición por esos chismes que ya de adolescente empezó a realizar sus propios diseños y a construir cohetes si bien, como podemos imaginar, con unos resultados un tanto mediocres, cuando no francamente desastrosos. Uno de ellos acabó prendiendo fuego a la techumbre del hospital donde su venerable progenitor, a la sazón médico cirujano militar, recomponía las maltrechas vísceras del personal o extirpaba sus malvados apéndices antes de que degenerasen en un fatídico cólico miserere. Tras graduarse en West Point prosiguió motu proprio con sus investigaciones sobre los dichosos cohetes, llegando incluso a desarrollar algunos diseños para usarlos como propulsores de aviones. En fin, que este probo cohetero había nacido para ser el creador del arma anticarro por antonomasia.

Cañón anticarro M3 de 37 mm. Con un peso de casi media tonelada y entre
4 y 6 servidores más un vehículo de tracción, sus prestaciones eran inferiores
a las de un simple bazooka manejado por un solo hombre
En 1933, el ejército empezó a mostrar cierto interés por el uso bélico de los cohetes pero sin tener aún claros los conceptos tácticos bajo los que habría que desplegarlos en un hipotético campo de batalla futuro. Con todo, se creó un departamento dedicado a su estudio dependiente del arma de artillería del que, como no podía ser menos, formaba parte el entonces teniente Skinner, que tuvo que esperar a 1939 para que, con el comienzo de la guerra, los mandamases empezaran a plantearse seriamente como destruir los poderosos vehículos acorazados tedescos. Tras la lección aprendida en el conflicto anterior, los alemanes pusieron en liza carros de combate muy distintos al A7V y, sobre todo, les dieron un uso táctico totalmente revolucionario, la Blitzkrieg, que obligaría a todos los ejércitos a aumentar de forma ostensible el número de piezas anticarro en los campos de batalla. La rapidez con que se movían hacía que los cañones convencionales no pudieran estar donde eran necesarios en cada momento, y su escasa potencia complicaba aún más las cosas a la hora de hacer frente a las unidades acorazadas tedescas, que eran capaces de penetrar en las líneas enemigas como un cuchillo al rojo en el hígado de un cuñado.

Lanzagranadas británico PIAT. Esta fue la solución planteada por los
british que, contrariamente al bazooka, conservaba el concepto ya obsoleto
de granada de espiga. Además de ser mucho más pesado y tener menos
alcance que el bazooka, su retroceso era brutal
Inicialmente, y como ya anticipamos en la entrada anterior, la idea fue diseñar una granada de fusil con capacidad para destruir un carro de combate. De ese modo, las unidades de infantería no tendrían que depender de la llegada de los cañones anticarro para hacer frente a las oleadas de blindados, y de la misma forma que durante la Gran Guerra un simple soldado se convertía en un mortero de trinchera con su fusil y una caja de granadas, con este nuevo concepto se podría metamorfosear igualmente en un cañón anticarro. Así pues, en 1940 el ejército hizo un requerimiento para la creación y desarrollo de un arma de este tipo. Sin embargo, los fusiles normales no eran un soporte adecuado para una granada semejante. El retroceso era brutal, y si se apoyaba el arma contra el suelo como era preceptivo en un lanzamiento de granadas de fusil, simplemente se rompían. Probaron con armas más pesadas, pero el resultado seguía siendo una birria, así que replanteó el tipo de proyectil y el lanzador para el mismo, que llegaron a la conclusión debía ser sin retroceso. Para cumplir ese requerimiento solo había una opción: los cohetes, y aquí vuelve a entrar en escena nuestro hombre.

Pillar box instalado en un buque de la armada. En este caso, los cohetes eran
de 3 pulgadas de calibre. Posteriormente se usaron con bastante profusión
para abatir las V-1 que cruzaban el Canal camino de Londres
Para no dilatar el tiempo de estudio y diseño de una nueva arma, en septiembre de 1940 optaron por comprar a los british (Dios maldiga a Nelson) una serie de unidades de cohetes de 2 pulgadas que usaban desde tiempo atrás para armar barcos mercantes y proveerlos así de un arma antiaérea eficaz y que no requería de personal muy cualificado para su manejo, ya que se disparaban en lanzadores de 20 cohetes denominados pillar box. Sin embargo, estos proyectiles estaban concebidos para alcanzar distancias muy superiores a las habituales en un combate terrestre. De hecho, estaban provistos de una espoleta que los hacía detonar a los 4.500 pies (1.371 metros) de altura, por lo que su propelente se quemaba a una velocidad excesivamente lenta para un arma destinada a viajar unos cientos de metros a lo sumo antes de alcanzar el blanco. Por otro lado, se pudo comprobar que para lograr una precisión adecuada para su uso como arma anticarro el propelente debía arder por completo cuando aún estaba dentro del tubo, lo que evitaría posibles desvíos en la trayectoria a causa del viento, defectos en la combustión o cualquier otro factor externo. Además, si una vez fuera del tubo el propelente seguía ardiendo podía dejar al dueño del tubo convertido en un chicharrón como es lógico. Así pues, la pauta en lo tocante al "motor" del cohete quedó clara: debía contener un propelente capaz de arder de forma casi instantánea, como si fuera la pólvora de un proyectil convencional.

Charles E. Munroe (1849-1938)
Con todo, el concepto de arma usado por los british era bastante aproximado a lo que buscaba Skinner, así que llevó a cabo un diseño basado en un cohete de encendido eléctrico que pudo presentar en diciembre de aquel mismo año a Gregory Kessenich, jefe de la Sección de Patentes del Departamento de Artillería. Ya tenían el propulsor, así que solo quedaba acoplarle la cabeza de guerra adecuada. En abril de 1941, Kessenich hizo llegar a Skinner lo que sería la solución al problema, la granada de alto explosivo M-10, un chisme que se estaba probando también como granada de fusil pero que, finalmente y como hemos comentado antes, fracasó por completo. La M-10 estaba basada en el invento de un ingeniero de origen suizo llamado Wolfdieter Hans-Jochen Mohaupt, que cuando se nacionalizó yankee se cambió el nombre por Henry a secas. Este ingeniero tan ingenioso fue, según algunos autores, el primero en desarrollar el uso bélico de las cargas huecas inventadas en 1888 por el químico yankee Charles Edward Munroe. De hecho, el diseño de Mohaupt lograba aumentar en 40 veces la potencia de una explosión a igualdad de carga explosiva. No obstante, conviene aclarar que la primicia del descubrimiento está compartida con el doctor Franz Thomanek, del Instituto de Investigación Aeronáutica de Braunschweig que, al decir de otros, fue el primero en diseñar una carga hueca tal como la conocemos. Sea como fuere, en las paternidades tanto de la granada como del invento hay bastantes divergencias, debido sobre todo a cuestiones derivadas de la reserva mantenida durante años a causa del secreto militar, así que tampoco vamos a entrar en muchas profundidades a este respecto porque habría material para cienes y cienes de entradas sobre este asunto. Bástenos saber que el mentado Mohaupt fue el que dio pie a la granada M-10 y que Munroe fue el creador del principio conocido como "efecto Munroe" mediante el cual se podía concentrar toda la energía de una explosión en un solo punto.

Tal que así era la carga explosiva ideada
por Munroe
Este sujeto trabajaba como profesor de química en el Colegio de Guerra y en la Estación de Torpedos Navales ubicados en Rhode Island desde 1886 cuando, en uno de sus experimentos, tuvo la ocurrencia de unir varios cartuchos de dinamita alrededor de un tubo de hojalata. El resultado fue que la energía producida por la explosión se acentuaba de forma notable en dirección hacia el tubo en vez de expandirse, lo que lograba obviamente aumentar los efectos de la misma. Pero al probo químico no se le ocurrió la vertiente bélica del descubrimiento, y lo dejó pasar como una mera curiosidad científica. Años más tarde, en 1910, otro químico, esta vez alemán y de nombre Egon Neumann, retomó las experiencias de Munroe para perfeccionarlas y mejorar substancialmente el hallazgo. Sus estudios demostraron que si la carga detonante estaba situada a una determinada distancia del objeto, concretamente entre dos y tres veces el diámetro del tubo, los efectos eran aún más potentes. Además, dicho tubo formaba un cono metálico dentro de la cabeza explosiva, lo que daba lugar a la carga hueca que todos conocemos y que hizo que muchos denominasen el principio como "efecto Neumann" en vez de Munroe. En todo caso, el segundo puso las bases y el primero las perfeccionó y, también en esta ocasión, el descubridor no se preocupó en ver el uso militar de sus investigaciones. Los primeros en darse cuenta de las posibilidades bélicas de la carga hueca fueron, como no, los tedescos, pero no para perforar corazas, sino como arma de demolición para vulnerar las casamatas y fortificaciones fronterizas con Bélgica y Francia. De hecho, las cúpulas del fuerte Eben Emael, tomado por los paracaidistas alemanes en mayo de 1940, fueron destruidas con este tipo de cargas explosivas.

Bueno, esta es grosso modo la historia de como se gestó y desarrolló el primer proyectil de carga hueca destinado a freír bonitamente los carros de combate tedescos que, a medida que avanzaba la guerra, eran cada vez más potentes y disponían de mayor blindaje. Dicho esto, para explicar como funcionaban estos cohetes pondremos como ejemplo el M6A1 que, según se explicó en la entrada anterior, entró en servicio junto al lanzagranadas M1A1. Según se comentó en dicha entrada, este chisme estaba destinado a sustituir el primero de la serie, el M1, y al que se eliminó la caja de contacto por unos muelles donde se envolvía directamente el cable que salía del cohete.




Para impedir que las partículas producidas por el rebufo del propelente
causasen daños al tirador, al M1A1 se le instaló un deflector de fina malla
de alambre que atrapaba dichas partículas sin impedir la visibilidad
Bien, en la ilustración superior tenemos el proyectil en cuestión, un trasto de 55 cm. de largo, 60 mm. de calibre y un peso de 1.587 gramos. Aunque su alance máximo estaba calculado en unas 700 yardas (640 metros), su precisión real no iba más allá de las 300 (275 metros). Una vez completado el proceso de carga que se detalló en la entrada anterior en el que, además, se removía el pasador de seguridad que bloqueaba el percutor, el tirador solo tenía que apretar el gatillo para cerrar el circuito eléctrico que hacía saltar la chispa que inflamaba el iniciador del propelente. Según vemos en la ilustración, del iniciador salen dos cables: uno de masa unido a un estabilizador que hacía contacto con la pinza de bloqueo del lanzagranadas, y el de contacto propiamente dicho que iba a uno de los muelles situados a ambos lados del tubo. El iniciador inflamaba a su vez el propelente, compuesto por cinco barras de balistita de 9,1 mm. de diámetro y 105 mm. de largo, con un peso total de 61,5 gramos. Como vemos en el gráfico, el propelente estaba precedido por un tubo separador de cartón de 2 cm. de largo que mantenía la carga separada del bloque del percutor. Para cerrar el tubo del cuerpo del cohete se colocaba una anilla perforada por donde saldrían los gases producidos por la combustión de la balistita que, en condiciones normales, debía producirse íntegramente en el interior del lanzador ya que, en caso contrario, podría causar quemaduras en la cara y las manos del tirador. En teoría, el tiempo de combustión era de entre 0,02 y 0,03 segundos.


Secuencia de disparo en la que vemos desde la ignición del propelente hasta que el cohete impacta en el objetivo.
Como se puede apreciar, el retroceso del arma es prácticamente inexistente

Secuencia del impacto de un cohete M6A1 que recoge el momento en que
el chorro de plasma entra dentro del vehículo blindado
Cuando el cohete salía del lanzagranadas estaba armado ya que al remover el pasador de seguridad el percutor quedaba liberado para detonar el proyectil. De hecho, bastaba dejarlo caer desde apenas una altura de 1,2o metros contra el suelo para que la inercia venciera la resistencia del muelle que lo mantenía separado del detonador y explotase. Cuando el cohete impactaba contra el objetivo el percutor golpeaba la cápsula fulminante del detonador, el cual se componía de tres capas de diferentes substancias destinadas a iniciarse progresivamente de menos a más potente. En este caso la cápsula fulminante detonaba una carga de 0,06 gramos de azida de plomo, un compuesto empleado como iniciador de explosivos, que a su vez hacía lo propio con una carga de 0,08 gramos de nitramina y que, finalmente, detonaba la tercera carga compuesta por 0,12 gramos también de nitramina. Esta actuaba sobre la carga explosiva de 220 gramos de pentolita 50/50, es decir, formada por un 50% de pentrita y un 50% de trinitrotolueno. La pentrita es uno de los explosivos más potentes que existen, con un factor de efectividad relativa de 1,66 (recordemos que el baremo que se toma como unidad es el trinitrotolueno, que tiene factor 1).


PzKpfw. IV Ausf. H alcanzado por tres proyectiles de bazooka cuyo rastro,
como se puede ver, es mínimo. Era habitual que los carros alcanzados por
estos chismes apenas mostrasen daños externos, mientras que el interior
estaba totalmente calcinado incluyendo a sus tripulantes
Cuando se produce finalmente la explosión, la ojiva hace que la energía de la misma se concentre en un mínimo punto, licuando la envuelta metálica y formando un chorro de plasma con una temperatura de "solo" 20.000º que sale a una velocidad de "apenas" 32.500 km/h. O sea, que lo que hace una carga hueca es fundir en una fracción de segundo la coraza de un vehículo blindado y permitiendo que entre en su interior ese chorro "cálido" mezclado con partículas metálicas incandescentes que achicharrará por completo a la tripulación y, caso de que los armarios de munición no estén debidamente protegidos, hará que esta explote. Esas imágenes que se conservan de carros de combate en los que la torreta, que pesa varias toneladas, ha salido disparada y la vemos volcada cerca del carro son precisamente consecuencia de la deflagración de los proyectiles que almacenaba en su interior. 


La capacidad perforante de esta granada era de 76 mm. en un blindaje de acero en ángulos de hasta 30º y, naturalmente, era aún más efectiva contra objetivos como fortificaciones de fábrica o madera, material este que podía penetrar hasta 23 cm. Por otro lado, el alcance del chorro de plasma era de unos 25 metros, si bien al impactar contra el suelo, y más si era con un ángulo acusado, sus efectos se veían minimizados, siendo comparables a los de una granada convencional de artillería de 75 mm. Precisamente para aminorar los devastadores efectos de las cargas huecas los tedescos, siempre tan creativos, idearon una solución de circunstancias que se mostró bastante eficaz, los Schürzen, que no eran más que unos faldones formados por chapas o mallas metálicas sustentadas mediante unos soportes y colocadas a una determinada distancia del vehículo para que, al impactar la carga hueca contra ellas, el chorro de plasma no afectara al mismo. Lógicamente, esto no era la panacea, pero al menos evitó la destrucción de muchos vehículos ya que los Schürzen protegían los laterales que, obviamente, eran el lugar preferido para hacer blanco.

Bueno, con esto terminamos. En otra entrada hablaremos de los distintos modelos de bazookas que estuvieron operativos por si algún cuñado especialmente correoso resiste estoicamente todo lo detallado en esta ocasión. Y como va siendo hora del yantar, pues me piro a llenar el buche porque, como siempre afirmo, SPIRITV SINE CORPORE FORTIS NIHIL ESSE, amén y tal.

Hale, he dicho 

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¿Cómo funciona un bazooka?

martes, 6 de febrero de 2018

Curiosidades: ¿Cómo funciona un bazooka?



Juraría por mis sacrosantas barbas que hasta los críos saben lo que es un bazooka incluso antes de salir por el útero materno a este valle de lágrimas. Los hemos visto en tropocientos mil documentales, películas y hasta los fabrican de juguete para que los nenes vayan aprendiendo sus rudimentos por si un mal día tienen que echar mano de esos chismes para combatir a algún enemigo. Sin embargo, y a pesar de que cualquiera es capaz de identificar estas armas por su característico aspecto, colijo que son pocos los que conocen su manejo más allá de que un ciudadano soldado lo empuña mientras otro introduce por detrás un proyectil para, a continuación, darle unos golpecitos en el casco para indicarle que está cargado. Cierto es que podría contar primero como se gestó la creación de estas peculiares armas anticarro, pero he preferido dar cuenta primero de su funcionamiento ya que, de ese modo, cuando veamos como surgió y evolucionó este invento tendremos más claro cómo y por qué alcanzaron rápidamente tanta difusión hasta el extremo de que los tedescos, siempre celosos de la calidad de su armamento, no dudaron en copiarlo sin más. Con todo, daremos cuenta de forma muy concisa de sus antecedentes para que a nadie le suene a chino el motivo de lanzar un cohete a través de un tubo similar a una simple cañería.

Espectaculares efectos del rebufo de un bazooka. Si te
pillaba detrás te podía producir cuanto menos una jaqueca
fastuosa... en lo que quedase de tu cabeza, claro
La idea surgió a raíz de la imposibilidad de disparar un proyectil anticarro como si de una granada de fusil se tratase. A comienzos de la 2ª Guerra Mundial y a la vista de que las corazas de los carros de combate tedescos eran inquietantemente gruesas para los cañones anticarro disponibles, de entre 37 y 50 mm. por lo general, se planteó el uso de cargas huecas (de estas ya hablaremos más despacio en su momento) cuyos proyectiles eran excesivamente gruesos para la artillería del momento. Pero, del mismo modo, también eran demasiado grandes y pesados para lanzarlos como una granada de fusil, habiéndose planteado usar una ametralladora de calibre .50  e incluso el fusil anticarro británico Boys para ello. Sin embargo, ninguna de esas opciones se mostró viable, así que hubo que esperar a que un sesudo yankee, el entonces teniente Edward Uhlm, se le ocurriera meter el cohete diseñado por el capitán Leslie Skinner en un tubo cogido de una chatarrería para crear el bazooka ("basuka" pronuncian los yankees) allá por 1942. Pero de esta historia ya hablaremos largo y tendido más adelante, así que de momento estos datos nos bastarán para ponernos en antecedentes.

Bob Burns con su bazooka junto a un soldado con su M1 en Fort Hood
Con todo, y como más de uno se preguntará de donde viene eso de llamar de forma tan extraña a un arma, sepan que el término bazooka no era en modo alguno el reglamentario, como ya podrán imaginar. El primero en entrar en servicio era denominado como 2,36" M1 Antitank Rocket Launcher, que traducido en un idioma propio de cristianos significa lanza-cohetes anticarro M1 de calibre 2,36 pulgadas (60 mm.). Lo de bazooka surgió cuando, a raíz de una demostración llevada a cabo en mayo de 1942, el Jefe del Departamento Técnico de Suministros, general de brigada Gladeon Barnes, comparó a modo de chiste el arma con un instrumento musical creado en 1905 por un cómico y músico llamado Bob Burns, apodado "El Viajero de Arkansas". El instrumento, que sonaba y funcionaba como un trombón de varas, consistía en un chisme formado por dos tubos telescópicos, uno dentro de otro, procedentes de una tubería de gas y de un embudo de whisky. Para prevenir plagios incluso patentó nombre e instrumento en 1920, pero lo que nadie supo nunca es de donde leches sacó ese palabro tan extraño. En cualquier caso, el M1 tuvo más motes aparte de bazooka, pero eso lo dejamos para otro día. 

Bien, ya tenemos unas breves nociones del invento, así que veamos como funcionaba. Observemos las imágenes de la derecha, donde hemos señalado las partes más importantes del M1. Bueno, las más importantes y casi las únicas, porque esos trastos tenían menos mecanismos que un chupete. Pero la madre del cordero estaba en la culata de madera, donde vemos la existencia de un chivato de corriente. Y es que este artefacto funcionaba a pilas. Sí, el chiste de la foto de cabecera no es un chiste. Los bazookas funcionaban a pilas, y se se quedaban sin pilas se quedaban sin lanzagranadas. Obviamente, llevaban de repuesto, pero si por el motivo que fuese se agotaban y no quedaban más, adiós muy buenas.

Antes de nada, el tirador comprobaba si en efecto se disponía de corriente eléctrica. Para ello pulsaba el gatillo tal como vemos en la foto superior, y si se encendía el chivato es que había carga. Caso de haberse agotado la batería se abría la tapa inferior de la culata según se aprecia en la foto central. En el interior de la misma había dos alojamientos para sendas pilas. El de la izquierda era el que daba corriente, y el de la derecha para la pila de repuesto. En la foto inferior podemos ver su aspecto. Eran baterías Eveready 791-A fabricadas con cubierta de cartón. Estas pilas serían equivalentes a las actuales tipo C, las que todos conocemos como "pilas medianas" que usan mogollón de chismes, desde una linterna a un aparato de radio o el vibrador que usan las damas insatisfechas. Si no se disponía de ese modelo de baterías, cada una de ellas podía ser sustituida por dos del tipo BA-42. En el interior de la empuñadura estaba el contacto que daba paso a la corriente eléctrica y que iniciaba la carga propelente del cohete. En la foto del soldado que empuña su M1 del párrafo anterior vemos como sale un cable desde la culata hacia la caja de contacto, que era la que permitía disparar el lanzagranadas.

Una vez que el servidor introducía la granada solo tenía que quitar el seguro del disparador, que era la palanca que vemos en la foto inferior. Cuando estaba hacia abajo era la posición de seguro, y cuando se subía era la posición de fuego. Cada vez que se disparaba, esta palanca bajaba sola, poniendo el arma en seguro de forma automática. El cargador siempre debía permanecer a un lado respecto al tirador, sin despistarse ni un solo instante porque si, por un descuido o por lo que fuese, quedaba situado detrás en el momento del disparo quedaría más achicharrado que un torrezno bien pasadito. Como mostramos en una foto anterior, el fogonazo del cohete tenía además potencia de sobra para arrancarle la cabeza de cuajo, y más de uno que estaba en babia pagó las consecuencias teniendo que recoger sus colegas lo que quedaba de su extremidad superior con una gamuza húmeda para añadirla al resto de su anatomía. En fin, algo muy desagradable.

La corriente llegaba a la granada de la siguiente forma: en la foto A vemos una banda de cobre situada en el extremo de la misma, que era donde hacía contacto la descarga que partía de la caja. De esa banda de cobre partía un cable que recorría todo el proyectil y que vemos señalado con una flecha en la foto B, que muestra los estabilizadores del mismo. En el culote entraba a través de un orificio y quedaba unido a la carga de proyección, que iniciaba mediante un simple chispazo. Dentro del círculo rojo vemos las muescas que tenían los estabilizadores que, además de servir para bloquear la granada dentro del tubo, hacían contacto con la pinza del retén, que actuaba como masa. De ese modo se obtenía la chispa que iniciaría la carga de proyección. Por cierto que estos chismes carecían de retroceso, por lo que podían tirarse horas disparando sin quedar con el hombro hecho polvo. Además, el proceso de recarga era muy rápido. A un equipo bien entrenado le bastaban unos pocos segundos para ello, por lo que podían desplegar una potencia de fuego muy considerable, de entre 4 y 6 disparos por minuto como mínimo.

El proceso de carga en cuestión era de una simpleza absoluta. Una vez que el tirador daba la orden de cargar, el servidor extraía la granada de su contenedor. Se llevaban en bolsas de lona para tres unidades, una a cada costado. Cuando introducía la cabeza del proyectil procedía a soltar el cordel que vemos en la foto A, procurando que este quedase fuera del tubo una vez introducido totalmente. Una vez introducida la granada daba un tirón y sacaba el pasador de seguridad. Previamente, y según vemos en la foto B, encajaba las ranuras de los estabilizadores con la pinza del retén, y con eso quedaba concluido el proceso. Entonces le daba los golpecitos en el casco y el tirador abría fuego. Bueno, en realidad daba la voz de cargado, o preparado, pero lo de los golpecitos quedaba más molón y, además, en plena vorágine y rodeados de explosiones sería más práctico, digo yo...

En julio de 1943 se llevaron a cabo una serie de modificaciones, entre ellas el sistema de disparo por el que se eliminaba la caja de contacto. El motivo fue debido a que, por un mal funcionamiento de la palanca de seguro, a más de uno le estalló la granada en plena jeta, quedando en un lamentable estado de pulverización total. La cuestión es que hubo casos en que, aunque la palanca estaba en posición de seguro en realidad pasaba corriente, por lo que en el momento en tocaba el contacto explotaba sin estar introducida del todo, matando a los dos hombres que servían el arma. Por ello se optó por un sistema que, aunque requería un paso más en el proceso, aseguraba el proyectil de forma que era imposible que detonase hasta que no estuviera totalmente introducido en el tubo. En la foto A vemos en qué consistía el cambio en cuestión, que no era otra cosa que sustituir la dichosa caja por dos pivotes con un muelle situados a ambos lados del tubo para que el cargador pudiera manejarlos dependiendo de que estuviera a la derecha o a la izquierda del tirador. Estos muelles recibían la corriente de la batería, que a su vez era transmitida directamente al proyectil por un cable que salía del culote. En la foto B podemos ver como el cargador conecta dicho cable al muelle, donde quedaba aprisionado con solo una vuelta al mismo. A partir de ahí ya estaba el arma lista para abrir fuego.

Por último, y siempre sin salirnos del tema del funcionamiento, comentar que en noviembre de 1942 se cambió el sistema de alimentación por pilas por uno de magneto alojado en la empuñadura, dando lugar al M9. Según informes procedentes del frente, las baterías presentaban a veces falta de potencia, por lo que no producían la chispa necesaria para la ignición. Además, a medida que bajaban las temperaturas perdían aún más potencia, quedando inservibles por debajo de los 10º bajo cero. Por eso motivo, las tropas tenían que guardar las dichosas pilas en los bolsillos interiores para darles algo de calor corporal. Aparte de eso, en situaciones de clima húmedo el cartón de la envuelta se echaba a perder y/o criaban hongos. Para acabar con ese problema se recurrió al magneto antes mencionado, que consistía en una bobina con imanes que producían corriente al apretar el gatillo y, además, de mayor intensidad que la de las pilas. Por otro lado, ese sistema eliminaba la dependencia de tener que llevar encima baterías de repuesto, y no se veía afectado ni por la temperatura ni la humedad ambiental. Añadir que, como vemos en la foto superior, se añadió un botón de seguro para evitar accidentes ya que si con las prisas se apretaba el gatillo mientras el cargador conectaba el cable el susto sería de los gordos. Dicho gatillo, que ofrecía más resistencia que el modelo antiguo porque había que generar corriente al apretar, estaba moleteado para poder presionarlo con dos dedos y hacer más fuerza. En el detalle vemos el magneto en cuestión.

Bueno, criaturas, así es como funcionaba un bazooka. Imagino que pocos o ningún cuñado debe estar al tanto de los entresijos de estos artefactos, de modo que aprovechen y háganles ver que se han gastado una pasta en la tele por cable para ver nada más que documentales cutres que no explican cosas chulas. 

Y vale por hoy, que para ser martes me he prodigado en demasía, juro a Dios.

Hale, he dicho

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